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Anticapitalistes
  
diumenge 28 de juny de 2015 | Manuel
Los comités de defensa de la CNT, milicias populares, comités revolucionarios de barrio, la guerra del pan y Los Amigos de Durruti

Agustin Guillamon

Foto de un comité de defensa montado en un camión en plaza de España (Barcelona)

En la charla de hoy se explicará el origen de los comités de defensa de la CNT, su transformación en comités revolucionarios, su posterior hibernación en diciembre de 1936, y su enfrentamiento con Comorera, secretario general del PSUC en la guerra del pan de diciembre de 1936 a mayo de 1937.

Así, pues, vamos a presentar primero de todo a un protagonista de la historia que la historia sagrada de la burguesía suele ocultar o desconocer.

¿Qué era un Comité de Defensa (CD)?

Los comités de defensa eran la organización militar clandestina de la CNT, financiada por los sindicatos y su acción estaba subordinada a éstos. No eran una organización de la FAI.

En octubre de 1934, el Comité Nacional de los Comités de Defensa abandonó la vieja táctica de los grupos de acción, en favor de una seria y metódica preparación revolucionaria. Elaboró una ponencia en la que se afirmaba esto:

No hay revolución sin preparación. Hay que acabar con el prejuicio de las improvisaciones. Ese error, de la confianza en el instinto creador de las masas, nos ha costado muy caro. No se procuran, como por generación espontánea, los medios de guerra inexcusables para combatir a un Estado que tiene experiencia, fuerte armamento y mayor capacidad ofensiva y defensiva”.

El grupo de defensa básico, debía ser poco numeroso, para facilitar su clandestinidad y agilidad. Debía estar formado por seis militantes, con funciones muy específicas:

Un secretario encargado del: contacto con otros cuadros, la creación de nuevos grupos y la elaboración de informes.

Un segundo militante encargado de la investigación de personas, para determinar la peligrosidad de los enemigos: curas, militares, pistoleros del Libre, marxistas y otros.

Un tercero para la investigación de edificios, levantar planos y elaborar estadísticas.

Un cuarto para el estudio de los puntos estratégicos y tácticos de la lucha callejera.

Un quinto militante para el estudio de los servicios públicos: luz, aguas, gas, alcantarillado.

Y un sexto para investigar dónde obtener armas, dinero y alimentos.

A esa cifra ideal de seis, podía sumarse algún miembro más para cubrir tareas “de sumo relieve”. La clandestinidad debía ser absoluta. Eran los núcleos básicos de un ejército revolucionario, capaces de movilizar a grupos secundarios más numerosos, y éstos, a su vez, a todo el pueblo.

Su ámbito de acción era una demarcación muy precisa dentro de cada barrio, señalada sobre plano. En cada barrio se constituía un Comité de Defensa de la barriada, que coordinaba todos esos cuadros de defensa, y que recibía un informe mensual de cada uno de los secretarios de grupo.

La organización de los comités de defensa a escala regional y nacional, encuadraba a aquellos sectores de trabajadores, como ferroviarios, conductores de autocar, trabajadores de teléfonos y telégrafos, carteros y en fin, todos los que por características de su profesión u organización, abarcaban un ámbito nacional, destacando la importancia de las comunicaciones en una insurrección revolucionaria. Se dedicaba un cuidado especial al trabajo de infiltración, propaganda y captación de simpatizantes en los cuarteles.

Las funciones esenciales de los comités de defensa eran dos: armas e intendencia, en el sentido amplio de la palabra.

Los CD podían considerarse como la continuidad, reorganización cualitativa y extensión de los grupos de acción y autodefensa armada de los años del pistolerismo (1917-1923).

¿Cómo se pasó de los grupos de acción a los cuadros de defensa?

En enero de 1935 los grupos anarquistas Indomables, Nervio, Nosotros, Tierra Libre y Germen, en el Pleno de la Federación Local de Grupos Anarquista de Barcelona fundaron, el Comité Local de Preparación Revolucionaria.

Frente a un panorama histórico, realmente desolador; el auge del fascismo en Italia, del nazismo en Alemania, del estalinismo en la Unión Soviética, de la depresión económica con un paro masivo y permanente en Estados Unidos y Europa; la ponencia elaborada en ese Pleno, oponía la esperanza del proletariado revolucionario.

Decía la Ponencia: “En la quiebra universal de las ideas, partidos, sistemas, sólo queda en pie el proletariado revolucionario con su programa de reorganización de las bases de trabajo, de la realidad económica y social y de la solidaridad”.

La Ponencia criticaba la vieja táctica de la gimnasia revolucionaria y de la improvisación de las insurrecciones de enero de 1932 y enero y diciembre de 1933 con estas palabras: “La revolución social no puede ser interpretada como un golpe de audacia, al estilo de los golpes de estado del jacobinismo, sino que será consecuencia y resultado del desenlace de una guerra civil inevitable y de duración imposible de prever”.

Dieciocho meses antes del 19 de Julio del 36, la preparación revolucionaria para una larga guerra civil exigía nuevos desafíos, impensables en la vieja táctica de los grupos de choque. Decía la Ponencia: “Dado que no es posible disponer de antemano de los stocks de armas necesarios para una lucha sostenida, es preciso que el Comité de preparación estudie el modo de transformar en determinadas zonas estratégicas las industrias […], en industrias proveedoras de material de combate para la revolución”.

De los grupos de acción y de choque para la práctica de la gimnasia revolucionaria, anteriores a 1934, se había pasado a la formación de cuadros de información y combate, considerados como células básicas de un ejército revolucionario, capaz de derrotar al ejército y sostener una guerra civil.

¿Podían los anarquistas tomar el poder?

Durante el primer semestre de 1936 el grupo Nosotros se enfrentó al resto de grupos de la FAI, en Cataluña, en agrios debates sobre dos concepciones fundamentales, en un momento en el que se conocían con certeza los preparativos militares para un cruento golpe de Estado. Esos dos conceptos eran la “toma del poder” y el “ejército revolucionario”. El pragmatismo del grupo Nosotros, más preocupado por las técnicas insurreccionales que por los tabúes, chocaba frontalmente con los prejuicios ideológicos de otros grupos faistas, esto es, con el rechazo a lo que denominaban “dictadura anarquista” y un profundo antimilitarismo, que lo dejaba todo a la espontaneidad creativa de los trabajadores.

Este duro ataque a las “prácticas anarco-bolcheviques” del grupo Nosotros se expresó ampliamente en la revista Más Lejos, que en su primer número, de abril de 1936, preguntaba: “¿Pueden los anarquistas, en virtud de tales o cuáles circunstancias, y VENCIENDO TODOS LOS ESCRÚPULOS, disponerse a la toma del Poder, en cualquiera de sus formas, como medio de acelerar el ritmo de su marcha hacia la realización de la Anarquía?

Casi todos respondieron negativamente. Y en ese “todos” estaba desde Federica Montseny hasta Camilo Berneri. Pero ninguna respuesta ofrecía una alternativa práctica a esa negativa generalizada a tomar el poder. Teoría y práctica anarquistas parecían divorciadas, en vísperas del golpe de Estado militar.

En el Pleno de Grupos Anarquistas de Barcelona, reunido en junio de 1936, García Oliver expuso que la organización de los cuadros de defensa, coordinados en comités de defensa de barrio, en la ciudad de Barcelona, eran el modelo a seguir, extendiéndolos a toda España, y coordinando esa estructura a nivel regional y nacional, para constituir un ejército revolucionario del proletariado. Ese ejército debía complementarse con la creación de unidades guerrilleras de cien hombres. Muchos militantes se oponían a las concepciones de García Oliver, confiando más en la espontaneidad de los trabajadores que en la disciplinada organización revolucionaria. Las convicciones antimilitaristas de muchos grupos de afinidad, produjeron un rechazo casi unánime de las tesis del grupo Nosotros, y muy especialmente de García Oliver. [Como anécdota podemos recordar que en el Congreso de Zaragoza, en mayo del 36, Cipriano Mera había preguntado a García Oliver de qué color quería los entorchados, y pocos meses después fue Mera quien llevó galones].

¿Cómo se transformaron esos Comités de Defensa en Milicias Populares y comités revolucionarios de barrio?

El 19 de julio de 1936, la guarnición militar de Barcelona contaba con unos seis mil hombres, frente a los casi dos mil de la guardia de asalto y los doscientos “mossos d´esquadra”. La guardia civil, que nadie sabía con certeza por el lado que se decantaría, contaba con unos tres mil. La CNT-FAI disponía de unos veinte mil militantes, organizados en comités de defensa de barriada, dispuestos a empuñar las armas. Se comprometía, en la comisión de enlace de la CNT con la Generalidad y los militares leales, a parar a los golpistas con sólo mil militantes armados.

Hubo una doble TRANSFORMACIÓN de esos cuadros de defensa. La de las Milicias Populares, que definieron en los primeros días el frente de Aragón, instaurando la colectivización de las tierras en los pueblos aragoneses liberados; y la de los comités revolucionarios que, en cada barrio de Barcelona, y en muchos pueblos de Cataluña, impusieron una “nueva situación revolucionaria”. Su origen común en los cuadros de defensa hizo que milicias confederales y comités revolucionarios estuviesen siempre muy unidos e interrelacionados.

Esos comités revolucionarios ejercieron, en cada barriada o localidad, sobre todo en las nueve semanas posteriores al 19 de Julio, estas funciones:

- Incautaron edificios para instalar la sede del comité, de un almacén de abastos, de un ateneo o de una escuela racionalista. Incautaron y sostuvieron hospitales y diarios.
- Registros en los domicilios privados para requisar armas, alimentos, dinero y objetos de valor.
- Pesquisa armada en cualquier edificio sospechoso, con el objetivo de detener “pacos”, emboscados, curas, derechistas y quintacolumnistas. (Recordemos que el paqueo de los francotiradores, en la ciudad de Barcelona, duró toda una semana).
- Instalaron en cada barrio centros de reclutamiento para las Milicias, que armaron, financiaron, abastecieron y pagaron (hasta mediados de septiembre) con sus propios medios, manteniendo hasta después de mayo del 37 una intensa y continuada relación de cada barriada con sus milicianos en el frente, acogiéndolos durante los permisos.
- A la custodia de las armas, en la sede del comité de defensa, se sumaba un local o almacén, en el que se instalaba el comité de abastos de la barriada, que se abastecía con las requisas de alimentos, realizados en las zonas rurales, mediante la coacción armada, el intercambio, o la compra mediante vales.
- Imposición y recaudación del impuesto revolucionario en cada barrio o localidad.

Los comités revolucionarios ejercían una importante tarea administrativa, muy variada, que iba desde la emisión de vales, bonos de comida, emisión de salvoconductos, pases, celebración de bodas, abastecimiento y mantenimiento de hospitales, hasta la incautación de alimentos, muebles y edificios, financiación de escuelas racionalistas y ateneos gestionados por las Juventudes Libertarias, pagos a milicianos, o a sus familiares, etcétera.

La coordinación de los comités revolucionarios de barriada se hacía en la sede del Comité Regional, a donde acudían los secretarios de cada uno de los comités de defensa de barriada. Existía además, de forma permanente, el Comité de Defensa Confederal, instalado en la Casa CNT-FAI.

Para los aspectos relacionados con la incautación de importantes cantidades de dinero y objetos de valor, o todas aquellas tareas de detención, información e investigación, que excedían por su importancia las tares del comité revolucionario de barriada, acudían al Servicio de Investigación de la CNT-FAI, dirigido por Escorza en la Casa CNT-FAI.

¿Hubo un vacío de poder? ¿Los comités de barriada que se formaron venían de los de Defensa? ¿Y los de abasto?

El auténtico poder de ejecución y resolución estaba en la calle, era el poder del proletariado en armas, y lo ejercían los comités locales, de defensa y de control obrero, expropiando espontáneamente fábricas, talleres, edificios y propiedades; organizando, armando y transportando al frente los grupos de milicianos voluntarios que previamente habían reclutado; quemando iglesias o convirtiéndolas en escuelas o almacenes; formando patrullas para extender la guerra social; guardando las barricadas, ahora fronteras de clase, que controlaban el paso y manifestaban el poder de los comités; poniendo en marcha las fábricas, sin amos ni directivos, o reconvirtiéndolas para la producción bélica; requisando coches y camiones, o alimentos para el comité de abastos; recaudando impuestos revolucionarios y financiando pobras públicas para paliar el paro; sustituyendo a los caducos ayuntamientos republicanos, imponiendo en cada localidad su absoluta autoridad en todos los dominios, sin atender órdenes de la Generalidad, ni del Comité Central de Milicias Antifascistas (CCMA). La situación revolucionaria se caracterizaba por una atomización del poder.

