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dimarts 11 d’abril de 2017 | Manuel
EEUU: ¿Ha mejorado Trump la economía?

Lance Selfa

EL MERCADO bursátil estadounidense ha estado al rojo vivo desde la elección presidencial, con los índices de precios de las acciones, tanto el Dow Jones Industrial Average como el S&P 500, alcanzando récores máximos al haber crecido más del 10 por ciento desde el 8 de noviembre.

El punto de vista general en Wall Street era que la elección del multi-millonario Donald Trump sería una bendición para los negocios, y que la perspectiva de más recortes de impuestos y de un empuje desregulador desataría el "espíritu animal" de la economía.

Pero el auge tocó su máximo a finales de marzo, con el Dow Jones registrando su primera caída de más del 1 por ciento en un día en casi medio año.

La razón: el fracaso de Trump, de Paul Ryan —el presidente de la Cámara Baja— y del liderazgo republicano para hacer aprobar una legislación que "derogue y reemplace" el Obamacare plantea dudas sobre si la nueva administración será capaz de hacer algo. "La capacidad de Trump para llevar a cabo sus planes mantendrá un lugar predominante en la mente de los inversionistas", dijo al Wall Street Journal Katie Nixon, directora de inversiones de Northern Trust Wealth Management.

Por supuesto, lo que los "inversionistas" piensen acerca de Trump no tiene relación alguna con la fortaleza del sistema de salud o las condiciones laborales, sino con la salud de los balances de los grandes bancos e instituciones de Wall Street que dominan el mercado de valores.

Pero la pregunta para nosotros es si el auge exhibido por el mercado de valores desde noviembre anuncia el despegue de la economía estadounidense que Trump, algo que prometió durante su campaña electoral y de lo que repetidamente se jacta desde que entró en la Casa Blanca.

Trump afirmó que sus políticas harían crecer la economía a un aumento anual del 4 por ciento del producto interno bruto, más del doble el crecimiento desde el final de la crisis económica 2008-09.

Durante algunos meses desde la elección, este "truco de confianza económica", como lo calificó James Mackintosh del Journal, pareció funcionar.

Aunque los medios de comunicación ven en la "clase obrera blanca" la base de Trump, el verdadero núcleo de su electorado es la clase media conservadora, incluyendo los mini-empresarios y los autonómos.

Así que no debiera sorprendernos que, según sondeos, el optimismo entre los mini-empresarios sea el más alto en 43 años; así como el de los gerentes corporativos; y en enero, una encuesta de la Universidad de Michigan sobre la confianza de los consumidores alcanzó un máximo en 13 años.

Estos resultados han abierto una brecha entre los indicadores "blandos", como el "optimismo" de los mini-empresarios, y los datos "duros", como las estadísticas de las ventas o las ganancias.

Así, por ejemplo, el modelo de predicción económica Nowcast de la Reserva Federal en New York predijo un crecimiento de la economía de un 2,8 por ciento en el primer trimestre de 2017; mientras que el "GDPNow" de la Reserva Federal de Atlanta indicó un crecimiento de sólo 0,9 por ciento en el primer trimestre.

¿Por qué esta diferencia? El modelo de Nueva York pone más énfasis en los resultados de sondeos de aspectos subjetivos, mientras que el modelo de Atlanta se basa más en datos duros. "Los datos duros han estado en un equilibrio más débil que las encuestas de opinión de los últimos meses", escribió Paul Vigna del Wall Street Journal.

Incluso la presidenta de la Reserva Federal, Janet Yellen, dijo que los datos duros no se han visto "notablemente fortalecidos", aunque ella y sus colegas han decidido subir gradualmente las tasas de interés, una herramienta política para moderar una economía acelerada.

¿Cambio Real o Espejismo?

Lo primero a decir es que, a principios de la administración Trump, la economía estadounidense ha mejorado en comparación a su estado durante 2009, cuando Barack Obama asumió el poder tras el descalabro de Wall Street y la peor crisis económica internacional desde 1929.

A pesar de que el crecimiento económico ha sido lento, el tamaño la economía estadounidense se ha expandido en un 17% desde su punto más bajo durante la recesión de 2009.

