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dissabte 17 d’octubre de 2015 | Manuel
La crisis griega

Rolando Astarita

La crisis griega nos ofrece la oportunidad de estudiar la manera en que la crisis económica capitalista, que tuvo su centro en EEUU, repercute y se particulariza en un país capitalista relativamente atrasado, de la periferia de Europa, y de analizar las contradicciones a que está sometida el área del euro. El caso griego, además, tiene similitudes con lo que ocurre en otras economías periféricas de Europa, como Portugal, Irlanda y, en un grado algo diferente, España.

En Grecia la crisis estalló a comienzos de 2010, cuando se conoció que el gobierno había estado falseando las estadísticas oficiales, y había pagado enormes comisiones a Goldman Sachs para arreglar transacciones que ocultaban el nivel de endeudamiento del país. Cuando en abril se supo, además, que el déficit fiscal alcanzaba casi el 14% del PBI, y el stock de deuda el 120% del PBI, los bonos griegos se derrumbaron, y se generalizó la crisis financiera, ante el temor de los inversores de que Grecia fuera al default. Es importante entonces analizar cómo se llegó a esta situación.

Las explicaciones más comunes de la crisis han sido de dos tipos. Por una parte, las que sostienen que la crisis se debió al mal manejo de la política económica y el despilfarro del gobierno griego. Por otra parte, las que cargan la culpa en los especuladores, los bancos o en ambos. Las explicaciones del primer tipo son defendidas principalmente por los sectores más afines a la ortodoxia económica neoclásica. Las del segundo tipo fueron más habituales y las adelantaron los gobiernos europeos (y de otros países, como Argentina), la Comisión Europea de Finanzas y otros organismos económicos, así como buena parte del progresismo y la izquierda.

Hay bastantes datos que muestran que las malas políticas del gobierno griego, así como las actividades de los bancos y los especuladores tuvieron una clara influencia en la crisis. Por ejemplo, siendo Grecia uno de los países más pobres de Europa, es el que más invierte, en relación a su renta nacional, en gastos militares, que son completamente improductivos (en el 2009 los gastos militares de Grecia ascendieron a unos 14.000 millones de dólares, monto equivalente a 3,6% de su PIB). Sin embargo, con todo lo importante que puedan ser estos factores, pensamos que la crisis griega obedeció a causas más profundas. En primer lugar, porque estuvo relacionada con la crisis mundial, que fue una crisis de acumulación del sistema capitalista. Y además, porque tiene mucho que ver con la forma en que el capitalismo griego se ha insertado en la economía mundial —en particular a partir de la adopción del euro—, y su posición competitiva con respecto a otros capitales. El endeudamiento estatal, la caída de los precios de los activos financieros y la especulación se explican a partir de contradicciones «estructurales».

Nuestra idea de partida es que en el mercado mundial siempre se están comparando productividades relativas, tiempos de trabajo y grados de explotación del trabajo. Los capitales, materializados en empresas, entablan luchas competitivas en las cuales sobreviven los más fuertes, esto es, los que desarrollan tecnologías y métodos de producción más avanzados o los que tienen éxito en aumentar la explotación de la clase trabajadora en relación a sus competidores. Es en este sentido que los tipos de cambio —que conectan los espacios de valor entre sí y con el mercado mundial— tienen una función clave.

La teoría del valor de Marx permite explicar fácilmente por qué los países en los que predominan los capitales con baja productividad relativa tienen tendencia a establecer tipos de cambio real altos (o sea, monedas depreciadas en términos reales). Es la forma de compensar, por lo menos parcialmente, la desventaja tecnológica (que implica que los tiempos de trabajo en el país exceden el tiempo de trabajo promedio que impera en la producción de determinada mercancía en otros países). Pero esta compensación opera determinando que los salarios estén deprimidos cuando se evalúan en moneda internacional y que se encarezca la importación de tecnología y equipo industrial.

En el caso de Grecia el tipo de cambio real no estaba avalado por el nivel de productividad del capitalismo griego (para los lectores que no son economistas, más abajo dedicamos un apartado para explicar la diferencia entre el tipo de cambio nominal y real). En ese marco, el estallido de la crisis mundial aceleró y terminó de «dinamitar» los términos en que se había producido la inserción de la economía griega en la economía mundial. La crisis financiera se despliega sobre esta base, agravando la situación. Para entender este proceso, hay que partir entonces de las condiciones estructurales del capitalismo griego que existen cuando se adopta el euro y del crecimiento de la economía griega en los últimos años. Pero antes conviene recordar la centralidad de la competencia, y su significado, desde el punto de vista de la teoría de Marx.

