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diumenge 7 de setembre de 2003 | Greenpeace
Diez propuestas de Greenpeace contra los incendios forestales


La actual situación no tiene nada que ver con fenómenos naturales. La
intensidad y recurrencia de los incendios forestales está teniendo efectos
dramáticos sobre nuestro suelo, con efectos irreversibles en algunos casos.
El fuego reiterado provoca una merma en la capacidad de la vegetación de
recolonizar el terreno o tapizar el suelo. Las elevadas pendientes aumentan
además la erosión generando suelos cada vez menos productivos. Avenidas,
inundaciones, colmatación de embalses y sequías son consecuencia del paso
repetido del fuego por nuestros ecosistemas.

El fenómeno de los incendios forestales se ha convertido, debido a la
elevada frecuencia e intensidad que ha adquirido en los últimos años, en uno
de los mayores problemas ecológicos que sufren nuestros bosques.

El fuego es un elemento natural que forma parte de los fenómenos que modelan
el paisaje. Especialmente en los países mediterráneos, debemos admitir que
el fuego es un incómodo compañero de viaje con el que hay que convivir.

Precisamente, gran parte de nuestra vegetación está adaptada a la acción del
fuego, con estrategias rebrotadoras o de germinación tras el incendio.

Pero la actual situación no tiene nada que ver con fenómenos naturales. La
intensidad y recurrencia de los incendios forestales está teniendo efectos
dramáticos sobre nuestro suelo, con efectos irreversibles en algunos casos.
El fuego reiterado provoca una merma en la capacidad de la vegetación de
recolonizar el terreno o tapizar el suelo. Las elevadas pendientes aumentan
además la erosión generando suelos cada vez menos productivos. Avenidas,
inundaciones, colmatación de embalses y sequías son consecuencia del paso
repetido del fuego por nuestros ecosistemas.

A la luz de las actuales cifras de incendios hay que reconocer que algo se
ha ido de las manos. La situación en la década de los 90 ilustra la
profundidad y gravedad del problema: entre 1990 y 1999 se produjeron 181.051
incendios forestales. Es decir, una media de 18.000 incendios al año. En ese
periodo, 652.492 Ha. de superficie arbolada fueron destruidas por los
incendios forestales. A las que hay que añadir otras 946.916 Ha. de
superficie forestal no arbolada que también sufrieron el impacto de las
llamas. El 95% de estos incendios son originados por la actividad del ser
humano.

La actual magnitud del fenómeno de los incendios forestales se debe a
factores estructurales importantes, entre los que destacan: i) el abandono
drástico de las actividades agrosilvopastorales que se ha producido en
apenas treinta años debido al éxodo rural, con un incremento de la biomasa
en los ecosistemas que los hace fácilmente combustibles; ii) la permanencia
de la cultura del fuego (quema de rastrojos y pastos) en un amplio espectro
de la población rural.

La lucha contra los incendios forestales se ha centrado casi exclusivamente
en la extinción, olvidando la prevención y una correcta planificación
forestal, enmarcada en una buena ordenación del territorio. Pero lo cierto
es que en la actualidad las mayores inversiones en materia forestal están
destinadas a la extinción de incendios, la construcción de infraestructuras
asociadas a éstos: red de cortafuegos, red de pistas forestales, puntos de
agua, etc. y reforestación de terrenos incendiados. Es decir, que si existe
algún negocio floreciente entorno a los bosques, éste está asociado a apagar
incendios y repoblar zonas quemadas.

Pero la investigación y el combate de las causas no han sido objeto hasta
hoy de la atención de las autoridades. Si hay responsables hay que
identificarlos, analizar las causas que les inducen a provocarlos y plantear
soluciones. Estas pasan necesariamente por el establecimiento de una gestión
forestal correcta y la definitiva aceptación de que tras los incendios
forestales existe una compleja madeja de problemas sociales, económicos y de
gestión que invitan a huir de planteamientos simplistas y recetas mágicas.
En tanto no se empiece a desliar esta madeja, quienes queman nuestros
bosques seguirán gozando del privilegio de la impunidad.

