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dilluns 22 de maig de 2017 | Manuel
Debate estratégico en torno al referéndum catalán

Martí Caussa

en català baix

¿Qué pasará si el gobierno Rajoy consigue impedir el referéndum catalán con una combinación de amenazas y uso de la fuerza? ¿Y si no lo consigue o provoca una movilización popular todavía más importante y prolongada que todas las conocidas?

Si intentamos contestar a estas preguntas, nos vemos abocados a debatir de estrategia, de orientaciones políticas que pueden tener repercusiones durante muchos meses o años, no solo en Catalunya, sino en todo el Estado.

Algunos argumentos para subestimar este debate afirman que las proclamaciones de Junts pel Sí sobre el “referéndum sí o sí” son teatro del bueno, pero nada más que teatro. El notario y vicepresidente de la Fundación La Caixa, Joan Josep López Burniol, lo ha explicado en una entrevista publicada en VilaWeb (aquí):

Se aprobará la ley de desconexión, al amparo de la cual se convocará el referéndum, el Tribunal Constitucional suspenderá el referéndum y, entonces, habrá algún acto de desobediencia. No sé cuál será, tal vez poner en marcha los mecanismos para llevar a cabo el referéndum. Entonces vendrá la reacción del Estado, que creo que será siempre extremadamente comedida. La reacción no será tremenda, pero la habrá. Y en este punto sucederá la cosa que creo que se busca, que es una negativa para poder decir, fuera, que no nos dejan. Y se convocarán elecciones”.

El mensaje implícito es: puesto que todo es teatro, lo que hace falta es preocuparse de las elecciones. La réplica a los argumentos anteriores la tomé prestada de un editorial de Vicent Partal en VilaWeb y la reproduje en un artículo anterior:

Puedo admitir la probabilidad de que el Estado español encuentre una manera violenta de impedirlo. Pero lo que creo totalmente imposible es que esta mayoría parlamentaria y este gobierno, voluntariamente, no hagan el referéndum. No por las amenazas de la CUP. Simplemente porque la ola de indignación popular que se levantaría si pasara eso acabaría de golpe con toda la generación de políticos independentistas que hay ahora en el parlamento y en el gobierno. Cosa que ellos, todos, saben.”

Es verdad que periódicamente salen a la luz pública las dudas de un sector del PDECat, como hace poco la grabación en la que David Bonvehí hablaba de presentar un candidato autonomista si el procés acababa mal, pero cada vez el gobierno catalán ha reaccionado con contundencia, como en esta última ocasión con el manifiesto firmado el 21 de abril por el gobierno en pleno y muchos altos cargos, donde se comprometen de nuevo a convocar, organizar y celebrar el referéndum.

Un segundo tipo de argumentos para subestimar el debate estratégico proviene de un exceso de confianza de sectores del movimiento independentista que piensan que el Estado simplemente no puede impedir el referéndum o que no puede hacerlo sin utilizar medidas represivas masivas que lo abocarían a una rápida deslegitimación interna y en la Unión Europea. Sin embargo, un supuesto liberal español como Juan Luis Cebrián, en una entrevista publicada en El Mundo, ha dado una visión más ajustada de lo que podría hacer el Estado:

– ¿Y si convocan el referéndum?

– Hay que prohibirlo.

– ¿Y si ignoran la prohibición?

– El artículo 155. Suspendes el Gobierno de la Generalitat. Al presidente de la Generalitat. A la presidenta del Parlament. A uno, dos, tres cargos públicos. A los que hayan convocado el referéndum. Acabados. Ocupas tú el poder.

– ¿Y entonces qué ocurriría?

– Entonces el debate ya no sería cuándo van a lograr la independencia, sino cuándo van a recuperar la autonomía. La clave, insisto, es si los independentistas tienen o no poder. Y no lo tienen. El Estado, sí. Se habla de enviar a la Guardia Civil e inmediatamente se dice: ‘No, hombre; la Guardia Civil, no’. ¿Pues por qué no? La Guardia Civil está para lo que tenga que estar. También dicen: ‘Con los Mossos es suficiente’. Pues no sé si sería suficiente.”

No hay que tomarse a la ligera las palabras del señor Cebrián. Hace tiempo que el diario El País habla de los intentos “de golpe parlamentario catalán contra su propio Estatuto” (aquí). Una forma de preparar a sus lectores para medidas como las que proponía el presidente de Prisa. No considerar esta eventualidad puede llevar a no saber cómo reaccionar si se produce.

