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Anticapitalistes
  
dijous 13 d’octubre de 2016 | Manuel
Mor Dario Fo


El mestre Darío Fo ha mort avui 13 octubre 2016 a Hospital Sacco Luigi a Milà, on va ser hospitalitzat durant uns dies a causa de l’empitjorament de la seva malaltia.

(Itàlia) i el món sencer van perdre avui un artista que durant tota la seva vida va lluitar contra l’afirmació que "la cultura dominant és la de la classe dominant." A través de tota la seva obra Darío Fo ha treballat per assegurar que les classes socials que des de fa segles es van veure obligades a la ignorància siguin conscients del fet que és el poble el custodi de les arrels de la seva cultura.

Per aquesta dedicació, en 1997, li va ser atorgat el Premi Nobel de Literatura, "ja que, seguint la tradició dels bufons medievals, es burla del poder per a retornar la dignitat als oprimits".

Juntament amb la seva estimada parella Franca Rame va tenir el valor d’allunyar-se dels circuits teatrals oficials, que li agradava anomenar "teatre burgès", per portar els seus espectacles a llocs no convencionals com fàbriques ocupades, places, a les cases de la gent i a les presons.

Quan s’apassionava d’una història i d’un personatge la primera cosa que feia era una investigació a fons, per aprendre per si mateix i perquè puguera transmetre aquest coneiximent als altres. Darío Fo mai no ha necessitat de l’etiqueta de "intel·lectual", ja que la idea de la cultura per la qual va lluitar no és ni acadèmica ni elitista. Les seves obres neixen de la cultura popular per ser retornades a la gent.

La seva forma d’entendre la narrativa mai no va ser limitada, sinó que es va estendre a totes les formes d’art que li agradaven. En el moment en que estava escrivint una història, la veia de forma instantànea, veia els personatges, els rostres, les escenes, i els representa al llenç, per a després dur-los a l’escenari, arrossegant el seu públic en una caixa màgica extraordinària.

Tota la companyia teatral i la seua família donen les gràcies per les mostres d’afecte rebudes

dariofo


Fo nació el 24 de marzo de 1926 en el pequeño municipio de Sangiano, provincia de Varese, y, aunque estudió pintura y arquitectura, es principalmente reconocido por su faceta de dramaturgo, lo que le supuso el Nobel de Literatura en 1997.

Durante su carrera estuvo acompañado por su esposa, la actriz Franca Rame, quien murió en 2013, con la que conformó un binomio intelectual consagrado esencialmente a un teatro político y satírico con el que narraron los problemas de la sociedad de su tiempo. Durante su larga trayectoria ha publicado más de cien obras teatrales, que él mismo interpretaba y numerosos libros. El último que publicó en septiembre trataba sobre la figura del científico Charles Robert Darwin, “Darwin ma siamo scimmie da parte di padre o di madre?” (Darwin, ¿somos monos por parte de padre o de madre?)

En 1969 estrenó una de sus obras teatrales más aplaudidas e influyentes, “Mistero Buffo” (1969), en la que aborda algunos pasajes bíblicos al estilo de los juglares medievales. En 1970 presentó otra de sus obras maestras, “Morte accidentale di un anarchico” (1970), en la que rememora la extraña muerte del partisano Giuseppe Pinelli, que en 1969 se precipitó desde una ventana de la Jefatura de Policía de Milán, donde estaba detenido.

Su activismo político fue especialmente relevante en los convulsos Años de Plomo, entre los setenta y los ochenta, cuando creó la organización “Soccorso Rosso Militante” para proporcionar asistencia legal a los militantes de la izquierda encarcelados. En la década de los noventa estrenó “Il papa e la strega” (1990), obra en la que representa a un pontífice autor de una encíclica inverosímil en la que defendía la liberación de la droga, el control de la natalidad o el regreso de la Iglesia a la pobreza.

lavanguardia


El discurso de Dario Fo de aceptación del Nobel de Literatura de 1997

’Contra jugulatores obloquentes’

"Los dibujos que les estoy enseñando son míos. Se les han repartido copias de los mismos, ligeramente reducidos. Durante cierto tiempo tuve la costumbre de utilizar imágenes cuando preparaba algún discurso: en lugar de escribirlo, lo ilustro. Esto me permite improvisar, ejercitar mi imaginación, y obligarles a ustedes a utilizar la suya.

