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Anticapitalistes
  
dimecres 28 de setembre de 2016 | Manuel
El post-Podemos: contrapoder o “movimiento popular” a golpe de silbato

Emmanuel Rodríguez

Nosotros o el caos”, este ha sido el título del reciente programa de Fort Apache sobre la “coyuntura española”. En esta tertulia, Pablo Iglesias lamentaba la actual fase de la política parlamentaria como una situación de nulidad, bloqueo e impotencia. Se podrá decir que Pablo se ha caído de un guindo. Pero en honor a la verdad de ese guindo nos hemos caído todos. O por decirlo de manera más precisa, la trampa del “cretinismo parlamentario” (o de sucedáneo de éxito, el “gobernismo”) ha resultado casi mortal para las fuerzas que en su momento apostaron por la vía institucional.

Sin duda, hay quien todavía insistirá —Errejón a la cabeza, pero también Pablo, las mayorías de Podemos y tantos otros— que el límite del ciclo político ha sido no haber “tocado” gobierno, o al menos no haberlo tocado suficientemente. Se nos quiere explicar así, que se carece de suficientes diputados para condicionar al PSOE; que para que haya cambio es preciso protagonizar un “gobierno del cambio”; que el problema de los gobiernos municipales, es que son gobiernos débiles y en minoría; que si dispusieran de mayorías suficientes, otro gallo cantaría. Lo curioso es que esa “impotencia” se produce tras atravesar la mayor crisis política del país desde los años setenta y cabalgar la mayor ola de movilización social también desde esa década.

Sea como sea, para los líderes del partido del cambio el problema sigue estando en el gobierno: el Estado, una vez más, se nos presenta como la única palanca posible o imaginada para una transformación. La izquierda española continúa siendo “estatista”, en todas sus versiones: populista, postcarrillista, neo-socialista. Se cree lo del Estado aun cuando no haya nada a su alrededor (la derecha desde luego funciona con otros criterios) que opere sobre la premisa Estado = monopolio de lo político. Por lo que parece, caerse de un guindo no sólo es traumático, sino también necesario.

Por eso es necesario insistir una y otra vez, que si lo que se pretende son transformaciones reales, la “toma del Estado” es sólo una parte, y no la más importante, de un proceso mucho más complejo. Contraejemplo reciente es el de Syriza. La llegada al gobierno con mayoría holgada, acabó para los helenos en derrota política, manifiesta en la burocratización exprés del partido y, bofetada mediante, la genuflexión repetida a los dictados de la Troika. Quien piense que por mucho que el peso de nuestra economía sea mayor, con Podemos en el gobierno las cosas hubieran ido mejor, debería recordar que la cultura política, la consistencia ética y la capacidad intelectual contenida en Syriza era superior, en muchos enteros, a la reunida en Podemos.

Pero sigamos. Azorados por esta impotencia, todos y ninguno de los líderes del “partido plebeyo” nos llevan meses bombardeando con una nueva consigna: lo llaman “movimiento popular”. Término extraño, “lo popular” en el Estado español suena algo destemplado y extemporáneo. Más allá de las “comidas populares”, de las fiestas de barrio y de las imágenes de “otra gente” (más pobre y con menos estudios) distinta a la de los políticos y activistas de clase media, no se sabe muy bien qué refiere. En cierto modo, el término “movimiento popular” es honesto: refleja la total incapacidad para reconocer los sujetos sociales que podrían dirigir la protesta en este rincón del sur de Europa; refleja nuestra propia indigencia intelectual y política. Y al mismo tiempo constata el mayor déficit del ciclo político reciente, déficit por cierto agravado en este fase de asalto a los cielos.

Y es que la nueva política cuenta con los dedos de una mano las “instituciones”, no populares sino sencillamente de activación política y social, puestas en marcha en estos años. Baste constatar que las Moradas apenas funcionan; que el acceso a las instituciones se ha traducido no en más movimiento social sino en menos, tal y como muestra la disminución paulatina de centros sociales en la ciudad gobernada por Ahora Madrid; que los espacios de nuevo sindicalismo probados en el ciclo 15M (como la PAH y el movimiento por la vivienda, o recientemente los “manteros”) viven al margen cuando no en contra de los partidos del cambio, etc.

