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diumenge 27 de desembre de 2015 | Manuel
¿Precios contrarrevolucionarios? Conspiración o ley del valor

Rolando Astarita

Por primera vez [el precio del barril de petróleo] llega a US$34. Las fuerzas imperialistas mundiales actúan mientras nosotros producimos petróleo. Ellos, con la manipulación de los mercados, ponen el precio” (declaraciones de Maduro). La idea es repetida por nacionalistas y progresistas de izquierda, e incluso por marxistas: la caída de los precios del petróleo sería una gigantesca maniobra de EEUU para ahogar a Venezuela y Cuba, y debilitar a otros enemigos, en primer lugar a Rusia.

Se trata de la concepción, arraigada en la izquierda, de que los precios son gobernados, centralmente, por el gobierno de EEUU, tal vez con la colaboración de otras potencias. Desde este enfoque, la ley del valor trabajo “a lo Marx”, no tendría validez. Es que en la teoría de Marx (también en David Ricardo) la ley del valor es objetiva, y ese carácter objetivo se impone a través de la competencia, entendida esta como guerra entre los capitales. Ello significa que la regulación y distribución de los tiempos de trabajo opera a través de los movimientos anárquicos de los precios en el mercado, y las variaciones más o menos súbitas de cantidades producidas y demandadas. Por eso, hay períodos de sobreacumulación, caída de la demanda, de los precios y de las ganancias; y otros de escasez de oferta, suba de precios y de las ganancias y la producción. Es entonces una dinámica gobernada por una ley que “se impone de modo irresistible… tal como por ejemplo se impone la ley de gravedad cuando a uno se le cae la casa encima” (El Capital, p. 92, t. 1, edición Siglo XXI). El enfoque que dice que “los precios son manipulados”, en cambio, nos ubica en una economía capitalista manejada a discreción por el todopoderoso “Imperio”. Es una variante, exagerada, de la idea de que los precios son manejados por un grupo de “grandes monopolios”.

Una tesis sin fundamento ni lógica

La tesis de que los precios pueden ser manipulados a voluntad no solo carece de sentido teórico, sino también es desmentida empíricamente, tanto por las guerras de precios, como por la tendencia a la igualación de la tasa media de ganancia, que opera por encima del nivel de concentración de las empresas en las diferentes ramas. En varias notas del blog discutí este asunto, y remito a ellas. Aquí subrayo, una vez más, que la tesis de la “manipulación” de precios necesita negar las guerras de precios; así como afirmar la existencia de tasas de ganancia sistemáticamente superiores en las ramas de la economía más concentradas. Y ninguno de esos supuestos tiene verificación empírica. Pero además de la discusión teórica y de los datos empíricos, la tesis de Maduro y sus amigos ni siquiera tiene lógica a la vista de lo que ha sucedido en las últimas décadas. Veamos un poco la cuestión.

En diciembre de 1998, o sea, antes de que Chávez asumiera el gobierno, el precio del barril de petróleo estaba en US$12. Chávez toma la presidencia en febrero de 1999, y a diciembre de ese año el precio del barril había subido a US$24; en diciembre de 2000, a US$32. Luego, en 2005, el precio promedio fue US$54; en julio de 2008 llegó a un pico por encima de los US$120; con la crisis bajó, dando un promedio de US$62 en 2009; US$105 en 2012 y US$96 en 2014. La pregunta entonces es: ¿la subida del precio del crudo que acompañó al gobierno de Chávez, fue producto de la manipulación de los estadounidenses y las grandes compañías para favorecer al nacionalismo de izquierda venezolano y latinoamericano? Seguramente no hay nacionalista de izquierda, o marxista nacional, que responda por la afirmativa. Pero entonces, ¿qué sentido tiene explicar la caída actual del precio apelando a la tesis “conspiración internacional para perjudicar a Venezuela”? Pregunta que podemos hacer extensiva a la situación de Ecuador, Cuba, o Rusia. Por ejemplo, ¿los altos precios en los 2000 hay que explicarlos por un ardid de EEUU para fortalecer a Putin y debilitar a China? Si es así, ¿qué lógica tiene decir que ahora, cuando bajan, la táctica pasa por debilitar a Rusia y fortalecer a China?

