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diumenge 25 de setembre de 2016 | Manuel
Paul Romer, la economía ‘ortodoxa’ y la realidad

Michael Roberts

[‘Marca España’: mientras nuestro último debate patrio sobre el Banco Mundial giraba en torno a la cuestión de la conveniencia o no de la designación a dedo por un gobierno en funciones de un exministro de industria defraudador fiscal, pillado in fraganti en los Papeles de Panamá, como representante del Reino de España en el consejo de dicho Banco Mundial, su nuevo economista en jefe, Paul Romer (en la foto), desataba una tormenta sobre los fundamentos científicos de los modelos económicos utilizados para explicar la Gran Recesión. Sin duda, el representante posteriormente designado, también a dedo, el ex secretario de estado de economía Fernando Jiménez Latorre, podrá hacer alguna aportación a las críticas de Romer: no en vano fue uno de los máximos responsables de los ‘shocks externos’ que acabaron desencadenando el rescate de la banca española: los reales decretos Guindos I y II, cuyo objetivo declarado era ‘mantener la confianza de los inversores’ en la deuda soberana por el método de aumentarla en 40.000 millones de euros. SP]

Paul Romer es uno de los principales economistas ‘ortodoxos’. Romer acaba de ser nombrado economista jefe del Banco Mundial. El presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim describió el nombramiento de Romer con entusiasmo: "Estamos encantados de tener un economista de la talla de Paul Romer con nosotros (…) Estamos más que entusiasmados con su profundo compromiso con la lucha contra la pobreza y la desigualdad y la búsqueda soluciones innovadoras que podamos aplicar a escala". Para una revisión crítica de las ideas de Romer y su posible influencia en el Banco Mundial, ver esta nota del blog de la New School Economic Review.

Por lo tanto, es una gran noticia entre los economistas convencionales que Romer haya publicado este mismo mes un documento de trabajo en el que destroza toda la base de la macroeconomía (es decir, el análisis de una economía en su conjunto), tanto la versión neoclásica como la keynesiana, en lo que parece ser una despedida de sus compañeros académicos (leo16_romer). Esto es lo que dice en su introducción al articulo, El problema de la macroeconomía, "Desde hace más de tres décadas, la macroeconomía ha ido hacia atrás. ... Los teóricos de la macroeconomía descartan meros hechos al fingir una ignorancia obtuso ... Sus modelos atribuyen las fluctuaciones en las variables agregadas a fuerzas causales imaginarias que no están influenciadas por la acción individual ... un fallo general al hacer ciencia que se desencadena cuando el respeto por líderes de gran prestigio se transforma en una deferencia a la autoridad que desplaza a los hecho objetivos de su posición como el principal factor determinante de la verdad científica".

La crítica de Romer refleja las críticas expresadas por los economistas heterodoxos y marxistas durante décadas. Por ejemplo, ver el excelente libro de Steve Keen, Desmontando la economía, que denuncia los supuestos falaces y el enfoque de la economía dominante (aquí); o, más recientemente, la crítica de Ben Fine de la micro y la macroeconomía (aquí). Ahora, además, tenemos a un economista ‘ortodoxo’ tan importante como Paul Romer rechazando el enfoque y los métodos que él y otros han enseñado en todos los departamentos de economía de las universidades de todo el mundo.

Romer comienza por un ataque a la explicación de las crisis en el capitalismo como el resultado de "choques exógenos” de un proceso intrínsecamente armónico de crecimiento económico. "Los macroeconomistas se acostumbraron a la idea de que las fluctuaciones de los agregados macroeconómicos son causadas por choques imaginarios, en vez de por acciones que la gente lleva a cabo". El gran economista de modelos basados en esos choques fue el ganador del premio Nobel Edward Prescott. En 1986, calculó que el 84% de la variabilidad de la producción (las crisis) se deben a ’shocks’ de tecnología, a pesar de que otros encontraron estimaciones de que "toda la serie de las estimaciones de Prescott, que se suponían con una capacidad de acierto del 80%, en realidad deben reducirse a un ¡0.003% , 0.002% y 0%"! (Romer).

Por "imaginario" se entiende que la economía dominante simplemente inventa posibles causas exógenas de las crisis, ya que no quiere admitir que las crisis podrían ser endógenas. Estos choques exógenos imaginarios se vuelven cada vez menos realistas. Como dice Romer, la "defensa habitual invoca la afirmación metodológica de Milton Friedman (1953) de una autoridad sin nombre de que "cuanto más significativa sea la teoría, menos realistas son sus supuestos” (p.14)". Romer añade, "Últimamente se suele decir que ‘todos los modelos son falsos’, lo que parece haberse convertido en la moda universal para descartar cualquier hecho que no se ajuste al modelo que sea en ese momento el favorito."

A lo que este enfoque conduce es a que no podemos identificar adecuadamente lo que causa un cambio económico. Si se continua añadiendo posibles "shocks imaginarios” para explicar los cambios bruscos de una economía, "cuanto más variables más difícil es identificar el problema". Como Romer señala, "resolver el problema de la identificación significa analizar hechos con valores de verdad que se puedan evaluar; sin embargo, las matemáticas no pueden establecer el valor de verdad de un hecho. Nunca lo han hecho. Nunca podrán hacerlo".

