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dijous 27 d’abril de 2017 | Manuel
Los datos del precariado

Eduardo Bayona

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Volver a las políticas que trajeron a España cinco millones de parados no es acertado”. Hace pocas semanas, la ministra de Empleo, Fátima Báñez, aún en funciones, se mostraba partidaria de buscar consensos políticos en materia laboral al mismo tiempo que consideraba inamovible la precarizadora reforma de 2012. Tras su renovación al frente del Ministerio –que cede las competencias en Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad para crear el departamento de Dolors Montserrat– este discurso, tan absurdo como contradictorio, augura cuatro años –o tres, o dos, o uno y medio, a saber- de ese más de lo mismo que anunció su jefe, Mariano Rajoy, en el debate de investidura: precarización del empleo y empobrecimiento de los trabajadores. En los tres primeros años de aplicación del nuevo marco laboral la masa salarial de los españoles se redujo en 18.000 millones, como vía para un pretendido aumento de la competitividad que, en realidad, consiste en buscar los efectos de una imposible devaluación monetaria imponiendo unas normas cuyos dolorosos efectos recaen sobre las espaldas de los trabajadores.

Inerme de políticas monetarias tras su cesión al BCE e incapacitado para devaluar la moneda y elevar la competitividad de los productos españoles por la vía del precio, el equipo económico de Rajoy elige actuar sobre los costes y, dentro de estos, sobre los salariales. Y se muestra decidido a no enmendar esa decisión mientras la mayoría parlamentaria contraria a esa regulación se empeña en demostrar su incapacidad para coordinar una alternativa que alivie la situación de los trabajadores.

La Encuesta de Población Activa (EPA) da fe de la negativa evolución que ha sufrido el empleo en España en los cuatro años y medio transcurridos desde la entrada en vigor de la reforma laboral en febrero de 2012: mayor precariedad, desplazamiento del trabajo indefinido por el temporal, aumento del descontento, abandono del mercado laboral por desazón y recurso al pluriempleo para llegar a fin de mes en un país en el que hay menos trabajo que antes y se cobra menos por hacerlo.

En ese periodo, los ingresos salariales medios (brutos) de los españoles han pasado de los 22.448 euros en 2011 a 21.867 en 2014 —último dato disponible—. Supone un recorte de 581 euros, cuyo efecto es mayor si se tiene en cuenta que la cifra de declarantes ha caído de 19,46 a 19,35 millones; es decir, que en todo el año trabajan —ya sea horas, días o meses— y cobran por hacerlo 108.710 personas menos que hace cuatro años y medio.

El pluriempleo como medio de supervivencia

Es lo que el sociólogo alemán Ulrich Beck denomina “la brasileñización de occidente”. Un proceso, por la vía de la globalización neoliberal y de la automatización de los procesos de producción, que tiende hacia “una era en la que el subempleo es la característica más sobresaliente”. “Una fiesta financiera que tiene notables consecuencias en la asignación de los recursos económicos y, como consecuencia, en la organización de la vida de las personas”, apunta, y en la que aparentes indicios de bonanza como la reducción del desempleo conviven con otros como el paso de la sociedad del empleo a la sociedad de los empleos; es decir, del pluriempleo como medio de supervivencia para el creciente número de trabajadores pobres.

Según la EPA, en los cuatro años y medio transcurridos desde la aplicación de la última reforma laboral, la población activa se ha reducido en casi 600.000 personas, pasando de 23,4 millones a 22,8. La cifra de ocupados ha crecido de 17,7 a 18,5 millones, y la de parados ha caído de 5,6 a 4,3. Es decir, que la reducción del desempleo en 1,3 millones se debe a la creación de puestos de trabajo —800.000— y a la salida de gente del mercado laboral —600.000—. Más de un tercio de los inactivos han llegado a esa situación por desánimo ante las escasas opciones de sobrevivir trabajando: son 361.000 de 1,12 millones, cifra que incluye a otros 202.200 que no expresan sus motivos.

No es para menos a la vista de cómo evoluciona un mercado laboral en el que hay menos faena: el número total de horas trabajadas por semana ha caído de los 600,9 millones de marzo de 2012 a los 559,2 actuales, lo que, pese a suponer una mejoría en relación con el mínimo de 519,7 de septiembre de 2013, supone una reducción del 7%. Menos trabajo para menos trabajadores.

Dos millones y medio de trabajadores que no trabajan

Los ocupados con jornada parcial han aumentado su peso en el mercado laboral, con un repunte de algo más de dos millones de horas trabajadas. Los trabajadores a tiempo completo, pese a haber aumentado en el último año y medio —de 14,6 a 15,8 millones de asalariados—, pierden casi cuatro millones de horas trabajadas. No obstante, una tercera parte de estos últimos —5,18 millones— son autónomos y trabajadores independientes y otra sexta subsisten en el precariado: 2,44 no trabajaron la semana que fueron encuestados.

El subempleo sigue afectando a más de 1,8 millones de trabajadores y casi dos tercios de los empleados a tiempo parcial —1,65 de 2,69 millones de personas— aceptan esos contratos por no encontrar otros de jornada completa. Mientras, el pluriempleo continúa avanzando, alcanzando a 418.000 trabajadores –63.000 más que antes de la reforma y autónomos al margen—. No es de extrañar el amplio colectivo de trabajadores descontentos con su situación laboral: 1,11 millones de ocupados intentan cambiar de trabajo, principalmente para ampliar su jornada o elevar su salario.

La distribución de los 3,46 millones de contratos temporales estimados por la EPA da idea del nivel de precarización del mercado laboral español: 167.400 contratos duran menos de un mes —33.100 son de un día—, otros 623.500 se prolongan entre uno y tres y 554.800 se sitúan entre ese periodo y el semestre. Estos datos sirven para comprender por qué a finales de octubre había 44.685 parados más en un país en el que se firmaron 1.867.360 contratos: 1.700.530 de ellos —54.855 diarios, 85.026 por día hábil— fueron temporales. Llama la atención, pero menos, la existencia de 1,6 millones de asalariados del sector privado que ni siquiera son conscientes de la duración de su contrato.

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