Por otra parte, ¿por qué reducir el asunto al petróleo? Por ejemplo, a nivel mundial ahora se registra una fuerte caída del precio de la leche. ¿Se debe a que el imperialismo quiere perjudicar a Nueva Zelanda? Si no es así, ¿por qué dejó que bajara? Algo similar ocurre con otros alimentos. Por caso, en la década de 1990 los precios de la soja y el maíz estuvieron deprimidos. Focalizando las preguntas en Argentina: ¿fue para perjudicar a gobiernos “amigos del capital”, como el de Menem o la Alianza? Pero desde 2003 los precios subieron. ¿Fue para favorecer al gobierno nacional y popular de los Kirchner? Y desde 2014 hasta el presente bajaron, pero no a los pisos de fines de los 1990, ¿habrá sido para perjudicar a Cristina K, pero no tanto como se perjudicó al gobierno de la Alianza? Además, ahora que el presidente es Macri, ¿decidirá el imperialismo aumentarlos para favorecer al nuevo amigo en la región? Todo esto sin contar que también están en juego los intereses de los productores estadounidenses, y de las grandes exportadoras de cereales y oleaginosas.

En fin, el argumento “a lo Maduro” es tan flexible, que permite cualquier conjetura. Pero entonces estamos en el terreno de lo arbitrario, de la contingencia subjetiva. No hay forma de hacer ciencia por este camino. Para ilustrarlo con el último gran movimiento de subida y caída de los precios de las materias primas. Entre 2003-8, en ámbitos del progresismo, se dijo que la suba estaba provocada por el imperialismo y los grandes monopolios para debilitar a los países importadores del tercer mundo, y dominarlos. Sin embargo, cuando los precios comenzaron a caer con la crisis 2008-9, la explicación pasó a ser que el imperialismo buscaba perjudicar a los países exportadores del tercer mundo.

Las guerras competitivas

Lo anterior nos lleva a enfatizar la centralidad de las guerras competitivas para la comprensión de cómo funciona el capitalismo. La queja de Maduro, con que abrimos esta nota, se debió a la brusca caída del precio del petróleo a partir de que la OPEP, en su reunión del 4 de diciembre pasado decidió abandonar el objetivo de 30 millones de barriles/día, y permitir la producción actual de 31,5 millones (y en noviembre fue de casi 31,7 millones). Lo cual profundizó la caída del precio, que es del 65% desde junio de 2014 a diciembre de 2015. En esto juega un rol central Arabia Saudita, que mantiene la producción para defender su participación en el mercado, tanto contra los productores estadounidenses (que tienen costos más elevados), como frente a Rusia e Irán, que han aumentado la oferta. Dentro de la OPEP, Venezuela, Ecuador, Argelia e Irán se oponen a Arabia Saudita y piden cortar la producción; pero Irán también aumentó la producción, en 247.000 b/d en noviembre. En esta coyuntura, los sauditas se niegan a reducir la producción; aducen la experiencia de 1980, cuando redujeron la oferta para impulsar los precios, con el resultado de que otros países –entre ellos Venezuela- aumentaron la producción, los precios bajaron y ellos perdieron mercados. Ahora la apuesta de Riad es que los bajos precios obliguen a otros productores a disminuir el output. El Gobierno saudí tiene un fondo de reserva de unos US$700.000 millones y piensa que puede resistir; también Emiratos Árabes y Kuwait tienen amplias reservas.

Todo lleva entonces a que se intensifiquen las presiones competitivas, dado un contexto de inventarios que llegan, a nivel mundial, a los 3.000 millones de barriles; la sobreproducción mundial es de 2 millones de b/d. Por eso los grandes productores –países y empresas- están embarcados en una guerra de precios. La teoría marxista del valor puede explicar esta situación de manera relativamente sencilla: el capital solo existe a través de los muchos capitales, y la competencia es una verdadera guerra por mercados. Los gobiernos colaboran con “sus” capitales en estas guerras, incluyendo las empresas estatales de los países atrasados (que hoy son las que disponen de las mayores reservas de crudo). El capitalismo estatal no puede sustraerse de esta lógica que rige el mercado mundial.

