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Anticapitalistes
  
dilluns 6 de març de 2017 | Manuel
Frente al ajuste, reflexiones sobre unidad de acción y programa

Rolando Astarita

La marcha para el próximo 7 de marzo convocada por la CGT en contra del gobierno argentino de Mauricio Macri (aquí) reactualiza la utilidad de la táctica de unidad de acción, así como la importancia de la delimitación programática –o estratégica- por parte del marxismo, junto a la lucha ideológica.

La táctica de unidad de acción tiene una larga tradición en el marxismo. Se puede sintetizar en la frase (de Trotsky) “marchar separados, golpear juntos”. Se golpea en unidad de acción por las reivindicaciones con las que se está de acuerdo. Por ejemplo, en el caso que nos ocupa, romper los topes salariales que quieren imponer el gobierno de Cambiemos, los gobiernos provinciales, las cámaras empresarias y las patronales. Son consignas fundamentales para detener el ataque contra el trabajo.

Por eso, la necesidad imperiosa de frenar esta ofensiva constituye el argumento básico a favor de la unidad de acción con la dirigencia de la CGT y de la CTA, y sectores del peronismo. Lo cual no significa embellecer a los dirigentes que convocan (para una discusión sobre el carácter de clase de la burocracia sindical, aquí y aquí); o al peronismo. De lo que se trata es de unir fuerzas en los puntos en los que haya acuerdo e impedir un mayor deterioro de las condiciones de vida y trabajo de los asalariados (más argumentos sobre la unidad de acción, aquí, aquí). De ahí que muchas organizaciones de izquierda hayan decidido participar en la marcha, aunque con una columna separada y banderas propias.

La diferencia de programa y estrategia

Pero la unidad de acción debe acompañarse de la diferenciación programática y estratégica. Este aspecto de la cuestión es consustancial a la unidad de acción. En particular, hay que subrayar que el programa socialista se opone por el vértice al programa de la oposición burguesa y pequeño burguesa nacional-estatista, que hoy pretende ser “la” alternativa “al neoliberalismo”. Esta oposición está encarnada, principalmente, en el kirchnerismo y variantes (por ejemplo, partido Comunista, chavistas no kirchneristas, seguidores de Francisco y otros “amigos de la humanidad”).

Esto es, el marxismo no debería confundir su programa y estrategia con fuerzas políticas que solo terminan llevando al movimiento de masas a la frustración y la desmoralización (para un ejemplo actual, véanse los resultados del “socialismo siglo XXI” chavista). A la par que denunciamos la lógica brutal del capital en estado “puro” –sobre el significado del “neoliberalismo”, aquídebemos plantear un camino socialista independiente. Incluso aunque por ahora solo quede a nivel de propaganda, de discurso. Hay que decirlo con todas las letras: propuestas como devaluar (en términos políticamente correctos se dice “volver al tipo de cambio alto”); aumentar el déficit fiscal y financiarlo con emisión; sostener el empleo en base al gasto estatal y el trabajo improductivo; o embarcarse en guerras comerciales proteccionistas, agravan la crisis. Y preparan el terreno para nuevos gobiernos que aplicarán renovados ajustes. La experiencia de los gobiernos K en Santa Cruz es ilustrativa al respecto.

Lamentablemente, alguna gente de izquierda pierde de vista que la alternativa socialista apunta a la base del mal social: la propiedad privada del capital y el Estado capitalista. La creciente desigualdad social, los ejércitos de desocupados y subocupados, las crisis cíclicas, el trabajo embrutecedor y alienado, la marginación y la pobreza estructural, no van a desaparecer en tanto subsista la actual estructura social. Esto hay que decirlo públicamente. Y hay que sacar las consecuencias. Entre ellas, que no tiene sentido exigir estatizaciones o controles del Estado, o políticas nacionalistas y proteccionistas, si no se cuestiona la naturaleza social del Estado que aplica esas medidas.

Pero la diferenciación en el terreno programático y estratégico con respecto a las fuerzas opositoras burguesas no obedece a un mero prurito ideológico. Por el contrario, es fundamental para el éxito de las luchas reivindicativas. ¿Por qué? Pues porque es la única forma de responder al discurso de los apologistas del ajuste en curso. Para verlo con ejemplos concretos: uno de los argumentos que se esgrimen dice que un aumento de salarios “por encima del equilibrio” generará más aumentos de precios; que darán lugar a nuevas devaluaciones; que se traducirán en nuevos aumentos de precios, etcétera. Y por ese camino el país volvería a los 1980 y a la hiperinflación. O también, se dice que si los salarios docentes aumentan por encima del 18% se agravará el déficit fiscal; lo que llevará a mayor endeudamiento, o a más emisión; lo que generará más inflación, etcétera. Y una parte de la población no encuentra respuesta a esos argumentos. La incidencia en la lucha de clases de estos factores no debería subestimarse.

Sin embargo, las objeciones de los ideólogos del ajuste no pueden ser respondidas adecuadamente desde el reformismo burgués, o pequeño burgués (ver aquí, aquí, aquí, sobre los problemas del keynesianismo bastardo). Tampoco da respuesta el “nacional marxismo”, o el “marxismo estatista” (y algunos marxistas argentinos hoy parecen indignados keynesianos radicals). No se trata de buscar remiendos al sistema capitalista. Los marxistas no deben razonar “como estadistas”. Por eso es difícil exagerar el rol de la lucha ideológica del marxismo. La unidad en la acción debe acompañarse de la crítica de raíz al orden existente.

5/3/2017

rolandoastarita


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