contacte: anticapitalistes@anticapitalistes.net

 



 

Anticapitalistes
  
dimecres 2 de setembre de 2015 | Manuel
¿"Unidad Popular"? En busca del impulso perdido

Josep Maria Antentas

en català abaix

A pocos meses de las elecciones generales, y en vísperas de las catalanas del próximo 27 de Setiembre, las tribulaciones estratégicas recorren Podemos y las fuerzas del cambio político y social. Tras un año de sobre-exitación demoscopico-electoral, al final de la escapada parece que el bipartidismo resiste mejor de lo esperado, sacando energías de donde apenas no quedaban.

Desde hace semanas todas las encuestas reflejan una tendencia electoral a la baja para Podemos. El circulo vicioso de la lógica electoral gira implacablemente. Si se instala cada vez más la idea de que el PP volverá a ganar ello tendrá un efecto desmovilizador en cadena, y si se reconfirma la percepción que el PSOE es el voto útil contra el PP, ello acarreará consecuencias letales para Podemos. El partido de Pablo Iglesias está en un momento delicado, moviéndose en el umbral de lo que puede ser un resultado que condicione de forma decisiva la política española o de un resultado que condene a Podemos a ser una fuerza de oposición importante pero sin potencial desestabilizador. Debido al sistema electoral, una ligera variación del porcentaje supone una diferencia abismal en escaños. La que puede certificar el estallido del bipartidismo o su renqueante supervivencia a pesar de todo. De nuevo, tan lejos y tan cerca.

Estamos en un momento decisivo en el que caben dos opciones: resignarse a que las elecciones generales acaben siendo un anti-climax a modo de decepcionante desenlace provisional de la dinámica abierta tras las elecciones europeas del 25 de Mayo de 2014. O bien, mover ficha, y buscar un revulsivo. Dos debates entrecruzados sobrevuelan la zozobra del momento. ¿Como construir la “unidad popular”? ¿Y como enfrentar al poder financiero doméstico e internacional a la luz de lo acontecido en Grecia?

Unidades populares y tribulaciones estratégicas

¿Qué es la tan manida “unidad popular”? Concepto casi atrápalotodo, corre riesgo de ser fetitchizado. Ambos términos de la expresión se prestan a todas las mistificaciones imaginables. Y a todos los doctrinarismos prescriptivos concebibles. En los debates actuales, la “unidad popular” se conjuga de tres formas: la primera, como una expresión retórica de construcción autoreferencial entorno a sí mismo, pero abriendo las listas electorales a independientes, como hacen las CUP en Catalunya. La segunda, como una alianza de aparatos políticos por arriba, como pregona IU, y como se ha construido Catalunya Sí que es Pot. Ambas opciones son abrazadas por Podemos, que bascula hacia una u otra en función del contexto y el lugar. La tercera, implica la voluntad de crear un movimiento popular participativo y plural, en el que en la tensión entre lógicas de aparato y confluencia por abajo se deslice hacia la segunda, y en la que los aparatos políticos se pongan al servicio de la creación de un movimiento abierto.

En algunos casos la elaboración de listas mediante primarias democráticas ha sido la vía para movilizar la participación por abajo, aunque con una lógica competitiva, como fue en Ahora Madrid. En otros, el procedimiento de elaboración de la lista no era el pivote del proyecto, que giraba entorno a la firme orientación y vocación movimentista del equipo impulsor de la iniciativa, decidido a construir un verdadero movimiento popular-ciudadano, como fue el caso de Barcelona en Comú. No hay un modelo acabado de como proceder, ni un ejemplo generalizable a replicar. Pero sí hay experiencias que apuntan, desde su diversidad, en esta dirección. Éste es el espíritu de Barcelona en Comú, de las Mareas Atlánticas, de las propuestas del Procés Constituent.

Pero el debate de la “unidad popular” no sólo abarca los procesos para conformarla, sino sus objetivos estratégicos y su concepción de lo que es “ganar” y de como se cambia la sociedad. Ni electoralismos superficiales, ni resistencialismos sin perspectiva, la articulación dialéctica entre movilización-autoorganización-trabajo electoral e institucional es la clave. Entonces, unidad popular” ¿para qué? Para romper con el actual orden de cosas mediante la apertura de procesos constituyentes nacionales retroalimentados pero no subordinados y la aplicación de un plan anti-austeridad. “Procesos constituyentes” y “plan contra la austeridad” son conceptos elásticos que pueden interpretarse de formas diversas, pero en su conjunto designan un horizonte de ruptura formulado con voluntad de agregación de mayorías políticas y que parte de la necesidades reales y no de proclamas abstractas. Para conjurar las decepciones del mañana, sin embargo, cada vez se va haciendo más necesario, profundizar en las clarificaciones estratégicas y en la precisión de las tareas y de los objetivos programáticos (que en ningún modo pueden ser leídos como meras sugerencias de cumplimiento optativo como desafortunadamente señaló la alcaldesa de Madrid Carmena) de los gobiernos “populares”.

