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dimecres 1 de febrer de 2017 | Manuel
EEUU: Gasto militar en % de PBI, 1949-2015, y la tesis de Baran y Sweezy sobre el rol del armamentismo

Rolando Astarita

A raíz de las notas en las que presentamos la evolución del gasto estatal y el gasto social en EEUU en porcentaje del producto, algunos lectores preguntaron acerca de cómo evolucionó el gasto militar, siempre en relación al PBI. En el siguiente cuadro se puede ver su evolución entre 1949 y 2015. La fuente es la base de datos del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI).

El gasto militar estadounidense, en relación al producto, aumenta con las intervenciones militares y desciende en períodos de menos conflictos. Entre 1949-2015 el punto más alto fue 1952, con la guerra de Corea. Ese año el gasto militar fue 13,3% del PBI. En los 1960 y 1970 se ubica en un nivel más bajo, a pesar de la guerra de Vietnam. En el período de Reagan sube con respecto a 1980 (5% del PBI), llegando a 6,3% en 1986. Luego de la caída de la URSS baja, y en 2000 era del 2,9%. Pero en los años siguientes sube con las intervenciones militares a Irak y Afganistán. En 2010 y 2011 fue del 4,7%; baja después de 2012; en 2015 representó el 3,3% del PBI.

A nivel del gasto militar total, y siempre según los datos de SIPRI, también se advierte que en las últimas décadas hubo una baja en relación al producto. Entre 1988 y 2015 el gasto militar mundial, medido en dólares constantes de 2014, aumentó un 12%. Pero el producto mundial en los 27 años que van de 1989 a 2015 aumentó a un promedio anual del 2,8%. Esto significa que el gasto militar global disminuyó en relación al producto.

Por otra parte, la participación de EEUU en el gasto militar total era del 36,7% en 1988; en 2015 fue del 33,9%. El resto de los países más industrializados no registra cambios importantes, excepto China, que aumentó significativamente su participación en el total mundial: pasó del 1,2% en 1989 al 12% en 2015.

Subrayamos que se trata del gasto militar en relación al producto. Esto es, la disminución relativa del gasto militar no niega el hecho de que aumentó, a lo largo de las décadas, en términos absolutos. Pero además, tampoco indica alguna tendencia a atenuar el potencial de destrucción masiva del aparato militar de EEUU o de las otras potencias. El empleo de armamento de alta tecnología puede ser más económico que el envío de tropas, pero infinitamente más letal.

De todas formas, la relación entre el gasto armamentista y el producto es importante en lo que respecta a las perspectivas de las economías capitalistas. En particular, porque esa relación, en los años 1960 y 1970, estuvo en el centro de la teoría de Paul Baran y Paul Sweezy sobre el capitalismo contemporáneo. Baran y Sweezy sostenían que EEUU solo podía evitar el estancamiento incrementando la participación del gasto militar en el producto. Incluso anticiparon que, dado el avance tecnológico, la producción destinada al armamento se podría abaratar, tendencialmente, generando por eso problemas para las economías capitalistas adelantadas. Estas ideas tuvieron mucha aceptación en la izquierda, e incluso fueron adoptadas parcialmente por los trotskistas, que sostienen que las fuerzas productivas dejaron de desarrollarse desde 1914 (el argumento es que solo se desarrollan las fuerzas de la destrucción, el militarismo en primer lugar). En una próxima entrada ampliaremos sobre este tema.

31/1/2017

rolandoastarita


Gasto militar y la teoría de Baran-Sweezy

En la nota anterior (arriba) señalamos que los datos de la evolución del gasto militar en relación al producto invitan a re-examinar la tesis de Baran y Sweezy sobre el rol del armamentismo en las economías capitalistas avanzadas.

Las ideas fundamentales de ByS están contenidas en El capital monopolista, que apareció en 1966 (en lo que sigue, las citas corresponden a la edición en español de Siglo XXI). Sostienen que los monopolios dominan la economía y establecen precios administrados. Dado que buscan bajar los costos, sus ganancias (o excedentes) tienden a crecer en proporción al ingreso total. Pero esto genera un problema creciente de absorción del excedente, ya que los capitalistas consumen una proporción cada vez menor del mismo –aunque su consumo aumente en términos absolutos- y las inversiones no crecen al mismo ritmo que el excedente. Por lo cual el excedente no puede ser absorbido totalmente por la inversión “endógena”; esto es, por la inversión que se canaliza hacia gastos que surgen del mecanismo interno del sistema (p. 74).