La noche del 19 no había más poder real que el de “la federación de barricadas”, sin más objetivo inmediato que la derrota de los sublevados. El ejército y la policía, disueltos o acuartelados, desaparecieron de la calle, después del 20 de julio. Habían sido sustituidos por Milicias Populares formadas por obreros armados, que confraternizaban con soldados licenciados y guardias desuniformados en un solo bloque victorioso, que les había convertido en la vanguardia de la insurrección revolucionaria.

En Barcelona, los comités de defensa, transformados en comités revolucionarios de barrio, en ausencia de consignas de cualquier organización y sin más coordinación que las iniciativas revolucionarias que cada momento demandaba, organizaron los hospitales, desbordados por la avalancha de heridos, constituyeron comedores populares, requisaron coches, camiones, armamento, fábricas y edificios, registraron domicilios privados, detuvieron sospechosos y crearon una red de Comités de abastos en cada barrio, que se coordinaron en un Comité Central de Abastos de la ciudad, en el que adquirió notable presencia el Sindicato de Alimentación. El contagio revolucionario afectaba a todos los sectores sociales y a todas las organizaciones, que se decantaban sinceramente a favor de la nueva situación revolucionaria. Esa era la única fuerza real del CCMA, que aparecía ante el pueblo en armas como el organismo antifascista que debía dirigir la guerra e imponer el nuevo orden revolucionario.

El 21 de julio, un Pleno de Locales y Comarcales había renunciado a la toma del poder, entendida como dictadura de los líderes anarquistas, y no como imposición, coordinación y extensión del poder que los comités revolucionarios ya ejercían en la calle. El 23 un pleno conjunto, y secreto, de los comités superiores de la CNT y de la FAI cerró filas en cuanto a la decisión tomada de colaborar en el CCMA, y de preparar el Pleno del día 26 para vencer la resistencia de la militancia. Se decidió crear un CCMA, ORGANISMO DE COLABORACIÓN DE CLASES en el que participaban todas las organizaciones antifascistas.

POR UN LADO EL CCMA y los comités superiores cenetistas (que habían renunciado a todo), por el otro los comités revolucionarios de barrio (que no habían renunciado a nada).

El 24 habían partido las dos primeras columnas anarquistas, al mando de Durruti y Ortiz. Durruti hizo un discurso por radio en el que alertaba sobre la necesidad de estar vigilantes ante una posible intentona contrarrevolucionaria. Había que congelar la situación revolucionaria en Barcelona, para “ir a por el todo” después de tomar Zaragoza.

El 25 de julio se presentó Companys en la Escuela Náutica para recriminar a los miembros del CCMA su ineficacia en el control del orden público, ante la indiferencia de un García Oliver que le despidió amenazadoramente.

El Pleno Regional del día 26 confirmó, por unanimidad, que la CNT seguiría manteniendo la misma posición, aprobada ya el 21 de julio, de participar en ese nuevo organismo de colaboración de clases llamado CCMA. Ese mismo pleno del día 26 creó una Comisión de Abastos, dependiente del CCMA, a la que debían someterse los distintos comités de abastos surgidos por doquier, y ordenaba al mismo tiempo un fin parcial de la huelga general. El resumen de los principales acuerdos alcanzados en este Pleno se editó en forma de Bando, para su general conocimiento y acatamiento.

El CC de Abastos era una institución fundamental, que aseguraba un requisito indispensable para unos obreros voluntarios que abandonaban sus puestos de trabajo para ir a combatir al fascismo en Aragón: asegurar en su ausencia la alimentación de unos familiares que dejarían de percibir el semanal del que vivían. De ahí la necesidad de los comedores populares gratuitos.

¿Qué fueron las Patrullas de Control?

Entre el 19 de julio y mediados de agosto de 1936 se crearon las patrullas de control como policía revolucionaria dependiente del CCMA.

Sólo la mitad aproximada de los patrulleros tenía carné de la CNT, o eran de la FAI; la otra mitad estaba afiliada al resto de organizaciones componentes del CCMA: POUM, Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y PSUC, fundamentalmente. Sólo cuatro delegados de sección, sobre los once existentes, eran de la CNT: los de Pueblo Nuevo, Sants, San Andrés (Armonía) y Clot; otros cuatro eran de ERC, tres del PSUC y ninguno del POUM.

Las Patrullas de Control dependían del Comité de Investigación del CCMA, dirigido por Aurelio Fernández (FAI) y Salvador González (PSUC). Su sección Central estaba en el número 617 de la Gran Vía, dirigida por los dos delegados de Patrullas, esto es, José Asens (FAI) y Tomás Fábregas (Acció Catalana). La nómina de los patrulleros, de 10 pesetas diarias, era abonada por el gobierno de la Generalidad. Aunque en todas las secciones se hacían detenciones, y algunos detenidos eran interrogados en la antigua Casa Cambó, la prisión central estaba en el antiguo convento de monjas clarisas de San Elías.

¿Cuál fue el balance del Comité Central de Milicias Antifascistas?

El 26 de septiembre se formó un gobierno de la Generalidad con presencia de consejeros anarquistas. El 1 de octubre se oficializó la disolución del CCMA.

El decreto del 9 de octubre, complementado con el publicado el 12, declaraba disueltos todos los comités locales que habían surgido el 19 de julio, que serían sustituidos por los nuevos ayuntamientos. Pese a la resistencia de muchos comités locales a su disolución, y al retardo de varios meses en la constitución de los nuevos ayuntamientos, se trataba de un golpe de muerte del que no se recuperarían. La resistencia de la militancia cenetista, que se desentendía de las consignas de los comités superiores o de las órdenes del gobierno de la Generalidad, amenazaba el pacto antifascista. Los dirigentes anarcosindicalistas estaban bajo la doble presión de una militancia, reacia a obedecerles, y la acusación por parte del resto de fuerzas antifascistas de que era necesario cumplir y hacer cumplir los decretos del gobierno, poniendo en cintura a “los incontrolados”.

Este era el balance real dejado por el CCMA en sus nueve semanas de existencia: el paso de unos comités locales revolucionarios, que ejercían todo el poder en la calle y las fábricas, a su disolución en beneficio exclusivo del pleno restablecimiento del poder de la Generalidad. Del mismo modo, los decretos firmados el 24 de octubre sobre militarización de las Milicias a partir del 1 de noviembre y de promulgación del decreto de Colectivizaciones completaban el desastroso balance del CCMA, esto es, el paso de unas Milicias obreras de voluntarios revolucionarios a un ejército burgués de corte clásico, sometido al código de justicia militar monárquico, dirigido por la Generalidad; el paso de las expropiaciones y el control obrero de las fábricas a una economía centralizada, controlada y dirigida por la Generalidad.

El retraso en la aplicación de los decretos, provocada por la sorda pero enconada resistencia de la militancia confederal, que aún estaba armada, hizo que el gobierno de la Generalidad se planteara como objetivo prioritario el desarme de la retaguardia, impulsando una campaña de propaganda contra los llamados “incontrolados”, que derivó hacia el objetivo secundario contenido en el repetitivo eslogan: “armas al frente”.

La fuerte resistencia de la base anarcosindicalista a la militarización de las milicias, al control de la economía y de las empresas colectivizadas por la Generalidad, al desarme de la retaguardia y a la disolución de los comités locales se manifestó en un retraso de varios meses al cumplimiento real de los decretos del gobierno de la Generalidad sobre todos estos temas. Resistencia que, en la primavera de 1937, cristalizó en un gran malestar, al que se sumó el descontento por la marcha de la guerra, la inflación y la penuria de productos de primera necesidad, para desembocar entonces en una crítica generalizada de la militancia cenetista de base a la participación de los comités superiores de la CNT-FAI en el gobierno, y a la política antifascista y colaboracionista de sus dirigentes, a quienes se acusaba de la pérdida de “las conquistas revolucionarias del 19 de julio”.

En octubre de 1936 el decreto de militarización de las Milicias Populares produjo un gran descontento entre los milicianos anarquistas de la Columna Durruti, en el Frente de Aragón. Tras largas y enconadas discusiones, en marzo de 1937, varios centenares de milicianos voluntarios, establecidos en el sector de Gelsa, decidieron abandonar el frente y regresar a la retaguardia. Se pactó que el relevo de los milicianos opuestos a la militarización se efectuaría en el transcurso de quince días. Abandonaron el frente, llevándose las armas.

Ya en Barcelona, junto con otros anarquistas (defensores de la continuidad y profundización de la revolución de julio, y opuestos al colaboracionismo confederal con el gobierno), los milicianos de Gelsa decidieron constituir una organización anarquista, distinta de la FAI, la CNT o las Juventudes Libertarias, que tuviera como misión encauzar el movimiento ácrata por la vía revolucionaria. Así pues, una nueva Agrupación se constituyó formalmente en marzo de 1937, tras un largo período de gestación de varios meses, iniciado en octubre de 1936. La Junta directiva fue la que decidió tomar el nombre de “Agrupación de Los Amigos de Durruti”, nombre que por una parte aludía al origen común de los ex-milicianos de la Columna Durruti, y que como bien decía Balius, no se tomó por referencia alguna al pensamiento de Durruti, sino a su mitificación popular.

Esta oposición revolucionaria a la militarización de las Milicias Populares se manifestó también, con mayor o menor suerte, en todas las columnas confederales, destacando el caso de la Columna de Hierro, que decidió en diversas ocasiones “bajar a Valencia” para impulsar la revolución y enfrentarse a los elementos contrarrevolucionarios de la retaguardia.

En febrero de 1937 se celebró una asamblea de columnas confederales que trató la cuestión de la militarización. Las amenazas de no suministrar armas, alimentos, ni soldada, a las columnas que no aceptaran la militarización, sumada al convencimiento de que los milicianos serían integrados en otras unidades, ya militarizadas, surtieron efecto. A muchos les parecía mejor aceptar la militarización, y adaptarla flexiblemente a la propia columna. Finalmente la ideología de unidad antifascista y la colaboración de la CNT-FAI en las tareas gubernamentales, en defensa del Estado republicano, triunfaron contra la resistencia a la militarización, que fue finalmente aceptada hasta por la recalcitrante Columna de Hierro.

¿Entraron en colisión los comités de defensa con los comités superiores? La hibernación de los comités de defensa en diciembre de 1936 y su reorganización en marzo de 1937

De finales de noviembre a primeros de diciembre de 1936, la Federación Local de Sindicatos únicos de Barcelona debatió el papel que debían asumir los comités de defensa en Barcelona.

La Federación Local impuso una visión estrictamente sindical, que no veía con buenos ojos la importancia adquirida, en los barrios, por los comités de defensa y los comités de abastos. Consideraban que sus funciones, superada la insurrección revolucionaria y su posterior etapa, de carácter excepcional, eran provisionales y, en todo caso, debían ser asumidas, ya, por los sindicatos.

En noviembre/diciembre de 1936, los comités de defensa eran un estorbo para la política gubernamentalista de los comités superiores cenetistas; y se imponía, por lo tanto, su hibernación y sumisión a los sindicatos, como meros anexos armados, un tanto molestos e inútiles. Si ya estaban las Patrullas de Control, con preponderancia cenetista, ¿para qué seguir sosteniendo financieramente los CD?

El problema fundamental, era la desobediencia generalizada a las consignas de desarme, de modo que el CR constató, según sus propias palabras, que “las barriadas las tenemos como nuestros peores enemigos”. Los comités de defensa entraron en un período de hibernación.

En octubre de 1936, la entrada de la CNT en el gobierno de la Generalidad supuso la creación de una Junta de Seguridad Interior, caracterizada por una conflictiva dualidad de mando de las fuerzas de orden público, entre CNT y gobierno de la Generalidad. Las Patrullas de Control fueron perdiendo autonomía y capacidad de decisión, mientras la Comisaría de Orden Público, controlada por PSUC y ERC, iba incrementando su poder coercitivo, revitalizando los cuerpos de Guardias de asalto y de la Guardia Nacional Republicana (antigua Guardia civil). A fines de enero de 1937 los milicianos del PSUC-UGT abandonaron las Patrullas de Control, siendo sustituidos por elementos de CNT, ERC y POUM. La perspectiva de desaparición de las Patrullas de Control, absorbidas en el seno de un nuevo Cuerpo único de Seguridad, decretado el 4 de marzo de 1937, suponía la pérdida de la hegemonía de los cenetistas en las labores policíacas y represivas de la retaguardia.

