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divendres 27 d’octubre de 2017 | Manuel
El BCE, como un fondo buitre: Draghi se jacta de ganar 7.800 millones con la deuda griega.

Éric Toussaint

Mario Draghi acaba de reconocer que los bancos centrales de los países miembros de la zona euro obtuvieron 7.800 millones de euros de beneficios gracias a los títulos griegos. Títulos que el BCE compró durante los años 2010-2012 en el marco del programa SMP (Securities Markets Programme) [2]. A esas ganancias se agregan otras sumas, de las que el presidente del BCE no habla: los beneficios obtenidos por esos mismos bancos centrales en el marco de las compras denominadas «ANFA» (Agreement on Net Financial Assets). También hay que añadir lo conseguido por los 14 países de la zona euro que concedieron préstamos bilaterales a Grecia, en 2010, con unos tipos de interés abusivos de cerca del 5 %. Por ejemplo, Alemania logró más de 1.300 millones de euros de beneficios gracias a su préstamo bilateral a Grecia. Finalmente, el BCE compró en el marco del Quantitative easing (QE) títulos soberanos alemanes por 400.000 millones de euros, la mayoría de las veces con un rendimiento nulo o negativo. Estas adquisiciones de títulos alemanes no le rinden nada, mientras que los títulos griegos que posee con un valor diez veces inferior le aportaron 7.800 millones de euros de beneficio. Cualquiera puede responder a la pregunta de a quién beneficia esa política del BCE.

La mecánica es implacable: todas las veces que una parte de los beneficios del BCE obtenidos de los títulos griegos se transfirió a Atenas, ese dinero fue inmediatamente repartido entre los acreedores para pagar la deuda. Hay que terminar con ese saqueo.

Volvamos sobre la política del BCE con respecto a Grecia, que podemos resumir en 4 actos.

Acto 1º: El papel del BCE en el primer memorando de 2010

El BCE, bajo la dirección de Jean-Claude Trichet (muy ligado a la banca), intervino con la principal preocupación de limitar al máximo las pérdidas de los bancos privados franceses, alemanes, italianos y del Benelux, muy expuestos tanto al sector privado como al sector público griego.

Contrariamente a lo que proclama hasta la saciedad el discurso dominante, el problema principal era el planteado por unos bancos griegos al borde de la insolvencia, cuya posible quiebra constituía una seria amenaza para los prestamistas y en ciertos casos, para sus propietarios que eran, precisamente, bancos franceses, alemanes, italianos o del Benelux.[3]

En el curso de la preparación del memorando de mayo de 2010, el BCE se negó a reducir la deuda pública mientras que, generalmente, el lanzamiento de un plan llamado de «rescate» va acompañado de una reestructuración de deuda. El BCE rechazaba esa perspectiva, ya que quería dar tiempo a los banqueros extranjeros de los países dominantes de la zona euro a reducir su exposición a la deuda pública griega.

El FMI dirigido por Dominique Strauss-Kahn, persona también próxima al lobby bancario, adoptó la misma posición que el BCE. E incluso el propio Gobierno del socialista griego Yorgos Papandreu se preocupaba de defender los intereses de los banqueros griegos, siendo favorable a un plan de «rescate» que habría aportado algunas decenas de miles de millones de euros para su recapitalización. De ese modo se evitaba una reducción de la deuda pública griega que habría afectado a los banqueros, porque ellos mismos eran poseedores de títulos griegos.

El segundo aspecto fundamental en la línea de los principales protagonistas que establecieron el memorando es la voluntad de aplicar una terapia de choque en Grecia: disminución brutal de los salarios y las pensiones, ataques radicales a los derechos sociales, aceleración enorme de las privatizaciones, etc. Y al mismo tiempo, el abandono del ejercicio de la soberanía por parte de Grecia como país y la transformación del Parlamento en una cámara de registro de las decisiones tomadas por los acreedores. A pesar de que esos objetivos no figuran en absoluto en el mandato del BCE, éste siguió interviniendo, en varios países, en la misma dirección (algunos meses más tarde en Irlanda, también en Italia, sin olvidar Portugal y Chipre).

