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divendres 21 d’abril de 2017 | Manuel
Unidad contra el fascismo: el frente único

David Karvala

Uno de los problemas casi eternos de la izquierda anticapitalista es el desajuste entre sus propias fuerzas, normalmente bastante limitadas, y los grandes retos a los que se enfrenta. Ante esta situación, activistas del pasado desarrollaron el método de frente único. Se trata de buscar unir las fuerzas de todo el movimiento —de la izquierda anticapitalista, de los partidos de la izquierda institucional, de los sindicatos mayoritarios, de los movimientos sociales más moderados…— para una lucha concreta.

Es necesario trabajar de esta manera en muchos campos, desde la lucha sindical hasta las movilizaciones contra la guerra. En la lucha contra el fascismo esta táctica es imprescindible. Sin embargo, si miramos la experiencia histórica, veremos que demasiadas veces el frente único ha brillado por su ausencia. En su lugar se ha visto, por un lado, el sectarismo, la negación de trabajar con fuerzas diversas; y por el otro, la opción de sofocar las diferencias y la visión propia de la izquierda radical, en una “unidad” impuesta, que debilita la movilización.

En esta entrada se resumen los orígenes y la experiencia histórica del frente único, así como las limitaciones de las alternativas a esta táctica.

El frente único en la práctica: 1917

Las luchas que culminaron en la revolución bolchevique son un excelente ejemplo de frente único. Los bolcheviques han entrado en los libros de historia como una corriente revolucionaria intransigente, pero su intransigencia no excluía en absoluto el trabajo en movimientos amplios, codo con codo con organizaciones reformistas /1.

En 1905, Rusia pasó por una situación revolucionaria. Ésta estalló cuando 200.000 trabajadores en huelga, que se manifestaban para pedir el apoyo del zar, fueron recibidos a balazos por el ejército del autoritario monarca. Tanto la huelga como la manifestación habían sido convocadas por un sindicato impulsado por la policía. Aún así, los bolcheviques se esforzaron en movilizar para ambas, porque en aquel momento este sindicato tenía el apoyo de gran parte de los trabajadores. Ausentarse, por sus más que obvias discrepancias con la dirección del sindicato, habría sido apartarse de los propios trabajadores, y de lo que se convirtió en un movimiento revolucionario muy importante.

Tras la derrota de la revolución de 1905, los bolcheviques buscaron todos los caminos disponibles para relacionarse con los trabajadores. Bajo las condiciones de represión reinantes, esto significaba trabajar en ámbitos nada revolucionarios. Según Lenin: “es obligatorio aprender a actuar legalmente en los parlamentos más reaccionarios y en las organizaciones sindicales, cooperativas, de seguros y otras semejantes, por muy reaccionarias que sean.” Aclaró: “No actuar en el seno de los sindicatos reaccionarios significa abandonar a las masas obreras insuficientemente desarrolladas o atrasadas a la influencia de los líderes reaccionarios, de los agentes de la burguesía…” Para no permitir ninguna duda respecto a su posición, declaró: “Porque la tarea de los comunistas consiste en saber convencer a los elementos atrasados, en saber trabajar entre ellos y no en aislarse de ellos con consignas puerilmente ‘izquierdistas’ sacadas de la cabeza.” /2

Ni siquiera el calor de la nueva revolución que estalló con una sublevación espontánea en febrero de 1917, e hizo caer al zar, eliminó la necesidad del frente único.

El ejemplo más importante de éste fueron los soviets, organismos de democracia desde abajo y poder directo de los trabajadores. Empezaron como comités de delegados de fábrica, pero se sumaron representantes de los soldados, luego de los campesinos y de todos los sectores oprimidos de la sociedad rusa.

Al formarse, a principios de 1917, los soviets estuvieron dominados por los partidos de la izquierda moderada: los bolcheviques sólo tenían el apoyo de una pequeña minoría. Pero, lejos de ausentarse de los soviets, los revolucionarios participaron plenamente, luchando por sus ideas tanto en los debates como en la práctica, y así fueron ganando influencia entre la clase trabajadora.

