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Anticapitalistes
  
diumenge 23 d’agost de 2015 | Manuel
Hace 75 años... Aniversario del asesinato de León Trotsky

Viento Sur / Jaime Pastor / Celia Hart

El 21 de agosto de 1940 moría en Coyoacán, México, León Trotsky, víctima de un atentado cometido el día anterior por un agente estalinista, Ramón Mercader. Con motivo de este 75 aniversario reproducimos una introducción a una antología de textos suyos escrita por Jaime Pastor, y sugerimos también la lectura de otros trabajos que hacen referencia a su vida y a su pensamiento político.

Introducción a Defensa de la revolución. León Trotsky. Antología. (Los libros de la Catarata-Viento Sur, Madrid, 2009)

Jaime Pastor

La figura, el pensamiento y la acción de Lev Davidovitch Bronstein, conocido como León Trotsky, son inseparables de la historia del movimiento obrero y del marxismo durante la primera mitad del siglo XX. Sus casi 61 años de vida, dese su nacimiento el 7 de noviembre de 1879 en Lanovka, Ucrania, hasta su muerte el 21 de agosto de 1940 en Coyoacán, México, dieron testimonio de una creciente actividad política e intelectual en medio de una época en la que estalló la crisis de la primera “globalización liberal”. Un largo período en el que pudo ser testigo de acontecimientos como la revolución fallida de 1905 en Rusia, la “Gran Guerra” de 1914, el triunfo e impacto global de la primera revolución proletaria en Rusia en 1917, el comienzo de la Gran Depresión a partir de 1929, el ascenso tanto del fascismo y del nazismo como del estalinismo, la revolución y la guerra civil españolas y las vísperas de la Segunda Guerra Mundial.

Esta sucesión de guerras, revoluciones y contrarrevoluciones, acompañadas por enormes sufrimientos y grandes esperanzas, fue objeto de análisis, reflexión e intensa participación por parte de Trotsky y no es fácil resumir aquí sus aportaciones. Las hemos agrupado en cinco grandes bloques: el primero es el relacionado con su teoría del desarrollo desigual y combinado del capitalismo y su corolario, la revolución permanente; el segundo, su análisis crítico de la URSS y del carácter del Estado que allí se consolida bajo el estalinismo; el tercero, la búsqueda de una estrategia de lucha contra el fascismo, el nazismo y el franquismo, diferente de la propugnada por la Internacional Comunista (IC) y adaptada a las condiciones de los países occidentales; el cuarto, su apuesta por la Cuarta Internacional y, finalmente, el quinto, la aspiración a un nuevo socialismo en el que el arte y la cultura en general puedan gozar de la mayor libertad posible.

1. Desarrollo desigual y combinado y revolución permanente

El primer bloque de contribuciones parte de su análisis de la especificidad de la economía y la sociedad rusas en una época que era ya la del imperialismo[1]. Trotsky, siguiendo a Parvus[2], considera que la entrada en esa nueva etapa del capitalismo obliga a poner al día la ley del desarrollo desigual de Marx, quien sostenía que existen distitnas fases de desarrollo en los diferentes países y que “el país industrialmente más desarrollado no hace sino mostrar al menos desarrollado la imagen de su propio futuro”[3]. La interpretación dominante de esa sentencia dentro de la Segunda Internacional llevaba a concluir que en países como Rusia primero tenía que haber una revolución burguesa que permitiera la configuración de un capitalismo “maduro” para luego poder plantearse las tareas de una revolución socialista. En cambio, para Trotsky “el capitalismo, al imponer a todos los países su modo de economía y de comercio, ha convertido al mundo entero en un único organismo económico y político”[4]. De ese nuevo paso decisivo hacia la configuración de una economía y un mercado mundiales, ya anticipado en el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, Trotsky deduce la necesidad de completar la ley del desarrollo desigual poniendo el énfasis en su carácter combinado, “aludiendo a la aproximación de las distintas etapas del camino y a la confusión de distintas fases, a la amalgama de formas arcaicas y modernas”, ya que “el privilegio de los países históricamente rezagados –que lo es realmente- está en poder asimilarse las cosas o, mejor dicho, en obligarse a asimilarlas antes del plazo previsto, saltando por alto toda una serie de etapas intermedias”[5].

A partir, por tanto, de esa tendencia general en la época imperialista sostiene que precisamente porque el capitalismo occidental penetra de forma creciente en el resto del mundo, va integrando a los demás países dentro de su esfera de dominación, favoreciendo así una combinación de desarrollo y subdesarrollo en ellos y haciendo imposible que éstos sigan su mismo esquema evolutivo; simultáneamente, se va forjando en esos países “periféricos” un nuevo proletariado con un peso muy superior al de las burguesías “nacionales”, incapaces de romper sus ataduras con el imperialismo.

Pero sus conclusiones políticas se derivan no sólo de esa propuesta teórica sino también de las experiencias de las revoluciones de 1905 y, sobre todo, de 1917 en Rusia. La primera, basada en su participación en primera línea en el Soviet (consejo) de Diputados Obreros de Petrogrado, le permite descubrir en él una nueva forma de organización y representación de los trabajadores que en poco tiempo se transforma en un verdadero órgano de poder alternativo. Animado tanto por esos análisis como por las lecciones de esas revoluciones y enfrentado con la “teoría del socialismo en un solo país”, es más tarde el trágico fracaso en 1927 de la alianza del Partido Comunista Chino con el Kuomintang, la organización nacionalista burguesa china, el que le anima a realizar un esfuerzo de sistematización de la teoría de la revolución permanente cuyos antecedentes podían encontrarse en las propuestas del propio Marx en torno a la revolución alemana de 1848[6].

Podemos resumir esa teoría en tres tesis fundamentales: la primera se refiere a la necesidad en los países coloniales y semicoloniales de transformar la revolución democrática en revolución socialista bajo la dirección del movimiento obrero si se quiere garantizar que incluso las conquistas democráticas básicas no se vean frustradas; la segunda considera que una revolución socialista triunfante debe sufrir un proceso constante de transformación interna si no quiere verse abortada por fuerzas externas o por su propia burocratización; la tercera insiste en el carácter internacional de la revolución como proceos permanente y, por tanto, en la necesidad de contribuir a la extensión de la misma, especialmente en los países relativamente avanzados.

Esto último es importante porque de la posibilidad mayor de la revolución en un país relativamente atrasado no deduce que fuera más fácil en él la construcción del socialismo. Defiende más bien lo contrario: para poder dar pasos en ese camino hace falta que la revolución triunfe, al menos, en alguno de los países capitalistas más avanzados, en cuyo marco sí sería posible sentar las bases de la transición al socialismo.

Es ese análisis de una Rusia inserta en la economía mundial capitalista, entre Europa y Asia, el que le lleva a considerar que la revolución que hay que promover en ese país no puede limitarse a derrocar al zarismo y a realizar algunas tareas democráticas sin duda fundamentales –como la conquista de la paz, la reforma agraria y la libre determinación de los pueblos- sino que, dada la debilidad de la burguesía rusa, todas ellas solo pueden llevarse a cabo hasta el final si son asumidas por el nuevo proletariado industrial en ascenso –siempre que se ganara el apoyo del campesinado- y, por tanto, tendría que emprender también medidas que condujeran a cuestionar la propiedad privada de los principales sectores de la economía. Partiendo de este punto de vista mantiene una posición diferente respecto a las dos principales corrientes dentro del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR), los bolcheviques, con Lenin a la cabeza, y los mencheviques: los primeros defienden que la próxima revolución será esencialmente democrática, pero para ello ha de basarse en la alianza de los trabajadores y el campesinado, no viendo por tanto posible el “salto” hacia una revolución socialista; mientras que los segundos sostienen que es la burguesía liberal la que ha de asumir el protagonismo de esa revolución democrática, teniendo que limitarse el movimiento obrero y campesino a apoyar a aquélla para después, cuando el capitalismo estuviera “maduro”, poder plantearse tareas superiores. Ambos, por tanto, defienden concepciones que sostienen, a diferencia de Trotsky, la inevitabilidad de una revolución “por etapas” en Rusia.