En el frágil equilibrio político y armado, existente en la primavera de 1937 en la retaguardia barcelonesa, el incremento y amenaza de las fuerzas represivas burguesas tendía claramente al monopolio de la violencia. El decreto de la Generalidad del 4 de marzo de 1937 ordenaba la pronta disolución de las Patrullas de Control, al tiempo que creaba un Cuerpo único de Seguridad (formado por la Guardia civil y la Guardia de Asalto). Ante esto, los sindicatos decidieron reorganizar los comités de defensa, en los barrios, para preparar un enfrentamiento que les parecía, ya, inevitable.

Desastroso BALANCE del CCMA a su disolución el 1 de octubre: militarización de las milicias, decreto de colectivizaciones y disolución de los comités locales. El 17 de diciembre se proclama el segundo gobierno. Caen Nin y Joan Pau Fábregas,

La “guerra del pan” de Comorera contra los comités de barrio.

El 20 de diciembre de 1936, Joan Comorera (PSUC), consejero de Abastos, pronunció un importante discurso, en catalán, en la sala del Gran Price de Barcelona, que fue la declaración de la guerra del pan a los comités de barrio.

Comorera argumentó la necesidad de un gobierno fuerte, de plenos poderes, capaz de hacer cumplir unos decretos que no se quedasen siempre en papel mojado, como había sucedido con el primer gobierno Tarradellas, en el que participó Nin por el POUM. Un gobierno fuerte, capaz de llevar a cabo una política militar eficiente, que agrupara todas las fuerzas existentes en el frente.

Comorera atribuía, la carencia y el encarecimiento de alimentos a la existencia de los comités de defensa, no al acaparamiento y especulación de los mayoristas y tenderos. Era el discurso que justificaba y explicaba el eslogan de las pancartas y octavillas de las manifestaciones de mujeres de fines del año 1936 y comienzos de 1937: “más pan y menos comités”, promovidas y manipuladas por el PSUC. Era evidente el enfrentamiento entre dos políticas de Abastos opuestas, la del PSUC y la del Sindicato de Alimentación de la CNT. El Sindicato de Alimentación, a través de los trece almacenes de abastos de las barriadas, custodiados por los comités revolucionarios de barrio, suministraba gratuitamente alimentos a los comedores populares, donde podían acudir los parados y sus familiares, y sostenían además centros de atención a los refugiados que, en abril de 1937, en Barcelona, ascendían ya a 220.000 personas. Era una red de abastos que rivalizaba con los detallistas, que sólo obedecían a la ley de la oferta y la demanda, y que intentaba, sobre todo, evitar el encarecimiento de los productos, ya que el alza de precios los hacía inasequibles a los trabajadores, y, por supuesto, a parados y refugiados. El mercado negro era el gran negocio de los detallistas, que realizaban excelentes ganancias gracias al hambre (literalmente) de la mayoría. La guerra del pan de Comorera contra los comités de abastos de las barriadas, no tenía otro objetivo que el de arrebatar a los comités de defensa cualquier parcela de poder, aunque esa guerra implicase el desabastecimiento de Barcelona y la penuria alimenticia.

Comorera finalizó su discurso con un llamamiento a la responsabilidad de todas las organizaciones, en aras a conseguir una férrea unidad antifascista. Para comprender el discurso de Comorera es necesario tener en cuenta la estrategia, propugnada por Gerö, de efectuar una política SELECTIVA frente al movimiento anarquista, que consistía en integrar a los dirigentes en el aparato de Estado, al mismo tiempo que se practicaba una bestial represión de los sectores revolucionarios, calificados infamantemente como incontrolados, gángsteres, asesinos, agentes provocadores e irresponsables; que Comorera identificaba muy claramente en los comités de defensa.

Los almacenes de abastos de los comités de barrio controlaban qué, cómo, cuánto y a qué precio de venta al público se aprovisionaba a los detallistas, una vez satisfechas las necesidades “revolucionarias” del barrio, esto es, de enfermos, niños, parados, comedores populares, etcétera. Comorera propugnaba la desaparición de esos comités revolucionarios de barrio y el libre mercado. Sabía, además, que una cosa implicaba la otra, y que, sin la supresión de los comités de defensa, el libre mercado sería una quimera.

Un abastecimiento racional, previsor y suficiente de Barcelona, y Cataluña, hubiera supuesto ceder a las pretensiones del Consejero de Economía cenetista, Fábregas, que de octubre a diciembre de 1936 batalló inútilmente, en las reuniones del Consejo de la Generalidad, por conseguir el monopolio del comercio exterior, ante la oposición del resto de fuerzas políticas. Mientras tanto, en el mercado de cereales de París, diez o doce mayoristas privados competían entre sí, encareciendo las compras. Pero ese monopolio del comercio exterior, que ni siquiera era una medida de carácter revolucionario, sino sólo apropiada a una situación bélica de emergencia, atentaba contra la filosofía del libre mercado, propugnada por Comorera.

Había un hilo que relacionaba las colas del pan en Barcelona con la irracional competencia de los mayoristas en el mercado de cereales de París. Hilo que se hubiera roto con el monopolio del comercio exterior. Con la política de libre mercado de Comorera se consolidó. Pero además el PSUC alentó la especulación de los tenderos, que implantaron una auténtica dictadura sobre el precio de todos los alimentos, enriqueciéndose con el hambre de los trabajadores.

¿Cómo y por qué esos Comités de Defensa se radicalizaron en abril del 37?

El domingo, 11 de abril, en el mitin de la plaza de toros La Monumental, se vieron pancartas que exigían la libertad de Maroto y de los numerosos presos antifascistas, en su mayoría cenetistas. Federica Montseny fue abucheada y silbada. Los gritos favorables a la libertad de los presos arreciaron, una y otra vez. Los comités superiores culpabilizaron del “sabotaje” a la Agrupación de Los Amigos de Durruti. Federica, muy molesta, amenazó con no volver a dar un mitin en Barcelona.

El lunes, 12 de abril de 1937, se desarrolló, en la Casa CNT-FAI, una sesión del pleno local de Grupos Anarquistas de Barcelona, con asistencia de los grupos de Defensa confederal y de las Juventudes libertarias que acordó retirar a todos los cenetistas de cualquier cargo en los estamentos antifascistas gubernativos, ir a la formación de un Comité revolucionario para la coordinación de la lucha armada y socializar inmediatamente la industria, el comercio y la agricultura.

El Pleno tomando en consideración, después de amplia discusión, los resultados de nueve meses de política ministerial, constatando la imposibilidad de ganar la lucha armada en los frentes en contra del fascismo sin supeditar todos los intereses particulares, económicos, políticos y sociales al supremo objetivo de la guerra; considerando que sólo con la socialización total de la industria, del comercio y de la agricultura, es factible el aplastamiento del fascismo; considerando que toda forma de gobierno es por esencia reaccionaria y, por ende, contraria a toda revolución social; acuerda:

- Retirar todos los hombres que actualmente ocupan sitio en los estamentos antifascistas gubernativos.
- Ir a la construcción de un Comité revolucionario antifascista para la coordinación de la lucha armada contra el fascismo.
- Socializar inmediatamente la industria, el comercio y la agricultura.
- Ir a la implantación del carnet de productor. Poner en práctica la movilización general de todos los hombres capacitados para el manejo de las armas y de las herramientas del trabajo para el frente y la retaguardia.
- Y por fin, hacer sentir a todos y a cada uno el peso inflexible de la disciplina revolucionaria, como garantía de que los intereses de la revolución social no se pueden burlar en vano
”.

Esta reunión se le había escapado de las manos a la burocracia. En ese Pleno habían intervenido los Comités de Defensa de Barcelona, o lo que es lo mismo, la delegación de los comités revolucionarios de barriada, y también las Juventudes Libertarias, radicalizando, sin duda, los acuerdos tomados.

Y esa FAI de Barcelona, junto a las secciones de defensa de los comités revolucionarios de barrio y las Juventudes Libertarias, pese al escándalo y la histérica oposición de algunos burócratas presentes, como Toryho, había decidido terminar con el colaboracionismo, retirar a los consejeros (ministros) anarquistas del gobierno de la Generalidad y constituir un Comité revolucionario que dirigiese la guerra contra el fascismo. Era un paso decisivo hacia la insurrección revolucionaria, que estalló el 3 de mayo.

Esta radicalización era fruto de una situación cada vez más insostenible en la calle. El 14 de abril, una manifestación de mujeres, que esta vez no estaban manipuladas por el PSUC, partió de La Torrassa para recorrer los distintos mercados de Collblanc, Sants y Hostafrancs, protestando por el precio del pan y de los productos alimenticios. Las manifestaciones y protestas se extendieron a casi todos los mercados de la ciudad. En días posteriores se reprodujeron, con menor virulencia, tumultos y manifestaciones en diverso mercados. Algunas tiendas y panaderías fueron asaltadas. El hambre de los barrios obreros de Barcelona había salido a la calle para manifestar su indignación y exigir soluciones.

Recapitulemos lo que hemos dicho, esto es, cuáles era los fundamentos económicos y políticos de la guerra del pan.

Un abastecimiento racional, previsor y suficiente de Barcelona, y Cataluña, hubiera supuesto ceder a las pretensiones del Consejero de Economía cenetista, Joan Pau Fábregas, que batalló inútilmente de septiembre a diciembre de 1936, en las reuniones del Consejo de la Generalidad, por conseguir el monopolio del comercio exterior, ante la oposición del resto de fuerzas políticas. Mientras tanto, en el mercado de cereales de París, diez o doce mayoristas privados catalanes competían entre sí, encareciendo las compras. Pero ese monopolio del comercio exterior, que ni siquiera era una medida de carácter revolucionario, sino sólo apropiada a una situación bélica de emergencia, atentaba contra la filosofía del libre mercado, propugnada por Comorera.

Había una relación directa entre las colas del pan en Barcelona y la irracional competencia de los mayoristas privados en los mercados europeos de cereales, armamento o materias primas. Es muy curioso que la historiografía oficial subraye que el 17 de diciembre de 1936, tras una crisis de gobierno provocada por el PSUC, se expulsó del Gobierno al poumista Nin, por su denuncia del estalinismo; pero en cambio apenas comenta que también se expulsó al cenetista Fábregas, impulsor nada más y nada menos que del Decreto de Colectivizaciones y Control Obrero, aprobado el 24 de octubre.

La salida de Fábregas del gobierno supuso que ese Decreto de Colectivizaciones no sería desarrollado por su impulsor, sino por Tarradellas y Comorera, que lo desvirtuaron y manipularon hasta lo inimaginable, convirtiéndolo en un instrumento de dominio de la economía catalana, y de todas las empresas colectivizadas, por la Generalidad. La Generalidad podía nombrar un omnipotente interventor-director a su gusto, y sobre todo tenía el poder de hundir a aquellas empresas díscolas o reacias a someterse, mediante la retirada de la financiación para pagar salarios o comprar materias primas, sin las cuales las empresas se veían abocadas a una total parálisis.

La eliminación de Fábregas supuso además la desaparición del principal defensor de establecer ese necesario monopolio del comercio exterior, que fue sustituido por el libre mercado. Comorera tenía vía libre para imponer la dictadura de los tenderos, enriquecidos con el hambre de los trabajadores.

El programa estalinista, fundamentado en esa defensa de los intereses burgueses, y en la defensa de un Estado fuerte, capaz de hacer cumplir los decretos y de ganar la guerra, convirtió al PSUC en la vanguardia de la contrarrevolución.

El hambre y el desarme eran los dos objetivos de la contrarrevolución para aplastar a los trabajadores revolucionarios de Barcelona. El PSUC tuvo un cooperador imprescindible en los comités superiores cenetistas.

Conclusiones

La pugna entre el PSUC y la CNT, de diciembre de 1936 a mayo de 1937, fue un conflicto ideológico, pero ante todo el enfrentamiento de dos políticas opuestas de abastecimiento y gestión económica de la gran urbe barcelonesa.

Comorera, desde la Consejería de Abastos, priorizaba el poder del PSUC al abastecimiento del pan o la leche a la ciudad de Barcelona. Mejor sin pan ni leche, que un pan y una leche suministrados por sindicatos de la CNT. Hambre y penurias de los barceloneses eran el precio a pagar por el incremento del poder del PSUC y de la Generalidad, en detrimento de la CNT.

El hambre de los trabajadores fue causada por la maniobra consciente de los partidos burgueses y contrarrevolucionarios, desde ERC hasta el PSUC, para debilitar y derrotar a los revolucionarios. A ese proceso le hemos denominado guerra del pan.

El desarme de los trabajadores era el objetivo fundamental de esos partidos. También los comités superiores libertarios vieron en los comités de barrio a sus peores enemigos, cuando éstos se negaron a acatar los decretos de desarme pactados con el gobierno.

