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Anticapitalistes
  
diumenge 2 d’agost de 2015 | Manuel
“Gobiernos obreros” y táctica leninista en 1917.

Rolando Astarita

A raíz de las discusiones que se están desarrollando en el FIT, en algunos escritos se ha asimilado un gobierno de partidos obreros de tipo reformista con “la propuesta de Lenin de un gobierno menchevique y socialista revolucionario en junio de 1917” (véase, por ejemplo, el documento de Democracia Socialista).

Es una idea que se encuentra en el Programa de Transición, el programa de la Cuarta Internacional, redactado por Trotsky en 1938. En el punto que lleva como subtítulo “El gobierno obrero y campesino”, se explica que los bolcheviques exigían a los líderes reformistas –mencheviques y socialistas revolucionarios- que rompieran con la burguesía y tomaran el poder, y que ese sería entonces un gobierno obrero y campesino. Textualmente:

En abril-setiembre de 1917, los bolcheviques exigían que los socialistas revolucionarios y los mencheviques rompieran su ligazón con la burguesía liberal y tomaran el poder en sus propias manos. Con esa condición los bolcheviques prometían a los mencheviques y socialistas revolucionarios… su ayuda revolucionaria contra la burguesía, renunciando, no obstante, categóricamente a entrar en el gobierno y a tomar ninguna responsabilidad política por ellos… la reivindicación de los bolcheviques dirigida a los mencheviques y a los socialistas revolucionarios: ‘¡Romped con la burguesía, tomad en vuestras manos el poder!’ tiene para las masas un enorme valor educativo”.

Planteaba asimismo que tanto la experiencia de Rusia, como luego la de España y Francia –donde se habían formado Frentes Populares en un contexto de ascenso revolucionario- evidenciaba que los socialdemócratas, stalinistas, anarquistas y similares eran incapaces de crear un gobierno obrero y campesino, independiente de la burguesía. Sin embargo, pensaba que la consigna tenía gran valor educativo, tal como lo habría demostrado la experiencia rusa: “La negación obstinada de los mencheviques y socialistas revolucionarios a tomar el poder, que apareció tan trágicamente en las jornadas de julio, los perdió definitivamente en el espíritu del pueblo y preparó la victoria de los bolcheviques”. En el mismo sentido, en su Historia de la revolución rusa plantea que en las movilizaciones de abril de 1917 los bolcheviques agitaron la consigna de “Abajo los ministros capitalistas”.

Por otra parte, advertía que no se podía negar a priori que, empujados por circunstancias excepcionales (guerra, crisis, ofensiva de las masas), los partidos “pequeño burgueses”, incluidos los stalinistas, llegaran más lejos de lo que quisieran en el camino de ruptura con la burguesía. Pero en esa eventualidad ese gobierno “no representaría más que un corto episodio en el camino de la verdadera dictadura del proletariado”. Por eso, las secciones de la Cuarta Internacional debían agitar la demanda de que los comunistas y socialistas rompieran con los partidos capitalistas, tomaran solos el poder y aplicaran un programa revolucionario.

En esta nota cuestiono que la táctica de Lenin en 1917 haya sido la que dijo Trotsky, y repiten los trotskistas. Para una crítica más acabada de la lógica transicional, puede consultarse mi Crítica del Programa de Transición; una exposición breve, aquí.

Jornadas de abril: ¿renuncia de los ministros capitalistas?

Empecemos con las jornadas de abril de 1917. Recordemos que después de la Revolución de Febrero, que acaba con el zarismo, surgen soviets (consejos de obreros, campesinos y soldados) y asume un Gobierno provisional, compuesto por políticos burgueses y Kerensky, del partido Socialista Revolucionario. Kerensky estaba a título personal, ya que el soviet de Petrogrado había prohibido que los socialistas participaran del Gobierno burgués. Los ministros pertenecían al partido Demócrata Constitucional (“cadetes”), y al Octubrista. Miliukov, cadete, era ministro de Relaciones Exteriores y ferviente partidario de que Rusia continuara su participación en la guerra. Las masas trabajadoras, en cambio, exigían la paz.

En esta situación, el 18 de abril el Gobierno provisional emitió una declaración por la que Rusia se comprometía a “cumplir plenamente sus obligaciones para con sus aliados”. En respuesta, se convocaron grandes movilizaciones en Petrogrado y otras ciudades, que reclamaron la renuncia de Miliukov. Trotsky sostiene entonces que la política leninista fue exigir la renuncia de este ministro y del resto de los ministros capitalistas.