Resumen del acto 1º: El BCE interviene, en primer lugar, rechazando una reducción de la deuda griega con el fin de proteger los intereses de los banqueros privados extranjeros y griegos; y en segundo lugar, formando parte de una Troika que organiza el reemplazo de los acreedores privados por acreedores públicos (en un primer momento, 14 Estados de la zona euro, por un monto de 53.000 millones de euros; y el FMI, por un monto de 30.000 millones de euros).

Acto 2º: El BCE permite librarse ventajosamente de Grecia a los grandes bancos privados

Con el fin de ayudar a los bancos extranjeros a reducir sustancialmente su exposición a la deuda griega, el BCE lanza el programa SMP, por el que compra masivamente en el mercado secundario títulos griegos. El BCE adquiere esos títulos a las grandes instituciones bancarias europeas que quiere proteger (prioritariamente se los compra a BNP Paribas, Crédit Agricole, Société Générale, BPCE, Hypo Real, Commerzbank, Dexia, ING, Deutsche Bank…).

¿Qué habría pasado si el BCE no hubiera lanzado el programa SMP? Los precios de los títulos griegos habrían alcanzado un precio límite del orden del 20% de su valor nominal. Pero las compras masivas del BCE lo mantuvieron a un nivel anormalmente elevado, del orden del 70% del valor nominal. Por consiguiente, gracias al BCE, los bancos privados limitaron sus pérdidas en el momento de la reventa de los títulos. Mientras que el BCE se supone que no debe impedir el libre juego de las fuerzas del mercado, su intervención implicó una distorsión de los precios de reventa de esos títulos, al mantenerlos artificialmente altos.

¿Esa intervención favoreció al Estado griego? El hecho de que el precio en el mercado secundario de un título se mantenga al 70% de su valor nominal, en vez de caer a un 20% de dicho valor, no mejora la situación del deudor, ya que debe pagar exactamente el mismo monto en términos de interés, puesto que éstos están calculados de acuerdo al valor nominal. Al vencimiento del título, debe reembolsar el 100% de ese valor. Podemos ir más lejos en el razonamiento: si los títulos de un Estado alcanzaran un precio mínimo, éste podría proponer una recompra de títulos con un descuento que terminaría con el pago de sus intereses. Ése fue el caso de Ecuador, en 2009, que logró imponer un descuento del 70%.

Acto 3º: El BCE se aprovecha de la reestructuración de la deuda griega de marzo de 2012 y se comporta como un fondo buitre

En 2011, el BCE prepara activamente una reestructuración pero indica que no participará porque el BCE es un acreedor privilegiado (acreedor senior). Esa reestructuración está preparada en estrecha colaboración con los bancos privados de los Estados del centro de la zona euro. En noviembre de 2011, la Troika se saca de encima a Papandreu, después de que el primer ministro griego tuviera veleidades de convocar un referéndum sobre la futura reestructuración. El Gobierno de Papandreu se sustituye por un Gobierno técnico dirigido por Lucas Papademos, que había sido vicepresidente del BCE de 2002 a 2010.

En marzo de 2012, la reestructuración que el BCE orquesta implica un recorte (haircut) del 53 % del valor de los títulos, a cargo de los acreedores privados.

¿Quiénes son, en ese momento, los acreedores privados? Por una parte, los bancos griegos que, a pesar de haber reducido su exposición, conservan una cantidad significativa de títulos griegos en sus activos. Ya que esos títulos fueron sometidos a un recorte, los bancos reciben una compensación de varios miles de millones llamada edulcorante (sweetener) y también se les garantiza una nueva inyección financiera para recapitalizarlos. Las principales víctimas son los fondos de pensiones públicos griegos, que fueron obligados por las autoridades del país y por la Troika a convertir sus activos en títulos griegos algún tiempo antes de la reestructuración (perfectamente planificada, pero mantenida en secreto).