A finales de abril, los comités revolucionarios desbordaron a los comités superiores cenetistas. La insurrección de los trabajadores, en Mayo de 1937, no fue derrotada militarmente, sino políticamente, cuando los líderes anarcosindicalistas dieron la orden de alto el fuego.

El hambre y el desarme eran los dos objetivos necesarios para el inicio del proceso contrarrevolucionario, que desencadenó toda su fuerza represiva contra los militantes cenetistas y las minorías revolucionarias en el verano de 1937.

¿Qué papel jugaron los Comités de Defensa en mayo de 1937?

El lunes, 3 de mayo de 1937, hacia las tres menos cuarto de la tarde, tres camiones de guardias de asalto, fuertemente armados, se detuvieron ante la sede de la Telefónica en la plaza de Cataluña. Estaban dirigidos por Eusebio Rodríguez Salas, militante de la UGT y estalinista convencido, responsable oficial de la comisaría de orden público. El edificio de Telefónica había sido incautado por la CNT desde el 19 de julio. La supervisión de las comunicaciones telefónicas, la vigilancia de las fronteras y las patrullas de control eran el caballo de batalla, que desde enero había provocado diversos incidentes entre el gobierno republicano de la Generalidad y la masa confederal. Era una lucha inevitable entre el aparato estatal republicano, que reclamaba el dominio absoluto sobre todas las competencias que le eran “propias”, y la defensa de las “conquistas” del 19 de julio por parte de los cenetistas. Rodríguez Salas pretendió tomar posesión del edificio de la Telefónica. Los militantes cenetistas de los pisos inferiores, tomados por sorpresa, se dejaron desarmar; pero en los pisos superiores se organizó una dura resistencia, gracias a una ametralladora instalada estratégicamente. La noticia se propagó rápidamente. De forma inmediata se levantaron barricadas en toda la ciudad. No debe hablarse de una reacción espontánea de la clase obrera barcelonesa, porque la huelga general, los enfrentamientos armados con las fuerzas de policía y las barricadas fueron fruto de la iniciativa tomada por los comités de defensa, rápidamente secundada gracias a la existencia de un enorme descontento generalizado, las crecientes dificultades económicas en la vida cotidiana causadas por la carestía de vida, las colas y el racionamiento, así como a la tensión existente en la base militante confederal entre colaboracionistas y revolucionarios. La lucha callejera fue impulsada y realizada desde los comités de defensa de los barrios (y sólo parcial y secundariamente por algún sector de las patrullas de control). Que no existiera una orden de los comités superiores de la CNT, que ejercían de ministros en Valencia y Barcelona, o de cualquier otra organización, para movilizarse levantando barricadas en toda la ciudad, no significa que éstas fueran puramente espontáneas, sino que fueron resultado de las consignas lanzadas por los comités de defensa.

Fuera cual fuese la importancia del papel jugado por algunos dirigentes, antes de mayo, todos ellos fueron rápidamente superados y desbordados. Los comités de barrio desencadenaron y protagonizaron la insurrección del 3 al 7 mayo de 1937, en Barcelona. Y no cabe confundir a los comités de defensa de los barrios con una ambigua e imprecisa “espontaneidad de las masas”, propugnada por la historiografía oficial.

Así lo describió Nin, secretario político del POUM, el 19 de mayo de 1937: “Las jornadas de mayo en Barcelona han hecho revivir ciertos organismos que, durante estos últimos meses, habían jugado un cierto papel en la capital catalana y en algunas localidades importantes: los Comités de Defensa. Se trata de organismos principalmente de tipo técnico-militar, formados por los sindicatos de la CNT. Son éstos, en realidad, quienes han dirigido la lucha, y quienes constituían, en cada barrio, el centro de atracción y organización de los obreros revolucionarios”.

Los Amigos de Durruti no iniciaron la insurrección, pero fueron los combatientes más activos en las barricadas, repartieron una octavilla que exigía la sustitución del Gobierno de la Generalidad por una Junta Revolucionaria.

Los trabajadores confederales, desorientados por el llamamiento de sus dirigentes ¡los mismos del 19 de julio! habían optado, al fin, por abandonar la lucha, aunque al principio se habían burlado de los llamamientos de la dirección de la CNT a la concordia y al abandono de la lucha, en aras de la unidad antifascista.

¿Cómo se disolvieron los Comités de Defensa?

La fuerza militar de los comités de defensa en la ciudad de Barcelona había permanecido intacta, pese a que los Hechos de Mayo fueron una terrible derrota política de los revolucionarios, que iba a materializarse a partir del 16 de junio de 1937, con la detención del Comité ejecutivo del POUM y la ilegalización de ese partido.

A partir de ese momento también se desencadenó una represión selectiva contra la CNT, iniciándose una ofensiva judicial en varios frentes:

- contra los comités revolucionarios locales creados en las jornadas del 19 y 20 de julio;
- contra quienes habían participado en la rebelión de mayo de 1937;
- contra delitos de opinión, lectura de prensa clandestina, derrotismo o portar armas sin permiso;
- contra algunos destacados responsables cenetistas, como Aurelio Fernández, Barriobero, Eroles, Devesa, etcétera.
Pero, a finales de mayo de 1937, los comités de defensa eran aún lo bastante fuertes como para organizar varias compañías armadas, dependientes de los comités de defensa de barriada.

Los comités revolucionarios de barrio, en Barcelona, surgieron el 19-20 de julio y duraron, como mínimo hasta el 7 de junio, cuando las restauradas fuerzas de orden público de la Generalidad disolvieron y ocuparon los distintos centros de las Patrullas de Control, y de paso algunas sedes de los comités de defensa, como la del barrio de Les Corts. Pese al decreto que exigía la desaparición de todos los grupos armados, la mayoría resistió hasta septiembre de 1937, cuando fueron sistemáticamente disueltos y asaltados, uno a uno, los edificios que ocupaban. La última en ser ocupada, y la más importante y fuerte, fue la sede del comité de defensa del Centro, sita en los Escolapios de San Antonio, que fue tomada al asalto el 21 de septiembre de 1937 por fuerzas de orden público, que utilizaron todo un arsenal de ametralladoras, tanques y bombas de mano. Sin embargo, la resistencia de Los Escolapios no cedió al fuego de las armas, sino a las órdenes de desalojo, dadas por el Comité Regional.

A partir de entonces los comités de defensa se ocultaron bajo el nombre de Secciones de coordinación e información de la CNT, dedicados exclusivamente a tareas clandestinas de investigación e informativas, como antes del 19 de Julio; pero ahora (1938) en una situación netamente contrarrevolucionaria.

Sin embargo, aún fueron lo bastante fuertes y combativos como para publicar un órgano clandestino, titulado Alerta…! del que editaron siete números entre octubre y diciembre de 1937. El número 1 salió el 23 de octubre de 1937. Las constantes de este periódico fueron la solidaridad con los “presos revolucionarios”, exigiendo su liberación y denunciando la gestión y los abusos en la Cárcel Modelo; la crítica del colaboracionismo y de la politización de la FAI; la denuncia de la desastrosa política de guerra del gobierno Negrín-Prieto y del predominio estalinista en el ejército y el Estado. Lanzó saludos de confraternización con las Juventudes Libertarias y la Agrupación de Los Amigos de Durruti. Una característica indeleble de la publicación fueron sus constantes llamadas a “hacer la revolución” y al abandono de todos los cargos por parte de los comités superiores: “Que la Revolución no puede hacerse DESDE EL ESTADO, sino CONTRA EL ESTADO”. En el último número, fechado el 4 de diciembre de 1937, denunció las checas estalinistas y la brutal persecución de los cenetistas en la Cerdaña.

Mayo fue la derrota definitiva del proceso revolucionario iniciado en julio del 36. Pero no fue el fin del proceso contrarrevolucionario, ni tampoco el punto final del colaboracionismo confederal, que llegaría a sus últimas consecuencias con la firma del pacto CNT-UGT en marzo-abril de 1938 y la entrada en el gobierno estalinista de Negrín (aquí).

En 1938, los revolucionarios estaban ya bajo tierra, en la cárcel o en la clandestinidad más absoluta. No fue la dictadura de Franco, sino la República de Negrín quien acabó con la Revolución.

Texto compuesto a partir de la presentación del libro de Agustín Guillamón: LA GUERRA DEL PAN. HAMBRE Y VIOLENCIA EN LA BARCELONA REVOLUCIONARIA. DE DICIEMBRE DE 1936 A MAYO DE 1937. Aldarull/Dskntrl, Barcelona, Barcelona, 2014 (aquí) y de "Agustín Guillamón: ’El embrión de un ejército anarquista. La historia de los Comités de Defensa de la CNT’ " (aquí)


Cronología.

Agustín Guillamón

Charla en el Ateneu Cooperatiu LA BASE (20 febrero 2014) sobre: Los comités de defensa de la CNT en Barcelona, la situación revolucionaria de julio de 1936 y la Agrupación de Los Amigos de Durruti

26 de septiembre. Tres anarquistas entran en el gobierno de la Generalidad de Cataluña: Doménech, Fábregas y García Birlán.

1 de octubre de 1936 se produce la disolución del CCMA.

El balance real dejado por el CCMA en sus nueve semanas de existencia era desastroso para los revolucionarios:

1.- Se había pasado de unos comités locales revolucionarios, que ejercían todo el poder en la calle y las fábricas, a su disolución en beneficio exclusivo del pleno restablecimiento del poder de la Generalidad.

2.- Se había pasado de unas Milicias obreras de voluntarios revolucionarios a un ejército burgués de corte clásico, sometido al código de justicia militar monárquico, dirigido por la Generalidad

3.- Se había pasado de las expropiaciones y el control obrero de las fábricas a una economía centralizada, controlada y dirigida por la Generalidad.

El 9 y 12 de octubre se emiten decretos de supresión de los comités locales y su sustitución por ayuntamientos frentepopulistas. El 24 de octubre se emiten los decretos de militarización de las Milicias y el de Colectivizaciones y control obrero.

El retraso en la aplicación de los decretos, provocada por la sorda pero enconada resistencia de la militancia confederal, que aún estaba armada, hizo que el gobierno de la Generalidad se planteara como objetivo prioritario el desarme de la retaguardia, impulsando una campaña de propaganda contra los llamados “incontrolados”, que derivó hacia el objetivo secundario contenido en el repetitivo eslogan: “armas al frente”.

La fuerte resistencia de la base anarcosindicalista a la militarización de las milicias, al control de la economía y de las empresas colectivizadas por la Generalidad, al desarme de la retaguardia y a la disolución de los comités locales se manifestó en un retraso de varios meses al cumplimiento real de los decretos del gobierno de la Generalidad sobre todos estos temas. Resistencia que, en la primavera de 1937, cristalizó en un gran malestar, al que se sumó el descontento por la marcha de la guerra, la inflación y la penuria de productos de primera necesidad, para desembocar entonces en una crítica generalizada de la militancia cenetista de base a la participación de los comités superiores de la CNT-FAI en el gobierno, y a la política antifascista y colaboracionista de sus dirigentes, a quienes se acusaba de la pérdida de “las conquistas revolucionarias del 19 de julio”.

En la ciudad de Barcelona el decreto de disolución de los comités locales afectaba teóricamente a los comités revolucionarios de barriada, aunque en la práctica continuaron funcionando como siempre. Aún eran demasiado fuertes y, además, estaban armados.

4 de noviembre de 1936. Cuatro ministros anarquistas en el gobierno de la República: García Oliver, Federica Montseny, Joan Peiró y Juan López. La posición de Durruti se expresa en un discurso radiofónico, de gran impacto entre los obreros barceloneses, en el que se opone al decreto de militarización de las Milicias Populares, amenaza con BAJAR A BARCELONA para frenar los avances contrarrevolucionarios de la burguesía e imponer en los mandamases de retaguardia la disciplina que se exige en el frente, critica la burocratización de la CNT, y aboga por un mayor compromiso y sacrificio de la retaguardia para ganar la guerra. Discurso radiofónico reproducido en Solidaridad Obrera (6-11-1936, aquí). En ese número de la "Soli" se atribuyen a Durruti estas palabras: "Si esa militarización decretada por la Generalidad es para meternos miedo y para imponernos una disciplina de hierro, se han equivocado, e invitamos a los que han confeccionado el Decreto a que vayan al frente [...] y luego vendremos nosotros a comparar aquella con la moral y la disciplina de la retaguardia. Estad tranquilos. En el frente no hay ningún caos, ninguna indisciplina."