A medida que avance, les indicaré de cuando en cuando dónde estamos en el manuscrito. De ese modo no perderán el hilo. Les será de especial ayuda a los que no entiendan ni el italiano ni el sueco. Los que hablan inglés tendrán una enorme ventaja sobre el resto, ya que imaginarán cosas que yo no he dicho ni pensado jamás. Desde luego, tendremos el problema de las dos risas: los que entiendan el italiano se reirán de inmediato, los que no, tendrán que esperar la traducción al sueco de Anna Barsotti. Y luego están los que no sabrán si reír en la primera ocasión o en la segunda. De cualquier modo: empecemos.

Señoras y señores, el título que he elegido para esta pequeña charla es ’Contra jugulatores obloquentes’, que todos ustedes reconocerán como latín, latín medieval, para ser exactos. Es el título de una ley promulgada en 1221 en Sicilia por el emperador ’ungido por Dios’ al que en la escuela se nos enseñó a ver como un soberano extraordinariamente ilustrado, un liberal. ’Joculatores obloquentes’ significa ’ bufones que insultan y difaman’. La ley en cuestión permitía a todos los ciudadanos insultar a los bufones, golpearles e incluso -si estaban de humor- matarles sin correr el riesgo de ser juzgados y condenados por ello. Me apresuro a asegurarles que esta ley ya no está en vigor, por lo que puedo proseguir sin peligro.

Señoras y señores, algunos amigos míos, distinguidos hombres de letras, han declarado en diversas entrevistas a la radio o a la televisión: ’Sin duda, el mayor premio lo merecen los miembros de la Academia Sueca por tener el coraje de conceder este año el Premio Nobel a un bufón’. Estoy de acuerdo. El suyo ha sido un acto de valentía que raya la provocación.

Basta pasar revista al alboroto que ha provocado: sublimes poetas y escritores que normalmente ocupan las esferas más encumbradas y que rara vez se interesan por aquellos que viven y se afanan en planos más humildes, se han visto sacudidos por una suerte de torbellino. Como ya he dicho, aplaudo y coincido con mis amigos. Estos poetas habían alcanzado ya alturas parnasianas cuando ustedes, con su insolencia, les hacen caer tambaleándose a tierra, donde se dan de bruces con el lodo de la normalidad. Insultos y exabruptos se lanzan ahora contra la Academia Sueca, contra sus miembros y sus parientes hasta la séptima generación. Los más enardecidos claman: ’¡Abajo el rey?.de Noruega!’. Parece que, en su obcecación, confunden una dinastía con otra. Hay quien aterrizó de mala manera, magullándose sus partes bajas.

Hay informes que atestiguan que los nervios y el hígado de ciertos poetas han sufrido terriblemente. Durante un par de días, no había farmacia en toda Italia que pudiera proporcionar un tranquilizante. Pero, queridos miembros de la Academia, es hora de admitir que esta vez se han pasado. Quiero decir, venga ya, primero le dan el premio a un negro, luego a un escritor judío, y ahora a un payaso. ¿Qué pasa? Como dicen en Nápoles: ’¿pazziàmme?’ ¿Han perdido el seso?

También la alta clerecía ha sufrido sus momentos de locura. Diversos potentados -importantes partidarios del Papa, obispos, cardenales y prelados del Opus Dei- se han subido por las paredes hasta el punto de solicitar la habilitación de la ley que permitía quemar en la hoguera a los bufones. A fuego lento.

Por otra parte, les puedo decir que hay un gran número de personas que se regocijan conmigo de su decisión. Y por ello quiero darles las gracias más festivas en nombre de una multitud de mimos, bufones, payasos, volatineros y cuentistas. Y hablando de cuentistas, no debo olvidar los de la pequeña ciudad junto al lago Maggiore donde nací y me crié, una ciudad con una rica tradición oral. Estaban los viejos cuentistas, los maestros vidrieros que nos enseñaron a mí y a otros niños el oficio, el arte de tejer fantásticas tramas. Les escuchábamos estallando en carcajadas, carcajadas que se helaban en nuestras gargantas cuando comprendíamos la trágica alusión que se escondía tras cada sarcasmo. Aún recuerdo la historia de la Roca de Caldé. ’Hace muchos años’, comenzó a relatar el viejo vidriero, ’allá arriba, en la cumbre de ese escarpado acantilado que se eleva sobre el lago, había una ciudad llamada Caldé. Resultó que esa ciudad se encontraba sobre un espigón suelto de roca que lentamente, día tras día, se deslizaba hacia el precipicio’. Era una ciudad espléndida, con su campanario, una torre fortificada en el punto más alto y un racimo de casas, una junto a otra. Es una ciudad que una vez estuvo allí y que ahora no está. Desapareció en el siglo XV.

