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dilluns 30 de maig de 2016 | Manuel
100 años del “Imperialismo, fase superior…”

Eduardo Lucita

Hace cien años un simple folleto daba cuenta de las profundas modificaciones que estaban ocurriendo en el sistema capitalista mundial y que se manifestarían a lo largo de todo el siglo pasado. Hoy las evidencias indican que se estaría en una nueva fase dentro de lo que desde entonces se conocería como fase superior.

En 1916 editado como un folleto –1ra. Edición como libro en 1917- apareció “El imperialismo. Fase superior del capitalismo” del líder de la revolución bolchevique V. I. Lenin. En cierta forma el texto siguió el mismo derrotero que El Manifiesto Comunista de Marx y Engels, editados para la coyuntura terminaron siendo libros de lectura imprescindible para comprender la evolución del capitalismo contemporáneo y para la formación de generaciones y generaciones de jóvenes que soñaron –muchos lo hacen aún- con cambiar el mundo de raíz.

Doble función

El texto del que en estos días se cumple un siglo fue escrito en Zúrich durante la primavera de 1916. Según dice el autor en el prólogo la censura zarista lo obligó a limitarse a un análisis exclusivamente teórico, muy centrado en lo económico, formulando pocas e indispensables observaciones de carácter político, esperanzado en que el folleto, “un ensayo popular”, ayudaría a comprender la política de aquellos años, la esencia económica del imperialismo y por lo tanto el papel de la guerra.

La importancia del libro de Lenin es que también permite periodizar al capitalismo. Distingue entre un capitalismo “viejo” exportador de mercancías y un capitalismo “nuevo” exportador de capitales, se pasaba a una nueva fase bajo el dominio del capital financiero. Así el imperialismo es la etapa de la senilidad del sistema como tal y de la guerra como un componente inevitable e imprescindible para su continuidad.

El texto conceptualizaba las principales transformaciones del sistema mundial operadas en la primera década del siglo y también las implicancias geopolíticas de la 1ra. Guerra Mundial. Desde entonces el texto cumplió una doble función.

Era analítico, porque desmenuzaba las principales tendencias en curso y al mismo tiempo estratégico, porque ayudaba a ver el impacto de estas hacia adelante. Esas tendencias que se manifestarían a lo largo de todo el siglo XX pueden sintetizarse en: a) la fusión del capital bancario e industrial que dio lugar al capital financiero, b) la concentración de la producción y los monopolios, c) la exportación de capitales, producto de la acumulación de excedentes financieros, d) la concentración bancaria y el nuevo papel de los bancos que subordinan al comercio y a la industria y e) la redistribución de la áreas de influencia y el reparto del mundo como consecuencia de la 1ra. Guerra mundial.

Un nuevo período dentro de la fase superior

Desde entonces a hoy mucha agua ha corrido bajo los puentes. Sintéticamente la crisis mundial del ’30 y la 2da. Guerra Mundial; la llamada guerra fría producto del enfrentamiento entre bloques con formas de propiedad y organización social diferentes; las guerras de liberación nacional; la descolonización negociada; revoluciones en China, Cuba, Argelia, Vietnam; la conferencia de Bandung y el surgimiento del movimiento de Los No Alineados; el desarrollismo de la CEPAL…

La crisis de los años ’70 del siglo pasado puso fin a la época dorada de la pos-guerra (1945-1975) y abrió un nuevo período. Fue a la vez una crisis clásica de caída de la tasa media de ganancia y una crisis de la gobernabilidad imperial (derrota en Vietnam). Esta doble crisis permite comprender porque fue tan fuerte la ofensiva neoliberal a partir de los años ’80.

