contacte: anticapitalistes@anticapitalistes.net

 



 

Anticapitalistes
  
diumenge 17 d’abril de 2016 | Manuel
Brasil: Greenpeace denuncia Iberdola, Mapfre y Siemens por destruir el Amazonas


La Amazonia es la mayor región tropical del planeta, pero cada día pierde trozos de selva tropical, se hace más pequeña. Al mismo tiempo, las grandes corporaciones que se instalan en la región aumentan sus beneficios y se hacen un poco más grandes.

Más de 750.000 km² de selva tropical del Amazonas (una superficie similar a Francia) ya ha sido destruida por la agricultura industrial, la ganadería, la tala ilegal y los proyectos de infraestructura. Y siguen llegando nuevas amenazas: esta vez en la cuenca del río Tapajós, una de las zonas con mayor biodiversidad de la selva tropical amazónica.

El gobierno brasileño ​tiene intención de llevar a cabo un gran proyecto de producción de energía hidroeléctrica en la cuenca​ del río​Tapajós, con más de 40 presas, ​alguna de ellas de grandes dimensiones.

Estos planes incluyen la ​construcción de la presa de São Luiz do Tapajós, ​una presa gigantesca con un muro de 7,6 kilómetros y una superficie de inundación similar a la ciudad de Nueva York​. La presa inunda​ría parte del territorio indígena Munduruku, tribu que ha vivido en esta región durante siglos. Este proyecto faraónico no sólo amenaza a las comunidades y los ecosistemas locales, también perjudica el clima. La construcción de la que sería la tercera mayor presa del mundo produciría sustanciales cantidades de gases de efecto invernadero, producto de la descomposición de la vegetación de la selva inundada y el suelo.

Greenpeace presenta el informe “Hacer negocio con el Amazonas”, en el que denuncia la nueva amenaza a la que se enfrenta la región Amazónica: la construcción de grandes presas hidroeléctricas cuya realización conlleva la destrucción de ríos y enormes zonas de selva, así como la inundación de territorios indígenas, lo que provoca el desplazamiento de comunidades enteras y grandes repercusiones sociales. Además muestra cómo las grandes empresas implicadas están asumiendo graves riesgos financieros y de reputación por su participación en este tipo de proyectos.

La presentación ha sido simultánea a una acción de protesta de activistas de Greenpeace en la sede de Siemens en Munich, Alemania. Los ecologistas han pedido a esta gran compañía tecnológica que declare públicamente su desvinculación de la construcción de la megapresa de São Luiz do Tapajos, que contaría con un un muro de 7,6 km de largo y se situaría en el Río Tapajós, un afluente del Amazonas. De llevarse a cabo, este proyecto no solo inundará enormes extensiones de selva y destruirá la dinámica del río, sino que amenazará la supervivencia de 12.000 indígenas del pueblo Mundurukú, que han vivido en la región desde hace siglos [1].

Empresas española como Mapfre e Iberdrola ya están enfangadas en la conflictividad social y ambiental de estos proyectos, junto con proveedores de equipos como Siemens, Voith, General Electric o Andritz”, mientras que otras compañías como la eléctrica italiana ENEL han comunicado públicamente su desvinculación en nuevos proyectos de este tipo", ha señalado Miguel Ángel Soto, portavoz de la campaña de Bosques de Greenpeace España.

En Brasil, Iberdrola está asociada a Neoenergía, empresa que ha estado implicada en la construcción de numerosos proyectos hidroeléctricos, incluyendo la polémica presa de Belo Monte. Neoenergía forma parte del consorcio de empresas que han elaborado el Estudio de Evaluación Ambiental del proyecto de São Luiz do Tapajós. Durante la intervención de un miembro de Greenpeace en la Junta de Accionistas el pasado 8 de abril de 2016, se solicitó al Presidente de Iberdrola, Ignacio Galán, una declaración pública de desvinculación del proyecto hidroeléctrico de Sao Luiz do Tapajós y de otros grandes proyectos hidroeléctricos en la Amazonía que amenacen la selva y los pueblos indígenas. El Presidente contestó “esto es una sociedad participada; ni gestionamos ni pintamos nada en ese tema, por tanto, son temas de los brasileños que seguro que lo están haciendo de acuerdo con las leyes brasileñas y yo no puedo decir nada más”.