’Eeh’, gritaban a sus habitantes los campesinos y pescadores que vivían en el valle."Os estáis resbalando, os vais a caer". Pero los habitantes del risco no les escuchaban, incluso había quien se reía y se burlaba de ellos. "Os creéis muy listos tratando de asustarnos para que salgamos corriendo de nuestras casas y de nuestra tierra, y haceros con ellas. Pero no somos tan tontos".

De modo que siguieron cuidando sus viñedos, arando sus campos, casándose y haciendo el amor. Iban a misa. Notaban que la roca cedía bajo sus casas, pero no le daban importancia. ’La roca, que busca su sitio. Es normal’, decían tranquilizándose unos a otros. Y la roca estaba a punto de hundirse en el lago. ’Cuidado, cuidado, ya tenéis el agua por los tobillos’, les gritaba la gente desde la orilla. ’Tonterías, son los manantiales subterráneos; es que hay un poco de humedad’, decía la gente de la ciudad y así, sin prisa pero sin pausa, la ciudad entera fue engullida por el lago. Glu?glu?plaf?se hunden?casas, hombres, mujeres, dos caballos, tres burros?.¡iiiiaaaa!?.glu. Impertérrito, el sacerdote escuchaba la confesión de una monja: ’Te absolví? animus?santi?glu?Aame?glu?’. La torre desapareció, el campanario se hundió con campanas y todo: Ding?dong?pam?plof?

’Incluso hoy, prosiguió el viejo vidriero, si miras al agua desde ese saliente, y si en ese mismo momento estalla una tormenta y los rayos iluminan el fondo del lago, podrás ver -¡por increíble que parezca!- la ciudad sumergida con sus calles intactas, e incluso a sus habitantes caminando de un lado a otro y repitiéndose a borbotones: ’No ha pasado nada’. Los peces se pasean delante de sus narices, incluso se les meten en los oídos. Pero ellos simplemente los apartan: ’No hay nada de que preocuparse. No es más que algún tipo raro de pez que ha aprendido a nadar en el aire’. ’¡Achís!’. ’Salud’. ’Gracias?Hay algo de humedad hoy, más que ayer... Pero por lo demás todo va bien’. Han llegado al mismo fondo del lago, pero en lo que a ellos respecta, nada ha ocurrido".

Aunque sea inquietante, no se puede negar que una historia como ésta aún tiene algo que decirnos. Les repito, les debo mucho a estos vidrieros míos, y ellos -se lo aseguro- les están enormemente agradecidos a ustedes, miembros de esta Academia, por el reconocimiento de uno de sus discípulos. Y expresan su gratitud con una exhuberancia explosiva. En mi ciudad natal la gente asegura que la noche en que llegó la noticia de que uno de sus cuentistas había recibido el Premio Nobel, un horno que había permanecido inactivo durante cincuenta años estalló de pronto en un arco iris de llamas, lanzando al aire -cual traca final- una miríada de astillas de vidrio de colores que luego aparecieron flotando en la superficie del lago exhalando una impresionante nube de vapor.

Mientras aplauden tomaré un trago de agua. (Volviéndose hacia la intérprete:) ¿Quiere un poco? Es importante que hablen ustedes mientras bebemos, porque si tratan de oír el borboteo del agua, nos atragantaremos y empezaremos a toser. Así que, en lugar de eso, pueden ustedes intercambiarse lindezas como: ’Oh, qué tarde más agradable, ¿no le parece?’. Fin de la interrupción: pasemos a la siguiente página, pero no se preocupen, a partir de ahora iré más rápido.