Al día siguiente (5 de noviembre) se convoca una reunión del Consejo de la Generalidad, ampliada a todas las organizaciones antifascistas, en la que se acusa veladamente a Durruti de INCONTROLADO que encarna una creciente y generalizada oposición a la militarización, la disolución de los comités, la desnaturalización de las colectivizaciones y el control de la economía por la Generalidad. Todos los reunidos, incluidos los cenetistas, acuerdan colaborar para conseguir que se cumplan los decretos de la Generalidad, y que no queden en papel mojado.

6 de noviembre. El gobierno de la República (con los cuatro nuevos ministros anarcosindicalistas recién incorporados) huye de Madrid y se establece en Valencia. El pueblo de Madrid responde con el grito de "¡Viva Madrid sin gobierno¡"

20 de noviembre de 1936. Muerte de Durruti en el frente de Madrid.

Finales de noviembre de 1936: El CR de la CNT señala a los comités de barrio, que se oponen a entregar las armas, como “a sus peores enemigos”. Los sindicatos deciden hibernar los comités de defensa, porque ya existen las patrullas de control, que eran la policía creada por el CCMA en las que los cenetistas cuentan con un 50 por ciento de efectivos.

6 de diciembre. Balius publica en Solidaridad Obrera un artículo titulado "El testamento de Durruti" en el que dice: "Durruti afirmó rotundamente que los anarquistas exigimos que la Revolución tenga un carácter totalitario".

16 de diciembre de 1936. El POUM es excluido del gobierno de la Generalidad. Nin y Fábregas salen del gobierno. Fábregas, cenetista, había sido el Consejero de Economía que había impulsado el Decreto de Colectivizaciones.

Enero de 1937. Josep Tarradellas emite 58 decretos de carácter financiero y tributario, conocidos como Decretos de S’Agaró, mediante los cuales domina todos los ayuntamientos de Cataluña (y los comités locales que se resisten a formar esos ayuntamientos frentepopulistas) y somete a todas las empresas colectivizadas al control del gobierno de la Generalidad.

26 de enero de 1937. Balius es nombrado director de La Noche.

5 al 8 de febrero de 1937. Asamblea plenaria de las columnas confederales y anarquistas, reunida en Valencia para tratar el tema de la militarización, que finalmente es aceptada.

A finales de febrero Pablo Ruiz abandona la 4 Agrupación de Gelsa de la Columna Durruti, bajando a Barcelona con 800 hombres armados.

2 de marzo de 1937. El diario La Noche publica una nota en la que se hace una presentación de los objetivos, características y forma de asociarse a la Agrupación de Los Amigos de Durruti.

4 de marzo de 1937. La Generalidad publica el decreto de disolución de las Patrullas de Control y de creación de un Cuerpo único de Seguridad, formado por los guardias de asalto y la guardia civil. Aunque la disolución de las patrullas no fue efectiva hasta junio del 37, ante esta clara amenaza los sindicatos deciden rearmar y reorganizar los comités de defensa.

17 de marzo de 1937. Constitución formal de la Agrupación de Los Amigos de Durruti. Balius es nombrado vicesecretario. Ruiz y Carreño son miembros de la junta directiva.

Los Amigos de Durruti fueron una numerosa agrupación anarquista, fundada en marzo de 1937, que podríamos caracterizar como una rama más del movimiento libertario, muy parecida a lo que era en aquel momento “Mujeres Libres”. Sus miembros eran milicianos de la Columna Durruti opuestos a la militarización, y/o anarquistas, críticos respecto a la entrada de la CNT en el gobierno republicano y el de la Generalidad.

La importancia histórica y política de la Agrupación de Los Amigos de Durruti radica en su intento, surgido (en 1937) del propio seno del movimiento libertario, de constituir una vanguardia revolucionaria, que pusiera fin al abandono de los principios revolucionarios, y al colaboracionismo con el Estado capitalista; de forma que la CNT defendiera y profundizara las "conquistas" de julio de 1936, en lugar de cederlas poco a poco a la burguesía.

8 de abril. Balius publica en Ideas un artículo titulado "Hagamos la revolución" en el que dice: "si [Companys] tuviese a su disposición un contingente crecido de fuerzas armadas, amarraría de nuevo a la clase trabajadora al dogal capitalista."

El domingo, 11 de abril, en el mitin de la plaza de toros La Monumental, se vieron pancartas que exigían la libertad de los numerosos presos antifascistas, en su mayoría cenetistas. Federica Montseny fue abucheada y silbada. Los gritos favorables a la libertad de los presos arreciaron, una y otra vez. Los comités superiores culpabilizaron del “sabotaje” a la Agrupación de Los Amigos de Durruti. Federica, muy molesta, amenazó con no volver a dar un mitin en Barcelona.

El lunes, 12 de abril de 1937, se desarrolló, en la Casa CNT-FAI, una sesión del pleno local de Grupos Anarquistas de Barcelona, con asistencia de los grupos de Defensa confederal y de las Juventudes libertarias que acordó retirar a todos los cenetistas de cualquier cargo en los estamentos antifascistas gubernativos, ir a la formación de un Comité revolucionario para la coordinación de la lucha armada y socializar inmediatamente la industria, el comercio y la agricultura.

Esta reunión se le había escapado de las manos a la burocracia. En ese Pleno habían intervenido los Comités de Defensa de Barcelona, o lo que es lo mismo, la delegación de los comités revolucionarios de barriada, y también las Juventudes Libertarias, radicalizando, sin duda, los acuerdos tomados.

Y esa FAI de Barcelona, junto a las secciones de defensa de los comités revolucionarios de barrio y las Juventudes Libertarias, pese al escándalo y la histérica oposición de algunos burócratas presentes, como Toryho, había decidido terminar con el colaboracionismo, retirar a los consejeros (ministros) anarquistas del gobierno de la Generalidad y constituir un Comité revolucionario que dirigiese la guerra contra el fascismo. Era un paso decisivo hacia la insurrección revolucionaria, que estalló el 3 de mayo.

En esa reunión había particpado Pablo Ruiz, uno de los fundadores de Los Amigos de Durruti, y Santana Calero que se afilió a Los Amigos de Durruti después de los Hechos de Mayo

Esta radicalización era fruto de una situación cada vez más insostenible en la calle. El 14 de abril, una manifestación de mujeres, que esta vez no estaba manipulada por el PSUC, partió de La Torrassa para recorrer los distintos mercados de Collblanc, Sants y Hostafrancs, protestando por el precio del pan y de los productos alimenticios. Las manifestaciones y protestas se extendieron a casi todos los mercados de la ciudad. En días posteriores se reprodujeron, con menor virulencia, tumultos y manifestaciones en diverso mercados. Algunas tiendas y panaderías fueron asaltadas. El hambre de los barrios obreros de Barcelona había salido a la calle para manifestar su indignación y exigir soluciones.

Ese mismo día se distribuyó un Manifiesto de Los Amigos de Durruti contra la celebración del aniversario de la proclamación de la República.

18 de abril de 1937 (domingo). Mitin de Los amigos de Durruti en el Teatro Poliorama, presidido por Romero, en el que intervinieron Francisco Pellicer, Pablo Ruiz, Jaime Balius, Francisco Carreño y Vicente Pérez "Combina".

25 de abril de 1937. Asesinato del dirigente ugetista Roldán Cortada en Molins de LLobregat.

27 de abril de 1937. Enfrentamiento armado en Bellver de Cerdaña entre anarquistas y fuerzas de la Generalidad. Muerte a tiros de Antonio Martín, alcalde anarquista de Puigcerdá, que en los 20 había sido miembro del grupo Los Solidarios.

Finales de abril. La Agrupación, encoló un cartel en árboles y muros por toda la ciudad de Barcelona, en el que Los Amigos de Durruti difunden su programa: "Todo el poder a la clase trabajadora. Todo el poder económico a los sindicatos. Frente a la Generalidad, la Junta Revolucionaria."

En esos carteles, que propugnaban ya, ANTES DE LOS HECHOS DE MAYO, la necesidad de SUSTITUIR al gobierno burgués de la Generalidad de Cataluña por una Junta Revolucionaria, se decía lo siguiente (aquí):

"Agrupación de Los Amigos de Durruti. A la clase trabajadora:

1.- Constitución inmediata de una Junta Revolucionaria integrada por obreros de la ciudad, del campo y por combatientes.
2.- Salario familiar. Carta de racionamiento. Dirección de la economía y control de la distribución por los sindicatos.
3.- Liquidación de la contrarrevolución.
4.- Creación de un ejército revolucionario.
5.- Control absoluto del orden público por la clase trabajadora.
6.- Oposición firme a todo armisticio.
7.- Una justicia proletaria.
8.- Abolición de los canjes de personalidades.

Atención trabajadores: nuestra agrupación se opone a que la contrarrevolución siga avanzando. Los decretos de orden público, patrocinados por Aiguadé no serán implantados. Exigimos la libertad de Maroto y otros camaradas detenidos.
Todo el poder a la clase trabajadora. Todo el poder económico a los sindicatos. Frente a la Generalidad, la Junta Revolucionaria
."

El cartel de abril del 37 anticipa y explica la octavilla lanzada durante las jornadas de mayo, y abraza muchos de los temas y preocupaciones tratados por Balius en los artículos publicados en Solidaridad Obrera, La Noche e Ideas (sobre la justicia revolucionaria, el canje de prisioneros, la necesidad de que la retaguardia viva para la guerra, etcétera). Se plantea por primera vez la necesidad de una Junta Revolucionaria que sustituya al gobierno burgués de la Generalidad. Esa Junta Revolucionaria era definida como un gobierno revolucionario formado por obreros, campesinos y milicianos.

Pero lo más importante es la expresión conjunta de las tres consignas finales. La sustitución del gobierno burgués de la Generalidad por una Junta Revolucionaria, aparece junto a la consigna de "Todo el poder para la clase trabajadora" y "Todo el poder económico a los sindicatos".

2 de mayo de 1937 (domingo). Mitin de Los Amigos de Durruti en el Teatro Goya, en el que se proyectó el film "19 de julio", glosado por Jaime Balius, y en el que intervinieron además "Liberto Callejas" y Francisco Carreño. Militantes de la CNT interrumpen una conversación telefónica entre Companys y Azaña.

El lunes, 3 de mayo de 1937, hacia las tres de la tarde, Rodríguez Salas pretendió tomar posesión del edificio de la Telefónica. Los militantes cenetistas de los pisos inferiores, tomados por sorpresa, se dejaron desarmar; pero en los pisos superiores se organizó una dura resistencia, gracias a una ametralladora instalada estratégicamente. La noticia se propagó rápidamente. EN MENOS DE DOS HORAS se levantaron barricadas en toda la ciudad. No debe hablarse de una reacción espontánea de la clase obrera barcelonesa, porque la huelga general, los enfrentamientos armados con las fuerzas de policía y las barricadas fueron fruto de la iniciativa tomada por los comités de defensa, rápidamente secundada gracias a la existencia de un enorme descontento generalizado, las crecientes dificultades económicas en la vida cotidiana causadas por la carestía de vida, las colas y el racionamiento. La lucha callejera fue impulsada y realizada desde los comités de defensa de los barrios, SIN QUE MEDIARA ORDEN ALGUNA DE LOS COMITÉS SUPERIORES, que habían sido desbordados.

Los Amigos de Durruti no iniciaron la insurrección, pero fueron los combatientes más activos en las barricadas, dominando todas la calle Hospital desde Las ramblas hasta LOS ESCOLAPIOS y el Paralelo..

Los trabajadores confederales, desorientados por el llamamiento de sus dirigentes ¡los mismos del 19 de julio! optaron, al fin, por abandonar la lucha, aunque al principio se habían burlado de los llamamientos de la dirección de la CNT a la concordia y al abandono de la lucha, en aras de la unidad antifascista.

4 de mayo de 1937 (martes). El tiroteo ha durado toda la noche.

Numerosas barricadas y violentos enfrentamientos en toda la ciudad. En el barrio de Sants son desarmados 400 guardias. Companys pide al gobierno de Valencia aviones para el bombardeo de los edificios y cuarteles de la CNT. La artillería de Montjuic y el Tibidabo, controlada por la CNT, apunta al Palacio de la Generalidad. "Abad de Santillán", Isgleas y Molina consiguen detener en Lérida a las divisiones mandadas por el cenetista Máximo Franco (miembro de Los Amigos de Durruti) y José Rovira (del POUM), que pretendían "bajar a Barcelona". A las siete de la tarde, en el Principal Palace de Las Ramblas, incautado por el POUM, se reunieron Jaime Balius, Pablo Ruiz, Eleuterio Roig y Félix Martí, en representación de Los Amigos de Durruti, con "Julián Gorkin", Andrés Nin y Juan Andrade, como representantes del Comité ejecutivo del POUM. Tras analizar la situación, y dada la posición adoptada por la CNT, llegaron al acuerdo de proponer una retirada ordenada y armada de los combatientes en las barricadas. A las nueve de la noche la emisora de radio de la Generalidad emite el llamamiento de los líderes de distintas organizaciones (García Oliver por la CNT) para que cesen los combates. García Oliver emite por radio el discurso DEL BESO. Se hace público un manifiesto del CE del POUM. La Sección bolchevique-leninista lanza una octavilla. La noche del 4 al 5 la Agrupación de Los Amigos de Durruti redacta e imprime una octavilla.