El significado de la competencia a nivel mundial

Marx dijo que los economistas burgueses hablan mucho de la competencia, pero no comprenden su significado. La cuestión es central, porque la ley del valor trabajo solo opera a través de la competencia. Y a través de la competencia se imponen las leyes de la acumulación capitalista y se despliegan y se profundizan sus tendencias. Esto se debe a que la competencia actúa como un aguijón que obliga a cada capitalista a ir al fondo en la extracción de plusvalía. La competencia «impone a cada capitalista individual, como leyes coercitivas externas, las leyes inmanentes del modo de producción capitalista. Lo constriñe a expandir continuamente su capital para preservarlo, y no es posible expandirlo sino por medio de la acumulación progresiva». La competencia impone «como necesidad exterior para el capital lo que corresponde a la naturaleza del capital». Al competir en el mercado mundial, lo que ocurre es que se comparan tiempos de trabajo empleados en los diferentes espacios nacionales. Los capitales que no son competitivos son «sancionados», en el sentido de que parte de los tiempos de trabajo empleados no son validados como generadores de valor. Y durante las crisis esa coerción competitiva opera de forma potenciada. Por eso la competitividad, esto es, la comparación de tiempos de trabajo y de tasas de explotación del trabajo, está en el núcleo de las contradicciones que llevan a la crisis de la economía griega.

Explicación sobre tipo de cambio

En este apartado presentamos una breve explicación de la diferencia entre tipo de cambio nominal y real, destinada a aquellos que no tienen preparación en el tema. Empecemos señalando que el tipo de cambio nominal es simplemente el precio de una moneda en términos de otra. Por ejemplo, us$ 1,3/€ era el precio del euro en términos de dólares, hacia fines de enero de 2010. Sin embargo esto no nos dice mucho acerca del poder de compra relativo del dólar y el euro. Por caso, en esa misma fecha el yen valía us$ 0,012, y no por ello el yen era necesariamente una moneda más débil que el euro. Por lo tanto, para conocer el poder relativo de compra de las monedas, hay que calcular el tipo de cambio real.

El tipo de cambio real nos dice cuánto vale una canasta de bienes de un país en términos de la misma canasta de bienes de otro país. Si utilizamos E para designar el tipo de cambio nominal (cantidad de moneda del país que hay que entregar por unidad de la moneda extranjera); y q para el tipo de cambio real, será:

q = E x (precio de la canasta extranjera/precio de la canasta de “nuestro” país)

Las unidades en que se mide el tipo de cambio real serán, en consecuencia, cantidad de canastas de “nuestro país” por unidad de canasta del país extranjero. Por ejemplo, si el tipo de cambio real es 1,2 significa que por cada canasta del país extranjero, debemos pagar 1,2 unidades canastas de nuestro país (o país doméstico). En este caso, lógicamente, las exportaciones del país doméstico se abaratan, y se encarecen sus importaciones. Esto significa un deterioro de los términos de intercambio para el país doméstico. Observemos que, según la notación que hemos adoptado (que es la más habitual), un tipo de cambio real alto implica que la moneda del país doméstico (esto es, “nuestro” país, el que hemos tomado como referencia) está depreciada, en términos reales, en relación a la moneda del país extranjero. Lo inverso sucede si el tipo de cambio real está por debajo de la unidad. Si el tipo de cambio real es uno, significa que hay paridad de poder de compra. Por ejemplo, si el tipo de cambio real entre EEUU y Japón es uno, significa que con una determinada cantidad de dólares (o yenes) compramos la misma cantidad de bienes en EEUU y Japón. Puede verse, además, que el tipo de cambio real estará afectado por las variaciones relativas del tipo de cambio nominal, y por los niveles de precios en los países que se están considerando. Por ejemplo, si el tipo de cambio nominal permanece fijo, y los precios del país doméstico aumentan más que los precios en el extranjero, el tipo de cambio real disminuye (se encarecen las exportaciones y se abaratan las importaciones).