Las diferencias del joven Trotsky con Lenin también tienen que ver con la concepción organizativa del partido, ya que, como se puede comprobar en el primer texto de esta antología, escrito en 1904, aquél ve en las tesis del dirigente bolchevique en ¿Qué hacer? y Un paso adelante, dos pasos atrás (escritos en 1902 y 1904 respectivamente) el peligro de que el POSDR –y sus órganos de dirección hasta llegar al secretario general- acabara sustituyendo al necesario protagonismo de los trabajadores. Es esa profunda divergencia la que le conduce a aliarse con los mencheviques, si bien propugnando repetidamente la reunificación de ambas corrientes dentro de un mismo partido. Mantien así hasta 1917 una actitud “conciliadora” que le provocaría duras críticas de sus adversarios y que sería utilizada demagógicamente luego por los estalinistas como prueba de que no había sido nunca un “verdadero bolchevique”.

En esos años posteriores a 1905 Trotsky aparece con una posición propia en muchos de los debates dentro de la Segunda Internacional y sigue de cerca los conflictos que se van desencadenando primero en los Balcanes y más tarde en Europa hasta llegar a los inicios de la Primera Guerra Mundial. Su papel destacado en la redacción del Manifiesto aprobado en Zimmerwald en 1915 por la minoría de la Segunda Internacional, opuesta a la decisión de partidos como el alemán de apoyar a sus gobiernos respectivos en el conflicto, le da ya un protagonismo más allá de Rusia que no dejaría de aumentar con el tiempo. Ese comportamiento antimilitarista provocaría el rechazo de los gobiernos a reconocerle su estatus de exiliado en países como Francia, obligándole, por cierto, a su paso forzado por España en 1916, de cuya experiencia nos han quedado unos recuerdos suyos llenos de observaciones y comentarios jugosos[7].

Pero es sin duda en el proceso revolucionario ruso de 1917 cuando Trotsky, ya dentro del partido bolchevique a partir de agosto[8], actuando como presidente del Soviet de Petrogrado y, luego, del Comité Militar Revolucionario, se convierte en uno de los grandes protagonistas del movimiento que acaba triunfando en octubre, inaugurando así una nueva época histórica, solo comparable con la que abrió la Revolución francesa de 1789. De esta experiencia, de sus tendencias de evolución, ritmos, diferenciaciones, tensiones y anécdotas nos ha dejado su legado en Historia de la Revolución Rusa. Esta obra, escrita en el exilio y con un extraordinario bagaje documental, unido a sus vivencias personales, constituye un ejemplo de “historia desde abajo y desde dentro” y una referencia inevitable para historiadores de muy diferentes ideologías[9].

Ese acontecimiento constituye para él una confirmación en positivo de sus tesis mientras que, como ya se ha indicado, el fracaso de la Revolución china en 1927 es una demostración del camino a la derrota al que conduce una orientación que se ve ratificada en la política que la IC desarrolla a partir de su VI Congreso en 1928. Esta aparece ya claramente subordinada a la “teoría” codificada por Stalin según la cual es posible “el socialismo en un solo país” y, por tanto, la defensa de la URSS y de su política exterior es la que ha de marcar la orientación de los partidos comunistas en el mundo.

Las posiciones de Trotsky serían, no obstante, sometidas a crítica ante los distintos procesos revolucionarios que se darían luego en países “periféricos” como la misma China -en este caso es acusado de subestimar el papel revolucionario del campesinado-, o en relación con los conflictos que surgen entre determinadas burguesías nacionales y las potencias occidentales, viéndose obligado en distintas ocasiones a matizar su propia teoría[10].

2. Contra el estalinismo. Por un Frente Único contra el fascismo

Con todo, para comprender mejor la beligerancia creciente frente a la orientación que desarrolla la IC tenemos que referirnos a otra de las contribuciones que hace Trotsky, relacionadas con el nuevo Estado soviético. Debemos tener en cuenta para ello que los bolcheviques no contaban con ningún “modelo” preestablecido de cómo debía construirse éste y que además se encontraban en unas condiciones particularmente difíciles para avanzar en medio del acoso internacional, sobre todo una vez frustradas las expectativas creadas en torno a la Revolución alemana en octubre de 1923. Trotsky mismo, durante los primeros años de la revolución, vive esa tensión constante entre los ideales proclamados de avanzar hacia una sociedad socialista y la realidad de un país como Rusia, con una población cansada por los enormes daños causados por la Gran Guerra y, luego, por una guerra civil en la que la oposición contrarrevolucionaria con tó con el apoyo de las potencias imperialistas.

Como comisario de Asuntos Exteriores, después como comisario de Guerra y más tarde en otros cargos menos destacados, Trotsky se ve implicado en debates constantes que generan divisiones internas en la dirección del partido bolcheviquer, como las relacionadas con el Tratado de Brest-Litovsk con Alemania, la guerra civil y el “comunismo de guerra”, la prohibición de las fracciones dentro de su partido, la entrada del Ejército Rojo en Georgia, o los acontecimientos de Kronstadt[11]. Él mismo llega a defender la militarización del trabajo y de los sindicatos e incluso la identificación del nuevo Estado con su partido dirigente, como se puede comprobar en su obra Terrorismo y comunismo, escrita en 1920: en ella no es difícil percibir la influencia que tiene en él mismo esa tendencia a hacer de la necesidad virtud que criticara en 1918 Rosa Luxemburg[12].

Pese a esas posiciones, pronto sus temores ante el nuevo curso que se está tomando en Rusia le llevan a manifestar en Nuevo Rumbo, ya en 1923, su oposición, en alianza con un Lenin que muere poco después, al grupo dirigente estalinista que empieza a consolidarse. A partir de entonces contribuye a formar una oposición de izquierdas y, simultáneamente, se esfuerza por ir dando coherencia teórica y política a su crítica del proceso de burocratización en la URSS –de contrarrevolución política dentro de la revolución, como él mismo lo define- y a la apuesta por una nueva democracia soviética respetuosa de la pluralidad política.

La culminación de esa tarea se encuentra en La Revolución traicionada, publicada en 1937, cuando, tras la proclamación de la nueva Constitución y en medio de los procesos de Moscú y de la represión contra los “trostskistas”[13], ya no le caben dudas sobre la consumación del “Termidor soviético”, fórmula empleada por analogía con lo ocurrido tras la Revolución francesa de 1789. Es en esta obra donde opta por calificar al régimen soviético burocratizado como transitorio o intermedio, debido a que al haber expropiado a los grandes capitalistas no puede ser calificado como “capitalista”, pero tampoco puede ser considerado “socialista”, ya que sobreviven las clases sociales –y las desigualdades entre ellas- y ha surgido una nueva casta dominante que se ha hecho con el control total del Estado sustituyendo así a la clase obrera y a los soviets.