Los dirigentes reformistas estaban en contra de una revolución socialista, y no sólo de palabra. Junto a elementos del viejo sistema, crearon un “gobierno provisional”, que continuó la guerra y que se oponía a los cambios que los trabajadores y los campesinos estaban impulsando desde abajo. Tras un fallido y desorganizado levantamiento en julio de 1917 por parte de soldados y trabajadores radicalizados, el gobierno provisional llegó a reprimir duramente a los bolcheviques.

La extrema derecha, liderada por el General Kornílov, se envalentonó con la represión contra la izquierda revolucionaria y, en agosto de 1917, intentó un golpe militar. Querían acabar con toda la revolución, incluido el gobierno provisional dirigido por el reformista Kerenski. A estas alturas, el descrédito de los dirigentes reformistas ante los trabajadores y soldados era mayúsculo, al menos en Petrogrado, la capital: la única fuerza capaz de liderar la resistencia contra el golpe fueron los bolcheviques.

Así que los líderes bolcheviques, Trotsky —en ese momento encarcelado por los reformistas— y Lenin —escondido para no correr el mismo destino— tuvieron que decidir si defendían o no a los reformistas contra Kornílov, al que éstos habían puesto al mando del ejército. Los marineros fueron a la cárcel para pedir la opinión de Trotsky. Éste respondió de forma gráfica: “apoyad el fusil sobre el hombro de Kerenski y disparad contra Kornílov, después le ajustaremos las cuentas a Kerenski” /3. Lenin lo describió así: “¿En qué consiste el cambio de nuestra táctica después de la sublevación de Kornílov? En que cambiamos la forma de nuestra lucha contra Kerenski. Sin debilitar un ápice nuestra hostilidad hacia él, sin retirar una sola palabra dicha en su contra, sin renunciar al objetivo de derribar a Kerenski, decimos: hay que tomar en cuenta el momento; no vamos a derrocar a Kerenski enseguida: ahora encararemos de otra manera la tarea de luchar contra él.” /4

A menudo se piensa que con el frente único los y las revolucionarias hacen las paces con el reformismo. Como se vio en 1917, es totalmente lo contrario: el frente único permite pasar de un debate teórico acerca de las virtudes de las ideas revolucionarias o reformistas, a demostrar en la propia lucha que la política revolucionaria es la mejor forma de hacer frente a los ataques de la clase dirigente.

La decisión de los bolcheviques, de unirse a la lucha contra el golpe militar, fue casi el último paso para lograr el apoyo mayoritario de los trabajadores y soldados, paso necesario para llevar a cabo la revolución socialista de octubre de 1917.

La Internacional Comunista: teorizando y generalizando el frente único

La victoria de la revolución bolchevique inspiró a activistas de todo el mundo para que creasen partidos comunistas. En 1919 se fundó la Internacional Comunista, con el objetivo de unir a estos nuevos partidos en un movimiento revolucionario mundial.

En algunos países, les costó a los dirigentes rusos convencer a los activistas revolucionarios de la necesidad de organizarse en partidos independientes de los reformistas. Pero, una vez superado esto, el problema rápidamente se convirtió en otro; convencerles de la necesidad de la unidad en la lucha, incluso con los reformistas. El contexto fue la crisis económica que se hizo notar a partir de 1921, con ataques a las condiciones de vida por parte de los capitalistas. El revolucionario canadiense, John Riddell, ha estudiado cómo la Comintern, en su congreso de 1922, hizo frente a esta situación:

La mayoría de los trabajadores políticamente conscientes de los principales países de Europa todavía seguían a los partidos reformistas, a pesar de que las direcciones de esos partidos habían traicionado a la clase trabajadora: primero llevándolos a la carnicería de la Primera Guerra Mundial, luego al final de la guerra, bloqueando los intentos de crear el socialismo. Pero no había suficiente con denuncias a estos partidos. La Comintern argumentó por la unidad dentro de la clase trabajadora, que en cada industria se debía luchar para agrupar a todo el mundo en una lucha unificada.