El análisis de los hechos ha dado paso a la pureza de los modelos matemáticos y la búsqueda de la verdad ha dado paso a la deferencia a la autoridad. “Ya que la orientación de la autoridad puede alinear los esfuerzos de muchos investigadores, la conformidad con los hechos no es necesaria a partir de ese momento como un dispositivo de coordinación. Como resultado, si los hechos refutan la visión teórica aprobada oficialmente, se les subordina. El progreso en la disciplina es juzgada por la pureza de sus teorías matemáticas, según lo determinado por las autoridades".

Romer llega a la conclusión de que "el desconocimiento de los hechos tiene que ser entendida como una opción". En otras palabras, la economía dominante se ha quedado atascada en una defensa ideológica del status quo y de la "sabiduría convencional", para usar el término de Keynes y JK Galbraith. La defensa del capitalismo y el orden dominante es más importante que la búsqueda de la verdad.

Romer está de acuerdo en que el economista neoclásico Robert Lucas tenía un punto de razón cuando defendía que los modelos económicos keynesianos "se basan en la identificación de supuestos que no son creíbles". Y que las "predicciones de los modelos keynesianos, la predicción de que un aumento en la tasa de inflación causaría una reducción en la tasa de desempleo, han demostrado ser equivocadas". Pero Romer también cuestiona al propio Lucas con su ahora (infame) cita de 2003 de que “la macroeconomía en este sentido original ha tenido éxito: su problema central de cómo prevenir las depresiones ha sido resuelto, a todos los efectos prácticos, y de hecho se ha resuelto desde hace muchas décadas” (aquí). Como Romer escribe, "si utilizamos la pérdida mundial de producción como medida, la crisis financiera de 2008-9 muestra que la predicción de Lucas es un fracaso mucho más grave que su predicción de que los modelos keynesianos estaban equivocados".

El problema con la crítica de Romer es que en realidad acepta la idea de "shocks" externos al crecimiento endógeno de la acumulación de capital como la causa de las ‘fluctuaciones’ o crisis en el capitalismo. Los suyos sólo son distintos. La principal queja de Romer es que los modelos macro convencionales, al estar vinculados a los modelos neoclásicos de expectativas racionales y suposiciones poco realistas como la "competencia perfecta", no puede dar cuenta de ’choques’ causados por las políticas monetarias. Y son esos cambios los que causan ’fluctuaciones’. Cita como ejemplo que si un banco central eleva su tasa de interés de manera espectacular, por ejemplo 5% en puntos, como el presidente de la Fed Paul Volcker hizo en la década de 1980, causará una depresión. Así que las políticas monetarias sí importan. Esta es su prueba de fuego para el papel del dinero y los bancos centrales.

Ningún economista heterodoxo o marxista negaría el papel del dinero y del crédito en el circuito de la acumulación de capital, pero eso no significa que las medidas de política monetaria sean la principal causa de las crisis. ¿Paul Volcker provocó la recesión "doble” de 1980-2 por su intento de reducir la elevada inflación a finales de 1970? ¿O hubo causas "endógenas" que provocaron el muy bajo nivel de rentabilidad de las empresas a finales de la década de 1970, lo que dió lugar a un colapso de la inversión?

Brad Setser, economista de derechas, señala Romer, parece aceptar que la opinión dominante de que hay algún tipo de equilibrio natural de la tasa de interés que determina cuando una economía está creciendo ’bien’, con pleno empleo y sin inflación. Pero esa tasa de interés ’wickselliana’ es tan ’imaginaria’ como los ’choques’ neoclásicos que Romer critica. "Romer… afirma que la tasa de interés real es una medida útil de la orientación de la política monetaria, y no lo es, ni siquiera se acerca. Todos los indicadores tradicionales son imprecisos. Después de todo, la tasa de equilibrio de Wicksell no puede ser observada directamente. Hay que mirar a los resultados".

Como Setser señala, al criticar la posición ridícula de Robert Shiller, el economista conductista ‘ortodoxo’, "Shiller parece no darse cuenta de que es normal que la economía sea débil durante los períodos de bajas tasas de interés, y fuerte durante los períodos de altas tasas de interés. Él parece suponer lo contrario. De hecho, las tasas de interés son generalmente bajas precisamente durante esos períodos en que la curva de inversión se ha desplazado hacia la izquierda (es decir, hacia abajo). El error de Shiller es como si alguien se asombrara de que el consumo de petróleo fue bajo durante el año 2009 ‘a pesar de’ los bajos precios del petróleo". La causa de la crisis radica en la caída de la inversión, que induce a menores tasas de interés, y no viceversa.