"Iberdrola presume de ser una empresa verde, con compromisos en materia de sostenibilidad y lucha contra el cambio climático. Su código ético obliga a respetar los derechos de las minorías étnicas y de los pueblos indígenas en los lugares en los que desarrollen su actividad. Pero en Brasil Iberdrola tiene un doble rasero, una doble moral, un discurso claramente hipócrita" ha señalado Soto.

Otra empresa española enfangada en el negocio hidroeléctrico en la Amazonia es Mapfre, que en Brasil está asociada al Banco do Brasil, entidad financiera cuya participación mayoritaria es el Gobierno de Brasil. Como en el caso de Iberdrola, BB-Mapfre ha estado involucrada en el polémico proyecto de Belo Monte, pero una vez obtenido el contrato para asegurar el 30% del riesgo de esta megapresa, reaseguró la operación en otras compañías de seguros.

Mapfre también presume de buen gobierno y buenas prácticas. La compañía ha participado en el Global Compact de Naciones Unidas desde 2004 y sostiene que apoya los Principios para la Inversión Responsable (PSI). Pero en una reunión reunión con responsables de la empresa mantenida con Greenpeace en marzo de 2016, la empresa alegó que necesitan tiempo para analizar los riesgos asociados con el proyecto de presa de Sao Luiz do Tapajos y que la decisión final se tomará conjuntamente con su socio el Banco do Brasil.

Ambas empresas españolas están involucradas en el complejo hidroeléctrico de Belo Monte, en el río Xingu, que es el un ejemplo de cómo este tipo de proyectos además de generar desplazamientos de las comunidades y pueblos indígenas conllevan la destrucción de los ecosistemas frágiles. Además, Belo Monte se ha convertido en una pieza de la investigación sobre el escándalo de corrupción más grande en la historia de Brasil. Las empresas adjudicatarias pagaron millones de reales brasileños en sobornos para obtener participaciones en la construcción del complejo.
Incoherencias de las presas hidroeléctricas

Mientras que los entusiastas del desarrollismo de la Amazonia tratan de justificar los impactos ambientales, sociales y humanos de las grandes presas hidroeléctricas en la selva, con el argumento de que van a ayudar a parar el cambio climático, en realidad su construcción provoca una considerable cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero. Además, irónicamente, como resultado del cambio climático, se prevé que los ríos de la región sufran una drástica reducción del caudal, debido al descenso de lluvias, provocando una merma en los beneficios y que no se supla la demanda de energía de Brasil. Los cálculos de Greenpeace muestran que la mejor alternativa para suplir esta demanda es una combinación de energía eólica, solar y biomasa,
combinación que sería factible si el gobierno aumentara en un 50% la capacidad total de los contratos subastados cada año para estas fuentes de energía renovables.

El supuesto origen renovable de la explotación hidroeléctrica de los ríos de la Amazonia es un mito. Ya es hora de que el gobierno brasileño lo admita, así como el hecho de que estos proyectos traen miseria y destrucción a la región y no ofrecen seguridad energética. Las empresas deben saber, además, que estos riesgos hacen peligrar los supuestos beneficios económicos de estos proyectos”, ha añadido Soto.

Informe aquí

Greenpeace


¿Qué está pasando en Tapajós?

Miguel A. Soto

El gobierno brasileño está planificando un gran proyecto de producción de energía hidroeléctrica en la cuenca del río Tapajós, con más de 40 presas, entre grandes y medianas.

Estos planes incluyen la presa de São Luiz do Tapajós, con un muro de presa de 7,6 kilómetros y una superficie de inundación similar a la ciudad de Nueva York, inundando también parte del territorio indígena Munduruku, tribu que ha vivido en esta región durante siglos. Este proyecto faraónico no sólo amenaza a las comunidades y los ecosistemas locales, también perjudica el clima. La construcción de la que sería la tercera mayor presa del mundo produciría sustanciales cantidades de gases de efecto invernadero, producto de la descomposición de la vegetación de la selva inundada y el suelo.

Para que esta empresa se lleve a cabo se necesita una enorme cantidad de recursos económicos y tecnológicos. Greenpeace Brasil ha estado investigando quienes querrían beneficiarse de este proyecto irracional y destructivo, y ha presentado hoy un informe donde señala los riesgos operacionales, financieros y de reputación de este proyecto.