El desempleo oficial es del 4,7%, frente al casi 10% en octubre de 2009. El porcentaje de trabajadores "ligeramente vinculados" a la fuerza laboral o sub-empleados disminuyó al 9,2% después de tocar el máximo del 17,1% a finales de 2009. La búsqueda de prestaciones por desempleo ha disminuido a niveles no vistos desde los años setenta.

El más reciente informe sobre empleo del Departamento del Trabajo, publicado a comienzos de marzo, observó un aumento anual promedio en los salarios por hora del 2,8%. Así que los salarios están subiendo y están creciendo más rápido que la economía en general. Esto indica un mercado laboral muy fuerte, al menos en comparación con la última década.

Por lo tanto, el aumento de los empleos, y de los ingresos que le acompañan, puede ser la razón de la mayor confianza de los consumidores, sin mencionar los indicadores más "duros", como el aumento en las ventas de viviendas nuevas.

Pero todas estas "buenas noticias" deben ser puestas en perspectiva. Si bien estas cifras muestran que la economía ha recuperado fuerza desde la Gran Recesión, pueden parecer mediocres si son vistas a largo plazo.

Tomemos, por ejemplo, el desempleo. La tasa de desempleo oficial está cerca del nivel en el cual la mayoría de los economistas consideran que la economía goza de "pleno empleo".

Pero la estadística oficial calcula el desempleo basándose en una estimación del porcentaje de la población en la fuerza laboral. Esta cifra es de 63% hoy. En 2007, antes de la Gran Recesión, fue del 66%. Si bien parte de esta disminución representa cambios demográficos, como los trabajadores que se jubilan, también representa a millones de personas que simplemente han abandonado el mercado de trabajo.

Y la estadística oficial que nos habla de un mercado laboral relativamente fuerte no documenta la calidad de los puestos de trabajo.

Los "acuerdos laborales alternativos", en donde los trabajadores son calificados como "contratistas independientes" o en los que no se les garantiza un empleo estable con salarios y beneficios completos, han aumentado significativamente durante la última década. Además, la mayoría de los empleos creados durante la recuperación económica en curso lo son en el mal pagado sector servicios.

Por ahora, el 2,8% de aumento interanual en los salarios se mueve en la dirección correcta. Pero antes de la recesión, en 2006 y 2007, los salarios estaban aumentando a tasas interanuales del 3,5 al 4,5%. Mientras tanto, la media anual de ingresos por hogar, aunque aumentó desde que tocó fondo en 2012, aún no recupera el nivel de 2007, o 1999, cuando alcanzó su punto más alto en los 30 años previos a la recesión.

Dicho de otra manera, estos indicadores "duros" muestran que la economía estadounidense está en mejor forma que antes, pero aún no es excesivamente buena, al menos desde el punto de vista de la mayoría de los trabajadores, que todavía no han recuperado "la década perdida" desde la recesión de 2007-08.

Incluso con la venta de viviendas en aumento, ésta tendencia se mantiene muy por debajo de la de décadas anteriores, y los propietarios de viviendas han disminuido a un 63,5%, del casi 70% durante el pico máximo de la burbuja inmobiliaria de la década pasada, y de la tasa general a largo plazo de alrededor del 66%.

Además, hay otros indicadores inquietantes, como el cierre de cientos de sucursales de Sears, K-Mart, JC Penney y otros minoristas, y el incremento del incumplimiento en los préstamos a estudianles, que muestran que millones de trabajadores siguen enfrentando difíciles condiciones en su vida diaria.

¿Ayuda el Programa Trump?

Durante su campaña, Trump prometió una combinación de recortes de impuestos a las empresas y un masivo plan de gastos en infraestructura para impulsar la economía y generar empleos. Pero como la mayoría de sus promesas, ésta no tiene mucho valor.

Asumiendo que Trump la cumpliera y que pudiera implementarla, algo que es dudoso dada la incompetencia de su administración hasta ahora, ¿tendrá el efecto deseado? La respuesta depende de lo que queramos decir con "deseado".

