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diumenge 10 de maig de 2015 | Manuel
¿Qué es el nacionalismo español?

Juan Carlos Moreno Cabrera

Juan Carlos Moreno Cabrera es catedrático de Lingüística General en la Universidad Autónoma de Madrid. De su trabajo "Lengua/ nacionalismo en el contexto español" entresacamos una definición del nacionalismo español. El trabajo analiza el nacionalismo lingüístico, el cual es considerado como "una concreción del nacionalismo en general", y analiza "algunos aspectos de la relación entre el nacionalismo español y otros nacionalismos".

(...) este trabajo que está recorrid(o) de arriba abajo por los presupuestos de un nacionalismo oficialmente inexistente, pero que, a mi juicio, es el nacionalismo más virulento y manipulador que existe en estos momentos: el nacionalismo español.

La manipulación más evidente que se asocia con este nacionalismo es la de que no existe o de que, como mucho, aparece en ciertos grupos marginales de la política actual. De aquí surge, como vamos a ver ahora, la dicotomía entre nacionalismo y no-nacionalismo, que parece recorrer toda la vida política del Estado español.

La ideología política dominante hoy en día en muchos discursos de personalidades e instituciones y en una parte muy importante de la opinión pública consiste en el establecimiento axiomático de una dicotomía indiscutida y, al parecer, indiscutible. Esta dicotomía se basa en las siguientes suposiciones:

- Hay en España una serie de ideologías nacionalistas cuyo fin es defender a toda costa sus intereses particulares como nación, incluida su lengua nacional, por encima y muchas veces en detrimento del interés general de España. Estas ideologías son muy frecuentemente particularistas, aislacionistas, impositivas, discriminatorias y egoístas. Los partidos nacionalistas del País Vasco (PNV, EA), de Cataluña (CiU, ERC) o de Galicia (BNG) son representantes de esta ideología mezquina y egoísta.

- Hay en España otras ideologías políticas no-nacionalistas que se basan o dicen basarse en el interés general del país por encima de particularismos y regionalismos y que consideran en pie de igualdad a todos los ciudadanos independientemente de su condición de ciudadanos de alguna de las Autonomías. Frente a las ideologías particularistas, impositivas y manipuladoras típicas de los nacionalismos autonomistas, estas ideologías no-nacionalistas presentan una visión mucho más objetiva y mucho menos manipulada de la historia, índole y naturaleza de la sociedad española. Los partidos no-nacionalistas (PP, PSOE, UPD) representan en mayor o menor medida esta ideología no-nacionalista.

Pero lo cierto es que los partidos que se definen como no-nacionalistas no solo defienden un concepto determinado de nación española y una lengua propia de esa nación, el español, sino que suelen anteponer la defensa de la unidad nacional y de la lengua española a cualquier consideración o actuación que impulsen o defiendan o en la que cooperen. No solo esto, sino que, además su discurso al respecto pretende desacreditar y desarmar ideológicamente las iniciativas y propuestas de los partidos nacionalistas autonómicos en lo tocante a su concepto de nación y de lengua propia de esa nación.

La idea de la que parto en este trabajo es que los partidos denominados no-nacionalistas, son nacionalistas en el peor sentido del término. Esa suposición ayuda a explicar muchos aspectos de los discursos ideológicos supuestamente no-nacionalistas o anti-nacionalistas y a poner al descubierto que ideología nacionalista dominante, la española, se puede permitir el lujo de expresar de forma descarnada y sin tapujos muchas opiniones y propuestas que, en boca de los partidos denominados nacionalistas, resultarían claramente ofensivas, si no subversivas.

Como muestra, un ejemplo. El artículo 2 de la Constitución, que veremos a continuación en la caracterización del nacionalismo español, habla de modo directo y sin tapujos de la indisolubilidad de la nación española. Sin embargo, a los gallegos, catalanes o vascos es casi seguro que no se les admitiría un postulado similar respecto de sus naciones.

Breve caracterización del nacionalismo español

El nacionalismo español se caracteriza por una serie de ideas indiscutibles que están debajo del discurso relativo a la lengua común y la lengua propia y que afectan tanto a las concepciones como a las políticas lingüísticas de los diversos organismos e instituciones que toman parte en algún aspecto de la planificación lingüística del Estado español.

