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dissabte 29 d’agost de 2015 | Manuel
Estatismo burgués y clase obrera

Rolando Astarita

En el curso del debate sobre la herencia económica del kirchnerismo (ver aquí), surgió el tema del estatismo burgués en relación a la clase obrera.

En esa circunstancia, planteé que los gobiernos Kirchner utilizaron y utilizan con frecuencia la intervención económica del Estado, y las estatizaciones de empresas, para debilitar al movimiento obrero, y a los movimientos sociales, y que esto, lejos de tener algún rol progresivo, es reaccionario y de derecha. Sostuve que eso ocurría cuando, por ejemplo:

- el gobierno discrimina en el otorgamiento de planes sociales a los movimientos de desocupados que son críticos;

- en la contratación de empleados públicos o de empresas estatales se prioriza a los militantes de la agrupación oficialista La Cámpora, o del peronismo (como en otras ocasiones, de radicalismo o del partido de Macri);

- los punteros de La Cámpora hostigan y persiguen a delegados y activistas de las empresas o instituciones estatales que no adhieren “al proyecto nacional”;

- se despide a un trabajador de un obrador público porque se niega a concurrir a una marcha en apoyo del gobierno de Cristina K;

- en una cooperativa de trabajadores financiada por el Estado se disminuye la paga a una trabajadora por la misma razón.

Señalé también que es un error de muchos grupos de izquierda disimular estas cuestiones, por temor a ser calificados de “derecha”, y reivindiqué la crítica de Marx y Engels a Bismark, quien buscaba debilitar al movimiento obrero a partir del control de las cooperativas de trabajo. Dado que esta cuestión ha sido silenciada por la izquierda adoradora del Estado burgués -¿para aplaudir sin incomodidades intelectuales a un Chávez o a un Maduro?- , en lo que sigue la presento a consideración de los lectores del blog.

La crítica al control bonapartista clientelar

Uno de los pasajes en que de forma más clara encontramos la posición de Marx frente a las cooperativas obreras sustentadas por el Estado prusiano, es una carta que dirige a Engels, con fecha 18 de febrero de 1865. En ella transcribe un pasaje de una carta anterior, en la que afirmaba: “… el apoyo del gobierno real prusiano a las cooperativas –y cualquiera que conozca las condiciones prusianas sabe de antemano las dimensiones necesariamente diminutas que tiene- carece de valor alguno como medida económica, pero en cambio extiende el sistema de tutela, corrompe un sector de los obreros y castra el movimiento. (…) Está fuera de toda duda que la infortunada ilusión de Lassalle concerniente a la intervención socialista en un gobierno prusiano terminará en un chasco. La lógica de las cosas dirá su palabra. Pero el honor del partido obrero exige que renuncie a tales espejismos aun antes de que la experiencia demuestre su vaciedad. La clase obrera es revolucionaria o no es nada”.

Tengamos presente que este era uno de los motivos por los que Marx rechazaba la “realpolitik” de Lassalle. En una carta dirigida a Kugelmann, apenas cinco días después de la anterior, escribía: “Lassalle se descarriló porque era un “Realpolitiker”…”. (…) “Los obreros alemanes estaban demasiado ‘corrompidos’ por la despreciable ‘política práctica’ que había inducido a la burguesía alemana a tolerar la reacción de 1849-1850 y el embotamiento del pueblo, como para no saludar con alborozo a un salvador curandero como este [se refiere a Lassalle], que les prometía llevarlos de un salto a la tierra prometida”.

Esta posición se continúa en “Glosas marginales al Programa del Partido Obrero Alemán”, también conocidas como “Crítica del programa de Gotha”. El programa de Gotha había sido adoptado a raíz de la fusión del Partido Obrero Socialdemócrata Alemán, dirigido por Liebknecht y Bebel, y la Asociación General Obrera Alemana (lassalleanos), en mayo de 1875. Marx y Engels lo criticaron, y caracterizaron que se habían impuesto las ideas de los lassalleanos. Lo relevante para lo que nos ocupa es que el programa exigía la creación de cooperativas de producción “con la ayuda del Estado y bajo control del pueblo trabajador”, como medio para preparar “la solución del problema social”.