Echemos un vistazo a los tres aspectos del programa Trump: una "amnistía fiscal" para las empresas, otros nuevos recortes en impuestos empresariales y en impuestos sobre la renta, y un plan de gasto en infraestructura.

La amnistia fiscal propuesta ha circulado por Washington mucho antes de que Trump apareciera. La idea básica es disminuir la tasa impositiva a sólo el 10% para los más de $2.6 billones que las corporaciones estadounidenses mantienen fuera del país, con el fin de fomentar su "repatriación".

Ese es un buen pacto si usted es director general de una corporación; pero ¿fluirá este dinero para expandir la economía y crear nuevos puestos de trabajo? Si nos dejamos guiar por la experiencia, un plan similar fue aprobado durante la administración de George W. Bush, y la respuesta es no. "Esta propuesta tenía disposiciones que obligaban a las empresas a invertir el dinero en el país si querían acceder a la disminución en el pago de impuestos, pero las empresas descubrieron cómo cortocircuitear las restricciones", escribió David Brodwin para el Sustainable Business Council.

Aún más, prosigue Brodwin, las corporaciones sólo colocan su dinero en paraísos fiscales o estados con bajos impuestos, como Irlanda. Sus ganancias ya están financiando negocios en EE.UU. Por eso, es poco probable que un recorte de impuestos vaya dar lugar a un auge de la inversión. Además, cualquier dádiva fiscal a las corporaciones estadounidenses pueda terminar en las arcas de las corporaciones en forma de acciones y dividendos.

¿Y qué hay con el plan de Trump de reducir los impuestos a los ricos, incluyendo la disminución permanente de la tasa impositiva a las empresas? Este es otro de los elementos de la teología conservadora que tiene muy poco apoyo empírico. Como escribió el economista marxista Michael Roberts, en su artículo "Donald Trump y la próxima crisis capitalista" (aquí):

Las tasas de impuestos corporativos decrecieron durante el período neoliberal. Oficialmente, Estados Unidos tiene una tasa impositiva marginal del 35 por ciento sobre las empresas, pero después de varias exenciones, la tasa impositiva efectiva es sólo del 23 por ciento; entre las más bajas del mundo. Aún así, el crecimiento económico ha fracasado; en su lugar, ha habido un aumento en la proporción de los beneficios que ha ido al capital, a costa de los trabajadores, y un aumento en la especulación financiera improductiva.

Además, la era neoliberal, en la que las tasas nominales de impuestos sobre la renta de los más ricos habían sido recortada a la mitad, produjo un crecimiento económico significativamente menor que la era de "altos impuestos" del boom capitalista posterior a la Segunda Guerra Mundial.

¿Y qué hay acerca de la inversión en infraestructuras?

Pocos dudan de su necesidad. La Sociedad Americana de Ingenieros Civiles (ASCE, por sus siglas en inglés) da a la actual infraestructura estadounidense (carreteras, puentes, aeropuertos, la red eléctrica, instalaciones de tratamiento de aguas residuales, escuelas y similares) una nota de D+, sólo un poco mejor que insuficiente.

La ASCE pide una inversión de más de $2 billones en los próximos 10 años para sólo mejorar la infraestructura existente a un grado de "suficiente". El plan de Trump y su equipo ha proyectado gastar sólo la mitad de esa cifra, y no hay razón para creer que será aprobada sin reducciones por un Congreso republicano.

Pero aún peor, el plan de Trump es menos un plan de desarrollo de una infraestructura pública necesaria que un caballo de Troya para privatizar los recursos públicos. Se basa en colaboraciones "público-privadas", en las que los contribuyentes financiarían hasta el 82% de la inversión, pero las entidades privadas terminarían siendo propietarias y operadoras de los proyectos.

Esto significa que es la codicia privada y no las necesidades públicas la que guiaría el gasto en infraestructura, un gasto que tendrá lugar, como ya hemos dicho, solo si Trump logra obtener su aprobación en el Congreso. Como señaló el economista y columnista del New York Times Paul Krugman:

Muchas ciudades tendrán que reemplazar sus sistemas de agua en los próximos años, de una forma u otra; si esto ocurre bajo el esquema Trump y no por medio de inversión gubernamental regular, no construiremos infraestructura adicional, sino que habremos privatizado lo que eran bienes públicos; y aquellos que adquieran esos activos habrán pagado sólo 18 centavos por dólar, mientras que los contribuyentes habran pagado el resto de la cuenta.

