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dissabte 28 de maig de 2016 | Manuel
Rosdolsky, “capital en general” y la competencia

Rolando Astarita

En Génesis y estructura de El Capital de Marx, Roman Rosdolsky realiza la importante distinción entre el análisis del “capital en general”, que se presentan en los dos primeros tomos de El Capital, del tercer tomo, donde se trata la competencia entre los muchos capitales y la distribución de la plusvalía. Esta división ya había sido planteada por Marx en el plan de 1857-1858, donde a la primera sección, dedicada al “capital en general” le seguía la sección de la competencia. Más concretamente, en el tomo I de El Capital Marx analiza cómo el capital produce plusvalía (capítulos dedicados al valor, dinero, capital, plusvalía absoluta, plusvalía relativa) y a su vez la plusvalía produce capital (capítulos dedicados a la reproducción simple, ampliada y la acumulación del capital). Y en el tomo II analiza la circulación del capital (comenzando por las formas de manifestación del capital-valor).

Estamos aquí al nivel del capital “en general”, esto es, de lo que tienen en común los capitales: “Lo que se revela así como común a todos los capitales es su propiedad de explotación, el hecho de que se apropien (directa o indirectamente) del plusvalor engendrado en el proceso de producción capitalista” (Rosdolsky, p. 73). Agrega que a este nivel del capital en general el análisis puede llevarse a cabo “sin tener en cuenta la existencia de diversos capitales ni las diferencias entre ellos”, ya que los diversos capitales individuales nunca pueden repartirse más que la plusvalía generada en el proceso de la producción. Para comprender la relación fundamental, la relación capital – trabajo, “debemos partir no de ‘muchos capitales’ sino del capital, o del ‘capital de toda la sociedad’, vale decir, del ‘capital en general’”. En cambio, en el tomo III, donde se analiza la formación de la tasa media de ganancia y los precios de producción, la ganancia del capital industrial (o productivo), la del capital mercantil, el interés y la renta, la competencia y las diferencias entre los capitales pasan a primer plano.

La competencia y la naturaleza del capital

Compartiendo lo esencial de este análisis, hay que tener en cuenta, sin embargo, que la noción del “capital en general” supone la competencia. El tema tiene importancia para la comprensión de la naturaleza del capital, así como para la caracterización de un régimen como la URSS, al que muchos han considerado como “capitalismo de Estado”.

La razón por la cual “el capital en general” supone la competencia es que está en la naturaleza del capital el hecho de que su existencia solo pueda darse bajo la forma de los muchos capitales. Esta cuestión es señalada por Marx cuando trata el “capital en general” y también la destaca Rosdolsky.

A fin de despejar confusiones: cuando Marx sostiene que hay que hacer abstracción de la competencia para investigar “al estado puro las leyes inmanentes del capital”, lo hace porque esas leyes no son creadas por la competencia, ni explicadas por esta. Por esta razón, “la introducción aquí de muchos capitales no debe perturbar nuestro análisis” (citado por Rosdosky, p. 72). Sin embargo, no por esto debe olvidarse que la competencia “concreta” las leyes inmanentes del capital y las permite ver (ídem, p. 71). La cuestión está implicada en la noción misma del capital, que es valor que se valoriza: “Como el valor constituye la base del capital, y este solo existe forzosamente gracias al intercambio por un contravalor… el capital se repele necesariamente a sí mismo. Por ello es una quimera un capital universal, un capital que no tenga frente a sí capitales ajenos con los cuales intercambiar. (…) La repulsión recíproca de los capitales ya está implícita en él como valor de cambio realizado” (Marx, en los Grundrisse, p. 375, t. 1, también citado por Rosdosky, p. 70, nota; énfasis agregados).

