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dissabte 23 de juliol de 2016 | Manuel
Cuando respirar mata: Los niveles de contaminación superan las recomendaciones internacionales.

Miguel Ángel Ceballos

En el Estado español, y en Europa, se respira un aire contaminado que supera las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. Otro año más, Ecologistas en Acción publica un informe que arroja resultados preocupantes sobre el estado del aire y las sustancias que respiramos.

En los últimos años, la práctica totalidad de la población española y europea respira aire contaminado, lo que incumple los estándares recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta situación ha sido puesta de manifiesto por la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) y, en nuestro país, por los informes anuales sobre la Calidad del Aire en el Estado español que, desde hace una década, viene publicando Ecologistas en Acción.

Las últimas estimaciones de la AEMA y la OMS sobre la repercusión sanitaria de la contaminación atmosférica son muy preocupantes. Elevan en el año 2012 hasta 450.000 las muertes prematuras en los países europeos por la mala calidad del aire, 432.000 por exposición a partículas inferiores a 2,5 micras de diámetro (PM2,5), 75.000 por los niveles de dióxido de nitrógeno (NO2) y 17.000 por exposición a ozono. En España, las víctimas de la contaminación serían alrededor de 30.000 al año, 25.500 por partículas PM2,5, 5.900 por dióxido de nitrógeno y 1.800 por ozono, lo que supone un aumento muy importante frente a los 16.000 fallecimientos prematuros anuales que se estimaban hace apenas una década.

En 2015, se ha producido un aumento general de los niveles de contaminación de partículas en suspensión (PM10 y PM2,5), dióxido de nitrógeno, ozono troposférico y dióxido de azufre (SO2), el primero desde el inicio de la crisis económica en 2008. Al margen de la coyuntura meteorológica, caracterizada el año pasado por una mayor estabilidad atmosférica, hay señales preocupantes que advierten de que podemos estar asistiendo a un cambio de tendencia, tras años de reducción de los contaminantes clásicos (partículas, dióxido de nitrógeno y dióxido de azufre: el repunte del tráfico por carretera (el consumo de combustibles de automoción en 2015 fue superior al de los tres años anteriores), el fraude en los sistemas de certificación de las emisiones de los automóviles (conocido a partir del escándalo Volkswagen) y el aumento de la producción eléctrica en centrales térmicas de carbón, petróleo y gas, a costa de las energías renovables

Los actuales niveles de contaminación asociados a partículas, dióxido de nitrógeno y dióxido de azufre son muy inferiores a los registrados hace sólo diez o veinte años. También son inferiores a los que sufren otras regiones del planeta como el sudeste asiático o Latinoamérica, donde las concentraciones de partículas se multiplican, varias veces, a las ya insalubres que respiramos en Europa o España.

Aun así, la mejora de los conocimientos científicos sobre contaminación y salud y los efectos acumulativos, sobre una población históricamente castigada por la polución en general (no sólo atmosférica), explicarían en parte la tendencia al alza de las evaluaciones oficiales de daño sanitario.

Otro factor a considerar sería la incertidumbre sobre la representatividad de las evaluaciones oficiales de la calidad del aire, sesgadas en nuestro país por la reubicación de decenas de antiguos medidores orientados al tráfico hacia localizaciones suburbanas o rurales.

El ozono troposférico

En parte, como consecuencia inesperada de esta reubicación de las estaciones urbanas conflictivas, lejos del tráfico, tenemos en España el contaminante que presenta una mayor extensión y afección a la población. Ese contaminante es el ozono troposférico, cuyos niveles se mantienen en los últimos años estacionarios o incluso al alza.

Se trata de un problema específico de la Europa mediterránea, dado que el ozono “malo” (llamado así por contraste con el de la estratosfera) se forma en verano cerca de la superficie terrestre. Se produce por efecto combinado de la radiación solar y las emisiones de óxidos de nitrógeno e hidrocarburos volátiles de la combustión de carbón, petróleo o gas en centrales eléctricas, vehículos y calderas urbanas e industriales. Otra característica particular de la química del ozono es que éste se acumula a una cierta distancia de las fuentes de sus precursores, por lo que paradójicamente afecta mucho más a las zonas rurales y periurbanas que a las ciudades.

Por todo ello, la evolución al alza de la contaminación por ozono parece ser consecuencia, en primer término, de la tendencia al incremento en verano de las temperaturas medias y de las situaciones meteorológicas extremas (olas de calor), resultado del cambio climático. Estando mediatizada también por el cambio de relación entre dióxido y monóxido de nitrógeno en las emisiones del tráfico, que está elevando los niveles de ozono en áreas antes “libres” de este contaminante como los centros peatonalizados de las ciudades grandes y medias. Un último factor que contribuye a complicar el comportamiento de este contaminante son los desplazamientos de masas de aire contaminado, en nuestro país, por ejemplo, entre la Comunidad de Madrid y Castilla y León, Castilla-La Mancha y Extremadura.

Para completar el esbozo de la situación actual de la calidad del aire, hay que resaltar que está aumentando la preocupación por los elevados niveles del cancerígeno benzopireno, el único contaminante que en Europa se ha incrementado en la última década, como advertía el último informe de la AEMA. La medición de este contaminante y de las partículas PM2,5 es hoy por hoy completamente insuficiente en España, no obstante se están detectando niveles elevados que afectan a millones de personas en Andalucía, Asturias, Cataluña, Navarra, las ciudades de Santander, Valladolid, Valencia y Madrid o la comarca de Puertollano.

El cancerígeno benzopireno

Frente a este panorama general, las autoridades europeas, estatales y autonómicas se han esforzado más por ‘edulcorar’ y ocultar la realidad que por adoptar medidas eficaces para reducir la contaminación. Así, los cambios normativos de la última década han ido dirigidos a relajar los estándares legales y los plazos para su cumplimiento, cada vez más alejados de las recomendaciones de la OMS. Por ejemplo, el límite legal anual específico para las partículas PM2,5 es el doble que el existente en Estados Unidos y 2,5 veces superior al recomendado por la OMS; y el límite legal anual del cancerígeno benzopireno (α-benzopireno) es ocho veces superior a la recomendación de la AEMA, en base a los estudios de la OMS.

La información a la ciudadanía no es ni adecuada ni ajustada por la gravedad del problema. Las frecuentes superaciones del umbral de información establecido para el ozono se acompañan en el mejor de los casos de avisos rutinarios a la población para que se autoproteja, sin medidas preventivas adicionales. En muchas ocasiones, dichos avisos se producen a posteriori, se realizan por medios de escasa difusión o no llegan a producirse. En general, las autoridades tienden a trivializar estas situaciones ‘punta’, así como la contaminación estructural, lesionando el derecho a la salud de los grupos de población más sensibles (niños y niñas, mujeres gestantes, personas mayores o con enfermedades respiratorias y cardiovasculares).

Mejora de la calidad del aire

Por otro lado, los Planes de Mejora de la Calidad del Aire, obligatorios según la legislación vigente y responsabilidad de comunidades autónomas y ayuntamientos, en muchos casos no existen, y en otros apenas si tienen efectividad por falta de voluntad política. Así, el Estado español acumula una década de retraso en la elaboración y aplicación de los planes de reducción de ozono troposférico en las zonas en las que se viene superando el objetivo legal desde el trienio 2003-2005.

Al mismo tiempo, los Planes de Mejora de la Calidad del Aire adoptados en las ciudades de Madrid, Barcelona, Valencia o Granada han resultado hasta la fecha inoperantes para reducir los elevados niveles de dióxido de nitrógeno que sufren por efecto del denso tráfico urbano e interurbano. El Plan Aire, aprobado hace tres años por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente apenas ha tenido desarrollo.

Las principales vías de actuación para reducir la contaminación del aire pasan por:

- la disminución del tráfico motorizado,

- la reducción de la necesidad de movilidad y la potenciación del transporte público (en especial el eléctrico).

- Es necesario además dar facilidades al peatón y la bicicleta en las ciudades.

- Para mejorar el aire de las zonas industriales la mejor estrategia es la adopción generalizada de las mejores técnicas disponibles y la reducción drástica de la generación eléctrica por centrales térmicas, cerrando las que utilizan carbón.

Miguel Ángel Ceballos, Área de Calidad del Aire de Ecologistas en Acción. Revista Ecologista nº 89.

ecologistas en accion


La calidad del aire en el Estado español durante 2015

- Cerca de 46 millones de personas respiraron aire contaminado durante 2015 en el Estado español.
- El informe anual de calidad del aire de Ecologistas en Acción que se presenta hoy concluye que el 99% de la población y el 95% del territorio estuvieron expuestos a unos niveles de contaminación que superan las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.
- La coyuntura meteorológica, el repunte del tráfico, el fraude en las emisiones de los automóviles y la apuesta gubernamental por las energías sucias en detrimento de las renovables, entre las causas de un problema que afecta a la salud de la ciudadanía, pero también a los cultivos y espacios naturales.

El informe elaborado por Ecologistas en Acción analiza los datos recogidos en 700 estaciones oficiales de medición instaladas en todo el Estado español. Presenta datos exhaustivos de la calidad del aire, por comunidades autónomas y por sustancias contaminantes.

Entre sus principales conclusiones, destacan:

- En 2015, se ha producido un aumento general de los niveles de contaminación de partículas en suspensión (PM10 y PM2,5), dióxido de nitrógeno (NO2), ozono troposférico (O3) y dióxido de azufre (SO2), el primero desde el inicio de la crisis económica en 2008, lo que explica el sensible empeoramiento de la situación y la mayor población y territorio afectados.

- El informe de Ecologistas en Acción toma como referencia los valores máximos de contaminación recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el objetivo a largo plazo para proteger la vegetación establecido por la Unión Europea. De acuerdo a esos niveles, el aire contaminado afectó en 2015 a 45,9 millones de personas en el Estado español, el 99% de su población, así como a 478.000 kilómetros cuadrados, el 95% del territorio.