En su crítica Marx sostiene que en el programa la “organización socialista del trabajo” no surge del proceso revolucionario de transformación de la sociedad, sino de la “ayuda” que el Estado prestaría a “cooperativas de producción creadas por él y no por los obreros”. Además el solo hecho de que el “pueblo trabajador” planteara esas reivindicaciones al Estado demostraba que no estaba en el Poder, ni estaba maduro para gobernar. Por otra parte, Marx equipara la reivindicación de las cooperativas obreras financiadas por el Estado con la reivindicación de los obreros reaccionarios franceses, agrupados en torno a la revista Atelier, bajo el reinado de Luis Felipe [la revista Atelier apareció entre 1840 y 1850 y reunió a seguidores de Philippe Buchez; Buchez defendía un socialismo católico y la creación de cooperativas con el apoyo del Estado]. Marx afirma que los alemanes habían abandonado “el punto de vista del movimiento de las clases, para retroceder al movimiento de las sectas”, y agrega:

El que los obreros quieran establecer las condiciones de producción colectiva en toda la sociedad y ante todo en su propia casa, en una escala nacional, solo quiere decir que laboran para subvertir las actuales condiciones de producción, y eso nada tiene que ver con la fundación de cooperativas con la ayuda del Estado. Y, por lo que se refiere a las sociedades cooperativas actuales, estas solo tienen valor en cuanto son creaciones independientes de los propios obreros, no protegidas ni por los gobiernos ni por los burgueses”.

También Engels, en carta a Bebel (18-28 marzo 1875), y criticando esa demanda del programa de Gotha, escribía: “En cuarto lugar, el programa plantea como única reivindicación social la ayuda del Estado de Lassalle en su forma más desnuda, como Lassalle la robó de Buchez. ¡Y esto después que Bracke ha demostrado muy bien la completa nulidad de esta reivindicación y después que casi todos, si no todos los oradores de nuestro partido, se vieron obligados a pronunciarse contra esta ayuda del Estado al combatir a los lassalleanos! Nuestro partido no podía rebajarse más. El internacionalismo rebajado a nivel de Armand Gögg [demócrata alemán, dirigente de la Liga por la Paz y la Libertad] y el socialismo rebajado al nivel del republicanismo burgués de Buchez, quien planteó esta reivindicación en oposición a los socialistas, ¡para luchar contra ellos!

En el mismo sentido Engels, en “La contribución al problema de la vivienda”, se refiere a la reforma urbanística de París, bajo la dirección de Haussmann. Además del aspecto estratégico militar –abrir amplias calles rectas, que hicieran inútiles las barricadas frente a la artillería- Engels señala que el plan Haussmann tenía como finalidad “formar un proletariado de la construcción específicamente bonapartista y dependiente del gobierno” (énfasis añadido).

Independencia de clase y crítica marxista

La crítica a toda forma de control del movimiento obrero por el Estado está en la esencia de la tradición revolucionaria del marxismo. El estatismo burgués puesto al servicio de la división, cooptación y corrupción de los trabajadores no tiene un ápice de progresivo. Pero estas prácticas hoy están naturalizadas y son justificadas por gran parte del progresismo bienpensante izquierdista, y un amplio abanico de la izquierda “nacional, antiimperialista y popular”.

Lo grave es cuando esta corrupción organizada penetra en las filas del movimiento obrero, divide, envenena las relaciones, amedrenta y corrompe. Y desde la izquierda marxista tenemos que admitir que amplios sectores de la clase obrera argentina toleran, por lo menos, esta injerencia sistemática del estatismo burgués burocrático.

Para decirlo en las palabras de Marx, aceptar estas prácticas equivale a abandonar el punto de vista de clase. Es que la independencia de clase sigue siendo la piedra angular de la lucha contra el capital y su Estado. Por eso, hay que presentar el problema en toda su dimensión, sin demagogia, disimulos ni frases consoladoras.

28/8/2015

https://rolandoastarita.wordpress.com/2015/08/28/estatismo-burgues-y-clase-obrera/

+ Info:

Control bonapartista, Trotsky y autonomía de clase


A la mateixa secció:


200 años de los “Principios…” de David Ricardo


Unidad contra el fascismo: el frente único


Perry Anderson, Gramsci y la hegemonía


Socialisme i nacionalisme (1897), i altres dos articles de James Connolly


Aprender de la Gran Depresión


El marxismo y la burocracia sindical. La experiencia alemana (1898-1920)


Revolución rusa: ¿Qué estuvo pensando Lenin?


Resistir la supresión de la ciencia


Sobre la dialéctica del Estado burgués: La crítica de la democracia burguesa en Rosa Luxemburg.


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