Si bien esa obra ofrece una explicación de lo ocurrido, su imprecisión respecto a la caracterización de ese régimen y al tipo de revolución que habría que propugnar -¿política o también social?- contra la burocracia, parece muy pronto insatisfactoria dentro de su propia corriente y genera problemas sobre la orientación política a defender, sobre todo porque Trotsky considera que en caso de agresión por parte de las potencias occidentales habría que salir en defensa de la URSS. Por ese motivo las divergencias irrumpen abiertamente cuando se produce el pacto nazi-soviético en septiembre de 1939 y la URSS ocupa los países bálticos y la parte oriental de Polonia y entra su ejército en Finlandia. Ante la gravedad de esos acontecimientos, desde la sección estadounidense de la nueva Cuarta Internacional James Burnham, seguido luego por Max Schachtman, califica la política de la URSS como imperialista. Cuestiona así la definición que ha hecho Trotsky de ese Estado como “obrero burocráticamente degenerado” –obrero por su base social y burocráticamente degenerado debido a que la nueva capa social dominante se ha apropiado del nuevo Estado-, proponiendo otras alternativas como la de “colectivismo burocrático”, fórmula que había empezado ya a popularizar Bruno Rizzi[14].

En sus respuestas a esas tesis Trotsky condena el pacto firmado por la URSS con Alemania, así como la ocupación de esos territorios pero, haciendo de nuevo una analogía con la política exterior practicada por Napoleón, no por ello deduce que la URSS haya cambiado de naturaleza, ya que en esos mismos países el propio Stalin procede a expropiar también a los capitalistas; se mantiene, sin embargo, abierto, a que en el futuro pudiera producirse una restauración del capitalismo en función también de cuál llegue a ser el desenlace de la guerra que se avecina.

Esa ambigüedad final en algunas de sus respuestas a sus amigos estadounidenses es la que después de la Segunda Guerra Mundial y ante la progresiva conversión de la URSS en gran potencia –llegando a configurar, como se sabe, un conjunto de países “satélites” en el este de Europa- provoca nuevos debates y escisiones en las filas del “trotskismo”. Una de las primeras rupturas es la protagonizada por el grupo Socialisme ou barbarie, surgido de una escisión de la sección francesa de la Cuarta Internacional en 1948, con Cornelius Castoriadis a la cabeza, quien sostiene que la estatización de los medios de producción en la URSS no tiene nada que ver con el socialismo y que allí se ha consolidado un nuevo sistema social que define como “capitalismo burocrático”[15].

En cualquier caso, más allá de lo discutible de la fórmula por la que se pudiera optar, los resultados de la interpretación trotskista de las causas del triunfo del grupo social que se hizo con el monopolio del poder estatal en la URSS han constituido una referencia –para asumirla o rechazarla- entre parte de las sucesivas generaciones de comunistas que han buscado en su obra una explicación del estalinismo desde un marxismo crítico y autocrítico.

Junto a su teoría de la revolución permanente y a su crítica de la burocracia estalinista, podemos encontrar un tercer conjunto de reflexiones en su preocupación por desarrollar, primero en el seno de la Internacional Comunista y luego fuera de ella, una estrategia de transición al socialismo en el marco de los países capitalistas occidentales. Para ello propone elaborar programas de acción que se basen en una combinación de reivindicaciones inmediatas, transitorias y anticapitalistas, capaz de superar así las viejas tentaciones del reformismo –solo preocupado por el programa mínimo y la práctica parlamentaria- y del ultraizquierdismo –limitado a proclamar el programa máximo y a menospreciar la necesidad de luchar por reivindicaciones inmediatas-. Para llevar a cabo ese programa ve necesario tanto la lucha por la hegemonía dentro del movimiento obrero frente a la socialdemocracia como la aplicación de una táctica de frente único con ella y los sindicatos, siempre sobre la base del lema “marchar separados, golpear juntos”, en la lucha común contra la amenaza ascendente del fascismo.

Sus intervenciones a partir del II Congreso de la IC, celebrado en 1920, ya apuntan hacia ese camino para unos jóvenes partidos comunistas que muy pronto se verían supeditados a los sucesivos giros de la IC: primero, el ultraizquierdista de finales de los años 20 (que la conduce a negarse a establecer diferencias entre fascistas y socialdemócratas) y, luego, el de la política de Frentes Populares con sectores burgueses “democráticos”, a partir de 1935, objetivo claramente subordinado a la búsqueda por parte de la URSS de una alianza con las grandes potencias occidentales.

De todo esto son suficiente muestra sus escritos sobre Italia, Alemania, Francia o España e incluso algunos apuntes sobre Inglaterra y EE UU. La distinción entre las diferentes formas de dominación política burguesa –democracia liberal, bonapartismo, dictadura militar- y la caracterización compleja del nazismo y de su relación con las clases sociales recuerdan en muchos de esos artículos, como también observa Ernest Mandel al referirse a sus escritos sobre Alemania, al Marx de El 18 Brumario de Luis Bonaparte y La lucha de clases en Francia.

Asimismo, y al margen de sus diferencias con Antonio Gramsci –entre ellas, la relativa a la teoría de la revolución permanente[16]- no es difícil encontrar, como sostienen Perry Anderson, Burawoy o Moscoso[17], una notable afinidad entre este pensador italiano y Trotsky en su preocupación por comprender la especificidad de las sociedades y de los Estados en Occidente y por esbozar una estrategia alternativa; una tarea que sin duda es mucho más desarrollada por el pensador italiano en comparación con un Trotsky todavía aferrado al “modelo” de la revolución rusa e “incapaz de asumir el persistente fracaso de la revolución en Occidente”[18].

3. Por una nueva Internacional. Cultura y revolución

Un cuarto bloque de aportaciones se encuentra en la labor desarrollada por Trotsky de cara a sentar las bases de una nueva Internacional a medida que comprueba la involución de la IC, fundamentalmente tras su fracaso ante la llegada al poder del nazismo en Alemania.

Esa actividad no es desde luego, fácil, ya que después de su expulsión del partido bolchevique y de la IC en 1927 Trotsky se encuentra cada vez más aislado y es víctima de las peores acusaciones, tropezando además con enormes dificultades, suyas y de su familia, para conseguir asilo en otros países. Pese a esos obstáculos, intenta agrupar a diferentes organizaciones comunistas antiestalinistas, buscando con ellas las mejores vías para influir en los procesos de movilización que se desarrollan en la lucha contra el fascismo, primero, actuando como fracción opositora dentro de los partidos comunistas y, después, sugiriendo incluso el trabajo dentro de partidos socialistas como el francés y el español, que en 1934 conocen un proceso de radicalización frente al ascenso del fascismo.

Los frutos de esa labor son limitados y en 1936 se celebra a Conferencia preparatoria de la Cuarta Internacional. Desde el 19 de julio de ese mismo año presta una creciente atención al papel de la izquierda antiestalinista y de los anarquistas en la Revolución y la Guerra Civil españolas, ya que está convencido de que de su actuación depende que pueda detenerse o no la nueva guerra mundial que se anuncia. Esa percepción de la amenaza que se cierne en el horizonte y la confianza en que una política “correcta” pueda forzar un nuevo rumbo a la historia dan especial acritud a sus debates con los dirigentes del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM). Pero, como se puede comprobar en la lectura de la entrevista a Trotsky durante las sesiones de la Comisión Dewey[19] que transcribimos aquí, ni sus diferencias eran secundariaas ni deja por ello de considerar nunca a su principal dirigente, Andreu Nin, como su “amigo”.