Riddell explica que esta estrategia no simplemente descendió desde arriba: “leyendo las actas del congreso te da una sensación del gran peso de los propios luchadores de base en crear esta política”. /5

Esta táctica provocó oposición entre algunos sectores de los nuevos partidos comunistas. Algunos sugirieron un “frente único” sólo con las bases de los partidos reformistas, excluyendo a las direcciones traicioneras. Trotsky, entonces un destacado dirigente de la Comintern, rebatió esta idea:

Esta pregunta es el fruto de un malentendido. Si hubiésemos podido unir a las masas obreras alrededor de nuestra bandera, o de nuestras consignas normales, empequeñeciendo a las organizaciones reformistas, partidos o sindicatos, sería, ciertamente, la mejor de las cosas. Pero en ese caso la cuestión del frente no se plantearía ni incluso bajo su forma actual.

La cuestión del frente único se plantea porque fracciones muy importantes de la clase obrera pertenecen a las organizaciones reformistas o las apoyan. Su experiencia actual no es aún suficiente para hacerles abandonarlas y organizarse con nosotros. /6

Los principios elaborados por la Comintern fueron aplicados con más o menos habilidad en las luchas de los años siguientes, y luego fueron desapareciendo de la estrategia de los partidos comunistas. Aún así, las experiencias y debates de ese período, dentro de un movimiento revolucionario internacional, son un activo sin precio para las y los activistas de hoy.

Tercer período: sectarismo ante los nazis

El abandono de la táctica de frente único en los años 30, con la aplicación de políticas opuestas, pero igualmente desastrosas, ante la subida primero de Hitler y luego de Franco, sólo se puede entender en el contexto de los intereses de los burócratas que dirigían la URSS.

A lo largo de los años 20, con el fracaso de la revolución internacional, la URSS se alejó cada vez más de la explosión democrática de 1917. El fracaso de la revolución internacional, y las presiones del imperialismo, habían permitido el desarrollo de una capa burocrática, cuyo máximo representante era el antiguo bolchevique, Stalin. Entre 1923 y 1928, esta burocracia ejerció políticas zigzagueantes: tanto aplicaron políticas ultraizquierdistas y sectarias, como hicieron concesiones al reformismo y al nacionalismo burgués.

Las confusiones respecto al fascismo empezaron en este período. En 1924, Stalin escribió que: “El fascismo es la organización de combate de la burguesía que se apoya sobre el sostén activo de la socialdemocracia. Objetivamente, la socialdemocracia es el ala moderada del fascismo… Estas organizaciones no se excluyen recíprocamente, sino que por el contrario se complementan la una a la otra. No son antípodas, sino gemelas.” /7 Un par de años más tarde, Stalin alababa a la burguesía china y a la cúpula burocrática de los sindicatos británicos /8.

Una serie de problemas llevó a Rusia a una crisis económica y política a partir de 1926-27. Tras fracasar su intento de abrir la economía a Occidente, buscando inversiones extranjeras, el grupo de Stalin optó por centralizar el poder en manos del Estado burocrático. Quitaron las tierras a los campesinos, intensificaron el trabajo en las fábricas y acabaron con lo poco que quedaba de democracia, tanto en el Estado “soviético”, como en el partido comunista. El objetivo de revolución internacional, que había sido central en 1917, dio paso al “socialismo en un país”. Consecuentemente, la prioridad del movimiento internacional ya no era luchar contra el sistema, sino actuar en la línea de los intereses de los dirigentes de la URSS, y del capitalismo de Estado que presidían /9.