Además, en tanto se destine a la inversión una proporción del excedente cada vez mayor, más aumenta la capacidad productiva y más crece la capacidad de producción en relación con el aumento de la producción. Por lo tanto, “tarde o temprano la capacidad excesiva crece tanto que desalienta las inversiones” (p. 69). En consecuencia, si el capitalismo monopolista solo dispusiera de los gastos de inversión endógena, se sumiría en un estado de depresión permanente. Pero en este punto entra en juego la inversión “exógena”, la cual “se lleva a cabo independientemente de los factores de la demanda agregada generada por las operaciones normales del sistema” (p. 75). Esta demanda exógena absorbe el excesivo excedente. Y entre sus componentes, ByS ubican en primer lugar al gasto armamentista. Es que los gastos sociales encontraban mucha oposición en la oligarquía capitalista. En cambio, el gasto en armamento era aceptado por la clase dominante y por eso era el rubro en el cual los gobiernos de EEUU podían gastar para evitar el estancamiento. Desde el punto de vista de la reproducción del capital en general, pensamos que el gasto militar es gasto improductivo (ver aquí para una discusión).

Naturalmente ByS también destacaban el rol del gasto militar en la geopolítica de EEUU, en particular durante la Guerra Fría, y su papel político e ideológico hacia adentro de EEUU. Escriben que la militarización “nutre todas las fuerzas reaccionarias e irracionales de la sociedad e inhibe o mata todo lo que sea progresivo y humano. Genera un respeto ciego por las autoridades, se enseñan y vigorizan las actitudes de docilidad y conformidad y la disidencia se considera antipatriótica e incluso una traición” (p. 167).

Siendo esto cierto, sin embargo lo que queremos subrayar aquí es el rol económico que ByS atribuyen al gasto militar: era la clave del crecimiento económico de EEUU en la posguerra. Sostienen que “… la diferencia entre el profundo estancamiento de los treinta y la relativa prosperidad de los cincuenta se debe en absoluto a los enormes gastos militares de los cincuenta” (p. 141). Por eso, en su perspectiva, tendencialmente la participación del gasto militar en relación al producto debería aumentar para evitar el estancamiento.

De todas maneras, ByS consideraban que la efectividad de los gastos en armamentos para evitar el estancamiento tenía una seria limitación económica. Es que la guerra se convertía cada vez más en materia de ciencia y tecnología y cada vez menos en “cuestión de hombres y de armas” (p. 171). Por eso había cambiado el tipo de bienes y servicios que se compraban con las partidas militares. Una mayor proporción se dedicaba a la investigación y el desarrollo, a la ingeniería, y una menor proporción a la producción en masa de artillería, tanques, aviones, camiones y barcos, que habían tenido un papel decisivo en las dos guerras mundiales. De ahí que esta fuente de demanda exógena se debilitaba. La segunda limitación que veían era política: la carrera en la construcción de armas de destrucción masiva no aumentaba la seguridad de EEUU frente a la URSS y esto llevaba a la oligarquía dominante a aceptar acuerdos para limitar la construcción del arsenal nuclear.

Un pequeño balance

Pasó medio siglo desde que fuera publicado El capital monopolista. Su tesis central, que el capitalismo monopolista tenía una tendencia al estancamiento debido al excesivo nivel de ganancias de los monopolios, y que el gasto militar era esencial para el crecimiento, no parece haberse verificado. Los datos que hemos presentado sobre la participación del gasto militar en el producto no se pueden compatibilizar con la tesis de ByS. La participación del gasto militar en el producto de EEUU no tuvo tendencia a aumentar con relación a los 1950, y sin embargo la economía no cayó en estancamiento crónico. Tampoco puede advertirse una correlación positiva entre crecimiento y participación del gasto militar en el producto. Por ejemplo, en los 10 años que van de 1990 a 1999 el crecimiento promedio del producto fue del 3,25%, y el gasto militar bajó relativamente. A su vez, después de 2001 el gasto militar aumentó, pero el promedio de crecimiento en los 15 años comprendidos entre 2001 y 2015 fue de solo el 1,8%.

Más en general, tampoco se ha verificado la tesis del exceso de ganancia del capital. La crisis de 1974-1975 fue una crisis por caída de la rentabilidad; lo mismo puede decirse de otras recesiones. Asimismo, en el esquema de ByS habría una tendencia al estancamiento del cambio tecnológico, que tampoco se ha verificado.


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