Más que otros, esta tarde son ustedes acreedores del solemne y expresivo agradecimiento de un extraordinario maestro de la escena poco conocido, no sólo en Francia, en Noruega o en Finlandia, sino incluso en Italia. Y, sin embargo, hasta Shakespeare fue sin duda el mejor dramaturgo de la Europa del Renacimiento. Me refiero a Ruzzante Beolco, mi mayor maestro junto con Molière: ambos actores y dramaturgos, ambos destinatarios del escarnio de los hombres de letras de su época. Sobre todo, se les despreciaba por llevar a la escena la vida cotidiana, las alegrías y la desesperación de la gente común; la hipocresía y la arrogancia de los ricos y los poderosos, y la injusticia incesante. Y lo que no les podían perdonar era que, al contar estas cosas, hacían reír a la gente. La risa no agrada a los poderosos. Ruzzante, el verdadero padre de la ’Commedia dell´arte’, también creó un lenguaje propio, un lenguaje por y para el teatro basado en una variedad de lenguas: los dialectos del valle del Po, expresiones en latín, español, e incluso alemán, mezclados con sonidos onomatopéyicos de su propia invención. Es de él, de Beolco Ruzzante, de quien aprendí a liberarme de la escritura literaria convencional y a expresarme con palabras masticables, con sonidos inusuales, con diversas técnicas de ritmo y respiración, e incluso con el habla absurda y laberíntica del "grammelot".

Permítanme que le dedique una parte de este prestigioso premio a Ruzzante.

Hace unos días, un joven actor de gran talento me dijo: ’Maestro, debería tratar de proyectar su energía, su entusiasmo, a la gente joven. Tiene que entregarles el relevo.Tiene que compartir su experiencia y sus conocimientos con ellos’. Franca -mi mujer- y yo nos miramos y dijimos: ’Tiene razón’. Pero, si enseñamos a otros nuestro arte y compartimos esta carga de fantasía, ¿de qué servirá? ¿ A dónde conducirá? En los últimos meses, Franca y yo hemos visitado varias universidades para dirigir una serie de talleres y seminarios con jóvenes. Nos ha sorprendido -por no decir inquietado- descubrir su ignorancia de los tiempos que vivimos.

Les referimos los juicios en curso en estos momentos en Turquía contra los supuestos culpables de la masacre de Sivas. Treinta y siete intelectuales demócratas de ese país, que se habían reunido en una ciudad de Anatolia para rendir homenaje a un famoso bufón medieval del período otomano, fueron quemados vivos al amparo de la noche, atrapados en su hotel. El incendio fue obra de un grupo de fundamentalistas fanáticos que disfrutaban de la protección de algunos miembros del propio gobierno. En una noche, treinta y siete de los artistas más celebrados del país, escritores, directores, actores y bailarines kurdos, fueron aniquilados. De un solo golpe, estos fanáticos aniquilaron a parte de los exponentes más relevantes de la cultura turca. Miles de estudiantes nos escuchaban. La expresión de sus caras revelaba su asombro e incredulidad. No habían oído hablar de la masacre. Pero lo que más me impresionó es que ni siquiera los profesores presentes conocían el hecho. Ahí tenemos a Turquía, en el Mediterráneo, casi enfrente, insistiendo en unirse a la Comunidad Europea y, sin embargo nadie había oído hablar de la masacre. Salvini, conocido demócrata italiano, tenía razón cuando observó: ’La extendida ignorancia de lo que ocurre es el mayor bastión de la injusticia’. Pero este desconocimiento de los jóvenes les ha sido insuflado por los que tienen la obligación de educarles e informarles: entre los ignorantes y los inconscientes, los maestros de escuela y otros educadores merecen mención de honor.

Los jóvenes sucumben fácilmente al bombardeo de banalidades y obscenidades gratuitas a que diariamente los someten los medios de comunicación de masas: desalmadas películas televisivas donde en el lapso de diez minutos se ven expuestos a tres violaciones, dos asesinatos, una paliza y una colisión múltiple de diez vehículos sobre un puente que acaba derrumbándose, tras lo cual todos -coches, conductores y pasajeros- se precipitan al mar?Sólo una persona sobrevive a la caída, pero no sabe nadar, de modo que se ahoga, entre los vítores de una masa de curiosos que de pronto irrumpe en la escena.

En otra universidad representamos una parodia sobre un proyecto -ahora en vías de ser realizado- de manipulación de material genético, o, para ser más precisos, la propuesta del Parlamento Europeo de admitir el derecho de patente de organismos vivos. Percibimos claramente que el tema provocaba un escalofrío entre los presentes. Franca y yo les explicamos cómo nuestros eurócratas, impulsados por poderosas y ubicuas multinacionales, están preparando un plan digno del argumento de una película de horror y ciencia ficción titulada ’El hermano cerdo de Frankenstein’. Están tratando de conseguir la aprobación de una directiva que (¡no se lo pierdan!) autorizaría a las industrias a adquirir la patente de criaturas vivas, o de partes de ellas, creadas con técnicas de manipulación genética que parecen sacadas de ’El aprendiz de brujo’.