Hay que considerar diversos escenarios

Para tener un debate estratégico interesante hay que considerar diversos escenarios y discutir el tipo de respuesta más adecuada en cada caso, sabiendo que no existen bolas de cristal capaces de predecir qué pasará. Ahora bien, para realizar una primera aproximación me parece útil preguntarnos qué habría que hacer en la hipótesis más desfavorable entre las diversas posibles: la Generalitat convoca, organiza e intenta celebrar el referéndum y el Estado no solo lo prohíbe, sino que lo impide físicamente.

Esto no supone afirmar que esta sea la hipótesis más probable. Evidentemente, hay otras posibilidades. Por ejemplo, el Estado podría inhabilitar a Carme Forcadell antes de la convocatoria del referéndum, cosa que situaría al Parlament en la disyuntiva de claudicar o desobedecer y podría estimular la movilización de todo el bloque soberanista (incluidos los comunes) en defensa del Parlament y de su presidenta. Tampoco cabe descartar un referéndum semitolerado, con una combinación de amenazas, fuerza física puntual, boicot de los partidos unionistas, etc., con la intención de mermar la participación y evitar que la votación sea general. Sin embargo, si se discute sobre la hipótesis más desfavorable y se encuentran respuestas para seguir avanzando, parece más fácil poder orientarse en situaciones menos difíciles.

Situados en el contexto en el que el Estado impide físicamente el referéndum, si el gobierno de Junts del Sí se limitara a algunas demostraciones para acabar convocando elecciones, parece evidente que esto significaría el fin del procés tal como lo hemos conocido hasta ahora. Por eso muchos independentistas, con la Assemblea Nacional Catalana (ANC) a la cabeza, dicen que entonces habría que proclamar la independencia. Sobre esta segunda posibilidad, el profesor Ferran Requejo ha formulado algunas observaciones que me parecen pertinentes:

Cuando el referéndum no se pueda realizar de hecho, cuando no puedan ponerse mesas y urnas, habrá llegado el momento de tomar decisiones que nos situarán en una nueva etapa… Ahora se trataría de una proclamación. Es decir, de la creación de un nuevo Estado. Sin embargo, las proclamaciones de nuevos Estados solo tienen éxito cuando se pueden sostener, consolidar y desarrollar… Cuando se apruebe la ley de transitoriedad, habrá dos gobiernos y dos poderes que querrán imponer su legalidad. Y la pregunta del millón es si seremos lo bastante fuertes como para sostener nuestra legalidad sin hacer caso de la otra.”

Este último punto es decisivo: tan pronto se apruebe la ley de transitoriedad (o cuando se rechace la inhabilitación de Carme Forcadell), se entrará en una fase de doble poder parlamentario. Ahora bien, un doble poder es una fase transitoria, que puede durar un cierto tiempo, pero al final se impone uno de los poderes y el otro es derrotado. Para intentar ganar habría que preparar una resistencia prolongada, en la que el referente y el polo a reforzar debería ser el Parlament (ampliado, si hace falta, con los ayuntamientos). En otro momento de la entrevista, Ferran Requejo plantea otra pregunta clave (aquí): “¿Sabemos cómo se defienden instituciones como el Parlament o el palacio de la Generalitat con movilizaciones ciudadanas de carácter continuo?” Hasta ahora no he visto la respuesta.

Por ejemplo, la V Asamblea general ordinaria de la ANC (aquí) ha discutido de qué hacer en los posibles escenarios del referéndum, pero no ha contestado a la pregunta anterior. Su presidente, Jordi Sánchez, se acercó un poco más en una entrevista realizada dos días antes:

– ¿Ysi el Estado recurre a la fuerza física?

– Si el Estado opta por la coacción física, por perseguir urnas, ha de saber que sudará tinta, porque habrá más gente dispuesta a poner urnas y a abrir colegios que no agentes judiciales o policías para secuestrarlas.

– ¿Se han previsto acciones concretas? ¿Acudir a los colegios? ¿Rodearlos?

– Nosotros decimos que, si hace falta, para garantizar el referéndum, saldremos a la calle. Lo decimos sin miedo, sin medias tintas.

– ¿Cómo?

