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dimarts 12 d’abril de 2016 | Manuel
Sobre un "gobierno de izquierdas": "El dilema es si gestionamos la miseria o planteamos la desobediencia". Entrevista a Sergi Cutillas (PACD)

Laura Safont

El economista catalán Sergi Cutillas, miembro de la Plataforma de Auditoría Ciudadana de la Deuda (PACD) y del Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG), se ha convertido en un analista de referencia tras haber participado como voz experta en la comisión internacional que auditó la deuda de Grecia. Ahora, tras la experiencia fallida griega, lucha por trasladar la lección a los nuevos partidos de la izquierda española que se proponen desafiar las políticas de austeridad de la Unión Europea.

El año pasado participó como experto en la Comisión sobre la Verdad de la Deuda Pública en Grecia, cuyos resultados evidenciaron que la deuda griega era “ilegal, ilegítima y odiosa”. Después del fracaso de una de las mayores oportunidades europeas para iniciar un impago de la deuda, ¿qué lección debemos extraer de la claudicación del gobierno de Tsipras?

Después de la experiencia griega hay que tomar conciencia de la enorme presión a la que están sometidos los gobiernos que tienen una posición deudora. La presión a la que estuvo sometido el gobierno de Syriza fue enorme. Si un gobierno no tiene un plan definido y concreto es imposible llegar a acuerdos con las instituciones europeas.

¿Syriza nunca puso sobre la mesa un plan alternativo?

Nunca consideró seriamente, por mucho que amenazara con ello, ni el impago de la deuda ni la posibilidad se salir de la eurozona. Si uno no contemplaba esta salida de la eurozona iba a fracasar. Como catalán y español, ahora tengo el deber de explicar las lecciones extraídas de Grecia porque aún no se han tenido en cuenta. En el discurso de la izquierda aún hay un intento de justificar que Grecia no es España, que la UE es un refugio de valores progresistas que debemos salvar, etc. Cuando en realidad se trata de sistemas institucionales que están causando mucho daño.

¿Qué debería aprender la izquierda alternativa? ¿Es el Plan B para Europa un punto de partida?

El Plan B es un buen inicio, pero dependerá de qué camino tome. Puede asumir uno más reformista, que es más de lo mismo, o puede extraer las lecciones de los últimos años de crisis y preparar el verdadero Plan B. En realidad el nombre de Plan B surge de la necesidad de preparar un proyecto para una posible salida de la eurozona y para un posible impago de la deuda. Si se llama Plan B al programa de mantenerse dentro de la eurozona y sin plantear un impago de la deuda no deja de ser el Plan A.

Si el Plan B continúa teniendo dos almas se quedará en un propósito que no avanza en materia política y que no está definido. Será inútil para construir programa político de la izquierda.

¿No se puede plantear una reconstrucción de la UE desde la izquierda sin desobedecer las actuales instituciones y tratados europeos?

La nueva izquierda está conformada por activistas que han tenido como valor la desobediencia de leyes injustas. El objetivo de un gobierno de izquierdas tendría que ser la protección de los derechos sociales, económicos y culturales. En la base de estos derechos está la supervivencia, es decir, tener los derechos básicos cubiertos. En esta dirección, si se quieren hacer políticas de izquierdas se deben desobedecer los tratados.

Se han de practicar políticas fiscales expansivas, que significa hacer déficits que superen lo que permiten en estos momentos los acuerdos europeos para generar crecimiento a corto plazo. Si se plantea esto, uno se enfrenta a una batería de acciones tanto del sistema financiero europeo, del BCE como de la Comisión europea. Con esto se nos dice que no podemos hacer políticas de izquierda dentro de la UE ni dentro la eurozona. El dilema es si gestionamos la miseria o planteamos la desobediencia.

¿Está perdiendo fuelle la necesidad de luchar contra la miseria del sistema europeo cuando el discurso de la recuperación económica cobra aceptación pública?

No estamos saliendo de la crisis, aunque los riesgos de fallo del Estado sean menores. La compra de bonos del BCE hace que se calmen los mercados y no haya riesgo de “fallida”. El precio del pretróleo está por los suelos porque ha disminuido la demanda de este crudo a nivel mundial. A economías como la española este descenso le va muy bien porque somos dependientes de esta materia prima y no somos productores. Si sumas todos estos factores se puede intuir una mínima recuperación.

Sin embargo, nos mantenemos en una situación en la que Alemania es mucho más competitiva desde el inicio del euro que el resto de países de la eurozona. Por ello, aunque sintamos cierta recuperación, en este momento ya estamos volviendo a perder competitividad respecto Alemania. Nuestras balanzas volverán a empeorar y volveremos a tener más endeudamiento externo neto.

¿No hay manera de sortear la crisis económica en España?

Mientras nos mantengamos en esta camisa de fuerza del euro tendremos pequeños ciclos de subida y de bajada, pero no una salida sustancial de la crisis. Hemos entrado en una crisis ’a la japonesa’, de deflación y estancamiento. Y esto se aplica a todas las economías desarrolladas del mundo. Si no hay unas políticas fiscales decididas para generar crecimiento y afrontar la demanda interna de los diferentes países esto no se arreglará. Un gobierno de izquierdas debería priorizar este dinamismo de la economía para después hacer reformas sociales de más profundidad y en la dirección del socialismo.

