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dijous 17 de setembre de 2015 | Manuel
Hace 100 años: Carta de Karl Liebknecht y Manifiesto de la Conferencia de Zimmerwald

Karl Liebknecht / Leon Trotsky

La Conferencia de Zimmerwald se celebró entre el 1 y el 8 de septiembre de 1915 en Zimmerwald —pueblecito cercano a Berna— Suiza, donde se reunió la izquierda socialista que se oponía a la Primera Guerra Mundial.

Carta a la Conferencia de Zimmerwald

Karl Liebknecht

Septiembre 1915. La carta fue leída a los delegados en el primer día de la conferencia.

Discúlpenme por escribir estas pocas líneas apresuradas.

Encarcelado y encadenado como estoy por el militarismo, no puedo estar con ustedes. Igualmente mi corazón, mi mente, como mi espíritu completo está con ustedes.

Ustedes tienen dos tareas solemnes, una que surge del terco deber y otra del sagrado entusiasmo y la esperanza:

Un inexorable ajuste de cuentas con los desertores y traidores de la Internacional en Alemania, Gran Bretaña, Francia, y de otros lugares.

Entendimiento mutuo, aliento y estímulo para aquellos que son fieles a su bandera y han decidido no ceder una pulgada al imperialismo internacional, aunque estén heridos. Y ordenar las filas de aquellos que están decididos a aferrarse, mantenerse firme, y luchar, con los pies firmemente plantados en las bases del socialismo internacional.

Los principios de nuestra actitud hacia la guerra mundial se pueden explicar brevemente como un caso especial de nuestra visión del orden social capitalista. En pocas palabras, espero, ya que todos nosotros, todos ustedes están y deben estar unidos en esto.

La tarea es, sobre todo, establecer las conclusiones prácticas que se derivan de estos principios, y hacerlo sin vacilaciones en todos los países.

¡No a la paz civil sí a la guerra civil!

Solidaridad internacional del proletariado por sobre y contra toda pseudo-patriótica y pseudo-nacional armonía entre las clases. Lucha de clases por sobre y contra la guerra entre estados. Lucha de clases internacional por la paz, por la revolución socialista.

¿Cómo debe librarse esta lucha? Es justamente lo que debemos determinar. El desarrollo de las fuerzas necesarias y dirigirlas hacia metas factibles sólo puede lograrse a través de la colaboración, a través de acciones que refuercen mutuamente las posiciones y la fuerza en cada país.

Nuestros amigos en cada país sostienen en sus manos las esperanzas y las perspectivas de sus camaradas en los demás países. Socialistas alemanes y franceses, sobre todo, ustedes sostienen en sus manos el destino de cada uno. Amigos de Francia, les imploro, no caigan en la trampa de los eslóganes de unidad nacional. ¡Son inmunes a sus reclamos! Pero también no deben quedar atrapados del igualmente falso mensaje de la unidad partidaria.

Cada protesta contra las políticas en favor del gobierno, todo signo de su rechazo, todo apoyo audaz a la lucha de clases y a la solidaridad con nosotros, con voluntad proletaria de paz, refuerza nuestro espíritu de lucha común e incrementa nuestra fuerza en más de diez veces. De la misma manera, nosotros, en Alemania, peleamos en favor del proletariado y por su liberación económica y política de las cadenas del capitalismo –y del zarismo, kaiserismo, junkerismo, y militarismo, y más aún– del militarismo internacional.

En Alemania peleamos por la liberación política y social del pueblo alemán, contra el poder imperialista alemán y su codicia territorial, por la paz que restaurará a la infortunada Bélgica, metida en el corazón de Europa, su independencia y libertad, al tiempo que devolverá a Francia de nuevo al pueblo francés.

Hermanos en Francia, somos muy conscientes de las dificultades excepcionales de su infeliz condición, y sepan que nosotros sangramos con ustedes como con las masas atormentadas y torturadas de todos los pueblos. Su desgracia es nuestra, como sabemos que nuestro dolor es también el suyo.

Que nuestra lucha sea también suya. Ayúdennos, al igual que nos comprometemos a ayudarles.