Nada de esto siquiera toma en consideración los otros elementos claves del programa Trump, particularmente su política comercial de "América Primero" y sus medidas para restringir la inmigración. El proteccionismo podría conducir a un aumento de los precios en Estados Unidos, y la retórica anti-inmigrante sembrará divisiones entre los trabajadores.

Como preguntó Pranav Jani en un artículo para SocialistWorker.org: "¿Es esto una victoria para los trabajadores estadounidenses? ¿Estarán disponibles para todos los empleos que resulten de las políticas de Trump? ¿Tendrán buenos salarios y beneficios? ¿Vendrán con seguros de salud, con acceso a la salud reproductiva?"

Bienes de Capital y malas noticias

A pesar de la recuperación del mercado bursátil y del optimismo empresarial, los indicadores clave que serían señal de que la economía estadounidense está preparada para despegar aún no han surgido.

Un informe del Departamento de Comercio, publicado el 24 de marzo, mostró que los nuevos pedidos de "bienes de capital, no militar", una medida que incluye bienes importantes como las máquinas que las empresas piden cuando invierten para expandir sus operaciones, cayeron un 0,1% en febrero, luego de haber aumentado un 0,1% en enero. El gasto en estos bienes ha aumentado en dólares con respecto al año pasado, pero la tasa de inversión podría estar en desaceleración.

Dicho de otra manera, basándose en el indicador "duro" de la inversión empresarial en bienes de capital, no parece que la economía estadounidense esté preparándose para el despegue.

"Después de las significativas ganancias observadas en el cuarto trimestre, las reservas de bienes de capital parecen haberse estabilizado por el momento", dijo Stephen Stanley, economista jefe de Amherst Pierpont Securities, al Wall Street Journal. "Parece como si nos dirigiéramos al clásico resultado del primer trimestre del PIB".

De hecho, el Secretario del Tesoro Steve Mnuchin ya redujo las predicciones de Trump de un 4 por ciento de crecimiento del PIB a alrededor del 3 por ciento.

También cabe la pregunta de cuánto de la subida en la inversión de capital observada en la segunda mitad de 2016 refleja principalmente inversiones en petróleo y gas natural. El precio de esas materias primas subió después de un colapso sin precedentes que tocó fondo a principios de año. Recientemente, esos precios han mostrado signos de estar cayendo de nuevo.

El informe sobre la inversión empresarial llegó semanas después de que la encuesta del gobierno sobre el gasto de los consumidores mostró un aumento mensual de 0,1 por ciento. Por tanto, aquellos que dicen a los encuestadores que tienen confianza en la economía no parece que hayan decidido necesariamente pasar a gastar su dinero.

Por sí mismos, ninguno de esos indicadores señala si la economía se expandirá este año o no, o por cuánto. Pero tampoco justifican las expectativas que el mercado de valores parece haber estado acumulando durante la administración Trump. Por medidas históricas, los precios de las acciones están muy inflados, así pues nuevas caídas en el Dow Jones, como las de finales de marzo, son posibles.

Después de su fracaso en el Obamacare, los republicanos están pasando página a sus planes sobre recortes de impuestos masivos que beneficiarán sobre todo a los ricos.

Pero si no pudieron llevar a buen término su cruzada de siete años para revocar el Obamacare, no hay garantía de que vayan a cumplir con su agenda fiscal.

Pero si la llevan a cabo, el plan sobre los impuestos de Trump -al igual que los otros componentes de su agenda- ¿será de ayuda para los trabajadores?: en absoluto.

27/3/2017

socialistworker, socialistworker

+ Info:

El lugar del trumpismo en la historia. Daniel Tanuro

Donald Trump and Capitalism’s Next Crisis. Michael Roberts

Las “trumpeconomics” a prueba. Michael Roberts

Reina el optimismo económico (¿fundado?). Michael Roberts

¿Un boom Trump? Michael Roberts


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