En cambio, para sostener que los precios son establecidos a voluntad por el gobierno de Obama, habría que suponer que este último maneja el mercado mundial, a pesar de que EEUU tiene solo el 10 u 11% de la producción mundial. ¿Cómo es que Washington ordena a los otros grandes productores -Arabia Saudita (11,5% de la producción mundial, y el principal exportador), Rusia (10,8%), China (4,2%), Canadá (3,9%); Emiratos Árabes (3,6%), Irán (3,6%), Irak (3,1%) Kuwait (3,1%)- que aumenten o bajen la producción, según las decisiones políticas de “ayudar a Chávez” o “atacar a Chávez”? Pero no solo el gobierno de EEUU debería poder mandar sobre la producción, sino también sobre los grandes consumidores, sean estos países, ramas industriales enteras o grandes compañías. ¿EEUU, por caso, ordenó a China (12% del consumo mundial), que moderara el consumo de petróleo desde 2014 porque había llegado el momento de atacar al chavismo? ¿Hizo lo mismo con Japón (6% del total) e India (4%)? ¿Todas estas economías capitalistas actuando al compás de los dictados del “Imperio”, para desplegar la “estrategia contrarrevolucionaria del precio del petróleo”?

A lo que habría que agregar el manejo de las interacciones entre las ramas, ya que lo que es producto de una entra como insumo de otra, dando lugar a una red compleja de efectos sobre precios y cantidades. Tengamos presente que esta red tiene alcance mundial (y está mediada por infinidad de factores, entre ellos los tipos de cambio, las tasas de crecimiento de países, sus estructuras productivas, y similares). Todo esto debería ser dominado por un comando central del Imperio (¿de la CIA?) para desplegar estrategias contrarrevolucionarias de precios, y llevar al fracaso a las revoluciones nacionales y populares, incluso después de haberlas ayudado con asombrosas subas. ¿Qué sentido tiene?

Por otra parte, la actual caída está afectando a grandes compañías, muchas de las cuales enfrentan dificultades para recuperar sus inversiones, o ven disminuidas sus ganancias. Por eso las acciones de Exxon, Shell, Total, Repsol, entre otras, cayeron fuertemente en las últimas semanas. Exxon acaba de informar el ingreso neto más bajo desde 2009; ConocoPhillips reportó su mayor pérdida desde 2008. Chevron también tuvo una fuerte caída en su rentabilidad. Más en general, las inversiones en la industria han caído por unos 200.000 o 250.0000 millones de dólares en 2015, y se esperan bajas de magnitud similar para 2016. Muchos pozos prospectivos en los yacimientos shale de EEUU perderían dinero con el barril por debajo de los US$40 (datos de Bloomberg). ¿Habrán asumido los accionistas de estas empresas la necesidad del “sacrificio patriótico” para acabar con la peligrosísima revolución socialista chavista?

En conclusión

La tesis de Maduro y amigos (muchos marxistas incluidos), muy conveniente para el argumento nacionalista, da pie a cualquier argumento. De hecho, al ser tautológica, se acomoda a todo tipo de situación. Así, cuando suben los precios del petróleo, la explicación es que “suben porque el imperialismo quiere perjudicar a los importadores”, y cuando bajan se dirá que “bajan porque EEUU quiere perjudicar a los exportadores”. Y lo mismo con todo otro precio. Pero la tesis cumple esta función “todo terreno” al precio de su irrelevancia. Sin embargo, es muy conveniente para los programas de la pequeño burguesía “estatista revolucionaria”, que invariablemente tratan de pasar por alto la constricción objetiva que imponen las relaciones sociales existentes. Y aunque no sea la intención de quienes la formulan, presenta a las grandes empresas con un poder que, en el fondo, no tienen. Es que los grandes capitales no están por fuera y al margen de las generales de la ley económica. Por eso no están a salvo de las contradicciones que atraviesan a todas las unidades del capital. Esto explica por qué las crisis capitalistas constituyen el momento del estallido de contradicciones objetivas, que arrastran a todos por igual (incluidos gigantes como Lehman).

En definitiva, la tesis “precios decididos por el Imperio”, que se pretende “revolucionaria”, impide entender la economía capitalista y su dinámica. Lo más bizarro del asunto es que esta tontería haya sido “comprada” por no poca gente que se llama a sí misma marxista. ¿Qué habrán comprendido de la teoría sobre el fetichismo de la mercancía, el mercado y el valor? ¿O se trata de mero oportunismo político? La cuestión no es menor. La crítica científica a la Economía Política es el basamento de la crítica social más general. No es casual, por eso, que las ideologías nacionalistas burguesas, y estatistas burguesas, sean tan proclives a aceptar tesis como la que criticamos aquí. No hay inocencia en estos asuntos.

27/12/2015

https://rolandoastarita.wordpress.com/2015/12/27/precios-contrarrevolucionarios/

+ Info:

Competencia y teorías subjetiva y objetiva del valor. Rolando Astarita

Un brebaje venenoso. Michael Roberts

De nuevo, sobre petróleo y ley del valor. Rolando Astarita


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