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diumenge 18 de setembre de 2016 | Manuel
G-20: De China a Marte

Michael Roberts

La reunión del pasado fin de semana de los jefes de Estado de las 20 economías más importantes del mundo (G-20) en la localidad china de Hangzhou llegó a la conclusión de que la economía mundial todavía tiene problemas. El FMI calcula que 2016 será el quinto año consecutivo de un crecimiento global por debajo de la media del 3,7% registrada en el período de 1990 a de 2007.

Y justo antes de la cumbre del G-20, el FMI emitió un informe con una previsión de crecimiento aún más débil (aquí). "La alta frecuencia de datos apunta a un crecimiento más débil este año, especialmente en las economías avanzadas del G-20, mientras que el rendimiento de los mercados emergentes será más heterogéneo". Y continua: "El panorama global sigue siendo limitado, con una dinámica de crecimiento a largo plazo desfavorable y con disparidades de ingresos nacionales que suponen nuevos desafíos para los gobiernos. Los desarrollos recientes, incluyendo una inflación muy baja, junto con la desaceleración del crecimiento del comercio y de la inversión, confirman ampliamente el modesto ritmo de la actividad global. La disminución de la inversión, agravada por los problemas de sobreendeudamiento del sector privado y los problemas de balance del sector financiero en muchos países, la tendencia a un crecimiento débil de la productividad, así como factores demográficos pesan sobre las perspectivas de crecimiento a largo plazo, lo que reduce aún más los incentivos para la inversión, a pesar de las tasas de interés históricamente bajas. Un período de bajo crecimiento que ha dejado de lado a muchas personas de bajos ingresos, que ha aumentado la ansiedad sobre la globalización y empeorado el clima político para las reformas. El riesgo de decrecimiento sigue dominando".

la directora del FMI, Christine Lagarde, también escribió en su blog que "un crecimiento global débil, que interactúa con un aumento de la desigualdad, está alimentando un clima político en el que las reformas se estancan y los países recurren a políticas orientadas hacia el interior. En una amplia muestra representativa de las economías avanzadas, los ingresos del 10 por ciento se incrementaron en un 40 por ciento en los últimos 20 años, mientras que el crecimiento ha sido muy modesto en la parte inferior. La desigualdad también se ha incrementado en muchas economías emergentes, aunque el impacto en los pobres a veces se ha visto compensado por un fuerte crecimiento de los ingresos en general" .

Bajo crecimiento, elevada deuda, débil productividad y aumento de la desigualdad: esa es la historia de la economía mundial desde el final de la Gran Recesión en 2009.

¿Qué sugiere el FMI a los líderes del G-20 para salir de esta deprimente situación? En primer lugar, un mayor apoyo a la "demanda". Pero la política monetaria (cero o tasas de interés negativas y la impresión de dinero) no están funcionando. Por lo tanto, ha llegado la “hora de impulsar la inversión pública y mejorar las infraestructuras". Pero el mundo necesita más "reformas estructurales" neoliberales, como la desregulación de los mercados laborales y de productos, el recorte de los planes de pensiones, etc., con el fin de aumentar la rentabilidad. Pero también se debería reducir la desigualdad a través de mayores beneficios básicos y una mejor educación para los trabajadores con salarios bajos. Así que necesitamos más globalización, más comercio mundial, más reformas neoliberales y menos desigualdad. ¡A ver como reconcilian eso!

Una idea que dominó la reunión del G-20 fue la necesidad de impulsar el comercio mundial y apoyar la "globalización". Como he expuesto con frecuencia, el crecimiento del comercio mundial ha sido pésimo y es una importante característica de la Larga Depresión desde 2009.

Pero lo peor para el capitalismo mundial, y el imperialismo estadounidense en particular, es que ha habido una tendencia cada vez mayor a distanciarse de la "globalización" (libre comercio de bienes, servicios y flujos de capital para las grandes empresas). Los acuerdos comerciales de la Organización Mundial del Comercio están bloqueados y los grandes acuerdos regionales como TTP y TTIP están en grave peligro. En todas partes, los gobiernos están bajo presión para bloquear nuevas ofertas e incluso revertirlas (por ejemplo, Trump en relación con el TLC). Lagarde pidió un renovado apoyo a la globalización y el neoliberalismo ahora bajo ataque.

Los chinos están particularmente preocupados porque el crecimiento del comercio mundial es vital para sus exportaciones y su modelo económico impulsado por la inversión. El presidente de China, Xi Jinping, fue especialmente claro a la hora de pedir más comercio e inversiones. "Deberíamos convertir el grupo G-20 en un equipo de acción, en lugar de una tertulia", dijo.