Para encubrir esta contrarrevolución Stalin la presentó como un giro radical, con un discurso más “izquierdista” que nunca. En 1928, la Internacional Comunista declaró que había empezado un nuevo período de crisis económica y revolución, el ‘tercer período’. En esta situación, declaró la dirección estalinista en 1929:

El fascismo se convierte cada vez más en la forma principal de mando burgués. En los países en los que hay partidos socialdemócratas fuertes, el fascismo asume la forma particular del socialfascismo, que sirve a la burguesía cada vez más como un instrumento para paralizar la actividad de las masas en la lucha contra el régimen de dictadura fascista. /10

Moscú impuso a los partidos comunistas una política sectaria, excluyendo cualquier colaboración con los socialdemócratas; además, rompió con los sindicatos mayoritarios, para crear pequeños “sindicatos rojos” /11.

El efecto de esta política se vio en Alemania entre 1930 y 1933, durante la subida al poder de Hitler. Mientras escuadrones nazis atacaban a judíos y sindicalistas en la calle, el partido comunista alemán (KPD) declaró que un gobierno socialdemócrata sería mil veces peor que una dictadura fascista declarada. El dirigente comunista, Thälmann, argumentó en 1931 (dos años antes de la toma de poder nazi), que “El fascismo no empezará cuando llegue Hitler, empezó ya hace tiempo”. El KPD se presentó como el único partido antifascista; los demás eran simplemente variantes del fascismo. La conclusión fue que no había ningún otro partido con el que colaborar contra los nazis /12.

La alternativa del KPD era el combate directo en la calle. Los militantes comunistas —muchos de ellos, jóvenes en paro, con ganas de pelea— lucharon físicamente con los nazis. En octubre y noviembre de 1931, por ejemplo, hubo 21 muertos —14 de ellos nazis— y 1.138 heridos durante estos conflictos en el conjunto de Alemania. Entre enero y septiembre de 1932, sólo en Prusia murieron 70 nazis, 54 comunistas, 10 socialdemócratas y 21 ‘otros’. El KPD era un partido enorme, con unos 30.000 militantes sólo en Berlín. Pero esta combatividad física no podía suplir su debilidad política. Ejercer la fuerza real de la clase trabajadora, en los lugares de trabajo, habría requerido la unidad de acción con el partido socialista y los sindicatos mayoritarios, opción excluida por la política sectaria del KPD /13.

Es cierto que el partido socialdemócrata alemán (SPD) tenía un terrible historial. En 1919 había asesinado a Rosa Luxemburg y a Karl Liebknecht, destacados revolucionarios, y había contribuido de forma decisiva en la derrota de la revolución alemana /14. En 1929, el jefe de la policía de Berlín, socialdemócrata, prohibió las manifestaciones del primero de mayo; 30 personas murieron en la consecuente represión.

Trotsky conocía estos hechos, pero propuso una política totalmente opuesta a la del estalinista KPD. Primero previno contra menospreciar el peligro del nazismo: advirtió que, de llegar al poder, destrozaría a todas las organizaciones obreras, tanto las socialdemócratas como las comunistas. Segundo, insistió en la necesidad del frente único contra el fascismo, citando la experiencia de los bolcheviques en la lucha contra Kornílov, en 1917. En 1931, Trotsky escribió:

La aplastante mayoría de los obreros socialdemócratas quiere pelear contra los fascistas, pero, por el momento, todavía, únicamente junto con sus organizaciones. Es imposible saltarse esta etapa. Debemos ayudar a los obreros socialdemócratas a verificar en la práctica… lo que valen sus organizaciones y sus jefes cuando es cuestión de vida o muerte para la clase obrera. /15

Al igual que en 1917, Trotsky insistió en que esto no implicaba esconder las diferencias con los reformistas: “¡Ninguna plataforma común con la socialdemocracia o los dirigentes de los sindicatos alemanes…! ¡Ponerse de acuerdo únicamente sobre la manera de golpear, sobre quién y cuándo golpear!” Lo importante era impulsar la acción real en la calle:

En fin, hay que poner a punto rápidamente un conjunto práctico de medidas, no con el fin de ‘desenmascarar’ a la socialdemocracia (ante los comunistas), sino con el objetivo de luchar efectivamente contra el fascismo. Este programa debe tratar de la protección de las fábricas, la libertad de acción de los comités de fábrica… /16

El KPD rechazó totalmente la idea de un frente único con el SPD. Como mucho, habló del “frente único desde abajo”; es decir, la confusión que la Comintern había rechazado en 1922. Cumpliendo órdenes desde Moscú, el KPD incluso colaboró puntualmente con los nazis; por ejemplo, apoyó el intento de los nazis de derribar a un gobierno regional socialdemócrata mediante un referéndum /17.