- Si se toman los valores límite establecidos por la normativa española y europea, más laxos que las recomendaciones de la OMS, la población que respira aire contaminado por encima de los valores legales es de 18,5 millones de personas, un 40% del total y tres millones de afectados más respecto a 2014; es decir, dos de cada cinco españoles respira aire que infringe los límites que marca la ley. Y la superficie expuesta a niveles de contaminación que dañan la vegetación alcanza 322.000 km2, un 64% del Estado español y 60.000 km2 más que en 2014; en otras palabras, casi dos tercios del territorio español soportan una contaminación atmosférica que incumple los estándares legales vigentes para proteger los cultivos y los ecosistemas naturales.

- La principal fuente de contaminación en áreas urbanas, donde se concentra la mayor parte de la población, es el tráfico rodado. En determinadas áreas fabriles y en el entorno de las grandes centrales termoeléctricas de carbón y otros combustibles fósiles son estas fuentes industriales las que condicionan de manera decisiva la calidad del aire.

- El ozono troposférico es el contaminante que presenta una mayor extensión y afección a la población, con unos niveles que se mantienen estacionarios o incluso al alza. Esto se debe al incremento de las temperaturas medias y de las situaciones meteorológicas extremas (olas de calor) durante el verano, como resultado del cambio climático. Durante el año 2015 los niveles de ozono aumentaron por el incremento del calor respecto a los de 2014, salvo en la cornisa cantábrica, de manera que la mayor parte de la población y el territorio españoles han seguido expuestos a concentraciones de ozono perjudiciales para la salud humana y vegetal.

- Las partículas (PM10 y PM2,5), el dióxido de nitrógeno (NO2) y el dióxido de azufre (SO2) en el aire afectan a más de cuatro quintas partes de la población del Estado. Siguen, por tanto, siendo una seria amenaza para la salud, más ahora que durante el año pasado se interrumpió la tendencia a la baja de estos contaminantes que se inició en 2008, con la crisis económica.

- Aunque el aumento de la contaminación del aire es consecuencia en primera instancia de la coyuntura meteorológica, caracterizada por una mayor estabilidad atmosférica, hay señales preocupantes que advierten de que podemos estar asistiendo a un cambio general de tendencia, tras años de reducción de los contaminantes clásicos (partículas NO2 y SO2): el repunte del tráfico por carretera (el consumo de combustibles de automoción en 2015 fue superior al de los tres años anteriores), el fraude en los sistemas de certificación de las emisiones de los automóviles (conocido a partir del escándalo Volkswagen) y el aumento de la producción eléctrica en centrales térmicas de carbón, petróleo y gas, a costa de las energías renovables.

- La contaminación del aire debería abordarse como un problema de primer orden, tal y como se deriva del Informe elaborado por Ecologistas en Acción. Cada año se registran más de 25.000 muertes prematuras en el Estado español por afecciones derivadas de la contaminación del aire, de acuerdo a las últimas estimaciones de la Agencia Europea de Medio Ambiente.

- Los costes sanitarios derivados de la contaminación atmosférica representan al menos 32.000 millones de euros al año, un 2,8% del PIB español, según la OMS y la OCDE, sin considerar el coste de los daños provocados sobre los cultivos y los ecosistemas naturales.

- Las administraciones públicas arriesgan la salud de la ciudadanía y el pago de una multa millonaria por vulneración de la ley. La Comisión Europea inició, en enero de 2009, un procedimiento de infracción contra España por el incumplimiento de la normativa sobre partículas PM10 que está a punto de llegar al Tribunal de Justicia Europeo. En 2015, la Comisión ha abierto un nuevo expediente a España por los niveles de dióxido de nitrógeno.

- La información a la ciudadanía por parte de las administraciones públicas no es ni adecuada ni ajustada a la gravedad del problema.

- Los Planes de Mejora de la Calidad del Aire y los Planes de Acción a corto plazo para reducir la contaminación son obligatorios según la legislación vigente. Pero, en muchos casos, en particular los relativos al ozono, no existen, y en otros son inefectivos por falta de voluntad política. Estos planes son responsabilidad de Comunidades Autónomas y Ayuntamientos.

- Las principales vías de actuación para reducir la contaminación del aire son la disminución del tráfico motorizado, la reducción de la necesidad de movilidad y la potenciación del transporte público. Es necesario además dar facilidades a la bicicleta en las ciudades. Así como la adopción generalizada de las mejores técnicas industriales disponibles y la reducción drástica de la generación eléctrica por centrales térmicas, en particular las que utilizan carbón.

+ Info:

50.000 millones de dólares: el coste sanitario de la contaminación. Según un informe del Banco Mundial, el coste sanitario derivado de la contaminación atmosférica en el Estado español fue de 50.000 millones de dólares en 2013.


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