El rasgado espejo helénico

Las posibilidades de una ruptura con las políticas de austeridad en el Estado español se reflejan estos días en el espejo griego. Un espejo en las que brillan una imágenes del cambio menos nítidas e impolutas de lo deseado. La situación griega desincha las ilusiones de cambio fácil y placentero y desmonta el esquema simplista y linial construido tras la eclosión de Podemos de: voto=victoria electoral rápida=cambio de políticas. El camino es bastante más pedregoso. Y lo que está por venir.

Hay, sin embargo, dos lecturas posibles sobre la rendición de Tsipras. La primera: no se pueden cambiar las cosas. La segunda: no valen las medias tintas. Una conduce a la parálisis y al desánimo, la otra fuerza a sacar conclusiones estratégicas imponderables. La crisis de Syriza ha marcado la primera gran diferenciación interna del movimiento contra la austeridad desde el estallido de la crisis. El fiasco Tsipras pone encima de la mesa las inconsistencias de los enfoques neoreformistas que buscan cuadrar un círculo imposible. No se puede vencer a los hooligans de la austeridad sin despeinarse. Hay momentos en que es necesario escoger. Sino, la realidad, o sea la Troika y el poder financiero, escoge por ti. ¡Imposible acabar con el bulldozer de la austeridad sin ir a por todas y buscando ingenuamente el acuerdo con los mismos que la imponen!

Detrás de la lógica de Tsipras y de quienes la apoyan desde las filas de la izquierda europea está la apelación al mal menor y a la responsabilidad. No es posible la ruptura. Ella conduce al abismo. No hay cambio estructural posible. Finales de partida, pues. En realidad, ésta es la más irresponsable de todas las estrategias. No hay nada más imprudente que levantar expectativas y no satisfacerlas por cobardía y timidez, nada más insensato que esperar concesiones de la Troika si ésta no hace frente a una amenaza de ruptura real. Para conseguir reformas hay que jugar a la ruptura. Lo ha sido siempre a lo largo de la historia, y más en los tiempos que corren. No tener un Plan B equivale en realidad a no tener un Plan A.

La situación no admite medias tintas ni soluciones epidérmicas. La radicalidad, en el sentido de ir a la raíz de los problemas, se antoja hoy ineludible. El desafío de “intentar ser tan radical como la realidad misma”, retomando la conocida expresión de Lenin, aparece ahora con una fuerza inusitada. Sin embargo, estamos en un contexto complejo y contradictorio. La repolitización contemporánea llega tras décadas de despolitización. El reinicio de la auto-organización aún no puede compensar la descomposición histórica de los instrumentos políticos y sindicales tradicionales. El gran malestar social va de la par a un bajo nivel de conciencia política, y la radicalización social está aún confinada a un horizonte capitalista-consumista. Las expectativas de cambios reales se ven mermadas por décadas de retrocesos y por la ausencia de referencias alternativas concretas, y la efervescencia social va paralela a bajos niveles de organización estable y a una debilidad general de la izquierda. Todo ello favorece la cristalización de alternativas políticas portadoras de proyectos de cambio superficial y de estrategias inconsistentes cuando llega el momento de la verdad. De ahí se derivan los impasses actuales.

Por ello el apoyo a Tsipras por parte de la dirección de Podemos es un error estratégico revelador de un tacticismo cortoplacista sin salida. Si el primer ministro griego gana las elecciones, ello puede trasmitir la impresión ficticia que Podemos está con los ganadores. Pero no nos engañemos. La posible victoria de Tsipras este 20 de setiembre poco tendrá que ver con la del pasado 25 de enero. Es ya la de un Tsipras sin otro proyecto que implementar la política de la Troika (secundada por el poder financiero y económico griego). En realidad, respaldar a Syriza ahora es una huida hacia adelante que asocia a Podemos a un proyecto fallido y capitulador, que sólo ahondará los atolladeros estratégicos ibéricos. Es difícil vender ilusión y esperanza en el Estado español avalando a quien la ha enterrado en Grecia. Y no lo es menos criticar los recortes de Rajoy o Mas y justificar los de Tsipras.