El procedimiento es el siguiente: manipulando la información genética de un cerdo, un científico logra humanizar en cierto modo al cerdo. De este modo resulta mucho más fácil extraer del cerdo el órgano elegido -un hígado, un riñon- y trasplantarlo al hombre. Pero para asegurarse de que los órganos del cerdo no son rechazados, es necesario transferir al hombre ciertas partes de la información genética de dicho cerdo. El resultado: un cerdo humano (muchos de ustedes dirán que ya hay muchos). Y cada parte de esta nueva criatura, de este cerdo humanizado, está sujeta a nuevas leyes de patentes, y quien desee una parte de él tendrá que pagar los derechos de copyright a la empresa que lo ’inventó’. Las enfermedades derivadas del trasplante, monstruosas deformaciones, infecciones?. Todo ello constituyen opciones incluidas en el precio? El Papa ha condenado rotundamente esta monstruosa hechicería genética. La ha tachado de ofensa contra la humanidad, contra la dignidad del hombre, y se ha molestado en subrayar la ausencia total e irrefutable de valor moral del proyecto. Lo sorprendente del caso es que, mientras esto ocurre, un científico americano, un mago notable -seguramente habrán sabido de él por los periódicos- ha logrado trasplantar la cabeza de un mandril. Les cortó la cabeza a dos mandriles y las intercambió. No puede decirse que los mandriles estuvieran en su mejor momento después de la operación. De hecho, les dejó paralizados, y ambos murieron poco después, pero el experimento funcionó, lo que es una gran cosa. Pero, y aquí está la dificultad: este Frankenstein de nuestros días, un tal profesor White, ha sido distinguido entretanto con el título de miembro de la Academia Vaticana de las Ciencias. Alguien debería advertir al Papa. Así que representamos estas farsas criminales ante los chicos de las universidades y se desternillaron de risa. Decían de nosotros: ’Son la monda, se inventan las historias más fantásticas’. Ni por un momento intuyeron siquiera que las historias que les contábamos eran ciertas. Estos encuentros han fortalecido nuestra convicción de que nuestra tarea es -coincidiendo con la exhortación del gran poeta italiano Savinio- ’contar nuestra historia’.

Nuestra misión como intelectuales, como personas que se suben a un estrado o a un escenario y que, lo que es aún más importante, se dirigen a la gente joven, nuestra misión no es simplemente enseñarles un método, cómo usar los brazos, cómo controlar la respiración, cómo usar el estómago, la voz, el falsete, el contraccampo. No basta con enseñar una técnica o un estilo: tenemos que enseñarles lo que está ocurriendo a nuestro alrededor. Tienen que ser capaces de contar su propia historia. Un teatro, una literatura, una expresión artística que no hable de su propio tiempo no tiene relevancia.