Más aún, en un importante pasaje de los Grundrisse, citado por Rosdolsky, Marx sostiene que el capital tiene una tendencia inmanente a exceder las proporciones correctas de la producción, ya que “desmesuradamente procura plustrabajo, plusproductividad, plusconsumo, etcétera”, y explica que en la competencia esa tendencia interna “se presenta como coerción a que lo somete el capital ajeno y que lo impele a quebrantar la proporción con un continuo marche, marche!”. Y luego de señalar que los economistas burgueses no han analizado la competencia, plantea que “la competencia no es otra cosa que la naturaleza interna del capital, su determinación esencial, que se presenta y realiza como acción recíproca de los diversos capitales entre sí; la tendencia interna como necesidad exterior. El capital existe y solo puede existir como muchos capitales; por consiguiente su autodeterminación se presenta como acción recíproca de los mismos entre sí” (Grundrisse, p. 366, t. 1; énfasis agregados).

Interludio por la dialéctica

Obsérvese que la competencia se hace sentir como coerción externa para cada capitalista, y por eso parece operar solo al nivel del fenómeno, de la manifestación de las leyes inmanentes del capital. Pero al mismo tiempo es la naturaleza interna del capital. Es la idea de Hegel de que la relación de la esencia con la apariencia es la relación de la esencia consigo misma (véase la Lógica, también Stace, 1955). Esto es, la apariencia, la forma en que se manifiesta la esencia (en nuestro caso, la forma en que aparecen las leyes internas, inherentes, del capital) también hace a la esencia, la constituye. Es por esto que la relación de la esencia (la ley interna del capital, en nuestro caso) con la forma de aparición (a través de la competencia de los muchos capitales) es la relación de la esencia consigo misma. Pero esta relación de la esencia consigo misma (del capital consigo mismo) es la relación del capital con otro capital, a través de la competencia. Por eso es importante tener en cuenta que el pasaje de la apariencia a la esencia no significa quedarse en la mera identidad abstracta (del tipo A es A). Recordemos que Hegel dice en la Lógica (capítulo 2, doctrina de la esencia) que en el primer movimiento de la esencia esta es “simple identidad consigo misma”, es una identidad inmediata, y la identidad es lo mismo que la esencia. Pero el movimiento no se detiene en esta identidad que hace abstracción de la diferencia, sino pasa a la diferencia. El capital es capital (identidad), pero existe como capital a través de los muchos capitales (o sea, a través de la diferencia). Es capital en virtud de esta unidad de identidad y diferencia: se relaciona a sí mismo como capital en tanto se relaciona con otros capitales.

Por eso, la relación consigo mismo es la relación entre diferentes –entre muchos capitales- dentro de la identidad –todos tienen en común que encierran una relación de explotación con el trabajo. De esta forma el capital se relaciona a sí mismo, y al hacerlo se distingue de sí mismo, ya que la auto-relación es una auto-relación negativa. Y esta unidad de la identidad y la diferencia, que es constitutiva de la esencia, es la oposición. En nuestro caso, se trata de la oposición entre los capitales, inherente a la naturaleza del capital. Por eso, la diferencia y la oposición entre los capitales no es solo epifenómeno, ni opera meramente al nivel de la forma en que aparece la distribución de la plusvalía. Por el contrario, es inherente a la naturaleza del capital, a su esencia; no se puede entender esta sin el supuesto de la competencia, de los muchos capitales. Por eso dice Marx que la autodeterminación (esta es interna, no surge “desde afuera”, por reflexión externa) del capital se presenta como relación recíproca de los capitales entre sí.

La competencia en los volúmenes I y II de El Capital

Por lo argumentado antes, en los volúmenes I y II de El Capital la competencia no solo está presupuesta, sino en determinados pasajes aparece en toda su dimensión. Es que el tiempo de trabajo socialmente necesario se le impone a cada productor a través de la competencia en el mercado, lugar de validación de los tiempos de trabajo privados en tanto trabajo social. Por eso, en el capítulo 1, cuando aparecen los telares mecánicos, los tiempos privados de trabajo de los tejedores manuales generan la mitad de valor que los tiempos del trabajo aplicado a los primeros; esta “despotenciación” del trabajo manual se impone coactivamente por competencia. De la misma manera, en el capítulo 3, cuando el tejedor que concurre al mercado se encuentra con que este está abarrotado de tela, y parte de los tiempos de trabajo privados no se validan como trabajos socialmente necesarios, el fenómeno ocurre por la competencia.