Vayamos ahora al caso del euro. Dado que tanto Alemania como Grecia han adoptado el euro, aquí no tiene sentido hablar de variaciones del tipo de cambio nominal. Sin embargo sí tiene sentido calcular y seguir las variaciones del tipo de cambio real. Por ejemplo, si partimos de una situación en que el nivel de precios entre los dos países es igual (esto es, con €100 compramos la misma cantidad de bienes en Alemania y Grecia), y un año después observamos que los precios en Grecia son un 10% superiores a los de Alemania, diremos que se produjo una caída del tipo de cambio real para Grecia. A la inversa si los precios en Alemania subieron más que en Grecia. Por otra parte, los niveles relativos de precio conectan con los niveles de productividad; y con la evolución de la inflación y de los salarios, que a su vez están determinados por muchos factores.

Débil productividad y apreciación cambiaria

Cuando Grecia adoptó el euro como moneda, en el 2002, los niveles de productividad de su economía eran aproximadamente un 88% de la productividad promedio de la Unión Europea. Y desde entonces la competitividad griega fue a la baja. A partir de 2002 hubo una cierta euforia inversora y entrada de capitales que ampliaron el crédito para el consumo de hogares y financiaron los gastos estatales en obras públicas. Todo ello impulsó al alza los precios y los salarios, a la vez que estimulaba el crecimiento de la economía. Entre 2000 y 2007 el PBI griego aumentó a un promedio de 4,2% anual. Los 16 países del área del euro en ese mismo lapso crecieron a una tasa del 2,2% anual. Por su parte los precios en Grecia aumentaron a un promedio del 3,5% anual entre 2002 y 2008; mientras que la media europea fue del 2,3%.

Como el euro ya era la moneda griega, la subida de los precios internos por encima de los precios europeos implicó una caída en términos reales del tipo de cambio para Grecia. Pero a eso se sumó la fuerte presión competitiva del capital alemán. Para Alemania la adopción del euro significó una devaluación cambiaria, en relación al antiguo marco. En 2009 la Comisión Europea consideraba que en 2009 el euro estaba devaluado entre 10% y 12%, en términos reales. Además de la mayor productividad, el capitalismo alemán se benefició de la explotación del trabajo en el Centro y Este de Europa y en los territorios de la ex URSS. Por ejemplo, en el periodo 2005-2007 el 13% de la inversión extranjera directa de Alemania fue a Europa Central y Oriental. Las empresas que se instalaban en estos países pagaban, en promedio, 16,5% del salario que pagaban en Alemania. Según Marin, siendo la productividad aproximadamente un 60% de la que hay en Alemania, el costo laboral en esos países era, en promedio, 27,5% del costo en Alemania. Esto puso presión, a su vez, sobre los salarios de los trabajadores alemanes, que no subieron mientras que sí aumentaba la productividad industrial. El resultado fueron altos excedentes alemanes en cuenta corriente, que llegaron a casi el 8% del PBI.

De manera que el capitalismo griego se vio sometido a una presión cada vez mayor. Los salarios de los trabajadores griegos eran menores que los salarios en Alemania. En 2006 el salario/hora promedio en Grecia era un 44% del que se pagaba en Alemania (y el poder de compra real del trabajador griego un 72% del que tenía el trabajador alemán). El salario mínimo es uno de los más bajos de Europa; en 2004 era de €560 (contra €1286en Francia o €1265 en los Países Bajos) y representaba solo 47% del ingreso medio nacional. Pero aun siendo bajos estos salarios, no podían competir con los salarios aún más bajos del Este y Centro de Europa, o de otros países atrasados.

Los trabajadores griegos en promedio también trabajaban más horas que sus pares europeos (2152 horas anuales en promedio, contra 1430 horas en Alemania y 1544 en Francia, según la OCDE) mientras que el costo de vida era similar al de Alemania. En una palabra, había alta tasa de explotación, a la vez que la economía tenía bajos niveles de productividad. Frente a esto, la «receta» del FMI y otros para salir de la crisis es aumentar aún más la explotación, para hacer al capital «competitivo».

Por otra parte, la inversión pública se dirigió a obras de infraestructura que no afectaban directamente la productividad en los sectores de bienes comercializables. Por ejemplo, una parte importante se volcó a obras como la construcción del aeropuerto de Atenas para los Juegos Olímpicos del 2004. Y la inversión extranjera directa (IED), destinada a plantas y equipamiento industrial, se mantuvo muy baja. El promedio anual de la incidencia de la IED en la formación de capital fijo bruto en Grecia, entre 2003 y 2005 fue de apenas del 2,7% (contra más del 50% en Bélgica, por ejemplo).