Hace poco participé con muchas otras personas en una conferencia donde intenté explicar, especialmente a los participantes más jóvenes, los entresijos de un caso judicial italiano particular. El caso original ha dado lugar a siete juicios distintos, cuyo resultado ha sido la condena de tres políticos italianos de izquierda a veintiún años de prisión cada uno, acusados de haber asesinado a un jefe de policía. He estudiado los documentos del juicio -como hice cuando preparaba la Muerte accidental de un anarquista- y en la conferencia relaté los hechos pertinentes, que en realidad son bastantes absurdos, incluso grotescos. Pero en cierto momento me di cuenta de que estaba hablando en el vacío, por la sencilla razón de que mi audiencia ignoraba no sólo el caso, sino lo que había ocurrido cinco años antes, diez años antes: la violencia, el terrorismo. No sabían nada de las masacres perpetradas en Italia, de los trenes volados, las bombas en las plazas o los grotescos juicios que se han celebrado desde entonces. Lo que resulta terriblemente difícil es que, para hablar de lo que está ocurriendo hoy, tengo que empezar por lo que pasó hace treinta años y luego ir avanzando. No basta con hablar del presente. Y, fíjense bien, esto no ocurre sólo en Italia: lo mismo ocurre en todas partes, en toda Europa. Le he intentado en España y me he encontrado con la misma dificultad; lo he intentado en Francia, en Alemania; aún tengo que intentarlo en Suecia, pero lo haré. Para concluir, déjenme compartir esta medalla con Franca. Franca Rame, mi compañera en la vida y en el arte, que ustedes, miembros de la Academia, citan en su razonamiento de la concesión del premio como actriz y autora, ha intervenido en muchos de los textos de nuestro teatro. En estos momentos, Franca está actuando en un teatro en Italia, pero se reunirá conmigo pasado mañana. Su vuelo llega a mediodía; si quieren, podemos ir todos a recibirla al aeropuerto. Franca tiene un agudo sentido del humor, se lo aseguro. Un periodista le hizo hace unos días la siguiente pregunta: ’Bien, ¿qué siente al ser la esposa de un Premio Nobel? ¿Qué siente al tener un monumento en su casa?’. A lo que respondió: ’No me preocupa, ni lo considero una desventaja en absoluto; llevo mucho tiempo ensayando. Cada mañana hago mis ejercicios: me pongo a gatas, y así me voy acostumbrando a ser el pedestal de un monumento. ¡Y soy bastante buena!’. Como les he dicho, tiene un agudo sentido del humor. A veces incluso dirige su ironía contra sí misma. Sin ella a mi lado, donde ha permanecido ya toda una vida, jamás habría realizado el trabajo que ahora consideran digno de este honor. Juntos hemos planeado y puesto en escena miles de obras, en teatros, fábricas ocupadas, en sentadas en universidades, incluso en iglesias no consagradas, en cárceles y en parques, bajo el sol y la lluvia, siempre juntos. Hemos tenido que soportar abusos, asaltos de la policía, insultos de los bienpensantes y violencia. Y es Franca la que ha padecido la agresión más atroz. Ha tenido que pagar más caro que ninguno de nosotros, con su propia integridad física, la solidaridad con los humildes y los derrotados que ha sido siempre nuestra premisa.

El día en que se anunció que se me iba a conceder el Premio Nobel me encontraba frente al teatro de la Vía di Porta Romana, de Milán, donde Franca, junto con Giorgio Albertazzi, representaba ’El demonio con tetas’. De pronto me vi rodeado de un enjambre de reporteros, fotógrafos y cámaras de televisión. Un tranvía que pasaba por ahí se detuvo inopinadamente, el conductor se bajó a felicitarme, y entonces los pasajeros hicieron lo mismo y se pusieron a aplaudir; todos querían estrecharme la mano y felicitarme?cuando, de pronto, se pararon y, al unísono, gritaron: ’¿Dónde está Franca?’. Empezaron a aullar ’Francaaaa’, hasta que, poco después, apareció. Estupefacta y con lágrimas en los ojos, bajó a abrazarme. En ese momento, como caída del cielo, apareció una banda tocando sólo instrumentos de viento y tambores. Estaba formada por chiquillos de todos los rincones de la ciudad, y resultó que era la primera vez que tocaban juntos. Tocaron Porta Romana bella, Porta Romana a ritmo de samba. Jamás he oído nada más desafinado, pero fue la música más hermosa que Franca y yo hayamos escuchado nunca.

Créanme, este premio es para los dos".


Entrevista a Dario Fo (2001)

Itziar de Francisco, Matin Lopez-Vega

Entrevistar a Dario Fo es convertirse en uno de sus personajes. Su casa es un camarote de los hermanos Marx en el que cada vez coge el teléfono una persona distinta. “Il maestro labora”, dice uno. “Il maestro dorme”, dice el siguiente. Finalmente, “il maestro riposa” y puede atendernos. Lo hace mientras escucha un aria de Rossini: su próximo trabajo como director, en este caso de escena y vestuario en la ópera La Gazzetta, que estrenará el próximo 11 de agosto en el Rossini Opera Festival (Pesaro, del 10 al 24 de agosto). “Perdóneme que esté un poco ido, pero tengo la cabeza en la música”, nos dice.

Música para el trabajo y tinta para escribir sus memorias. “Il maestro” -como le llaman en su entorno-, controvertido premio Nobel de Literatura, también ultima su autobiografía. Fo recuerda y el montón de folios va aumentando. Hijo de un jefe de estación y una campesina, es autor de 47 comedias, tres películas y más de 60 canciones. Ha dirigido 80 obras en los escenarios de todo el mundo, desde la Comedia francesa a la ópera de Pekín, y su carrera ha estado plagada de éxitos y de encontronazos con la censura y el poder oficial.

