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Anticapitalistes
  
dissabte 15 d’abril de 2017 | Manuel
El capitalismo es poder, no economía (Abdullah Öcalan)

Raúl Zibechi / Carlos Pazmiño

La frase pertenece al dirigente kurdo Abdullah Öcalan, extraída del segundo tomo del Manifiesto por la Civilización Democrática, que tiene como subtítulo La Civilización Capitalista. La era de los dioses sin máscara y los reyes desnudos. La obra, cuya traducción al español verá la luz estos días, forma parte de la defensa del líder kurdo, preso en la isla Imrali, en el mar Negro, en Turquía. El pensamiento de Öcalan es insumiso, no se somete a jerarquías prestablecidas ni acepta dogmas universales. Es el tipo de pensamiento que necesitamos en este periodo de caos sistémico, ya que las ideas heredadas están mostrando escasa utilidad para orientarnos en la tempestad.

De su reciente libro quisiera destacar tres aspectos, aunque no son suficientes para agotar el conjunto de los aportes de la obra. El primero es su crítica frontal al economicismo, una de las peores plagas intelectuales que están parasitando a los movimientos anticapitalistas. Inicia ese capítulo con un potente análisis sobre la propuesta evolucionista que defiende el nacimiento del capitalismo como resultado natural del desarrollo económico. Como se sabe, quienes postulan esa tesis piensan también que el fin del capitalismo será producto de la misma evolución de la economía que lo trajo al mundo. Por el contrario, Öcalan afirma que el capitalismo es hijo de una tradición muy antigua, que se afirma en el poder militar y político para usurpar los valores sociales, hasta convertirse en la formación social dominante en Europa en el siglo XVI. Entre los valores sociales usurpados, destaca la mujer-madre por el hombre-fuerte y el grupo de bandidos y ladrones que le acompañan.

Criticar al economicismo supone, en la misma línea, la crítica del evolucionismo, sea lineal o por saltos. Una sencilla afirmación hecha luz sobre este tema: En las guerras coloniales, donde se realizó la acumulación originaria, no hubo reglas económicas. Se enfoca contra la economía política, a la que considera la teoría más falsificadora que fue creada para encubrir el carácter especulativo del capitalismo.

A lo largo de toda su obra, pero en especial en los apartados sobre el capitalismo, se apoya en Fernand Braudel, con quien coincide en señalar que es la negación del mercado por la regulación de precios que imponen los monopolios.

En este punto aparece el segundo aspecto a destacar, cuando sostiene que el capitalismo no se identifica con la producción ni con el crecimiento económico, porque no es economía. El capitalismo es poder, no economía, asegura Öcalan. Es evidente que existe una economía capitalista, pero el sistema capitalista es un monopolio de poder que se impone desde fuera a la economía, según sostiene en este capítulo esclarecedor. El capitalismo utiliza la economía, pero es el poder, la fuerza concentrada, lo que le permite confiscar el plusvalor y los excedentes.

En consecuencia, considera que la obra principal de Marx, El Capital, funciona como un nuevo tótem que ya no es útil para los trabajadores, porque delimita el capitalismo al terreno de las leyes de la economía, un punto que comparten todos los reformismos desde hace mucho tiempo.

El tercer aspecto que me parece importante es considerar al Estado-nación como la forma de poder propia de la civilización capitalista. Un breve paréntesis: dice civilización capitalista porque la considera en su integralidad, incluyendo todas las variables articuladas, desde la economía y la cultura hasta la geopolítica y la sociedad. En consecuencia, dice que la lucha anti-estatal es más importante que la lucha de clases; y esto es una suerte de golpe al mentón para quienes nos formamos en Marx. Por eso mismo, afirma que es más revolucionario el trabajador que se resiste a ser proletario, que lucha contra el estatus de trabajador, porque esa lucha sería socialmente más significativa y ética.

En las páginas finales de este tomo afirma que los conflictos en realidad surgen entre conjuntos sociales; entre la sociedad estatal y las sociedades democráticas. En suma, el Estado es uno de los nudos a desatar, no el espacio de llegada de la lucha social.

Va más lejos. Sostiene Öcalan que Estado y poder son cosas diferentes, que el poder contiene al Estado, pero es mucho más que el Estado. En este punto advierte que el pensamiento antisistémico está necesitando investigar a fondo las formas de Estado y en particular el Estado-nación, temas que Marx no pudo o no quiso abordar.

Rechaza la toma del Estado porque pervierte a los revolucionarios y piensa que la crisis del movimiento antisistémico no puede desligarse de la opción estatal. También rechaza el concepto de hegemonía. “La esencia de la civilización estatal –escribe Öcalan– es la hegemonía sobre la sociedad”. Pero la hegemonía implica poder y éste supone dominio, que no puede existir sin el uso de la fuerza.

