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dissabte 9 de setembre de 2017 | Manuel
Referendum 1-O: la prueba de fuerzas ha comenzado

Martí Caussa

El miércoles 6 se septiembre el Parlament aprobó la ley del referéndum. Al día siguiente el Tribunal Constitucional la suspendió, la Fiscalía anunció las primeras querellas, el Parlament aprobó la ley de desconexión y comenzó la desobediencia civil que, con toda seguridad, será masiva.

El Tribunal Constitucional no sólo suspendió la ley del referéndum, sino que mandó el aviso a más de mil personas, entre ellas a todos los alcaldes del país, de que no podían colaborar, de ninguna forma, en el referéndum del 1 de octubre. Al mismo tiempo la Fiscalía anunció que se querellaba (de nuevo) contra la Mesa del Parlament y contra todos los miembros del Govern. La Guardia Civil ha entrado en una imprenta en la que sospecha que se imprimen las papeletas del referéndum.

Pese a todo, la desobediencia al Estado ha comenzado. El Parlament, con los votos de Junts pel Sí y la CUP (y el voto en contra de todos los demás grupos), aprobó, ayer jueves día 7, la ley de desconexión jurídica, que sólo entrará en vigor si gana el Sí en el referéndum. Si esto sucede, se dará paso a la la constitución provisional de la República catalana durante un año, periodo temporal en el que deberá desarrollarse el proceso constituyente popular ya prometido hace tiempo por el Parlament, elegirse una Assemblea Constituent que redacte un proyecto de constitución definitivo y convocar un referéndum para aprobarla. Ayer por la noche 560 de los 947 ayuntamientos de Catalunya ya habían contestado afirmativamente al requerimiento de la Generalitat para colaborar en el referéndum; pero Ada Colau, la alcaldesa de la capital del país, ha pedido 48 horas para dar una respuesta. Más de 16 000 personas se han apuntado, ya, como voluntarias para colaborar en el referéndum. Para hoy viernes, están convocadas las primeras manifestaciones de protesta contra la sentencia del Tribunal Constitucional.

El desenlace de esta prueba de fuerzas dependerá de la firmeza del Govern y de la mayoría del Parlament pero, sobre todo, de la capacidad de movilización popular en la calle y de la solidaridad de los pueblos del Estado español. Las consecuencias las he analizado en otro artículo: nada volverá a ser igual, ni en Catalunya ni en España. No se pueden hacer pronósticos seguros: nada está escrito de antemano y sólo siguiendo la situación día a a día se puede ir intuyendo el resultado. Los próximos cinco días se despejarán algunas incógnitas.

El alineamiento de las fuerzas parlamentarias quedó claro durante la votación de la ley del referéndum. Junts pel Sí y la CUP en el bloque del Sí al referéndum. PP, Cs y PSC en el bloque del No. Y ruptura en Catalunya Sí Que Es Pot a pesar de la abstención unánime de todos sus diputados en la votación: Coscubiela (ICV) y un grupo de diputados está por la no participación en el referéndum; otro grupo en el que se encuentran Nuet (EUiA) y Fachín, Angels Martínez y Joan Giner (los tres de Podem) por la participación. En la votación de la ley de desconexión, Fachín respetó el acuerdo de votar en contra, pero discrepó públicamente de los argumentos de Coscubiela, que fueron aplaudidos por PP, Cs y PSC.

Fuera del Parlament persiste la incógnita de Catalunya en Comú. La Coordinadora del próximo sábado día 9 debe decidir la pregunta que someterá a votación de sus adheridos en los próximos días. Es de esperar que sea una pregunta clara y binaria puesto que, de cara al 1-O, sólo se pueden hacer dos cosas: llamar a votar o a no votar. También parece casi seguro que, si se llama a votar, se dará libertad de voto y no se recomendará ninguna opción (Sí, No, Blanco o Nulo), por dos razones: el sentido del voto no es lo más importante y dar libertad es lo que permite preservar mejor la unidad de la organización, dada la pluralidad de posiciones que existe en su interior.

Antes del fin de semana sabremos qué reacción ha habido en la calle ante la decisión del Tribunal Constitucional (hoy viernes, como ya hemos señalado, se han convocado las primeras concentraciones en barrios y ciudades). Y el lunes 11 de septiembre (la Diada) tendremos la prueba más fiable de la capacidad de movilización popular.

Pero si la previsión del resultado de la prueba de fuerzas es difícil y el resultado abierto, las tareas de los que defendemos la democracia y el derecho a decidir están claras:

1.- Apoyar la desobediencia del Parlament y del Govern al Estado. Estar en primera línea de todas las manifestaciones para defenderlos frente a la represión, trabajando por agrupar el espectro más amplio posible de fuerzas políticas, sindicales, sociales y culturales. Hay dos legalidades enfrentadas: el Parlament representa el derecho a decidir y la democracia; el Estado el centralismo y la represión. En estas circunstancias hay que defender el Parlament y desobedecer al Estado.

2.- Estimular la participación en el referéndum del 1 de octubre, animando a todas las personas a votar independientemente de la opción que cada una quiera escribir en la papeleta (Sí, No, Blanco, Nulo), explicando que todas estas opciones son legítimas y que la participación es, ante todo, un compromiso con la democracia y el derecho a decidir. En todos los lugares donde sea posible hay que impulsar campañas o plataformas unitarias, procurando incluir a Podem y a los Comunes y, muy especialmente, a muchas entidades sociales, culturales y deportivas. El éxito del referéndum va a depender de la participación, que debe ser claramente superior a los 2 300 000 del 9-N, lo cual es un reto importante dadas las amenazas y la represión que desencadenará el Gobierno español.

3.- Lo anterior no es contradictorio con que los partidarios del Sí a la independencia hagamos campaña por estimular este voto, tanto a través de nuestras organizaciones, como en unidad de acción con otras organizaciones independentistas, particularmente la ANC, Omnium y AMI.

4.- Debemos preparar la prueba de fuerzas del 1-O junto con todas las organizaciones y entidades agrupadas a partir de las actividades anteriores: antes de las 8 de la mañana debe haber mucha gente delante de los colegios electorales, dispuesta a velar por que la votación se realice con toda normalidad y, si es necesario, a presionar, de forma pacífica pero firme, para acceder a las urnas y para que no haya obstáculos al ejercicio del derecho a votar.

5.- Si el día 1 de octubre hay una gran participación en la votación y gana el Sí, seguramente el Parlament hará una declaración de independencia, pero el Estado no la reconocerá, ni la negociará (al menos de momento). La desobediencia deberá continuar y será, también, el momento de exigir, con fuerza, el proceso constituyente popular prometido por el Parlament (cuya fase de proceso participativo debería haberse realizado ya antes del referendum y que la ley desconexión vuelve a prometer) y la atención a las necesidades sociales de la población (escamoteada en los presupuestos). Habrá que utilizar la soberanía recien conquistada para dar satisfacción a estas medidas sociales y democráticas que, a su vez, son las que pueden incrementar el apoyo popular a la lucha por la autodeterminación y la República catalana.

6.- También hay que contemplar la posibilidad de que las amenazas y las medidas represivas del Estado sean tan intensas que una parte o la mayoría de los colegios electorales no puedan abrir. En este caso hay que organizar la concentración delante de dichos colegios, de forma masiva y durante todo el día, difundiendo fotos, vídeos y mensajes y pidiendo la solidaridad de la sociedad catalana, española y europea. E impulsar que la misma noche haya concentraciones masivas en todas las plazas del país y que continúen los días siguientes. Los objetivos deben ser la defensa del Parlament y de todas las personas represaliadas, mantener viva la movilización y obligar al Estado a negociar.

7.- El desenlace de esta prueba de fuerzas dependerá también de la solidaridad que despierte en los pueblos del Estado español, de que se extienda en ellos la convicción de que la lucha de Catalunya interesa a todos los que defienden el derecho a decidir, la conquista de una democracia de calidad, la necesidad de echar al PP del Gobierno y de empezar a desmontar el régimen del 78.

08/08/2017

Martí Caussa es miembro de la redacción de viento sur


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