– Estaremos allí de manera cívica, sin una pizca de violencia, pero con una claridad y una intensidad desconocida hasta ahora. Si toca salir a la calle y quedarnos para defender nuestras instituciones, lo haremos. Y si hemos de estar junto a la puerta del Parlament para que nuestros diputados se reúnan y aprueben lo que tengan que aprobar, allí estaremos. Y si la comunidad internacional ha de ver que en Barcelona la ciudadanía de Catalunya está en la calle defendiendo un parlamento y un gobierno para recoger un mandato democrático emanado de las urnas, allí estaremos. Esto es lo que podemos decir ahora de manera inequívoca. El cómo y el cuándo dependerán de muchos factores, entre los cuales –y no es menor– cómo actúe el Estado.

Otra pregunta que me parece pertinente es: ¿Cuáles serán los estímulos de estas movilizaciones populares “de intensidad desconocida hasta ahora”? Algunos saltan a la vista: la respuesta a la represión, la defensa de la democracia, de las instituciones y del derecho a decidir. ¿Bastarán para aglutinar a la mayoría de la población en torno al Parlament y obligar al poder del Estado a respetarlo? Es difícil dar una respuesta contundente, sin dudas. Pero podemos decir que el gobierno de Junts pel Sí parece confiar tan solo en estos estímulos y que ha dejado de lado al menos otros dos muy poderosos: la inclusión en los presupuestos un plan de medidas sociales favorables a las clases populares; y la puesta en marcha de la fase participativa del proceso constituyente (tal como la aprobó el Parlament y que implicó el enjuiciamiento de su presidenta) para demostrar que la nueva República será lo que decidan democráticamente sus ciudadanos. Todavía hay tiempo para medidas de este tipo, pero hay que reconocer que se ha perdido mucho.

Medidas como estas habrían podido servir también para tratar de atraer a los comunes (o, al menos, a la mayoría de su base social), ayudar a que saliesen de la ambigüedad sobre el apoyo al referéndum, en la que la asamblea constituyente de Un País en Comú (UPEC, aquí) siguió instalada, limitándose a afirmar que “Catalunya ha de poder decidir libremente su futuro a través de un referéndum; que ha de ser efectivo, que interpele a toda la sociedad catalana y su pluralidad de posicionamientos, con reconocimientos internacionales y garantías democráticas” (p. 55). ¿Qué significado exacto tiene esta frase aquí y ahora? Está claro que, si el Estado aceptara pactar el referéndum, UPEC participaría en el mismo. Pero cada día está más claro que el Estado no quiere pactar, que en septiembre se intentará hacer un referéndum y que ni UPEC ni ninguno de los comunes están hablando con Junts pel Sí y la CUP sobre cómo hacerlo de la mejor manera posible y cómo defenderlo ante la probable represión del Estado.

El referéndum será el momento decisivo

El referéndum de septiembre no será una jornada más del procés, será una prueba de fuerzas decisiva; nada será igual después de ella. Por eso el debate estratégico ha de tener como referencia ese momento.

Lo más probable parece ser que el gobierno de Junts pel Sí se mantenga firme y convoque, organice y lleve a cabo el referéndum. Y pese a que hay diversos escenarios posibles, es útil, de cara a definir las tareas, situarse en el más desfavorable: que el Estado prohíba e impida el referéndum. ¿Qué habría que hacer en esta situación?

la única respuesta que parece eficaz es la movilización en la línea de las declaraciones de Jordi Sánchez, pero intentando precisar la magnitud que puede llegar a ser necesaria, por ejemplo: permanecer en los colegios electorales durante toda la jornada para mostrar al mundo la determinación de votar; y después, concentraciones diarias en las plazas de los ayuntamientos de todo el país (una huelga general es mucho más difícil y no parece que haya condiciones).

defender el Parlament como poder legítimo y pedir que el referéndum sea aceptado por el gobierno español; al mismo tiempo, exigir al Parlament que gobierne, que tome medidas sociales e inicie el proceso constituyente popular; si el Parlament no puede reunirse, apoyar a la Assemblea d’Electes (diputados, alcaldes y concejales).

– en este contexto de movilización habría que valorar la proclamación de la independencia, teniendo en cuenta que lo importante no son las proclamaciones, sino cuál de los dos poderes consiga imponerse. Lo que hay que hacer en cualquier circunstancia es impulsar la movilización social, ampliar la base social de la independencia, reforzar el poder efectivo del Parlament, hasta que el Estado haya de aceptar un referéndum ganado con la rebelión pacífica del pueblo o que su poder se haya erosionado tanto que la República Catalana no sea flor de un día.