5 de mayo de 1937 (miércoles). Los Amigos de Durruti distribuyeron en las barricadas la conocida octavilla que les dio fama, cuyo texto decía así (aquí):

"CNT-FAI". Agrupación "Los Amigos de Durruti".
¡TRABAJADORES! Una Junta revolucionaria. Fusilamiento de los culpables. Desarme de todos los Cuerpos armados. Socialización de la economía. Disolución de los Partidos políticos que hayan agredido a la clase trabajadora. No cedamos la calle. La revolución ante todo. Saludamos a nuestros camaradas del POUM que han confraternizado en la calle con nosotros. ¡VIVA LA REVOLUCIÓN SOCIAL, ABAJO LA CONTRARREVOLUCIÓN!"

Esta octavilla fue confeccionada la noche del cuatro al cinco de mayo bajo amenaza armada, en una imprenta del barrio chino. La improvisación y la falta de infraestructura de la Agrupación eran evidentes. El texto fue redactado tras la reunión con la Ejecutiva del POUM, celebrada a las siete de la tarde del día cuatro, cuando entre la Agrupación y el POUM se había acordado ya una postura defensiva de retirada, sin abandono de las armas, y con la exigencia de pedir garantías contra la represión. La octavilla, aprobada por el POUM, y reproducida en el número 235 (del 6 de mayo) de La Batalla, no tenía tras de sí ningún plan de acción, no era más que una declaración de intenciones y un llamamiento a la espontaneidad de las masas confedérales para que perseverara en su acción ante los avances de la contrarrevolución. Todo estaba condicionado en realidad a la decisión que tomara la dirección cenetista.

Según afirmaciones del propio Balius, en su correspondencia con Bolloten, la distribución de la octavilla en las barricadas, costó la vida de varios militantes de la Agrupación (aquí]).

Ese mismo día 5 se mantuvo una entrevista entre el Comité Local de Barcelona del POUM y Los Amigos de Durruti, que los poumistas calificaron como negativa, porque
"Ellos [Los Amigos de Durruti] no quieren intervenir directamente dentro de los medios confedérales para desplazar la dirección, nada más quieren influenciar el movimiento sin ninguna más responsabilidad"

En la octavilla, lanzada el día 5 de mayo, Los Amigos de Durruti propusieron una acción común POUM-CNT-FAI. Como objetivo inmediato para dirigir la revolución propugnaron la formación de una Junta Revolucionaria. PERO UNA VEZ LANZADA LA CONSIGNA NO HICIERON NADA POR LLEVARLA A LA PRACTICA. Eran gente de barricada, más que organizadores. La propuesta de acción común CNT-FAI-POUM no pasó de ser un saludo a los militantes de otras organizaciones, que combatieron codo a codo con ellos en las barricadas. Nunca se pasó de la letra de la octavilla a un acuerdo concreto. No hicieron prácticamente nada para desbordar a la dirección cenetista y arrebatarle el control de la masa confederal, que desoyó en repetidas ocasiones las órdenes de abandonar la lucha en las calles ... La Agrupación de Los Amigos de Durruti no fue en ningún momento un obstáculo serio para la política de unidad antifascista de la CNT. Fueron, como mucho, una oposición crítica a la dirección cenetista y faista, y sobre todo la conciencia, molesta e incordiante, de que la política de colaboración con el aparato estatal traicionaba los principios y la ideología anarcosindicalista (aquí).

La CNT desautoriza por radio a la Agrupación de Los Amigos de Durruti. Se combate sólo en el centro; el resto de la ciudad está en manos de los Comités de Defensa confederales. A la 1 de la tarde el ugetista Sesé, recién nombrado consejero de la Generalidad, cae muerto a causa del tiroteo procedente del Sindicato de Espectáculos de la CNT. A las tres de la tarde la emisora de radio de la Generalidad emite un nuevo llamamiento a la paz de los líderes de distintas organizaciones (Federica Montseny por la CNT). Muerte de Domingo Ascaso. Berneri y Barbieri son detenidos por guardias y militantes ugetistas del Sindicato del Agua. Sus cadáveres aparecieron al día siguiente en la calle, cerca del Palacio de la Generalidad, con señales evidentes de que habían sido torturados.

6 de mayo (jueves). La Batalla reproduce la octavilla de Los Amigos de Durruti. En ese mismo número La Batalla hace un llamamiento para la retirada de los trabajadores. Solidaridad Obrera desautoriza la octavilla de Los Amigos de Durruti.

7 de mayo (viernes). La Batalla repite su llamamiento, condicionado a la retirada de la fuerza pública y a la conservación de las armas. Se reanudan los transportes y se produce cierta normalización. Hacia las nueve de la tarde llegan a Barcelona los guardias de asalto, enviados por el gobierno de Valencia. Companys cede el control del orden público. Las Patrullas de Control se ponen a las órdenes del delegado especial de Orden Público enviado por el gobierno de la República.

8 de mayo de 1937 (sábado). Se deshacen las barricadas, excepto las del PSUC, que permanecen hasta junio. Los Amigos de Durruti distribuyen un Manifiesto que hace un balance de las Jornadas de Mayo. En el Manifiesto se habla de "la traición" de los dirigentes de la CNT.

9 de mayo (domingo). Solidaridad Obrera califica el Manifiesto de demagógico y a los miembros de la Agrupación de provocadores.

17 de mayo. Negrín sustituye a Largo Caballero en la Presidencia del gobierno. El Comité Regional de la UGT de Cataluña exige la expulsión de su seno de todos los militantes del POUM, y apremia a la CNT para que haga lo mismo con Los Amigos de Durruti.

19 de mayo. Aparece el número 1 de El Amigo del Pueblo, con grandes espacios en blanco a causa de la censura. (Guillamon: "Desde un punto de vista teórico, el papel de Los Amigos de Durruti fue mucho más destacado después de las Jornadas de Mayo, cuando iniciaron la publicación de su órgano, que tomó el nombre del periódico publicado por Marat durante la Revolución Francesa: El Amigo del Pueblo." (aquí))

22 de mayo. Reunión del Pleno de las Federaciones locales y comarcales de la CNT en la que se propone la expulsión de Los Amigos de Durruti. Sesión del Ayuntamiento de Sabadell en la que se acuerda el cese del concejal (y delegado comarcal de Economía de la Generalidad) Bruno Lladó Roca, por haber colgado en su despacho un cartel de Los Amigos de Durruti.

26 de mayo. Aparece, sin previo paso por censura, el número 2 de El Amigo del Pueblo. Balius fue encarcelado, días después, como director de una publicación clandestina, previa denuncia del PSUC.

28 de mayo. Se clausura La Batalla y la emisora de radio del POUM. Clausura de la sede social de Los Amigos de Durruti en Las Ramblas. Nota en la primera página de Solidaridad Obrera exigiendo la expulsión de la Agrupación de Los Amigos de Durruti.

6 de junio. Disolución de las Patrullas de Control.

12 de junio 1937. El Amigo del Pueblo número 3.

16 de junio. Detención de los miembros del CE del POUM. Ilegalización del POUM y persecución de sus militantes.

22 de junio 1937. El Amigo del Pueblo número 4.

22 al 24 de junio de 1937. Secuestro y asesinato de Andrés Nin, secretario del POUM, por la policía secreta soviética.

2 de julio. Octavilla de la Sección bolchevique-leninista de España (por la IV Internacional) que se solidariza con los militantes del POUM, perseguidos por el estalinismo.

20 de julio 1937. El Amigo del Pueblo número 5.

10 de agosto 1937. El gobierno disuelve por la fuerza el Consejo de Aragón.

12 de agosto 1937. El Amigo del Pueblo número 6.

31 de agosto 1937. El Amigo del Pueblo número 7.

20 de septiembre. Fuerzas de orden público y de los estalinistas asaltan con bombas, ametralladoras y tanques el edificio de Los Escolapios, sede del Sindicato de Alimentación y del Comité revolucionario del Barrio del Centro, el último que quedaba por ocupar. Los comités de defensa pasan a la clandestinidad.

21 setiembre 1937. El Amigo del Pueblo número 8.

20 de octubre 1937. El Amigo del Pueblo número 9.

23 de octubre de 1937. Aparece el número 1 de Alerta, órgano de los clandestinos comités de defensa. Denuncian las torturas estalinistas en las cáceles de los presos cenetistas, la desaparición de la CNT en comarcas como Cerdaña y Tierras del Ebro. La burocratización de los comités superiores, y repiten una y otras bvez que la revolución NO se hace desde el Estado, sino contra el Estado. Se publicará siete números hasta el 4 de diciembre de 1937.

30 de octubre al 1 de noviembre. Congreso de la Union Anarchiste en la que los disidentes Mercier-Vega, Carpentier, Feuillade y Guyard se enfrentan a una mayoría que expresa su solidaridad total con los anarquistas españoles favorables al colaboracionismo con el gobierno burgués.

8 de noviembre 1937. El Amigo del Pueblo número 10.

20 de noviembre 1937. El Amigo del Pueblo número 11.

enero de 1938. Se publica Hacia una nueva revolución, folleto redactado por Balius, y editado por Los Amigos de Durruti.

1 de febrero de 1938. El Amigo del Pueblo número 12.

febrero de 1939. Révision nº 1. Nueva revista teórica anarquista dirigida por Mercier-Vega y Feuillade.

abril de 1939. Révision nº 3. En un estudio sobre el Estado se expone el programa de Los Amigos de Durruti. En la contraportada se anuncia una conferencia de "Ridel" (Mercier-Vega) sobre "La posición y el programa de Los Amigos de Durruti".

junio-julio 1939. Solidarity. El órgano de la Anti-Parlamentary Comunnist Federation, publica "The Friends of Durruti accuse", firmado por el Grupo franco-español de Los Amigos de Durruti.

1 de agosto de 1939. Révision nº 6. Tras un año de no publicarse aparece de nuevo la revista, bajo el subtítulo "Courier des Camps" ("Correo de los campos de concentración"). Aparecen varios artículos y comunicados firmados por "El Grupo franco-español de Los Amigos de Durruti".

julio a septiembre de 1939. L’Espagne nouvelle, subtitulado "L’Espagne indomptée", números 67-69. Publicación en francés de dos artículos de Jaime Balius, y de otros artículos firmados por "A.P." (André Prudhommeaux), "Ridel", Hem Day y Ernestan.

En 1938, los Comités de Defensa, al igual que todos los revolucionarios estaban ya bajo tierra, en la cárcel o en la clandestinidad más absoluta. No fue la dictadura de Franco, sino la República de Negrín quien acabó con la Revolución.

6.- Las principales aportaciones teóricas de la Agrupación al pensamiento anarquista pueden resumirse en estos puntos:

1.- La necesidad de un programa revolucionario, claro y preciso, defendido por los fusiles. Todo el poder económico es gestionado por los sindicatos.

2.- Las revoluciones son totalitarias o fracasan. Totalitaria significa que abarca todos los campos: político, social, económico, cultural. Y también señala la necesaria represión violenta de la contrarrevolución burguesa y la necesidad de una dirección revolucionaria.

3.- La sustitución del gobierno de la Generalidad por una Junta Revolucionaria, que es entendida como un organismo revolucionario unitario de la clase obrera, opuesto a la colaboración de clases, sin participación de la burguesía ni de los estalinistas, y al margen de las estructuras estatales.

El tradicional apoliticismo anarquista hizo que la CNT careciera de una teoría de la revolución. Sin teoría no hay revolución, y no tomar el poder significó dejarlo en manos del Estado capitalista. Para la Agrupación el CCMA fue un órgano de colaboración de clases, y sólo sirvió para apuntalar y fortalecer al Estado burgués, que no se quiso ni se supo destruir. De ahí la necesidad, propugnada por Los Amigos de Durruti, de constituir una Junta Revolucionaria, capaz de coordinar, centralizar y fortalecer el poder de los múltiples comités obreros, locales, de defensa, de empresa, milicianos, etcétera, que fueron los únicos detentadores del poder entre el 19 de julio y el 26 de setiembre. Un poder atomizado en múltiples comités, que detentaban localmente todo el poder, pero que al no federarse, centralizarse y fortalecerse entre sí, fueron canalizados, debilitados y transformados por el CCMA en ayuntamientos frentepopulistas, direcciones de empresas sindicalizadas y batallones de un ejército republicano. Sin la destrucción total del Estado capitalista, las jornadas revolucionarias de julio del 36 no podían dar paso a una nueva estructura de poder obrero. La degeneración y el fracaso final del proceso revolucionario eran inevitables. Sin embargo el enfrentamiento, entre el anarquismo de Estado y reformista de la CNT-FAI y el anarquismo revolucionario de Los Amigos de Durruti, no fue lo bastante preciso y contundente como para provocar una escisión que clarificara las posiciones antagónicas de ambos.

