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dissabte 28 de maig de 2016 | Manuel
"Fuerza de trabajo paria en Asia": un libro de Jan Breman

Jan Breman

ESTE VOLUMEN INCLUYE un conjunto de ensayos escritos ... (que) giran en torno a la migración laboral y la informalización del empleo ... en diferentes partes de Asia. Aunque parezcan ser de naturaleza económica, he profundizado en las dinámicas sociales, políticas y culturales del trabajo y la vida en los escalones más bajos de la economía rural y urbana. Para comprender lo que está sucediendo ... además de vincular el presente con el pasado, he intentado contextualizar la gran transformación, la aparición de las sociedades y economías posagrarias en el más amplio escenario de Asia. (...)

TRATA de la cambiante y complicada situación de la fuerza de trabajo en las economías asiáticas. Difícilmente es posible analizar lo que sucede con el trabajo sin explorar y estudiar sus relaciones con el capital. Ese entendimiento es el hilo conductor que recorre las diversas partes en que se divide este estudio. Todos los capítulos se centran en las dinámicas de las economías asiáticas en esta era de globalización acelerada, que se desenvuelve en un escenario dominado por el modo de producción capitalista. Aunque estos ensayos se ocupan de la transformación que se está produciendo en el continente más poblado del mundo, la excepcionalidad no es la característica más destacable de un escenario que cambia rápidamente. Hasta la década de 1970, la idea de que el Resto del Mundo seguiría los pasos de Occidente era parte intrínseca del paradigma del desarrollo. Por medio de la industrialización y la urbanización, el «mundo subdesarrollado» reproduciría el camino que recorrieron las economías avanzadas en el siglo XIX: aumento del empleo en la industria, crecimiento de los niveles de vida, consumo de masas. Si por el momento no había muchos empleos industriales disponibles para los migrantes con poca tierra que empezaron a inundar las ciudades de América Latina, África, del subcontinente indio y del sudeste de Asia, donde la reforma agraria había sido casi inexistente, el consenso era que la propia vida urbana les ayudaría en su búsqueda de empleo. Por ahora tenían que apañarse con cualquier trabajo mal pagado que pudieran encontrar, como asalariados o por su cuenta, viviendo en improvisados alojamientos situados en las afueras de la ciudad o en terrenos desocupados. El floreciente sector informal se veía en un principio como una zona de transición, un amortiguador que desaparecería a medida que la mano de obra fuera incorporada por las dinámicas de la industrialización dentro de una creciente economía formal. Sin embargo, esta movilidad ascendente resultó ser algo bastante excepcional. Millones de personas permanecieron atascadas en la economía informal que habían contribuido a construir, o yendo y viniendo entre las zonas hiperdegradadas de la periferia urbana y las empobrecidas tierras rurales del interior, formando un enorme estrato de fuerza de trabajo precaria.

Ahora, parece ser que es Occidente el que está siguiendo al Resto cuando se habla de la creciente inseguridad de las condiciones de trabajo. Cada una de las recesiones registradas desde la década de 1970, ha traído consigo prolongados episodios de elevado desempleo, privatizaciones y recortes y contracción del sector público, y han servido para debilitar la posición del trabajo en América del Norte, Europa y Japón. Los movimientos sindicales fueron vaciados por la contracción de la fuerza de trabajo industrial debida a las relocalizaciones de empresas, a la robotización y al crecimiento de los sectores no sindicados de servicios y de venta al por menor. Por otro lado, el ascenso de China, la entrada de cientos de millones de trabajadores mal pagados en la fuerza de trabajo mundial y la globalización del comercio ayudaron a hundir más los salarios y las condiciones de trabajo. El trabajo a tiempo parcial y los contratos de corta duración han ido en aumento junto a esa ambigua categoría que es el trabajo por cuenta propia. Ahora ha surgido una extensa literatura alrededor del tema del trabajo informal y precario en las economías avanzadas. ¿Qué relación tiene esto con las condiciones de trabajo fuera de Occidente, donde se encuentran las grandes masas de la humanidad? ¿Es posible generalizar sobre tendencias globales o las economías concretas necesitan ser analizadas comparativamente? ¿Cuáles son las implicaciones políticas de los cambios en los modelos de la fuerza de trabajo? ¿Estamos hablando de hecho de un nuevo fenómeno?