Como respuesta a su crisis el capital lanzó a escala mundial un extendido proceso reestructurador de sus espacios productivos y de servicios, lo que fue acompañado por la ofensiva generalizada y sostenida sobre el trabajo, buscando desmontar las conquistas sociales que los trabajadores, generación tras generación, habían levantado como barreras frente a la voracidad capitalista. El keynesianismo armamentista de la administración Reagan y finalmente el estrepitoso derrumbe del estalinismo y el fin del enfrentamiento Este-Oeste dieron un nuevo impulso a la mundialización capitalista que ingresa así en la globalización. Un nuevo período dentro de la fase superior, asentada en el crecimiento de las multinacionales, la libertad de comercio, el libre flujo de capitales, el debilitamiento persistente de los Estados nacionales y la idea futurista de una “sociedad mundial uniforme, armónica y cooperativa”.

Imperialismo hoy

Un primer momento de este nuevo período ha sido la creciente interdependencia entre los países y la constitución de bloques económicos regionales (UE, MERCOSUR, NAFTA, ASEAN). En los ’90 emergió con fuerza la Organización Mundial de Comercio (OMC) que arbitraba entre las naciones mientas impulsaba un comercio sin trabas. Pero ahora es esta misma OMC la que se está convirtiendo en una traba para un capitalismo rapaz que ha regresado a ciertas formas primitivas, la llamada acumulación por desposesión (de territorios, de saberes originales, de recursos estratégicos, de espacios y servicios públicos, de conquistas laborales). El desenvolvimiento de esta lógica capitalista no reconoce fronteras ni territorios, intenta formatear un espacio planetario mercantil, homogéneo y sin barreras, sustentado en la supuesta competencia perfecta de una economía mundial sin regulaciones y el individualismo de una sociedad global. Esto está inscripto en los tratados de libre comercio que, impulsados por las multinacionales y los estados centrales, han cobrado nuevos bríos, y no casualmente se están negociando en estos días a escala mundial (TPP, TTIP, TISA, UE-Mercosur).

Impacto político

Como hace cien años las políticas de austeridad, el desempleo estructural, la destrucción de fuerzas productivas y las confrontaciones bélicas son la muestra de la decadencia del sistema.

En este nuevo período el imperialismo concentra, centraliza y homogeniza por arriba a la par que escinde, fragmenta y hetereogeniza por abajo. No elimina el orden de las dominaciones estatales, sino que las superpone. Por arriba es mucho más multipolar y el carácter transnacional de las corporaciones es mayor de lo que era pero siguen referenciándose en la potencia militar y económica de los países centrales. Por abajo la repuesta se vertebra en una multiplicidad de movimientos sociales que expresan un conjunto variopinto de subjetividades, pero muchas de ellas no alcanzan a tener determinaciones de clase, por lo tanto corren el riesgo de ser reabsorbidas por la lógica del capital.

Dentro del imperialismo la jerarquización es hoy más compleja. EEUU sigue siendo una superpotencia, mientras que es notable el fracaso del imperialismo europeo y se verifica el ascenso de proto imperialismos (China, Rusia) y sub imperialismos (Brasil).

Hay entonces una contradicción estructural que lo recorre íntegramente, la acumulación mundializada y su territorialización estatal lo que lleva aparejado una inestabilidad geopolítica permanente, que se expresa en las disputas entre potencias por las zonas de influencia, por los flujos comerciales, por el control de los territorios y la multiplicidad de guerras localizadas.

Comprender estas nuevas tendencias que definen el hoy del imperialismo y medir su impacto social y político es una necesidad imprescindible para avanzar en la transformación de un sistema cada vez más inmoral e inhumano.

30/5/2016

Eduardo Lucita es integrante del colectivo EDI –Economistas de Izquierda-

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Resumen de "El Imperialismo, Fase Superior del Capitalismo"

En la primera década del Siglo XX se publican varios libros sobre los cartels, trusts y monopolios, referentes también al capital financiero y los cambios en el capitalismo. Enetre ellos destacan “el imperialismo” de Hobson y “el capital financiero” de Hilferding que Lenin usará a menudo como referencias bibliográficas (P 205).

I – La concentración de la producción y los monopolios.

