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Anticapitalistes
  
dissabte 26 de març de 2016 | Manuel
El poder sindical de base: la experiencia desde los EEUU

Paul D’Amato

EN NUESTRO último artículo, describimos la naturaleza contradictoria de los sindicatos—la ser organizaciones básicas de auto-defensa para los trabajadores, y al mismo tiempo ejercer una influencia conciliadora en la lucha de clases.

Una mirada a la formación de los sindicatos aglomerados en el Congreso de Organizaciones Industriales (CIO por sus siglas en inglés), en EEUU, nacido entre las huelgas y piquetes masivos de los años treinta, nos deja claro la primera parte de esta contradicción. Los esfuerzos de los líderes de CIO por contener la toma de fábricas y por restringir a los militantes sindicales nos muestran el otro lado.

Los trabajadores de base son conducidos por sus condiciones a organizarse y dar la pelea, aprendiendo en el curso de la lucha que las tácticas militantes—por ejemplo, piquetes efectivos, acciones solidarias, y otras—dan resultados claros.

La burocracia sindical, por otro lado, tiende hacia al conservatismo cuando se trata de luchar, por miedo a poner en riesgo la supervivencia de la organización, y su posición dentro de ella.

El rol de los cargos sindicales como mediadores entre los trabajadores y la patronal los pone por encima de las bases, los distancia de las condiciones y experiencias del trabajo, y los acerca en perspectiva y estilo de vida a los gerentes con los que negocian.

Este desarrollo ha alcanzado su cúspide en Estados Unidos, donde algunos cargos sindicales ganan robustos salarios de seis cifras. En Nueva York, Gus Bevona recibía $400.000 anuales administrando el sindicato de conserjes, con 65.000 miembros; y obtuvo un paquete de jubilación de millón y medio de dólares, después de ser expulsado por la presión de una demanda legal introducida por un grupo de disidentes.

Y Edward Hanley, ex-presidente del sindicato de trabajadores de hoteles y restaurantes, hizo que la organización le comprara un jet privado de $2.5 para su uso personal.

Los cargos sindicales ya no son trabajadores, si alguna vez lo fueron, pero tampoco son empleadores. Su trabajo es el de representar los intereses de las bases. Por ende, les toca aguantar la presión desde abajo para responder a los intereses de sus miembros.

Los marxistas británicos Tony Cliff y Donny Gluckstein lo expresaron de esta manera: la burocracia sindical "tira para atrás y controla la lucha de los trabajadores, pero tiene un interés vital en no alentar tanto la colaboración con los empresarios y el Estado hasta el punto de hacer que los sindicatos queden completamente impotentes".

Eso significa que incluso los líderes sindicales más burocráticos pueden ser empujados a tomar acción si sienten la presión suficiente desde las bases, aunque su inclinación será siempre la de contener tales acciones y amarrarlas lo más rápido posible.

Cliff y Gluckstein sacaron la siguiente conclusión, en un punto que podemos relacionar al estado actual de los sindicatos en EEUU: "si el sindicato falla completamente en articular las quejas de sus miembros, esta falla llevará eventualmente, ya sea, a cambios internos del liderazgo, o a la apatía de sus miembros y a la desintegración de la organización".

La desintegración y la apatía han carcomido al movimiento obrero estadounidense en las últimas décadas, resultando en un bajo nivel de militancia sindical y un movimiento obrero débil, que ha sido incapaz de movilizar una resistencia eficaz en estas tres décadas de ataques empresariales a salarios, beneficios y condiciones de trabajo.

LA CONCLUSIÓN que los socialistas extraemos en relación con los límites de la burocracia sindical es que los trabajadores de base debemos organizarnos independientemente de los cargos sindicales, apoyándolos en la medida en que nos representen como miembros y representen nuestros intereses, criticándolos cuando no nos representen; preparándonos para actuar por fuera de las orientaciones de los cargos sindicales cuando sea necesario.

La organización de las bases puede tomar formas diversas, entre estas, una campaña para reformar el sindicato o elegir un nuevo liderazgo, o un comité para presionar a los cargos, o la organización independiente en elecciones directas para delegados en un centro de trabajo.

La posición de los líderes sindicales como parte de una capa social distinta significa que incluso aquellos que han surgido de entre las bases pueden ser cooptados y robados de estas. Por esta razón, los movimientos de reforma sindical, aunque cruciales para activar las bases, no pueden alterar completamente la naturaleza de la burocracia sindical, producto de su posición social.