Con este panorama, no es de extrañar que en 2006 economistas del FMI calcularan que, desde la adopción del euro, la apreciación cambiaria de Grecia era del 17%. En promedio, entre 2000 y 2006 los costos laborales habían aumentado al 2,4% anual, contra el 0,3% en el área del euro; y la productividad había aumentado 1,8%, contra 2,6% en promedio en el área del euro. En consecuencia los exportadores griegos estaban perdiendo terreno en los mercados externos en los rubros de alimentos, minerales, combustibles, materias primas, textiles y metales. Y esa pérdida no era compensada por los aumentos en productos químicos y equipos de transporte. En términos absolutos las exportaciones aumentaban, por la expansión del mercado mundial, pero no por el aumento de la competitividad.

En 2008 Honjo y Chihua, también economistas del FMI, calculaban que desde la entrada al euro el tipo de cambio griego se había apreciado, en términos reales, un 10% según el índice de precios al consumidor; y según los costos laborales unitarios, la pérdida de competitividad cambiaria había sido del 17%, en relación a los socios comerciales europeos. En relación a la competencia asiática y de otros países atrasados, los autores calculaban una apreciación en términos reales, acumulativa, del 30%, según los costos laborales. Estos datos son corroborados por las estadísticas de productividad de la OCDE. En 2008 e igualando la productividad por hora trabajada de EEUU a 100, la productividad de Grecia era apenas 58, mientras que la de Alemania era 91,4 y la de Francia 96,2. Por otra parte, a pesar de que en términos relativos había mejorado la participación de las exportaciones de productos con tecnología media y alta en el total de exportaciones, la participación de las exportaciones de bajo valor agregado (intensivas en mano de obra) seguían siendo un componente esencial del total de las exportaciones. Lo cual constituía otra muestra de la debilidad estructural de la inserción griega en el mercado mundial, a través del euro.

Déficit en cuenta corriente y boom de los mercados de crédito

A partir de lo anterior se comprende el enorme déficit en la cuenta corriente de Grecia a lo largo de la última década (cuadro 8.1):

Un punto de comparación puede ser el déficit de Argentina en 2001, inmediatamente antes del hundimiento de la convertibilidad peso-dólar, que era inferior al 2% del PBI. Cuando se produjeron las crisis de México en 1994 y de Tailania en 1997, el déficit de estos países era de aproximadamente 5% del PBI.

Por otra parte es llamativo que el déficit de cuenta corriente se haya mantenido muy elevado en los años de recesión, alcanzando su máximo en 2008 (cuadro 8.1). Este déficit fue financiado en parte con transferencias de la Unión Europea, pero esencialmente con entrada de capitales. La mayoría de estos capitales fueron a comprar bonos del gobierno. Otra parte fue al sistema bancario, donde impulsó el crédito al consumo. Si bien la relación entre crédito al sector privado y PBI en 2005 era del 60%, lo que constituía un nivel relativamente bajo, su tasa de crecimiento fue muy alta, porque se partía de niveles muy disminuidos. En la década de 1990 el aumento del crédito había sido impulsado por la liberalización financiera y la eliminación de controles cambiarios. Después de la adopción del euro, las tasas de interés extremadamente bajas (negativas durante buena parte de la década) habían continuado estimulando el crédito. Esto explica que en los diez años anteriores a 2005 el crédito al consumo del sector privado subió a una tasa anual promedio de 14,5%. El endeudamiento de los hogares pasó del 14% del PBI en 2001, al 29% en 2005. Una parte del mismo se debió al crecimiento del crédito hipotecario. El nivel era relativamente bajo en relación a otros países atrasados, pero dada su dinámica, alimentaba el boom que, a su vez impulsaba la apreciación cambiaria. Los créditos a las empresas, por el contrario, no fueron importantes. En términos globales, aumentó la inversión residencial y la productividad en el sector servicios. Pero la productividad no aumentó en los sectores productores de bienes comercializables en el mercado exterior.

Deuda creciente

Estaban dados entonces todos los elementos para que la deuda externa griega creciera a una alta tasa. En el cuarto trimestre de 2005 la deuda pública griega era de 145.000 millones de euros; en el cuarto trimestre de 2009 había pasado a 215.000 millones. La deuda de las instituciones financieras, en el mismo lapso, había crecido desde €52.500 millones a €113.000 millones. Según datos del Banco de Grecia, la deuda total griega, entre fines de 2005 y fines de 2009 pasó de €270.000 millones a €404.000 millones.

