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Anticapitalistes
  
dimarts 10 d’octubre de 2017 | Manuel
El marxismo de André Gorz

Michael Löwy

Este título parece una provocación: ¿no había dicho Gorz en 1980 su Adiós al marxismo? Ésta parece ser la opinión de muchos de sus partidarios o adversarios. En cambio, también está el punto de vista de un observador inteligente, distante pero no carente de simpatía, Alain Touraine, en 1993: “André Gorz es el más verdaderamente marxista de todos los pensadores europeos y también − ¿habría que decir: pero también?− el más imaginativo y el más activamente antidoctrinario. Con él, el marxismo tiene la fuerza liberadora que tenía el propio Marx, cuando criticaba el jacobinismo francés o la derecha hegeliana” /1. El filósofo Arno Münster, eminente gorziano, constata tanto su distancia como su vinculación persistente con el marxismo: “a pesar del escepticismo que muestra sobre el concepto central de la sociología marxista, después de la publicación de Adiós al proletariado Gorz continúa razonando y pensando en el marco de la mayor parte de los otros conceptos clave de la teoría marxista, con la perspectiva de operar una síntesis entre la ecología política y una crítica de la economía política expurgada de sus dogmas”/2. En fin, Françoise Gollain, otra gorziana importante, resume así su trayectoria: “Contra la tradición marxista dominante y numerosos escritos del propio Marx, por una parte, y contra una ecología mantenedora del statu quo, por otra, quiso inspirarse en el Marx humanista, antiproductivista y libertario, pensador del advenimiento de una sociedad de la asociación” /3. ¿Cuál es la conclusión?

Sin ninguna duda, el Gorz de los años 1960 o 70 se situaba en el campo del marxismo; un marxismo existencialista, cercano a Sartre, que había proclamado en Cuestiones de método: “el marxismo es el horizonte insuperable de nuestro tiempo”. En 1968-1970, Gorz tiende hacia un izquierdismo tercermundista que, según su biógrafo Willy Gianinazzi, “se prodría aproximar en Francia a las posiciones neotrotskystas de la Juventud Comunista Revolucionaria (JCR)” de Daniel Bensaïd4. Durante los años 1970, está también cerca de un gran marxista heterodoxo, Herbert Marcuse, con quien mantendrá un diálogo constante. ¿Pero, con Adiós al proletariado (1980), no cortó de forma definitiva con todas las ideas marxistas? El principal interesado puede darnos la respuesta pertinente a esta pregunta. Esto es lo que dice en una entrevista con Marc Robert, publicado en Ecorev en 2005: “El Adiós no era en absoluto una crítica del comunismo, todo lo contrario. Estaba hablando de los maoístas, de su culto primitivista de un proletariado mítico (…). Es también una crítica acerba de la social-democratización del capitalismo a la que se reducía el marxismo vulgar, y de la glorificación del trabajo asalariado” /5.

Ciertamente, al rechazar la centralidad de la lucha de clases, y el papel emancipador del proletariado, Gorz se alejaba de dos tesis fundamentales del marxismo −y no sólo en su forma maoísta o social-demócrata-. En el libro de 1980, intentó sustituir a la clase obrera por la “no-clase de los no-trabajadores”. Era una hipótesis muy arriesgada, que parece abandonar después, sin por ello volver al proletariado. Llega a decir incluso, en una entrevista con interlocutores brasileños en 2005, que “trabajo y capital son en lo fundamental cómplices por su antagonismo, en la medida en que ‘ganar dinero’ es su objetivo determinante”. Parece reducir aquí el punto de vista de los trabajadores al sindicalismo corporativista más limitado6. Sin embargo, en 1983, en Los Caminos del Paraíso, había desarrollado una visión mucho más matizada de este antagonismo: “Por el hecho de reducir todo a categorías económicas, el capitalismo es un antihumanismo (…) Las reivindicaciones obreras más fundamentales y más radicales han sido combates contra la lógica económica, contra la concepción utilitaria, mercantilista, cuantitativista del trabajo y de la riqueza” /7. Curiosamente, en el mismo texto de 2005 se encuentra la idea, que me parece esencial, de la convergencia entre quienes tienen y quienes no tienen un trabajo: la estrategia de dominación del capital, escribe, consiste en “impedir que trabajadores y parados se unan para exigir otro reparto del trabajo y de la riqueza socialmente producida” /8.