Pues bien, aunque en las manifestaciones pudo haber habido carteles pidiendo la renuncia de los ministros de la burguesía, (no encontré datos que confirmen o desmientan lo que dice Trotsky), en los escritos de Lenin esa demanda no figura. Más aún, enfrentando el espíritu reinante en las masas, Lenin sostuvo que un cambio de personas no hacía ninguna diferencia: “Todo el gobierno provisional es un gobierno de la clase capitalista. Es un asunto de clases, no de personas. Atacar personalmente a Milyukov, demandar, directa o indirectamente, su renuncia, es una comedia estúpida, ya que ningún cambio de personalidades cambiará algo en la medida en que no cambien las clases que están en el poder” (“Íconos contra cañones, frases contra el capital”; Obras Completas, t. 24). También: “Las manifestaciones comenzaron como demostraciones de soldados bajo la consigna contradictoria, equivocada y carente de efectividad de “Abajo Milyukov”. ¡Como si el cambio de personas o grupos pudiera cambiar la sustancia de la política!” (“Lecciones de la crisis”; ídem). “Todo el Gobierno provisional” [que incluía a Kerensky] “es de la clase capitalista” (“Íconos…”). Por eso, argumenta Lenin, no tenía sentido pedir la renuncia de algún o algunos ministros. Es difícil encajar esta caracterización en la táctica del “gobierno obrero y campesino” aconsejada por Trotsky.

La propuesta a los mencheviques y socialistas revolucionarios

Por otra parte, tampoco encuentro que Lenin haya recomendado exigir que los socialistas revolucionarios y mencheviques formaran un gobierno sin los ministros burgueses. Esa demanda no figura en las “Tesis de abril”, que establecieron la orientación política de los bolcheviques en los meses que siguieron a la caída del zarismo, ni apareció en las jornadas de abril, como vimos. Sí hubo una propuesta de Lenin a los mencheviques y socialistas revolucionarios, que se hizo en un momento de aguda crisis política, cuando los cadetes se habían retirado del gobierno. Pero su contenido fue muy distinto de la idea de un gobierno “obrero socialista” sin ministros burgueses. Y se mantuvo por muy poco tiempo, precisamente porque respondió a una circunstancia excepcional, la posibilidad de un traspaso pacífico del poder a los soviets. Una cuestión muy distinta a la formación de un gobierno “socialista puro”.

Nuevamente recordamos los hechos que antecedieron a esta propuesta de Lenin. El 2 de julio habían renunciado cuatro ministros cadetes, y poco después hizo lo mismo el príncipe Lvov, cabeza del Gobierno formado después de la crisis de abril. Los días 3 y 5 se realizan manifestaciones en Petrogrado, que apuntan a la toma del poder, incluso en contra de la opinión de los bolcheviques, que consideraban que la situación no estaba madura. La burguesía lanza luego una vasta represión contra los bolcheviques, apoyada por una campaña de difamaciones. El 28 de agosto el general Kornilov se declara en rebeldía contra el Gobierno e intenta dar un golpe de Estado, que es frenado por la movilización de las masas, dirigidas por los bolcheviques, y por la negativa de sus propios soldados a apoyarlo.

Derrotado Kornilov, se plantea la formación de un nuevo gobierno. Los cadetes chantajeaban a los mencheviques y socialistas revolucionarios con no participar en el mismo si no se adoptaban sus posiciones. En respuesta, los mencheviques y socialistas revolucionarios se negaron a integrar el gabinete con cadetes. Por lo tanto, el primero de septiembre se forma un nuevo Gobierno en cuyo Directorio no había ningún cadete (aunque se sospechaba que había acuerdos por detrás).

Es en esta circunstancia que Lenin propone el compromiso. La propuesta, escrita el primero de septiembre, consistía en que los bolcheviques, sin participar en el Gobierno, no exigirían el traspaso inmediato del poder a los obreros y campesinos pobres, y no emplearían métodos revolucionarios para luchar por esta demanda. Habría completa libertad de propaganda, y se llamaría a la Asamblea Constituyente sin más dilaciones. Por su parte, los mencheviques y SR, que constituirían el bloque gobernante, acordarían formar un gobierno total y exclusivamente responsable ante los soviets, y estos tomarían todo el poder localmente. De esta forma podría haber una revolución pacífica. Los bolcheviques, a su vez, tratarían de ganar influencia en los soviets, bajo la más completa libertad; una libertad que sería imposible bajo cualquier gobierno burgués, o bajo cualquier otro gobierno que no fueran los soviets (“Sobre los compromisos”, 1-3/09/1917, O.C. t. 25; énfasis añadido).