El incremento en la industria y la concentración de la producción en empresas cada vez más grandes es una de las particularidades más características del capitalismo. (P 206)

En Alemania por ejemplo unas 500 empresas controlan (Para 1900) un tercio de toda la fuerza eléctrica y de vapor del país. En EEUU la concentración es más intensa aun.

Combinación: reunión en una sola empresa de distintas ramas de la industria. (P 208)

Cartel: Conjunto de empresarios (empresas) que forman alianza para no competir entre ellos sino con otro cartel o monopolio. Entre ellos se reparten mercados, definen precios, etc. (P 213)

La libre competencia conduce a la concentración y combinación, y éstas al monopolio. Los monopolios comienzan a formarse por 1870. Entre 1889 y 1890 se utilizan los “cartels” para competir entre capitalistas, en lugar de ser algo pasajero se convierten en la base de la vida económica.

En resumen (p. 212) el desarrollo de los monopolios se puede describir en tres etapas:

1860-1880 aprox: primeros monopolios
1873-1900 aprox: constitución de los cartels
1900-1903 aprox (con la crisis de 1900): los cartels se conforman como base del mundo económico

Trusts: Los empresarios forman una sola compañía que domina el mercado, pone precios, etc.

Así los cartels y trusts llegan dominar hasta ocho decimas partes de una rama productiva. Por ejemplo la Standard Oil Company de EEUU. O la United States Steel Corporation. O la sociedad minera alemana. Son compañias en proporciones gigantescas. Varias empresas que eran competencia ahora están asociadas conformando monopolios que socializan la producción y el perfeccionamiento de la técnica. Llegan a tal concentración que monopolizan toda la mano de obra capacitada. La producción es socializada, sí, pero la apropiación sigue siendo privada (P 216).

Monopolio: dominio total del mercado en determinada región o rama productiva, eliminando a todos los competidores.

El monopolio aumenta y agrava el caos del sistema capitalista, aumenta las desproporciones entre ramas productivas y las crisis son cada vez más profundas.

II – Los bancos y su nuevo papel.

Los bancos son reconocidos por los pequeñoburgueses y los alcahuetes de la burguesía (que a veces son los mismos) como intermediarios de pagos que convierten el capital monetario inactivo en activo. Es decir, ponen el capital en manos de los capitalistas.

A medida que aumentan las operaciones bancarias, los bancos dejan de ser meros intermediarios para convertirse en monopolios bancarios que disponen de casi todo el capital de los capitalistas, sean pequeños o grandes.

Los bancos pequeños van siendo eliminados por los grandes. O bien se convierten en sus sucursales. Pues los grandes bancos no solo absorben a los pequeños sino que los incorporan en su consorcio.

Uno de los mejores ejemplos es el Deutsche Bank, que mediante distintos grados de dependencia se ve conformado por 87 bancos (P223). “Los capitalistas dispersos vienen a formar un capitalista colectivo” y así resulta que un puñado de monopolistas subordina las operaciones comerciales e industriales de toda la sociedad capitalista (P 226).

En la página 227 Lenin hace crítica al periodismo burgués por su impotencia e incredulidad frente a la concentración capitalista.

El capital monopolista actúa en situaciones en que la masa de la población pasa hambre. Entretanto el monopolio del estado (P 229) no es más que un medio para elevar y asegurar los ingresos de los millonarios que están a punto de quebrar en una u otra rama de la industria.

Resulta acertada la expresión de Bujarin sobre el entrelazamiento de los capitales bancario e industrial y la transformación de los bancos e instituciones de “caracter universal”.

Es decir que las relaciones de los grandes bancos con los establecimientos industriales son las más variadas posibles (p 234)

La vieja lucha entre el pequeño y el gran capital se reproduce en un grado de desarrollo nuevo e inconmensurablemente más elevado” (P 234). Así el SXX señala el punto de viraje del viejo capitalismo al nuevo. De la dominación del capital en general a la dominación del capital financiero.

III – El capital financiero y la oligarquía financiera.

