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Anticapitalistes
  
dimecres 6 de gener de 2016 | Manuel
Ni un solo engranaje rodaría: la auto-emancipación de la clase trabajadora es la clave

Paul D’Amato

Los trabajadores crean la riqueza de la sociedad, pero no tienen control sobre su producción y distribución.

La gran división de clases en la sociedad capitalista es entre un número relativamente pequeño de capitalistas, dueños de los medios de producción —la tierra, las fábricas, las minas, galpones, oficinas, medios de transporte y comunicación— y la mayoría obrera, que, desposeída de sus propios medios de trabajo, debe vender su fuerza laboral, gota a gota, como una mercancía a estos mismos dueños para poder siquiera sobrevivir.

La clase trabajadora hoy existe en una escala mayor que nunca, a nivel mundial; en cambio, la riqueza del mundo se ha concentrado en un grado inimaginable en las manos de unas cuantas miles de firmas multi-billonarias, hasta el punto que ciertos individuos poseen más riquezas que países enteros.

Porque los capitalistas son los dueños de los medios de producción, y porque compran la fuerza laboral, también pueden apropiarse del producto de ese trabajo. Los trabajadores no tienen control sobre el carácter y las condiciones de su trabajo. El reinado del capital sobre el trabajo bajo el capitalismo es el despotismo más completo, incluso en una supuesta democracia burguesa.

Bajo el capitalismo, los trabajadores son entonces enajenados, alienados, despojados, no sólo del fruto de su labor, sino también del proceso laboral mismo. Para el obrero, el trabajo sólo sirve para obtener medios para la subsistencia, no como un fin en sí mismo. Para el capitalista, el trabajo de otros no es más que un medio para obtener ganancias—el trabajo y el proceso laboral mismo están subordinados a la constante acumulación.

Todas las mejoras en productividad, bajo el capitalismo, no sirven para aligerar la carga del trabajador, o para reducir los horarios, sino que la intensifica. Los mecanismos para ahorrar trabajo sólo son medios para incrementar el grado de explotación laboral, medios para esclavizar aún más a los trabajadores a la máquina, a la línea de ensamblaje, y al reloj.

Un Marx maduro, escribiendo en Capital, lo puso de esta manera:

Todos los medios para el desarrollo de la producción...se vuelven medios de dominación y explotación de los productores; hacen del trabajador sólo un fragmento de hombre, lo degradan al nivel del apéndice de una máquina; destruyen el contenido actual de su trabajo hasta convertirlo en un tormento; lo despojan del potencial intelectual del proceso laboral en la misma proporción en que la ciencia es incorporada a éste como un poder independiente; deforman el proceso laboral a un despotismo, odioso por su mezquindad".

Marx describe esto como la dominación del trabajo muerto, el capital, por sobre el trabajo vivo, el trabajador.

Una sociedad socialista solo puede ser construida si los trabajadores, colectivamente, toman control de esa riqueza y planifican democráticamente su producción y distribución, para satisfacer necesidades humanas y no el provecho capitalista.

POR TOMAR control de la riqueza del capitalismo, no nos referimos simplemente a la apropiación de las ganancias de los capitalistas, sino a la toma de la maquinaria entera de producción y distribución por los misma gente trabajadora. Sólo a través de este control colectivo, tanto de la producción como de la distribución, podemos crear una nueva sociedad, reorganizada en un plan democrático.

El socialismo debe involucrar una toma activa de control por sobre los sitios de trabajo por la gente trabajadora, así como la formación de instituciones de lucha y control democráticamente electas, para poder socializar la producción y transformarla en la propiedad de todos y todas. Sin este componente, no sería posible revertir las retorcidas prioridades del capitalismo y reemplazarlas con las prioridades humanas del socialismo.

Al mismo tiempo, el socialismo no se reduce simplemente a grupos de gente trabajadora haciendose cargo de sus lugares de trabajo. La socialización, la puesta en orden de estos recursos para la sociedad entera, sólo puede tener lugar en base a toda una sociedad. Por ende, la clase obrera debe hacerse cargo de los medios de producción como un todo y reorganizar la sociedad.

Sólo un movimiento masivo y democrático de la clase trabajadora, no simplemente una mejor idea de lo que el mundo debería ser, puede producir el socialismo. Sólo la clase obrera, por su posición especial en la sociedad, es capaz de crear un nuevo sistema social.

Todas las sociedades de clases que nos han precediso se apoyaron en una clase oprimida o explotada que era responsable de producir no solamente sus propios medios de supervivencia sino también un excedente para la clase que la dominaba. Pero las condiciones de trabajo no permitían a los oprimidos en estas sociedades unirse como un colectivo y reformar conscientemente su sociedad.

Los esclavos y los sirvientes podían rebelarse, incluso derrocar a un déspota odiado, pero no podían o no pudieron crear nuevas relaciones sociales. Como Hal Draper escribe, los campesinos y los peones del campo "vivían en grupos atomizados, en los que se enfatizaba la auto-suficiencia, la separación y valerse del esfuerzo propio; no vivían entre en un gentío y sometidos a presiones simultáneas en el calor de las luchas sociales como sí lo están los obreros".