La deuda pública griega fue financiada por bancos europeos, principalmente alemanes y franceses, y también por bancos griegos. Según el Wall Street Journal Americas (18/06/10), en 2010 los bancos alemanes tenían una exposición de US$45.000 millones en Grecia; la de los bancos franceses era de US$75.000 millones, y la de los ingleses, de 15.000 millones. Pero también los bancos griegos habían hecho préstamos muy importantes al gobierno. Además de las trampas que hizo el gobierno griego para ocultar el verdadero estado de sus cuentas fiscales, hubo una «bicicleta financiera» que impulsó el que continuara la espiral de endeudamiento. El sistema de emisión del Banco Central Europeo (BCE) facilitó esa espiral.

Los bancos europeos pueden tomar prestado del BCE si proveen el colateral correspondiente. Este colateral debe estar constituido por bonos de gobierno con alta calificación, y títulos similares. De manera que los bancos griegos, u otros, compraban bonos gubernamentales griegos –que en la década pasaba solo pagaban una tasa de interés poco mayor que los bonos de deuda alemana–, los entregaban como colateral al BCE para financiarse a un costo muy bajo y se quedaban con una buena diferencia. El gobierno griego, a su vez, tenía una buena excusa para seguir endeudándose.

La crisis mundial y la economía griega

Todo el andamiaje se vino abajo con el inicio de la crisis mundial. A los problemas estructurales que hemos apuntado se sumó el freno en la entrada de capitales y los efectos de la crisis en dos sectores claves, la industria del transporte naval y el turismo.

El transporte naval es muy importante en la economía griega. Los armadores griegos poseen la flota más grande del mundo, el 16% de la capacidad naviera mundial. En la pasada década, hasta el estallido de la crisis, los capitales griegos que operan en el trasporte naval hicieron grandes negocios por la expansión del comercio mundial. En términos globales, en 2005 los ingresos provenientes del transporte naval eran de €13.900 millones, mayores que los generados por el turismo. Se trataba del mayor ingreso de Grecia por invisibles, esto es, que no provienen de la exportación de bienes.

Presionados por la competencia y por el aumento de la demanda, entre el 2000 y el 2006 los griegos invirtieron fuertemente en la renovación de la flota, para lo cual contrajeron deudas importantes con bancos europeos. Otros países —Alemania y varios países de Asia—también estaban invirtiendo en el transporte naval y ya en el 2006 comenzó a asomar el espectro de la sobrecapacidad. Sin embargo, en la medida en que los precios de los fletes seguían altos, muchos barcos, ya anticuados, continuaban en operación, y la industria mantenía las inversiones. De manera que ya antes del estallido de la crisis había sobrecapacidad. Según Der Spiegel (24/3/2010) en 2008 se preveía que en los cuatro años siguientes unos 6000 barcos nuevos (petroleros, transportadores de contenedores y barcos para carga seca) entraran en servicio en todo el mundo, lo que representaría un equivalente al 60% de la flota existente en ese momento.

Con el estallido de la crisis mundial se pasó a una situación de sobreoferta generalizada, caída de precios de los fletes y desvalorización de los capitales invertidos. Los armadores que habían comprado en el pico de la euforia, entre 2006 y 2007, experimentaron fuertes reducciones de sus ganancias o, incluso, pérdidas. Ya a fines de 2008 la situación era grave. La primera caída generalizada de los títulos de la deuda griega, que se produjo en octubre de ese año, tuvo como antecedente la desconfianza que provocaban en el sistema financiero las deudas de los armadores griegos y la repercusión en la economía griega de la caída de la actividad en el transporte naval. Puede verse que las crisis financieras profundas por lo general están vinculadas a los problemas de acumulación del capital y a las contradicciones esenciales de las economías capitalistas.

En 2009 la situación se agravó. Según la Organización Mundial del Comercio el comercio mundial se contrajo un 12,2% y los precios se hundieron. A mediados de 2009 las tarifas de carga seca que en el verano del 2008 superaban los US$300.000, rondaban ahora los US$10.000. Algo similar ocurría con los buques tanque y el transporte de contenedores.