Ante este escenario, no se trata ni de adaptarse a las claudicaciones que instalan un ‘no se puede’ sin fin como horizonte estratégico y vital, ni de contentarse con resistencialismos autoproclamatorios estériles. Es la ahora de pelear por la mayoría, de ofrecer un camino alternativo al no future de la austeridad grunge. Ello implica articular radicalidad y espíritu de confluencia, voluntad de ruptura y disposición a ensuciarse y a gestionar contradicciones. Sólo los sectarios confunden radicalidad con aislamiento, caínismo, y diferenciación programática permanente. Sólo los que tienen miedo a afrontar seriamente la aventura de un cambio de modelo confunden voluntad de mayoría, de unidad y de confluencia con la adaptación política a los angostos márgenes de lo posible.

Cambiar el ritmo

La realidad se ha reflejado más compleja, tortuosa y material, y menos esquemática, lineal, comunicativa y discursiva de lo teorizado por la dirección de Podemos. La lucha política es más enrevesada de lo que concibe la hipótesis populista, tanto en su variante laclauiana estricta como en sus acepciones más genéricas. La agregación de mayorías populares es menos evolutiva de lo pensado y el combate político es más amplio que su dimensión comunicativa. La estrategia electoral por sí sola se queda coja si no se inserta en la construcción de un movimiento popular real y arraigado, y la política de partido sin política de movimiento se queda rápido sin combustible.

La dirección de podemos vio la los límites de la fórmula Podemos el pasado 24M, cuando sus resultados quedaron debajo del PSOE y por debajo de las candidaturas municipales de confluencia. La propuesta de presentarse a las generales ampliando la lista de Podemos a otros colectivos con el esquema “Podemos-XXX” y buscando alianzas con ICV en Catalunya, Compromís en el País Valencià, el MES en Baleares y las Mareas en Galicia es, sin embargo, una solución demasiado parcial a un problema más de fondo. Es una fórmula muy tímida para solucionar un problema muy profundo: la imposibilidad de Podemos de ganar las elecciones generales.

Es necesario una sacudida de más hondo calado. Un cambio de ritmo que altere la tendencia la baja. No es hora de avanzar con piloto automático, ni de actuar como un lento motor diesel, sino como un explosivo coche de rallies. Ahora toca demostrar reflejos rápidos. Todas las organizaciones envejecen y más en la época de lo instantáneo y lo espurio, de la sociedad fast-food. Su proceso de nacimiento, consolidación, y estructuración no es rectilinio ni constante, e implica saber navegar en aguas turbulentas y a contracorriente y más en un momento de crisis en las que “el tiempo está fuera de sus casillas” recordando a Hamlet. Pensarse que uno va viento en popa “a la Kautsky” (pero en versión acelerada y a cámara rápida) es el mayor de los errores estratégicos. El mayor de los aventurismos. Es, pues, la hora de los revulsivos, de actuar como verdadera “caja de velocidades” en expresión de Daniel Bensaïd. De sacar nuevos jugadores en el terreno de juego, y de cambiar el esquema y el ritmo del partido. Y ello pasa por asumir la vía de la “unidad popular” y de la confluencia por abajo en la estela de los éxitos municipales del pasado 24M, y no de los acuerdos aparateros ni de las auto-proclamaciones afirmativas.

Pensar estratégicamente hoy requiere una mentalidad abierta para comprender situaciones tan diferentes y en apariencia contradictorias como la esperanza que representa Jeremy Corbyn en Gran Bretaña, renacida inopinadamente del corazón del vetusto partido laborista; como la necesaria ruptura de Syriza y el apoyo de la Unidad Popular griega; o como la lucha por confluencias y unidades populares participativas y por abajo en el Estado español. Tras todos estos procesos diversos, que se concretan en formas dispares (¡y disparatadas!), hay sin embargo que trabar una bien firme voluntad de ruptura con un orden económico y político insoportable que exige tanta innovación estratégica como firmeza de principios e incorruptibilidad de voluntades.

2/9/2015

http://blogs.publico.es/tiempo-roto/2015/09/02/en-busca-del-impulso-perdido/

Josep Maria Antentas. Profesor de sociología de la Universitat Autònoma de Barcelona, militante de Anticapitalistes-Revolta Global.


