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Anticapitalistes
  
dissabte 7 de novembre de 2015 | Manuel
Socialismo: Aún desde abajo

Dan Swain

"A través de la historia de los movimientos e ideas socialistas, la división fundamental ha sido entre el Socialismo-desde-Arriba y el Socialismo-desde-Abajo"

ASÍ ARGUMENTA Hal Draper en su panfleto de 1966, Las Dos Almas del Socialismo. Su ensayo distingue a grosso modo dos tendencias en el movimiento socialista. El Socialismo-desde-Arriba había dominado, y continuaría dominando, el siglo 20, en la forma del estalinismo en el Este y de la social-democracia en Occidente. Ambos, a pesar de sus aparentes diferencias, comparten la creencia de que el socialismo debe ser impuesto por un gobierno apropiado, sin la participación activa de aquellos que viven bajo él. Draper añadió a estos, quizás injustamente, a los movimientos anarquistas influyentes en las universidades estadounidenses en su época, comprometidos con políticas insurreccionales en las que un pequeño y bien organizado grupo luchaba por el cambio social usando tácticas militantes de acción directa.

En oposición, Draper defendía el Socialismo-desde-Abajo, eso es, el compromiso con la idea de que "el socialismo sólo puede ser realizado a través de la auto-emancipación de masas activadas en movimiento, alcanzando la libertad con sus propias manos, movilizadas desde abajo en una lucha por tomar cargo de sus propios destinos, como actores (y no meros sujetos) en la escena de la historia", que se remonta a Marx mismo.

Pero, ¿qué significado tiene esto en el siglo 21? El panfleto de Draper comienza con la tesis que "Por primera vez en la historia del mundo, muy posiblemente una mayoría de sus habitantes se autoproclaman "socialistas" en un sentido o en otro". Esto, dolorosamente, no es así hoy en día. El estalinismo prácticamente ha desaparecido, y la social-democracia ha abandonado el socialismo como una meta. Lo más que ofrecen los partidos socialdemócratas es una administración más humana del capitalismo. Además, podemos argumentar que la distinción entre "desde-arriba" y "desde-abajo" es incapaz de expresar la complejidad de la política contemporánea; movimientos sociales desde abajo en el estado español, Grecia y Escocia alimentan directamente a partidos políticos que prometen reformas "desde-arriba". ¿Por qué enfocarnos en el socialismo-desde-abajo ante estas circunstancias?

Quiero sugerir tres contextos en los cuáles es aún posible y valioso hablar de socialismo-desde-abajo como una manera de hacer política. Enfatizo que esto es una manera de hacer política, en vez de un conjunto de principios a calcar y copiar. No ofrece todas las respuestas para cualquier situación, pero puede ayudar a guiar las acciones. También ayuda a identificar su opuesto. La política desde-arriba es como hemos sido entrenados a pensar la política. Es la política entendida primariamente como la administración y gestión de gentes, que por más bien intencionada que sea, sigue siendo gestión. Es parte de cómo se nos empuja a pensar sobre nuestro mundo social; un mundo tan complejo que sólo puede ser entendido y administrado por grupos de expertos (al momento de escribir este artículo, el periódico inglés The Guardian tiene esta pancarta en su página web: "Querido Bill Gates, ¿nos puedes liderar en la lucha contra el cambio climático?"). Por lo mismo, se hace la política estándar, la política fácil. En contraste, el socialismo-desde-abajo es difícil. Es un racimo de problemas y desafíos, fruto del principio que sí el socialismo será algo, un mundo en el que valga la pena vivir, debe ser el producto de luchas colectivas y participativas de las masas. Esto es muchísimo más difícil que la política usual.