CONCLUSIONES

1.- En julio de 1936, la cuestión esencial no era la toma del poder (por una minoría de dirigentes anarquistas), sino la de coordinar, impulsar y profundizar la destrucción del Estado por los comités.

Los comités revolucionarios de barriada (y algunos de los comités locales) no hacían o dejaban de hacer la revolución: eran la revolución social.

La destrucción del Estado por los comités revolucionarios era una tarea muy concreta y real, en la que esos comités asumían todas las tareas que el Estado desempeñaba antes de julio de 1936. Y ESA ES LA GRAN LECCIÓN DE LA REVOLUCIÓN DEL 36: LA NECESIDAD DE DESTRUIR EL ESTADO-

2.- Durante la guerra civil, el proyecto político del anarquismo de Estado, constituido como un partido antifascista más, utilizando métodos de colaboración de clases y de participación gubernamental, organizado burocráticamente con el objetivo principal de ganar la guerra al fascismo, fracasó estrepitosamente en todos los terrenos; pero el movimiento social del anarquismo revolucionario, organizado en comités revolucionarios de barrio, locales, de control obrero, de defensa, etcétera, constituyó los embriones de un poder obrero que alcanzó cotas de gestión económica, de iniciativas populares revolucionarias y de autonomía proletaria, que aún hoy iluminan y anuncian un futuro radicalmente diferente a la barbarie capitalista, el horror fascista o la esclavitud estalinista.

Y aunque ese anarquismo revolucionario sucumbió finalmente a la represión coordinada y cómplice del Estado, de la burguesía, de los estalinistas y de los comités superiores, nos legó el ejemplo, la reflexión y el combate de algunas minorías, como Los Amigos de Durruti, las JJLL de Cataluña y determinados grupos anarquistas de la Federación Local de Barcelona, que nos permiten teorizar hoy sus experiencias, aprender de sus errores y reivindicar su lucha y su historia.

Charla en el Ateneu Cooperatiu LA BASE (20 de febrero de 2014)

Es muy interesante, por su carácter desmitificador, el comentario de Andrade sobre Los amigos de Durruti:

"[...] establecimos relación con "Los Amigos de Durruti", grupo del que hay que decir que no representaba nada efectivo, era un núcleo de peso mínimo que no pretendía hacer más que una oposición en el seno de la FAI, y que en manera alguna estaba dispuesto a una acción concertada con "marxistas autoritarios" como nosotros. Hago esta aclaración porque después de ha pretendido presentar a "Los Amigos de Durruti" como una organización poderosamente representativa, expresión de la conciencia revolucionaria de la CNT-FAI. En realidad no eran nada en el plano orgánico y eran un monumento de confusión en el terreno ideológico; no tenían una idea muy precisa de lo que deseaban y lo que querían eran palabras ultrarrevolucionarias sin ningún efecto político y siempre que no supusieran ningún compromiso en la acción y no rebasasen la disciplina de la FAI. Nosotros hicimos todos los esfuerzos posibles, a pesar de todo, para concertar un acuerdo ante la situación, creo que únicamente llegamos a suscribir juntos uno o dos manifiestos invitando a la resistencia, porque ellos no admitían más. Después el grupo desapareció totalmente y no tuvo ninguna expresión pública."

+ Info:

La agrupación de Los Amigos de Durruti. Agustin Guillamon


Entrevista a Agustí Guillamón. Historiador de la revolució proletària del 36 a Barcelona

(...)

Per a què serveix la història?

Conèixer, divulgar i aprofundir en el coneixement de la història revolucionària, negant les fal·làcies i deformacions esculpides o escopides per la “sagrada” historiografia burgesa. Al desvetllar l’autèntica història de la lluita de classes, escrita des del punt de vista del proletariat revolucionari, és ja, en si mateix, un combat per la història, per la història revolucionària. Combat que forma part de les lluites de classes, com qualsevol vaga salvatge, l’ocupació de fàbriques, una insurrecció revolucionària, “La conquesta del pa” o “El Capital”. La classe obrera, per apropiar del seu passat, ha de combatre les visions socialdemòcrates, neoestalinistas, catalanistes, liberals i neofranquistes. El combat proletari per conèixer la seva pròpia història és un combat, entre molts més, de la guerra de classes en curs. No és purament teòric, ni abstracte o banal, perquè forma part de la pròpia consciència de classe, i es defineix com teorització de les experiències històriques del proletariat internacional, ia Espanya ha de comprendre, assimilar i apropiar, inexcusablement, les experiències del moviment anarcosindicalista en els anys trenta.

Quines lliçons es poden extreure de la Guerra Civil?

L’Estat capitalista, tant en la seva modalitat feixista com en la modalitat democràtica, ha de ser destruït. El proletariat no pot pactar amb la burgesia republicana (o democràtica) per derrotar la burgesia feixista, perquè aquest pacte suposa ja la derrota de l’alternativa revolucionària, i la renúncia al programa revolucionari del proletariat (i als mètodes de lluita que li són propis ), per adoptar el programa d’unitat antifeixista amb la burgesia democràtica, en nom de guanyar la guerra al feixisme.

Quines funcions tenien els Comitès de defensa? Com van perdre el poder? Què esdeven Els comitès de defensa Després de la contrarrevolució del maig del 37?

La resposta a aquestes preguntes seria massa extensa. És el tema que desenvolupo en el meu llibre “Els comitès de defensa de la CNT a Barcelona”. La seva principal limitació va ser la seva incapacitat d’organitzar i coordinar al marge de l’aparell confederal. Els comitès superiors ofegar política i orgànicament als comitès revolucionaris, que es van convertir en els seus pitjors enemics i en el major obstacle al seu anhelada i necessària integració en l’aparell de l’Estat burgès, com a meta final del seu procés d’institucionalització.

Quina relació i diferències entre els comitès de defensa i els grups d’afinitat i d’acció anarquistes?

Els Comitès de defensa podien definir-se com l’exèrcit clandestí de la revolució, sumit plena i seriosament en tasques d’informació, armament, entrenament, estratègia i preparació de la insurrecció obrera. Eren un organisme dependent de la CNT, perquè eren els sindicats qui els finançaven i qui els nodrien amb els seus militants.

Els grups d’afinitat constituïen l’estructura organitzativa de la FAI. Eren fonamentalment un grup d’amics i / o militants, units per una afinitat ideològica, que assumien tasques, postulats i tàctiques comuns al grup. La Federació Anarquista Ibèrica (FAI) no era més que una plataforma comuna, o coordinadora, de grups d’afinitat, que sovint discrepaven del Comitè Peninsular o Regional.

Els grups d’acció, en els anys del pistolerisme (1917-1923), es van constituir com a grups d’autodefensa dels sindicalistes i de l’organització, perquè l’únic deure, davant el brutal terrorisme de l’Estat, la militarització del sometent i el finançament de els pistolers del Sindicat Lliure per la patronal catalana, era el de la pròpia supervivència del militant cenetista, per evitar la desaparició de la CNT a causa de l’assassinat dels seus membres i la consegüent desafiliació massiva.

Hi va haver revolució al 1936? El pacte de la CNT amb la Generalitat fou la fi de la possibilitat de revolució?

El juliol de 1936, a Barcelona, hi va haver una situació revolucionària. Però, per primera vegada en la història, una insurrecció obrera revolucionària victoriosa no va prendre el poder, deixant intacte l’aparell estatal burgès. La CNT-FAI, que era l’organització obrera dominant a Barcelona i Catalunya, no tenia una teoria revolucionària adequada i es va decidir per la col·laboració amb la resta d’organitzacions antifeixistes i la participació en les tasques governamentals del govern autonòmic de la Generalitat. No hi havia altre objectiu que el de guanyar la guerra al feixisme. Els líders renunciaven a la revolució en el mateix moment en què els comitès revolucionaris de barri (a Barcelona) i locals (a tot Catalunya), els comitès de fàbrica, els comitès de les barricades, els comitès de proveïments i de tot tipus, s’expropiaven les propietats de la burgesia, de l’Església i estatals, en absència d’unes forces d’ordre públic aquarterades (tot esperant temps favorables a la contrarevolució).

Per què les Barricades del juliol 36 varen funcionar i les del maig del 37 contra els estalinistes no varen funcionar?

La diferència entre les insurreccions de juliol de 1936 i maig de 1937 és que els revolucionaris, al juliol, estaven desarmats, però tenien un objectiu polític precís: la derrota de l’aixecament militar i del feixisme, mentre que al maig, tot i un armament superior que al juliol, estaven desarmats políticament. Les masses obreres van iniciar una insurrecció contra l’estalinisme i el govern burgès de la Generalitat, tot i les seves organitzacions i sense els seus dirigents, però van ser incapaços de prosseguir el combat fins al final sense les seves organitzacions i contra els seus dirigents. Les barricades aixecades al juliol de 1936, encara seguien en peu mesos després, mentre les aixecades al maig de 1937 van desaparèixer immediatament, llevat de les poques que el PSUC va voler deixar com a testimoni de la seva força i de la seva victòria.

Què causà el Maig del 37?

Maig del 37 va ser sens dubte conseqüència del creixent descontentament davant l’augment de preus, la manca de proveïments, la lluita en el si de les empreses per la socialització de l’economia i el control obrer, l’escalada de la Generalitat per desarmar la rereguarda i aconseguir el control de l’ordre públic, etcètera, etcètera, va ser sobretot la necessària derrota armada del proletariat, que necessitava la contrarevolució per segellar definitivament tota amenaça revolucionària sobre les institucions burgeses i republicanes.

Quins són els principals tergiversadors i falsificadors de la guerra civil?

No importen tant els que tergiversen, com què tergiversa. A més els que tergiversen són els de sempre: neoestalinistes, socialdemòcrates, liberals, catalanistes i neofranqusitas, és a dir, la història sagrada de la burgesia.

Un exemple del que es tergiversa?

Per exemple, l’enfrontament entre la CNT i el PSUC. Va ser un conflicte polític, en el sentit grec del terme, és a dir, una lluita entre dues estratègies diferents en el proveïment de la “polis” barcelonina: la dels comitès de barri, que prioritzaven la distribució igualitària, eficient i suficient del pa i aliments bàsics, i la del PSUC, que anteposava l’enfortiment del poder del govern de la Generalitat a qualsevol altra consideració. I aquesta estratègia del PSUC imposava, abans que res, la liquidació dels comitès de barri i la imposició del mercat lliure. El mercat lliure significava el ple alliberament dels preus, i afavoria l’enriquiment dels petits comerciants, a costa de la fam popular. La justificació ideològica i teòrica del PSUC era que el mercat lliure, i la llibertat de preus, afavoririen l’arribada al mercat de productes que d’altra manera serien acaparats. El que va succeir, en la pràctica, va ser que aquest mercat lliure fomentar l’acaparament dels productes alimentaris, per especular amb l’alça de preus. El teoritzat mercat lliure es va transformar, ràpidament, en un mercat negre, i en la fam dels treballadors.

Els preus oficials dels aliments bàsics, que s’adquirien amb la cartilla de racionament, eren virtuals, perquè s’esgotaven immediatament i només podien adquirir al mercat negre. Les estadístiques no reflectien aquesta absència d’existències dels productes alimentaris bàsics regulats. Ni reflectien els preus del mercat negre, que no responien més que a la llei de la demanda. L’angoixa, la fam, les llargues cues de esgotadores hores d’incerta espera, i les expedicions als pobles agrícoles on proveir mitjançant la barata, la coacció, el saqueig o el robatori es van generalitzar a tota la població barcelonina des de la primavera de 1937.

Des de febrer de 1938 el problema de Abastos va ser militaritzat; militarització que va ser plena a partir d’agost de 1938, quan es van crear tres tipus de racionaments: combatents, rereguarda armada i població civil. Estalinistes i burgesos van intentar derrotar als revolucionaris mitjançant la fam.

Ens pots citar alguns noms dels falsificadors de la nostre historia

Miquel Mir de l’escola escombraria. Més que historiador és un novel·lista i un trampós que inventa, manipula i modifica documents. Està finançat pel Cercle Eqüestre, associació aristocràtica catalana de profundes conviccions franquistes. Intent fallit i desprestigiat de l’alta burgesia catalana per difamar als anarquistes, que el 1936 van atemorir als seus avantpassats.