Voy a enumerar dos de esos axiomas:

- La nación española es indisoluble.

- Solo en el pueblo español reside la soberanía.

Estas posiciones están expresadas de modo explícito en la Constitución de 1978 y no debemos olvidar que los partidos no-nacionalistas en general defienden y no ponen en cuestión en ningún caso estos dos axiomas.

Constitución española de 1978
Artículo 1.
2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.
Artículo 2.
La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.

Este es el anverso del nacionalismo constitucional español. Sin embargo, este anverso tiene un reverso que es de carácter negacionista respecto de uno de los derechos fundamentales de las naciones: el derecho a la autodeterminación. Dicho reverso se concreta en estos dos axiomas:

- No existen las naciones gallega, catalana y vasca como equiparables a la nación española. Por tanto, estas nacionalidades o regiones no tienen derecho a ejercer la autodeterminación.

- Los catalanes, gallegos y vascos nunca podrán conformar una nación (o un pueblo) con los mismos derechos y competencias que la nación española.

Como la soberanía reside en el pueblo español exclusivamente, a los pueblos o naciones catalán, gallego y vasco se les niega la soberanía. Para ello es fundamental, que a estas comunidades no se las reconozca como naciones o pueblos, sino como parte constituyente inalienable de una única nación o pueblo: el español. En consecuencia, el nacionalismo español constitucional oficial se fundamenta en la negación de que los catalanes, gallegos y vascos puedan constituir un pueblo o nación soberana. Es evidente que esta fundamentación negacionista es claramente lesiva de un derecho internacionalmente reconocido. La idea que parece razonable es que la definición de una nación no debería basarse en la suposición de que determinadas comunidades no son naciones o pueblos. Esta fundamentación, basada en la negación de un derecho, nunca podrá ser la base una convivencia armónica y productiva; siempre será origen de problemas, conflictos y dificultades de todo tipo.

En consonancia con los dos postulados fundamentales del nacionalismo negacionista constitucional, obtenemos, cuando nos remitimos al ámbito lingüístico, un postulado fundamental que tiene que ver con las esencias del nacionalismo y que se basa en que a una nación le corresponde exactamente una lengua: El español es la lengua que se asocia de forma preferente y por defecto a la nación española.

(...)

la lengua española no solo es garante de la unidad de la nación española dentro del Estado español, sino que es además garante de una supuesta comunidad o nación lingüística panhispánica que se considera más real y fundamentada que las comunidades que poseen una lengua propia diferente del español, que no llegan a ese nivel cohesivo ni internacional.

Podemos ahora aportar una descripción sucinta y quintaesenciada del nacionalismo lingüístico español:

Ideología según la cual el español es una lengua superior a los demás idiomas con los que convive o ha convivido. En esa superioridad radica la razón de su imparable expansión tanto dentro de la Península ibérica como allende los mares. Según esta ideología, el castellano fue visto desde el principio, por razón de esa superioridad, como una lengua especialmente ventajosa para la comunicación y el entendimiento mutuo así como para todo tipo de actividades jurídicas, políticas y económicas. Todo ello supuso su adopción libre y muchas veces entusiasta como lengua común en España por parte de las comunidades que reconocen como propia una lengua diferente del español. En este momento, según esta ideología, ese carácter superior la convierte en una de las lenguas que más crece internacionalmente en la actualidad y quizás la única que pueda hacer sombra a la otra lengua internacional de gran pujanza: el inglés.

Esta breve caracterización es suficiente para dar sentido y entender muchos discursos típicos de este nacionalismo que aparecen en numerosas publicaciones e intervenciones orales en la España actual y que, en general, pocos se atreven a manifestar que se trata de discursos nacionalistas.

(...)