Una parte creciente del capital financiero no pertenece a los industriales que lo utilizan. Se encuentra a disposición de los bancos y lo utilizan los industriales.

El aumento de la concentración de la producción y el capital es tan elevado que condujo al monopolio.

Economistas burgueses como Riesser, Schulzer-GAevernitz o Liefmann no ponen al descubierto los mecanismos del monopolio sino que intentan embellecerlo con frases del estilo “el comercio es una actividad profesional encaminada a reunir bienes, conservarlos y ofrecerlos” (sic!!!!!) P. 238.

Lenin revela los mecanismos mediante los que un dirigente se hace de un monopolio, adquiriendo la mitad de una sociedad madre o fundamental (Aunque como se comprueba al haber accionistas dispersos con el 40% de las acciones suele haber control efectivo de la empresa) que a su vez ejerce el dominio sobre sociedades hijas y nietas.

Mecanismos que no sólo sirven para aumentar gigantezcamente el poder de los monopolios sino también para hacerse de artilugios sucios y “robar al público” pues las sociedades madres no responden por sus hijas, a las que se considera independientes.

Un mecanismo habitual es crear filiales para hacer indescifrables los balances.

El capital financiero se concentra de esa manera en unas pocas (y desconocidas para la mayoría) manos. Ejercen el monopolio efectivo, tienen enormes beneficios y crecen sin sesar. Hay pues una oligarquía financiera que se impone a toda la sociedad.

Una de las operaciones principales del capital financiero es la emisión de valores que proporcionan beneficios excepcionales y consolidan la oligarquía financiera. Por ejemplo las empresas industriales alemanas, entre 1891 y 1900, produjeron más de mil millones en beneficios.

Si durante el auje industrial los beneficios son inconmensurables, durante los periodos de depresión se arruinan las pequeñas empresas mientras los grandes bancos “participan” en la adquisición de las mismas a bajo precio. O bien se realizan “saneamientos” y “reorganización” de las empresas afectadas por la crisis, lucrando por un lado y haciendolas dependientes en segundo lugar.

Otra operación particularmente lucrativa es la especulación con los terrenos. El capital financiero puede decidir dónde se va a invertir y con ello decidir qué terrenos van a ser más o menos valorados según las inversiones que se hagan sobre la región.

El monopolio, cuando está constituido, penetra de un modo absolutamente inevitable en todos los aspectos de la vida social.

Los valores emitidos en el mundo crecen drásticamente desde comienzos del SXX. Para 1910 se han emitido valores por 600 mil millones de francos, de los que se destacan cuatro paises que poseen 479 de ellos. Son inglaterra, Estados unidos, Francia y Alemania, que dominan para entonces el 80% del capital financiero mundial (P 252).

IV – La exportación de capitales.

Por ello surge la exportación de capitales. Lo que caracterizaba al viejo capitalismo, en el que predominaba la libre competencia, era la exportación de mercancías. Lo que caracteriza al capitalismo moderno es la exportación de capitales (P 253).

En los países avanzados hay un enorme “excedente de capital” por culpa del desarrollo monopólico. Mientras el capitalismo sea capitalismo, el excedente de capital no se dedica a la elevación del nivel de vida de las masas del país, ya que esto no significaría la disminución de las ganancias de los capitalistas, sino el acrecentamiento de estos beneficios mediante la exportación de capitales al extranjero, a los países atrasados.

La posibilidad de exportación de capitales la determina el hecho de que una serie de países han sido incorporados a la circulación del capitalismo mundial. De los países con mayor concentración y excedente de capital, Inglaterra es el que cuenta con mayor cantidad de colonias, y allí se dirigen 66 de los 70 millones de marcos que el país invierte en el exterior. En el caso de Francia la mayor cantidad va dirigida a Europa, primordialmente a Rusia, en forma de empréstitos, es decir, de usura. Alemania en cambio es una combinación de los dos países mencionados anteriormente.