Finalmente, la creación de la Cuarta Internacional se produce en 1938, culminando así su esfuerzo por ofrecer un nuevo marco de agrupamiento a todos los comunistas antiestalinistas pero en unas condiciones mucho más más difíciles que las que el mismo Trotky esperaba. En efecto, pese a que él mismo caracteriza el período que está viviendo como reaccionario, su pronóstico de que después de la Segunda Guerra Mundial se producirá un rápido desarrollo de esa nueva Internacional, al igual que ocurrió tras la Primera Guerra Mundial con la IC, se ve luego desmentido. Su tendencia a subestimar las consecuencias de las derrotas sufridas se refleja no solo en determinadas formulaciones iniciales del Programa de Transición que se reproducen en esta Antología sino también en el Manifiesto sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria que redacta en mayo de 1940: en él sostiene que “en estos últimos veinte años, es cierto, el proletariado ha sufrido derrota tras derrota, cada una más grave que la precedente, se ha desilusionado de los viejos partidos y se ha encontrado en la guerra indudablemente con el espíritu deprimido. Sin embargo, no se debe sobreestimar la estabilidad o duración de esas disposiciones de ánimo. Los acontecimientos las crearon, los acontecimientos las disiparán”.

Reflexionando sobre esa tensión entre sus análisis y sus predicciones, Ernest Mandel, uno de sus principales continuadores dentro de la Cuarta Internacional, concluye: “Su principal error fue cree que la Cuarta Internacional creería rápidamente al final de la Segunda Guerra Mundial –una predicción que no tomaba en cuenta los devastadores efectos en el nivel medio de la conciencia de clase de veinte años ininterrumpidos de derrotas de la revolución-. Correctamente predijo que se tardaría más en superar los efectos en Italia, Alemania, Rusia y España. Pero de alguna forma los colocó entre paréntesis a la hora de referirse al proletariado mundial en su totalidad. Y aquí se erquivocó obviamente”[20].

Esas expectativas no se vieron cumplidas pese a que con el desenlace de esta segunda Gran Guerra se producen situaciones revolucionarias en Francia e Italia, finalmente frustradas, mientras que otras estallan “sin permiso” (de la burocracia soviética) como la yugoslava o la griega –la primera triunfante y la segunda derrotada[21]-. Pero, a pesar de esos progresivos cambios y también frente a lo previsto Trotsky, el estalinismo saldría reforzao de esa contienda bélica inaugurando una nueva etapa: la de la conversión de la URSS en una gran potencia en disputa con la otra gran potencia hegemónica occidental, EE UU.

Por último, no se puede dejar en el olvido un conjunto de aportaciones que se pueden encontrar en cantidad de artículos sobre materias como la cultura, el arte, la literatura, la filosofía, las ciencias sociales o los problemas de la vida cotidiana en general, entre ellas la atención a la lucha emancipatoria de las mujeres y a la socialización de las tareas domésticas[22]. Esa labor es especialmente relevante justamente en los primeros años de la Revolución rusa cuando surgen nuevas vanguardias en esos campos y la tarea de ir sentando las bases de una nueva sociedad parece posible. Se puede leer entonces a un Trotsky apoyando esos procesos y, a la vez, enfrentado a quienes quieren forjar una nueva “cultura proletaria” oficial, pretenden establecer una “política de partido” sobre cualquier tipo de actividad cultural o menosprecian todo lo procedente de la “cultura burguesa” e incluso de la “ciencia burguesa”[23].

Es en estos terrenos donde podemos encontrar el lado “libertario” de Trotsky, sobre todo en su defensa de la plena libertad de creación y de investigación en todos esos campos. La más clara manifestación de esta actitud se expresa en el Manifiesto por un arte revolucionario independiente[24] que redacta junto con el padre del surrealismo, André Breton, en 1938 y que, por su propia decisión, firma en su lugar el pintor mexicano Diego Rivera. En ese documento sobresale, entre otros, su argumento de que “si para desarrollar las fuerzas productivas materiales, la revolución tiene que erigir un régimen socialista de plan centralizado, en lo que respecta a la creación intelectual debe desde el mismo comienzo establecer un régimen anarquista de libertad individual. ¡Ninguna autoridad, ninguna coacción, ni el menor rastro de mando!”. Se forja así una asociación que, pese a que dura poco tiempo en el plano personal, se convierte en referencia de una alianza entre un marxismo radicalmente crítico del estalinismo y un surrealismo que no separa su vocación revolucionaria en el arte de la lucha por la transformación del mundo.

[1] La primera obra que propone caracterizar la nueva fase del capitalismo que se inicia en 1873 como imperialismo es la de un liberal, John Atkinson Hobson, en su Estudio del imperialismo, escrito en 1902 (Madrid, Alianza, 1981); más tarde, la interpretación marxista del mismo período por Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo, escrita en 1916, se convierte en una de las principales referencias críticas.

[2] Seudónimo de Alexander Helphand, uno de los primeros marxistas rusos.

[3] Karl Marx, “Prólogo a la primera edición de El Capital”, escrito en 1867 (El Capital, Libro Primero, Madrid, Siglo XXI de España, 1984, vol. 1, p. 7). No obstante, el mismo Marx fue revisando esa proposición a partir de 1873, influido por sus lecturas de la corriente populista revolucionaria rusa, que reivindicaba la comuna rural como forma de organización sociopolítica básica; esto le obligó a dar mayor complejidad a su teoría del desarrollo desigual y a cuestionar la idea del “progreso” unilineal (para una selección de textos de Marx sobre este tema y comentarios sobre el mismo, véase El Marx tardío y la vía rusa, de Teodor Shanin, ed., Madrid, Editorial Revolución, 1990).

[4] L. Trotsky, Resultados y perspectivas, París, Ruedo Ibérico, 1971, vol. 2, p. 211.

[5] L. Trotsky, Historia de la Revolución Rusa, Madrid, Veintisiete letras, 2007, pp. 12 y 13.

[6] Su Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas, escrito en marzo de 1850, concluye con el llamamiento a que los obreros alemanes vayan “cobrando conciencia de sus intereses de clase, ocupando cuanto antes una posición independiente de partido e impidiendo que las frases hipócritas de los demócratas pequeñoburgueses les aparten un solo momento de la tarea de organizar con toda inpdendencia el partido del proletariado. Su grito de guerra ha de ser: la revolución permanente”.

[7] “Mis peripecias en España” y “Quince cartas de L. Trotski escritas desde España”, Escritos sobre España, París, Ruedo Ibérico, 1971, pp. 205-298.

[8] Su incorporación al partido bolchevique obedece a dos motivos: por un lado, la constatación de que con las Tesis de Abril presentadas por Lenin ya no existen divergencias entre ambos sobre el tipo de revolución a impulsar; por otro, la rectificación de su propia posición contraria al modelo de partido promovido por el líder bolchevique.

[9] Basta recordar que cualquier estudioso de las revoluciones mínimamente riguroso no ha podido obviar la tarea de debatir sobre las condiciones y características de las mismas a partir de los rasgos resaltados por Trotsky en Resultados y perspectivas y, sobre todo, en este voluminoso trabajo. Quizás la mejor prueba de ese reconocimiento incluso en el ámbito académico se encuentre en los trabajos de Charles Tilly (por ej., en Las revoluciones europeas, 1492-1992, Barcelona, Crítica, 1995, pp. 27 y ss.).

[10] Así, en el caso de México, ante la decisión tomada por su presidente Lázaro Cárdenas en 1938 de nacionalizar el petróleo y frente al boicot de gobiernos occidentales, Trotsky expresa su apoyo a esa medida y llama al movimiento obrero internacional a luchar contra ese boicot sin por ello tener que identificar su programa con el del gobierno mexicano (“México y el imperialismo británico”, en L. Trotsky, La Era de la Revolución Permanente (antología de escritos básicos), México, Juan de Pablos Ed., 1973, Introducción de I. Deutscher, pp. 281-284).