La nueva Internacional se levantará sobre las ruinas de la antigua; de hecho, sólo puede surgir de estas ruinas y sobre bases nuevas y más sólidas. Amigos, socialistas de todos los países, hoy día deben poner la primera piedra para la estructura del futuro. Pronunciar un juicio irreconciliable frente a los falsos socialistas. Conduzcan a los indecisos y escépticos hacia adelante sin vacilaciones en todos los países, y especialmente en Alemania.

La grandeza de nuestra meta los levantará por encima de las limitaciones y encierros del momento y sobre los sufrimientos de estos tiempos terribles.

¡Viva la futura paz entre los pueblos! Larga vida al antimilitarismo! Viva el socialismo - internacionalista, la liberación de los pueblos, y la revolución!

¡Proletarios de todos los países, uníos una vez más!

Traducido por Emilio R. Monge, desde "Zimmerwald 1915: Karl Liebknecht’s Letter to the Conference", agosto 2015.


Manifiesto de la Conferencia de Zimmerwald

Leon Trotsky

"¡Proletarios de Europa!

¡Hace más de un año que dura la guerra! Millones de cadáveres cubren los campos de batalla. Millones de hombres quedaran mutilados para el resto de sus días.Europa se ha convertido en un gigantesco matadero de hombres. Toda la civilización, creada por el trabajo de muchas generaciones está condenada a la destrucción. La barbarie más salvaje celebra hoy su triunfo sobre todo aquello que hasta la fecha constituía el orgullo de la humanidad.

Cualesquiera que sean los principales responsables directos del desencadenamiento de esta guerra, una cosa es cierta: la guerra que ha provocado todo este caos es producto del imperialismo. Esta guerra ha surgido de la voluntad de las clases capitalistas de cada nación de vivir de la explotación del trabajo humano y de las riquezas naturales del planeta. De tal manera que las naciones económicamente atrasadas o políticamente débiles caen bajo el yugo de las grandes potencias que, con esta guerra, intentan rehacer el mapa del mundo, a sangre y fuego, de acuerdo con sus intereses explotadores. Es así como naciones y países enteros como Bélgica, Polonia, los estados de los Balcanes y Armenia corren el riesgo de ser anexionados en todo o en parte por el simple juego de las compensaciones.

Los objetivos de la guerra aparecen en toda su desnudez a medida que los acontecimientos se desarrollan. Pieza a pieza, caen los velos que han ocultado a la conciencia de los pueblos el significado de esta catástrofe mundial.

Los capitalistas de todos los países, que acuñan con la sangre de los pueblos la moneda roja de los beneficios de guerra, afirman que la guerra va a servir para la defensa de la patria, de la democracia y de la liberación de los pueblos oprimidos. Mienten. La verdad es que, de hecho, ellos entierran bajo los hogares destruidos, la libertad de sus propios pueblos al mismo tiempo que la independencia de las demás naciones. Lo que va a resultar de la guerra van a ser nuevas cadenas y nuevas cargas y es el proletariado de todos los países, vencedores o vencidos el que tendrá que soportarlas.

"Incremento del bienestar", dijeron, al declararse la guerra.

Miseria y privaciones, desempleo y aumento del coste la vida, enfermedades y epidemias, son los verdaderos resultados de la guerra. Por décadas los gastos de guerra absorberán lo mejor de las fuerzas de los pueblos comprometiendo la conquista de mejoras sociales y dificultando todo progreso.

Colapso de la civilización, depresión económica, reacción política; estos son los beneficiarios de este terrible conflicto de pueblos. La guerra revela así el verdadero carácter del capitalismo moderno que se ha revelado incompatible no sólo con los intereses de las clases trabajadoras sino también con las condiciones elementales de existencia de la comunidad humana.

Las instituciones del régimen capitalista que disponían de la suerte de los pueblos, los gobiernos -monárquicos o republicanos- la diplomacia secreta, las poderosas organizaciones patronales, los partidos burgueses, la prensa capitalista y la Iglesia: sobre todas ellas pesa la responsabilidad de esta guerra nacida de un orden social que los nutre, que ellos defienden y que no sirve más que a sus intereses.

¡Trabajadores!