En todo caso, las cosas no serán las mismas después de la prueba de fuerza del referéndum. Es imposible hacer una predicción, pero sí se puede hacer una aproximación a las diversas alternativas que pueden abrirse.

La situación política catalana puede girar hacia una posibilidad de conquistas democráticas y reformas sociales; o bien hacia una etapa de reacción.

En caso de victoria, seguramente se consolidará el PDECat de Puigdemont; y en caso de derrota, la derecha catalana autonomista tendrá por fin una oportunidad de construir un partido como el que tienen actualmente en la incubadora políticos como Fernández Teixidó apoyados por medios como La Vanguardia.

El mapa de la izquierda cambiará profundamente, tanto en caso de victoria como de derrota, y el elemento decisivo, no el único, pero sí el más importante, será: ¿qué hicisteis en el referéndum? El PSC puede convertirse en un partido residual en caso de victoria o en uno reaccionario en caso de derrota. ERC puede ser el partido hegemónico en caso de victoria y en la principal fuerza de la oposición en caso de derrota, porque es el partido menos desgastado de Junts pel Sí. Si UPEC y Podem no dan un giro decidido hacia “referéndum sí o sí”, pueden perder por mucho tiempo la posibilidad de ser una alternativa de gobierno en Catalunya, tanto si se gana como si se pierde el referéndum. La CUP puede aumentar su fuerza en caso de victoria y sufrir mucho en caso de derrota, porque, como se ha visto en los momentos difíciles, habrá muchos actores interesados en atribuirle responsabilidades que no son suyas.

A nivel del Estado español, la prueba de fuerzas del referéndum puede abrir o cerrar, al menos durante un tiempo, la posibilidad de una alternativa progresista al régimen del 78. Ahora bien, que la balanza se incline hacia un lago u otro dependerá mucho de la actitud de los partidos nacionalistas, particularmente los de Euskal Herria y Galiza; y sobre todo, de los partidos de izquierda, en particular de Podemos. ¿Considerarán el referéndum como una cuestión de los catalanes hacia la que es suficiente mostrar simpatía y hacer alguna concentración de apoyo? ¿O como una cuestión decisiva, al mismo nivel que la considera toda la derecha y el aparato del PSOE, que puede abrir o cerrar posibilidades democráticas en el conjunto del Estado español?

Nada está cerrado ni decidido todavía, pero se acercan momentos decisivos. No vamos hacia una escaramuza táctica, sino hacia una batalla estratégica.

10/05/2017

Martí Caussa es miembro de la Redacción de la web de viento sur

vientosur


Debat estratègic al voltant del referèndum català

Martí Caussa

Què passarà si el govern Rajoy aconsegueix impedir el referèndum català amb una combinació d’amenaces i força? I si no ho aconsegueix o bé provoca una mobilització popular encara més important i prolongada que totes les conegudes?

Si intentem contestar aquestes preguntes ens veiem abocats a debatre d’estratègia, d’orientacions polítiques que poden tenir repercussions durant molts mesos o anys, no sols a Catalunya, sinó a tot l’Estat.

Alguns arguments per menystenir aquest debat afirmen que les proclamacions de Junts pel Sí sobre el «referèndum sí o sí» són teatre del bo, però només teatre. El notari i vice-president de la Fundació La Caixa, Joan Josep López Burniol, ha fet una bona exposició d’aquest arguments en una entrevista a Vila Web: «s’aprovarà la llei de desconnexió, amb la qual es convocarà el referèndum, el Tribunal Constitucional suspendrà el referèndum i, aleshores, hi haurà algun acte de desobediència. No sé quin serà, potser posar en marxa els mecanismes per a fer el referèndum. Aleshores vindrà la reacció de l’estat, que crec que serà sempre extremadament mesurada. La reacció no serà tremenda, però hi serà. I aquí hi haurà la cosa que penso que es busca, que és una negativa per a poder dir, a fora, que no ens deixen. I es convocaran eleccions». El missatge implícit es: com que tot és teatre, el que cal és preocupar-se de les eleccions.