Hay autores que piensan esto último y que construyen sus argumentos expresando una perspectiva no comparativa sino específica de la región. Es un enfoque con el que estoy totalmente en desacuerdo pero que ha conducido a Guy Standing a afirmar que se está creando una nueva clase, un «precariado global». El «precariado», en la definición de Standing, está formado por todos aquellos que están inmersos en formas de trabajo inseguras que difícilmente les ayudarán a construirse una identidad o una actividad profesional deseables: trabajadores temporales y a tiempo parcial, trabajo subcontratado, empleados de centros de atención telefónica, trabajadores en prácticas y a prueba, becarios, médicos internos, investigadores docentes, etc. Se podría pensar que estos eran proletarios clásicos, despojados de medios de subsistencia y sin ninguna otra opción que vender su fuerza de trabajo para sobrevivir. Sin embargo, Standing es rotundo: «El precariado no es parte de la “clase obrera” o del “proletariado”». A pesar de la afirmación de que el «precariado» es una clase global, en el discurso de Standing la atención se dirige fundamentalmente a las economías avanzadas. De vez en cuando hay una breve excursión a tierras lejanas, a China especialmente, pero enseguida regresamos a los centros capitalistas de siempre cuyas poblaciones se habían acostumbrado en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial a la idea de que las cosas mejoraran con el tiempo, pero que en las últimas décadas –especialmente tras la crisis financiera de 2008– han sufrido un marcado deterioro de sus condiciones de vida. La valoración de The Precariat, debe centrarse en su única afirmación novedosa: que el «precariado» es una nueva clase global. Sin embargo, la idea de que aquellos que se encuentran con contratos temporales o a tiempo parcial moldearán una clase única –con unos intereses radicalmente diferentes a los de los trabajadores a jornada completa o sindicados– es manifiestamente insostenible. De hecho, el fenómeno que Standing describe constituye regímenes laborales, o maneras de organizar la economía, pero no formaciones sociales de clase. La sociedad capitalista se ha caracterizado siempre por un amplio repertorio de diferentes modalidades de empleo. Centrándose casi por completo en el periodo posterior a 1945, el relato de Standing carece de la profundidad histórica que sirve de base a las investigaciones sobre la precariedad laboral global. Lo que llegó a llamarse el «contrato de trabajo estándar» fue el resultado de un cambio del equilibrio entre el capital y el trabajo que se produjo en el hemisferio occidental durante el periodo de la Guerra Fría. En esencia suponía la dócil sumisión de los trabajadores al capital a cambio de un trabajo regular y unos adecuados medios de vida para ellos y los familiares a su cargo. La idea de que los trabajadores manuales, incluso en los países capitalistas más ricos, disfrutaran de una vida segura demuestra una lamentable ignorancia sobre las condiciones reales de la clase trabajadora.

Se puede discutir si la socialdemocracia consiguió domesticar al capitalismo o si fue a la inversa, pero nadie negará que la formalización de los términos y de las condiciones de empleo, unido al resto de procesos de democratización económica, social y política que acompañaron al establecimiento del Estado del bienestar y sus equivalentes, constituyeron para los trabajadores de las zonas capitalistas avanzadas un momentáneo cambio para mejor, ni que el concertado impulso hacia la «flexibilidad» laboral ha empeorado las condiciones de empleo y los acuerdos sobre seguridad social de cada vez más gente. La «precariedad» resume la posición en la que esos trabajadores se encuentran atrapados.