Vosotros, ayer explotados, desposeídos, despreciados habéis sido llamados hermanos y camaradas cuando ha llegado la hora de enviaros a la masacre y a la muerte. Y hoy que el militarismo os ha mutilado, destrozado, humillado, aplastado, las clases dominantes y los poderosos reclaman de vosotros además la abdicación de vuestros intereses y la renuncia a vuestros ideales, en una palabra, una sumisión de esclavos a la paz social. Os arrebatan la posibilidad de expresar vuestras opiniones, vuestros sentimientos, vuestros sufrimientos. Os prohíben formular vuestras reivindicaciones y defenderlas. La prensa controlada, las libertades y los derechos políticos pisoteados: es el reinado de la dictadura militarista con puño de hierro.

Nosotros no podemos ni debemos permanecer inactivos ante esta situación que amenaza el porvenir de Europa y la Humanidad.

Durante muchos años el proletariado socialista ha encabezado la lucha contra el militarismo; con una creciente aprensión sus representantes se preocuparon en sus congresos nacionales e internacionales del peligro de guerra que el imperialismo hacía paso a paso más amenazante. En Stuttgart, en Copenhague, en Basilea, los congresos socialistas internacionales trazaron la vía que debía seguir el proletariado.

No obstante, partidos socialistas y organizaciones obreras de varios países, pese a haber contribuido en su día a la elaboración de estas decisiones, han olvidado y repudiado desde el comienzo de la guerra las obligaciones que les imponían. Sus representantes y dirigentes han llamado e inducido a los trabajadores a abandonar la lucha de clases, el único medio posible y eficaz para la emancipación proletaria. Han votado con sus clases dirigentes los presupuestos de guerra; se han colocado a la disposición de sus gobiernos para prestarles los más diversos servicios; han intentado a través de su prensa y sus enviados ganar a los neutrales a la política de sus gobiernos respectivos; han incorporado a los gobiernos "ministros socialistas" como rehenes para la preservación de la "Unión Sagrada" y para ello han aceptado ante la clase obrera compartir con las clases dirigentes las responsabilidades actuales y futuras de esta guerra, de sus objetivos y de sus métodos. Y de la misma manera que ha ocurrido con los partidos separadamente, el más alto organismo de las organizaciones socialistas de todos los países, la Oficina Socialista Internacional, también ha fallado y faltado a sus obligaciones.

Estas con las causas que explican que la clase obrera que no había sucumbido al pánico nacional del primer periodo de la guerra o que poco después se había liberado de él, no haya encontrado aún en el segundo año de la matanza de pueblos los medios para emprender en todos los países una lucha activa y simultanea por la paz.

En esta situación intolerable, nosotros, representantes de partidos socialistas, de sindicatos y de minorías de estas organizaciones; alemanes, franceses, italianos, rusos, polacos, letones, rumanos, búlgaros, suecos, noruegos, suizos, holandeses, nosotros que no nos situamos en el terreno de la solidaridad nacional con nuestros exploradores, sino que permanecemos fieles a la solidaridad internacional del proletariado y a la lucha de clases, nos hemos reunido aquí para reanudar los lazos rotos de las relaciones internacionales, para llamar a la clase obrera a recobrar la conciencia de sí misma y situarla en la lucha por la paz.

Esta lucha es la lucha por la libertad, por la fraternidad de los pueblos, por el socialismo. Hay que emprender esta lucha por la paz, por la paz sin anexiones ni indemnizaciones de guerra. Pero una paz así no es posible más que con la condición de condenar todo proyecto de violación de derechos y de libertades de los pueblos. Esa paz no debe conducir ni a la ocupación de países enteros ni a las anexiones parciales. Nada de anexiones, ni reconocidas ni ocultas y mucho menos aún subordinaciones económicas que, en razón de la perdida de autonomía política que entrañan, resultan todavía más intolerables si cabe. El derecho de los pueblos a disponer de ellos mismos debe ser el fundamento inquebrantable en el orden de las relaciones de nación a nación.

¡Trabajadores!.