La rèplica als arguments anteriors la vaig manllevar a un editorial de Vicent Partal a VilaWeb i la vaig exposar en un article anterior: «Puc admetre la probabilitat que l’estat espanyol trobe una manera violenta d’impedir-ho. Però allò que crec absolutament impossible és que aquesta majoria parlamentària i aquest govern, voluntàriament, no facen el referèndum. No per les amenaces de la CUP. Simplement perquè l’onada d’indignació popular que s’aixecaria si passàs això acabaria de colp amb tota la generació de polítics independentistes que ara mateix hi ha al parlament i al govern. Cosa que ells, tots, saben». És veritat que periòdicament surten a la llum pública els dubtes d’un sector del PDECat, com recentment la gravació en la qual David Bonvehí parlava de presentar un candidat autonomista si el procés acabava malament, però cada vegada el govern ha reaccionat amb contundència, com aquest darrer cop amb el manifest firmat el 21 d’abril pel govern en ple i molts alts càrrecs tornant a comprometre’s a convocar, organitzar i celebrar el referèndum.

Un segon tipus d’arguments que menystenen el debat estratègic provenen d’un excés de confiança de sectors del moviment independentista que pensen que l’Estat simplement no pot impedir el referèndum o que no pot fer-ho sense utilitzar mesures repressives massives que l’abocarien a una ràpida deslegitimació interna i a la Unió Europea. Però un suposat lliberal espanyol com Juan Luís Cebrián, en una entrevista a El Mundo, va donar una visió més ajustada del que podria fer l’Estat:

- ¿Y si convocan el referéndum?
- Hay que prohibirlo.
- ¿Y si ignoran la prohibición?
- El artículo 155. Suspendes el Gobierno de la Generalitat. Al presidente de la Generalitat. A la presidenta del Parlament. A uno, dos, tres cargos públicos. A los que hayan convocado el referéndum. Acabados. Ocupas tú el poder.
- ¿Y entonces qué ocurriría?
- Entonces el debate ya no sería cuándo van a lograr la independencia, sino cuándo van a recuperar la autonomía. La clave, insisto, es si los independentistas tienen o no poder. Y no lo tienen. El Estado, sí. Se habla de enviar a la Guardia Civil e inmediatamente se dice: ‘No, hombre; la Guardia Civil, no’. ¿Pues por qué no? La Guardia Civil está para lo que tenga que estar. También dicen: ‘Con los Mossos es suficiente’. Pues no sé si sería suficiente.

No s’han de prendre a la lleugera les paraules del senyor Cebrián. El diari El País fa temps que parla dels intents de «golpe parlamentario catalán contra su propio Estatuto». Una forma de preparar els seus lectors per a mesures com les que proposava el president de Prisa. No considerar aquesta possibilitat pot portar a no saber com reaccionar si arriba.

Cal considerar diversos escenaris

Per tenir un debat estratègic interessant cal considerar diversos escenaris i discutir el tipus de resposta més adient en cada cas, sabent que no existeixen boles de cristall capaces de predir el que passarà. Però per fer una primera aproximació em sembla útil preguntar-se què caldria fer en la hipòtesi més desfavorable entre les diverses possibles: la Generalitat convoca, organitza i intenta celebrar el referèndum i l’Estat no sols el prohibeix sinó que l’impedeix físicament.

Això no significa afirmar que aquesta és la hipòtesi més probable. Evidentment hi ha altres possibilitats. Per exemple, l’Estat podria inhabilitar a Carme Forcadell abans de la convocatòria del referèndum, cosa que situaria al Parlament en la disjuntiva de claudicar o a desobeir i podria estimular la mobilització de tots el bloc sobiranista (comuns inclosos) en defensa del Parlament i la seva presidenta. Tampoc es pot descartar un referèndum semi-tolerat, amb una combinació d’amenaces, força física puntual, boicot dels partits unionistes, etc., amb la intenció de disminuir la participació i evitar que la votació sigui general. Però si es discuteix sobre la hipòtesi més desfavorable i es troben respostes per seguir avançant sembla més fàcil poder orientar-se en situacions menys difícils.

Situats en el context en el qual l’Estat impedeix físicament el referèndum, si el govern de Junts del Sí es limités a algunes demostracions per acabar convocant eleccions, sembla evident que això significaria la fi del procés tal com l’hem conegut fins ara. Per això molts independentistes, amb l’ANC al capdavant, diuen que llavors caldria proclamar la independència.

Sobre aquesta segona possibilitat el professor Ferran Requejo ha fet unes observacions que em semblen pertinents: «Quan el referèndum no es pugui fer fàcticament, quan no es puguin posar les meses i les urnes, serà el moment de prendre decisions que ens situaran en una nova etapa... Ara es tractaria d’una proclamació. És a dir, de la creació d’un nou estat. Però les proclamacions de nous estats només tenen èxit quan es poden aguantar, consolidar i desenvolupar... Quan s’aprovi la llei de transitorietat, hi haurà dos governs i dos poders que voldran imposar la seva legalitat. I la pregunta del milió és si serem prou forts per a aguantar la nostra legalitat sense fer cas de l’altra».

Aquest últim punt és el decisiu: tan bon punt s’aprovi la llei de transitorietat (o quan es rebutgi la inhabilitació de Carme Forcadell) s’entrarà en una fase de doble poder parlamentari. Però un doble poder és una fase transitòria, la qual pot durar un temps, però al final s’imposa un dels poders i l’altre és derrotat. Per intentar guanyar s’hauria de preparar una resistència llarga on el referent i el pol a reforçar hauria de ser el Parlament (ampliat si cal amb els ajuntaments). En un altre moment de l’entrevista Ferran Requejo feia una altra pregunta clau: «sabem com es defensen institucions com el parlament o el palau de la Generalitat amb mobilitzacions ciutadanes de caràcter continuat?». I fins ara no l’he vist contestada.

Per exemple, la V Assemblea general ordinària de la ANC ha discutit què fer en els possibles escenaris del referèndum, però no ha contestat la pregunta anterior. El seu president, Jordi Sánchez, si va acostar una mica més en una entrevista feta dos dies abans:

«- I si l’estat fa servir la força física?
- Si l’estat opta per la coacció física, per perseguir urnes, ha de saber que suarà tinta, perquè hi haurà més gent disposada a posar urnes i a obrir col·legis que no agents judicials o policies a segrestar-les.
- Hi ha accions concretes previstes? Anar als col·legis? Encerclar-los?
- Nosaltres diem que, si cal, per garantir el referèndum, sortirem al carrer. Ho diem sense por, sense mitges tintes.
- Com?
- Hi estarem de manera cívica, sense ni un bri de violència, però amb una claredat i intensitat desconeguda fins ara. Si toca anar al carrer i quedar-nos-hi per defensar les nostres institucions ho farem. I si hem d’estar a la porta del parlament perquè els nostres diputats s’hi reuneixen per aprovar el que hagin d’aprovar, hi estarem. I, si la comunitat internacional ha de veure que a Barcelona la ciutadania de Catalunya és al carrer defensant un parlament i un govern per recollir un mandat democràtic provinent de les urnes, hi estarem. Això és el que podem dir ara de manera inequívoca. El com i el quan dependran de molts factors, entre els quals –i no és menor– com actuï l’estat

Una altra pregunta que em sembla pertinent és: quins seran els estímuls d’aquestes mobilitzacions populars «d’intensitat desconeguda fins ara»? Alguns són evidents: la resposta a la repressió, la defensa de la democràcia, de les institucions i del dret a decidir. Seran suficients per aglutinar la majoria de la població al voltant del Parlament i obligar el poder de l’Estat a respectar-lo? És difícil de donar una resposta contundent, sense dubtes. Però es pot dir que el govern de Junts pel Sí sembla confiar només en aquests estímuls i que n’ha deixat de banda al menys dos de molts poderosos: incloure en els pressupostos un pla de mesures socials favorables a les classes populars; i posar en marxa la fase participativa del procés constituent (tal com va aprovar el Parlament i va implicar el processament de la seva presidenta) per demostrar que la nova República serà el que decideixin democràticament els seus ciutadans. Encara hi ha temps per mesures d’aquest tipus, però s’ha de reconèixer que se’n ha perdut molt.

Mesures com aquestes haguessin pogut servir també per intentar atraure els comuns (o, al menys, la majoria de la seva base social , ajudar a que sortissin de la ambigüitat sobre el suport al referèndum, en la qual l’Assemblea constituent d’Un País en Comú (UPEC) va continuar instal·lada, limitant-se a afirmar: «Catalunya ha de poder decidir lliurement el seu futur a través d’un referèndum; que ha de ser efectiu, que interpel·li tota la societat catalana i la seva pluralitat de posicionaments, amb reconeixements internacionals i garanties democràtiques» (p.55). Quin significat exacte té aquesta frase ara i aquí? Està clar que que si l’Estat acceptés pactar el referèndum UPEC hi participaria. Però cada dia està més clar que l’Estat no vol pactar, que a setembre s’intentarà fer un referèndum i que ni UPEC ni ningú dels comuns està parlant amb Junts pel Sí i la CUP sobre com fer-lo de la millor manera possible i com defensar-lo davant de la probable repressió de l’Estat.