Entonces, ¿las izquierdas deberían plantear una salida del euro?

Se trata de cambiar la lógica europea. Debería existir un contrapoder en Alemania, que en estos momentos tiene una hegemonía muy grande en las estructuras de la eurozona y de la UE, y un control financiero del modelo mercantilista.

Alemania, en pocos años, se ha convertido en una súper potencia exportadora. Una media del 30% de exportaciones sobre PIB, un poco por debajo en España, pasó a un 50% antes de llegar a la crisis. Esto no había sucedido antes en la historia reciente de las economías. Si Alemania no renuncia a una parte de la cuota de mercado de las exportaciones dentro de la eurozona, los demás países no podrán equilibrar sus balanzas comerciales. Estas balanzas son las que generan deuda externa. Necesitamos que los salarios aumenten en Alemania y que suba la inflación. Esto hará que nosotros podamos ser exportadores en vez de importadores.

¿Cómo se convence a Alemania de repartir hegemonía entre sus socios europeos?

Cuando hay crisis las burguesías se atrincheran a nivel nacional. Los bancos, los políticos y los industriales de un mismo país se protegen unos a otros. Es lo que llamamos nacionalismo capitalista. Esto es lo que hace Alemania y permite que domine la eurozona.

La única manera de que Alemania cambie de posición política sería con la aparición de un contrapoder fuerte. Eso podría suceder si hubiese una alianza de los países del sur para plantarse delante de Alemania, aunque a estas alturas dudo que Alemania aceptara cambiar sus políticas. Lo que sí podría pasar es que dejara a España, Grecia y Portugal salir del euro. El euro está condenado a desintegrarse o cambiar de forma, pero no se va a sostener.

¿Sería el detonante de la desintegración de la UE la salida de Reino Unido?

La crisis de la eurozona es ya un desequilibro en la UE, agrabada por la situación de Grecia. Ahora se encuentran con la crisis de refugiados y la disfuncionalidad de los órganos de gobierno europeos, como la Comisión europea, tratando de resolver un asunto humanitario.

La izquierda en Europa no está consiguiendo dar una fuerza progresista y humanista, y está dejando que los reaccionarios xenófobos de la derecha crezcan en Alemania, en Reino Unido y otros países de la eurozona. El UKIP británico es partidario de abandonar la UE con un discurso xenófobo y racista. Este mensaje está calando y está forzando a los conservadores a encarar el debate y hacer un referéndum. Toda esta dinámica es fruto del fracaso del proyecto de integración, basado en fundamentos teóricos neoliberales que ya no se sostienen. También del fracaso de la izquierda europea por proponer una alternativa. En este momento se está evidenciando la crisis de los partidos de centro, pero también la crisis de los partidos de izquierdas que han estado funcionando a la periferia del centro.

¿Podría impulsar Catalunya una auditoría de la deuda que tiene con España, como señala la CUP en la declaración del 9N?

Si se plantea una revisión de la deuda considerada ilegítima en Catalunya, hay que tener en cuenta que el creditor mayoritario es el Estado. Es el Ministerio de Hacienda el que paga directamente las facturas de Catalunya. Además, ahora Catalunya no tiene suficiente dinero y se refinancia a través del FLA, que es la línea de financiamiento autonómica. Por tanto, Catalunya no tiene sus propios ingresos fiscales y son muy limitados. Uno está en manos del Estado en materia de finanzas. Por tanto, el impago sería como tirarse piedras sobre el propio tejado siempre que no se plantee en el marco de una estrategia política de romper con el Estado y proclamar la independencia. Según como se haga se puede generar una crisis económica y financiera en el Estado, y un rechazo de la comunidad internacional.

Y dentro del Estado, ¿hay voluntades políticas para desafiar el sistema de endeudamiento europeo?

De momento no hay avances porque no sabemos si tendremos gobierno o habrá próximas elecciones. Existe la voluntad de los partidos de la izquierda, de Podemos y sus confluencias, de poner en marcha grupos de estudios de la deuda. Sería clave que parte del PSOE, de la militancia y de las bases del partido, entendieran que cualquier partido progresista debería aspirar a hacer participar a la población en las finanzas, en la gestión de los recursos y en cómo se están administrando las deudas. El PSOE debería incorporar una auditoría de la deuda en su programa. Dudo que la cúpula lo haga, pero sé que hay gente de la base o de municipios que no ven con malos ojos esta iniciativa.

¿Qué pasará si se acaba formando un gobierno con la derecha en España?

La izquierda crítica con la socialdemocracia, como Podemos y sus confluencias, podrá estar preparada para ser una alternativa y no más de lo mismo. Para no cometer los errores de Syriza. En los próximos cuatro años debería hacer una guerra cultural a la vez que un boicot político a las políticas de destrucción social. Preparar un programa de fondo para cuando sea el momento de gobernar. El reto es que no le pase lo que le ha pasado a Syriza por falta de planificación.

11/4/2016

Publico


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