Pero la crisis mundial no solo afectó de lleno a la industria de transporte naval griega, sino también al turismo, que constituye su principal actividad, representando aproximadamente 18% del PBI y uno de cada cinco empleos. Ya antes de la crisis Grecia sufría la competencia de otros destinos, como Turquía, y otros lugares que eran más baratos, dada la apreciación del euro. Sin embargo, es con la crisis mundial que la situación se tornó extremadamente difícil. En 2009 los ingresos por turismo habrían bajado un 20% y a comienzos de 2010 la crisis continuaba, provocando una intensa desvalorización de las inversiones, y quiebras. En marzo de ese año 400 hoteles estaban en venta. De conjunto, en 2010, la economía griega se contrajo un 2,5%.

La crisis financiera

Estos son los factores subyacentes a la crisis financiera de Grecia y explican por qué, a pesar de la recesión, el déficit de cuenta corriente siguió siendo alto en el 2008 y en el 2009 y la deuda continuó creciendo. La especulación financiera se despliega sobre este telón de fondo. Por eso la crisis no se debe solo a los banqueros y los especuladores. Quedarse en esto es quedarse en la superficie de la cuestión. Las crisis financieras y bancarias se vinculan a los problemas que enfrentan la generación y realización de plusvalía y la valorización de los capitales. Al caer la realización de la plusvalía, los bancos encuentran difícil recuperar los préstamos, y cunde la desconfianza. Lo mismo sucede con la capacidad del gobierno para colocar deuda. Los inversores exigen tipos de interés cada vez más altos para seguir prestando. A esto se puede sumar la especulación con los bonos griegos, y con otros instrumentos financieros, como los credit default swaps (CDS), que son una especie de seguros contra el default de los bonos. Los inversores que especulan durante las bajas de los mercados, tienden a sobrevender, esto es, a vender bonos que no son los suyos, -deprimiendo más y más los precios- con el ánimo de volver a comprar más barato. Para explicarlo con un ejemplo sencillo. Supongamos que un bono está valiendo $95. El especulador, decide jugarse a la baja, para lo cual “alquila” bonos por un cierto período de tiempo; que “alquila” significa que paga una tasa de interés. Supongamos que en nuestro ejemplo paga $0,5 por alquilar el bono; luego vende en el mercado los bonos (se dice que vende “en corto”) a $95, y supongamos que transcurrido el lapso de tiempo por el cual alquiló el bono, el mismo vale $90. El especulador ha ganado $4,5 por bono. Lógicamente, si el precio del bono hubiera subido, habría experimentado una pérdida.

Pues bien, cuando estalló la crisis financiera, muchos especuladores jugaron a la baja, profundizando la caída de los precios. Y estas sobreventas de bonos deprimen aún más los precios, elevando las tasas de interés que debe pagar el gobierno. Sin embargo, la especulación profundiza la tendencia a la depresión de precios, no la crea por sí misma. Por eso las medidas tendentes a regular o restringir estas operaciones (por ejemplo, las ventas «en corto») no solucionan ningún problema de fondo. Apenas pueden suavizar las oscilaciones. Las contradicciones emanan de las relaciones capitalistas de producción, que abarcan todas las formas del capital (productivo, mercantil, dinerario).

Si bien la crisis no se originó en la esfera financiera, la especulación y la crisis bancaria que la acompañan hacen que se agrave. A la especulación se sumó, a comienzos de 2010, la fuga de capitales, de fondos de ciudadanos ricos y corporaciones. Entre enero y febrero habían salido unos €7500 millones anteriormente en depósitos, con destino principalmente a Suiza, Gran Bretaña y Chipre.

En junio de 2010, y a pesar del salvataje dispuesto por la Unión Europea y el FMI, por €110.000 millones, el gobierno griego estaba pagando casi 7 puntos más que Alemania por sus bonos de deuda a 10 años. Y a principios de 2011, seguía pagando prácticamente la misma sobretasa por tomar deuda. A mediano plazo esa tasa es insostenible. Lo cual pone en peligro a muchos bancos europeos, que tienen muchos préstamos al gobierno o a empresas griegas, como ya se dijo.

Por otra parte, aunque los bancos griegos entraron en la crisis con una alta capitalización, luego sufrieron rebajas importantes en la valoración de sus activos y comenzaron a tener problemas importantes de prestatarios que no pagaban sus créditos, lo que puso presión sobre la liquidez y aumentó su costo para conseguir fondos (tienen que pagar más interés para que los inversores les confíen sus ahorros, o para tomar préstamos).