[11] En marzo de 192 el Ejército Rojo reprime en Kronstadt el levantamiento de los marinos contra el gobierno bolchevique. Sobre este conflicto se puede consultar el artículo de José Gutiérrez-Alvarez, “El gran negador, 31: Encuentros y desencuentros con los anarquistas”, disponible en http://www.kaosenlared.net/noticia/gran-negador-31-encuentros-desencuentros-anarquistas

[12] Desde su solidaridad con el éxito de Octubre de 1917, Rosa Luxemburg, compañera de lucha de Lenin y Trotsky dentro de la Segunda Internacional, cofundadora del PC alemán y finalmente asesinada por fuerzas armadas alemans en enero de 1919, expone sus críticas a los bolcheviques en La Revolución Rusa, escrita desde la cárcel en 1918 y publicada póstumamente por su compañero de partido Paul Levi en 1922.

[13] Conviene recordar que generalmente se mencionan los procesos de Moscú y las ejecuciones de la “vieja guardia bolchevique! Y de dirigentes del Ejército Rojo pero se “olvida” la represión contra los “trotskistas” de Kolyma y Vorkuta en esos mismos años 1937 y 1938. Pierre Broué cubrió esa laguna en Comunistas contra Stalin, Málaga, Sepha, 2008, caps. XIX-XXIII, y Víctor Serge reconstruyó el ambiente de esa “medianoche en el siglo” en una novela, escrita en 1947 (El caso Tulayev, Madrid, Alfaguara, 2007).

[14] Autor de La burocratización del mundo, publicada originalmente en 1939 (Barcelona, Ed. 62, 1980).

[15] La mayoría de los artículos del debate con sus camaradas estadounidenses se encuentre en En defensa del marxismo, Barcelona, Fontamara, 1977; sobre Castoriadis: Escritos políticos, Madrid, Los libros de la catarata, Madrid, 2005. Sobre debates y corrientes del “trotskismo”: D. Bensaïd, Trotskismos, Barcelona, El viejo topo-Viento Sur, 2007, y J. M. Vincent, “El trotskismo en la historia”, en Viento Sur, 78, 2004, pp. 97-116.

[16] Diferencias no exentas de malentendidos cuando, por ejemplo, todavía en 1932 Grmsci equipara las posiciones de Trotsky con el “ataque frontal” al Estado en Occidente (“Paso de la guerra de movimiento (y del ataque frontal) a la guerra de posición también en el campo político”, en A. Gramsci, Para la reforma moral e intelectual, Madrid, Los libros de la catarata, 1988).

[17] P. Anderson, Las antinomias de Gramsci, Barcelona, Fontamara, 1981; M. Burawoy, “Dos método en pos de la ciencia: Skocpol versus Trotsky”, en Zona Abierta, 80-81, 1987, pp. 33-91, y L. Moscoso, “El conspirador, la comadrona y la etiología de la revolución”, en Zona Abierta, 80-81, pp. 93-136.

[18] M. Burawoy, art. y revista citadas, p. 85; pese a ello, siguen teniendo interés sus últimas reflexiones sobre EE UU.

[19] Esa Comisión fue una iniciativa adoptada por amigos de Trotsky contra las acusaciones que se vertían contra él en los procesos que se desarrollan en Moscú contra la “vieja guardia bolchevique” a partir de 1936. Fue conocida por el nombre de su presidente, el filósofo estadounidense John Dewy, quien aceptó asumir esa responsabilidad porque consideró que estaban en juego “principios fundamentales de verdad y justicia”.

[20] El pensamiento de León Trotsky, Barcelona, Fontamara, 1980, p. 145.

[21] Me remito a una obra que sigue siendo uno de los mejores trabajos en castellano sobre esos procesos revolucionarios: La crisis del movimiento comunista. De la Komintern al Kominform, de Fernando Claudín, París, Ruedo Ibérico, 1970.

[22] Es justamente el retroceso bajo la era estalinista frente a los avances alcanzados por las mujeres –incluido el derecho al aborto- y a los cambios que se habían ido produciendo en la familia mediante la socialización de determinadas tareas en los primeros años de la Revolución uno de sus principales argumentos críticos expuestos en el capítulo VII de La Revolución traicionada.

[23] Para una recopilación de gran parte de estos trabajos: L. Trotsky, Literatura y revolución. Otros escritos sobre la literatura y el arte, París, Ruedo Ibérico, 1969, 2 vols.

[24] A. Breton, L. Trotsky y D. Rivera, Manifiesto por un arte revolucionario e independiente, Barcelona, El viejo topo, 1999, prólogo de J. Gutiérrez-Alvarez.

Sugerencia de tres lecturas

La Revolución Permanente. Leon Trotsky

Este texto lo escribió Trotsky en 1930 en respuesta a un ataque a la Teoría de Revolución Permanente elaborada por Trotsky por parte de Karl Radek, ex-miembro de la Oposición de Izqiuierda, quien abogaba por la teoria del "socialismo en un solo país" propuesta por Stalin. Trotsky se proponía clarificar la relación entre sus perspectivas y las de V. I. Lenin respecto a las relaciones de clase y los objetivos internacionales de la Revolución Rusa. La traducción del original escrito en ruso la realizó Andreu Nin.

https://www.marxists.org/espanol/trotsky/revperm/

El “profeta mudo”: Trotsky hoy. Enzo Traverso.

Análisis de la evolución del pensamiento de Trotsky valorando críticamente sus posiciones en el contexto histórico en que se produjeron.

http://www.vientosur.info/?article5306

Los últimos días de Trotski. José Manuel Lucía

Se trata de una versión poética de su exilio y su estancia en México. Es una obra publicada recientemente (Madrid, Calambur, 2015).

http://www.vientosur.info/spip.php?article10406


"Welcome"... Trotsky

Celia Hart

La película alemana Good Bye Lenin carece de una dimensión. Lo sé porque viví allá, en la RDA hasta poco antes de la caída del Muro. Ese Muro estaba derribado antes de erigirse. La inmensa tragedia que constituyó el tránsito al capitalismo en la Europa del Este no puede medirse por el par de años que transcurrieron desde la vulgar y decadente perestroika hasta que vimos derribarse festinadamente las estatuas de Lenin. No se le puede decir adiós a Lenin, pues nunca se le dio la bienvenida. Tan sólo importaron una imagen, marginándolo, convirtiéndolo en un sumiso payaso de la burocracia estalinista.

Al Lenin que le trataron de decir adiós en aquella película, no era para nada representativo del iniciador del socialismo en el mundo. Aquellas estatuas estaban vacías de contenido... sospecho que también de forma.

Eso sí. No lo entenderemos mientras permanezcan ocultos en muchos sitios la vida y el pensamiento de León Trotsky. Puede ser irónico mas la única manera que podemos traer a Lenin de vuelta es entendiendo por cuáles razones fue desterrado su mejor contemporáneo. No sabremos entender lo que pasó si no comprendemos el oscuro mecanismo por el cual la casta burocrática soviética se adueñó del socialismo, traicionó la internacional, y desmontó el espíritu revolucionario del mundo.