El nacionalismo lingüístico español tiene su basamento fundamental en un nacionalismo españolista, reflejado en la constitución de 1978, para el cual la Nación española, compuesta de varias nacionalidades, es indisoluble y a ella se asocia de forma inalienable la lengua española, verdadera lengua común que está en un nivel de españolidad superior a las otras lenguas de España que, como las nacionalidades a las que se asocian, han de estar subordinadas a dicha lengua común. Cualquier intento de situar las otras nacionalidades y lenguas propias de ellas en el mismo nivel que la nación española se va a ver como un ataque a la unidad de la nación española y de la lengua española, cuyo predominio absoluto garantiza la comunicación, la educación, la igualdad de oportunidades y la convivencia pacífica. La ideología del nacionalismo lingüístico español ha creado un discurso conteporáneo de carácter mitológico que intenta presentar la lengua propia, el español en este caso, como superior a los demás idiomas con los que convive y justificar su posición dominante o ventajosa sobre ellos. En este trabajo me he ocupado de algunos de los tópicos principales del nacionalismo lingüístico español, que, lejos de constituir una postura marginal o residual, propia de grupos o personas exaltados, conforma un corpus muy bien articulado y desarrollado de conceptos promovidos por las instituciones del Estado español y presentados por pensadores, escritores, académicos y periodistas como características inherentes, naturales e indiscutibles de la lengua española supuestamente basadas en el sentido común. He indicado que, con la ciencia lingüística en la mano, se puede mostrar que esos tópicos se apoyan en presupuestos falsos.

Queda clara la posición del nacionalismo lingüístico español. Todo lo que no sea predominio absoluto y total del castellano sobre las demás lenguas de España es excluyente, limitador, atentatorio contra los derechos individuales, empobrecedor, particularizador y regresivo. Todo lo que sea la promoción de ese dominio del castellano será beneficioso, progresivo, liberador, enriquecedor, universalizador y protector de los derechos individuales. Creo que hay razones más que suficientes para expresar en estos términos tan radicales la ideología del nacionalismo lingüístico español en sus formas de manifestación actuales: el examen detenido y crítico de muchos de los discursos públicos informados por esta ideología, tanto los especializados como los dirigidos al público en general, no dejan lugar para una caracterización más moderada.

Siglos de imposición del castellano en todo el territorio del Estado español han propiciado que esta lengua sea la más usada en la actualidad. Este es un hecho objetivo que no se puede negar. Ahora bien, la ideología del nacionalismo lingüístico español lo aprovecha para asignar a la lengua castellana una serie de bondades que, en realidad, se derivan de una convergencia de circunstancias socio-históricas contingentes y no de ninguna supuesta superioridad de esa lengua sobre las demás lenguas del Estado español. Esa supuesta superioridad es utilizada para presentar la lengua castellana como fácilmente asimilable y con un alto valor comunicativo, como especialmente progresiva, moderna y útil en la sociedad actual, como lengua de entendimiento y concordia o como lengua global. Todas estas cualidades se asocian al concepto de lengua común que es una de las ideas fundamentales del nacionalismo lingüístico español. Pero este concepto de lengua común es la cara de una monda cuya cruz, el concepto de lengua propia, es extraordinariamente negativo, problemático y origen de todo tipo de problemas y disputas. Esas otras lenguas de España, esas lenguas propias, son menos fáciles de asimilar y tienen un bajo valor comunicativo, que da cuenta de su ámbito local; son regresivas, ya que no permiten el progreso y el avance social, sino que nos sumen en el localismo y el retroceso cultural; además de ello, son lenguas de incomprensión y discordia que impiden el entendimiento entre todos y producen continuos malos entendidos.

Las ensoñaciones, triunfalismos, inquietudes y desazones que hemos visto reflejados en las citas que he ido aportando a lo largo de este artículo, ponen de manifiesto las dos vertientes del nacionalismo lingüístico español: la que se asocia con el concepto del español como lengua común y la que se asocia con el concepto de lengua propia de las Comunidades autónomas. En ambos casos estamos ante una fuerte ideología nacionalista que es mucho más influyente y manipuladora que las ideologías nacionalistas habitualmente asociadas con algunas de las Comunidades autónomas que configuran el actual Estado español. Ninguna política lingüística de estas Comunidades bilingües puede dejar de tener en cuenta este nacionalismo, porque desatenderlo sería suicida.

El documento completo se puede descargar aquí

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