Los países inversores pueden decidir de esa manera a quién le prestan y para qué le prestan. Pueden definir qué país desarrollar e incluso provocar estancamiento en el desarrollo de los países exportadores. Los países exportadores de capital se han repartido el mundo entre sí, en el sentido figurado de la palabra; pero el capital financiero ha conducido a un reparto DIRECTO del mundo.

V – El reparto del mundo entre las asociaciones capitalistas.

Las asociaciones monopólicas se reparten primero el mercado interior para apropiarse de la producción del país. Luego a la generación de cartels internacionales. Se genera un nuevo grado de concentracióin mundial del capital y de la producción. A partir de 1900, como narra Lenin en éste breve capítulo, la concentración se acentúa. Si para fines de la década de 1890 había una docena de empresas, a principio de siglo quedan la mitad. Y para 1910 no más de una o dos grandes asociaciones.

No carece de interés saber que la ligazón existente entre las raíces puramente económicas, por decirlo así, y las social-políticas del imperialismo moderno era, ya en aquel entonces, clara para esos dirigentes políticos de la burguesía inglesa. Chamberlain predicaba el imperialismo como una “política justa, prudente y económica”, indicando sobre todo la competencia con que ahora tropieza Inglaterra en el mercado mundial por parte de Alemania, EE.UU. y Bélgica. La salvación está en el monopolio, decían los capitalistas, fundando cartels, sindicatos, trusts.

A fines del siglo XIX y en los albores del siglo XX se hallaba ya “terminado” el reparto del mundo. Las posesiones coloniales se ensancharon en proporciones gigantescas después de 1876: en más de una vez y media, de 40 a 65 millones de kilómetros cuadrados para las seis potencias más importantes.

La política colonial y el imperialismo existian ya antes de la fase actual del capitalismo y aun antes del capitalismo. Roma, basada en la esclavitud, llevó a cabo una política colonial y realizó el imperialismo. Pero los razonamientos “generales” sobre el imperialismo, que olvidan o relegan a segundo término la diferencia radical de las formaciones económico-sociales, se convierten inevitablemente en banalidades vacuas o en fanfarronadas, tales como la de comparar “la Gran Roma con la Gran Bretaña”. Incluso la política colonial capitalista de las fases anteriores del capitalismo se diferencia esencialmente de la política colonial del capital financiero.

Los intereses de la exportación del capital empujan del mismo modo a la conquista de colonias, pues en el mercado colonial es más fácil (y a veces sólo en él es posible) suprimir al competidor por medios monopolistas, garantizarse encargos, consolidar las “relaciones” existentes, etc.

VI – El reparto del mundo entre las grandes potencias.

La política colonial y el imperialismo existian ya antes de la fase actual del capitalismo y aun antes del capitalismo. Roma, basada en la esclavitud, llevó a cabo una política colonial y realizó el imperialismo. Pero los razonamientos “generales” sobre el imperialismo, que olvidan o relegan a segundo término la diferencia radical de las formaciones económico-sociales, se convierten inevitablemente en banalidades vacuas o en fanfarronadas, tales como la de comparar “la Gran Roma con la Gran Bretaña”. Por vez primera, el mundo se encuentra ya repartido, de modo que lo que en adelante puede efectuarse son únicamente nuevos repartos, es decir, el paso de territorios de un “amo” a otro, y no el paso de un territorio sin amo a un “dueño”. Incluso la política colonial capitalista de las fases anteriores del capitalismo se diferencia esencialmente de la política colonial del capital financiero. Vivimos en una época singular de la política colonial del mundo que se halla íntimamente relacionada con la “novisima fase de desarrollo del capitalismo”, con el capital financiero. Por eso es necesario detenerse ante todo más detalladamente en los hechos concretos, para formarnos una idea lo más precisa posible de la diferencia existente entre esta época y las precedentes, así como de la situación actual.