Sin embargo, no podemos pensar esta paradoja en términos de contradicción, para la dirección del cambio no la hay. Lo decía sin retruecano alguno, apenas ayer, el siempre claro Íñigo Errejón: “Necesitamos movimientos populares pero no de resistencia, no de queja, sino para apoyar nuestros ayuntamientos”. Para que se entienda bien, necesitamos peña, un ejército activado con el botón del aplausómetro o de la indignación según convenga, que haga realidad el sueño de que estando en la institución, y sólo estando en la institución, se cambian las cosas.

Puede que hoy este debate nos resulte algo abstruso y difícil, pero atraviesa el corazón de la abroncada historia de la revuelta moderna. Así por ejemplo, en la década de 1890, pero sobre todo a partir de 1905, la oleada de huelgas que atravesó Europa con centro en los dos extremos del continente modificó por completo las posibilidades políticas de la época. Este movimiento removió los asientos de las burocracias sindicales y partidarias de la II Internacional, hasta el punto de que pareció posible, de nuevo, hablar de revolución. De aquella oleada de huelgas, surgió la izquierda socialdemócrata, que luego formaría las distintas variantes del comunismo, y sobre todo el sindicalismo revolucionario, cuyos ejemplos más notorios fueron la primera CGT en Francia, la CNT y la fuerza migrante y multinacional de los IWW, los wooblies.

De aquella ola surgió también una institución “popular”, el soviet o consejo, prefiguración de lo que podía ser otra política y otro Estado (sin Estado). Tanto fue el impacto, que quien todavía pasa por padre y santón de los estrategas comunistas, V. I. Lenin, tardó varios meses en asimilar que no sería el partido y la intelligentsia quienes daría los contenidos a la revolución rusa, sino el soviet convertido en su “núcleo popular”. Desgraciadamente, a la luz de los hechos posteriores, tampoco lo entendió muy bien.

El motivo histórico nos plantea pues la tarea: tenemos que buscar y saber encontrar nuestros “soviets”. Estos no van a corresponder con la imagen de grandes fábricas ocupadas y asambleas de miles de obreros. Tampoco parece que, al menos por el momento, vaya a dar lugar a una gran organización social al modo del viejo sindicato revolucionario. Desde luego difícilmente se va a reconocer en partidos improvisados y basados en una estrategia mediática. No obstante, existen fragmentos, embriones, rastros de esa nueva institucionalidad popular en las recientes experiencias de las Mareas, en los grupos de vivienda, en los centros sociales, en los activismos varios, en los experimentos de nuevo sindicalismo, y no sólo estrictamente laboral, en los feminismos, los ecologismos, en la larga trayectoria de los movimientos migrantes, en los sindicatos manteros, y un largo, larguísimo etcétera de realidades de autoorganización extendidas por todo el territorio.

De todas formas, afirmar que sin movimiento no hay política, no supone desprecio alguno a las posiciones institucionales conquistadas, sólo implica que es necesario devolverlas a su verdadero lugar como instrumento de una contra-sociedad en crecimiento, que aspira a ser cada vez más rica e inteligente. Para ello es necesario invertir radicalmente las prioridades: el partido como táctica e instrumento subordinado, el movimiento como estrategia y sujeto político. Desde esta perspectiva, la debilidad de los gobiernos y del partido del cambio, aparece menos como un fracaso que como una oportunidad.

Por primera vez en años tenemos un interlocutor reformista y débil, que golpeado adecuadamente dirigirá su acción allí donde luchas y conflictos lo consideren más útil. La opción parece sencilla: aprovechemos esta ventaja, sin dejarnos contaminar por el espantoso hedor que desprende toda burocracia empeñada en sus luchas internas. Y aprovechémosla sin dejarnos seducir por la imagen deslumbrante de la conquista de un Estado, que sabemos cada vez más impotente, y que si no forma parte de un proceso más amplio y profundo (de un cambio que en cierto modo ha sucedido ya) no servirá más que como purito recambio de élites.

De todo esto y de mucho más hablaremos este domingo en el encuentro municipalista Desborda Madrid.

