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divendres 20 de novembre de 2015 | Manuel
«Existe un impacto directo entre lo que comemos y la salud». Entrevista a Esther Vivas

Oriols Casas y Carme Munté

en català ací

¿Por qué tantas personas mueren de hambre en el mundo mientras otras despilfarran los alimentos? Nos lo explica en esta entrevista Esther Vivas, periodista e investigadora en movimientos sociales y políticas agrarias y alimentarias.

¿Se producen actualmente suficientes alimentos para toda la población mundial?

Sí, en el mundo hay una sobreproducción de comida. De hecho, según datos de las Naciones Unidas, se calcula que en este momento hay alimentos para doce mil millones de personas, cuando en el planeta somos siete mil millones. Por lo tanto, hay comida para todos y aún sobra. El problema es la falta de democracia para acceder a la comida. El reto es que la comida acabe en el estómago de las personas y que no se tire, como tristemente suele pasar.

¿Qué políticas provocan que este excedente de comida no llegue a las personas?

La lógica que impera en el mundo de la agricultura y la alimentación es la del máximo beneficio para las empresas del sector. Por tanto, si no puedes pagar el precio de la comida no tienes acceso a ella. Hace años que asistimos a problemas de malnutrición en muchos países de África, Asia o América Latina. Su modelo tradicional de agricultura ha sido abolido en beneficio de un modelo de monocultivo dedicado a la exportación. También en nuestro país empezamos a vivir este problema del hambre. En el contexto de crisis económica muchas personas tienen dificultades para comprar comida, mientras que los supermercados cada día tiran comida a carretadas.

A esta problemática hay que sumarle el exceso de comida o el hecho de no llevar una dieta saludable.

Sí, por un lado está el problema del hambre en el mundo y, por otra, el problema de la malnutrición sociada al mal comer. En el mundo prácticamente hay el mismo número de personas que pasan hambre y que sufren obesidad. Esto tiene que ver con el modelo de alimentación que han promovido grandes empresas del sector. Es un modelo que favorece el consumo de comida que elaboran a bajo coste, generalmente de baja calidad, y que presentan atractivo gracias a la publicidad. Pensamos que estamos comiendo de la mejor manera posible cuando, en cambio, acabamos sufriendo enfermedades como la diabetes de tipo 2, problemas de sobrepeso, obesidad, problemas cardiovasculares y determinados tipos de cáncer. Por tanto, existe un impacto directo entre lo que comemos y nuestra salud. En general, aquellos que menos recursos económicos tienen son los que destinan más de sus ingresos a comprar comida pero acaban comprando productos de peor calidad que, además, hace que enfermen.

¿Qué alternativas existen?

Cada vez hay más iniciativas sociales y ciudadanas que promueven huertos urbanos, comedores escolares ecológicos, cooperativas de consumo, mercados de payés donde los campesinos venden directamente sus productos, evitando intermediarios y consiguiendo una mayor ganancia. El reto es que las instituciones también se hagan eco y los apoyen.

La subvención de determinados productos, ¿puede ser una ayuda?

Las políticas de agricultura subvencionan determinadas producciones. Como se realiza una siembra muy grande de determinados cultivos, el excedente se exporta al sur. Estos productos, por el hecho de estar subvencionados, se venden a un precio más barato que el producto local, lo que acaba con los pequeños agricultores de los países del sur, que no pueden competir con un producto subvencionado. Incluso aunque se vendan a un precio menor que el autóctono, a veces terminan siendo inaccesibles para la población, lo que repercute en hambre, pobreza y desaparición de los pequeños agricultores. No se trata de aumentar la subvención de alimentos, sino de defender la soberanía alimentaria para que todos los pueblos puedan decidir qué se cultiva y qué se come. La soberanía alimentaria se basa en la producción ecológica, de kilómetro cero, que respeta la tierra y el ecosistema, ya sea aquí o en la otra punta del mundo.

El director general de la FAO, José Graziano, ha dicho que podemos ser la primera generación de hambre cero, haciendo referencia a uno de los objetivos de la agenda 2030 de las Naciones Unidas. ¿Es posible?

Soy bastante pesimista, muchas veces las Naciones Unidas han hecho referencia a los objetivos del milenio, pero a la hora de llevar a cabo cambios reales, los gobiernos hacen muy poco. La solución al hambre es política, pasa por apoyar al campesinado para que pueda trabajar la tierra, comercializar el producto local y vivir dignamente del trabajo. No pasa por fomentar un modelo de agricultura al servicio del agronegocio, de las grandes empresas, que, aparte de estar subvencionadas, producen a partir de explotar la mano de obra, contaminar el medio ambiente y vender el producto solo a quien lo pueda pagar. Y si sobra, pues se acaba tirando.

Esther Vivas es periodista e investigadora en movimientos sociales y políticas agrarias y alimentarias. Ha trabajado en el análisis de los impactos del modelo agrolimentario y las alternativas desde la soberanía alimentaria y el consumo crítico.

8/11/2015

http://esthervivas.com/2015/11/16/existe-un-impacto-directo-entre-lo-que-comemos-y-la-salud/

+ Info:

Fam i obesitat al món, crims contra la humanitat. Laia Altarriba (amb l’assessorament de Joan Benach)


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