Un bufón humillado

Cuando en 1997 recibió el Nobel por “emular a los bufones de la Edad Media con sus ataques a la autoridad y por mantener la dignidad de los oprimidos”, confesó que el premio era “una compensación por tantas humillaciones sufridas a lo largo de nuestra vida”. Ahora, más tranquilo, pero no menos inquieto, Fo hace memoria, y la escena se echa a temblar ...

Vida y obra se cruzan en las propuestas escénicas de Fo. Si en la década de los ochenta las luchas sociales centraron obras como Aquí no paga nadie, o Bocinas, trompetas y frambuesas, en los noventa la crítica política cede terreno a la social. Tengamos el sexo en paz o esta Pareja abierta (1983), que ... giran en torno a las contradicciones de la pareja, la lucha de la mujer y los tabúes de la educación sexual en nuestro tiempo.

Un Papa liberal

De lo que siempre ha estado cerca el Premio Nobel es de la subversión y la denuncia que muchas veces le ha hecho sufrir los cortes de la censura. En 1990 estrenó El Papa y la bruja, junto a Rame, en la que Fo interpretaba a un Papa polaco que promulga una encíclica a favor de la liberación de la droga, el uso de anticonceptivos y el retorno de la iglesia a la pobreza. Su concepto del arte como algo “social, político, contra la opresión” ha estado presente en todos sus proyectos.

En 1969 creó un grupo cuyos estamentos recogía como objetivo “ponerse al servicio de las fuerzas revolucionarias para llevar a la clase obrera al poder”. ¿Sigue teniendo actualmente una razón de ser este objetivo?

Por supuesto. Siempre hay que luchar por la idea de la masa al poder. Yo sigo combatiendo a través de mi teatro por los problemas de la salud, de la respirabilidad del aire, la contaminación de los coches, la acústica... Aquí, en Milán, cada día hay tres muertos de cáncer producido por la contaminación atmosférica. Esas son las cosas contra las que hay que luchar: es “la indignación ante la tragedia”.

¿Esa indignación debe ser el verdadero motor del teatro?

El teatro nace del contacto con el público, que es algo muy real. Por eso el teatro jamás debe salirse de la realidad. Como decía un escritor ruso, “Contad, hombres, vuestra historia”. Incluso cuando representas un clásico, Shakespeare, por ejemplo, que habla de cosas “antiguas”, estás hablando de tu tiempo. La humanidad cambia sólo en apariencia. Pero la hipocresía, el racismo... todo eso ha existido siempre y sigue existiendo. Hay cosas que se repiten fastidiosamente, que pueden decirse en vaqueros o con jubón, pero que son las mismas.

¿Qué provoca su indignación a día de hoy?

¿Qué me indigna hoy? Todo lo que es contrario a lo que busco con mi teatro: me indigna la hipocresía, el poder que siempre quiere más poder, el uso de las guerras para imponerse... Me indigna la gente que no se implica. Callar es una forma de colaborar. No entrometerse no quiere decir no participar, aunque es la forma más indigna, más incomprensible, más mansa de hacerlo.

¿Mantiene la esperanza de modificar la realidad con su trabajo?

Uno debe tomar conciencia de las cosas que pasan a su alrededor, y debe ser parte de ellas. Jamás debemos aceptar que “las cosas son como son”. Es necesario dar una dimensión moral a la vida, luchar por cambiar aquello que crees que no está bien.

Implicaciones políticas

Muerte accidental de un anarquista, escrita en el año 70 y su obra más conocida, se basaba en un hecho real: la aparición de un ferroviario anarquista muerto tras un interrogatorio con la policía de Nueva York, que le acusaba de un atentado que causó varios muertos. ¡Pum, pum,! ¿quién es?¡la policía!, y La mueca del miedo son obras que realizó junto a compañías como Nueva Escena o La Comuna -este último, ligado a la izquierda extraparlamentaria a mediados de los 70-. Su implicación política fue la causa de los sucesos de 1973: Franca Rame fue secuestrada y violada por un grupo fascista. Más tarde, Fo fue arrestado y encarcelado en Cerdeña.

¿No hay nada en la realidad digno de su celebración?