Mientras tanto, persiste el optimismo sobre una recuperación económica mundial real. Gavyn Davies, en el FT, ha defendido recientemente que su consultora de previsiones Fulcrum cree que esta en marcha un repunte económico mundial (aquí). Sin embargo, este fin de semana, era un poco menos optimista (aquí). "En agosto, no hemos tenido ninguna confirmación de que esté ganando impulso un relanzamiento cíclico. Pero ni ha habido un descenso significativo de la actividad: Todavía está por ver que pasará".

A principios de año, muchos economistas convencionales estimaban que China y otras economías emergentes ’’iban desacelerando y arrastrarían el resto del mundo con ellas. No estuve de acuerdo entonces (aquí). El optimismo sobre la recuperación recayó en los EE.UU. e incluso Europa.

Sin embargo, a medida que avanzamos en la última parte de 2016, se ha hecho evidente que la economía de Estados Unidos se ha ralentizado aún más y que Europa no ha logrado recuperarse en absoluto. Así que el optimismo ha vuelto de nuevo a depositarse en las principales economías emergentes. Como los economistas de la empresa de contabilidad Deloitte del Reino Unido han escrito hoy (aquí): "La tendencia a la baja de la actividad de los mercados emergentes parece haber llegado a su fin. Se espera que el crecimiento se acelere en 2017. Se prevé que la India crezca un 7,6% el próximo año, la mayor tasa de crecimiento de cualquier economía importante. Brasil y Rusia tienden a salir de la recesión. Se espera que el crecimiento de China se debilite, con una previsión del 6,2% en 2017, todavía mucho más alto que los promedios globales. Fundamentalmente, el riesgo de un "aterrizaje duro" de la economía china ha casi desaparecido".

Así que es hora de volver al futuro con los llamados BRICs y que abran el camino para salir de la depresión. Ya veremos.

Hablando de volver al futuro, una de las propuestas políticas más importantes de los economistas convencionales ha sido que los gobiernos aumenten el gasto público en infraestructura (construcción de carreteras, ferrocarril, puentes, centrales eléctricas, telecomunicaciones, etc.) para conseguir relanzar las economías. Hasta ahora, han sido ampliamente ignorados por los gobiernos que tratan de reducir los déficits presupuestarios con recortes en el gasto público o por la presión de los altos niveles de deuda pública.

La última propuesta en este campo ha venido de los economistas del Departamento de inversiones en Australia, de Macquarie (aquí). ¿Por qué no colonizar Marte? "No es tan loco como parece" escriben Viktor Shvets y Chetan Seth del equipo de renta variable global de Macquarie. "Un programa gigante de colonización de Marte crearía una vasta industria, intensiva en capital, que se extendería por el mundo, crearía puestos de trabajo, y resolvería el problema de la productividad de la economía global".

Por si no se habían enterado, la economía mundial no está creciendo a una velocidad suficiente porque hay un "declive de los rendimientos de la inversión". Así que lo que tenemos que hacer es iniciar un amplio programa público para colonizar Marte, similar al programa espacial de la década de 1960 bajo Kennedy para colocar un hombre en la Luna.

Curiosamente, los economistas de Macquarie no están interesados en un programa de inversión global para ayudar a los más pobres de este mundo; para tratar de resolver el desastre ambiental global o para impulsar la educación, la sanidad o las infraestructuras básicas en los países más pobres de la Tierra. No, eso no es tan útil (rentable) como invertir en otro planeta para obtener una mejora de la rentabilidad de las inversiones.

La solución Macquarie es el último grito de la política económica keynesiana (en breve "keynesianismo de guerra”). Es la idea de que hay un montón de capital disponible, pero no existen ‘oportunidades de inversión’ (aquí) debido a la falta de demanda. Así que la guerra o el espacio puede ofrecer una salida.

Los economistas de Macquarie piensan que la enorme inyección de dinero y de crédito en activos financieros, que ha empujado las tasas de interés hasta cero o menos aun es lo que ha provocado los bajos rendimientos. Pero que los bajos rendimientos del capital sean generados por un exceso de capital, es una teoría marginalista neoclásica (que Keynes defendió). Pero es confundir capital ’ficticio’ con capital productivo (aquí).

El punto de vista marxista es diferente. La inversión productiva no se produce porque haya ’demasiado capital y baja demanda’, sino debido a la poca plusvalía o baja rentabilidad del capital productivo (aquí). Y la baja rentabilidad no se recuperará gracias al gasto público de un programa espacial. Por el contrario. En la década de 1960, el programa espacial fue posible debido a la alta rentabilidad (no baja) del sector capitalista. Por lo tanto, lo que los gastos improductivos hicieron, sin duda, fue desarrollar nuevas tecnologías y empleo para muchos, porque eran asequibles. Esto es lo opuesto de lo que ocurre ahora. No hay salida por Marte.

5/9/2016

thenextrecession, sinpermiso


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