Pío Moa, César Alcalà i altres de la mateixa corda, de l’escola neofranquista. Repeteixen les habituals fal·làcies franquistes i d’extrema dreta, amb l’objectiu de justificar i enaltir la sagnant massacre de la Dictadura de Franco

Gallego, Martín Ramos, i un extens etcètera de l’escola neoestalinista. Dominen des de fa anys, les universitats catalanes en un percentatge altíssim. Neguen dogmàticament l’existència d’una revolució social a la Barcelona de 1936, fins al punt que aquesta negació els defineix com a escola historiogràfica. Rebutgen, avui, l’infame apel·latiu de estalinistes i prefereixen considerar-se socialdemòcrates. Odien als anarquistes i són els principals promotors de la llegenda negra de l’anarquisme català, aquesta dels vampirs assedegats de sang … que van originar i propagar els santons fundadors del PSUC i els seus predecessors (Max Rieger, Ehrenburg, Stepanov, Perucho) en l’ofici de convertir les campanyes publicitàries en forjadores de realitat, al mateix temps que desencadenaven la repressió anticenetista de l’estiu de 1937, que va aconseguir que la CNT desaparegués en moltes comarques i que a les presons es comptaran milers de presos llibertaris. Pretenen ser objectius i científics, però són ferotges sectaris i els millors defensors del caduc sistema capitalista i de la corrupta democràcia burgesa. Publiquen a la revista i editorial L’Avenç i en El Viejo Topo. En aquesta llista d’universitaris trobaríem escasses, però notables excepcions: Izard, Muniesa, Pagès … i pocs més.

De l’escola neoliberal, n’hi han prestigiosos historiadors professionals com Viñas, o catalans marginats pels seus col·legues neoestalinistes, com Ucelay Da Cal. Son més intel·ligents i menys compromesos que els neofranquistes, i menys dogmàtics que els neoestalinistes. Estan destinats a succeir i substituir-los, si més no per superació generacional de la ja caduca divisió entre franquistes i antifranquistes.

Una de les alternatives a la col·laboració amb la Generalitat fou a “l’anar per tot” del Garcia Oliver, que ho expliques com una dictadura anarquista. Aquest anar paper tot, un no és tractava de fer la revolució? Acabar amb el poder de la burgesia imperant?

A la Casa CNT-FAI, que ocupava els dos edificis confiscats de Foment del Treball i de la Casa Cambó, es va sotmetre a l’aprovació formal d’un Ple Regional de Locals i Comarcals de Sindicats, convocat pel Comitè de la Confederació Regional del Treball de Catalunya, la proposta de Companys que la CNT participés en un CCMA. Després de l’informe inaugural de Marianet, José Xena, en representació de la comarcal del Baix Llobregat, va proposar la retirada dels delegats cenetistes del CCMA i marxar endavant amb la revolució per implantar el comunisme llibertari. Juan García Oliver va plantejar tot seguit el debat i la decisió a prendre com una elecció entre una “absurda” dictadura anarquista o la col·laboració amb les altres forces antifeixistes en el Comitè Central de Milícies per continuar la lluita contra el feixisme. D’aquesta manera García Oliver, conscientment o no, feia inviable davant el ple la confusa i ambigua opció d ‘”anar a pel tot”. Davant d’una intransigent “dictadura anarquista” va aparèixer més lògica, equilibrada i raonable la defensa que va fer Frederica Montseny dels principis àcrates contra tota dictadura, recolzada pels arguments d’Abad de Santillán del perill d’aïllament i d’intervenció estrangera. Va sorgir una tercera posició, defensada per Manuel Escorza, que propugnava l’ús del govern de la Generalitat com un instrument per socialitzar i col·lectivitzar, a l’espera de desfer-se’n quan deixés de ser útil a la CNT. El ple es va mostrar favorable a la col·laboració de la CNT amb la resta de forces antifeixistes en el Comitè Central de Milícies, amb el vot en contra de la comarcal del Baix Llobregat. La majoria d’assistents al Ple, entre els quals hi havia Durruti i Ortiz, van romandre callats, perquè pensaven com tants altres que la revolució havia ajornar fins a la presa de Saragossa, i la derrota del feixisme. Es passava, sense més consideracions ni filosofies, a consolidar i institucionalitzar el Comitè d’Enllaç entre CNT i Generalitat, anterior al 19 de juliol, transformat, aprofundit i ampliat en aquest CCMA que, mitjançant la unitat antifeixista de tots els partits i sindicats, havia imposar l’ordre a la rereguarda i organitzar i aprovisionar les milícies que havien d’enfrontar a Aragó amb els feixistes.

L’alternativa autènticament revolucionària no era el “anar a per el tot” de García Oliver, que no era altra cosa que la presa del poder per una minoria de dirigents anarcosindicalistes, sinó aquests comitès revolucionaris que al carrer estaven expropiant les fàbriques, enrolant i proveint als milicians, custodiant les barricades, gestionant la ciutat, formant patrulles de rereguarda … i en definitiva, substituint totes les funcions estatals i exercint, en la pràctica, tot el poder.

Quina és la figura de la revolució del 36 que et cau millor? Per què?

Els comitès revolucionaris dels barris barcelonins, perquè van ser els potencials òrgans de poder de la classe obrera.

Hi pot haver revolució sense violència?

Per als revolucionaris, la gran ensenyament de la revolució de 1936 va ser la necessitat ineludible de la destrucció de l’Estat. La violència no és una qüestió de voluntat o d’ètica, sinó de relació de forces entre les classes en lluita.

No pot entendre l’ordre públic sinó com violència institucional. L’Ordre Públic s’oposa i s’enfronta a la violència revolucionària. L’Estat defensa les institucions de la societat burgesa i posseeix el monopoli de la violència, que exerceix mitjançant les anomenades forces d’Ordre Públic, i que apareix com la “normalitat” de la societat capitalista. La violència revolucionària, que trenca aquest monopoli, és presentada com un fenomen excepcional, caòtic, arbitrari i anormal, és a dir, com alteració de la llei i l’ordre burgesos, i per tant com delinqüència.

L’aixecament militar va obrir la via violenta com a solució als conflictes socials i polítics. En una guerra els conflictes es resolen matant a l’enemic.

La situació excepcional de crisi institucional i revolució social, provocada per l’alçament militar i la guerra civil, van ser el fèrtil terreny on es van multiplicar els revolucionaris, difamats com “incontrolats”, que es van prendre la justícia pel seu compte. En una situació de fallida de totes les institucions i de buit de poder, els comitès revolucionaris, i també alguns especialitzats comitès d’investigació, es van atribuir les facultats de jutjar i executar l’enemic feixista, o fins i tot al sospitós de ser-ho, només per ser capellà , propietari, dretà, ric o desafecte. I les armes que empunyaven els van donar el poder i el “deure” d’exterminar aquest enemic. Perquè era l’hora de donar mort al feixisme, sense més alternativa que la de morir o matar, perquè s’estava en guerra amb els feixistes. Si ningú, mai, acusa un soldat de matar l’enemic, per què algú havia de ser acusat de matar l’enemic, emboscat en la rereguarda? En una guerra a l’enemic se’l mata per ser-ho: no hi havia una altra llei, ni una altra regla moral, ni més filosofies.
A molts anys de distància, doctes acadèmics elaboren complicades elucidacions i teories per explicar, però tots els documents històrics sobre el tema ens indiquen que el milicià que se n’anava de “passeig” amb un capellà, un patró o un feixista, aplicava una regla molt senzilla: en una guerra, l’enemic se li mata, o et mata. Des Federica Montseny, ministra de Sanitat, fins Pasqual Fresquet, Cap de la Brigada de la Mort, des Vidiella, conseller de Justícia pel PSUC, fins Àfrica de les Heras, líder d’un rondín del PSUC, des Joan Pau Fàbregas, conseller cenetista d’Economia, fins al milicià o patruller més modest, tots, absolutament tots, argumentaven aquest mateix raonament.

Violència i revolució eren inseparables?

Violència i poder eren el mateix. En èpoques de revolució la violència, mentre sigui tan destructiva (de l’antic ordre) com constructiva (del nou ordre), no pot dominar, i troba sempre als seus executors, anònims o no. Des de la Revolució francesa a la revolució de demà. Però quan aquesta violència, lligada a la situació revolucionària de juliol, i a un poder atomitzat, va començar a ser regulada cap a octubre de 1936 (des de la seva nova naturalesa de violència legítima i / o legal del “nou” ordre públic) per les noves autoritats antifeixistes , va deixar de ser una violència revolucionària, col·lectiva, popular, justiciera, festiva i espontània, perquè es transformava ja en un fenomen cruel, aliè i incomprensible al nou ordre contrarevolucionari, burgès i republicà, centralitzat i monopolista, que s’instaurava precisament sobre el control i extirpació de l’anterior situació revolucionària.

Federica Montseny, al míting de l’Olimpia del 21 de juliol de 1937, va denunciar l’assetjament judicial als cenetistes, monstruosament perseguits pels fets revolucionaris de juliol, perquè no considerava delicte o assassinat haver matat capellans, militars, pistolers o dretans, pel sol fet de ser-ho. I aquest criteri era compartit per la immensa majoria dels anarcosindicalistes. Al setembre, quan aquesta persecució va arribar als militants ugetistes, Vidiella (PSUC) va esgrimir arguments similars als de Montseny.

Què podem aprendre de les experiències anarcosindicalistes i de la revolució del 36?

Durant la guerra civil, el projecte polític de l’anarquisme d’Estat, constituït com a partit antifeixista, utilitzant mètodes de col·laboració de classes i de participació governamental, organitzat burocràticament i amb l’objectiu principal de guanyar la guerra al feixisme, va fracassar estrepitosament en tots els terrenys; però el moviment social de l’anarquisme revolucionari, organitzat en comitès revolucionaris de barri, locals, de control obrer, de defensa, etcètera, va constituir els embrions d’un poder obrer que va aconseguir quotes de gestió econòmica, d’iniciatives populars revolucionàries i d’autonomia proletària, que encara avui il·luminen i anuncien un futur radicalment diferent a la barbàrie capitalista, l’horror feixista o l’esclavitud estalinista.

I encara que aquest anarquisme revolucionari va sucumbir finalment a la repressió coordinada i còmplice de l’Estat, dels estalinistes i dels comitès superiors, ens va llegar l’exemple i el combat d’algunes minories, com Els Amics de Durruti, les JJLL i determinats grups anarquistes de la Federació Local de Barcelona, que ens permeten teoritzar avui les seves experiències, aprendre dels seus errors i reivindicar la seva lluita i la seva història. Després de la insurrecció victoriosa dels obrers i de la derrota de l’exèrcit, i amb l’aquarterament de les forces d’ordre públic, la destrucció de l’Estat va deixar de ser una futurista utopia abstracta.

La destrucció de l’Estat pels comitès revolucionaris era una tasca molt concreta i real, en la que aquests comitès assumien totes les tasques que l’Estat exercia abans de juliol de 1936.

(...)

Ets el director, historiador, l’editor i distribuïdor de la revista d’història “Balance”. Fes-nos un balanç de Balance

Balance es publica des de 1993. Intenta recuperar “els maleïts” de la Guerra civil, rebutjats, “oblidats”, “santificats” o calumniats en moltes ocasions per la seva pròpia organització i en general per la burgesa “història sagrada”: Josep Rebull (esquerra del POUM), Els Amics de Durruti, Munis, Fosco, Mary Low, Benjamí Péret, Balius, Orwell, Nin, etc. També aborda els assassins estalinistes: Gero (Pere), Stepanov, i companys de viatge espanyols. Diversos números de la revista, com el dedicat als Amics de Durruti i altres, han estat traduïts i publicats en anglès, francès, italià i txec. Molts articles poden consultar al web de “La Bataille Socialiste

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Agustín Guillamón. Articles a grupgerminal.org

Agustín Guillamón: "El embrión de un ejército anarquista. La historia de los Comités de Defensa de la CNT"

Segunda edición corregida del libro de Guillamón “La revolución de los comités”. Este libro es continuación de los anteriores libros de Guillamón: Los comités de defensa de la CNT en Barcelona (1933-1938) y Barricadas en Barcelona. Es el primer volumen de la trilogía dedicada al estudio del hambre y la violencia en la Barcelona revolucionaria. El segundo se titula La guerra del pan y el tercero, de próxima publicación, La represión contra la CNT y los revolucionarios.

Conclusiones del libro “La revolución de los comités”


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