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dimarts 23 de maig de 2017 | Manuel
¿Está ganando impulso la economía mundial?

Michael Roberts

En su reunión semi-anual (21-23 Abril 2017, aquí), los economistas del FMI anunciaron una mejora en su pronóstico del crecimiento económico mundial. Esta es la primera actualización que el FMI ha realizado en seis años. Ha sido sólo un ligero aumento de su pronóstico previo de crecimiento de enero. El FMI prevé que el PIB real mundial aumentará un 3,5% este año (frente al 3,4% anterior) y un 3,6% el próximo año (sin cambios).

Como la directora del FMI, Christine Lagarde, dijo, “La buena noticia es que, después de seis años de crecimiento decepcionante, la economía mundial está ganando impulso en la medida en que una recuperación cíclica promete más puestos de trabajo, mayores ingresos, y una mayor prosperidad en el futuro”.

Pero el FMI también advierte: “la economía mundial puede estar ganando impulso, pero no podemos estar seguros de que estemos fuera de peligro”.

Sin embargo, hay una creciente confianza entre los economistas y organismos internacionales oficiales de que la economía capitalista mundial está finalmente saliendo de su recuperación lenta y débil tras la Gran Recesión de 2008-9. El crecimiento por debajo de la tendencia, la inversión débil y casi ningún aumento en los ingresos reales en la mayoría de las economías importantes desde el año 2009 han sido descritos como un ’estancamiento secular’ o, en mi caso, como la Larga Depresión, similar a la de las décadas de 1930 y 1880.

Pero quizás se este superando. Esta misma semana, el modelo económico del Financial Times pronosticaba un repunte importante. El índice Brookings-FT Tiger - que sigue los índices de la economía mundial - sugiere que el crecimiento se ha acelerado notablemente en las economías avanzadas y los mercados emergentes en los últimos meses. El índice, que cubre todas las principales economías avanzadas y en desarrollo, compara muchos indicadores distintos de la actividad real, los mercados financieros y la confianza de los inversores con sus promedios históricos para la economía global y para cada país por separado. El índice Tiger sugiere que el crecimiento en los mercados emergentes se ha acelerado considerablemente desde la caída del precio del petróleo afectó los niveles de producción en 2015. Después de haber languideció muy por debajo de los niveles medios históricos de hace un año, el índice de crecimiento de los mercados emergentes se ha elevado a un nivel no visto desde principios de 2013. China e India parecen haber resistido los últimos períodos de turbulencias y los indicadores de crecimiento están de nuevo por encima de los promedios históricos para ambos países.

Y los principales indicadores económicos de la economía estadounidense y mundial han estado mejorando. Los índices de los gestores de compras (PMI) son encuestas sobre las probabilidades de gastos, ventas e inversiones de empresas en varios países. Y los índices PMI de todo el mundo están muy por encima de 50, lo que significa que más del 50% de los encuestados piensan que la situación está mejorando. El PMI mundial se sitúa actualmente en su nivel más alto (54) de los últimos tres años y, según los economistas de JP Morgan, ello sugiere que la producción manufacturera mundial está aumentando a un ritmo del 4% en comparación con sólo el 1% hace un año.

Las cosas también están mejor en las llamadas economías emergentes. China no se ha estrellado como muchos esperaban hace un año. Por el contrario, la economía china ha crecido y, como resultado, ha aumentado la demanda de materias primas. La economía china se expandió un 6,9% anual en el primer trimestre de este año que terminó en marzo, ligeramente por encima del crecimiento del 6,8% en el cuarto trimestre del año pasado. La inversión y la producción industrial también han tenido un leve aumento.

Gavyn Davies, ex economista jefe de Goldman Sachs y ahora columnista del Financial Times en Londres, señaló que “el crecimiento de la actividad global se ha recuperado fuertemente, y los riesgos de recesión han caído en picado. El crecimiento de la producción real se sitúa actualmente en niveles superiores a todo lo visto tras el rebote temporal posterior a la crisis financiera en 2009/10. Es importante destacar que los datos recientes sugieren que la tasa de crecimiento de la inversión fija está comenzando a recuperarse, lo que es un duro golpe a uno de los elementos centrales de la escuela del estancamiento secular“.

Detrás de esta aparente recuperación hay una pequeña recuperación de los beneficios empresariales, que hasta mediados de 2016 había estado cayendo trimestralmente. Desde entonces, los beneficios empresariales se han recuperado un poco en todo el mundo y, según JP Morgan, la inversión empresarial ha invertido su tendencia de caída del año pasado.

Todo esto suena prometedor, incluso convincente. Pero, como advirtió el FMI, tal vez estas optimistas están vendiendo la piel del oso antes de cazarlo. La economía de Estados Unidos sigue siendo el principal motor del crecimiento mundial, no Europa o China, y no hay muchas señales de repunte del lento crecimiento de un 2% de media anual de la economía de Estados Unidos de los últimos seis años.