Bueno, creo que estamos en tiempo de provocación, no de celebración. Hay que provocar al público, y que éste celebre que se le provoca.

¿El arte que no se compromete no es arte para usted?

El compromiso se puede expresar de muchas formas. El lenguaje de Cézanne, por ejemplo, era otro distinto, pero no se puede decir que no sea comprometido o que no arriesgue. Al principio los críticos se reían de sus obras, y ahora nos reímos de esos críticos.

Ha sido tachado de incómodo, y sus obras de desagradables...

El teatro debe tocar en el espectador aquello que el público no quiere que le toquen, por incómodo, por desagradable. Debe sacar a la superficie las cosas que lleva dentro sin saberlo, o sin querer saberlo. El espectador es como un gato que se deja acariciar, pero al que hay que azuzar de vez en cuando. Al final, siempre lo agradece.

Mi vida ha sido una vida aventurera y llena de peligro, pero de verdad. Y soy feliz de que así haya sido”. Con esta frase Fo resume su viaje vital que comenzó en Sangiano (Italia) en 1926 y que le ha llevado del Premio Nobel a su candidatura a la alcaldía de Milán, pasando por la cárcel. La prisión también fue el destino para algunas compañías españolas que durante el franquismo se atrevieron a representar las obras de Fo. Ese espíritu combativo que ha presidido todos sus actos también estaba presente cuando el Nobel firmó, al poco de serle concedido el Premio, un llamamiento al Gobierno español para que negociase con ETA.

¿Por qué está luchando ahora?

Por lo mismo de siempre. Cambian las cosas concretas (ahora se llama globalización) pero en el fondo es siempre la misma lucha por la dignidad y contra la hipocresía.

¿Se han quedado en el camino metas por cumplir?

Creo que no hay ilusiones no cumplidas. Una reivindicación no es una ilusión, o al menos no debe verse como tal.

Contra la mundialización

"Todavía hay cosas por las que pelear: Hoy por hoy se debe luchar contra el problema horrible de la mundialización, del interés..."

Autor, director, actor, pintor, candidato a alcalde... ¿desde dónde se llega mejor a ese compromiso?

Como ciudadano es como mejor se llega a ese compromiso. Todo lo demás son variaciones, formas de demostrar ese compromiso que uno debe adquirir como ciudadano.

¿Desde la comedia se ve más claramente la tragedia?

La comedia es la forma de expresión más elevada que conozco. Shakespeare era un autor cómico que también escribía tragedias. En Romeo y Julieta, que todo el mundo clasifica como tragedia, hay pasajes cómicos excepcionales. No hay trágico que no sea ante todo un cómico. Quien no ve el lado cómico de la vida no es capaz de comprender completamente su tragedia.

Alguna vez ha comentado que “el oficio del actor es el del ladrón”. ¿Cuál ha sido el mayor triunfo ganado por usted para esta profesión?

No sólo el trabajo del actor es el trabajo de un ladrón, también el del creador. Traduttore, traditore, (traductor, traidor) dice un dístico famoso. Pues no sólo el traductor es un traidor, un ladrón...

El estilo de los clásicos

»De una idea robada surge otra que tal vez sea más eficaz. Es imprescindible estudiar a los clásicos. Esto es algo evidente, pero parece que la gente no lo sabe, ni los críticos tampoco, hay que explicárselo continuamente... Cuando representas un clásico lo estás haciendo con tu estilo, y eso ya es creación. Luego puedes dar un paso más o no darlo. Puedes convertir la Marcha Turca de Mozart en rock, como hace Franco Battiato, o hacer una canción completamente original. Pero si optas por hacer una canción nueva, no puedes olvidarte tampoco de que han existido Mozart y Bach, porque ignorándoles no niegas su existencia, sino el interés de la tuya... No puede haber un buen músico que no haya estudiado a Mozart o un buen dramaturgo que no haya estudiado a Shakespeare.

Fo avisa que se ha acabado la ópera de Rossini y con ella nuestro tiempo. “Il maestro” vuelve a su trabajo, a improvisar situaciones de la vida cotidiana, que es la comedia más trágica que nadie haya escrito.

27/06/2001


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Ovidi 3


Raimon: ‘He hagut de treballar amb hostilitat’


"En la plaza de mi pueblo" de la Cia.Títeres Desde Abajo


Fallece a los 95 años la activista y cantautora catalana Teresa Rebull


Galeano: uno de los nuestros

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