Tampoco puede generalizarse y trasladarse al resto del mundo una explicación del «precariado» basada en ejemplos aleatorios extraídos de América del Norte, Europa Occidental y Japón. Esta miopía crea una gran distorsión en el análisis de Standing: mientras afirma que ha identificado a una nueva clase «global», en la práctica se centra en los enclaves históricos de la prosperidad capitalista y no ofrece ninguna explicación sobre esa parte mucho mayor de la fuerza de trabajo mundial que está atrapada en condiciones de precariedad mucho peores. Si no sufren una movilidad social descendente es porque no pueden hundirse más de lo que ya están. En teoría, a Standing le gustaría considerar a estas masas sumidas en la miseria como parte del «precariado», pero no consigue explicar por qué quedan fuera del alcance de su agenda correctiva. Standing se muestra tímido a la hora de poner cifras a su relato, pero no puede haber ninguna confusión sobre dónde se encuentran los mayores panoramas de precariedad. Según el Informe sobre Empleo Global de 2013 de la OIT sobre «empleo vulnerable», solamente el 3 por 100 – alrededor de 47 millones de un total mundial de 1.539– se encuentran en los países desarrollados, incluyendo a Estados Unidos y la Unión Europea, comparados con los 247 millones en el África subsahariana y los 405 y 490 millones en el este y sur de Asia respectivamente. En India, más del 90 por 100 de una fuerza de trabajo de 500 millones de personas debe resolver su subsistencia en la economía informal. Aquí, como en la mayor parte del Sur global, la fuerza de trabajo se extrae no solo de hombres y mujeres sino también de niños y ancianos, ya que para sobrevivir se requiere la contribución intermitente de todos los miembros del hogar. Se trata de un vasto ejército de reserva sometido tanto al sobreempleo como al subempleo. Realmente, los propios términos de «trabajo», «trabajador» y «fuerza de trabajo» tienen diferentes significados en estos vastos sectores informales. Tampoco estas enormes poblaciones precarias carecen de estratificación: la informalidad es un fenómeno multiclase estructurado por múltiples niveles de explotación. Sin duda todos sufren el sometimiento al capital, pero ese sometimiento se produce de varias formas. Estos estratos también se diferencian en la forma de afrontar las dificultades y en su resistencia frente a ellas, y algunos segmentos tienen más éxito que otros. Cómo definir su clase es algo discutible, pero es algo irrebatible que estamos tratando de una fuerza de trabajo no homogénea y compleja.

No hace falta decir que el desarrollo histórico del trabajo precario siguió pautas muy diferentes en el Sur global. En los países capitalistas avanzados, no por casualidad las principales potencias imperialistas, la formalización del empleo señaló un lento cambio del equilibrio entre el capital y el trabajo a partir de finales del siglo XIX, abriendo la posibilidad de que el proletariado mejorara sus condiciones de vida y de trabajo. Sin embargo, en las zonas periféricas de la economía mundial, condujo a formas de explotación y opresión incluso más intensas. En el momento en que el capitalismo poscolonial empezó a abrirse realmente camino en Asia, África y América Latina, el trabajo ya no era una mercancía escasa con la que los empleadores tuvieran que negociar, como había sucedido un siglo antes en Occidente durante la primera etapa de industrialización y urbanización. En la mayoría de los países subdesarrollados por el colonialismo, solamente un pequeño contingente de las clases trabajadoras se iba a beneficiar de la industrialización. Su huida de la pobreza y la dependencia también resultaría breve. Allí donde finalmente se introdujeron leyes laborales, su puesta en práctica fue escandalosa: los aparatos de gobierno encargados de la tarea de hacerlas cumplir utilizaron su poder para desviar emolumentos que deberían haber ido a la fuerza de trabajo «protegida». Las supuestas ganancias de la formalidad desaparecieron en los bolsillos de funcionarios y políticos a la captura de rentas, dejando claro que la «informalidad» se practica no solamente en el empleo sino también en el gobierno y la política como un conjunto de relaciones que impregna a toda la sociedad. Para las masas de gentes con poca o ninguna tierra que eran redundantes en el interior rural, y que llegaron a las ciudades buscando mejores perspectivas, el trabajo informal mal pagado se convirtió en un estado permanente.