Democracia

El primer escenario donde importa el socialismo desde abajo es en el asunto de la democracia. Ha habido, y sigue habiendo, maneras de hablar del socialismo como enfocado primero y totalmente con la comodidad material y una más justa distribución de riquezas y recursos. Si la democracia se ajusta a esto, es una opción extra, una "buena cosa", pero no una parte integral del retrato. El socialismo desde abajo rechaza esto, y reafirma la democracia como parte integral del socialismo. Fluye de un compromiso con la participación masiva. Si la meta fuera sólo la comodidad material o una mejor distribución de recursos, no es necesario involucrar, convencer y movilizar a un movimiento de masas. O más bien, necesitas hacerlo, pero sólo temporalmente, para que respalde demandas y políticas y poner presión sobre aquellos en el poder. Pero si, por otro lado, la meta es una sociedad en la que una mayoría abrumadora participe en el manejo de la sociedad, es necesario preocuparse por cómo las masas se preparan para la tarea, y esa preparación requiere de la democracia.

La democracia no es meramente una parte vital de la meta del socialismo, lo es también de los medios de alcanzarlo. El socialismo desde abajo significa preocuparse por aquellas formas de actividad y organización que le dan poder a la gente, que les permite desarrollar la confianza, ideas y habilidades que les permitirán participar activamente en el manejo democrático de la sociedad. Esto no quiere decir que "tenemos que ser el cambio que queremos ver", o que las reglas para el manejo democrático de la producción deben ser implementadas en un grupo de lectura del Capital o una campaña por viviendas. Pero si los movimientos sociales y organizaciones políticas no le dan espacio a sus participantes para siquiera vislumbrar qué involucra la auto-organización democrática, difícilmente contribuirán al socialismo.

El Estado

El segundo escenario es el Estado. En la perspectiva de Draper, una característica fundamental del socialismo-desde-arriba es un enfoque ingenuo en el Estado, creyendo que si sólo el Estado pudiera ser capturado, el poder estatal podría ser esgrimido para lograr el socialismo. Probablemente, este enfoque es el que más ha devaluado la idea del socialismo a los ojos de los anti-capitalistas de nuestros tiempos. Muchos creen que el enfoque en el Estado lleva a traiciones o tiranías, y que en vez, deberíamos buscar evitarlo, mantenerlo tan lejos como podamos y concentrarnos en construir espacios independientes entre las "fisuras" del capitalismo.

Si el socialismo tratara únicamente de lograr control sobre el Estado tal como existe, es comprensible que muchos sospechen. Pero el socialismo-desde-abajo implica un enfoque distinto. Argumenta que las instituciones del Estado están estructuradas de tal manera que niegan el control popular. Lado a lado con las piezas formalmente "democráticas" del Estado, donde existen, convive una serie de cuerpos jerárquicamente organizados: la policía, el ejército, el servicio civil, etcétera, que limitan los espacios de la democracia. Éstos forman un muro de contención ante la posibilidad de expandir el control democrático de la sociedad. Estas instituciones deben ser removidas y reemplazadas. Esta es la lección que Marx aprendió de la Comuna de París de 1870, "la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines". Más bien, debe enfocarse en construir sus instituciones propias, democráticamente controladas, para realizar las pocas funciones positivas de los estados modernos.

Pero si el socialismo desde abajo no cree que el Estado puede ser utilizado para traernos el socialismo, sabe que tampoco puede ser ignorado. En primer lugar, puedes cerrar los ojos tan duro como quieras a organizaciones como la policía y el ejército, pero ellas no harán lo mismo contigo. Más bien, cualquier movimiento que quiera desafiar el orden existente llegará a conflictos con estas fuerzas, y necesita ser capaz de organizarse para vencerlas.

En segundo lugar, los socialistas deben prepararse para apoyar y participar en movimientos que ponen demandas sobre el Estados existente por reformas y mejoras en la vida de la gente. Esto no es porque creemos que estas reformas se incrementarán hasta el socialismo. Más bien, es porque sólo a través de estos movimientos es que la gente llega a acciones colectivas, a través de las cuales pueden desarrollar confianza, organización y experiencias que les permitan ver la posibilidad de organizar la sociedad de forma distinta. Exigir y defender reformas, y los conflictos a los que esto pueda llevar, ayudan a traer al frente a los actores principales al escenario de la historia, como Draper describe. Esto puede incluir participar en elecciones, pero siempre con el entendimiento que nuestra meta es fortalecer a los movimientos de abajo.