23/09/16

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Colectivos sociales suspenden a Carmena en el encuentro Desborda Madrid

Este domingo tuvo lugar una convocatoria municipalista, con la asistencia de más de 300 personas, con la idea de organizar una agenda política que permita revitalizar "la fuerza de la protesta en la calle".

Ana Encinas

Los movimientos y colectivos sociales de Madrid se plantean la necesidad de un nuevo ciclo de movilizaciones ante la situación política del municipio. Con esta inquietud se convocó ayer en la Nave Terneras del Matadero el encuentro municipalista Desborda Madrid, promovido desde diversos movimientos que consideran que el cumplimiento del programa electoral de Ahora Madrid pasa por la unión de fuerzas en torno a reclamaciones concretas. Estas actuaciones tendrían el doble objetivo de revitalizar "la fuerza de la protesta en la calle" tras el salto institucional y hacer efectivas las promesas electorales en materias como vivienda, remunicipalización, auditoría ciudadana de la deuda o urbanismo.

La cita congregó en el plenario final a unas 250 personas, si bien desde la organización se estima que a lo largo de la jornada participaron más de 300. El llamamiento se lanzó a nivel individual con la intención de sumar no sólo a los colectivos que ya trabajan en los distintos conflictos municipales, sino también a quien se animase a debatir y hacer propuestas sobre el tipo de ciudad que desea. Entre los asistentes se encontraban integrantes de colectivos y organizciones como Ganemos Madrid –entre ellos los concejales Monsterrat Galcerán, Rommy Arce y Pablo Carmona–, Apoyo Mutuo, Ecologistas en Acción, Podemos, Corazón Verde Chamberí, la Plataforma por la Remunicipalización y Gestión Directa de los Servicios Públicos y Madrid Ciudadanía y Patrimonio, entre otros, así como de sindicatos y trabajadores de las empresas municipales y sus subcotratas.

Hubo además espacio para cuestionar si, efectivamente, la población de Madrid está desmovilizada, y es que la afirmación "la institución hay que moverla desde fuera", por repetida, fue uno de los pilares sobre los que se articuló la mayoría de propuestas de una jornada en la que se incidió reiteradamente en la "necesaria unión de fuerzas" entre distintos colectivos para afrontar temas candentes que forman parte de la agenda política del ayuntamiento. Entre estos temas destacaron la remunicipalización del servicio de recogida de basuras, la gentrificación de barrios, la inminente construcción de un hotel low cost en el barrio de Lavapiés o las acciones de la Empresa Municipal de la Vivienda y el Suelo (EMVS) tras la venta de lotes de viviendas públicas a fondos buitre.

Remunicipalización de servicios públicos

En remunicipalización, el debate comienza por el término. Hay para quien es más preciso hablar de "municipalización, porque hay muchos servicios que directamente han nacido privatizados", según explica una de las participantes en el encuentro. Durante este eje, que se trabajó durante la mañana, hubo espacio para que el personal de las empresas adjudicatarias de la gestión de varios servicios públicos municipales expusiesen su situación de precariedad laboral, a la vez que reclamaban, como mínimo, que la institución obligue a estas empresas a cumplir convenios y contratos. Otras intervenciones fueron más allá, dotando a la reivindicación de una triple perspectiva que conviene unificar: la postura de trabajadoras y trabajadores municipales, la lucha que mantienen las plataformas por los servicios públicos y la línea política que se votó en el programa electoral.

Existió una postura unánime respecto a la actitud que en este asunto se le exige al ayuntamiento: asumir la incertidumbre que traen los procesos de municipalización, afrontando los posibles riesgos políticos en base a una presión social fuerte y organizada. Superar el "no se puede" para romper con determinadas inercias neoliberales que se mantienen en la gestión del Ayuntamiento de Madrid. Revertir el mensaje para seguir denunciando el expolio de los recursos públicos mientras se construye un nuevo marco político y discursivo que tenga la fuerza suficiente para revertir estos procesos y la precariedad que provocan. Un plan de remunicipalización que evite, por ejemplo, que sigan encargándose de la limpieza de la ciudad "las mismas empresas que no limpian Madrid".