Por supuesto nos queda una alternativa: Descubrirlo todo desde el principio, cosa que nos llevará el tiempo que es cada vez más escaso, además estaríamos rechazando información de primera mano. Es como si naufragara un barco, y el maquinista enviara notas expresas de cómo y porqué naufragó, y entonces con dosis elevadas de irresponsabilidad pretendiéramos zarpar, por los mismos mares y con las mismas intenciones sin investigar las causas de la catástrofe, enterrando como avestruces el mensaje embotellado en la arena.

Comparto con Hugo Chávez su discurso de urgencia donde, más o menos parafraseando a Federico Engels, expresa nuestra disyuntiva, la cual se balancea entre el socialismo y las cucarachas. Sí, las cucarachas, pues la barbarie sería una variante casi idílica de pensar en los días actuales, luego de calcular groseramente el numero de veces que podríamos exterminar la vida en la Tierra.

El siglo XX no ha terminado de hablar. La vicisitudes por las que pasó la práctica revolucionaria está en gran medida engavetada. Y si alguien puede hablarnos del siglo XX es precisamente León Trotsky.

Ernest Mandel lo dijo mucho mejor: "De todos los más importantes socialistas del siglo XX Trotsky fue el que más claramente reconoció las tendencias fundamentales del desarrollo y las contradicciones principales de la época, y también fue Trotsky quien formuló más claramente una adecuada estrategia emancipadora para el movimiento obrero internacional." 1

Sí, necesitamos a Lenin, mas hoy no vendrá a nosotros sin que escuchemos lo que Trotsky debe decirnos. Ellos defendieron lo mismo, tan sólo Trotsky lo sobrevivió y supo interpretar en su propia vida y con su propia muerte los poderes del exterminio del socialismo. Reto en este instante a cualquier pensador que de manera sincera pretenda interpretar la historia que no tenga que recurrir, incluso para rebatirlas, a las experiencias trotskistas. Los que las obvian, los que las pasan por alto no son verdaderos leninistas.

Dicen que sin Lenin no hay Carlos Marx útil, yo diría que sin Trotsky no hay Lenin. Todos los pensadores marxistas, sobre todo todos los marxistas verdaderamente revolucionarios son imprescindibles para entender a Carlos Marx, el cual no tenía la bola de cristal. Tan sólo le puso dirección a las ideas revolucionarias, a la filosofía y, por primera vez en la historia, los hombres haríamos concientemente el túnel hacia nuestra felicidad... globalizada.

Usemos el siguiente símil. El socialismo se supone ser un túnel, una vereda por donde podamos transitar. Es ese mundo que tenemos que ganar, perdiendo sólo nuestras cadenas. Pues bien: La Revolución de Octubre fue el primer intento por cavar este túnel, que nos apuntó Carlos Marx. Pero el estalinismo nos lo dinamitó por dentro. Durante su construcción fueron colocadas las dinamitas para su destrucción. Trotsky fue entonces el ingeniero que dijo donde estaban los explosivos. No hubo manera de escucharlo, y ya sabemos el fin. Tierra arrasada.

Ahora se habla muy poéticamente que el túnel que construiremos será el socialismo del siglo XXI. Sea del XXI o del XXXI, el túnel puede ser dinamitado por exactamente las mismas insuficiencias y seguiremos llenos de lágrimas esperando el socialismo del venidero siglo... Eso sí , esta vez convertidos ya en cucarachas.

La posibilidad del tránsito al socialismo es un descubrimiento científico. No es un poema, ni una manera de hablar. La única forma que tenemos de acceder a él es a través de la lucha de clases. Así de sencillo. El socialismo del siglo XXI es tan sólo porque estamos en el siglo XXI. Es casi una obviedad decirlo. El descubrimiento del origen de la explotación capitalista es una verdad científica del mismo valor y de la misma objetividad que el movimiento de traslación de la Tierra en torno al Sol. No necesitamos a Einstein para que nos explique a través de la Ley de la Relatividad General y las geodésicas, la causa por la que pasamos del verano al otoño. Newton es más que suficiente. Los resultados son idénticos y las matemáticas infinitamente más sencillas. No necesitamos entender los huecos negros, o las teorías de Hawking para colocar un satélite en órbita. Puede ser que las comunicaciones, la informática etc., hayan complicado un tanto la realidad del capitalismo moderno, pero la esencia, (el pollo del arroz con pollo) sigue siendo la misma que hace siglos atrás. No hacen falta los "economistas cuánticos" o la "matemática tensorial" para explicarnos el origen de la explotación y la depauperación del sistema capitalista en la actualidad

El llamado socialismo del siglo XXI es equivalente a decir que debemos construir un avión del siglo XXI. Pero ese avión deberá vencer la gravedad, como hizo el del siglo XX. En el siglo XXI, tal cual desde hace unos cuantos miles de millones de años, la constante G de Gravitación Universal sigue siendo la misma que calculó Newton (G = 6,7 x 10-11 m3 / Kg . s2 ). Coincido que debemos fabricar aviones más cómodos, rápidos y seguros, pues las exigencias del siglo XXI difieren de las del siglo XX, pero la razón última de una pieza que deba vencer la gravedad es la misma. Haciendo un parangón pudiéramos decir que nuestro avión que trató de vencer la gravedad en 1917 tomó altura y se estrelló contra la superficie terrestre. Mas nos vale buscar las causas antes de tanto discurso futurista, pues por mucho siglo XXI que haya, G sigue invariante. Del siglo XIX al XXI las razones primigenias de la explotación capitalistas son las mismas: La expropiación del trabajo. Entonces sólo hay una manera de transitar "del reino de la necesidad al reino de la libertad". Basta ya de caracolear, que cada instante de tiempo está en nuestra contra.

El avión se nos cayó y creemos ahora que por tener computadoras, celulares o INTERNET, éste podrá desafiar la gravedad sin tener en cuenta G ¡No señor! La gravedad seguirá siendo la misma hasta que colapse el planeta. Más nos vale apurarnos, dejarnos de retórica y asumir de una buena vez que el enemigo sigue siendo el mismo. Tal vez más vulgar, guerrerista y peligroso, pero el mismo. Apurémonos, eso sí, en saber quiénes somos nosotros.

Y entonces ¿por qué León Trotsky? No es obstinación por una figura histórica como muchos me acusan. Es tan sólo porque este hombre tiene muchas pistas de la caja negra de aquel avión que quiso hacer despegar la historia.

Hoy hace 65 años que León Trotsky fue asesinado de la manera más grotesca. 65 años después nos salpica todavía aquella sangre. Debió bastar aquel asesinato para extinguir el derecho del Kremlin a pretender alguna vez monopolizar y acuñar el pensamiento socialista, pero lo siguió haciendo y a estas alturas está convertido en estatua de sal. Con la medalla de la Estrella Roja de Ramón Mercader se acuñaba, entre vítores secretos y cobardes, la defunción del socialismo verdadero. Ese asesinato constituyó uno de los actos de terrorismo de estado más perversos en la historia, pues el glorioso Octubre del 1917 se suicidó aquel 20 de agosto.

Mercader después de cumplir la condena en México estuvo en Cuba. No me entero todavía con quién se reunió, ni por dónde caminó, ni siquiera si pudo mirar de frente las palmas de Martí, ni las cenizas de Mella. Murió en Cuba, por más que me cueste aceptarlo, el hombre que tuvo en sus manos, sin él imaginarlo, la misión de tratar de desaparecer la izquierda de las ideas del socialismo... estuvo en los 60, en esos años luminosos del Che Guevara... Me parece que es absolutamente imposible.