Los bancos franceses, alemanes, italianos y del Benelux se habían liberado al revender los títulos griegos al BCE, a bancos chipriotas y a fondos buitre. Para simplificar, los bancos chipriotas sufrieron directamente el recorte del valor de los títulos y eso contribuyó a la crisis de Chipre, que sobrevino algunos meses más tarde y que finalmente tuvo su desenlace en marzo de 2013. En cuanto a los fondos buitre, que habían comprado con un descuento, se negaron a participar en la reestructuración y obtuvieron un reembolso del 100%. El BCE se comportó como un auténtico fondo buitre y también obtuvo su reembolso del 100%.

Acto 4º: El BCE mantiene un chantaje permanente

Después de la reestructuración, el BCE pone fin a su programa de compras SMP y lanza su programa OMT (Outright Monetary Transactions).

El BCE logró que le reembolsasen los títulos griegos al 100 % de su valor nominal y a un tipo de interés que podía alcanzar el 6,5%. Visto el carácter claramente abusivo de su posición, denunciada incluso por el Gobierno griego, el BCE se compromete a abonar a Grecia los intereses percibidos. Efectivamente, el BCE efectúa en beneficio del Gobierno de Samaras un reembolso de 3.300 millones de euros en 2013 y 2014 para sostener su política neoliberal. Por el contrario, durante los seis primeros meses del Gobierno de Tsipras, se negó a efectuar cualquier retrocesión. Desde entonces, el BCE y los bancos nacionales de la zona euro no abonaron nada a Grecia. La suma no devuelta a Grecia en este momento se eleva a varios miles de millones de euros.

Agreguemos que el BCE presionó al máximo al pueblo griego durante los seis primeros meses del año 2015, para que se rindiera. El 4 de febrero de 2015, el BCE puso fin a la normal concesión de liquidez a los bancos griegos con el objetivo de someter al Gobierno griego a un chantaje permanente y de aumentar el coste de la financiación de los bancos griegos limitando, al mismo tiempo, los recursos del Gobierno. Como eso no fue suficiente, el BCE los obligó a un cierre de seis días, antes del referéndum del 5 de julio de 2015. A pesar del chantaje ejercido por el BCE, el 62% de los griegos rechazó las exigencias de los acreedores.

Tampoco el FMI se quedó atrás en materia de beneficios odiosos a costa de Grecia. Entre 2010 y 2015, se embolsó 3.500 millones de dólares de beneficios con los créditos griegos.

Conclusiones

1.- El BCE y los gobiernos de la zona euro se niegan a concretar el compromiso de devolver el importe completo de los intereses percibidos por los títulos griegos.

2.- Al vencimiento de cada título, el BCE percibe el 100% de su valor nominal, mientras que los adquirió con un importante descuento, del orden del 30%. Los tipos de interés reales exigidos a Grecia son totalmente abusivos.

3.- El BCE y los otros acreedores amenazan con liberar el saldo de los intereses como un medio de chantaje permanente para obligar al Gobierno griego a profundizar las reformas neoliberales que provocan efectos dramáticos sobre la población de Grecia.

4.- Los beneficios acumulados por el BCE, por Estados de la zona euro y por el FMI gracias a los créditos otorgados a Grecia, deben ser devueltos al pueblo griego y ser íntegramente utilizados para gastos sociales, con el fin de luchar contra los dramáticos efectos de las políticas dictadas por la Troika a Grecia.

5.- La deuda griega debe ser anulada y el memorando en curso, derogado.

NOTAS

[1] Eric Toussaint es portavoz de CADTM Internacional. Es autor de quince libros, entre ellos: Bancocracia, Icaria Editorial, Barcelona 2015. Coordinó en 2015 los trabajos de la Comisión de la Verdad Sobre la Deuda, creada por la presidente del Parlamento griego.

[2] Mario Draghi reconoció estos hechos en una carta de respuesta al eurodiputado Nikolaos Chountis, ex vice ministro de Syriza en el Gobierno de Tsipras antes de la capitulación. Actualmente, Chountis es miembro de Unidad Popular. Véase la pregunta de Chountis (aquí), y las respuestas recibidas de Mario Draghi (aquí). Y del comisario europeo, Pierre Moscovici (aquí)

[3] Véase Éric Toussaint, Grecia: los bancos en el origen de la crisis

18/10/2017

Publico


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