El mercado de valores ha estado creciendo (hasta hace poco) gracias a las expectativas creadas por las promesas del presidente Trump de posibilitar un aumento de las ganancias y la inversión mediante reducciones del impuesto sobre los beneficios empresariales y un programa de gasto en infraestructura de los gobiernos federal y estatal. Pero hasta ahora, no ha pasado nada. Y de todos modos, en una nota anterior he demostrado que el impacto de estas medidas sobre la inversión y el crecimiento global sería mínimo.

De hecho, lo que ha sucedido es una creciente divergencia entre los datos económicos sobre la base de encuestas de opinión sobre la economía de Estados Unidos (’datos blandos’) y las cifras reales (’datos duros’). De acuerdo con los economistas de Morgan Stanley, “la divergencia es impresionante.” En otras palabras, todo el mundo es muy optimista sobre las perspectivas de la economía estadounidense en los próximos 12 meses, pero los datos reales no la corroboran.

Esta divergencia es patente dadas las enormes diferencias en el pronóstico del crecimiento económico de Estados Unidos de las principales agencias de análisis económico a futuro. La Reserva Federal de Nueva York reconoce que el PIB real de Estados Unidos será de un 2,6% en el primer trimestre que terminó en marzo, mientras que el pronóstico de la Fed de Atlanta, ampliamente respetado, se ha reducido a sólo el 0,5% para el mismo periodo. La diferencia reside en que Nueva York incluye en su análisis de previsión más datos ’blandos’ y Atlanta los excluye.

Los analistas de inversión también pronostican grandes aumentos en los beneficios de las empresas o sus ganancias. Se espera que las ganancias del primer trimestre crezcan un 15% anual en el caso de las empresas europeas, un 9% para las de EEUU y un 16% para las empresas japonesas - un giro completo en comparación con las previsiones anteriores que predecían una desaceleración en 2017, tras la de 2016. Sin embargo, los primeros datos sobre ganancias de las principales compañías estadounidenses publicados esta semana han sido muy decepcionantes.

De hecho, si tenemos en cuenta los datos duros, la situación no es tan color de rosa. Los datos finales de la producción nacional de Estados Unidos para el cuarto trimestre de 2016 han confirmado que la economía de Estados Unidos creció sólo un 1,6% en 2016, la tasa anual de crecimiento más débil de los últimos cinco años. El ritmo de crecimiento se recuperó en la segunda mitad de 2016 después de estar casi congelada a principios de 2016, pero solo crecía un 2% anual en el cuarto trimestre.

El aspecto positivo fue un importante repunte en las ganancias corporativas en Estados Unidos. Entre el comienzo de 2015 y la segunda mitad de 2016, las ganancias corporativas se habían reducido un 9%. Sin embargo, en la segunda mitad del último año las ganancias crecieron de nuevo un 6% y en el último trimestre subieron un 9,3% anual e incluso más después de impuestos.

La inversión empresarial había seguido la caída de los beneficios tres trimestres más tarde en 2015, lo que confirma una vez más mi tesis de que los beneficios determinan la inversión en el ciclo económico capitalista. La inversión empresarial cayó anualmente en cada trimestre del año pasado y la inversión en equipo, la parte más importante de la inversión de las empresas, se ha reducido un 5% desde mediados de 2015. Pero con el actual aumento de los beneficios, la inversión puede recuperarse en 2017: ya veremos. Sin embargo, los cálculos más recientes realizado por la Fed de St. Louis de lo que pasará con la inversión y el crédito en el primer trimestre de 2017 no sugieren ninguna recuperación.

El gasto de los consumidores tampoco parece estar respondiendo a toda esta charla optimista. El gasto en consumo personal en EEUU parece haber hasta una tasa anual del 1,1% en el primer trimestre de 2017 en comparación con el 3,5% en el último trimestre de 2016, la tasa más débil de expansión de los últimos cuatro años y el peor primer trimestre desde el final de la Gran Recesión en 2009.

Y, como he argumentado en varias notas anteriores, la rentabilidad empresarial en las principales economías capitalistas avanzadas sigue siendo débil y hay una parte considerable de firmas ’Zombie’, aquellas que no pueden tener otras ganancias que las imprescindibles para cubrir el servicio de sus deudas, y no pueden invertir en nueva tecnología productiva para aumentar la productividad y expandirse.

Quizás este aumentando la confianza entre los economistas y organismos oficiales, basada en unas encuestas de opinión más positivas, pero debe contrapesarse con el hecho de que el período actual de recuperación desde el final de la Gran Recesión dura ya bastante tiempo.

El informe del FMI señala el riesgo de una nueva recesión. Su indicador sugiere que las probabilidades son todavía bastante bajas para la mayoría de las economías: en torno al 20-40% en 2017 para la economía mundial. Pero Lagarde advierte de que “existen riesgos evidentes a la baja: la incertidumbre política, incluso en Europa; la espada del proteccionismo que pende sobre el comercio mundial; y unas condiciones financieras globales más duras, que podrían provocar salidas de capitales perjudiciales de los países emergentes y en desarrollo“.

19/4/2017

thenextrecession


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