La clase trabajadora, bajo el capitalismo, justamente por haber sido arrejuntada en grandes ciudades, forzada a trabajar colectivamente y a trabajar en grandes establecimientos (fábricas, oficinas, hospitales, etc.), es la primera clase explotada capaz de percibir sus propias condiciones, y de unirse para transformarlas.

Como Draper también escribe, "los trabajadores aprenden a organizarse no por una inteligencia superior o por agitadores foráneos, sino por vía de los mismos capitalistas. Son organizados en la línea de ensamblaje, en cuadrillas de fábricas, en turnos, en grupos de trabajo, en la división laboral del capitalismo. El capitalismo no puede vivir sin ’organizar’ a sus trabajadores, enseñándoles las virtudes del trabajo colectivo, y por ende, la virtud de la solidaridad".

Por supuesto, el capitalismo también divide a los trabajadores forzándolos a competir el uno contra el otro en el mercado laboral; esta competencia provee a la clase dominante una base para promover la división en base al lenguaje, la raza, el sexo, etc. Pero el capitalismo también obliga a los trabajadores a unirse.

Como Engels escribe en su Principios del Comunismo, la industria moderna, "lanzando así a grandes masas en un solo sitio, le da a los proletarios (los que no poseen más que sus hijos) una consciencia de su propia fuerza".

Y Marx escribe en su Pobreza de la Filosofía: "la industria a gran escala concentra en un solo sitio a una muchedumbre de personas que no se conocen las unas a las otras. La competencia divide sus intereses. Pero la conservación de sus salarios, este interés común que tienen contra los patrones, los une en un pensamiento común de resistencia - la combinación".

La clase obrera es la gran mayoría de la sociedad, y la clave para luchar por el socialismo.

MARX Y Engels escribieron en el Manifiesto Comunista que "todos los movimientos históricos que nos precedieron fueron movimientos de minorías, o en el interés de minorías. El movimiento del proletariado es el movimiento independiente y auto-consciente de la gran mayoría, en el interés de la gran mayoría".

En ese tiempo, esto no era verdad ni siquiera en Gran Bretaña, donde la revolución industrial comenzó. Los autores estaban proyectando hacia el futuro, sabiendo que el desarrollo del capitalismo rompería con las viejas formas de producción, reemplazándolas con relaciones sociales capitalistas dependientes en el trabajo asalariado.

En sociedades industrializadas como Estados Unidos y Alemania, los trabajadores—la gente que trabaja por un salario y tiene un control mínimo por sobre el proceso de trabajo—son la mayoría. En la mayoría de los países del mundo, masas de gentes han sido urbanizadas y viven arrejuntadas en ciudades.

El desarrollo del capitalismo ha continuamente desplazado a millones y millones de personas fuera del campo, conduciéndolas a las ciudades, un proceso que continúa hasta el sol de hoy. Sin embargo, el crecimiento de la producción capitalista no ha sido capaz de absorber a todos los que alguna vez trabajaron la tierra. El tremendo desarrollo de la productividad significa que a medida que el capitalismo crece, absorbe relativamente menos trabajadores. El resultado, es lo que Mike Davis ha llamado un "planeta de ciudades miseria".

Aún en países donde la clase trabajadora no representa a la mayoría de la sociedad, sigue siendo la clase clave que debe liderar la lucha de todos los oprimidos y marginados para vencer al capitalismo, debido a su posición económica central. Tiene que agarrar entre sus manos el pescuezo del capital, porque su fuerza es la misma sangre de la que el capitalismo vive.

La clase trabajadora es también clave en la lucha por el socialismo porque las condiciones para su propia emancipación son la condición para el fin de las sociedades de clases de una vez por todas. Los trabajadores no pueden tomar control de la producción sino como un colectivo—no pueden dividir las fábricas y repartírselas, por ejemplo.

Como Marx y Engels lo ponen en el Manifiesto Comunista:

"Todas las clases que en el pasado tuvieron las de ganar buscaron fortalecer su posición adquirida sometiendo a la sociedad entera a sus condiciones de apropiación. Los proletarios no pueden convertirse en los maestros de las fuerzas productivas de la sociedad, si no es aboliendo el medio de apropiación bajo el que viven, y por ende, todo modo de apropiación precedente. No tienen nada propio para asegurarse y fortalecer; su misión es destruir las seguridades y los seguros de la propiedad individual".

http://socialistworker.org/2015/05/05/ni-un-solo-engranaje-rodaria

+ Info:

Carta a Maurice Thorez. Aimé Césaire

¿Es nuestra sociedad realmente democrática?

Democràcia socialista. François Sabado

Paralizando el sistema: la clase trabajadora tienen el poder necesario para acabar con el capitalismo.

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