contacte: anticapitalistes@anticapitalistes.net

 



 

Anticapitalistes
  
dissabte 23 de maig de 2015 | Manuel
Paralizando el sistema: la clase trabajadora tienen el poder necesario para acabar con el capitalismo.

Paul D’Amato

El rol central de los trabajadores en la producción les da un poder social—en el uso del arma de la huelga—para paralizar el sistema como ninguna otra fuerza social.

El socialismo es la auto-emancipación de la clase trabajadora. Sólo los trabajadores, en luchas masivas, pueden acabar con el sistema capitalista de opresión y explotación.
— Fragmento de "Nuestra Posición" de la ISO

I

LA CLASE obrera no es poderosa simplemente por ser la clase preponderante en la sociedad, sino por su peso económico. Esta verdad se refleja en la canción que antaño cantaban luchadores sindicales en los EEUU, Solidaridad pa’ siempre: "sin nuestros cerebros y músculos, ni un solo engranaje rodaría".

Como individuos, los trabajadores son incapaces de parar la producción. Sin embargo, las condiciones de producción mismas promueven entre los obreros la necesidad de una acción colectiva para paralizar el proceso. Sin tal acción, el proceso productivo tiende a la disminución de los salarios y beneficios y a la aceleración de la producción por y a favor de los patrones. Como el revolucionario ruso Vladimir Lenin escribió:

Y así es en la realidad: las fábricas, la tierra de los terratenientes, las vías de trenes, etc., son todas como los engranajes en una máquina gigantesca—una maquinaria que extrae diversos productos, los procesa y los despacha a su destino.

Esta maquinaria es puesta en marcha por el trabajador que ara la tierra, extrae minerales, hace las mercancías en las fábricas, construye casas, trabaja en tiendas y vías de tren. Cuando los trabajadores se rehúsan a trabajar, la maquinaria entera amenaza con pararse. Cada huelga recuerda a los capitalistas que son los trabajadores los verdaderos amos y no ellos—los trabajadores quienes más y más fuertemente proclaman sus derechos.

Más aún, si una huelga recuerda a los capitalistas quiénes son los verdaderos amos, también enseña a los trabajadores la misma lección; transforma su conciencia. "La combinación del capital ha creado para esta masa una situación común, intereses comunes," escribe Karl Marx. "Esta masa es ya, así, una clase en su oposición al capital, pero no una clase en sí misma, aún. En la lucha—de la cual hemos notado sólo unas pocas fases—esta masa se va uniendo, y se constituye en una clase en sí. Los intereses que defiende se convierten en intereses de clase".

Una huelga da a los trabajadores confianza en sí mismos, mostrándoles que no están solos, sino que comparten una condición común de opresión contra la que pueden preparar una respuesta común. También les enseña cómo medir sus fuerzas ante los capitalistas; les enseña a como pelear, y cuando retroceder.

Finalmente, les enseña la verdadera naturaleza del Estado, que usa sus poderes policiales contra los huelguistas a favor de los patrones. Los trabajadores aprenden de primera mano que las leyes están hechas para los ricos, no para los pobres y los explotados.

Las huelgas enseñan solidaridad, la condición esencial para romper con las divisiones que existen entre los trabajadores—la raza, el sexo, la orientación sexual, el origen (inmigrante vs. "nativo"), etc. Mientras más la lucha de clases se desarrolla y se extiende, más los trabajadores se van dando cuenta de que pertenecen a una misma clase y que tienen intereses comunes, y más usan su poder no sólo para mejorar sus propias condiciones, sino para realizar una transformación completa de la sociedad, es decir, se vuelven más y más obreros socialistas.

II

CUALQUIER IDEA de que los trabajadores pueden ser liberados sin su propia participación activa —por ejemplo, por minorías iluminadas actuando en su nombre—ignora que es sólo en la lucha, y a través de ella, que la conciencia cambia; que sólo en y a través las luchas masivas es que las sociedades cambian.

Por definición, las revoluciones—esas ’parteras’ de la historia—siempre han involucrado masas de gente en la formación de su propio destino. Eso es lo que Marx quiso decir cuando escribió que "la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos". Es por eso que Frederick Engels y él escribieron tan enfáticamente en 1879, respondiendo a intentos de convertir el movimiento socialista alemán en un partido de reformas liberales:

Por casi cuarenta años, hemos destacado la lucha de clases como la fuerza motriz inmediata de la historia, y en particular, la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado como la gran palanca de la revolución social moderna; es por ello imposible para nosotros cooperar con gente que quiere borrar la lucha de clases del movimiento.