En todo caso, resulta evidente que la apropiación que hace Gorz del marxismo es selectiva. Si se puede hablar de un marxismo de Gorz −o si se prefiere, de una adhesión al pensamiento de Marx y de algunos marxistas heterodoxos, de Marcuse y Jean-Marie Vincent a Robert Kurz−, es sobre todo por dos cuestiones −esenciales, eso sí− que están en el centro de su compromiso ecológico, o retomando el término utilizado por Françoise Gollain, ecosocialista: el anticapitalismo, y la alternativa comunista como civilización del tiempo libre. Intentemos analizar estos dos momentos, refiriéndonos principalmente al libro Ecologica, que reúne textos de diferentes períodos y constituye una especie de testamento político-teórico de André Gorz.

El anticapitalismo

Como observa con toda razón Willy Gianinazzi, la crítica marxiana del capital “es irremplazable para Gorz: no dejará de apoyarse en ella” /9. Esta crítica gorziana del modo de producción capitalista, lejos de suavizarse, parece radicalizarse cada vez más a partir de 1980, sobre todo en relación con su reflexión sobre la ecología. Por ejemplo, en la entrevista con Marc Robert antes citada, señala: “Para que la ecología tenga toda su carga crítica y ética debe comprender que las devastaciones de la Tierra, la destrucción de las bases naturales de la vida, son las consecuencias de un modo de producción, y que este modo de producción exige la maximización de los rendimientos y el recurso a técnicas que violan los equilibrios biológicos”. Y a la inversa: la ecología política, con su teoría crítica de las necesidades, “conduce a su vez a profundizar y a radicalizar aún más la crítica del capitalismo” /10.

En su análisis crítico de los desgastes ecológicos del capitalismo, se refiere directamente a algunos pasajes del Capital. Por ejemplo, en la entrevista con los brasileños de Unisinos (2005), afirma: “Desde el punto de vista ecológico, la aceleración de la rotación del capital lleva a excluir todo lo que hace disminuir en lo inmediato la ganancia. La continua expansión de la producción industrial supone por un tanto un expolio acelerado de los recursos naturales. La necesidad de expansión ilimitada del capital le lleva a intentar abolir la naturaleza y los recursos naturales para sustituirlos por productos fabricados, vendidos con ganancia (…) Lo que Marx escribía hace ya ciento cuarenta años en el primer libro del Capital tiene una asombrosa actualidad”. Sigue el célebre pasaje del Capital donde Marx constata que “cada progreso de la agricultura capitalista es un progreso no sólo en el arte de explotar al trabajador, sino también en el arte de expoliar el suelo; cada progreso en el arte de aumentar su fertilidad por un tiempo es un progreso en la ruina de sus recursos duraderos de fertilidad” /11.

Curiosamente, se encuentran pocas críticas de Gorz a los límites de la reflexión ecológica de Marx. No hace suyos los ataques de muchos ecologistas (Alain Lipietz, entre otros) contra el supuesto “prometeismo” de Marx. El debate, que ha ocupado mucho a los eco-marxistas americanos, desde los años 1980 hasta hoy, sobre los avances y las contradicciones de Marx y Engels sobre la cuestión de la relación con la naturaleza, no parecen interesarle. Aparentemente, no conoce los trabajos de James O’Connor y de Joel Kovel, redactores de la revista Capitalism, Nature and Sozialism, o, en los años 2000, de John Bellamy Foster y Paul Burkett, de la Monthly Review.

La crítica del capitalismo y la urgencia de salir de este sistema destructivo cobran una nueva dimensión con el cambio climático. En uno de sus últimos escritos, destinado también a Ecorev, “La salida del capitalismo ya ha comenzado” (2007), Gorz insiste: “La cuestión de la salida del capitalismo nunca ha sido más actual. Se plantea en unos té rminos y con una urgencia de una nueva radicalidad”.

Rechazando las ilusiones de la ecología social-liberal en un capitalismo verde, se alinea con una versión resueltamente anticapitalista del decrecimiento y plantea la necesidad, a la luz de la crisis climática, de un cambio civilizatorio radical: “Es imposible evitar una catástrofe climática sin romper radicalmente con los métodos y la lógica económica que se vienen llevando desde hace ciento cincuenta años. (…) El decrecimiento es un imperativo de supervivencia. Pero supone otra economía, otro estilo de vida, otra civilización, otras relaciones sociales /12.

Pero hay otro aspecto del análisis gorziano en el que se acerca a algunos escritos de Marx: el optimismo tecnológico. Por ejemplo, en el Capital I, Marx afirma: “La socialización del trabajo y la centralización de sus competencias materiales llegan a un punto donde no pueden mantenerse ya en su envoltorio capitalista. Este envoltorio estalla en pedazos. Le ha llegado el momento a la propiedad capitalista (…) La producción capitalista engendra en sí misma su propia negación, con la fatalidad que preside las metamorfosis de la naturaleza” /13. Personalmente, como “eco-marxista”, cuestiono este tipo de razonamiento… No sólo porque las “fatalidades” no existen en la historia social, sino también porque el capitalismo no es sólo un “envoltorio”: determina la naturaleza misma de la producción y de las fuerzas productivas.

Ahora bien, Gorz retoma el argumento de Marx, bajo una forma modificada, a la luz de los cambios tecnológicos contemporáneos (la informática, internet, etc.). Parece convencido de que, gracias al software libre, “la propiedad privada de los medios de producción y por tanto el monopolio de la oferta se vuelven progresivamente imposibles. (…) Se trata de una ruptura que mina al capitalismo por su base”; o incluso que “el propio capitalismo, sin quererlo, trabaja en su propia extinción, desarrollando las herramientas de una especie de artesanado high tech” /14. En resumen, como constata Willy Gianinazzi, el software libre ha alimentado “las esperanzas más utópicas, incluso infundadas, de Gorz” /15. Françoise Gollain se distancia también de este optimismo tecnológico, constatando con agudeza su afinidad con algunos análisis de Marx: “El aserto de que el propio capitalismo, sin quererlo, trabaja en su propia extinción (…) lleva la marca innegable de la concepción marxiana del papel revolucionario de la evolución de la estructura de la producción” /16.

Por suerte, Gorz escapa a la trampa de este fatalismo optimista, es decir la creencia en una autodestrucciónn del capitalismo −creencia compartida, en gran medida, por Robert Kurz y los teóricos de la crítica del valor− gracias a su humanismo marxista sartriano, alérgico a los determinismos y sediento de libertad. Por ejemplo, en Metamorfosis del trabajo (1988) renuncia claramente a todo automatismo de este género: “No seremos liberados por un determinismo materal y a nuestras espaldas. El potencial de liberación que un proceso contiene sólo se actualiza si los hombres se apoderan de él para hacerse libres” /17.

La otra corrección aportada por Gorz, como observa F.Gollain, es la toma de conciencia de la ambivalencia estructural de las nuevas tecnologías, como la microelectrónica, que puede servir tanto para la hipercentralización como para la autogestión /18. Sin sumarse a la tecnofobia de algunos ecologistas, Gorz piensa que “el socialismo no vale mucho más que el capitalismo si no cambia de herramientas”. En la entrevista con Marc Robert retoma esa formulación ya presente en Ecología y Política (edición de 1978), y la explica así (refiriéndose una vez más a los Grundrisse): si la clase obrera se apoderase de los medios de producción del capitalismo sin cambiarlos radicalmente, “acabaría por reproducir (como se hizo en los países sovietizados) el mismo sistema de dominación” −y podría añadirse: el mismo sistema de destrucción del medio ambiente /19.

El comunismo, civilización del tiempo libre

Gorz no sólo debe a Marx su crítica del capitalismo, sino también su concepción de este otro modo de producción, de esta otra civilización que propugna: el socialismo. Esto es lo que escribe en Adiós al proletariado, su libro aparentemente más alejado del marxismo: “Sólo el socialismo −es decir: sólo una manera de producir desligada del imperativo de la ganancia máxima, gestionada en interés de todos y por todos los que concurren− sólo el socialismo puede permitirse el lujo de buscar la mayor satisfacción al menos coste posible. Sólo él puede romper con la lógica de la máxima ganancia, del máximo derroche, de la máxima producción y el máximo consumo, y sustituirlos por el buen sentido económico: el máximo de satisfacción con el mínimo de gasto (…). La utilización del término socialismo es además impropia. Habría que hablar mejor de comunismo”. Y continúa algunas líneas más adelante: “La misma idea (…) de que la búsqueda de ‘más’ y ‘mejor’ pueda ceder ante la búsqueda de valores extraeconómicos y no mercantiles, esta idea es extraña a la sociedad capitalista. Es, en cambio, esencial al comunismo” /20.

Lo que significa, traducido en términos ecológicos: sólo el socialismo/comunismo puede superar el productivismo y el consumismo que llevan a la destrucción del medio natural. Bien entendido que el comunismo del que habla Gorz no es el de los países del pretendido “socialismo real”, sino una especie de eco-comunismo de un tipo nuevo.

El significado humano y ecológico del comunismo es una civilización del tiempo libre. Se refiere aquí a un célebre texto de Marx, en el volumen III del Capital: “El reino de la libertad comienza allí donde acaba el trabajo determinado por la necesidad y los fines exteriores: por la naturaleza misma de las cosas, está fuera de la esfera de la producción material (…). La libertad en este ámbito sólo puede consistir en esto: el ser humano socializado (vergesellschafte Mensch), los productores asociados, regulan racionalmente este metabolismo (Stoffwechsel) con la naturaleza, sometiéndolo a su control colectivo, en lugar de ser dominados por él como si fuera un poder ciego; lo hacen con los esfuerzos más reducidos posibles, en las condiciones más dignas de su naturaleza humana y las más adecuadas a esta naturaleza. Más allá de este reino comienza el desarrollo de las potencias del ser humano, que es en sí mismo su propio fin, que es el verdadero reino de la libertad, pero que sólo puede prosperar apoyándose en este reino de la necesidad. La reducción de la jornada de trabajo es la condición fundamental” /21.

Gorz traduce este enfoque en términos ecológicos, en varios de estos escritos; por ejemplo, en un artículo de 1992 en la revista Actuel Marx: “El sentido fundamental de una política eco-social (…) es restablecer políticamente la correlación entre menos trabajo y menos consumo, por una parte, y más autonomía y más seguridad existenciales, por otra, para cada cual. Se trata, dicho de otra manera, de garantizar institucionalmente a los individuos que una reducción general de la duración de trabajo abrirá a todos (…) una vida más libre, más tranquila y más rica” /22.

Se suele referir también a un pasaje de los Grundrisse, donde Marx proclama: “El libre desarrollo de las individualidades y (…) la reducción a un mínimo del trabajo necesario de la sociedad (se vuelven el objetivo de la producción), a lo que corresponde entonces el desarrollo artístico, científico, etc., de los individuos (…). La medida de la riqueza ya no es entonces la duración del trabajo, sino el tiempo libre” 23. Comentando este pasaje y otros semejantes de los Grundrisse, Gorz escribe en un texto de 2001: “Considerar el desarrollo de las facultades humanas como creación de riqueza supone ya abandonar una concepción mercantil-utilitaria-economista de la riqueza. Tomar el desarrollo humano como un fin en sí mismo, que vale por sí, independientemente de su utilidad económica inmediata” /24.

Esta ruptura con la concepción capitalista de la riqueza es, para Gorz, un paso esencial hacia una nueva civilización ecológica, más allá del productivismo y del consumismo. En un ensayo significativamente titulado “Construir la civilización del tiempo liberado” (1993) aboga por “una sociedad donde la riqueza se medirá por el tiempo liberado de trabajo, por el tiempo disponible para las actividades que llevan su sentido y su fin en sí mismas y se confunden con la realización de la vida” /25. Este argumento está inspirado directamente por los escritos de Marx aunque, también ahí, Gorz le da una dimensión nueva, socio-ecológica, que no está necesariamente presente en el autor de los Grundrisse.