El «descubrimiento» de este sector fue realizado por los trabajos de campo antropológicos realizados en escenarios urbanos del Sur global a principios de la década de 1970. Veinte años más tarde, los responsables políticos internacionales estaban proclamando que el empleo inseguro, sin protección, era la solución al problema del crecimiento económico. En 1995 el informe anual del Banco Mundial detallaba cómo y por qué la promoción del mercado de trabajo sin trabas o flexible convenía a las empresas además de ser lo mejor para los intereses de los propios trabajadores. La ruta de flexibilización emprendida se suponía que era un incentivo para generar más empleo y de más calidad, pero los resultados han sido el crecimiento del paro y el aumento de los beneficios para el capital. En resumen, no hay uno sino varios regímenes de trabajo informal/precario y no son todos igualmente despiadados. La lección política que debemos extraer de ello no es clasificar a las diversas fracciones de la fuerza de trabajo en una secuencia de mayor a menor vulnerabilidad, sino por el contrario desarrollar estrategias que subrayen sus elementos comunes: formar alianzas entre el sector formal y el informal en vez de enfrentarlos entre sí. En el congestionado mercado de trabajo mundial, caracterizado por la escasez de trabajo asalariado, hay un peligro mucho mayor que en vez de unirse los ejércitos de reserva caigan en la tentación de ver a los demás como rivales y luchar por cualquier oportunidad de empleo que aparezca. Al no movilizarse sobre la base de la identidad ocupacional, no ven otra alternativa que apoyarse en las lealtades primarias de la etnicidad, la casta, la raza y el credo religioso. Las consecuencias de esa eventualidad tienen que controlarse estrecha y cuidadosamente, igual que los intentos, contra todas las dificultades, de forjar la solidaridad de clase a escala mundial. ¿Si el capital es capaz de organizarse globalmente, por qué el trabajo no se esfuerza por intentar hacer lo mismo?

Jan Breman, Ahmedabad/Amsterdam, junio de 2014.

Del Prefacio del libro

Acceder al libro completo aquí

Editado por Traficantes de Sueños.

Título original: Outcast Labour in Asia, Circulation and Informalization of the Workforce at the Bottom of the Economy, Londres, Oxford University Press.

Jan Breman, sociólogo holandés y profesor emérito de la Universidad de Ámsterdam y del Amsterdam Institute for Social Science Research, ha trabajado y realizado investigación antropológica de campo en India (Gujarat meridional), Indonesia (Java Occidental) y, posteriormente, en China (Xiamen) y Pakistán (Sindh) durante más de medio siglo, estudiando las condiciones de trabajo, empleo y pobreza imperantes en la región, analizando su evolución durante las últimas décadas de creciente globalización y las tendencias mostradas en la actualidad tras la crisis sistémica de 2008, así como investigando la relación existente entre estas formas de reproducción de la fuerza de trabajo en el Sur global y la evolución de los mercados laborales impuestos en los países desarrollados durante los últimos años.

Entre su innumerable producción se cuentan los siguientes títulos: Patronage and Exploitation. Changing Agrarian Relations in South Gujarat, India; Of Peasants, Migrants and Workers. Rural labour Circulation and Capitalist Production in West India (1985); Wage Hunters and Gatherers (1994); Footloose Labour. Working in India’s Informal Economy (1996); The Labouring Poor in India. Patterns of Exploitation and Exclusion (2003); The Making and Unmaking of an Industrial Working Class. Sliding Down the Labour Hierarchy in Ahmedabad, India (2004); Labour Bondage in West India. From Past to Present (2007); The Poverty Regime in Village India (2007); At Work in the Informal Economy of India(2013); Mobilizing Labour for the Global Coffee Market (2015); Fuerza de trabajo paria en Asia (2015); y On Pauperism in Present and Past (2016). Igualmente ha editado o escrito en colaboración con otros autores, entre otros, los siguientes textos: Imperial Monkey Business. Racial Supremacy in Social Darwinist Theory and Colonial Practice (1990); Rural Transformations in Asia (con S. Mundle, 1991); The Village in Asia Revisited (1997); The Worlds of Indian Industrial Labour (con J. Parry y K. Kapadia, 1999); Down and Out. Labouring under Global Capitalism (con A. Das y R. Agarwal, 2000); Good Times and Bad Times in Rural Java. A Study of Socio-Economic Dynamics towards the End of the Twentieth Century (2002); Working in the Mill No More (con Parthiv Shah, 2004); India’s Unfree Workforce. Of Bondage Old and New (con Isabelle Guerin y Aseem Prakash, 2009); y The Long Road to Social Security; Assessing the Implementation of National Social Security Initiatives for the Working Poor in India (con K. P. Kannan, 2013).

+ Info:

Articulos en New Left Review

Entrevista a Jan Breman en The Hindu

Aquí se puede descargar "Agrarian Change and Class Conflict in Gujarat, India" (pdf). Jan Breman

PDF - 2.9 MB


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