El frente único podría haber funcionado. En las elecciones legislativas de 1930, los nazis aumentaron sus votos hasta 6.400.000. El KPD también creció, hasta casi 4.600.000 votos. El SPD bajó mucho, pero aún así, con más de 8,5 millones de votos, fue el partido más votado /18. Había una cuestión aún más importante que los números:

Sobre la balanza de la estadística electoral, 1.000 votos fascistas pesan tanto como 1.000 votos comunistas. Pero sobre los platillos de la balanza de la lucha revolucionaria, 1.000 obreros de una gran empresa representan una fuerza mucho más grande que la de 1.000 funcionarios, empleados de ministerios, con sus mujeres y sus suegras. La masa fundamental de los fascistas está compuesta de polvareda humana. /19

Dejando aparte el toque machista de la referencia a “sus mujeres y sus suegras”, es innegable que los votantes del KPD, y sobre todo del SPD, incluían a la gran masa de la clase trabajadora organizada. Ellos tenían el poder de cerrar la industria con huelgas o incluso de tomar las fábricas, como lo hicieron en Rusia en 1917 y en Alemania en 1918. La fuerza potencial de la izquierda en su conjunto, la de la clase trabajadora, era mucho mayor que la del fascismo, sobre todo en la lucha. Hitler llegó al poder porque esta fuerza no se utilizó.

En unos pocos sitios se logró crear un frente único contra los nazis a nivel local. Oskar Hippe describe como, en las ciudades en las que tenía presencia, el grupo de comunistas alemanes que simpatizaban con Trotsky llegó a organizar comités unitarios involucrando a centenares de personas de toda la izquierda. Pero la dirección del KPD denunció la iniciativa como contrarrevolucionaria, obligó a sus militantes a abandonar los comités unitarios o bien ser expulsados del partido, y atacó físicamente a sus impulsores. Al final, las fuerzas a favor del frente único fueron insuficientes para superar la oposición de los dirigentes de la izquierda /20.

Los dirigentes socialdemócratas jugaron un papel criminal. Pero es innegable que la desastrosa estrategia sectaria practicada por el partido comunista alemán tuvo gran parte de la culpa al permitir la victoria nazi en 1933.

Frente Popular: unidad con la burguesía

Este sectarismo fue echado por la borda no por los dirigentes, sino por la propia clase trabajadora.

Los fascistas franceses, envalentonados por la victoria nazi, intentaron dar un golpe el 6 de febrero de 1934. Seis días después se celebró una huelga general contra los fascistas, convocada por la CGT, la central sindical bajo influencia socialista, y respaldada por el sindicato minoritario liderado por el Partido Comunista Francés (PCF). Aquel día, las manifestaciones convocadas por separado por socialistas y comunistas acabaron confluyendo y, por la primera vez en muchos años, los trabajadores marchaban juntos, bajo el grito de “¡Unidad, unidad!” /21

En mayo de 1934, la dirección soviética empezó a abrirse a la idea de una alianza contra el fascismo. La victoria de Hitler, con sus intenciones de expansión territorial, representó una clara amenaza para la URSS, amenaza que la visión sectaria del “tercer período” había demostrado ser incapaz de frenar. Pero la nueva política estalinista consistió en buscar, no la unidad obrera, sino alianzas diplomáticas con países capitalistas, principalmente con Francia y Gran Bretaña, frente a Alemania.