Para el capital financiero tienen importancia no sólo las fuentes de materias primas descubiertas ya, sino también las probables, pues la técnica se desarrolla con una rapidez increíble en nuestros días y las tierras hoy inservibles pueden ser convertidas mañana en tierras útiles, si se descubren nuevos procedimientos (a cuyo efecto un banco importante puede organizar una expedición especial de ingenieros, agrónomos, etc.), si se invierten grandes capitales. Lo mismo se puede decir con respecto a la exploración de riquezas minerales, a los nuevos métodos de elaboración y utilización de tales o cuales materias primas, etc., etc. De aquí la tendencia inevitable del capital financiero de ampliar el territorio económico y aun el territorio en general. Del mismo modo que los trusts capitalizan sus bienes en el doble o en el triple de su valor, calculando los beneficios “posibles” en el futuro (y no los beneficios presentes) y teniendo en cuenta los resultados ulteriores del monopolio, el capital financiero manifiesta en general la tendencia a apoderarse de las mayores extensiones posibles de territorio, sea el que sea, se halle donde se halle, por cualquier medio, teniendo en cuenta las fuentes posibles de materias primas y ante el temor de quedarse atrás en la lucha rabiosa por las últimas porciones del mundo todavía no repartidas o por un nuevo reparto de las ya repartidas.

VII – El imperialismo como fase particular del capitalismo.

El capítulo 7 del folleto elabora un resumen de todo lo que se ha planteado hasta el momento. Dado que ésta entrada se trata de un resumen de la obra he decidido pasarlo por alto para no repetir lo que se ha tratado hasta el momento. Sin embargo es un capítulo interesante para leer en su totalidad. Aquí dejo el link para leer online.

VIII – El parasitismo y la descomposición del capitalismo

Como todo monopolio, engendra inevitablemente una tendencia al estancamiento y a la descomposición. Puesto que se fijan, aunque sea temporalmente, precios monopolistas, desaparecen hasta cierto punto las causas estimulantes del progreso técnico y, por consiguiente, de todo progreso, de todo movimiento hacia adelante, surgiendo así, además, la posibilidad económica de contener artificialmente el progreso técnico.

Desde luego, la posibilidad de disminuir los gastos de producción y de aumentar los beneficios por medio de la introducción de mejoras técnicas obra en favor de las modificaciones. Pero la tendencia al estancamiento y a la descomposición inherente al monopolio, sigue obrando a su vez, y en ciertas ramas de la industria, en ciertos países, por períodos determinados llega a imponerse.

El monopolio de la posesión de colonias particularmente vastas, ricas o favorablemente situadas, obra en el mismo sentido.

El imperialismo es la enorme acumulación en unos pocos países de capital monetario, el cual, como hemos visto, alcanza la suma de 100 a 150 mil millones de francos en valores. De aquí el incremento extraordinario de la clase o, mejor dicho, del sector rentista, esto es, de individuos que viven del “corte del cupón”, completamente alejados de la participación en toda empresa y cuya profesión es la ociosidad. La exportación del capital, una de las bases económicas mas esenciales del imperialismo, acentúa todavía más este divorcio completo del sector rentista respecto a la producción, imprime un sello de parasitismo a todo el país, que vive de la explotación del trabajo de varios países y colonias ultraoceánicos.

Lenin indica las causas y las consecuencias del imperialismo (ejemplificando con Inglaterra). Causas: 1) explotación del mundo entero por dicho país; 2) su situación de monopolio en el mercado mundial; 3) su monopolio colonial. Consecuencias: 1) aburguesamiento de una parte del proletariado inglés; 2) una parte de dicho proletariado se deja dirigir por gentes compradas por la burguesía o, cuando menos, pagadas por la misma. El imperialismo de comienzos del siglo XX terminó el reparto del mundo entre un puñado de Estados, cada uno de los cuales explota actualmente (en el sentido de la obtención de superganancias) una parte “del mundo entero” poco más pequeña que la que explotaba Inglaterra en 1858; cada uno de ellos ocupa una posición de monopolio en el mercado mundial, gracias a los trusts, a los cartels, al capital financiero, a las relaciones entre acreedor y deudor; cada uno de ellos dispone hasta cierto punto de un monopolio colonial (como hemos visto, de los 75 millones de kilómetros cuadrados de todas las colonias del mundo, 65 millones, es decir, el 86%, se hallan concentrados en manos de seis potencias; 61 millones, esto es, el 81%, están concentrados en manos de tres potencias).

