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Anticapitalistes
  
diumenge 19 d’abril de 2015 | Manuel
Reseña de “El Capital en el Siglo XXI” de Thomas Piketty

Michael Roberts / Mick Brooks

Éxito editorial

Érase una vez, un economista ortodoxo francés desconocido que colaboraba con otros (Emmanuel Saez, Anthony Atkinson y Gabriel Zucman) en varios estudios sobre desigualdad de renta y riqueza en economías modernas como la de EEUU. Después de algunos años de investigación, este francés desarrolló una teoría según la cual la desigualdad de riqueza en las economías capitalistas tienden a incrementarse hasta el punto de ser causa de inestabilidad social. Esta tendencia es la “contradicción central del capitalismo”.

Ese economista es Thomas Piketty. Cuando publicó su magnum opus de 677 páginas en Francia el octubre pasado, fue recibido con silencio e incluso el cinismo, aparte de unos pocos economistas franceses. Pero cuando se tradujo al inlgés y publicó en Estados Unidos, todo cambió. Se convirtió en un best-seller del año no sólo entre los libros de economía, sino también entre los libros no de ficción, muy por delante de libros de cocina de conocidos chefs o de libros de viajes escritos por famosos.

Ha habido una gran profusión de reseñas, debates y entrevistas con el hombre del momento. El libro fue recibido con entusiasmo por gente como Branko Milanović, el experto en desigualdad en riqueza del mundo que lo llamó “uno de los libros que marcará un antes y un después en el pensamiento económico" [1] y el gurú de la economía keynesiana liberal, Paul Krugman, que escribió en el New York Review of Boks diciendo que era “verdaderamente excelente” [2]. Martin Wolf del Financial Times lo llamó “extraordinariamente importante” y “asombroso” [3]. John Cassidy, en el New Yorker, dijo: “Piketty ha escrito un libro que nadie que esté interesado en uno de los problemas claves de nuestra era se puede permitir ignorar” [4].

El título es una alusión clara al Capital de Karl Marx, publicado en 1867. Piketty parece sugerir que está actualizando al siglo XIX (y corrigiendo) el análisis del capitalismo del siglo XIX de Marx. Pero Piketty no es marxista.

Se crió en Clichy, un distrito de clase trabajadora de París. Sus padres eran ambos militantes de Lutte Ouvrière (Lucha Obrera) – un partido trotskista, que aún tiene un seguimiento importante en Francia. Durante un viaje con un amigo a Rumanía a principios de los 90, después de la caída del imperio soviético, tuvo una revelación: “Más o menos me vacunó de por vida contra la retórica anticapitalista perezosa, porque cuando ves las tiendas vacías, ves a la gente haciendo cola en la calle para nada,” dijo “se me hacía claro que necesitamos la propiedad privada y las instituciones de mercado, no sólo para la eficiencia económica, sino también para la libertad individual" [5] Piketty rechazó lo que vio como marxismo y eligió la reforma social. Y de hecho, fue consejero de la blairita [6] Ségolène Royal, que fue la candidata del Partido Socialista en las elecciones presidenciales de 2007.

Por qué Marx estaba equivocado

Según Piketty, Marx necesita correcciones porque, a pesar de su acertada intuición de que la “acumulación de capital privado puede llevar a la concentración de la riqueza en un número de personas cada vez más reducido” (pág. 1), se equivocó al señalar el mecanismo que lleva a este proceso. Marx pensaba que el capitalismo tendría un final “apocalíptico”, pero gracias al “crecimiento económico y la difusión de conocimiento”, éste ha podido evitarse. Y aún así, persiste el problema de las “estructuras profundas de desigualdad de capital”.

Piketty nos dice que la base de la predicción del final apocalíptico del capitalismo de Marx era “o bien que la tasa de retorno del capital iría disminuyendo progresiamente (y por tanto, acabaría con el motor de la acumulación, llevando al conflicto violento entre capitalistas)" o que “la proporción del capital sobre la renta nacional se iría incrementando indefinidamente hasta que los trabajadores se rebelasen” (pág. 9).

Para Marx, los salarios o bien quedarían estancados, o caerían. En eso se equivocaría, puesto “como sus antecesores, Marx no consideró en absoluto la posibilidad del progreso tecnológico sostenido, que incrementaría la productividad y como tal serviría de fuerza para contrarrestar hasta cierto punto el proceso de acumulación y concentración del capital” (pág. 10). Al parecer, por desgracia Marx no utilizó las estadísticas de las que disponía en el siglo XIX y “dedicó poco tiempo a pensar” como las sociedades no-capitalistas podían funcionar. De haberlo hecho, podría haber solucionado sus errores.

A estas alturas, ya estará claro para cualquiera familiarizado con el análisis de Marx de la economía capitalista que Piketty desconoce que éste observó la tendencia a incrementar la productividad del trabajo por medio del progreso tecnológico como el reverso de la acumulación de capital. En vez de eso, Piketty acepta la distorsión de los economistas ortodoxos de que la teoría de Marx está basada en la “ley de hierro de los salarios” y un incremento nulo de la productividad: “La teoría de Marx descansa implícitamente en asumir de forma estricta el crecimiento nulo de la productividad a largo plazo” (pág. 27).

No llama la atención que Piketty pueda escribir algo así una vez sabemos que ha admitido no haber leído el libro que tiene el mismo título que el suyo: “Nunca conseguí leerlo. Quiero decir, no sé si tú has intentado leerlo. ¿Lo has intentado…? El Manifiesto Comunista de 1848 es una obra breve e intensa. Das Kapital es, creo muy difícil de leer y no fue muy influyente para mí… La mayor diferencia es que mi libro es un libro sobre la historia del capital. En los libros de Marx no hay datos.” [7]

De nuevo, la idea de que el Capital de Marx no tiene datos que respalden su teoría de la ley del valor y la explotación y las leyes del comportamiento del capitalismo muestran la ignorancia de Piketty sobre el trabajo cuyo título ha utilizado para su propio libro.

El ataque de los datos

El libro de Piketty está repleto de datos – y esto, bajo mi punto de vista, es bueno. Su mérito es que recopila pruebas y trata de desarrollar una teoría y una serie de leyes a partir de las mismas. Por ejemplo, dice: “Todos los científicos sociales y todos los ciudadanos deben tomarse un interés serio en el dinero, su medida, los hechos que lo rodean y su historia. Aquellos que poseen grandes cantidades de dinero nunca fracasarán en defender sus intereses. Negarse a utilizar número rara vez sirve a los intereses de los más desfavorecidos” (pág. 577).

Aún así, recopilar grandes cantidades de datos puede llevar a errores de medida, problemas de interpretación y sesgos en el análisis. Y aquí es exactamente donde las críticas al libro de Piketty se han concentado. El editor de economía del Financial Times, Chris Giles, ha repasado la totalidad de los datos utilizados. Ha encontrado que Piketty ha cometido algunos errores sencillos al transcribir partes de los mismos. También ha afirmado que el autor hizo algunos cambios “abritrarios” sin explicación en sus datos estimados. Piketty hizo cierta “manipulación” [8] en sus fuentes, utilizando diferentes medidas en países diferentes, en momentos diferentes. Giles realizó nuevos cálculos de acuerdo a otras fuentes de datos y halló que no hay ninguna “tendencia obvia al alza” en la desigualdad de riqueza en Europa.

Piketty ha defendido de forma vigorosa su trabajo de las críticas de Giles y simpatizo con él. Los datos son siempre inadecuados y a menudo inconsistentes, y es difícil cometer errores simples. Pero es bueno hacer el intento y aportar pruebas y, sobre todo, mostrar las fuentes y los procesos para con tus datos, de forma que los demás puedan comprobar e – incluso mejor – intentar replicar tus resultados. Ése es el método científico. Tal y como afirma Piketty en su réplica a Giles, como mínimo ha hecho accesible online a todo el mundo todos sus datos y procesos [9]. Y ya es más de lo que se puede decir de la mayoría de la economía ortodoxa, que o bien no ofrece pruebas para respaldar sus afirmaciones teóricas o fracasa en aportar sus procesos, o incluso ambas cosas. Con sus pruebas ha sido más transparente que la mayoría. Piketty también dice que trabajos más recientes sobre la desigualdad de riqueza por parte de sus colegas, Saez y Zucman, utilizando diferentes métodos para medirla, “confirman y refuerzan mis hallazgos” [10]. Así que concluye que cualquier error o sesgo en sus propios datos “no tendrán un gran impacto en sus hallazgos generales” [11].

El capital y la riqueza

Bajo mi punto de vista, hay deficiencias más importantes en el trabajo de Piketty que las meras inconsistencias en los datos. Para empezar, está la diferencia clave entre riqueza y capital que Piketty ignora. Para él “El capital se define como la suma total de activos no humanos que pueden ser propiedad o ser intercambiados en algún mercado. El capital incluye todas las formas de propiedad real (incluyendo los inmuebles residenciales) así como el capital financiero y profesional (plantas, infraestructura, maquinaria, patentes, etcétera) utilizado por compañías y agencias gubernamentales” (pág. 46). En la práctica, para Piketty, capital y riqueza (principalmente riqueza personal) son lo mismo: “Para simplificar la prueba, utilizo las palabras `capital´ y `riqueza´ indistintamente, como si fuesen sinónimos perfectos” (pág. 47).

Esto es claramente diferente del capital tal y como lo define Marx. Para él, el capital es una relación social específica al modo capitalista de producción. Bajo éste, las cosas y los servicios que la gente necesita se producen simplemente como parte de un ejercicio de generación de dinero, pero este dinero surge del valor creado al hacer uso de la fuerza de trabajo, con la plusvalía que se halla por encima de las necesidades vitales del trabajador apropiadas por los dueños del capital. Y así, el circuito del capital, para Marx, es D-M…P…M1 a D1: esto es, los capitalistas tienen capital-dinero (D), que invierten en mercancías (M), medios de producción y materiales en bruto, que son utilizadas el trabajo en la producción (P) para producir mercancías (M1) de venta en el mercado a fin de conseguir más dinero (D1). El capital (D) expande su valor para acumular más capital (D1). Pero sólo el trabajo crea más valor.

Piketty ignora este proceso de explotación del trabajo y sus relaciones sociales. El capital es riqueza y la riqueza es capital. Pero la riqueza existía antes de que el modo de producción capitalista se convirtiese en hegemónico en el mundo y no es específica al capitalismo. De hecho, la riqueza es en realidad una medida de los activos acumulados, tangibles y financieros. Así que para Piketty el proceso del capital es D… D1. El dinero acumula más dinero (o riqueza). No importa cómo y por lo tanto no hay necesidad de definir el capital de forma diferente a la riqueza.

Esto es lo que Marx denominaba “economía vulgar”: esto es, ser incapaz de ver el proceso de acumulación que subyace y observar únicamente la apariencia – ciertamente, ver las cosas desde el punto de vista de quien posee la riqueza. En su libro, Piketty hace referencia a las novelas de Jane Austen y de Honoré de Balzac, donde todos los personajes son poseedores de riqueza que viven de las rentas que ésta genera (pág. 53). Todos lo que les interesaba eran los réditos de la riqueza, no cómo se generaban estos (fuera por esclavos, trabajo asalariado, rentas inmobiliarias o intereses de bonos del Estado).

Piketty excluye de forma explícita la perspectiva de los economistas clásicos y de Marx: “Algunas definiciones del capital sostienenq ue el término sólo debería aplicarse a aquellos componentes de la riqueza empleados de forma directa en el proceso de producción… esta limitación se me hace poco práctica y no deseable” (pág. 48). Así “He ignorado la idea de excluir la propiedad inmobiliaria residencial del capital en base a que es `improductiva´, a diferencia del capital productivo utilizado por empresas y gobiernos… la verdad es que todas estas formas de riqueza son útiles y productivas y reflejan las dos funciones económicas principales del capital”.

Bueno, la propiedad inmobiliaria residencial es obviamente útil para el que la disfruta – tiene valor de uso, como diría Marx. Pero esta forma de riqueza no produce nuevo valor (o beneficios), a menos que sea propiedad de una compañía inmobiliaria que la alquila a negocios. Y aún así, a Piketty se le ocurre una forma de que esta riqueza genere renta: “la propiedad inmobiliaria residencial puede verse como un activo de capital que genera `servicios de vivienda´, cuyo valor se mide por su equivalente de alquiler”. ¿Es esto importante? Por supuesto que sí.

Al incluir la propiedad residencial y los activos financieros netos e inmobiliarios en su definición de capital, Piketty alcanza la conclusión opuesta a la de Marx sobre el retorno del capital, o lo que Marx llamaba la tasa de ganancia. Y esto es importante. Para empezar, significa que a Piketty le interesa la distribución de la riqueza y no cómo ésta se produce. Para él lo primero constituye la contradicción clave del capitalismo, mientras que para Marx esta contradicción descansa en el segundo proceso. Para Marx, la propiedad privada de los medios de producción para generar beneficios es la principal línea de falla de la sociedad moderna; para Piketty, la propiedad privada se halla aceptada; simplemente se trata de que es muy desigual.

r mayor que g

Esto nos lleva a lo que Piketty llama de forma grandilocuente como su “primera ley fundamental del capitalismo” (pág.52). La proporción del capital en la renta nacional (α) es igual a la ratio del capital sobre la renta (β) en una economía, multiplicada por la tasa de retorno neta del capital (r). Y así, la desigualdad de riqueza, expresada como la proporción del capital sobre la renta, aumentará si la tasa de retorno sobre la ratio existente de riqueza (la ratio del capital sobre la renta) aumenta. De forma alternativa, la ratio de riqueza aumentará si la proporción del capital sobre la renta nacional se incrementa.

De acuerdo a Piketty, su ley es superior a la de Marx sobre la tendencia a la caída de la tasa de ganancia. Como dice, “la tasa de retorno del capital es un concepto central en muchas teorías económicas. En particular, el análisis marxista enfatiza la caída de la tasa de ganancia – una predicción histórica que se ha mostrado equivocada, aunque contiene una cierta intuición interesante” (pág. 52). Marx se equivocaba porque pensaba que r caería a lo largo del tiempo y esto sería la causa de crisis recurrentes. En vez de eso, Piketty nos dice que r no cae a lo largo del tiempo, sino que se incremente o al menos permanece estable. Y por tanto el problema del capitalismo del siglo XXI es: si r (la tasa de retorno del capital) es mayor que g (la tasa de crecimiento de la renta nacional real neta), entonces la proporción del capital sobre la renta crecerá y la ratio global del capital sobre la renta llegará a niveles socialmente inaceptables.

La crisis central del capitalismo es, por tanto, de distribución. Cuando la tasa neta de retorno del capital superar el crecimiento de la renta nacional neta – esto es, cuando r es mayor que g – “la desigualdad r>g en cierto sentido implica que el pasado tenderá a devorar el futuro: la riqueza que se origina en el pasado crece automáticamente más rápido incluso sin trabajo, que la riqueza que proviene del trabajo y que puede ser ahorrada”. Así que incluso una “aparentemente pequeña diferencia entre el retorno del capital y la tasa de crecimiento puede, a largo plazo, tener efectos importantes y desestabilizadores en la estructura y las dinámicas de desigualdad social” (pág. 77).

Apenas hay nada en el libro de Piketty sobre los auges o depresiones [booms and slumps] o sobre la gran depresión, la gran recesión o cualquier otra recesión, excepto el comentario de que la gran recesión fue un “pánico financiero” (tal y como decía Ben Bernanke) y que no fue tan mala como la gran depresión gracias a la intervención de los bancos centrales y el estado. No hay nada sobre la pérdida de producción, trabajo o renta que han causado las crisis recurrentes del modo de producción capitalista.

En vez de eso, Piketty adopta la explicación típica neoclásica de que estos sucesos, igual que las guerras, fueron “shocks” exógenos a la expansión a largo plazo de la productividad y al crecimiento económico en el capitalismo (pág. 170). Las crisis son sólo shocks a corto término y en vez de eso, podemos volver a su ley fundamental, “ya que nos permite entender el nivel de equilibrio potencial hacia el cual la ratio del capital sobre la renta tenderá a largo plazo, una vez que los efectos de los shocks y las crisis se hayan disipado”. Keynes podría haber añadido: “A la larga, todos muertos”.

Para Piketty, r>g es una tendencia que a veces se ve compensada por tendencias a la contra, o una divergencia que a veces se contrarresta por una convergencia. Por ejemplo, entre 1913 y 1950, r cayó de forma pronunciada y así en el periodo de posguerra, g era mayor que r y la desigualdad se redujo (ver gráfico 1). La otra cara de la moneda es la predicción de Piketty de que r superará a g durante el resto del siglo y por tanto se incrementará la proporción del capital sobre la renta y por tanto la desigualdad.

FIG 1. Tasa anual de rendimiento descontados impuestos vs tasa de crecimiento a nivel mundial, desde la antiguedad al 2010. La tasa anual de rendimiento del capital o tasa de crecimiento (tras impuestos y perdidas de capital) cae por debajo de la tasa de crecimiento durante el siglo XX, y podría sobrepasarla de nuevo en el siglo XXI.

Esto se debe a que el crecimiento global se ralentizará. El output per cápita se ha incrementado en promedio un 1,6% por año desde 1700 – la mitad debido al crecimiento de la población y la mitad por el crecimiento de la productividad. Las tasas de crecimiento de entre 3% y 4% sólo exitieron durante periodos breves. Y además “el crecimiento demográfico se está ralentizando de un 1,3% a un 0,4% por año” y “no hay ningún ejemplo histórico de un país en la vanguardia tecnológica global cuyo crecimiento per cápita haya excedido el 1,5% durante un periodo prolongado de tiempo” (pág. 93). El siglo XX vio el surgimiento de economías como Japón, Corea, China o India, que “se pusieron al nivel” [catch up economies] [12] de las economías globales avanzadas y por tanto mantuvieron la alta tasa global para los estándares históricos. Pero en el siglo XXI ya no hay economías de catch-up de cualquier tamaño (pág. 97). Las economías han llegado a la frontera del desarrollo tecnológico. Esto contrasta con la afirmación Piketty de que su r “es más o menos estable alrededor de 4%-5%” (pág. 55).

Pero ¿es la r de Piketty estable y es probable que permanezca así? Parte de ésta se compone de retornos del capital financieros (stocks y bonos). El retorno a largo plazo del capital financiero basado en intereses y dividendos ha estado cayendo, y no creciendo, desde los años 30 [13]. Las últimas tendencias apuntan a que llegará a cero para el 2050 – no al 4%, tal y como predice Piketty [14]. Pero es que la r de Piketty también incorpora un retorno sobre la propiedad, generado sintéticamente como equivalente de los “servicios de vivienda”. Esto supone que si tienes una casa en propiedad, estás obteniendo una renta de la misma ¡incluso si para lo único que te sirve es para vivir en ella!

Sin ello, la r de Piketty estaría disminuyendo, no incrementándose. Esto es porque la proporción de la vivienda en el “capital” de los datos de Piketty era más de la mitad en 2010, comparado con los años 40, en los que constituía mucho menos de la mitad. Esto es lo que afecta la r. El valor total de r no ha cambiado porque los terrenos han sido reemplazados en el “capital” de Piketty por viviendas, mayoritariamente (pág. 118). Las tierras de cultivo eran dos tercios del capital en el siglo XVIII, pero apenas superan el 2% en Francia y el Reino Unido hoy en día: “entonces era básicamente terrenos, pero se ha convertido principalmente en viviendas, amén de activos financieros e industriales (mitad y mitad)” (pág. 122).

Figura 2: Tasa capital/ingreso nacional en Europa, 1870-2010. Valor de mercado del capital privado (% del ingreso nacional). La riqueza privada agregada va tenir un valor de 6-7 anys d’ingresso nacional a Europa al 1910, entre 2 y 3 anys al 1950, i entre 4 i 6 anys al 2010. Fonts i sèries: veure <pikkety.pse.ens.fr/capital21c>

Esto ha preocupado a los autores de reseñas [15]. Si el capital incluye la propiedad y los activos financieros netos, así como los activos tangibles como las plantas industriales, oficinas, maquinaria y recnología, entonces los valores del capital pueden ser volátiles y dar una tasa neta de retorno que no es estable. Los datos de Piketty muestran que el mayor revés al inexorable aumento en la ratio del capital sobre la renta en el siglo XX tuvo lugar durante la gran depresión y la posterior guerra mundial. Esto produjo una forma de U en el movimiento del ratio capital-renta (ver gráfico 2). Pero desde los años 50, el ratio capital-renta se incrementó inexorablemente.

Piketty admite que la burbuja de precios de los activos financieros fue responsable de un tercio de ese incremento en el capital nacional respecto a la renta nacional durante este periodo (pág. 91). Desde 1980 en adelante, cuando se produce el gran salto en la desigualdad, es precisamente cuando los precios de los activos financieros despegaron. Piketty rechaza el argumento de que la especulación financiera distorsionará su tasa de retorno “estable” porque, a largo plazo, espera que los precios de los activos financieros estén de acuerdo con el valor de los activos tangibles. Pero debería de tratarse un plazo muy largo, puesto que no ha sido el caso durante los últimos 60 años.

R no es un retorno marginal

Esto nos lleva a lo que Piketty denomina, de nuevo grandilocuentemente, “la segunda ley fundamental del capitalismo”: Esto es β=s/g. En otras palabras: la ratio capital/renta (β) es igual al estado de los ahorros (s) dividido por la tasa de crecimiento (g) a largo plazo. Piketty cree que su “segunda ley” nos da una explicación de por qué la ratio global de capital-renta aumentará: el crecimiento neto de la renta (g) se ralentizará, mientras que la tasa neta de retorno (r) se estabilizará a un nivel significativo sobre la tasa de crecimiento y la tasa neta de ahorro llegará a un nivel de equilibrio a lo largo del tiempo que será mucho mayor de loq ue es ahora.

En esto, Piketty recurre al modelo tradicional neoclásico de función de producción agregada desarrollado por Robert Solow [16]. En este modelo, todos los “factores de producción” contribuyen al crecimiento. Si hay un incremento relativo de un factor sobre otro a la hora de contribuir al output, entonces su “productividad marginal” decrecerá. La abundancia de un factor, el capital, llevará a los retornos decrecientes de ese factor: “El que haya demasiado capital acaba con los retornos de capital… es natural esperar que la productividad marginal del capital decrezca, a medida que el stock del capital se incrementa” (pág. 215). Esto sugeriría que la r debería disminuir. Sin embargo, Piketty piensa que la r no disminuirá lo suficientemente rápido como para evitar que la proporción del capital sobre la renta se incremente: “Esto implica que la proporción del capital sobre la renta está aumentando más rápido de lo que disminuye la tasa neta de retorno” (pág. 173). En el modelo neoclásico, esto asume una “elasticidad de sustitución” entre el capital y el trabajo mayor de uno – básicamente, que el trabajo será reemplazado por el capital a un ritmo más rápido que la acumulación de capital llevará a que su propio “producto marginal” decrezca. En realidad, tal y como otros autores de reseñas han apuntado, no hay ningún estudio empírico que muestre una elasticidad tal, excepto el de Piketty. Todos muestran que r empieza a disminuir al cabo de un tiempo. La respuesta de Piketty es que a muy largo plazo, no lo hará.

En cualquier caso, este modelo de crecimiento neoclásico fue refutado hace mucho tiempo. Piketty hace referencia al gran debate entre los economistas de Cambridge, Massachusetts (Robert Solow, Paul Samuelson) y los de Cambridge, Inglaterra (Joan Robinson, etc), que llevó a la derrota de los primeros. El segundo grupo mostró que, si el capital es una entidad física como las máquinas, fábricas, etc. no puede recibir un valor en dinero y no puede ser sustituido indefinidamente por el trabajo [17]. Así que la teoría no tiene relación alguna con la realidad. La respuesta de Piketty es recurrir a los hechos. El debate de Cambridge no pudo resolverse por una “falta de datos”. No importa quién tenía razón porque la ratio capital-renta ha estado incrementándose en las últimas décadas, y eso es todo lo que hace falta saber.

En efecto, Piketty prescinde del modelo de producción agregada con el que empezó a explicar su segunda ley: “El principal problema… es simplemente que no llega a explicar la diversidad en la distribución de salarios que observamos en diferentes paíes en momentos diferentes” (pág. 308). En vez de eso, adopta la explicación institucional – que los ricos controlan el gobierno y las compañías y así se aseguran de que reciben más de lo que sería su retorno marginal “justo” sobre el capital: “Hay numerosas razones para creer que r será mucho mayor que g en las décadas futuras debido a la `divergencia oligárquica´ (pág. 463). Esta divergencia es incluso mayor debido a que los ricos esconden su riqueza en paraísos fiscales” (pág 463).

Piketty concluye que “Los altos ejecutivos tienen el poder de establecer sus propias remuneraciones – en algunos casos sin límite y en muchos de ellos, sin ninguna relación clara con su productividad individual” (pág. 24). Estos super-salarios muy a menudo son retribución a la suerte [pay for luck] (pág. 335). Así que la productividad marginal del capital no tiene nada que ver con ellos. En efecto, Piketty está dándole la razón a Marx en tanto en cuanto estos obscenos “salarios de superintendencia del trabajo” (término que usa Marx) son simplemente una ofuscación de parte de la plusvalía extraída del trabajo asalariado.

Marx o Piketty: ¿la r de cuál de los dos?

Piketty afirma que la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia se basaba en el supuesto de que había una “acumulación infinita del capital” y que “el constante aumento de las cantidades de capital llevaría inexorablemente a la caída de la tasa de ganancia (esto es, de los retornos del capital) y finalmente a su propio derrumbe, mientras que el crecimiento en la renta neta (g) se reduciría a cero” (pág. 228). Aquí, Piketty le está imponiendo a Marx la teoría de la productividad marginal de la acumulación de capital – la misma que rechaza para sí mismo: básicamente, que una abundancia de capital lleva a retornos decrecientes.

FIG 3: tasa de beneficio mundial (media simple) %

En realidad, para Marx el movimiento en r se halla no en la “acumulación infinita”, sino en el incremento en valor relativo de los medios de producción relativos sobre el trabajo (o de la fuerza de trabajo). Piketty dice que después de la Segunda Guerra Mundial, el capital era escaso y por tanto el retorno de capital era alto. Marx habría dicho que los valores de capital habían sido destruidos (tanto de forma física, como en valor), así que la tasa de ganancia era alta. No era cuestión de la `escasez de capital´, sino de la destrucción de su valor (por la guerra o la depresión).

Podemos comprobar si la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia de Marx se constata en la realidad a largo plazo, en contraste con el “estado estable” de r de Piketty. El gráfico 3 muestra la tasa de ganancia de Esteban Maito desde 1869, utilizando la definición marxiana de capital [18].

A diferencia de Piketty, Maito deja fuera de la definición de capital la propiedad residencial y los activos financieros, y lo clasifica de forma correcta como el valor de los medios de producción propiedad de y acumulados en el sector capitalista. El resultado no es una r estable, sino una tasa de ganancia decreciente, al estilo de Marx. Hay un declive a largo plazo, pero hay varios periodos en los que la tasa de ganancia se incrementa o se consolida [19].

Utilicé la cantidad voluminosa de datos de Piketty para Alemania, a fin de comparar su tasa de retorno con la tasa de ganancia marxiana de Maito para cada país desde los años 50. Los datos de Piketty llevan a unos resultados similares a los de Maito. La tasa de retorno de Alemania cae a partir de los años 50 y se estabiliza sobre la década de los 80. Esto se debe a que los alemanes son menos dados a tener viviendas residenciales en propiedad. Solo el 44% de los hogares alemanes son propietarios de sus propias casas, comparado con entre el 70%-80% de los griegos, italianos o españoles. Cuando la propiedad residencial no constituye una gran proporción del `capital´, la r de Piketty y la de Marx se mueven en una dirección similar.

Lo bueno y lo malo

Piketty muestra de que la desigualdad de riqueza y renta está aumentando en la mayoría de economías capitalistas, y lo hace de forma convincente. La razón es el incremento en la renta que va al capital en forma de ganancias, alquileres e intereses y no debido a los trabajadores más cualificados estan recibiendo mejores salarios que los que lo están menos. Y la ratio creciente de capital-renta se mueve principalmente debido a la riqueza heredada. “De pobres a ricos” [from rags to riches] [20] no es la historia de la riqueza del capitalismo: más bien sería un caso de “de padres a hijos” o “de maridos a viudas”.

Pero entonces, Piketty trata de desarrollar algunas “leyes fundamentales del capitalismo” y llega el desastre. Mezcla capital y riqueza incluyendo activos no productivos como vivienda, stocks y bonos en su medida. Al hacer esto, pierde de vista cómo se crea y apropia la riqueza, tal y como muestra Marx con su ley del valor. Y su tasa neta de retorno del capital se separa del proceso de producción capitalista. Ciertamente, si quitas las viviendas y los activos financieros de su medida de la tasa de retorno, lo que queda es la tasa de ganancia de Marx y su decrecimiento (y sus movimientos arriba y abajo), a diferencia de la r “estable” de Piketty.

Como resultado, Piketty no tiene teoría alguna de las crisis en el capitalismo, y asume que son fenómenos pasajeros. Así, sus políticas recomendadas para un mundo mejor se limitan a impuestos progresivos y un impuesto global sobre la riqueza para “corregir” la desigualdad capitalista. Pero el propio Piketty reconoce que es utópico esperar que los ricos (que controlan el gobierno) accedan a esta reducción de su propia riqueza a fin de evitar que el capitalismo sufra alteraciones sociales en el futuro. Jamás se le ocurren otras formas de llegar a una reducción en la desigualdad: básicamente, el incremento de la proporción del salario sobre la renta a través de las luchas obreras y el liberar a los sindicatos de las ataduras de la legislación laboral.

Y así, no plantea políticas más radicales para tomar el control de los bancos y las grandes compañías, detener el pago de salarios grotescos a altos ejecutivos o poner fin a las estafas de riesgo [risk taking scams] que han arruinado las economías. Para Piketty – al estilo típico de la socialdemocracia – reemplazar el modo de producción capitalista no es necesario.

Traducción para Rotekeil de Guillem Murcia

Notas:

1. B Milanović, ‘The return of patrimonial capitalism’ – review of Capital in the 21st century, World Bank, October 9 2013, draft for Journal of Economic Literature, June 2014.

2. P Krugman, ‘Why we are in a new gilded age’ The New York Review of Books May 8 2014.

3. M Wolf, ‘Capital in the 21st century’ Financial Times April 15 2014.

4. J Cassidy, ‘Forces of divergence’ The New Yorker March 31 2014.

5. http://www.nytimes.com/2014/04/20/business/international/taking-on-adam-smith-and-karl-marx.html?_r=0.

6. De Tony Blair, primer ministro del Reino Unido de 1994 a 2007, y representante del New Labour, una corriente dentro del laborismo británico que rompía con el pasado más vinculado al movimiento obrero, a los sindicatos y a una cierta dirección programática a largo plazo de superación del capitalismo (que pasó a conocerse como Old Labour). Aquí se utilizaría en ese sentido, como equivalente a la tercera vía de la socialdemocracia que ha adoptado e interiorizado buena parte del discurso neoliberal respecto al modelo económico, productivo y de relaciones laborales (N. del T.).

7. Entrevista con New Republic.

8. El “cherry-picking” (literalmente, selección de cerezas) es el sesgo en el cual un investigador escoge únicamente los datos que confirman su hipótesis previa. Por tanto, no está mostrando datos representativos, sino únicamente aquellos que le van a dar la razón. La metáfora sería la de considerar que la cesta de cerezas que se vende en el supermercado es representativa de todas las cerezas, cuando en realidad ha pasado por un proceso de selección (N. del T.).

9. http://blogs.ft.com/money-supply/2014/05/23/piketty-response-to-ft-data-concerns.

10. http://thenextrecession.files.wordpress.com/2014/05/pikettyzucman2014hid.pdf.

11. En una carta abierta de 10 páginas disponible online, el profesor Piketty defiende su uso de los datos y sus conclusiones. Afirma que los aparentes errores de transcripción son ajustes deliberados y defiende su uso de algunas fuentes de datos por encima de otras.

12. El efecto “catch-up” (que aquí vendría a significar “ponerse al nivel”) o también llamado de convergencia es una hipótesis en economía que postula que las economías más pobres por cápita tienen el potencial de crecer a un ritmo más rápido que las economías desarrolladas. Esto se debe a que los rendimientos decrecientes (la disminución en productividad de un proceso a medida que se añaden unidades adicionales de un input, a partir de cierto punto) no son tan intensos como en las economías más desarrolladas, pero también porque las primeras pueden aprovechar los avances ya realizados por las segundas en cuanto a tecnología, organización etc. (en cierta manera, las economías avanzadas han ido “abriendo el camino”, y seguirlo es más fácil) (N. del T.).

13. Véase R Ibbotson and R Sinquefield, ‘Stocks, bonds, bills and inflation: year by year historical returns’ Journal of Business January 1976.

14. Véase B Eichengreen Project Syndicate April 27 2014. Se refiere a los datos del Fondo Monetario Internacional que muestran que el tipo de interés de los bonos ha estado disminuyendo durante tres décadas y, al 2%-3%, está apenas por encima de la tasa de crecimiento potencial de las principales economías de la OCDE.

15. James Galbraith dice que Piketty “mezcla equipo de capital físico con todas las formas de riqueza con valor monetario, incluyendo terrenos y viviendas, sea o no sea la riqueza productiva. Excluye solo lo que los economistas neoclásicos denominan “capital humano”, presumiblemente porque éste no puede ser vendido ni comprado. A partir de ahí, estima el valor de mercado de la riqueza. Su medida del capital no es física, sino financiera” (‘Capital for the 21st century?’ Dissent spring 2014). Esto lleva a problemas de medida, ya que los precios de los activos son volátiles, aunque Piketty afirme que no lo son a largo plazo.

16. Véase R Solow, ‘A contribution to the theory of economic growth’ Quarterly Journal of Economics February 1956.

17. “Desde como mínimo Wicksell, es ampliamente conocido que los activos de capital no pueden ser medidos y agregados en unidades físicas debido a su heterogeneidad: ¿cómo puede uno sumar un avión y una impresora? Así que se tienen que usar medidas de valoración. El valor de un bien de capital puede ser el coste de su producción o el valor del output que producirá en el futuro. Ambos métodos requerirán un tipo de interés (tasa de descuento), pero el tipo de interés normalmente se determina usando la cantidad de capital en relación con su output”. (S Bergheim Long-run growth forecasting 2008).

18. E Maito, ‘The historical transience of capital, the downward trend in the rate of profit since the 19th century’.

18. Véanse las tablas de Piketty para Alemania.

20. Literalmente quiere decir “de (llevar) trapos a las riquezas”. Es una frase hecha en inglés que encaja con muchos arquetipos literarios del “héroe hecho a sí mismo” o del que lo construye todo de la nada etc. Resulta interesante contrastar este mito con la figura del “emprendedor” que tanto se intenta poner de moda hoy en día (N. del T.).

Fuente: http://rotekeil.com/2014/07/08/desmontando-a-piketty-por-michael-roberts/

http://weeklyworker.co.uk/worker/1013/unpicking-piketty/

http://marxismocritico.com/2014/07/14/desmontando-a-piketty-michael-roberts/


Reseña de “El Capital en el Siglo XXI” de Thomas Piketty

Mick Brooks

La obra de Piketty parece un trabajo monumental, que analiza el desarrollo del capitalismo a los largo de siglos. Empleando multitud de datos muestra un perturbador crecimiento de la desigualdad en la distribución de la riqueza y los ingresos en el capitalismo moderno.

Piketty expone a grandes rasgos lo que denomina “la contradicción central del capitalismo”.

La conclusión global de el presente estudio es que una economía de mercado basada en la propiedad privada, sin impedimentos… conlleva poderosas fuerzas disgregadoras, que son potencialmente amenazantes para las sociedades democráticas y para los valores de justicia social en las que se fundan” (página 571)

Llega a la conclusión de que se ha producido un enorme incremento en la desigualdad en los sistemas capitalistas desde el final de la Segunda Guerra Mundial, y que es probable que se ahonde en el mismo en el futuro. Esa desigualdad tiene un carácter fundamentalmente patrimonial (o lo que es lo mismo parásita), ya que se basa fundamentalmente en la herencia y no en el mérito, bajo cualquier forma en que se lo defina.

Piketty traza una curva en forma de U en la que se aprecia la desigualdad en lo que atañe a la titularidad de la riqueza cayó dramáticamente de 1914 a 1945. Dos Guerras Mundiales y la Gran Depresión destruyeron enormes cantidades de riqueza. Después de que el capitalismo había esquivado estos “shocks” regresó a esa tendencia “natural” a la elevación de la desigualdad que parece intrínseca al sistema.

En concreto observa que la desigualdad parecería estar ascendiendo al nivel observado en las novelas de Balzac y Austen. Se pregunta (en la página 375) si el siglo XXI será todavía más desigual que el siglo XIX.

Sus hallazgos no han sido muy bien recibidos por los economistas del “establishment” y otros defensores del capitalismo. El libro de Piketty ha sido extremadamente polémico y controvertido, pero la mayoría de sus críticos, ciertamente, son, por citar a Marx, los “mercenarios bien pagados” del capital.

Piketty como economista neoclásico.

Su libro se ha comparado con la obra magna de Marx, seguramente debido a su título. Pero de hecho Piketty muestra un lamentable desconocimiento del pensamiento de Marx.

Llega a afirmar que Marx “rechazó totalmente la posibilidad de un progreso tecnológico duradero y de una productividad creciente y sostenida”.

No hace falta ser un experto en Marxismo. Incluso una lectura superficial del Manifiesto Comunista muestra que Marx consideraba que en el capitalismo el desarrollo de las fuerzas productivas y de la productividad del trabajo era la fuerza rectora del desarrollo histórico.

El principal problema de la obra de Piketty es que trabaja con conceptos no cuestionados de la economía neoclásica convencional. La finalidad de esta reseña es mostrar como el análisis de Marx aporta a nuestro juicio un fundamento mucho mejor para dar cuenta de los fenómenos económicos.

Capital y riqueza.

El primer error fundamental que entendemos que comete Piketty es que mezcla riqueza y capital:

A efectos de simplificación, emplearé las palabras “capital” y “riqueza” indistintamente” (Página 47)

Para los marxistas la riqueza es la acumulación de valores de uso Esos valores de uso acumulados pueden ser empleados como capital o no serlo. La titularidad de capital significa la titularidad de medios de producción. Eso permite a los capitalistas apropiarse del trabajo excedente de la clase trabajadora.

Vamos a usar como ejemplo a Jim Ratcliffe como ejemplo. Según la “Lista de millonarios del Sunday Times” de 2014 es la vigesimosexta persona más rica del Reino unido, con una riqueza valorada en 3.200.000.000 de libras Es uno de los principales accionistas de Ineos, que dirige la refinería y la planta química de Grangemouth, en Esocia. Los trabajadores de la planta de Grangemouth producen un mayor valor que el que reciben en salarios, en beneficio de personas como Ratcliffe. Sus acciones en la compañía son capital, y los dividendos que percibe son parte de la plusvalía. Ratchilffe también tiene un yate, que por lo visto vale más de 100.000.000 libras. Eso sin duda es riqueza. Pero en sentido marxista, no es capital. No le permite apropiarse del valor adicional aportado por el trabajo de otras personas. deducidos los salarios.

Por el contrario, el yate se compró con la plusvalía apropiada.

Piketty de hecho metería en un revoltijo el yate y la planta aludida anteriormente como riqueza. Un concepto central de su obra es la tasa de ganancia del capital (rate of return on capital). Deriva esta dividiendo los retornos presentes de los ricos (riqueza a la que no han aportado nada para su producción) por su denominador, que es la riqueza. Al mezclar capital y riqueza lo que entiende por “tasa de ganancia del capital” en realidad no tiene que ver con ello.

Piketty halla que aproximadamente la mitad de todo el stock de capital es residencial y la mitad capital profesional (página 51) Excluye bienes de consumo duraderos como coches y frigoríficos de su definición, pero incluye otros objetos de valor, como joyas. Asumamos por ahora que el capital profesional realmente es capital en sentido marxista.

¿Son las viviendas capital?

El señor Piketty no ignora que la gran mayoría de la población tiene muy poca riqueza. Y para los que poseen algo la principal forma de riqueza es su vivienda. Eso no es capital por la sencilla razón de que viven en ella. Así que la mitad de lo que Piketty define como capital no es capital en absoluto. Sólo los que adquieren casas para vivir de las rentas que obtienen por alquilarlas pueden considerar sus casas como capital.

El problema de Piketty es que en parte se engaña por su aceptación acrítica de las nociones de la economía académica dominante.

Los economistas “neoclásicos” hacen correr el ultrajante concepto de que la gente compra “servicios de vivienda” de modo que pueden alquilar el alojamiento… ¡a sí mismos! (p. 213) Así que el valor de la vivienda “se mide por el valor en renta equivalente de la vivienda”, o sea una renta enteramente ficticia. Es una forma de pensamiento absurda.

La tasa de ganancia.

Piketty continúa tratando de averiguar la tasa de ganancia del “capital” (como lo ha definido) en diferentes países y épocas. Como su definición de capital es incorrecta, dicha tasa resulta, en consecuencia, completamente imprecisa.

Encuentra que la tasa de ganancia es notablemente estable en el largo plazo, oscilando en torno al 4 y el 5% desde comienzos del siglo XIX (Las economías francesa y británica poseen las estadísticas más fiables y antiguas) Piketty no trata de explicar porque este debería ser el caso, sino que describe la tasa de retorno del 5% (más o menos) como “razonable”.

Pero la economía francesa y la británica estaban creciendo a mucho menor ritmo que el 4 o el 5% a comienzos del siglo XIX, y durante la mayoría del tiempo desde entonces. Este retorno de capital no era la distribución de los frutos del crecimiento, sino la redistribución de pobres a ricos, de los elementos productivos a los que no aportaban nada. Representaba un firme incremento de la renta nacional que se embolsaban los titulares de la riqueza.

El error sobre la naturaleza del capital también vicia el análisis de Piketty cuando asume, de la manera descuidada corriente en los economistas neoclásicos, que los ahorros se convierten en inversión de manera automática. El ahorro lo llevan a cabo tanto personas como empresas, como ganancia retenida. En el mundo real el ahorro (o lo que es lo mismo, no gastar) y la inversión en la producción se llevan a cabo por diferentes personas y por diferentes razones. Los ahorros pueden o no canalizarse hacia la inversión a través del sistema bancario. Y eso depende de en qué se acaben gastando los ahorros. Debido a su espurio concepto del capital Picketty no distingue entre un incremento en la inversión real (capital) y el inútil acopio de bienes de lujo como las joyas (que son riqueza, pero no capital)

¿Céntimos que caen del cielo?

¿De donde proviene esta taumatúrgica capacidad del capital (incluso si realmente es capital) para generar retornos del 5%, para todos aquellos que no realizan trabajo productivo y útil año tras año y década tras década? Para Piketty deriva de la noción neoclásica de la productividad marginal del capital. En la economía ortodoxa académica, cada factor o insumo de producción recibe su propia “recompensa”. La naturaleza apologética de esta teoría es clara cuando llegamos a la productividad marginal del trabajo. Sin que entremos en muchos dibujos y sutilezas, lo que viene a decir es “te pagan lo que mereces, o lo que aportas”, y esa es la lección que deberíamos extraer.

La aparente creencia de Piketty de que el dinero simplemente engendra dinero se parece a los errores más tempranos sobre el origen de la riqueza. Marx ponía en ridículo las mistificaciones del Doctor Price, que estaba obsesionado con el funcionamiento del interés compuesto. Price declaró:

Un chelín que se hubiera colocado al 6 por ciento del interés compuesto en la época de la Encarnación de nuestro Señor… se hubiera incrementado hasta una suma más grande que la que podría caber en el sistema solar, suponiendo una esfera igual en diámetro al diámetro de la órbita de Saturno”.

Marx respondía con sorna que Price era más fantasioso que todos los alquimistas juntos. ¿De donde puede venir ese flujo de ingresos si no es del trabajo excedente y no pagado de la clase trabajadora? Y sin embargo en el esquema de Piketty la porción de la renta nacional que va a la ganancia se fija mediante su fórmula y no tiene nada que ver con la porción que percibe la clase trabajadora (o sea, no tiene nada que ver con la tasa de explotación) Divide la renta nacional en renta del capital y renta del trabajo (página 45) pero no parece encontrar conflicto alguno entre las mismas.

Las ecuaciones fundamentales de Piketty.

Sus fórmulas fundamentales (que admite que no son sino identidades contables, o sea, ciertas por definición) son:

A= r x B, donde a es la fracción del capital en la renta nacional, r es la tasa de retorno del capital y B es la ratio capital y renta (por ejemplo, 500% por lo que el capital acumulado es cinco veces la renta nacional en un año)

Digamos que para Piketty r sería a grandes rasgos equivalente a la plusvalía en Marx, que incluye tanto la ganancia sobre el capital invertido más los réditos percibidos por la renta o cualquier otra forma de ingresos no ganados con trabajo productivo.

Aparte de definir mal el capital, Piketty contempla la tasa de ganancia como dada en su ecuación, en vez de explicar su origen.

La segunda ecuación fundamental es la siguiente:

B= s/g, donde s es la tasa de ahorro y g la tasa de crecimiento económico.

Si el ahorro de los acaudalados se incrementa a mayor velocidad que la ratio entra capital y renta tenderá a aumentar con el tiempo.

Así que Piketty trata de explicar la tasa capital/renta pero parece sacar la tasa de ganancia del aire. Y no puede ser de otro modo ya que hace equivalentes el capital y toda forma de riqueza, y les confiere implícitamente la capacidad de generar una renta para sus dueños. Su definición de ahorro en la segunda ecuación también es equivocada. El gasto en yates y en ordenadores sofisticados es acopio de riqueza (ahorro) pero sólo el último gasto cuenta como acumulación de capital.

La perspectiva marxista.

Para Marx el producto nacional se puede describir así c + v + s donde c es el capital constante (dinero gastado en plantas de producción, maquinaria, materias primas, etc) v es el capital variable (gasto en salarios) y s es la plusvalía (bajo la forma de renta, interés y ganancia) A efectos de simplificar, supondremos que c fue el resultado de la explotación pasada, así que la renta nacional presente es v + s, los nuevos valores producidos en un año.

Es bastante claro que uno de estos sólo puede subir a expensas del otro. Un aumento en salarios, ceteris paribus, reducirá la plusvalía. Esa es la base objetiva de la lucha de clases, un proceso por el que Piketty pasa de puntillas.

Para él la ganancia del capital no tiene nada que ver con la porción del trabajo asalariado. La porción de salarios se ve como capital, lo que queda después de que el capital “se ha servido”.

Para Marx la tasa de ganancia se determina por la fórmula s/ (c + v) donde la plusvalía es la ganancia total dividida entre la clase capitalista y el capital constante y variable los costes totales. Así que, ya se gaste el capitalista la plusvalía en mejorar el proceso de producción (nuevas máquinas, etc) o se lo gaste en artículos de lujo, resulta una distinción fundamental. Distinción que no se encuentra en Piketty.

Cuando expone su teoría, Marx niega que el capital constante pueda producir nuevos valores. Puede hacer el trabajo mucho más productivo y contribuir de ese modo a la producción de una masa cada vez más creciente de valores de uso.

Es por esa razón por lo que, forzados por la competencia, los capitalistas tienden a invertir la mayor parte del excedente, más que gastárselo en lujos.

Marx recalca que el capital es una relación social. Al principio supone que el capital (plantas, maquinaria, etc) tiene valores determinados por el trabajo socialmente necesario requerido para producirlos

Pero el capitalismo ha evolucionado. La titularidad del capital cada vez más toma la forma de la titularidad de acciones y otros trozos de papel todavía más esotéricos.

La plusvalía cada vez se divide más entre las diferentes fracciones de la clase capitalista, con sus correspondientes títulos de propiedad. Estos representan una porción de los medios de producción y dan derecho a su portador a un ingreso generado por el trabajo productivo de otros.

Para que esto pueda ocurrir debe haber una clase que no tenga medios para producir de modo independiente (la clase trabajadora) y que por lo tanto sólo pueda ganarse la vida trabajando a cambio de un salario para aquellos que son dueños colectivos de los medios de producción, los capitalistas

Capital ficticio.

Piketty emplea ejemplos de las novelas de Jane Austen y Balzac, que ofrecen descripciones detalladas de las formas que tomaban la riqueza y el capital en sus tiempos. Para ambos autores, los frutos de lo que sólo podía ser el trabajo sin retribuir de otros, goteando sin parar sobre los rentistas, se ven como un proceso natural y establecido por Dios.

La fuente principal de réditos no ganados con trabajo productivo de sus perceptores en tiempos de Austen y Balzac, era la titularidad de las tierras y los bonos del gobierno (prestar dinero al gobierno para el servicio de la deuda nacional) Ambos son ejemplos de lo que Marx llamaba capital ficticio.

La tierra tiene precio pero no tiene valor. