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dimecres 3 de maig de 2017 | Manuel
Campesinos brasileños atacan con machetes a una tribu indígena por disputas territoriales

Jonathan Watt / Survival

Foto: En esta imagen sacada con un móvil se puede ver a los agroganaderos cuando se dirigían a atacar la comunidad de los indígenas gamelas. Un coche de policía les acompaña.

Campesinos brasileños del estado de Maranhão han atacando un asentamiento indígena, cortando pies y manos a algunas de sus víctimas en lo que parece ser una escalada brutal de un conflicto territorial.

Trece miembros de la comunidad Gamela han tenido que ser hospitalizados tras el ataque de los ganaderos el pasado domingo en el municipio de Viana, según ha informado el Consejo Misionero Indígena. Los atacantes llevaban rifles y machetes.

Entre los heridos está el líder del grupo, Kum ’Tum Gamela, un antiguo cura y coordinador de la Comisión Pastoral de la Tierra. Kum ’Tum Gamela ha recibido numerosas amenazas de muerte por defender los derechos de tierra de su pueblo.

El pasado viernes, decenas de miembros de la tribu Gamela ocuparon una zona que ellos reivindican como su tierra tradicional. Estos terrenos fueron incautados por la dictadura militar (1964-85), repartidos entre los terratenientes locales y actualmente se utilizan como pasto para el ganado. Pero los Gamela, un grupo de unas 400 familias que nunca han abandona la zona, insisten en que la tierra les fue robada y desde 2014 han redoblado sus esfuerzos para recuperarla.

Este último reasentamiento coincidió con las protestas de la semana pasada a nivel nacional y con otra protesta en un asentamiento indígena en Brasilia. El ataque se produjo en represalia a la campaña que desarrollan los indígenas gamelas para recuperar una pequeña parte de su territorio ancestral. Su tierra ha sido invadida y destruida por agroganaderos, madereros y otros invasores, forzando a los gamelas a vivir hacinados en una pequeña parcela de terreno. El ataque se produjo tras el ’movimiento para cortar alambres’, una acción cuyo objetivo era destrozar las vallas que delimitan los terrenos.

Ganaderos locales —que reivindican la tierra como suya— respondieron a estas acciones con violencia. De acuerdo con algunas informaciones, los ganaderos enviaron un mensaje de Whatsapp acusando a los Gamela de ladrones. Posteriormente estos se habrían reunido en una barbacoa, habrían bebido grandes cantidades de alcohol y, finalmente, atacado a los indígenas por la noche.

Testigos del ataque han declarado que los agroganaderos se congregaron en una barbacoa y se emborracharon, antes de rodear el campamento de la comunidad gamela. De acuerdo con algunos supervivientes, los atacantes rodearon el asentamiento Gamela, dispararon y posteriormente le cortaron las extremidades a dos personas. A un hombre le cortaron las manos y las piernas a la altura de la rodilla. Otro perdió ambas manos. No hubo informaciones de muertes, aunque al parecer tres personas ingresaron en estado grave en el hospital.

Los testimonios apuntan a que la policía local se encontraba presente y consintió que se produjera el ataque.

Los Gamela han estado luchando contra poderosos políticos locales durante muchos años, incluida la familia Sarney, ricos terratenientes que dominan la política de Maranhão. Poderosos intereses del agronegocio, entre quienes al parecer se encuentra la familia Sarney, llevan un tiempo en conflicto con la tribu. En esta familia se encuentra un expresidente de Brasil y una antigua gobernadora del estado de Maranhão.

Los gamelas habían recibido varias amenazas de muerte en respuesta a sus intentos de regresar a su tierra. En una declaración difundida por la ONG brasileña Conselho Indigenista Missionário (CIMI), aseguraban: “Se engañan quienes piensan que la muerte pondrá fin a nuestra lucha: si nos matan, como semillas vamos a germinar las luchas de los pueblos. Ni el miedo, ni las balas asesinas de los terratenientes podrán detenernos.”

El ataque ocurrió pocos días después de las masivas movilizaciones indígenas que se celebraron en Brasilia contra una serie de cambios legislativos propuestos, que de salir adelante podrían tener consecuencias devastadoras para los pueblos indígenas.

La tribu indígena denuncia que los agentes de policía no intervinieron ante el derramamiento de sangre y los activistas por los derechos de los indígenas han publicado un audio que afirman que corresponde a agentes de la policía militar local prometiendo no intervenir en el conflicto.

Tras el ataque, aquellos que todavía podían correr huyeron hacia el bosque. Se teme que haya más heridos que no se hayan atrevido, por miedo, a buscar tratamiento en los hospitales. El ataque es el último de una serie de confrontaciones y los activistas creen que no será el último.

Maranhão es el estado más pobre de Brasil y uno de los más violentos. No por casualidad está en primera línea de la deforestación, lo que ha provocado graves conflictos entre varias comunidades indígenas que intentan proteger su territorio forestal de los leñadores, campesinos y granjeros (aquí).

A día de hoy presenciamos el mayor asalto contra los indígenas de Brasil en las dos últimas generaciones”, declaró el director de Survival International, Stephen Corry, quien agregó: “Este terrible ataque es un síntoma de la brutal y continuada ofensiva que está aniquilando a comunidades indígenas por todo el país. Actos atroces como este no acabarán hasta que los culpables sean procesados y Brasil empiece a garantizar los derechos territoriales indígenas como debe hacer según su propia legislación y el derecho internacional”.

El robo de tierras es el mayor problema al que se enfrentan los pueblos indígenas y tribales. Por todo el mundo las sociedades industrializadas les roban sus tierras para lucrarse.

Los activistas temen que los estrechos lazos entre el grupo de presión del agronegocio y el Gobierno del Presidente Temer, instalado en el poder tras el proceso de destitución de Dilma Rousseff en 2016, podrían derivar en un aumento de la violencia genocida y del racismo contra los pueblos indígenas brasileños.

2/5/2017

eldiario-theguardian, Survival


Los pueblos Indígenas, los mejores conservacionistas

Con ocasión del Día de la Tierra, que se celebra mañana, Survival International revela algunas de las asombrosas formas en que los pueblos indígenas y tribales son los mejores conservacionistas y guardianes del mundo natural:

1. Los “pigmeos” bakas cuentan con más de quince palabras para designar al elefante

El pueblo indígena baka sabe tanto de elefantes que cuenta con toda una gama de términos para designarlos en función de su sexo, edad e incluso carácter.

Estudios han mostrado que en muchos lugares los bakas conviven con altas densidades de especies amenazadas. Un hombre baka dijo a Survival: “Sabemos cuándo y dónde hay furtivos en el bosque pero nadie quiere escucharnos”. En vez de perseguir las causas que provocan daño medioambiental, los proyectos de las grandes organizaciones conservacionistas exponen a pueblos como los bakas a acosos y palizas, tortura y muerte.

2. Los kogis han contribuido a regenerar un área de tierra degradada

Con la ayuda de un pequeño equipo conservacionista, el pueblo indígena kogi de la cordillera de la Sierra Nevada de Santa Marta en Colombia adquirió en 2012 una pequeña parcela de la que fuera su tierra ancestral. Desde entonces, los conservacionistas constatan que la vegetación ha vuelto a crecer, que las aguas se han descontaminado y que los lagos que estaban repletos de basura se han convertido en “hermosas lagunas de agua dulce”.

3. Los baigas han regenerado más de 240 hectáreas de bosque tan solo alrededor de una comunidad

En la comunidad de Dhaba, en India central, los baigas estaban preocupados porque el departamento de bosques estaba talando demasiados árboles, supuestamente para frenar el avance de una plaga. Protestaron e intervinieron físicamente interponiéndose entre los funcionarios forestales y los árboles.

Su protesta fue un éxito y ahora varias especies de árboles que rodean la comunidad, como el char, el mahuli o el bambú, se han regenerado. Los propios baigas plantaron gran parte de los árboles.

4. Los chamanes tukanos establecen cuotas de caza para su tribu

Un importante estudio antropológico constató que, en Colombia, los chamanes tukanos desempeñan un papel activo en el control de las actividades de caza de la tribu. Contabilizan cuántos animales se matan y prohíben cazar en determinadas áreas donde piensan que la densidad de población animal está descendiendo.

5. Los soligas controlan especies de plantas invasivas mediante el uso selectivo de fuego

La tribu soliga de la India solía prender pequeños fuegos para desbrozar terrenos para su agricultura sostenible. Desde que esta práctica se prohibió en nombre de la conservación de la naturaleza, los ecosistemas locales se han deteriorado porque una especie invasora de maleza llamada lantana ha tomado el control. “El departamento forestal no tiene conocimiento de cómo conservar la naturaleza. Conservamos el bosque durante muchos años. Ellos no saben cómo proteger nuestro bosque”, declaró un hombre soliga.

6. Los awás no cazan determinadas especies para mantener el equilibrio del ecosistema

El pueblo indígena awá de Brasil vive de la caza y de la recolección en el nordeste de la selva amazónica. Sin embargo, para los cazadores awás es tabú matar a determinados animales, como el águila harpía (en peligro de extinción), los colibríes o los capibaras. Los awás tienen un profundo conocimiento de la naturaleza y del lugar que ocupan en ella.

