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Anticapitalistes
  
dilluns 16 de novembre de 2015 | Manuel
Pobreza, desarrollo humano y análisis materialista

Rolando Astarita

En una nota anterior (aquí) planteé que el índice de pobreza hoy en Argentina está a niveles similares a los del final del gobierno de Menem. José Num, ex subsecretario de Cultura de la Nación de Néstor y Cristina Kirchner entre 2004 y 2009, también lo dijo: “La pobreza es similar a la que precedió a la crisis de 2001”. Naturalmente, la afirmación cayó mal entre defensores del voto “al mal menor frente al neoliberalismo conservador”.

A fin de que haya más elementos de juicio, presento ahora otras dos series de datos. La primera se refiere a la evolución de la pobreza en América Latina. Muestra que la caída de los niveles de pobreza, en los 2000, ha sido general:

Pobreza: 1980: 40,5%; 1990: 48,4%; 2002: 43,9%, 2011: 29,6%; 2014: 28%.

Pobreza extrema o indigencia: 1980: 18,6%; 1990: 22,6%; 2002: 19,3%; 2011: 11,6%; 2014: 12%.

Cepal y elpais.com.

Precisemos que entre 2011 y 2013 los tres países donde más bajó la pobreza fueron Paraguay, del 49,6% al 40,7%; El Salvador, del 45,3% al 40,9%; y Colombia del 32,9% al 30,7%.

La otra serie de datos se refiere al Índice de Desarrollo Humano, que elabora el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. En una nota del 2011 ya me referí al disgusto que había provocado en el gobierno K el informe de aquel año (aquí). Por eso los medios oficialistas hicieron lo posible por silenciarlo; aunque los medios opositores tampoco lo destacaron. El IDH resume los datos sobre esperanza de vida, matriculación escolar e ingreso en un solo indicador compuesto. Se pueden hacer muchas críticas a este índice -que se inspira en la obra de Amartya Sen- pero de todas maneras es preferible a la forma tradicional de medir la pobreza, que solo considera el ingreso. La idea detrás del IDH es tomar en cuenta las condiciones de vida y las capacidades de funcionar (tener educación, salud, etc.) de las personas, dado su ingreso.

Actualizamos los datos con el Informe de 2014 (“Informe sobre Desarrollo Humano 2014”, PNUD). En 2011 Argentina ocupaba el puesto 46; en 2014 el 49. Comparamos la evolución del IDH de Argentina en los 2000 con las décadas de 1980 y 1990; y con respecto al resto de América Latina. Los datos son:

IDH Argentina 1980: 0,665; 1990: 0,694; 2000: 0,753; 2005: 0,758; 2010: 0,799; 2013: 0,808. Promedio de crecimiento anual: 1980-1990: 0,43; 1990-2000: 0,81; 2000-2013: 0,55.

IDH América Latina: 1980: 0,579; 1990: 0,627; 2000: 0,683; 2005: 0,705; 2010: 0,734; 2013: 0,740. Promedio de crecimiento anual: 1980-1990: 0,79; 1990-2000: 0,87; 2000-2013: 0,62.

Se observa entonces que el promedio anual de mejora, para Argentina, fue superior en los años 1990 que en el período 2000-2013. Pero en 2001-2002 hubo una fuerte caída, debido a la crisis. Por lo tanto dividimos el período. A partir de 2005, año en que se recupera el nivel anterior a la crisis, y hasta 2010, hay un elevado promedio anual de suba: 1,08% (contra un promedio en América Latina también alto, aunque menor: 0,82%). Sin embargo, entre 2010 y 2013 el promedio de Argentina baja al 0,34% (en consonancia con el resto del continente, que tuvo un promedio de 0,27%). Obsérvese que el promedio anual, en Argentina, entre 2005 y 2010 es superior al de los 1990 (0,81%), pero entre 2010 y 2013 es considerablemente inferior.

Algunas conclusiones

Una tesis que subyace a los argumentos que circulan hoy en Argentina a favor del voto “al mal menor”, dice que las mejoras (caída de la pobreza, desarrollo humano, y similares) se deben a las políticas de gobernantes particularmente sensibles a las necesidades de los trabajadores y de las masas populares. O sea, según este enfoque, habría gobiernos que, si bien capitalistas, serían, por naturaleza, concesivos; de ahí las “Gracias” que las masas populares deberían darles. Así, se instala un puente ideológico hacia la conciliación de clases y la subordinación política del trabajo al capital. En el extremo, y siguiendo esta lógica, habría que caracterizar entonces como “progresistas” a los actuales gobiernos de Paraguay o Colombia, donde la pobreza bajó más que en el promedio de América Latina (y siempre se podrá encontrar algún punto de comparación favorable para lo que se quiere favorecer).

Pero la historia del “gracias presidenta” (o presidente) no se sostiene a la luz de los datos presentados. Es que la evolución de los índices de pobreza, u otros indicadores sociales, parece responder a fenómenos mucho más objetivos que lo que pretende la tesis de marras. En primer lugar, porque esa evolución está condicionada por el ciclo económico. Por eso también, los resultados de la lucha de clases deben explicarse en el marco de la dinámica capitalista. Por ejemplo, durante la depresión económica que sufrió Argentina en 2001-2002, la lucha social puso límites a la caída del ingreso –por caso, obligando al gobierno a otorgar subsidios y planes sociales- pero no pudo impedirla, ni menos revertirla. De la misma manera, la mejora de los indicadores en toda América Latina, desde los primeros años 2000, tuvo como base la fase alcista del ciclo (y la mejora de los términos de intercambio para casi todo el subcontinente).

