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Anticapitalistes
  
dimecres 1 de març de 2017 | Manuel
EEUU: Trump en la Casa Blanca, ¡Cuando se abre la más espantosa de las cajas de Pandora!


Un mes después de su llegada a la Casa Blanca, un primer balance de la presidencia de Trump es no sólo posible sino también extremadamente útil, al estar lleno de buenas lecciones.

Para empezar, a pesar de los que se apresuraron en pronosticar los vanos deseos de las cancillerías y los medios internacionales que querían que se “adaptara a las realidades” y se tuviera “más amplitud de miras”, Trump hace lo que dice, es decir, lo que ha prometido hacer (sin que eso signifique que tenga éxito en todo lo que hace). E incluso en un tiempo récord…

Esta primera constatación tiene ya cuatro importantes consecuencias: Primero, Trump en acción parece bastante más peligroso de lo que hacían presagiar sus “hazañas” preelectorales. El hecho mismo de que avance metódicamente y según un plan preestablecido, siguiendo fielmente los consejos de su mentor y, según dicen, “virtual presidente de EEUU” Stephen Bannon, le vuelve aún más peligroso, ya que comenzamos a ver cuán aterradores son ciertos aspectos de sus proyectos que permanecían oscuros y secretos hasta ayer. Más concretamente, numerosas “coincidencias” nos llevan a pensar sin género de duda que Trump sigue al pie de la letra el ejemplo de ilustres maestros como Mussolini y sobre todo Hitler tras llegar al poder. Pero atención: Como hemos escrito en un anterior artículo (aquí), no basta con quererlo para ser fascista, máxime cuando en nuestro caso no se trata de un individuo sino de un régimen en formación. Mientras Trump y sus amigos sigan sin disponer de un movimiento de masas organizado que les de la posibilidad de materializar su promesa de aplastar a sus adversarios (minorías étnicas, “raciales” y otras, pero sobre todo el movimiento obrero y sus organizaciones) seguirán siendo una mala copia inacabada de los movimientos y regímenes fascistas del siglo pasado…

La segunda consecuencia es que Trump no decepciona a la gran mayoría de sus electores que, según todos los sondeos, se declaran satisfechos, si no entusiasmados, del hecho de que él “no traicione sus promesas”. Estamos aquí ante una importante revelación que habrá que tener en cuenta muy seriamente dada la profunda polarización de la sociedad estadounidense y en vista de los duros enfrentamientos políticos y sociales que se perfilan ya en el horizonte.

La tercera consecuencia es que asistimos a una aceleración de los acontecimientos tanto por parte de los amigos como de los enemigos de Trump. Habiendo elegido actuar con la máxima rapidez y avanzar como un bulldozer, adoptando iniciativas y medidas a ráfagas contra un adversario aún inexperto y un partido Demócrata muy sonado y estupefacto, Trump intenta ganar la carrera de velocidad en la que están -de hecho- inmersos tanto sus amigos como sus enemigos. Pero al mismo tiempo su táctica fuerza a todo el mundo a posicionarse, lo que polariza aún más a una sociedad americana ya muy polarizada mientras que obliga al gran movimiento popular (que había tenido el tiempo de formarse principalmente alrededor de la candidatura de Bernie Sanders) a defenderse clarificando sus ideas y sus perspectivas sobre todo en la acción… (Para una información continua, detallada y de primera mano sobre lo que pasa en las alturas, pero también en la base de la sociedad norteamericana, aconsejamos el Facebook de la Iniciativa Greeks for Bernie Sanders’ Mass Movement)

La cuarta consecuencia es que “el amateurismo” y “la organización caótica” de su estado mayor, constatados por todo el mundo, caracterizan casi inevitablemente todas sus acciones. Se trata de la otra cara de su elección bien consciente y decidida de antemano de pillar por sorpresa a su adversario adoptando en tiempo récord el máximo de hechos consumados. Pero dado que Trump está de momento desprovisto no sólo de una base de masas organizada dotada de cuadros experimentados sino también de importantes apoyos en el Estado profundo norteamericano, su “precipitación” se traduce ya en diversas burdas meteduras de pata y otras “torpezas” cotidianas que ya ha pagado caras y ponen en peligro el conjunto de su empresa.

La consecuencia principal de todo esto es que ¡la crisis que hace temblar actualmente EEUU ya ha sobrepasado en gravedad todo precedente histórico al menos desde la guerra civil de hace más de 150 años! Por cierto, es sintomático de la situación totalmente inédita y extremadamente peligrosa creada en un solo mes (!), que ¡esta crisis alcanza unas cotas que parecerían escenarios de una ciencia ficción más que enloquecida hace tan sólo 4 ó 5 semanas! Por ejemplo, el hecho de que el nuevo presidente del país esté inmerso en una lucha a muerte contra los servicios secretos y otros de su propio país que, no lo olvidemos, es la primera superpotencia mundial, bastaría para persuadirnos no sólo de que estamos ante una crisis de dimensiones históricas y mundiales, sino también de que esta crisis es incontrolada y peligrosa como nunca antes…

Dado que tanto las constataciones como los precedentes no sorprenden ya y comienzan incluso a ser considerados casi como banalidades, se esperaría que la izquierda europea hiciera lo que es evidente: No sólo tener en cuenta en sus análisis lo que pasa en EEUU, sino más bien… ¡comenzar y terminar sus planes de acción con la situación creada al otro lado del Atlántico! Sin embargo, basta una simple ojeada a las diversas actividades recientes de la izquierda europea (congresos, elaboraciones, movilizaciones, debates, encuentros…) para llegar a la conclusión de que pasa olímpicamente. Ni una palabra sobre la profunda crisis que hace temblar a la superpotencia mundial, y evidentemente ninguna evaluación de las nuevas realidades y por consiguiente silencio absoluto sobre las prioridades y las tareas inmediatas que se imponen a una izquierda que resiste y no evita el combate. Y en lugar de todo eso… ¡’business as usual’! Como si no pasara nada al otro lado del Atlántico que pueda influir sobre nuestras vidas. Como si no existiera ya en el interior de EEUU el enorme movimiento llamado, en interés de todos nosotros, a ponerle el cascabel al gato. ¡Y sobre todo, aunque sólo fuera por eso, le estamos en deuda y debemos hacer lo que sea por apoyarlo! Nada, cero y solamente la indiferencia, el fatalismo y una pasividad escandalosa que recuerda a la mostrada por la izquierda de entreguerras frente al fascismo y el nazismo triunfantes…

Y sin embargo, los días y las horas son más críticas que nunca y exigen una izquierda que piense y actúe en las antípodas de la rutina cotidiana y de este ‘business as usual’ mortífero. Porque ahora no se trata de algunas reivindicaciones justas, por muy importantes que sean, sino de la vida misma y de lo que queda de nuestra civilización. ¡Porque lo que está en juego no es el presente y el porvenir de una sola generación, sino la existencia del planeta y de sus habitantes!…


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