7. Los territorios indígenas son la mejor barrera contra la deforestación amazónica

Esta imagen satelital, y esta, y esta otra también muestran territorios protegidos en la Amazonia brasileña: islas verdes en medio de un mar de deforestación. Cuando proteges los derechos territoriales indígenas, proteges la selva. Así de sencillo.

8. Con sus huertas, los orang aslis crean hábitats y alimentos para los animales

En la Reserva Natural de Krau de Malasia, las huertas frutales de los orang aslis atraen a la zona a muchos animales, incluidos grandes mamíferos. Estas proporcionan alimento y en contrapartida los animales actúan como principales dispersores de semillas, recuperando el rol que elefantes y rinocerontes, que ahora han desaparecido de la zona, antes desempeñaban. La agricultura tribal a pequeña escala a menudo fomenta la biodiversidad.

Para Stephen Corry, director de Survival International: “Los pueblos indígenas han cuidado y gestionado sus entornos naturales durante milenios y ahora hay multitud de evidencias que demuestran que cuidan del medioambiente mejor que nadie. Esto no supone caer en el mito del ‘buen salvaje’: es un hecho científico. Si queremos proteger el medioambiente es hora de que pongamos a los pueblos indígenas y tribales al frente del movimiento conservacionista y medioambiental. Si queremos salvar las selvas, por ejemplo, debemos luchar para garantizar que se mantienen en manos de sus pueblos indígenas.”


El 48% de los bosques de Centroamérica son defendidos por pueblos indígenas

Jesús Vergara-Huerta

Los pueblos indígenas ocupan vastas extensiones del territorio centroamericano, entre ellas más de la mitad de los bosques de la región y muchos de sus cursos de agua, esto aunado a sus formas de entenderse con respecto a la naturaleza y sus mecanismos de organización comunitaria los convierte en los guardianes de los ecosistemas más importantes de la región. Lo anterior se afirma con el nuevo mapa preparado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, la red ambiental más grande y diversa del mundo.

El mapa refleja con evidencias científicas basadas en verificación, basados en hechos, que casi el 50 % de los bosques de Centroamérica traslapan con pueblos indígenas, al igual que los ecosistemas marinos”, expuso la coordinadora de la Unidad de Biodiversidad y Derechos de la Oficina Regional de la UICN para Mesoamérica y el Caribe, María Pía Hernández, durante la presentación.

Entre los principales hallazgos del estudio realizado por la UICN es que Centroamérica es habitado por 63 grupos indígenas ubicados en una superficie de 202.017 kilómetros cuadrados en tierra y 80.308 en agua, especialmente en el Caribe. Asimismo, el área boscosa de la región es de 211.793 kilómetros cuadrados, de los cuales el 48 % se ubican en zonas de uso y ocupación de pueblos indígenas.

Un 37 % del área boscosa centroamericana está calificada como área protegida, que en total abarcan una superficie de 165.716 kilómetros cuadrados, según el estudio. También el 32 % de las áreas protegidas marinas, que suman un total de 92.114 kilómetros cuadrados, son habitados por pueblos indígenas.

Hernández explicó que la capa de los diferentes tipos de bosques de la región fue elaborada sobre la base de los mapas de usos del suelo facilitados por los Gobiernos de cada uno de los países centroamericanos, al igual que las capas de áreas protegidas.

El mensaje de este mapa es el de construir alianzas, a repensar la forma en cómo se están protegiendo las áreas protegidas de nuestro país y nuestra región”, indicó. Otro de los mensajes es “promover el diálogo entre los actores para asegurar la conservación de los pocos bosques que quedan y promover una conservación basada en los derechos”, recalcó la representante de la UICN.

El “Mapa de Pueblos Indígenas, Áreas protegidas y Ecosistemas Naturales en Centroamérica fue elaborado tras un trabajo de dos años, en el que participaron más de 3.500 personas pertenecientes a distintos pueblos indígenas de la región, de acuerdo a la información.

Este mapa es un instrumento que permite a los pueblos indígenas avanzar en el reconocimiento, respeto y promoción de sus derechos”, destacó Ramiro Batzin, Director Ejecutivo de la Asociación Sotz’il de Guatemala y miembro del Consejo Indígena Centroamericano (CICA). Para el propio Barzin, va a permitir que las organizaciones indígenas cuenten con un instrumento que les permita incidir para tener un mayor rol en la conservación de los recursos naturales, que permita propiciar un diálogo con los estados y con las organizaciones conservacionistas.


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