Tot buscant l’impuls perdut

A pocs mesos de les eleccions generals, a toar de les catalanes del proper 27S, les tribulacions estratègiques persegueixen Podem i les forces del canvi polític i social. Després d’un any de sobreexitació demoscòpicoelectoral, al final de l’escapada sembla que el bipartidisme resisteix millor del que s’esperava, traient energies d’on amb prou feines no quedaven.

Des de fa setmanes totes les enquestes reflecteixen una tendència electoral a la baixa per a Podem. El cercle viciós de la lògica electoral gira implacablement. Si s’instal·la cada vegada més la idea que el PP tornarà a guanyar això tindrà un efecte desmobilitzador en cadena, i si es reconfirma la percepció que el PSOE és el vot útil contra el PP, això implicarà conseqüències letals per a Podem. El partit de Pablo Iglesias està en un moment delicat, movent-se en el llindar del que pot ser un resultat que condicioni de forma decisiva la política espanyola o d’un resultat que condemni a Podem a ser una força d’oposició important però sense potencial desestabilizador. A causa del sistema electoral, una lleugera variació del percentatge suposa una diferència abismal en escons. La que pot certificar l’espetec del bipartidisme o la que permet la seva supervivència malgrat tot. De nou, tan lluny i tan a prop.

Estem en un moment decisiu en el qual hi caben dues opcions: resignar-se al fet que les eleccions generals acabin sent un anti-climax, convertint-se en un decebedor desenllaç provisional de la dinàmica oberta després de les eleccions europees del 25 de Maig de 2014. O bé, moure fitxa, i buscar un revulsiu. Dos debats entrecreuats sobrevolen la inquietant situació actual. Com construir la “unitat popular”? I com enfrontar al poder financer domèstic i internacional a la llum del que ha succeït a Grècia?

Unitats populars i tribulacions estratègiques

Què és la tan citada “unitat popular”? Concepte gairebé comodí, corre risc de ser fetitxitzat. Tots dos termes de l’expressió es presten a totes les mistificacions imaginables. I a tots els doctrinarismes prescriptius concebibles. Als debats actuals, la “unitat popular” es conjuga de tres formes: la primera, com una expressió retòrica de construcció auto-referencial entorn a si mateix, però obrint les llistes electorals a independents, com fan les CUP a Catalunya. La segona, com una aliança d’aparells polítics per a dalt, com pregona IU, i com s’ha construït Catalunya Sí que es Pot. Ambdues opcions són abraçades per Podem, que bascula cap a una o una altra en funció del context i el lloc. La tercera, implica la voluntat de crear un moviment popular participatiu i plural, en el qual en la tensió entre lògiques d’aparell i confluència per a baix es basculi cap a la segona, i en la qual els aparells polítics es posin al servei de la creació d’un moviment obert.

En alguns casos l’elaboració de llistes mitjançant primàries democràtiques ha estat la via per mobilitzar la participació desde baix, encara que amb una lògica competitiva, com va ser en Ara Madrid. En uns altres, el procediment d’elaboració de la llista no era el pivot del projecte, que girava entorn a la ferma orientació i vocació vers els moviments socials de l’equip impulsor de la iniciativa, decidit a construir un veritable moviment popular-ciutadà, com va ser el cas de Barcelona en Comú. No hi ha un model acabat de com procedir, ni un exemple generalitzable a replicar. Però sí hi ha experiències que apunten, des de la seva diversitat, en aquesta direcció. Aquest és l’esperit de Barcelona en Comú, de les Marees Atlàntiques, de les propostes del Procés Constituent.

Però el debat de la “unitat popular” no només inclou els processos per conformar-la, sinó els seus objectius estratègics i la seva concepció del que és “guanyar” i de com es canvia la societat. Ni electoralismes superficials, ni resistencialismes sense perspectiva, l’articulació dialèctica entre mobilització-autoorganització-treball electoral i institucional és la clau. Llavors, “unitat popular” per a què? Per trencar amb l’actual ordre de coses mitjançant l’obertura de processos constituents nacionals retroalimentats però no subordinats i l’aplicació d’un pla anti-austeritat. “Processos constituents” i “pla contra l’austeritat” són conceptes elàstics que poden interpretar-se de formes diverses, però en el seu conjunt designen un horitzó de ruptura formulat amb voluntat d’agregació de majories polítiques i que parteix de les necessitats reals i no de proclames abstractes. Per conjurar les decepcions del demà, no obstant això, cada vegada es va fent més necessari, aprofundir en les clarificacions estratègiques i en la precisió de les tasques i dels objectius programàtics (que en cap manera poden ser llegits com a mers suggeriments de compliment optatiu com desafortunadament va assenyalar l’alcaldessa de Madrid Carmena) dels governs “populars”.

