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divendres 18 de març de 2016 | Manuel
El G-20 y las soluciones “ortodoxas” ante la desaceleración global

Michael Roberts

La reunión el pasado fin de semana de los ministros de Finanzas de las 20 principales economías del mundo en Shanghai, China, ha defraudado. Antes de la reunión, el FMI pintó un panorama sombrío de la situación de la economía mundial. En su informe, Perspectivas y desafíos de política mundial, los economistas del FMI advirten que reducirán una vez más sus previsiones de crecimiento económico mundial para el año 2016.

Y cuando se reunió la cumbre del G-20 se publicaron las cifras de comercio mundial en el año 2015. Que ha registrado su mayor retroceso desde la Gran Recesión de 2008-9. El valor de los bienes que han cruzado las fronteras internacionales el año pasado cayó un 13,8 por ciento en dólares - la primera contracción desde 2009 - de acuerdo con el Informe sobre Comercio de la Oficina Holandesa de Análisis de Política Económica.

El índice Baltic Dry, que mide el comercio mundial de mercancías a granel, ha tocado mínimos históricos. China, que en 2014 superó a los EE.UU. como la mayor nación comercial del mundo, informó este mes de una caída de dos dígitos en enero tanto para las exportaciones como para las importaciones. En Brasil, que ahora está experimentando su peor recesión en más de un siglo, las importaciones procedentes de China han colapsado. Las exportaciones de China a Brasil, de todo, desde automóviles a textiles transportados en contenedores cayeron un 60 por ciento en enero respecto al año anterior, mientras que el volumen total de las importaciones en contenedores en la mayor economía de América Latina se redujo a la mitad, de acuerdo con Maersk Line, la compañía naviera más grande del mundo.

Medido por su volumen, el panorama no es tan sombrío, porque el comercio mundial crece un 2,5 por ciento. Pero está por debajo del crecimiento de la economía mundial del 3,1 por ciento, transmitiendo la tendencia depresiva de la economía mundial. Antes de la crisis de 2008, el comercio mundial creció el doble de la tasa de la producción mundial durante décadas. Desde 2011, sin embargo, el crecimiento del comercio se ha reducido hasta situarse al nivel - o incluso por debajo - del crecimiento más alto de la economía mundial (aquí), lo que lleva a algunos a plantearse preguntas sobre si la globalización, que ha sido la característica dominante durante décadas, ha alcanzado su pico.

Y si se excluye a China, las economías de los llamados países en desarrollo están creciendo más lentamente que el mundo desarrollado, por primera vez desde 1999 (aquí). Los mercados emergentes (MEs) sin-China, han crecido tan solo el 1,92 por ciento el pasado año, según datos del FMI, por debajo incluso del crecimiento anémico del mundo desarrollado, donde la producción creció un 1,98%.

Este bajo crecimiento de los MEs en relación con las economías desarrolladas en términos per cápita es más marcado todavía porque el crecimiento de la población es más rápido en los mercados emergentes que en los desarrollados - de hecho el último censo de Japón muestra que ha perdido 1 millón de habitantes en los últimos cinco años.

Un economista de Citibank, comentó: "Se llama falta de convergencia. La teoría sugiere que los mercados emergentes deberían estar creciendo más rápido que los mercados desarrollados y alcanzándolos [pero] creo que [el mundo emergente] está probablemente entrando en una recesión ahora ... El futuro de miles de millones de personas dependerá de si esta reversión de la tendencia hacia la convergencia resulta ser un problema pasajero, o si es en cambio los buenos resultados de los países emergentes durante el período 2000-2014 en última instancia resultan haber sido anómalos".

Por otra parte, como he indicado anteriormente en este blog (aquí), no podemos confirmar una nueva depresión global a menos que la economía de Estados Unidos también comience a contraerse. Y eso no está ocurriendo todavía. Según los últimos datos para el último trimestre de 2015, el PIB real de Estados Unidos creció a una tasa anual de 1% y sumó un aumento del 2,4% en 2015, similar al del Reino Unido. Pero el crecimiento económico de Estados Unidos se está desacelerando, a causa de la desaceleración de la inversión empresarial y las pérdidas en el comercio con el resto del mundo.

No tiene buena pinta. Como los economistas de Citibank han dicho (aquí), "es probable que, en nuestra opinión, el crecimiento mundial este año, una vez más defraude y, el riesgo de una recesión del crecimiento mundial (crecimiento por debajo del 2%) es alto y sigue aumentando. En caso de fallar la economía de Estados Unidos, sería difícil identificar cualquier economía importante que pudiera actuar como motor de crecimiento para el mundo a corto plazo. Y la previsión de crecimiento de Estados Unidos en el año 2016 se ha reducido por su parte desde el 3,0% en enero 2015 al 2,0% reciente".