Diez propuestas para acabar con los incendios forestales

1.-Establecimiento de una gestión forestal que reduzca el riesgo de
incendio. Ésta deberá garantizar la heterogeneidad y diversidad
característica de los ecosistemas forestales y el establecimiento de un
paisaje en mosaico menos propenso al fuego.

2.-Impulso de la prevención garantizando el equilibrio
conservación-producción, centrando los esfuerzos y las inversiones en la
práctica de una silvicultura preventiva: desbroces selectivos y localizados
que no supongan la total eliminación del monte bajo, claras generalizadas y
selectivas (evitando en todo momento las cortas a hecho).

3.-Planificación de programas de reforestación (una vez que se haya
garantizado la conservación de las masas existentes) selectivos que tengan
en cuenta de forma prioritaria el riesgo de incendios a la hora de elegir
las especies adecuadas (siempre nativas del lugar) y el tipo de estructura
que deberá tener, en ningún caso homogénea o monoespecífica. No se deberá
permitir ningún proyecto de repoblación en cuyo presupuesto no figure
claramente una partida que garantice su posterior conservación y aplicación
de los tratamientos silvícolas adecuados que la hagan evolucionar hacia la
madurez.

4.-Control, mediante una legislación adecuada, de los canales de comercio de
la madera quemada (dado el gran volumen de ésta) con el fin de evitar la
depreciación y especulación de precios que produzcan un quebranto del
mercado. Será preciso establecer un circuito propio de comercio para la
madera quemada perfectamente controlado y transparente que garantice la
imposibilidad de abaratar arbitrariamente los precios, directa o
indirectamente, por parte de la industria del tablero y el papel.
Obligatoriedad de realizar un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) previo a la
extracción de madera quemada, independientemente de la titularidad del
monte.

5.-La futura Ley de Montes deberá contemplar la obligatoriedad de invertir
en la restauración de los montes quemados (sin ninguna excepción), los
ingresos derivados del aprovechamiento de la madera quemada y otros
productos forestales afectados.

6.-Las Leyes Forestales de las CC.AA deberán introducir un artículo que
prohíba cualquier cambio de uso permanente o temporal de los montes. Además,
este aspecto deberá ser recogido también por la futura Ley de Montes.

7.-Eliminación de las quemas de rastrojos y zonas de matorral con el fin de
crear pastos en áreas cercanas a las masas forestales o en lugares donde el
matorral tenga gran valor ecológico (en términos de biodiversidad y lucha
contra la erosión). Sustitución urgente de los permisos de quemas por
desbroces mecánicos.

8.-Las CC.AA. deberán personarse como parte interesada en los procesos
penales abiertos por incendios forestales, haciendo un seguimiento de los
mismos hasta el final. Dándose la máxima publicidad posible tanto a las
detenciones consecuencia de las investigaciones, como a las sentencias
condenatorias y sanciones por actos que hayan provocado incendios
forestales. Las Fiscalías deberán dar prioridad a los procedimientos en esta
materia por su efecto disuasorio.

9.-Incremento de las inversiones en prevención que deberán ser superiores a
las de extinción. Estableciendo sistemas de ayuda económica (subvenciones,
exenciones fiscales, ...), para montes públicos y privados, orientados a la
conservación y aumento de la superficie forestal existente, a la vez que
incrementan la rentabilidad de ésta. Como complemento, es preciso fomentar
la ampliación, creación de empleo y estabilidad del número de trabajadores
en labores relacionadas con el monte. Profesionalizando las labores de
prevención, detección y extinción con creación de empleo fijo y planes de
formación, a la vez que se incrementa la seguridad.

10.-Medidas de control de la industria de la extinción y reforestación con
el fin de que sus beneficios no dependan directamente del aumento del número
y extensión de los incendios. Potenciando explícitamente la creación de
sectores industriales que centren su trabajo en la conservación de las masas
forestales y la prevención frente a los incendios forestales.


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