L’esquinçat mirall hel·lènic

Les possibilitats d’una ruptura amb les polítiques d’austeritat en l’Estat espanyol es reflecteixen aquests dies en el mirall grec. Un mirall en les quals brillen una imatges del canvi menys nítides i impol·luts del que seria desitjat. La situació grega desinfla les il·lusions de canvi fàcil i plaent i desmunta l’esquema simplista i lineal construït després de l’eclosió de Podem de: vot = victòria electoral ràpida = canvi de polítiques. El camí és bastant més pedregós. I no és pas poc el que està per venir.

Hi ha, no obstant això, dues lectures possibles sobre la rendició de Tsipras. La primera: no es poden canviar les coses. La segona: no valen les solucions intermèdies. Una condueix a la paràlisi i al descoratjament, l’altra força a treure conclusions estratègiques imponderables. La crisi de Syriza ha marcat la primera gran diferenciació interna del moviment contra l’austeritat des de l’esclat de la crisi. El fiasco Tsipras posa damunt de la taula les inconsistències dels enfocaments neoreformistas que busquen quadrar un cercle impossible. No es pot vèncer als hooligans de l’austeritat sense despentinar-se. Hi ha moments en què és necessari escollir. Sinó, la realitat, o sigui la Troica i el poder financer, escull per tu. Impossible acabar amb el buldòzer de l’austeritat sense anar a per totes i anar buscant ingènuament l’acord amb els mateixos que la imposen!

Darrere de la lògica de Tsipras i dels qui la recolzen des de les files de l’esquerra europea està l’apel·lació al mal menor i a la responsabilitat. No és possible la ruptura. Aquesta condueix a l’abisme. No hi ha canvi estructural possible. Per tant, s’ha acabat la partida. En realitat, aquesta és la més irresponsable de totes les estratègies. No hi ha gens més imprudent que aixecar expectatives i no satisfer-les per covardia i timidesa, gens més insensat que esperar concessions de la Troica si aquesta no fa front a una amenaça de ruptura real. Per aconseguir reformes cal jugar a la ruptura. Ho ha estat sempre al llarg de la història, i més en els temps que corren. No tenir un Pla B equival en realitat a no tenir un Pla A.

La situació no admet solucions intermèdies ni solucions epidèrmiques. La radicalitat, en el sentit d’anar a l’arrel dels problemes, es desitja avui ineludible. El desafiament de “intentar ser tan radical com la realitat mateixa”, reprenent la coneguda expressió de Lenin, apareix ara amb una força inusitada. No obstant això, estem en un context complex i contradictori. La repolitització contemporània arriba després de dècades de despolitització. La tornada a l’auto-organització encara no pot compensar la descomposició històrica dels instruments polítics i sindicals tradicionals. El gran malestar social va junt a un baix nivell de consciència política, i la radicalització social està encara confinada a un horitzó capitalista-consumista. Les expectatives de canvis reals es veuen minvades per dècades de reculades i per l’absència de referències alternatives concretes, i l’efervescència social va paral·lela a baixos nivells d’organització estable i a una feblesa general de l’esquerra. Tot això afavoreix la cristal·lització d’alternatives polítiques portadores de projectes de canvi superficial i d’estratègies inconsistents quan arriba el moment de la veritat. D’aquí es deriven els atzucacs actuals.

Per això el suport a Tsipras per part de l’adreça de Podem és un error estratègic revelador d’un tacticisme de curt termini sense sortida. Si el primer ministre grec guanya les eleccions, això pot transmetre la impressió fictícia que Podem està amb els guanyadors. Però no ens enganyem. La possible victòria de Tsipras el proper 20 de setembre poc tindrà a veure amb la del passat 25 de gener. És ja la d’un Tsipras sense un altre projecte que implementar la política de la Troica (secundada pel poder financer i econòmic grec). En realitat, recolzar a Syriza ara és una fugida cap a endavant que associa a Podem a un projecte fallit i capitulador, que només aprofundirà els sots estratègics ibèrics. És difícil vendre il·lusió i esperança en l’Estat espanyol avalant a qui l’ha enterrat a Grècia. I no ho és menys criticar les retallades de Rajoy o Mas i justificar els de Tsipras.