En su Nota de balance para el G20 (Nota del G20), el FMI llega a la conclusión de que "hay actualmente menos margen para la complacencia. Los políticos pueden y deben actuar rápidamente para impulsar el crecimiento y planificar como contener los riesgos. La coordinación de una respuesta política fuerte a nivel del G-20 es muy urgente. El G-20 debe planificar ahora e identificar de forma proactiva políticas que deberán poner en marcha rápidamente, si los riesgos de desaceleración se confirman". En la reunión del G-20, el actual gobernador del Banco de Inglaterra (el mejor pagado del mundo), Mark Carney, expresó su temor de que "la economía mundial corre el riesgo de quedar atrapada en un equilibrio de bajo crecimiento, baja inflación, bajos intereses". Los ministros del G-20 ponen buena cara en su comunicado: “la recuperación global continúa, pero sigue siendo desigual y se queda corta de nuestro objetivo de un crecimiento fuerte, sostenible y equilibrado".

Entonces, ¿cómo salir de esta desaceleración económica mundial que amenaza en convertirse en una nueva recesión económica? La búsqueda de nuevas medidas de política económica para evitar otra crisis mundial está en marcha. Hemos tenido tipos de interés cero fijados por los bancos centrales para alentar a las empresas y a las personas a pedir prestado más; hemos aplicado la flexibilización cuantitativa (imprimir dinero y dárselo a los bancos); Ahora vamos a tener tasas de interés negativas (penalizando a los bancos por no prestar su dinero a la economía real). Pero no está funcionando (aquí).

De hecho, en el G20, el gobernador del Banco de Inglaterra Carney echó un jarrón de agua fría (aquí) sobre la solución actual a la desaceleración global defendida por varios bancos centrales, a saber, las tasas de interés negativas. Estos movimientos de los bancos centrales para reducir las tasas de interés por debajo de cero corren el riesgo de crear un escenario de "pedir al vecino", que podría dejar a la economía global atrapada en una dinámica de bajo crecimiento. Las tasas de interés negativas significan que los clientes pagan una tarifa efectiva por el dinero en efectivo depositado en los bancos, por lo que los ciudadanos japoneses están empezando a acumular yenes en su casa, de acuerdo con el Wall Street Journal (aquí), y necesitan un lugar donde depositarlos. Las ventas de cajas fuertes se han duplicado en relación con el mismo período del año anterior en la cadena de ferreterías Shimachu, de acuerdo con periódico. La cadena ya ha vendido todas las existencias de un modelo que cuesta más de 700 dólares. Otros ahorradores están considerando lugares de almacenamiento menos convencionales. "En respuesta a las tasas de interés negativas, hay personas de edad avanzada que está pensando en guardar su dinero debajo del colchón". Así que la gente está ahorrando dinero en lugar de gastarlo.

Según el G-20: "Las políticas monetarias seguirán apoyando la actividad económica y garantizarán la estabilidad de precios ... pero la política monetaria por sí sola no puede producir un crecimiento equilibrad". Y como los economistas del FMI han dicho: "la política monetaria acomodaticia, aunque todavía muy necesaria, no pueden conseguirlo solo. Es necesario que haya un enfoque integral, incluyendo la política fiscal (donde hay margen fiscal) y el equilibrio presupuestario".

Si no se toman medidas, es segura una nueva crisis financiera global; y sin reformas es probable que suceda más temprano que tarde, según el predecesor de Carney, el ex gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, que promueve su último libro (The end of alchemy, the global economy and the future of money). King, que dirigió el Banco de Inglaterra cuando el sistema financiero del mundo casi se derrumbó en 2008-09, defiende que sólo un replanteamiento fundamental de los sistemas monetarios y bancarios podría evitar otra crisis. "Sin una reforma del sistema financiero, otra crisis es segura, y el fracaso ... a la hora de hacer frente a los desequilibrios en la economía mundial hace que sea probable que llegue más pronto que tarde"

La opinión mayoritaria de la Reserva Federal de Estados Unidos no es tan pesimista. El Vicepresidente Stanley Fischer aún espera una aceleración de la economía de EE.UU (aquí). Según Fischer: "Si los recientes desarrollos del mercado financiero conducen a un endurecimiento sostenido de las condiciones financieras, ello podría indicar una ralentización en la economía global que podría afectar el crecimiento y la inflación en los Estados Unidos. Pero hemos sido testigos de períodos de volatilidad similares en los últimos años, incluyendo en la segunda mitad de 2011, que han dejado poca huella visible en la economía, y todavía es pronto para juzgar las ramificaciones de la creciente volatilidad de los mercados en las primeras siete semanas de 2016”. Por lo tanto, sería un error lanzar las NIRP (tasas negativas) en los EE.UU. “La política monetaria debe tener como objetivo evitar estos riesgos y mantener la expansión de forma sostenible".