La carrera por aumentar la explotación

La salida que intentó el gobierno griego, con el apoyo del FMI y los grandes poderes mundiales, es por vía deflacionaria y ajuste fiscal. La condición para otorgar el salvataje fue que el gobierno aplicara un fuerte programa de “austeridad”. Esto significa también bajar las prestaciones sociales, aumentar la edad de jubilación y disminuir los gastos sociales, además de los salarios. Los ingresos de los empleados públicos y los jubilados disminuyeron más del 20% en 2010, la desocupación está en el 13,5%, y se prevé que aumente hasta el 15% en 2011. En esencia, lo que está en cuestión es cómo aumentar la explotación de la fuerza de trabajo para hacer competitivo al capital griego.

Lo cual agrava la crisis, en la medida en que la restricción del gasto agudiza la caída de la demanda y por lo tanto la caída de la producción y de los ingresos. Esto explica que, a pesar de la recuperación del mercado mundial de cargas en 2010, y del repunte de la economía europea, Grecia continuó cayendo. En 2010 la economía se contrajo 4,2%, y según el Instituto de Investigación estatal, KEPE, caería otro 3,5% en 2011. El stock de deuda, a comienzos de 2011, alcanza casi el 160% del PBI, y el déficit supera el 8%.

Otra alternativa sería que Grecia saliera del euro, y volviera a su propia moneda. En este caso tendríamos una «solución» al estilo Argentina 2002, de devaluación y aumento de la explotación mediante la contracción de los salarios reales vía inflación. Otra posibilidad sería un default de la deuda que, de todas maneras, no salvaría a los trabajadores de las penurias, el desempleo y la presión del capital. Nunca el capitalismo salió de sus crisis mejorando o siquiera manteniendo los niveles de vida y las condiciones de trabajo de los asalariados. Grecia no es la excepción. Las manifestaciones, las huelgas y luchas que se desarrollaron a partir del estallido de la crisis, y que continuaron por lo menos hasta comienzos de 2011, apuntan al único camino posible para el pueblo griego frente a los planes de ajuste y la mayor explotación que buscan el capital y sus representantes en el gobierno y el Estado.

Bibliografía citada:

Gagales, A., Rossi, M., Moreno Badia, M. (2006): “Greece: Selected Issues”, International Monetary Fund (IMF Country Report No. 07/27).
Honjo, K., Chua, D. (2008): “Greece, Selected Issues”, IMF.
Marin, D. (2009): “The Opening Up of Eastern Europe at 20- Jobs, Skills and ‘Reverse Maquiladoras’ in Austria and Germany”, Discussion Paper, University of Munich and Bruegel.

Esta nota sobre la crisis griega fue escrita originariamente en octubre de 2010, y actualizada en marzo de 2011.


Comentarios

Comentario en relación con video de Caludio Katz

Mi análisis es muy distinto al de Katz (en líneas generales, con Katz tengo profundas diferencias). De forma breve:

En primer lugar, el análisis que presento en la nota es opuesto a la idea de Katz de que la deuda griega es producto de una estafa de los banqueros internacionales, el FMI, etcétera. Es el típico razonamiento del nacionalismo de izquierda (es lo más común en todo el arco K progresista, PC, izquierdismo tipo Solanas, muchos trotskistas, etcétera) con respecto a todas las deudas externas. La responsabilidad de las burguesías “nacionales” en ese enfoque queda diluida.

En segundo lugar, no se analiza el problema de fondo, a saber, la relación entre productividades “nacionales” (específicamente, Grecia y Alemania), los tipos de cambio reales y el euro.

En tercer término, no hay manera de superar una crisis de este tipo, dentro del capitalismo, sin costos terribles para los trabajadores. Esto es así, se mantenga Grecia en el euro o vuelva al dracma. Esto hay que decirlo con claridad. De lo contrario, se está ocultando el problema fundamental. Precisamente la instancia de la crisis es cuando los marxistas deben plantear con más énfasis la necesidad de una salida socialista, esto es, solidaria y decidida por los trabajadores, en su beneficio.

