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Anticapitalistes
  
dijous 16 de febrer de 2017 | Manuel
Un mundo que ganar: por qué los socialistas se oponen al imperialismo y apoyan el derecho de autodeterminación de las naciones.

Paul D’Amato

EL CAPITALISMO es el primer sistema verdaderamente internacional; ningún rincón del mundo puede escapar del alcance del mercado mundial. "La necesidad de dar cada vez mayor salida a sus productos, hace que burguesía invada toda la superficie del globo", Karl Marx y Federico Engels escribieron en el Manifiesto Comunista, cuando el capitalismo todavía estaba en su infancia.

"Debe anidar en todas partes, establecerse en todas partes, establecer conexiones en todas partes... En lugar del antiguo aislamiento y de la autosuficiencia local y nacional, se establece un intercambio, una interdependencia universal de las naciones".

Dado que el capitalismo es un sistema internacional, la lucha de la clase obrera para superar el capitalismo también debe ser internacional. "¡Trabajadores del mundo, uníos!" fue, por tanto, la consigna del Manifiesto. Los capitalistas del mundo siempre estuvieron dispuestos a unirse a la hora de defender sus privilegios.

Marx señaló en un discurso de 1847:

Un cierto tipo de hermandad, por supuesto, existe entre las clases burguesas de todas las naciones. Es la hermandad de los opresores contra los oprimidos, de los explotadores contra los explotados. Del mismo modo que, a pesar de la competencia y los conflictos existentes entre los miembros de la burguesía, la clase burguesa de un país está unida por lazos de hermandad contra el proletariado de ese país, por lo que los burgueses de todos los países, a pesar de sus conflictos mutuos y la competencia en el mercado mundial, están unidos por lazos de hermandad contra el proletariado de todos los países.

Contra esta unidad patronal, los trabajadores deben contraponer su propia unidad. La tarea de la revolución socialista exitosa es, en palabras de Engels, "abolir la competencia y sustituirla por asociación". Sin embargo, la supresión de la competencia no será completa si se lleva a cabo dentro de las fronteras de un solo país.

El capitalismo es un sistema internacional. Como tal, sólo puede ser abolido como sistema cuando sea desarraigado a nivel internacional. Por lo tanto, no existe una solución puramente nacional al capitalismo. El socialismo no puede ser alcanzado en una base puramente nacional porque la economía mundial siempre se impondrá sobre una única economía nacional. Fue por esta razón que León Trotsky, por ejemplo, argumentó en contra de la distorsión de Stalin del marxismo, plasmada en la frase "socialismo en un solo país".

Sin embargo, debido a que el mundo está dividido en naciones-estados, hay diferentes ritmos de lucha y diferentes tradiciones e historias entre las clases obreras de las diferentes naciones. Nunca habrá una revolución mundial que ocurre en un momento único en todo el mundo. Las revoluciones son primero fenómenos nacionales.

Como escribió Marx, "por cuanto el proletariado debe en primer lugar conquistar el poder político, debe elevarse a la ser la clase dominante de la nación, debe constituirse a sí misma en nación. Es hasta ese momento, nacional en sí misma, aunque no en el sentido burgués de la palabra".

Sin embargo, el carácter internacional del capitalismo, y cada vez más de la crisis capitalista, garantiza que las revoluciones en un país actúen como un estímulo para los movimientos revolucionarios en otros países. De este modo, la Revolución Rusa de 1917 marcó el comienzo de una ola de levantamientos revolucionarios en todo el mundo.

LA EXISTENCIA de un mercado mundial no ha borrado las naciones o las divisiones nacionales. Marx exageró cuando escribió en el Manifiesto, "Las diferencias nacionales y antagonismos entre los pueblos son cada día más tenues, debido al desarrollo de la burguesía, a la libertad de comercio, al mercado mundial, a la uniformidad en el modo de producción y a las correspondientes condiciones de existencia".

El capitalismo ha visto realmente dos tendencias contradictorias. Lo mencionado por Marx es ciertamente real; pero hay otra tendencia hacia la formación y consolidación del Estado-nación. La contradicción entre estas dos tendencias se expresó en el aumento de la competencia entre las potencias capitalistas por el control del mercado mundial y el sometimiento de las naciones más débiles.