A su vez, la competencia y la diferencia entre los capitales son decisivas para explicar cómo surgen las plusvalías extraordinarias; lo que permite explicar la plusvalía relativa. Por eso Marx dice, en el capítulo 10 del tomo I, que si bien en ese nivel de análisis no se considera cómo “las leyes inmanentes de la producción capitalista” se imponen en cuanto “leyes coercitivas de la competencia”, ya que “el análisis de la competencia solo es posible cuando se ha comprendido la naturaleza intrínseca del capital”, es necesario introducirla para comprender la producción del plusvalor relativo (p. 384). Así, frente al capitalista innovador que ha desatado la baja de precios para ganar mercado, sus rivales están obligados a introducir la innovación: “La misma ley de la determinación del valor por el tiempo de trabajo, que para el capitalista que emplea el método nuevo se manifiesta en que tiene que vender su mercancía por debajo del valor social, impele a sus rivales, actuando como ley coactiva de la competencia, a introducir el nuevo método de producción” (p. 387; énfasis agregado). Estamos al nivel de “el capital en general”.

La cuestión también aparece en el capítulo 12 del tomo I (de nuevo, al nivel del “capital en general”), cuando Marx trata la división social del trabajo: esta “contrapone a productores independientes de mercancías que no reconocen más autoridad que la de la competencia, la coerción que ejerce sobre ella la presión de los intereses mutuos, así como en el reino animal la bellum ómnium contra omnes [guerra de todos contra todos] mantiene en mayor o menor medida, las condiciones de existencia de todas las especies” (pp. 433-4).

Subrayamos, una vez más: son las leyes de la competencia las que imponen a cada capitalista las leyes inmanentes, internas; entre ellas, las que lo obligan a expandir continuamente la producción. Por eso, en el capítulo 22 del tomo I (dedicado a la transformación de la plusvalía en capital) Marx nuevamente señala que “… las leyes inmanentes del modo capitalista de producción, que imponen a todo capitalista individual la competencia como ley coercitiva externa, lo obligan a expandir continuamente su capital para conservarlo. (…) … la competencia impone a cada capitalista individual, como leyes coercitivas externas, las leyes inmanentes del modo de producción capitalista” (pp. 731-2).

Una conclusión que se desprende de esto es que no puede existir un “capitalismo de Estado” total. En este respecto, la tesis que dice que la URSS habría sido un sistema de “capitalismo de Estado”, definido por el dominio del “capital en general” a partir del control burocrático de los medios de producción nacionalizados, parece olvidar que las leyes del capital –la ley del valor, la ley de la acumulación del capital- no pueden concretarse en tanto no exista la coacción externa de la competencia. Pero esto solo puede existir en la medida en que los diversos capitales individuales se enfrenten unos a otros. Una importante conclusión de esto es que las contradicciones de las economías al estilo soviético no se manifestaban a través de crisis de sobreproducción (para una ampliación, ver aquí y aquí). Por eso tiene razón Rosdolsky cuando dice que un capitalismo de Estado total “solo sería posible en la medida en que se enfrentaran varios capitales estatalmente organizados” (nota, p. 70).

Bibliografía:

Hegel, G. W. F. (1968): Ciencia de la lógica, Buenos Aires, Solar y Hachette.
Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI.
Marx, K. (1989): Elementos fundamentales para la crítica de la Economía Política. Grundrisse 1857-1858, México, Siglo XXI.
Rosdolsky, R. (1983): Génesis y estructura de El Capital de Marx, México, Siglo XXI.
Stace, W. T. (1955): The Philosophy of Hegel, Nueva York, Dover Publications.

27/5/2016

rolandoastarita.wordpress.com


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