Sin embargo, Romer ha alarmado a los principales economistas keynesianos tradicionales como Simon Wren-Lewis. Después de haber pasado la mayor parte del último mes escribiendo notas en su blog defendiendo que el nuevo líder de izquierda del Partido Laborista británico, Jeremy Corbyn, era un perdedor y que no tenía ninguna esperanza de ganar una elección (abandonando el consejo asesor de Corbyn en consecuencia), ahora trata de defender los modelos económicos convencionales criticados por Romer.

Wren-Lewis argumenta que Romer estaba anticuado en su crítica y que los últimos modelos (DSGE) tratan de incorporar el dinero y los defectos de una economía: "La macroeconomía tiene que utilizar toda la información fáctica que pueda obtener para parametrizar sus modelos. Macroeconomistas respetados (podrían) argumentar que debido a estos microfundamentos problemáticas lo mejor es hacer caso omiso de algo así como la rigidez de precios (salarios) (un argumento keynesiano clave para una economía atrapada en una recesión - MR) al hacer política económica: un argumento que sería risible fuera de los tribunales de tesis en cualquier otra ciencia. En ninguna otra disciplina podría haber un debate sobre si es mejor modelar lo que se puede micro basar en vez de hacer modelos de lo que se puede ver. Otros economistas entienden esto, pero muchos macroeconomistas todavía piensan que todo esto es bastante normal". En otras palabras, hay macroeconomistas y macroeconomía buenas y malas y no hay que tirar al bebé con el agua sucia del baño.

Romer no ha tardado en contestar en una actualización de su ensayo que "Si sabemos que el modelo RBC (Lucas) no tiene sentido, ¿por qué se deja como el núcleo del modelo DSGE (keynesiano)? Esos shocks flogistos (imaginarios) todavía están allí. Ahora se mezclan junto con un montón de otros choques inventados. Por otra parte, no veo ninguna razón para tener confianza en lo que vamos a aprender si algún económetra añade ’precios rígidos’ y luego hace unas pruebas en el modelo para ver si los choques son más o menos importantes que los precios rígidos. La esencia del problema de identificación es que los datos no dicen cúal es la causa. El económetra decide por su cuenta cual será". En otras palabras, los modelos DSGE tipo keynesiano están tan lleno de trucos econométricos y suposiciones poco realistas (aquí) como los modelos neoclásicos, no monetarios.

El periodista de izquierda Paul Mason escribió un artículo sobre la crítica de Romer, destacando que "el enorme mea culpa de Romer en nombre de la economía dominante es una señal de que, después de décadas de caza de trolls y duendes como la causa de las crisis, el mundo académico tiene ahora que comenzar a buscar la causa de la inestabilidad en el interior del sistema, no fuera de él". Tal vez, aunque no soy tan optimista como él de que la teoría económica convencional analice el mundo económico de forma más realista que ideológica a partir de ahora. Marx pensaba que después de los economistas clásicos, la economía política se convirtió en economía ’vulgar’, a saber, una apología del capitalismo y la dominación del capital. No espero que esto cambie porque sigue siendo la tarea de la economía convencional.

Mason señala que Marx también intentó desarrollar modelos matemáticos que ayudasen a explicar la economía, pero no tuvo éxito. Eso no significa que no sea posible utilizar modelos matemáticos, siempre y cuando se basen en supuestos realistas y sean probados empíricamente. Pero no estoy seguro de que Mason tiene razón al afirmar que tales modelos se basarán en "grandes simulaciones, basadas en agentes, en las que millones de personas virtuales tomen decisiones al azar conducidos por impulsos irracionales - como el sexo y el altruismo - no sólo la búsqueda de la riqueza", signifique lo signifique todo eso.

En mi libro, La Larga Depresión, se argumenta que la economía marxista se basa en el método científico. Se empieza con una hipótesis que tiene unas asunciones realistas que han sido ’abstraídas’ de la realidad y luego construye un modelo o establece un conjunto de leyes que puedan ser probadas con evidencias. El modelo puede usar las matemáticas para afinar su precisión, pero al final son las evidencias las que deciden. Por otra parte, la macroeconomía es el mundo de los agregados, no de la conducta individual. Lo que proporciona datos cuantificables para probar una teoría (aquí).

Romer termina con un llamamiento para volver al método científico. "Los científicos se comprometen en la búsqueda de la verdad a pesar de que se den cuenta de que la verdad absoluta nunca se revela. Todo lo que pueden esperar es un consenso que establezca la verdad de una aserción en el mismo sentido amplio que el mercado de valores establece el valor de una empresa. Se puede ir por mal camino, tal vez durante largos períodos de tiempo. Pero con el tiempo, se tiene que volver a la realidad empujado por los críticos que tienen libertad para desafiar el consenso y por los partidarios del consenso que todavía creen que los hechos importan. A pesar de sus defectos evidentes, la ciencia ha sido muy eficaz a la hora de producir conocimiento útil. También es una forma especialmente benigna para coordinar las creencias de un gran número de personas, la único que ha establecido un consenso que se extiende a millones o miles de millones de personas sin el uso de la coacción".

Es cierto, pero no espero que la economía dominante pueda ser "empujada de nuevo a la realidad".

sinpermiso, thenextrecession


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