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Anticapitalistes
  
dilluns 18 d’abril de 2016 | Manuel
El medio rural andaluz como modelo de resistencia

Teresa Rodriguez, Rocio van der Heide

Según el Instituto Nacional de Estadística, sólo 29 municipios andaluces de los 770 totales superan los 50.000 habitantes. ... Andalucía es eminentemente rural aunque haya evolucionado su estructura productiva y sea mayor la simbiosis entre población rural y urbana como consecuencia del desarrollo de los medios de comunicación y transporte.

... la solidaridad sobre la que se construye la vida en los pueblos del medio rural de Andalucía se convierten en ese sentido en un muro de contención que evita la absoluta indefensión del individuo frente a las agresiones del mercado y las finanzas y evita, en un ejercicio de resistencia cotidiano, el éxodo masivo de población rural en nuestra comunidad en comparación con otras zonas de la península.

La agricultura tiene un peso específico en Andalucía que sigue estando por encima de la media estatal ... A día de hoy el 66% de las tierras cultivables se encuentran en manos de menos del 6% de los propietarios, muchas de ellas procedentes de regalos a la nobleza ya como pago por la participación en la llamada "reconquista", si viajamos por los siglos, como por concesiones tras la ocupación y la dictadura franquista, si nos retrotraemos a algunas décadas. Hoy día existen nuevas formas en la acumulación y acaparamiento de tierras sobre las que casi podemos establecer una similitud con lo que ocurre con las viviendas y los desahucios. Los pequeños campesinos, las pequeñas cooperativas agrarias piden créditos agrarios que les llevan a la quiebra y a la venta de las tierras que acaban en manos de los bancos con el añadido de recibir las subvenciones de la PAC que no están sujetas ni a la producción ni a la generación de empleo y que van a parar a las grandes fortunas. El pequeño campesinado y los jornaleros y jornaleras del campo se ven expulsados de su propia tierra por las políticas que se implementan desde Europa y también por la falta de iniciativa y alternativa de las distintas administraciones estatal y autonómica. No existen políticas públicas de distribución para repartir la tierra ni se fomentan e incentivan los canales comerciales cortos para mejorar la vida de los pequeños campesinos y cooperativas frente a la gran distribución. La competencia entre pequeños y grandes campesinos se hace imposible, lo que lleva en la mayoría de los casos a la quiebra y venta de tierras, entrando en una espiral perversa que deja la tierra en cada vez menos manos y cada vez más paro, pobreza e inmigración en los pueblos de Andalucía.

No existe una política pública en materia laboral que reconozca y mejore la vida de jornaleros y jornaleras que siguen dependiendo de las peonadas y de un campo que no ofrece jornales. Muy por el contrario, ponen su contratación en manos de empresas de servicios y Empresas de Trabajo Temporal que subcontratan y bajan aún más los salarios, incumplen convenios laborales y les someten a la voluntad y humillación del patrón. Por otra parte, la política agraria comunitaria ofrece subvenciones a las grandes superficies sin exigencias de producción, ni de generación de empleo, ni siquiera de cumplimiento de los convenios y la legislación en materia laboral. Ante este panorama la situación se vuelve insostenible para los hombres y mujeres del campo que no encuentran alternativas en un modelo diseñado para servirse a sí mismo y retroalimentarse en la espiral de acumulación.

Cuando a inicios de los 80, incluso antes, las y los jornaleros se empezaron a organizar y movilizar, ante la presión popular el Gobierno de la UCD se vio obligado a ampliar el empleo comunitario ofreciendo 4 días a la semana a los parados. Posteriormente, la movilización y la lucha de las mujeres jornaleras logró su derecho a trabajar también en el empleo comunitario y a poder tener cartilla agrícola. Las mujeres y hombres del medio rural protagonizaron encierros, huelgas de hambre, manifestaciones y marchas que contribuyeron a la desestabilización del Gobierno y la dimisión de Suárez y la llegada de Calvo Sotelo. En esa coyuntura de provisionalidad, la burguesía preparaba el cambio con Felipe González a la cabeza. En el 1982, el PSOE gana las elecciones generales obteniendo 202 diputados, una mayoría amplia que le permitía hacer todas las reformas en favor del pueblo que hubiera querido. Pero no fue así y optó por hacerlas contra el pueblo y las reivindicaciones históricas de Andalucía fueron ignoradas (Reforma Agraria, Industrias de transformación, y Banco Público Agrícola). Así, en Andalucía con la Ley de 1984 se crea el IARA que compró tierras a un precio elevado, no expropiando nada, y que posteriormente ha ido vendiendo a precios simbólicos acabando finalmente en las mismas manos, quedando en la actualidad muy pocas y sin estar a disposición de cooperativas de jornaleros.

Así, en el contexto social y político actual el futuro del medio rural y de sus hombres y mujeres pasa por un cambio estructural y de modelo productivo. Ahora bien, y en consonancia con lo expuesto anteriormente, para que esto sea posible, los colectivos agrarios, las organizaciones de campesinos y jornaleros deben estar en el centro del debate y generar propuestas y medidas, presionar como antaño se hiciera en un grito desesperado por la puesta en valor y el reconocimiento del medio rural andaluz, ser sujetos activos en la reivindicación de derechos y la consecución de mejores condiciones para el mantenimiento de los pueblos. Frente a un modelo insostenible medioambientalmente, socialmente inhumano y explotador, y económicamente desigual, hay que corregir urgentemente la destrucción del tejido productivo y del empleo y el empeoramiento de las condiciones de trabajo y de vida de las comunidades rurales. Urge terminar con la dependencia del requisito de las peonadas y lo que ello supone en cuanto a las construcción de una red de clientelismo y dependencia para su consecución, afectando de manera acuciada a jóvenes y mujeres. Hay que apostar de manera decidida por una agricultura ecológica, menos intensiva y agresiva con el medio ambiente y en definitiva con la vida puesto que esos son los alimentos que ingerimos, acortar los circuitos de distribución, favorecer la economía local, garantizar derechos laborales, hacer una apuesta por la soberanía alimentaria, los cuidados desde una perspectiva amplia entendiendo la inter y la ecodependencia que nos define.

Quienes viven el campo, quienes habitan los pueblos, quienes arrastran la experiencia acumulada de denunciar la situación que vive la gente y de ofrecer alternativas al modelo actual no esperan mandatos capitalinos y quieren ser, como ya fueron, protagonistas de la historia.

17/04/2016

Publico


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