Liderazgo

La cuestión final que quiero tocar es la de liderazgo. Por liderazgo, no me refiero simplemente a los liderazgos formales de organizaciones, sino a redes enteras de relaciones dentro de organizaciones y movimientos, y entre ellos, en las que algunos "lideran" e intentas conseguir que otros los sigan. De nuevo, vale la pena recalcar que es difícil de la misma manera en que la alternativa es fácil. Un socialismo-desde-arriba necesita de un líder infalible, que le diga a la gente qué hacer y dé las órdenes. Un socialismo desde abajo necesita de líderes motivados en preparar a otros a tomar liderazgo, y al final, hacerse a sí mismos irrelevantes.

Una cuestión importante es la dinámica entre "movilizar" y "preparar" gente. Movilizar gente a tomar acción es parte vital de cualquier liderazgo. Ningún movimiento de masas de personas puede existir si la gente no está motivada y movilizada en acción. Pero lo que mejor moviliza a la gente en el corto plazo puede no ser lo mejor para darles poder a largo plazo. La gente puede ponerse en acción por todo tipo de métodos, pero no todos estos ayudan a prepararlos a ser agentes de su propia liberación.

Para tomar un ejemplo concreto: el acuerdo tras puertas cerradas que el gobierno de SYRIZA tomó con el Banco Central Europeo fue una clara derrota. Si acuerdas o no en que era "la única opción", fue claramente un retroceso para el pueblo griego y para SYRIZA como organización. Involucró retirar los elementos claves del programa de SYRIZA, y sólo mejoras marginales a los Memorandos previos. Pero Tsipras, y una gran minoría del liderazgo de SYRIZA, declararon victoria. Podemos entender por qué lo hicieron; sin duda estaban aterrorizados de admitir limitaciones, de desmovilizar y desmoralizar a sus seguidores. Sin embargo, llamar victoria a una derrota, y no reconocer la manera como habían sido forzados a retroceder, pone en riesgo de alienar y debilitar su base de apoyo, y a la larga hace más difícil movilizarla incluso a corto plazo.

Trotsky, en un debate sobre la moral socialista (usualmente interpretada como la justificación de todo lo que vaya en servicio de la revolución), reconoce este punto:

La liberación de los trabajadores sólo puede venir de los trabajadores mismos. No hay entonces mayor crimen que engañar a las masas empalmando derrotas como victorias, convirtiendo amigos en enemigos, sobornando a los líderes obreros, fabricando leyendas, montando juicios falsos... Estos medios pueden servir a un solo fin: alargar la dominación de una élite ya condenada por la historia. Pero no pueden servir para liberar a las masas.

Si la meta consiste en únicamente movilizar a la gente, hay un montón de maneras de hacerlo, incluyendo el activamente engañarla. Por otro lado, si tu meta es prepararlos para convertirse en actores de su propia liberación, engañarlos representa un muy mal comienzo. Puede ser verdad que todo vale si sirva a la revolución, pero si la revolución ha de ser "desde abajo", no todo le sirve.

Pero si mentir y engañar a las masas están fuera de cuestión, queda todavía un montón de otras cosas que son seguramente permisibles y necesarias. Retórica, polémica, aliento, imaginación, todos estos pueden cambiar la concepción de la gente sobre qué es posible, e inspirarlos a activarse de forma que puedan expandir sus horizontes aún más. Esto es se reduce a un simple punto: el "líder" desde abajo puede querer cambiar el mundo, pero también debe creer que sólo puede hacerlo con otros (muchos otros), y que estos deben aprender a través de sus prácticas que otro mundo es posible.

El socialismo desde abajo es el hilo conductor que corre a través de nuestra práctica política, uno que nos recuerda constantemente de preguntarnos cómo podemos ayudar a que otros se preparen para ser agentes de su propia liberación. Lograr esto verdaderamente significaría hacer política de una forma distinta. Distinta a la de los partidos capitalistas, la bancarrota socialdemocracia, y tristemente, a la de muchos grupos revolucionarios que nos han precedido. El diablo, como dicen, está en los detalles; nadie nos dijo que sería fácil.

8/9/2015

http://socialistworker.org/2015/09/08/socialismo-desde-abajo


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