El referèndum serà el moment decisiu

El referèndum de setembre no serà una diada més del procés, serà una prova de forces decisiva, res no serà el mateix després de la mateixa. Per això el debat estratègic ha de tenir com a referència aquest moment.

El més probable sembla que el govern de JxSí es mantingui ferm en convocar, organitzar i realitzar el referèndum. I, encara que hi ha diversos escenaris possibles, és útil de cara a les tasques situar-se en el més desfavorable: que l’Estat prohibeixi i impedeixi el referèndum. Què caldria fer en aquesta situació?

- la única resposta que sembla eficaç és la mobilització en la línia de les declaracions de Jordi Sánchez, però intentant precisar-ne la magnitud que pot arribar a ser necessària, per exemple: mantenir-se al col·legis electorals durant tota la jornada per mostrar al món la determinació de votar; i després, concentracions diàries a les places dels ajuntaments de tot el país (una vaga general és molt més difícil i no sembla que hi hagi condicions).

- defensar el Parlament com a poder legítim i demanar que el referèndum sigui acceptat pel govern espanyol; però al mateix temps exigir al nostre Parlament que governi, que prengui mesures socials i iniciï el procés constituent popular; si el Parlament no es pogués reunir, donar suport a l’Assemblea d’Electes (diputats, alcaldes i regidors).

- en aquest context de mobilització caldria valorar la proclamació de la independència, tenint en compte que l’important no són les proclamacions, sinó quin dels dos poders aconsegueix imposar-se. El que cal fer en qualsevol circumstància és impulsar la mobilització social, ampliar la base social de la independència, reforçar el poder efectiu del Parlament, fins que l’estat hagi d’acceptar un referèndum guanyat amb la rebel·lió pacífica del poble o el seu poder s’hagi erosionat tant que la República Catalana no sigui flor d’un dia.

En tot cas les coses no seran les mateixes després de la prova de forca del referèndum. És impossible fer una predicció però es pot fer una aproximació a les diverses alternatives que es poden obrir.

La situació política catalana pot girar cap a una possibilitat de conquestes democràtiques i reformes socials; o bé cap a una etapa de reacció.

En cas de victòria segurament es consolidarà el PDECat de Puigdemont; i en cas de derrota la dreta catalana autonomista tindrà per fi una oportunitat de construir un partit com el que ara tenen a la incubadora polítics com Fernández Teixidó i mitjans com La Vanguardia.

El mapa de l’esquerra catalana canviarà profundament tant en cas de victòria com de derrota i l’element decisiu, no únic però sí el més important, serà: què vau fer en el referèndum? El PSC pot convertir-se en un partit residual en cas de victòria o en un de reaccionari en cas de derrota. ERC pot ser el partit hegemònic en cas de victòria i en la principal força de l’oposició en cas de derrota, perquè és el partit menys desgastat de Junts pel Sí. Si UPEC i Podem no fan un gir decidit cap el "referèndum sí o sí" poden perdre per molt de temps la possibilitat de ser una alternativa de govern a Catalunya, tant si es guanya com si es perd el referèndum. La CUP pot augmentar la seva força en cas de victòria i patir molt en cas de derrota, perquè, com s’ha vist en els moments difícils, hi haurà molts actors interessats en carregar-li responsabilitats que no hagi tingut.

A nivell de l’Estat espanyol, la prova de forces del referèndum pot obrir o tancar, al menys per un període, la possibilitat d’una alternativa progressista al règim del 78. Però que la balança s’inclini cap a un costat o cap a l’altre dependrà molt de l’actitud dels partits nacionalistes, particularment els d’Euskal Herria i Galiza; i sobre tot dels partits d’esquerra, particularment de Podemos. Consideraran el referèndum com una qüestió dels catalans envers la qual cal mostrar simpatia i fer alguna concentració de suport? O com una qüestió decisiva, al mateix nivell que la considera tota la dreta i l’aparell del PSOE, que pot obrir o tancar possibilitats democràtiques a nivell de tot l’Estat espanyol.

Res està tancat ni decidit encara, però s’acosten moments decisius. No avancem cap a una escaramussa tàctica, sinó cap a una batalla estratègica.

9/05/2017


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