Cuando se formó la Internacional [de los Trabajadores], formulamos claramente el grito de batalla: la emancipación de la clase trabajadora debe ser alcanzada por la clase trabajadora. No podemos entonces cooperar con gente que dice que los trabajadores están muy mal-educados como para emanciparse por sí mismos, y que primero deben ser liberados desde arriba por filántropos burgueses y pequeños burgueses.

Incluso una pequeña, pero bien emplazada huelga puede paralizar una compañía, o a una industria entera. Si una industria en particular es central a la economía de un país—por ejemplo, la industria petrolera en Arabia Saudita—una huelga en ese sector puede paralizar a la economía entera, y tener efectos que atraviesen sus fronteras. Durante la Revolución de Iran, a finales de los ’70, cuarenta mil trabajadores petroleros, paralizando la industria petrolera del país, jugaron un rol clave en tumbar el régimen autocrático del Shah.

Sencillamente, los trabajadores tienen en sus manos las palancas de la producción, y mientras más productivo se vuelva el capitalismo, mayor el poder potencial de la clase obrera porque la palanca que controla mueve una cantidad de poder productivo en aumento constante.

III

LA POSICIÓN de los trabajadores en la sociedad es tal que cuando se mueven a la acción en grandes números, tienden a despertar a la sociedad entera. Sólo pensemos en la huelga general en el Mayo Francés de 1968, o el movimiento Solidarnosc—Solidaridad—en Polonia.

Su posición social como la clase básica de la sociedad, que alimenta y viste a todas las demás, la pone en una situación en que su lucha colectiva—en sí misma empujada por la naturaleza colectiva del mismo proceso productivo—tiene el potencial de proveer liderazgo a otras capas sociales y sectores oprimidos que buscan una alternativa.

Como el socialista norteamericano Hal Draper escribió:

Sólo el proletariado, por las condiciones de su existencia, incorpora un programa social apuntando a una alternativa al capitalismo.

Por más desesperación que pueda cargar el campesinado o la pequeña burguesía, estas clases no pueden liderar a la sociedad en una nueva dirección, no sólo por limitaciones psicológicas-sociales, sino porque no hay una solución social que corresponda efectivamente a los intereses de estas clases, que al mismo tiempo corresponda a los intereses de la sociedad en general, incluyendo la preservación del tejido social en tiempos de disolución y crisis.

La clase trabajadora, en contraste, siendo la base del sistema de clases, no puede dirigir sin apuntar objetivamente a un programa, incluso cuando conscientemente lo rechace. Este es la toma de responsabilidad sobre la sociedad por el pueblo democráticamente organizado, sin importar intereses privados; un programa que, concretizado, significa la abolición del capitalismo.

La clase obrera es la primera clase en la sociedad cuyos intereses revolucionarios no pueden resultar en la erección de un nuevo sistema de explotación. En las revoluciones burguesas, la disolución de las revoluciones feudales abrió camino a las relaciones capitalistas—una forma de explotación dio lugar a otra, y una forma de dominio por una minoría, a otra.

Al tomar control colectivo sobre los medios de producción, la clase trabajadora no se erige a sí misma como una nueva clase explotadora, sino que crea las condiciones para la abolición de divisiones de clases y la introducción de un sistema basado en la producción socializada.

Sin embargo, las huelgas no son suficientes para eliminar el capitalismo. Las huelgas masivas y las huelgas generales unen y organizan a la clase obrera, pueden poner de rodillas al capitalismo, pero no pueden en sí mismas guiarnos a una nueva sociedad.

Todas las grandes revoluciones obreras comenzaron con huelgas masivas, pero sólo pueden triunfar si desafían al poder—de una forma en que los paros, por si solos, no pueden hacerlo—en un combate decisivo por la dirección de la sociedad. Para eso, los trabajadores deben estar organizados políticamente, en un partido propio, y alistarse a pelear por el poder.

12/5/2015

http://socialistworker.org/2015/05/12/paralizando-el-sistema

+ Info:

Ni un solo engranaje rodaría. Paul D’Amato

Cómo hacer una revolución. Peter Camejo


A la mateixa secció:


Economía internacional: Todo va muy bien, señora marquesa


La repercusión de la revolución rusa en el estado español.


"Se atrevieron"


El papel determinante de la deuda en la historia


¿El neoliberalismo funciona?


Treinta años después de la Revolución rusa (1947)


Identitat nacional i feminisme: pertinença, comunitat i llibertat


La colosal deuda privada de la empresas estará en el corazón de la próxima crisis financiera


Valor, clases y capital: La conferencia de Materialismo Histórico 2017


El debate sobre Kronstadt es actual

Creative Commons License Esta obra est� bajo una licencia de Creative Commons by: miquel garcia -- esranxer@gmail.com