El informe documenta que la presa de São Luiz do Tapajós está atrayendo el interés de un buen número de empresas brasileñas y extranjeras del sector de la energía, ingeniería, aseguradoras, entidades financieras, etc. Algunas de ellas con experiencia en otros proyectos hidroeléctricos en la región. Empresas como General Electric, Voith Hydro, Siemens y Andritz podrían participar en este proyecto, pero también empresas españolas como Iberdrola (a través de su socio brasileño Neoenergía) y la aseguradora Mapfre (con su socio Banco do Brasil).

Hasta la fecha, ninguna de estas grandes empresas ha anunciado públicamente sus intenciones sobre este proyecto. Pero otros, como la empresa energética europea Enel, han dado un paso al frente y han anunciado públicamente que no van a participar.

En el caso de las españolas Iberdrola y Mapfre, Greenpeace se ha reunido con representantes de ambas empresas recientemente. De hecho, un miembro de Greenpeace intervino en la Junta de Accionistas de 2016, celebrada el pasado 8 de abril de 2016, y solicitó al Presidente de Iberdrola, Ignacio Galán, una declaración pública de desvinculación del proyecto hidroeléctrico de São Luiz do Tapajós. La respuesta del Presidente fue “esto es una sociedad participada (en relación a su socio Neoenergia); ni gestionamos ni pintamos nada en ese tema, por tanto, son temas de los brasileños que seguro que lo están haciendo de acuerdo con las leyes brasileñas y yo no puedo decir nada más”.

La respuesta de Mapfre ha sido igualmente decepcionante. En una reunión con responsables de Mapfre mantenida en marzo de 2016, la empresa comunicó que necesitan tiempo para analizar los riesgos asociados con el proyecto de São Luiz do Tapajós y que la decisión final se tomará conjuntamente con su socio el Banco do Brasil.

Ambas empresas, Iberdrola y Mapfre, presumen de ser empresas responsables, transparentes y de haber firmado acuerdos de buen gobierno de Naciones Unidas, disponer de códigos éticos, políticas de responsabilidad social corporativa y bla, bla, bla...

Pese a estas respuestas, la realidad es que los bancos, compañías de seguros, proveedores y contratistas que se involucren en grandes proyectos de energía hidroeléctrica en la Amazonia se enfrentan a graves riesgos financieros y de reputación.

Estas grandes infraestructuras están actualmente en el punto de mira internacional, ya que sus impactos sobre el medio ambiente y las comunidades locales son inasumibles. Además, estos grandes proyectos en la Amazonia han sido recientemente vinculados a la corrupción. La mega presa de Belo Monte ya ha pasado a formar parte de la investigación por el mayor caso de corrupción de la historia de Brasil. Las empresas adjudicatarias pagaron sobornos millonarios para obtener participaciones en la construcción del complejo.

Por estos motivos, participar en los proyectos hidroeléctricos en la Amazonia es un juego peligroso. Pese a esto, algunas grandes corporaciones prefieren correr este enorme riesgo.

Las empresas que pueden colaborar en la construcción, explotación o aseguramiento de la presa de Tapajós están en todo el mundo. Pero la gente que puede parar este proyecto también forma un movimiento global. Hoy mismo, activistas de Greenpeace se han manifestado a las puertas de la multinacional Siemens en Munich, Alemania, para exigir que esta empresa se desvincule del proyecto de São Luiz do Tapajós.

Y hace tan solo dos semanas, indígenas Munduruku se unieron a activistas de Greenpeace para protestar pacíficamente en la Junta General de Accionistas de la empresa austriaca Andritz. Los Mundurukú pidieron que la empresa no forme parte de proyectos que destruirían sus territorios.

13 de abril de 2016

+ Info:

Brasil: La rebelión obrera de Jirau. Raúl Zibechi


A la mateixa secció:


Iberdrola vol construir un magatzem de residus a la central nuclear amb més incidències de l’Estat


La plaça de bous de València torna a escoltar el clam animalista: ‘Falles sense sang’.


11 de marzo: sexto aniversario de Fukushima


¿Cuánto ganan las grandes eléctricas en el estado español?


Tractors al carrer


Ecologistes en Acció recolza les mobilitzacions contra els granels del port d’Alacant


Capitalisme a l’espanyola: El rescat de les autopistes en fallida


Caos climático ¿verdad o consecuencia?


Les cooperatives d’energia, aposten per un canvi de paradigma per fer front a les grans companyies.


TTIP, CETA y TiSA: Blindajes perfectos para criminales climáticos

Creative Commons License Esta obra est� bajo una licencia de Creative Commons by: miquel garcia -- esranxer@gmail.com