Sin embargo, el pesimismo empieza a cundir entre los economistas y los políticos. Ya se habla del llamado ’dinero helicóptero’ (entregar dinero en efectivo a los hogares para gastos) y de / o estímulos fiscales (aumento de gasto público y recortes de impuestos). He comentado ya la naturaleza del ‘dinero helicóptero’ (aquí) que recibe su nombre de la idea promovida inicialmente por el economista monetarista Milton Friedman y su discípulo, el ex presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, de que las autoridades monetarias podrían simplemente tirar desde helicópteros montones de dinero en efectivo sobre el país para ser gastado. Ese dinero caído del cielo (¡literalmente!) provocaría un enorme aumento de la demanda de los consumidores que relanzarían las ventas, los ingresos y los beneficios. Esta idea cobró fuerza cuando Adair Turner, ex director de la Autoridad Reguladora Financiera del Reino Unido, la defendió en su libro Between Debt and the Devil (aquí), por supuesto, y que en realidad supone transferir fondos a las cuentas bancarias de la gente.

Esta "solución" está siendo promovida como el último recurso por Martin Wolf y Gavyn Davies, los columnistas económicos keynesianos del Financial Times del Reino Unido. Los asesores de la campaña presidencial de Bernie Sanders en Estados Unidos (aquí) (y para el caso, los asesores de Corbyn-McDonnell de la oposición Laborista en el Reino Unido) (aquí) defienden una posición similar. Dar dinero directamente a la gente y esto estimulará la demanda de los consumidores y la economía dará un salto hacia adelante, porque hay mucha demanda acumulada contenida a la espera de ser puesta en libertad.

Este enfoque parte de la premisa keynesiana de que el problema actual de las economías capitalistas es una "crónica falta de demanda". Como Martin Wolf escribe: "Detrás de esto hay una realidad simple: el exceso de ahorro mundial - la tendencia a querer ahorrar más que a invertir - es cada vez mayor el "síndrome de deficiencia crónica de demanda "está empeorando". El problema con el capitalismo en este momento es que "la demanda es también débil en relación a una desaceleración del crecimiento de la oferta. A nivel mundial, el crecimiento de la oferta de trabajo y la productividad laboral han disminuido considerablemente desde mediados de la década pasada. El menor crecimiento del producto potencial en sí debilita la demanda, ya que reduce la inversión, siempre es un motor esencial del gasto en una economía capitalista".

¿Así que la debilidad de la demanda provoca una menor inversión, que provoca un menor crecimiento?. ¿Pero es este el orden causal? En este blog he defendido de acuerdo con los datos que la premisa keynesiana es errónea: la falta de demanda agregada en una economía nacional o mundial es el resultado de una desaceleración o una depresión, no la causa. La caída es provocada por un desplome de la inversión (en particular, la inversión empresarial) que ocurre cuando ya no es rentable invertir. Los beneficios son lo importante, no la "demanda".

Recientemente, el economista marxista Alan Freeman presentó un documento argumentando que Marx y Keynes tienen mucho en común en su análisis económico de las crisis en el capitalismo y en las prescripciones políticas (aquí) (si no en sus políticas). Bien, no estoy de acuerdo. No creo que las ideas teóricas de Keynes y Marx se puedan combinar. En este blog, he hecho hincapié en las diferencias económicas y en este trabajo (contributions-of-keynes-and-marx).

El punto clave en este momento de la actual desaceleración mundial es que el análisis keynesiano dice que el problema es la falta de demanda agregada y que el aumento del gasto público a través del multiplicador keynesiano de la demanda puede ser la solución. Pero de acuerdo con el análisis de Marx, la clave es la rentabilidad de la inversión en las economías dominado por el capitalismo y que la solución es el multiplicador marxista de la rentabilidad. El problema con este último es que la rentabilidad sólo puede ser restaurada a través de la destrucción de valor frenando la inversión, la liquidación del capital antiguo y dejando a millones sin empleo. Esa es la contradicción del capitalismo que Keynes no reconoció, junto con toda la teoría economica dominante (aquí).