Las primeras décadas después de la muerte de Marx en 1883 fueron testigo de la creciente concentración y centralización del capital en manos de poderosos monopolios, y el desarrollo de las tensiones entre los estados capitalistas avanzados que compiten por el control del mercado mundial. La competencia "pacífica" en el mercado dio paso a enfrentamientos armados, y los estados europeos (y más tarde Estados Unidos y Japón) se apresuraron a agarrar colonias en todo el mundo.

Hoy en día, el tamaño y la integración de la economía mundial va mucho más allá de lo que existió en la época de Marx. El nivel del comercio mundial, las transacciones financieras internacionales y las inversiones extranjeras han aumentado dramáticamente. Por otra parte, el proceso de producción es tan internacional hoy que una máquina montada en un país tendrá sus partes producidas en varios países. "El proceso de producción de automóviles han llegado a ser tan trans-nacionalizado", escribe el economista William Robinson, "que el producto final ya no puede ser considerado como "nacional" en ningún modo significativo".

La interdependencia es tan profundamente arraigada que ninguna nación es capaz de una vida económica independiente del resto del mundo, sin sufrir graves trastornos. Robinson toma estos desarrollos en el sentido de que el Estado-nación se está desvaneciendo rápidamente en importancia. Sin embargo, la creciente integración del mundo en un mercado único tiene lugar en un contexto en el que el mundo sigue dividido entre Estados-naciones.

Mientras no haya un solo Estado "mundial" que corresponda a la creación de un mercado mundial, los capitalistas dependerán de un estado nacional en particular para mantener las condiciones de la explotación capitalista "ininterrumpida". El Estado es el "comité ejecutivo" para la gestión de los "asuntos comunes" de la burguesía, no sólo sus asuntos internos (lidiando la lucha de clases), sino también "externa" (promoviendo los intereses económicos de su "propia" clase capitalista).

EL COLONIALISMO puede haber desaparecido, pero la rivalidad entre los estados por convertirse en, o permanecer como, la potencia dominante—el imperialismo—sigue siendo una característica esencial del sistema mundial. Un puñado de estados poderosos hoy dominan el mundo económicamente, y uno, Estado Unidos, lo domina militarmente, y mantiene un nivel sin precedentes del gasto militar con el fin de mantener su dominio.

Arriba citamos a Marx diciendo que la burguesía, a pesar de sus diferencias nacionales, se unirá a la hora de suprimir a la clase obrera. Pero la clase obrera también está plagada de divisiones fomentadas deliberadamente por los capitalistas. Ellos fomentan divisiones nacionales para alentar a los trabajadores a valorar la identidad nacional por encima de la identidad de los intereses de clase que debe unirlos a sus compañeros laborales. Los socialistas siempre deben desafiar toda forma de chovinismo nacional que pone a los trabajadores en guerra entre sí.

Pero nosotros no igualamos todos los nacionalismos. Una distinción debe hacerse entre el nacionalismo del opresor y el nacionalismo de los oprimidos. Debido a que el mundo está dividido entre naciones oprimidas y opresoras, entre las naciones dominantes que usan medios financieros, diplomáticos y militares para controlar otras naciones y pueblos, la unidad de clase sólo puede construirse mediante el reconocimiento del derecho básico de las naciones oprimidas a la autodeterminación.

Ninguna nación que oprime a otra puede a su vez ser libre. En EE.UU., por ejemplo, no puede haber solidaridad entre Puerto Rico y los trabajadores estadounidenses, a menos que los trabajadores estadounidenses reconozcan el derecho de Puerto Rico a la independencia. No puede haber solidaridad entre los pueblos del Oriente Medio y de los trabajadores en Estados Unidos, a menos que reconozcamos el derecho de los iraquíes, afganos y palestinos a la autodeterminación.

La división imperialista del mundo significa que nosotros, como socialistas, no podemos igualar o condenar todas las guerras. Como escribió Lenin durante la Primera Guerra Mundial:

El marxismo hace ese análisis, y dice: si la "substancia" de una guerra es, por ejemplo, terminar con el yugo extranjero... entonces tal guerra es progresiva, en cuanto a ese Estado oprimido o nación se refiere. Si, por otro lado, la "substancia" de una guerra es un nuevo reparto de las colonias, la división del botín, el saqueo de las tierras extranjeras (y tal es la guerra de 1914 a 1916), entonces toda perorata sobre la defensa de la patria es "puro engaño al pueblo".

Este artículo fue publicado por primera vez en la edición del 28 de Mayo, 2008, de Socialist Worker.

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