Desde que la guerra se desencadenó habéis puesto todas vuestras fuerzas, todo vuestro valor y vuestra capacidad de aguante al servicio de las clases poseedoras para mataros los unos a los otros. Hoy en día es precisa que, permaneciendo sobre el terreno de la lucha de clases irreductible, actuéis en beneficio de vuestra propia causa por los fines sagrados del socialismo, por la emancipación de los pueblos oprimidos y de las clases esclavizadas.

Es el deber y la tarea de los socialistas de los estados beligerantes desarrollar esta lucha con toda su energía. Es el deber y la tarea de los socialistas de los Estados neutrales ayudar a sus hermanos, por todos los medios, en esta lucha contra la barbarie sanguinaria.

Jamás en la historia del mundo ha habido tarea más urgente, más elevada, más noble; su cumplimiento debe ser nuestra obra común. Ningún sacrificio es demasiado grande, ninguna carga demasiada pesada para conseguir este objetivo: el restablecimiento de la paz entre los pueblos.

Obreros y obreras, padres y madres, viudas y huérfanos, heridos y mutilados, a todos vosotros que estáis sufriendo la guerra y por la guerra, nosotros os decimos: Por encima de las fronteras, por encima de los campos de batalla, por encima de los campos y las ciudades devastadas.

¡Proletarios de todos los países, uníos!

Zimmerwald, 8 de septiembre de 1915


Karl Liebknecht (Leipzig, Alemanya, 13 d’agost de 1871- 15 de gener de 1919) fou un socialista alemany, cofundador del Partit Comunista Alemany i de la publicació Die Rote Fahne, juntament amb Rosa Luxemburg. Va ser assassinat el 1919 per militants de dretes.

Fill d’un dels fundadors de la SPD, Wilhelm Liebknecht. Va créixer en la misèria a causa de l’empresonament del seu pare i les reformes socials de Herbert von Bismarck el van afectar quan encara anava a l’escola.

Després va començar a estudiar filosofia, economia, història i dret a la seva ciutat natal fins que la seva família es va mudar a Berlín, on va continuar amb els seus estudis. El 1883-1884 fou reclutat i després va escriure la seva tesi doctoral en dret. Aquesta va ser la seva primera dedicació: va obrir un buffet per a defensar a socialdemòcrates i reclutes maltractats pel règim monàrquic. També va continuar la seva activitat política des de la SPD i escrivint llibres contra l’excèrcit. Precisament la seva obra "Militarisme i Antimilitarisme" (1907) li va costar un any i mig de presó. En el cas es va autodefensar, guanyant així molta popularitat fins al punt de què va ser escollit diputat al parlament de Prússia.

A la Primera Guerra Mundial va desmarcar-se del seu partit (que finalment va aprovar-la) i declarar-se públicament contrari a la guerra. Per això va ser enviat al front l’any 1915 (encara que tenia immunitat com a parlamentari), on va viure de prop els enfrontaments. Un any després, ell i 20 membres més de la SPD van condemnar la guerra i van ser expulsats del partit. Va prosseguir, després de tornar del front, amb la seva activitat antibèlica encapçalant una manifestació, motiu pel qual va ser condemnat a 4 anys de presó. Els opositors de la guerra, d’entre els quals destaca Rosa Luxemburg, però a més amb dirigents com Leo Jogiches, Franz Mehring, Clara Zetkin, Johann Knief i altres, van crear el Spartakus-Bund per a agrupar a tots els dissidents el dia 01.01.1916.

Karl Liebknecht va sortir de la presó després de la revolució d’octubre que va significar la fi de la guerra i el començament de l’Alemanya republicana. Poc després, l’any 1919, militants de l’extrema dreta i antics generals imperials el van assasinar juntament amb Rosa Luxemburg. Està enterrat a Berlín, al districte de Lichtenberg. Una avinguda al centre de la ciutat, pertanyent al seu moment a Berlín Est, porta el seu nom.

+ Info:

"El enemigo principal está en casa" (Volante de mayo de 1915). Karl Liebknecht

Karl Liebknecht - Rosa Luxemburg. León Trotsky, 18 de enero de 1919

Karl Liebknecht

Después del 4 de agosto griego: Los internacionalistas de Zimmerwald y sus enseñanzas actuales. Jesús Jaén


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