Además, y en una perspectiva de más largo plazo, incide el desarrollo de las fuerzas productivas, variable que se expresa en el “componente histórico y social”, y “moral”, (Marx) del salario. Es que determinados niveles de explotación, que en una época son socialmente “aceptables”, con el desarrollo de las fuerzas productivas pasan a ser cuestionados incluso por la opinión pública burguesa. Y también las necesidades de reproducción de la fuerza de trabajo (por ejemplo, en materia de educación y salud) imponen las reformas. Así, es una necesidad del capital disponer, por caso, de mano de obra con ciertos niveles actualizados de calificación, acordes con los desarrollos tecnológicos. A lo que se agrega la preocupación de los propietarios de los medios de producción, y de los funcionarios del Estado, por aquietar tensiones y protestas sociales. Por eso, las mejoras del IDH en los 1990, en Argentina, no se explican por alguna particular sensibilidad del menemismo hacia las necesidades populares. Y no hay razón para variar este criterio a la hora de juzgar los años 2000 (aunque esto moleste al relato nac & pop que se quiere instalar a toda costa desde el oficialismo y muchos medios académicos).

En definitiva, la explicación en términos de valor de la fuerza de trabajo, y conflicto de clases, ubica la distribución del ingreso en la problemática de la explotación, y no de los agradecimientos de los explotados a los explotadores. Es imprescindible tener un enfoque materialista de las tendencias de largo plazo del capitalismo, a fin de no caer en análisis subjetivos –y por ende arbitrarios- que son la base de las políticas de conciliación de clases.

15/11/2015

https://rolandoastarita.wordpress.com/2015/11/15/pobreza-desarrollo-humano-y-analisis-materialista/


Pobreza en Marx y plusvalía relativa

... la posición de Marx es que la pobreza es, en lo esencial, histórica y social, y por lo tanto relativa. Por eso, el metro patrón puede y debe permanecer invariable durante siglos (y cuanto más invariable, mejor), pero el “metro” para medir la pobreza, en cambio, debe determinarse a partir de una concepción histórica y social. Esto se debe a que la pobreza hay que ponerla en relación con el desarrollo de las fuerzas productivas; en otras palabras, en relación con la riqueza general de la sociedad. En consecuencia, no tiene mucho sentido medir la pobreza según algún patrón fijo de bienes materiales, ya que la disponibilidad de los mismos está variando según evoluciona la sociedad. Por esta razón es que Marx pensaba que, si bien la pobreza en términos absolutos tendía a disminuir con el desarrollo capitalista, podía estar incrementándose en términos relativos. Esto sin perjuicio de que haya largos períodos, de crisis y depresiones económicas, en los cuales la pobreza aumenta en términos absolutos, y amplias masas son arrojadas a la desesperación y el pauperismo más absoluto.

La idea de que el salario, y por lo tanto la pobreza, son nociones relativas, está claramente planteado en Trabajo asalariado y capital. Allí Marx escribe que “ante todo, el salario está determinado por su relación con la ganancia, con el beneficio del capitalista; es un salario relativo”. Y especifica que el salario relativo “expresa la participación del trabajo en el nuevo valor creado por él”. También en el mismo texto, y hablando de los períodos en que aumenta el capital productivo, y por lo tanto la demanda de trabajo y los salarios, explica: “Una casa puede ser grande o pequeña, y en tanto las casas circundantes sean igualmente pequeñas, la misma satisface todos los requisitos sociales que se plantea una vivienda. Pero si se levanta un palacio junto a la casita, ésta se reduce hasta convertirse en una choza”. Refiriéndose a la distribución de la riqueza social entre el capital y el trabajo, explica que si la parte del primero aumenta con relación al segundo, habrá crecido el poder del capitalista sobre el trabajador. Es por esto que hace hincapié en la caída relativa del salario, a medida que aumenta la concentración de la riqueza en el polo del capital. Por consiguiente, aumenta la distancia entre el capital y el trabajo. Este es el sentido de fondo de la noción de plusvalía relativa, ya que pone en evidencia que la explotación (y por lo tanto la pobreza relativa) puede estar aumentando, a pesar de que se mantenga la canasta salarial, o incluso aumente.

Para bajar a tierra esto, en relación a la medición de la pobreza, supongamos que en una medición realizada en 1990 se constata que en determinada localidad de Argentina el 10% de las viviendas no disponen de un retrete, y por lo tanto esos hogares se clasifican como pobres. Supongamos que en 2012 se realiza una nueva medición, y la situación sigue igual. ¿Se mantiene el mismo nivel de pobreza (medida según las NBI)? La respuesta de alguien que cree que existe un patrón fijo (al estilo del metro), es afirmativa. Pero desde el punto de vista del marxismo, la respuesta es inequívoca: la pobreza aumentó, porque en los últimos 20 años hubo un desarrollo de las fuerzas productivas, y cada vez hay menos “justificación” para que los hogares no tengan retretes. La noción de pobreza relativa, vinculada entonces a la de plusvalía relativa (o sea, a la plusvalía que surge del abaratamiento de los bienes salariales por aumento de la productividad) es profundamente crítica de la sociedad existente.

Una medición alternativa

Lo anterior se puede reflejar, de alguna manera, en la medición estadística de la pobreza. Por caso, la Unión Europea considera pobres a aquellos hogares, o individuos, que reciben menos del 60% de la mediana del ingreso (se toma la mediana porque es menos sensible que la media a los valores extremos) ...

+ Info:

Marxismo y medición de la pobreza

IDH y pobreza, silencio K-progresista


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