En la antes señalada cita del Capital III, Marx hace referencia a los “productores asociados, regulan racionalmente este metabolismo con la naturaleza, sometiéndolo a su control colectivo”, donde se sugiere la idea de la planificación socialista de la esfera del trabajo necesario. El concepto de planificación no suele estar presente en los escritos de Gorz, que parece identificarla con la planificación centralizada burocrática de la Unión Soviética estaliniana; pero aparece, formulada en términos explícitamente marxianos, en Adiós al proletariado; es además un pasaje repetido en Ecologica: “La esfera de la necesidad, y por tanto del tiempo de trabajo socialmente necesario, sólo puede ser reducido al mínimo por medio de una coordinación y una regulación tan eficaces como sean posibles de los flujos y de los stocks: es decir, por una planificación multiplicada (articolata) (…). La única función de un Estado comunista es gestionar la esfera de la necesidad (que es también la de las necesidades socializadas) de tal manera que no deje de encogerse y de volver disponibles espacios crecientes de autonomía” /26.

Para concluir: ¿era Gorz marxista? Si se considera que existen, según la hermosa formulación de André Tosel, “mil marxismos”, ¿no se podría pensar en un “marxismo gorziano”? Yo no lo creo. Para comenzar, el propio Gorz no se reconocería en tal definición, después de 1980. Me parece más justo y apropiado hablar de una presencia del marxismo en su pensamiento. Un pensamiento que se podría caracterizar como un socialismo ecológico −o, según los gorzianos Amo Münster y G. Gollain, un ecosocialismo− que se inspira en Marx y en algunos marxistas heterodoxos en su crítica de la sociedad (capitalista) existente, y en su formulación de un proyecto de sociedad (socialista) alternativa. Como lo sugiere el título de este artículo, hay marxismo en Gorz, y su obra, una de las más importantes en la ecología crítica del siglo 20, no es comprensible sin esta dimensión.

NOTAS

1. Citado por Willy Gianinazzi, André Gorz, une vie, París, La Decouverte, 2017, p. 250.

2. Arno Münster, André Gorz ou le socialisme difficile, París, Lignes, 2008, pp. 44-45.

3. Françoise Gollain, André Gorz, pour une pensée de l’écosocialisme, Le passager clandestin, serie "Les précurseurs de la décroissance", 2014, p. 10.

4. W.Gianinazzi, op.cit. p. 129.

5. André Gorz, Ecologica, Paris, Galilée, 2008, p.18;

6. En Ecologica, p. 133.

7. A.Gorz, Les Chemins du paradis. L’agonie du capital, París, Galilée, 1983, p. 101.

8. En Ecologica, p. 143.

9. W.Gianinazzi, André Gorz, p. 216.

10. Ecologica, p. 15.

11. Ecologica, pp. 137-139. Dicho sea de paso, este texto es importante como denuncia, por parte de Marx, del progreso capitalista como "progreso destructivo".

12. Ecologica, p. 29.

13. Marx, Le Capital, trad. Joseph Roy, París, Editions Sociales, 1969, tomo I, pp. 566-567.

14. Ecologica, pp. 39, 116.

15. W.Gianinazzi, André Gorz, p. 319.

16. F.Gollain, André Gorz, pp. 51-52.

17. A.Gorz, Métamorphoses du travail, quête de sens. Critique de la raison économique, París, Galilée, 1988, pp. 225-226.

18. F.Gollain, André Gorz, p. 49.

19. A.Gorz, Ecologica, p. 17. Resulta sorprendente que en esta entrevista con Marc Robert, que es sin duda uno de los textos más importantes del último Gorz, la clase obrera reaparece como sujeto de la transformación social...

20. Ecologica, pp.98-100.

21. Citado de Karl Marx, Morceaux Choisis, trad. Henri Lefebvre y Norbert Gutermann, París, Gallimard, 1934, pp. 234-235. Traducción ligeramente corregida por nosotros, ver Marx, Engels, Werke, vol. 25, Berlín, Dietz Verlag, 1968, p.828.

22. Ecologica, pp. 66-67.

23. Marx, Grundrisse des Kritik der politischen ökonomie, Berlín, Dietz Verlag, 1953, p.596. Traducción en francés por el propio Gorz, cf. W.Gianinazzi, André Gorz, pp. 104-105.

24. A.Gorz, "Richesse, travail et revenu garanti", 2001, citado por W.Gianinazzi, Op.cit. p.305;

25. A.Gorz, "Bâtir la civilisation du temps liberé" (1993), citado por W.Gianinazzi, Op.cit. p.299.

26. Ecologica, pp. 104-105.

6/10/2017

vientosur, mediapart


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