Por supuesto, el camino de la supervivencia ideológica de la revolución cubana no tiene nada que ver con Mercader, la GPU y el estalinismo. Todo lo contrario, lo que hace sobrevivir a mi revolución ha sido precisamente el espíritu de León Trotsky, aunque paradójicamente no lo sepamos, porque ha estado oculto en los pliegues de la memoria histórica.

La verdad es testaruda y se abre paso como el agua lenta , pero constante e indetenible... Hay un canal misterioso en la revolución cubana que nace con el Partido Revolucionario Cubano, se funde con Mella, después con lo más radical del movimiento 26 de Julio, culminando de manera sublime en el Che Guevara. El canal del compromiso irrestricto de clase y del internacionalismo. Allí, silencioso, desconocido y difamado anda León Trotsky con pícara sonrisa. ¿Por qué durante muchos años le han prohibido a Trotsky relacionarse con la revolución cubana? Nunca lo he podido saber, porque si alguna revolución ha sido radical e interminable ha sido la nuestra, si alguien apeló por las revoluciones radicales e interminables fue sin dudas León Trotsky. Tal vez Martí no se equivocó cuando dijo que en política lo real es lo que no se ve.

De Julio Antonio Mella tendremos que hablar mucho, mucho más en otro momento y analizar con más profundidad su labor en México. Entre otros contamos con los trabajos excelentes de Olivia Gall 2 y Alejandro Gálvez Cancino 3 donde de manera absolutamente clara y precisa y con una carga documental excelente analizan la labor comunista de Mella en ese período. Al margen de que Mella citara a Trotsky una vez que regresara de la URSS y pudiera conocer los objetivos de la Oposición de Izquierda a través de Andrés Nin, (asesinado, para variar, por la GPU en la guerra civil española), o que le escribiera a un camarada en el libro La plataforma de la Oposición: "Para Alberto Martínez con el objeto de rearmar el comunismo. Julio Antonio Mella" 2. su trotskismo declarado no es lo que más debe importarnos. Mucho más trascendentes fueron sus posiciones radicales en México. De hecho y por su consecuencia política "los trotskistas consideran a Mella como el iniciador de la corriente que más tarde conformó la Oposición de Izquierda en el partido Comunista Mexicano 3 a decir de la historiadora Olivia Gall.

¡Y fue Julio Antonio Mella quien nos introdujo en el camino del socialismo en Cuba! Quien tendió ese puente hermoso entre Martí y el bolchevismo, quien fundió nuestro mejor pasado reciente, con el reciente futuro del mundo. Y a pesar de lo que se pueda decir, por más que algunos quieran enjaularlo en una patética bandera patriotera y le asignen un discurso escaso, es este Mella valiente, vigoroso, polémico ¡Y nunca otro! el primer comunista cubano.

El estalinismo que contagiamos después y que de alguna manera tuvo relevancia por unos años en la revolución socialista es eso no más... un virus contagioso, a pesar del cual y no sin batallas logró sobrevivir el ideal del socialismo, porque éstas estaban en la esencia misma del proceso revolucionario. Los partidos estalinistas no contribuyeron ideológicamente a nuestro proceso, ni cuando echaron a Mella del partido, ni cuando pactaron con Machado, ni en muchas otras ocasiones ¡Gracias a Dios!

Por ahí andan algunos camaradas trotskistas con mucho que contarnos, fieles a la revolución socialista.... y agradecidos por haber sido ayudados y escuchados por otro marxista consecuente que engalana junto a Mella el logotipo de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba: El Che.

Y es precisamente al Che al que quiero invitar, con todo y su estrella en la frente a dar esta bienvenida a León Trotsky en el 65 aniversario de su asesinato. El Che Guevara, símbolo del comunismo más radical, también llegó a instrumentar un trotskismo que no conocía. Y es tan sólo porque las verdades teóricas de Trotsky tienen la misma constancia que el valor de G, la constante de Gravitación Universal. El Che llegó a muchas de las tesis del pensamiento de Trotsky por su propia cuenta, sin saberlo nunca... sin que se lo dejaran saber.

Les expondré un par de ejemplos con los cuales empecé a descubrir una comunión secreta entre ambos: El Che Guevara fue de todos los revolucionarios que ha existido el que mejor entendió los principios de la revolución permanente...

A tal punto que murió por tratar de defender sus principios. Pero no tan sólo por morir llevando a la práctica estas tesis, sino también por arribar intelectualmente a sus esencias: Por ser el 65 Aniversario del asesinato de León Trotsky me permito repetir los tres aspectos de la revolución permanente.

Primer aspecto "La teoría de la Revolución Permanente resucitada en 1905, declaró la guerra a estas ideas demostrando que los objetivos democráticos de las naciones burguesas atrasadas, conducían en nuestra época, a la dictadura del proletariado, y que ésta ponía a la orden del día las reivindicaciones socialistas" 4.

El Che fue terminante en eso. Déjenme decirlo en voz de Néstor Kohan: "Él (el Che) en ningún momento acepta que en América latina (y en el mundo diría yo) las tareas consistan en construir una "revolución nacional", "democrática", "progresista", o un capitalismo con rostro humano, que deje para el día de mañana el socialismo. Plantea de una manera tajante, muy polémica, que si no se plantea a la revolución socialista, eso es caricatura de revolución, que a la larga termina en fracaso o en tragedia, como pasó tantas veces" 5.

Son dos planteamientos idénticos. Los países subdesarrollados no tienen por qué razón esperar que un inglés o alemán decidan organizarse para hacer la revolución. Es más, el propio Trotsky mencionó en el Manifiesto de la Conferencia de Emergencia de la Cuarta Internacional, de mayo de 1940 "…la perspectiva de la revolución permanente no significa en ningún caso que los países atrasados deban esperar la señal de los países avanzados, ni que los pueblos coloniales deban esperar pacientemente a que el proletariado de los centros metropolitanos los libere. ¡Ayúdate a ti mismo!

El segundo aspecto de la teoría, caracteriza ya a la revolución socialista como tal. A lo largo de un período de duración indefinida y de una lucha interna constante van transformándose todas las relaciones sociales. La sociedad sufre un proceso de metamorfosis (...) Este proceso conserva forzosamente un carácter político (...). Las revoluciones de la economía, de la técnica, de la ciencia, la familia, (...) se desenvuelven en una compleja acción recíproca que no permite a la sociedad alcanzar el equilibrio 4.

Y dijo el Che en El Socialismo y el hombre en Cuba: "En este período de la construcción del socialismo podemos ver el hombre nuevo que va naciendo. Su imagen no está todavía acabada, no podría estarlo nunca ya que el proceso marcha paralelo al desarrollo de formas económicas nuevas" 6. Según el Che "el único descanso de los revolucionarios es la tumba".

El tercer aspecto: es el internacional. Dijo Trotsky: "Este aspecto de la teoría de la revolución permanente es consecuencia inevitable del estado actual de la economía y de la estructura social de la humanidad, únicamente un reflejo teórico. El internacionalismo no es un principio abstracto, sino únicamente un reflejo teórico y político del carácter mundial de la economía (...) La revolución socialista comienza dentro de las fronteras nacionales; pero no puede contenerse en ellas. La contención de la revolución proletaria dentro de un régimen nacional no puede ser más que un régimen transitorio, aunque sea prolongado, como lo demuestra la experiencia de la Unión Soviética. Sin embargo, con la existencia de una dictadura del proletariado, las contradicciones interiores y exteriores crecen paralelamente a sus éxitos. De continuar aislado el Estado proletario caería tarde o temprano, víctima de dichas contradicciones (...)" 4

Dijo el Che refiriéndose a los revolucionarios: "Si su afán de revolucionario se embota cuando las tareas más apremiantes se ven realizadas a escala local y se olvida el internacionalismo proletario, la revolución que dirige deja de ser una fuerza impulsora y se sume en una cómoda modorra, aprovechada por nuestros enemigos irreconciliables, el imperialismo, que gana terreno. El internacionalismo es un deber, pero también es una necesidad revolucionaria" 6.