Paralelamente, unas 50 personas participaban por la mañana en el eje de vivienda y pobreza energética. En este grupo se denunció la falta de políticas orientadas al fomento del alquiler y la falta de vivienda social. Según distintas intervenciones, con el cambio de gobierno se ha entorpecido la labor de los movimientos sociales que trabajan por el derecho a la vivienda al priorizar desde la institución una línea comunicativa basada en el mantra "en Madrid ya no hay desahucios", que ha terminado por invisibilizar el problema: "No han querido escuchar y nos han mareado de mesa en mesa, perdiendo el tiempo", expusieron.

Los objetivos de este eje pasan por conseguir, de verdad, un Madrid libre de desahucios y de pobreza energética y el impulso de una Iniciativa Legislativa Popular autonómica (ILP) que ponga en el centro la dación en pago y el derecho a al vivienda como solución a la crisis inmobiliaria en vez de la reestructuración de la deuda. También se consideró indispensable la creación de un parque público de viviendas y un censo de pisos vacíos.

Urbanismo, movilidad y el modelo de ciudad

El turno de tarde fue para los ejes centrados en urbanismo/movilidad y la auditoría ciudadana de la deuda, que propiciaron ricos debates en torno a la participación ciudadana, la protección del patrimonio, el apoyo a los centros sociales autogestionados o la transparencia como política preventiva, sobre todo en lo que a operaciones urbanísticas se refiere.En cuanto a la movilidad, se reconoció que "existe buena música, pero poca concreción". Y es que, según se expuso, han existido iniciativas como las mesas de movilidad y bicicleta, pero de momento la reducción de espacios al coche "está en la lista de buenas intenciones".

En urbanismo, en cambio, el diagnóstico es más concreto y otorga relevancia a las operaciones que han levantado una importante oposición ciudadana, como el caso de las cocheras de Cuatro Caminos, el del Taller de Precisión de Artillería (TPA) –ambos en el distrito de Chamberí– y el de Mahou-Calderón.

Leer más: Urbanismo, la primera grieta de Ahora Madrid

La especulación inmobiliaria es uno de los frentes abiertos en esta reivindicación, que se cruza con la protección del patrimonio de la ciudad: propiedades públicas ubicadas en el centro de Madrid que pretenden comercializar en forma de viviendas. Operaciones urbanísticas que son reversibles y que obedecen al modelo de ciudad planteado en 1997, en el marco de la burbuja inmobiliaria y que "no estuvo pensado para hacer de Madrid una ciudad donde convivir". Asimismo, se reivindicó el espacio público como espacio de participación política y el papel de los centros sociales autogestionados como lugares inclusivos de generación de ideas al margen de la actividad institucional.

Deuda ilegítima

La auditoría de la deuda se revela como una importante herramienta, no sólo para destapar casos de corrupción, sino para denunciar el expolio de lo público. La auditoría de los contratos de gestión de servicios públicos es esencial para completar el proceso de remunicipalización y ha empezado con la creación de grupos autónomos de auditoría ciudadana en diferentes distritos de Madrid.

Quienes participaron este eje se preguntaron cómo Madrid ha alcanzado una deuda de 4.500 millones –y que llegó a casi 8.000 millones en la anterior legislatura– y quién es responsable de esta situación. Apuestan por un mecanismo de participación ciudadana que se perpetúe en el espacio y en el tiempo. Grupos articulados desde abajo y que con su trabajo al margen de la institución controlen el agujero financiero y determinen qué parte de esa deuda es ilegítima para, posteriormente, abrir el debate sobre su posible impago.

Hoja de ruta movimentista

La intención de este primer encuentro municipalista era trazar una hoja de ruta consensuada que priorice las necesidades sociales, determine actuaciones concretas y organice la solidaridad entre colectivos para superar la fragmentación. Abrir, en definitiva, una nueva línea de acción popular que alcance objetivos comunes y concretos, buscando el compromiso de los cargos electos que forman parte de un gobierno que se percibe desde un sector de la sociedad como ’tapón al proceso de cambio que comenzó en 2011’.

Con la vista puesta en la próxima cita, ya se plantean nuevos encuentros que incluyan áreas no abordadas: análisis de las decisiones actuaciones en materia de migración, la polémica por el refuerzo policial contra los manteros o las reivindicaciones de los movimientos feministas y LGTBI. Muchas personas sienten la necesidad de desbordar Madrid y han comenzado a organizarse.

26/09/16


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