Un caso para recordar es el de Mineros por la Democracia (MFD, por sus siglas en inglés), un movimiento de base que intentó reformar el sindicato Trabajadores Mineros Unidos de América (UMWA, por sus siglas en inglés), logrando deponer a su corrupto y vicioso líder, Tony Boyle. Boyle había sucedido a John L. Lewis como presidente del sindicato en 1963, fraudulentamente obtenido su reelección en 1969, y contratado a sicarios para asesinar a su oponente, Jock Yablonsky.

Mineros por la Democracia exigió una re-estructuración de la administración sindical, elecciones democráticas en todos sus distritos, la mudanza de la central sindical de vuelta a las minas de carbón, un contrato nuevo que incrementara pensiones y beneficios sanitarios, y una jornada laboral de seis horas—todas ellas exigencias que un movimiento obrero revivido ciertamente reactivaría.

Arnold Miller, miembro de base de UMWA que llegó a ser presidente de la Asociación de los Pulmones Negros, se lanzó en la boleta electoral de MFD en 1972 y derrotó a Boyle. Luego de eso, MFD, así como otros grupos de base entre los mineros, se disolvió. Miller se distanció de las bases, y como sus predecesores, negoció contratos laborales con la patronal a puerta cerrada, sin el aporte de la base y contra la satisfacción de sus exigencias.

Como informó la revista Labor Notes, "cinco años después, cuando Miller comenzaba su segundo período ejecutivo, la UMWA alquilaba una limusina Cadillac de nueve pasajeros. Esto, dijo Miller, permitiría a los cargos viajar con ’dignidad’. La historia de la limusina simboliza lo que pasó con la administración Miller. Elevado a su puesto por una ola de ira y activismo de las bases, Miller renunció en 1979, con todo el desprecio de los que lo habían elegido".

La moraleja es que los movimientos de reforma sindical no pueden descansar tras haber elegido mejores líderes, sino que deben mantener organizaciones de base independientes de los cargos de turno.

La UMWA logró una cantidad de avances en 1972 democratizando el sindicato. Pero incluso en los sindicato formalmente más democráticos (que ya son pocos en EEUU), siempre hay una capa de burócratas a quienes su posición social les lleva a apagar las iniciativas de las bases.

LOS SOCIALISTAS apoyamos organizaciones de base independientes por razones fáciles de entender.

Sólo a través de su propia iniciativa los trabajadores adquieren confianza en su poder y moldean su conciencia hacia la lucha. Mientras más burocráticamente sea dirigida una huelga -desde arriba, con piquetes simbólicos y la participación pasiva de "la membresía"- menos se promoverán aquellas cualidades que preparan a los trabajadores para transformar tanto a la sociedad como a sí mismos.

Por otro lado, mientras más recaiga en los trabajadores la organización de una huelga, mayor es el potencial para la victoria. La lucha se vuelve más intensa, con ejemplos de sacrificio y abnegación, lo que hace de la huelga un evento que radicaliza a los trabajadores.

Ésta es la razón por la que los burócratas sindicales desaniman estos procesos. La burocracia sindical es conservadora de por sí, y resiste, como capa social, no sólo la presión de la militancia obrera, sino también, y en último lugar, la de la revolución. No así la clase trabajadora.

La conciencia y la militancia de la clase trabajadora cambian dramáticamente de un período a otro, pero como clase, los trabajadores somos capaces de superar las "ideas dominantes" de la sociedad a través de nuestra propia actividad, haciéndonos capaces de transformarla radicalmente.

Para hacerlo, sin embargo, debemos crear algo más allá de los sindicatos, aunque en primera instancia la militancia de los trabajadores se exprese en el crecimiento de los sindicatos.

Para vencer los límites de los sindicatos, los trabajadores debemos construir organizaciones, preferentemente de consejos de delegados en los lugares de trabajo, que borren contra las divisiones seccionales que los sindicatos dan por sentadas—entre lugares de trabajo, por habilidad, oficio, y entre distintas industrias.

Y debemos construir organizaciones de base dentro de los sindicatos que puedan llevar adelante la lucha cuando los burócratas quieran impedirla.

15/6/2015

socialistworker.org


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