En cuarto lugar, y vinculado a lo anterior, hay que plantear claramente que es imposible llevar adelante un proyecto socialista (dar siquiera los primeros pasos) manteniéndose en el euro. Creer que es posible avanzar en medidas socialistas manteniéndose en el euro es pretender que el BCE y el capitalismo europeo van a manejar la política monetaria en beneficio de los trabajadores. El hecho de que Syriza ni siquiera plantee esta cuestión elemental es una muestra palmaria de que solo busca alguna componenda dentro del capitalismo.

En quinto lugar, también hay que decir claramente que la vuelta al dracma, en los marcos de un Estado y un sistema capitalista, no va a impedir una agudización de los padecimientos del pueblo griego. En este punto, de nuevo, hay que hablar claro: el control de movimientos de capitales y la nacionalización de los bancos no va impedir que la salida (capitalista) vía la vuelta al dracma sea dolorosa. ¿Cómo se impide la corrida sobre los depósitos? ¿Cómo se impide la devaluación de la nueva moneda?

Por último, una reflexión: los partidarios del “socialismo burgués” (en el sentido que Marx y Engels usan el término) “quieren la sociedad actual” (incluso pretenden mantenerse en el euro y que Merkel y el FMI les ayude a construir su “socialismo”) “sin las luchas y los daños que de ella resultan fatalmente”. Le prometen a la gente soluciones con “reformas administrativas realizadas sobre la base de la misma producción burguesa”. Es algo así como “mantenernos en el euro en interés de la clase obrera” (porque somos hábiles negociadores y le ‘demostramos’ a Merkel la conveniencia de ayudarnos). “Salir del euro en interés de la clase obrera” (y lo arreglamos con corralito, los argentinos nos pueden enseñar). Y así de seguido. Una vez más: si los marxistas no hablamos de la alternativa socialista en medio de una crisis, ¿es porque solo se va a hablar de socialismo “en los días de fiesta”?

David: "concuerdo contigo en que es necesario plantear el socialismo como única alternativa a la crisis favorable a la clase obrera, pero esto, presentado así en abstracto resulta poco digerible para muchas personas. En primer lugar porque lo primero que se les viene a la mente es el stalinismo como sinónimo de socialismo, pero también porque se preguntan como se plasma eso de forma concreta.
Es decir, por ejemplo, en el caso griego: que medidas concretas se deberían tomar para llevar adelante esa salida socialista de la crisis? Desde donde se impulsarían esas medidas? Desde un gobierno revolucionario elegido en las urnas, o es necesaria una vía insurreccional? En caso de ser afirmativa la segunda pregunta, quien tomaría el poder en esa insurrección? Porque de momento en Grecia no existen organismos de doble poder del tipo soviets. Habrá entonces que esperar a que surjan dichos organismos? Quiza si, pero es una perspectiva poco alentadora, porque incluso es posible que tal cosa no suceda nunca. Y mientras tanto, que hacer, como avanzar y construir alternativas? En fin, son preguntas que me imagino se le pasan a muchos por la mente cuando se plantea la cuestión del socialismo, y si no somos capaces de contestarlas vamos a tener muchas dificultades de que este discurso llegue a capas amplias de la población trabajadora."

Respuesta:

Una salida hacia el socialismo pasa por la organización del Estado y la economía por los trabajadores y el pueblo. Implicaría una organización de tipo consejista y administración de empresas por cooperativas obreras.

Ahora bien, si la población quiere mantenerse en el sistema capitalista, apoyarán el programa de Syriza, o de los partidos burgueses tradicionales. No veo por qué los socialistas tenemos que aconsejar políticas capitalistas para solucionar la crisis capitalista cuando nuestra crítica al capitalismo es precisamente que condena a los pueblos a padecer estas crisis.

Por este motivo estos pedidos (¿qué solución dan los marxistas a los problemas del capitalismo sin tocar las bases del capitalismo?) encaja tan bien en el “socialismo burgués”, del que hablaba Marx: “Los socialistas burgueses quieren 1as condiciones de vida de la sociedad moderna sin las luchas y los daños que de ella resultan fatalmente”. En aquella época en que escribían El Manifiesto Comunista Marx y Engels incluían en esta categoría a “los economistas, los filántropos, los humanitarios, los mejoradores de la suerte de la clase obrera, los organizadores de la beneficencia, los protectores de los animales, los fundadores de sociedades de templanza, los reformadores de todo pelaje”. Con las adaptaciones del caso, ¿es tan distinto lo que congregan los Syriza, o los Podemos de hoy?

https://rolandoastarita.wordpress.com/2010/07/07/crisis-griega/


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