Davant aquest escenari, no es tracta ni d’adaptar-se a les claudicacions que instal·len un ‘no es pot’ sense fi com a horitzó estratègic i vital, ni d’acontentar-se amb autoproclamades propostes estèrils de resistència. És l’hora de lluitar per la majoria, d’oferir un camí alternatiu al «no future» de l’austeritat «grunge». Això implica articular radicalitat i esperit de confluència, voluntat de ruptura i disposició a embrutar-se i a gestionar contradiccions. Només els sectaris confonen radicalitat amb aïllament, caïnisme, i diferenciació programàtica permanent. Només els que tenen por a afrontar seriosament l’aventura d’un canvi de model confonen voluntat de majoria, d’unitat i de confluència amb l’adaptació política als estrets marges del possible.

Canviar el ritme

La realitat s’ha reflectit més complexa, tortuosa i material, i menys esquemàtica, lineal, comunicativa i discursiva del teoritzat per la direcció de Podem. La lluita política és més enrevessada del que concep la hipòtesi populista, tant en la seva variant laclauiana estricta com en les seves accepcions més genèriques. L’agregació de majories populars és menys evolutiva del que es pensa i el combat polític és més ampli que la seva dimensió comunicativa. L’estratègia electoral per si sola es queda coixa si no s’insereix en la construcció d’un moviment popular real i arrelat, i la política de partit sense política de moviment es queda de seguida sense combustible.

La direcció de Podemos va veure els límits de la fórmula Podemos el passat 24M, quan els seus resultats van quedar per sota el PSOE i per sota de les candidatures municipals de confluència. La proposta de presentar-se a les generals ampliant la llista de Podem a altres col·lectius amb l’esquema “Podemos-XXX” i buscant aliances amb ICV a Catalunya, Compromís al País Valencià, el MES a Balears i les Marees a Galícia és, no obstant això, una solució massa parcial a un problema més de fons. És una fórmula molt tímida per solucionar un problema molt profund: la impossibilitat de Podemos de guanyar les eleccions generals.

És necessari una sacsejada de més profund calat. Un canvi de ritme que alteri la tendència la baixa. No és hora d’avançar amb pilot automàtic, ni d’actuar com un lent motor dièsel, sinó com un explosiu cotxe de ral·lis. Ara toca demostrar reflexos ràpids. Totes les organitzacions envelleixen i més en l’època de la instantaneïtat i l’espuri, de la societat fast-food. El seu procés de naixement, consolidació, i estructuració no és rectilini ni constant, i implica saber navegar en aigües turbulentes i a contra corrent i més en un moment de crisi en el qual “el temps està fora de les seves caselles” recordant a Hamlet. Pensar-se que hom va vent en popa “a l’estil Kautsky” (però en versió accelerada i a càmera ràpida) és el major dels errors estratègics. El major dels aventurismes. És, doncs, l’hora dels revulsius, d’actuar com a veritable “caixa de velocitats” en expressió de Daniel Bensaïd. De treure nous jugadors en el terreny de joc, i de canviar l’esquema i el ritme del partit. I això passa per assumir la via de la “unitat popular” i de la confluència desde baix tot seguint el rastre dels èxits municipals del passat 24M, i no dels acords dels aparells polítics ni de les auto-proclamacions afirmatives.

Pensar estratègicament avui requereix una mentalitat oberta per comprendre situacions tan diferents i en aparença contradictòries com l’esperança que representa Jeremy Corbyn a Gran Bretanya, resorgida del cor del vetust partit laborista; com la necessària ruptura de Syriza i el suport de la Unitat Popular grega; o com la lluita per confluències i unitats populars participatives i desde baix a l’Estat espanyol. Darrera de tots aquests processos diversos, que es concreten en formes dispars (i absurdes!), hi ha, no obstant, una ben ferma voluntat de ruptura amb un ordre econòmic i polític insuportable que exigeix tanta innovació estratègica com fermesa de principis i incorruptibilitat de voluntats.


A la mateixa secció:


Italia: Crisis y escisión del Partido Democrático (PD), orígenes y consecuencias…


[VÍDEO] Conversa entre Gala Pin (BComú) i Gabriela Serra (CUP)


França: Si no som nosaltres, qui?


Francia: Encuentro con Philippe Poutou, candidato presidencial del NPA


Podem davant de si mateix


Cap a on va Podem? Classe, populisme i moviment


El país dels comuns


Iglesias derrota Errejón i pren el control de Podem


Camino de Vistalegre II: Podemos ante sí mismo


David Fernàndez: ’Amb els 26.000 milions de frau fiscal es podria refer tot un país’

Creative Commons License Esta obra est� bajo una licencia de Creative Commons by: miquel garcia -- esranxer@gmail.com