Esta es la razón por la que el plan de Sanders, admirable en su intención de proporcionar puestos de trabajo, ingresos y servicios públicos, como la sanidad y la educación, no tendrá éxito en el capitalismo. El economista estadounidense, Gerald Friedman, partidario de Sanders, causó un gran revuelo entre los economistas “ortodoxos”, cuando sostuvo que: "las políticas propuestas por el senador Sanders se traduciría en un crecimiento medio anual del 5,3% durante la próxima década, y la creación de un empleo mensual promedio de cerca de 300.000 puestos de trabajo. Como resultado, la producción en el año 2026 sería un 37% mayor de lo que hubiera sido sin esas políticas, y el empleo sería un 16% mayor".

La idea es que impulsar la demanda a través del gasto público y un aumento significativo de los salarios permitiría generar un crecimiento económico sostenido que pagaría por sí mismo. Esta idea incluso ha ganado el apoyo del ex director regional de la Reserva Federal, Narayana Kocherlakota. Cree que el crecimiento de Estados Unidos podría fácilmente ser mucho más alto que las tasas mediocres proyectadas para los próximos años. Sugiere que la economía de Estados Unidos podría crecer un 4-5% (aquí) anualmente durante los próximos cuatro años, incluso si el crecimiento (total) de la productividad no se recupera "Bajo este perfil alternativo, [capital, trabajo y la producción económica] serían [todos] ( un poco más de) un 10% mayores a finales de 2010 que la actual proyección".

Conseguirlo exige subir los salarios y las tasas de interés, dice, pero sólo a "niveles históricamente normales". Así que hay que dar a la gente más salarios, que gasten más y la demanda se disparará. Hay un montón de margen en la economía de Estados Unidos: personas sin empleo y empresas dispuestas a invertir. De hecho, los salarios más altos podrían obligar a las empresas a invertir en nueva tecnología para ahorrar mano de obra y hacer aumentar el crecimiento de la productividad, que actualmente languidece en mínimos históricos.

Los argumentos de Friedman fueron sometidos a una crítica forénsica por economistas “ortodoxos” como Christine y David Romer. Su punto principal era que impulsar la demanda en la forma reivindicada por Sanders-Friedman no produciría el crecimiento buscado debido a que la economía capitalista no experimentaba la ’brecha de demanda" supuesta y la "capacidad productiva" de la economía capitalista de EEUU era demasiado débil. En otras palabras, la economía capitalista de Estados Unidos sólo podía crecer un 5% al ​​año en términos reales en un futuro previsible si se pudiera ampliar la inversión y elevar la productividad del trabajo en los próximos diez años. Y el aumento de la demanda no lo hará. Por supuesto, el matrimonio Romer no tiene ninguna alternativa a las propuestas de Sanders que critican.

En cualquier caso, las autoridades gubernamentales en todo el mundo se niegan a poner en marcha este tipo de programas de gasto fiscal, a pesar de que el gasto en infraestructura en Europa y los EE.UU. se encuentra en mínimos de hace 30 años y puentes, carreteras y ferrocarriles se desmoronan ante nuestros ojos. De acuerdo con el informe de la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles de 2013, los EE.UU. tiene serias necesidades de infraestructura de más de $ 3.4 billones hasta el 2020, incluyendo $ 1.7 billones de dólares para carreteras, puentes y tránsito; $ 736 mil millones para electricidad y redes eléctricas; $ 391 millones para escuelas; $ 134 millones de dólares para aeropuertos; y $ 131 millones de dólares para canalización de aguas y ríos y proyectos relacionados. Sin embargo, la inversión federal en infraestructura se ha reducido a la mitad durante las últimas tres décadas, desde el 1 por ciento al 0,5 por ciento del PIB.

¿Por qué los gobiernos se niegan a introducir dichas políticas de una manera significativa? Bueno, es porque mayor gasto público significa más impuestos sobre el sector empresarial y / o los hogares, o implica más endeudamiento cuando la deuda del sector público está a niveles récord. Y esto significa la intrusión del gobierno en el sector capitalista justo cuando la rentabilidad está cayendo.

Las soluciones monetaristas a la desaceleración mundial han fracasado; Las soluciones fiscales keynesianas no se están aplicando y no iban a funcionar a largo plazo de todos modos. La única salida es otra crisis.

28/2/2016

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sinpermiso


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