No voy a detenerme demasiado. Si alguien luchó por hacer cada vez más socialista la revolución cubana fue el Che. El Che se lanzó a la construcción del socialismo en una tierra atrasada y profundizó día a día su carácter socialista... y lo abandonó todo en nombre de la revolución mundial. No conozco otro que haya hecho lo mismo. No creo que haya habido mayor fidelidad a las tesis de la revolución permanente. Si las condiciones en Bolivia eran o no eran propicias... es tema para otro análisis y no el de la revolución permanente. Podemos criticarle que fue un revolucionario demasiado permanente o demasiado consecuente.

Y otro aspecto que con las debidas diferencias de circunstancias acercan el pensamiento de Trotsky al del Che es, sin dudas, la decidida opción por la economía planificada. Es cierto que Trotsky optó al principio por la NEP en el joven estado soviético, dada las terribles condiciones económicas del llamado Comunismo de Guerra. Pero después, casi desde el comienzo, Trotsky criticó este estado de cosas. Sostuvo como nos dice Isaac Deutscher "que con la transición a la NEP, la necesidad de planificar se había hecho más urgente (...) Precisamente porque el país volvía a vivir bajo una economía de mercado debía tratar de controlar el mercado y prepararse para ejercer su control. Volvió a platear la demanda del Plan único, sin el cual era imposible racionalizar la producción, concentrar los recursos en la industria pesada y establecer el equilibrio entre los diversos sectores de la economía" 7

Las posiciones del Che a favor del plan y su proverbial animadversión a la NEP son harto conocidas. De hecho el Che insistía que Lenin de haber tenido tiempo la hubiera reconsiderado. Y no sólo al plan: El Che se pronunció en sus últimos años sobre la democracia socialista. Escribió Michael Löwy en Rebelión: "Sabemos que en los últimos dos años de su vida Ernesto Guevara avanzó mucho en su toma de distancia hacia el paradigma soviético (...) Entre estos documentos se encuentra una crítica radical al Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS, redactado en 1966 (...) Una de ellas es muy interesante, porque demuestra que en sus últimas reflexiones políticas Guevara se acercaba a la idea de la democracia socialista". 8

Ahí está el Che, sin haber estudiado suficientemente a León Trotsky, acuñando las tesis trotskistas más consecuentes. Quizás nunca lo supo, pero no importa. Eso indica solamente que esas tesis son verdad y a su vez le otorga, paradójicamente, mucha más fuerza y vigor al pensamiento de Trotsky. En 1965 el Che le escribe a Armando Hart estando en Tanzania acerca de sus convicciones para el estudio de la filosofía marxista. En el apartado VII le dice "y debería estar tu amigo Trotsky, que existió y escribió según parece". 9

Podrán imaginarse entonces lo poco que conocía sobre el fundador del Ejército Rojo. Sin embargo pudiera parecer que en su último año pudo acercarse bastante a su literatura. Juan León Ferrer, un compañero trotskista que trabajaba en el Ministerio de Industrias me lo ha comentado. El Che recibía además el periódico de su organización y fue el Che quien lo sacó de la cárcel después de su regreso de África. El compañero Roberto Acosta, ya fallecido, tuvo gran camaradería con Guevara. Según Juan León Ferrer durante las zafras azucareras debatían estos temas. Este camarada sostiene que el Che se había leído La Revolución Permanente y es sabido que a Bolivia marchó con La Historia de la Revolución Rusa. en su mochila de combate. Y así podríamos poner muchos más ejemplos donde de alguna manera estos dos revolucionarios ejemplares encendían la luz por la misma ruta.

Los dos dirigieron a un ejército y a un naciente estado socialista de manera brillante y exitosa, asumiendo a Carlos Marx desde el estribo del caballo; los dos fueron ideólogos revolucionarios que tomaron el poder e intentaron profundizar sus procesos revolucionarios manteniéndose fieles a Lenin y Fidel respectivamente, reclinados, eso sí, a la izquierda de ambos. Por representar el ideal más acabado del internacionalismo y la consecuencia revolucionaria, fueron los dos brutalmente asesinados.

Ernesto Guevara me hizo trotskista. Cuando tuve acceso a Trotsky, muy tarde para mi gusto, me di cuenta que muchas de esas cosas... ya me las había dicho desde niña el Che. Al leer sus primeras páginas confirmé aquello que tantas veces sentí en sus textos: que la revolución no tiene nada que ver la idiosincrasia nacional. Y que, por esto, en el socialismo no tenían espacio los pronombres "nuestro " o vuestro", que la teoría revolucionaria , al igual que las leyes de la física tenía el mismo idioma universal. Que tal como señalara Armando Hart en otra época: "Nuestra lucha no es solamente por Cuba, sino por todos los trabajadores y explotados del mundo. Nuestras fronteras son morales. Nuestros límites son de clase" 10

Lo que más reconozco en Trotsky es eso... la manera de hablar, la pasión que me despiertan todavía sus discursos. Fue lo mismo que me conquistó del Che Guevara. Por eso milito en su ejército y en el del Che sin traicionar a ninguno. Ambos esgrimen con la misma verdad de luz la palabra, el fusil y el corazón.

Camaradas: Alcancemos de una vez nuestra mayoría de edad. Son demasiadas las injusticias de la explotación; demasiada grande la evidencia de la única solución; y son ya demasiados nuestros muertos. León Trotsky nos vuelve a convocar a la lucha ¡Démosle la bienvenida sin trámite alguno! Su anfitrión es el Che Guevara y los pueblos de América Latina que claman por el socialismo. Trotsky ganó de forma dramática la partida teórica. Armemos nuestros movimientos revolucionarios sin dilación con confianza. Trotsky y el Che están en nuestro partido. Sacudamos de una buena vez el árbol desenmascarando a los nuevos reformistas que no dejan avanzar a la revolución bolivariana que está llamada a ser la punta de lanza, el primer peldaño de una revolución continental sin precedentes.

Recordemos una vez más que el Sol, las estrellas... y la gravedad terrestre son nuestros aliados.

¡Proletarios de todos los países uníos!

Notas

1.Ernest Mandel Trotsky as alternative. Verso, 1995
2.Alejandro Gálvez Cancino. Julio Antonio Mella. Un marxista revolucionario. Crítica de la Economía Política, 1986
3.Olivia Gall. Trotsky en México. Colección Problemas de México, 1991
4.León Trotsky. La revolución permanente. Fundación Federico Engels.
5.Ernesto Guevara . El socialismo y el hombre en Cuba. Marcha, Montevideo, 1965.
6.Néstor Kohan. Ernesto Che Guevara. Otro mundo es posible. Editorial Nuestramérica, 2003.
7.Isac Deutscher. El profeta desarmado. Ediciones ERA,1968.
8.Michael Löwy. Ni calco ni copia: Che Guevara en búsqueda de un nuevo socialismo. Rebelión, 5 de Agosto de 2002
9.Ernesto Guevara. Carta dirigida a Armando Hart en 1965. Contracorriente, 1997. Ver ref.5, pág159.
10.Armando Hart Saludo del CC del PCC al XXIII Congreso del PCUS. Política internacional de la Revolución cubana, editora política, 1966.

26/8/2005


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