El rasgo distintivo de la situación actual consiste en la existencia de condiciones económicas y políticas tales, que forzosamente han tenido que acentuar la inconciliabilidad del oportunismo con los intereses generales y vitales del movimiento obrero: el imperialismo embrionario se ha convertido en un sistema dominante; los monopolios capitalistas han pasado al primer plano en la economía nacional y en la política; el reparto del mundo se ha llevado a su término; pero, por otra parte, en vez del monopolio indiviso de Inglaterra, vemos la lucha por la participación en él entre un pequeño número de potencias imperialistas, lucha que caracteriza todo el comienzo del siglo XX. El oportunismo no puede ahora resultar completamente victorioso en el movimiento obrero de un país durante decenas de años, como triunfó en Inglaterra durante la segunda mitad del siglo XIX, pero, en una serie de países, ha alcanzado su plena madurez, la ha sobrepasado y se ha descompuesto, fundiéndose del todo, bajo la forma del socialchovinismo, con la política burguesa.

IX – La crítica del imperialismo

Los economistas burgueses, con ingenuidad o mala leche, desarrollan una lógica absurda de defensa y maquillaje del capitalismo en esta etapa.

Las gigantescas proporciones del capital financiero, concentrado en unas pocas manos, que ha creado una red extraordinariamente vasta y densa de relaciones y enlaces, que ha sometido no sólo a la masa de los capitalistas y empresarios medianos y pequeños, sino a los más insignificantes, por una parte, y la exacerbación, por otra, de la lucha con otros grupos nacionales de financieros por el reparto del mundo y por el dominio sobre otros países: todo esto provoca el paso en bloque de todas las clases poseyentes al lado del imperialismo. El signo de nuestro tiempo es el entusiasmo “general” por las perspectivas de este último, la defensa porfiada del mismo, su embellecimiento por todos los medios. La ideología imperialista penetra, incluso, en el seno de la clase obrera, la cual no está separada de las demás clases por una muralla china. Si los jefes del llamado Partido “Socialdemócrata” actual de Alemania han sido con justicia calificados de “socialimperialistas”, esto es, de socialistas de palabra e imperialistas de hecho, Hobson hacía notar ya en 1902 la existencia de “imperialistas fabianos” en Inglaterra, pertenecientes a la oportunista “Sociedad Fabiana”.

Los sabios y los publicistas burgueses ordinariamente defienden el imperialismo en una forma un poco encubierta, velando la dominación completa del imperialismo y sus raíces profundas, esforzándose en colocar en primer plano las particularidades y los detalles secundarios, esforzándose en distraer la atención de lo esencial por medio de proyectos de “reformas” faltos de toda seriedad, tales como el control policiaco de los trusts o de los bancos, etc. Es menos frecuente que den abiertamente la cara los imperialistas cínicos, declarados, que tienen el valor de considerar como absurda la idea de reformar las características fundamentales del imperialismo.

X – El lugar histórico del imperialismo

El imperialismo, por su esencia económica, es el capitalismo monopolista. Con ello queda ya determinado el lugar histórico del imperialismo, pues el monopolio, que nace única y precisamente de la libre concurrencia, es el tránsito del capitalismo a un orden social-económico más elevado. Hay que poner de relieve particularmente cuatro variedades principales del monopolio o manifestaciones principales del capitalismo monopolista característicos del período que nos ocupa.

Primero: El monopolio es un producto de la concentración de la producción en un grado muy elevado de su desarrollo.