Es muy interesante que llegue a esta conclusión en franca oposición a pensadores como Gramsci, recuperado por toda una camada de intelectuales progresistas que hacen malabarismos teóricos para separar poder de dominación. Los monopolios de poder (Estados) así como los monopolios económicos (privados o estatales) se imponen sobre la sociedad y la asfixian. Por eso hay que alejarse de esas formas de relación social.

Al final, se comprendió que detentar el poder era lo más reaccionario del capitalismo, contra la igualdad, la libertad y la democracia, pero ya se había producido un importante retroceso, era la misma enfermedad histórica por el poder que había sufrido el cristianismo, escribe en las Conclusiones. Un pensamiento crítico, anticapitalista, anti-estatal y anti-patriarcal centrado en Medio Oriente, formulado desde la resistencia a sus poderosos enemigos.

Es imposible vencer con las armas del enemigo, nos dice Öcalan. Sin embargo, esta sencilla convicción no puede ser aceptada, sin más, como verdad revelada: cada generación deberá descubrir sus verdades con base en la propia experiencia. Por doloroso que sea.

14/4/2017

jornada


Abdullah Öcalan: una contribución para pensar la revolución en el siglo XXI

Carlos Pazmiño

El pasado 15 de febrero se cumplieron diecisiete años del secuestro de Abdullah Öcalan, líder del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), organización fundada en 1978 en el sudeste de Turquía o Bakur (norte) para el pueblo kurdo, y cuyo fin era liberar el Kurdistán de los países que ocupan su territorio histórico (Turquía, Siria, Iraq e Irán)y fundar un Estado Kurdo.

El secuestro de Öcalan estuvo organizado por los servicios secretos de Estados Unidos, Israel y Turquía, quienes tomaron al líder kurdo en el trayecto de la embajada griega al aeropuerto de Nairobi (Kenia) y lo trasladaron inmediatamente a Turquía, violando con creces el derecho internacional y la convención de derechos humanos. Öcalan, tras salir de Siria en 1998 -país que había dado cobertura al PKK desde los años 1980, debido a la presión turca sobre el gobierno sirio para que este pare de “ayudar” al PKK-, se embarcó en un periplo político y diplomático que lo llevó por varios países de Europa hasta África.

Como una fuerte voz de protesta, miles de kurdos se movilizaron días atrás en diferentes países con el fin de recordar el secuestro de Öcalan y la delicada situación que vive la población kurda en la actualidad, azotada por la guerra en Siria e Iraq y la constante violación de derechos humanos en Turquía e Irán.

Öcalan, considerado por gran parte del pueblo kurdo como su legítimo líder, ha sobrevivido al cautiverio en Imrali, una prisión-isla ubicada en el mar del Mármara, al norte de Turquía, bajo duras condiciones y limitaciones de salud. Durante su encierro, consolidó el paradigma práctico del Confederalismo Democrático, luego de varios años de estudio de la sociedad kurda desde la antigüedad hasta nuestros días y de las tradiciones revolucionarias de la izquierda, como el marxismo y el anarquismo, llevándole a proponer una salida no estatal a la cuestión kurda en Oriente Medio. Esta idea, no exenta de críticas, ha vuelto a poner en debate en la izquierda contemporánea interrogantes polémicos hasta ahora no resueltos del todo, como el nacimiento del Estado, una nueva noción de sujeto revolucionario, la liberación de las mujeres, el rol del partido revolucionario y el liderazgo, etc., despertando gran interés en militantes, académicos y organizaciones de izquierda del mundo entero.

A continuación, expondré brevemente cada uno de estos elementos desde la perspectiva de Öcalan, no sin enfatizar que el líder kurdo antes que crear por sí mismo una nueva idea, no ha hecho más que sintetizarla sobre la práctica y las duras condiciones de dominación y opresión a las que el pueblo kurdo se ha enfrentado a lo largo de la historia en su búsqueda de libertad y justicia.