Pero el 2 de septiembre el Ejecutivo de los Soviets y el Ejecutivo del Congreso de Diputados Campesinos aprobaron una resolución de apoyo al nuevo gobierno. Lo cual implicaba la negativa de los mencheviques y socialistas revolucionarios a que el poder pasara a los soviets, o a que el Gobierno fuera responsable ante los soviets. Por este motivo, Lenin agregó, al final de su escrito, que debido a circunstancias imprevistas la nota no se había publicado el día primero, y que a partir de la lectura de los diarios de los dos días siguientes, se preguntaba si ya no era demasiado tarde para que pudiera triunfar pacíficamente la revolución. Después de este episodio, no vuelve a hablar del asunto. En ninguno de sus escritos que van hasta la toma del poder, se hace alusión siquiera a alguna forma de exigencia a los mencheviques y socialistas revolucionarios para que tomaran el gobierno en sus manos, sin ministros de los partidos capitalistas.

Para ser más precisos: el 3 de septiembre Lenin presenta ante el Comité Central del partido bolchevique un “Proyecto de Resolución sobre la presente situación política” (O.C. t. 25), en donde insiste en que solo cuando la clase obrera tomase el poder, podría garantizarse la paz, la convocatoria a la Asamblea Constituyente y la tierra a los campesinos. En “La catástrofe que se avecina y cómo combatirla”, escrito entre el 10 y el 14 de septiembre (O.C. t. 25), dice que los socialistas revolucionarios y los mencheviques “han asumido la función reaccionaria de mantener a los campesinos bajo la influencia de la burguesía y de llevarlos a una coalición con la burguesía, no con el proletariado”. Sostiene que las masas están aprendiendo rápidamente de la experiencia de la revolución, y que los socialistas revolucionarios y los mencheviques están siendo derrotados en los soviets de Petrogrado y Moscú. De manera que tampoco aquí –otro texto político fundamental- encontramos palabra sobre la demanda de la que habla Trotsky en el Programa de Transición.

Conclusión

A la vista de estos datos, no se puede afirmar que la propuesta de Lenin de septiembre de 1917 sea un precedente o ejemplo de la táctica del gobierno “obrero y campesino”. En la visión del líder bolchevique, la aceptación de su propuesta por los mencheviques y socialistas revolucionarios equivalía al triunfo de la revolución. La clave del asunto era un gobierno responsable ante los soviets. Estamos muy lejos de un gobierno “obrero burgués”, del tipo de los que han existido a lo largo de la historia. En ausencia de doble poder, y en el contexto del Estado capitalista, los gobiernos “socialistas puros” no pueden no ser gobiernos burgueses. Lo “bajamos a tierra” con un ejemplo: en 1981, en Francia, un gobierno socialista y comunista “puro”, encabezado por Mitterrand, (esto es, sin la participación del partido radical de izquierda), no hubiera significado el triunfo de revolución alguna. Ni siquiera hay razones –dada la ausencia de doble poder, o de movilización revolucionaria- para decir que su formación hubiera acelerado algún proceso revolucionario. Más bien lo que han hecho a lo largo de la historia los gobiernos “obreros” (en cualquiera de sus variantes), ha sido desmoralizar y desorganizar a las masas trabajadoras que confiaron en ellos.

Naturalmente, que Lenin no haya aplicado la política que Trotsky dice que aplicó, no debería leerse como un argumento para afirmar que la táctica aconsejada por el fundador de la Cuarta Internacional sea equivocada. Solo significa que esa táctica debería ser examinada a la luz de experiencias históricas distintas de la que presenta Trotsky.

https://rolandoastarita.wordpress.com/2015/07/04/gobiernos-obreros-y-tactica-leninista-en-1917/

+ Info:

¿Control obrero del capitalismo?. Rolando Astarita. Lo que afirmo en la nota es que para controlar hay que tener poder; para tener poder hay que desarrollar la lucha de clases; el poder obrero no se vota en legislaturas, ni se establece por medio de comisiones “independientes” votadas en los ámbitos parlamentarios. El poder obrero debe ser autónomo de todo poder estatal burgués, y para esto sólo se puede desarrollar desde la lucha contra las burocracias sindicales (no se puede hacer abstracción del poder real de la burocracia hablando de comisiones “independientes”, formadas por las legislaturas), el Estado y las patronales. Esto resume mi discrepancia con esta estrategia.

Debate Caso Sobrero: ¿exigimos la renuncia de Fernández?, Rolando Astarita, y Propagandismo, sectarismo y política revolucionaria (una polémica con Rolando Astarita), Diego Lotito

El peligro de la profesionalización de la política. Brais Fernandez. "la “nueva política” deberá utilizar las conquistas en la esfera estatal-representativa para crear mecanismos de control popular. Si de verdad queremos combatir los riesgos de burocratización y el surgimiento de una nueva élite, quizás tengamos que impulsar, incluso desde las instituciones, asambleas que no sean simples actos de masas, sino embriones de una institucionalidad no-estatal; espacios para el ejercicio de una democracia desde abajo".


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