La tarea del PCF en esta situación no era luchar por los intereses de los trabajadores —ni mucho menos por la revolución— sino subordinarlo todo a la consecución de un pacto franco-soviético. El dirigente del PCF, Thorez, tras años de negarse a colaborar incluso con los socialistas, se dedicó a atraer al “Partido radical”, un partido de centro y defensor de la propiedad privada. Este flirteo significó esconder las diferencias políticas: Thorez declaró su acuerdo con el programa del Partido radical /22.

Stalin fue aún más lejos. En mayo de 1935, la URSS firmó un pacto de defensa mutua con el gobierno derechista francés. El comunicado conjunto declaró que el “Sr. Stalin comprende y aprueba plenamente la política de defensa nacional de Francia con el objetivo de mantener su fuerza armada a un nivel que garantice la seguridad”. Tras la sorpresa inicial, el PCF se alineó con Stalin. Como denunció Trotsky en ese momento, Thorez y el resto de la dirección del PCF “se transforman abiertamente en la policía estalinista del proletariado francés” /23.

Mientras, la plataforma electoral del frente popular se limitó a las posiciones del centrista partido radical. En plena crisis, el PCF declaró su respeto por la propiedad privada, rechazando la demanda de los socialistas de incluir nacionalizaciones en el programa electoral.

El frente popular arrasó en las elecciones de abril y mayo de 1936, y el socialista Léon Blum se convirtió en primer ministro de Francia en junio.

La victoria fue recibida con entusiasmo por los trabajadores, con una explosión de huelgas y ocupaciones, impulsadas por el ansia de conseguir el cambio prometido. En cuanto las huelgas empezaron a traspasar los límites del programa del frente popular, el lema del PCF fue “debemos saber cómo terminar una huelga”. Thorez insistió en que no se hiciera nada que causase problemas al gobierno. El partido comunista tuvo una presencia muy importante en estas luchas y logró contener muchas de ellas /24.

En el Estado español, en el mismo período, hubo un Gobierno de frente popular, que en julio de 1936 sufrió el golpe de Estado. Igual que en Francia, los dirigentes comunistas hicieron lo posible por contener la oposición a Franco dentro del marco del capitalismo, esperando así conseguir el apoyo de las democracias burguesas. La bancarrota del frente popular se evidenció cuando ni tan siquiera el gobierno frentepopulista francés acudió a ayudar a su homólogo español /25.

El frente popular galo sucumbió en 1938. El partido radical —el aliado tan codiciado por el PCF dos años antes— declaró que ya no colaboraría con los comunistas. Los “radicales” formaron gobierno con la derecha, y se dedicaron a revertir las reformas introducidas en 1936. En 1940, el mismo parlamento elegido en 1936, con una mayoría aplastante del frente popular, le dio el poder al Mariscal Pétain, colaborador de los nazis.

La vigencia del frente único

El balance histórico es clarísimo para cualquier anticapitalista. La táctica del frente único contribuyó al éxito —aunque sólo fuese temporal— de la revolución rusa. Más recientemente, ha sido la forma de funcionar de la mayor movilización de los últimos años, del movimiento antiguerra, así como del movimiento antifascista en Gran Bretaña. Las políticas del “tercer período” y del frente popular, en cambio, fueron desastrosas.

Además, estas políticas respondieron, no a las propias necesidades de la lucha, sino a los intereses de la burocracia dirigente soviética. Tristemente, incluso hoy en día, tras la caída de la URSS, algunas de estas ideas aún tienen sus defensores.

El espíritu del frente popular subyace, lo sepan o no, en la actuación de los burócratas sindicales que intentan mantener la “paz social” y evitar huelgas. Incluso se ha notado dentro del movimiento altermundista, por ejemplo, en 2003 cuando Jacques Nikonoff —un histórico del partido comunista francés y entonces presidente de Attac Francia— criticó el “extremismo” y “sectarismo” de la izquierda radical, a la que acusó de ser “divisiva” y de hacerle el juego a la derecha /26.

Pero mucho más extendida entre los activistas anticapitalistas —otra vez, sin saber su origen— es la política del tercer período: la negación por principio a trabajar con organizaciones reformistas. La lección de lo ocurrido en Alemania debe servirnos para no repetir los mismos errores. Debemos aplicar, a las condiciones de hoy, las lecciones históricas del frente único. Casi más que en ningún otro ámbito, tenemos que aprovecharnos de esta experiencia en la lucha contra el fascismo.

Notas

1. Para toda esta sección, ver Karvala 2007.
2. Lenin 1920, pp. 11, 37 y 39.
3. Trotsky 1930, tomo 3, pág. 9.
4. Lenin 1917, pp. 124-125.
5. Entrevista a John Riddell, Socialist Worker, (Londres) 22/11/2008.
6. Trotsky 1922, pág. 4
7. Stalin 1924, pág. 294.
8. Ver Trotsky 1928.
9. Ver Cliff 2000 y Reiman 1979.
10. Internacional Comunista 1929, pág. 155.
11. Hippe 1979, pág. 112.
12. Gluckstein 1999, pág 110.
13. Bambery 1993, pág. 37; Rosenhaft 1983.
14. Ver Joel Sans, “La Revolución perdida: Alemania 1918-1919”, en La Hiedra, diciembre 2008. (aquí)
15. Trotsky 1980, pág. 82.
16. Trotsky 1980, pág. 83.
17. Gluckstein 1999, pp. 112-115.
18. Cuadro de resultados en Trotsky 1980, pág. 357.
19. Trotsky 1980, pág. 73
20. Hippe 1979, pp. 127-132.
21. Danos y Gibelin 1952, pp. 29-34. Gran parte de lo siguiente se basa en esta obra
22. Danos y Gibelin 1952, pág. 38.
23. Trotsky 1935.
24. Danos y Gibelin 1952, pp. 107-109.
25. Ver Broué y Témine 1961, Tomo 2, pp. 14-20.
26. Jacques Nikonoff, “Après le Larzac, de nouveaux défis”, Libération, 18/08/03.

Bibliografía

Bambery, Chris, 1993, “Eurofascism: the lessons of the past and current tasks”, en International Socialism Journal otoño de 1993.
Broué, Pierre y Emile Témine, 1961, La Revolución y la guerra de España, (Fondo de Cultura Económica, 1977).
Cliff, Tony, 1948, Capitalismo de Estado en la URSS de Stalin (Ed. En lucha, 2000)
Danos, Jacques, y Marcel Gibelin, 1952, June ’36: Class struggle and popular front in France, (Bookmarks, 1986).
Gluckstein, Donny, 1999, The Nazis, Capitalism and the Working Class, (Bookmarks).
Hippe, Oskar, 1979, …And red is the colour of our flag, (Index 1991).
Internacional Comunista 1929, “Tesis sobre la situación internacional” (julio de 1929) en Beetham, David, Marxists in face of fascism (Manchester University Press, 1983).
Karvala, David, 2007, Rusia 1917: la revolución rusa y su significado hoy (Ed. Tempestad).
Lenin, 1917, “Al Comité Central del POSDR”, Obras Completas, (Moscú 1986), tomo 34.
Lenin, 1920, “La enfermedad infantil del ‘izquierdismo’ en el comunismo”, Obras Completas, (Moscú 1986), tomo 41.
Reiman, Michal, 1979, El nacimiento del estalinismo, (Ed. Crítica 1982).
Rosenhaft, Eve, 1983, Beating the Fascists?: the German Communists and political violence, 1929-1933, aquí
Stalin, 1924, “Concerning the international situation”, en Works, tomo 6 (Moscú 1953).
Trotsky, León, 1922, El frente único y el comunismo en Francia, disponible en http://grupgerminal.org/files/frenteunicocomunistasfrancia1922.pdf
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Trotsky, León, 1930, Historia de la revolución rusa (Ruedo Ibérico, 1972).
Trotsky, León, 1935, Stalin firmó el certificado de defunción de la Tercera Internacional. Edición digital aquí
Trotsky, León, 1980, La lucha contra el fascismo, (Fontamara). Existe una edición digital, aquí


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