El nacimiento del Estado

A diferencia del economicismo marxista ortodoxo, que plantea el factor económico como el elemento que posibilita la emergencia del Estado, Öcalan asegura que el factor ideológico (religioso) fue el que ayudó el paso de aquellas sociedades naturales, organizadas sobre la fuerza colectiva de la comunidad, a las sociedades de culto, quienes funcionarían como proto-Estado al eliminar la “esencia comunitaria” de las sociedades naturales, sobre una división del trabajo centrada en el hombre. Para justificar su atrevida apuesta teórica, Öcalan se remite a las sociedades que habitaron el Kurdistán en el neolítico (11.000 antes de nuestra era), a las que el líder kurdo caracteriza como sociedades comunitarias centradas en la mujer (1), en las que ésta disponía armoniosamente sobre lo económico, la medicina, lo religioso, etc. El hombre fuerte, en alianza con el hombre sabio y el proto-sacerdote, quienes “codician” el lugar de la mujer en la sociedad natural, desplaza y reduce a ésta al ámbito de lo doméstico mediante la violencia. El Estado, según Öcalan, nace sobre un complicado a intrincado proceso de dominación de las mujeres, sobre una base ideológica (religiosa) de sometimiento; primero será el paso de las sociedades naturales a las sociedades de culto, proceso que Öcalan denomina primera ruptura sexual, y luego el surgimiento de las religiones monoteístas, una segunda ruptura sexual, según Öcalan.

Una nueva noción de sujeto revolucionario

Las mujeres al ser el sujeto (dominado y oprimido) sobre el cual el Estado se organizó, representan para Öcalan el sujeto revolucionario por excelencia. El pensamiento sintetizado por el líder kurdo, además de ser un innovador enfoque para explicar el surgimiento del Estado, es también una táctica anti-estatista profundamente femenina, puesto que la creación de un Estado (como lo propone el marxismo ortodoxo) no sería sino nuevamente organizar una maquinaria de dominación sobre las mujeres. Al ser las mujeres los sujetos sobre los que el capitalismo y el patriarcado caen con mayor peso (trabajo doméstico y maternidad naturalizadas, precariedad laboral, etc.), adquieren una rol dirigente y central, superior al del proletariado; es por ello que Öcalan habla de que la revolución será femenina o no será.

La liberación de las mujeres

Según las ideas de Öcalan, las mujeres no tienen un rol en la revolución, son la revolución. Los hombres deben aprender a “pensar como mujeres” y a eliminar al “macho dominante”, es decir, el Estado que llevan dentro. Sin duda, este es uno de los elementos más destacados en el pensamiento de Öcalan, y que gracias a su irradiación en el Movimiento de Mujeres del Kurdistán, ha facilitado enormemente que ahora la revolución en el Kurdistán sea fundamentalmente organizada sobre una base femenina, pese a la oposición de sectores patriarcales dentro del mismo Movimiento de Liberación Kurdo (2). Las mujeres no están ocupando únicamente lugares claves en las organizaciones de autodefensa (las Unidades de Protección Femenina en Siria, por ejemplo), también lo hacen (mayoritariamente) en organizaciones civiles, partidos políticos, cooperativas, etc.

El rol del partido y el liderazgo

Contrariamente al rol dirigente del partido, atribuido al marxismo ortodoxo principalmente, las ideas de Öcalan sugieren que el partido debe transformarse en un movimiento político social. Cuando los kurdos en Turquía gritan “el PKK es el pueblo, y el pueblo está aquí”, están retratando la transformación del PKK de aparato marxista leninista a un movimiento político social transnacional y transfronterizo; proceso en el que incluso la figura del líder ha sido sobrepasada por la efervescencia y la creatividad popular. No obstante, el partido aún conserva un rol importante y aglutinador en el Movimiento de Liberación Kurdo.

El pensamiento de Öcalan, aún desconocido por gran parte de la izquierda de habla castellana debido a las pocas traducciones disponibles, resulta tan atractivo como útil para plantear respuestas necesarias a la crisis que atraviesa la izquierda mundial, ahogada aún en el estatismo, el patriarcado, el culto a la personalidad, etc. Öcalan, sabiéndolo o no, ha aportado con estos (de otros tantos) importantes elementos aquí brevemente descritos, su pensamiento y práctica no puede ser estudiada o valorada desde los altares de la “ideas sagradas” y la “pureza ideológica”, pues pertenecen al mundo de la práctica cotidiana en la que su pueblo se curte una y otra vez, contra lo aparentemente imposible.

Notas:

(1) Lejos de ser una piesta escencialista, el rol de las mujeres ha sido un rasgo común en sociedades agrarias. Por ejemplo, en los Andes y cercanías gran parte de sociedades pre incaicas comparten los rasgos comunitarios y la centralidad de la mujeres atribuida por Öcalan a los pueblos que habitaron parte de lo que hoy conocemos como Kurdistán.

(2) Con Movimiento de Liberación Kurdo me refiero al sinnúmero de organizaciones que simpatizan y ponen en práctica las ideas sintetizadas por Öcalan y que se distancian de otros líderes y organizaciones kurdas.

18/02/2017

kurdistanamericalatina

+ Info:

Kurdistan: ¿De apisonadora estalinista a mariposa libertaria? La evolución ideológica del PKK. Alex de Jong

Abdullah Öcalan: “No voy a rendirme ante el Estado ni ante nadie”

Habla Abdullah Öcalan


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