Segundo: Los monopolios han conducido a la conquista recrudecida de las más importantes fuentes de materias primas, particularmente para la industria fundamental y más cartelizada de la sociedad capitalista: la hullera y la siderúrgica. La posesión monopolista de las fuentes más importantes de materias primas ha aumentado en proporciones inmensas el poderío del gran capital y ha agudizado las contradicciones entre la industria cartelizada y la no cartelizada.

Tercero: El monopolio ha surgido de los bancos, los cuales, de modestas empresas intermediarias que eran antes, se han convertido en monopolistas del capital financiero. Tres o cinco bancos más importantes de cualquiera de las naciones capitalistas más avanzadas han realizado la “unión personal” del capital industrial y bancario, han concentrado en sus manos miles y miles de millones que constituyen la mayor parte de los capitales y de los ingresos en dinero de todo el país. Una oligarquía financiera que tiende una espesa red de relaciones de dependencia sobre todas las instituciones económicas y políticas de la sociedad burguesa contemporánea sin excepción: he aquí la manifestación de más relieve de este monopolio.

Cuarto: El monopolio ha nacido de la política colonial. A los numerosos “viejos” motivos de la política colonial, el capital financiero ha añadido la lucha por las fuentes de materias primas, por la exportación de capital, por las “esferas de influencia”, esto es, las esferas de transacciones lucrativas, concesiones, beneficios monopolistas, etc., y, finalmente, por el territorio económico en general. Cuando las potencias europeas ocupaban, por ejemplo, con sus colonias, una décima parte de Africa, como fue aún el caso en 1876, la política colonial podía desarrollarse de un modo no monopolista, por la “libre conquista”, por decirlo así, de territorios. Pero cuando resultó que las 9/10 de Africa estaban ocupadas (hacia 1900), cuando resultó que todo el mundo estaba repartido, empezó inevitablemente la era de posesión monopolista de las colonias y, por consiguiente, de lucha particularmente aguda por la partición y el nuevo reparto del mundo.

La obtención de elevadas ganancias monopolistas por los capitalistas de una de las numerosas ramas de la industria de uno de los numerosos países, etc., da a los mismos la posibilidad económica de sobornar a ciertos sectores obreros y, temporalmente, a una minoría bastante considerable de los mismos, atrayéndolos al lado de la burguesía de una determinada rama industrial o de una determinada nación contra todas las demás. El antagonismo cada día más intenso de las naciones imperialistas, provocado por el reparto del mundo, refuerza esta tendencia. Es así como se crea el lazo entre el imperialismo y el oportunismo, el cual se ha manifestado, antes que en ninguna otra parte y de un modo más claro, en Inglaterra, debido a que varios de los rasgos imperialistas del desarrollo aparecieron en dicho país mucho antes que en otros. A algunos escritores, por ejemplo, a L. Mártov, les place esquivar el hecho de la relación entre el imperialismo y el oportunismo en el movimiento obrero — hecho que salta actualmente a la vista de un modo particularmente evidente — por medio de razonamientos llenos de “optimismo oficial” (en el espíritu de Kautsky y Huysmans) tales como: la causa de los adversarios del capitalismo sería una causa perdida si precisamente el capitalismo avanzado condujera al reforzamiento del oportunismo o si precisamente los obreros mejor retribuidos se inclinaran al oportunismo, etc. No hay que dejarse engañar sobre la significación de ese “optimismo”: es un optimismo con respecto al oportunismo, es un optimismo que sirve de tapadera al oportunismo. En realidad, la rapidez particular y el carácter singularmente repulsivo del desarrollo del oportunismo no sirve en modo alguno de garantía de su victoria sólida, del mismo modo que la rapidez de desarrollo de un tumor maligno en un cuerpo sano no puede hacer más que contribuir a que dicho tumor reviente más de prisa, a librar del mismo al organismo. Lo más peligroso en este sentido son las gentes que no desean comprender que la lucha contra el imperialismo, si no se halla ligada indisolublemente a la lucha contra el oportunismo, es una frase vacía y falsa.


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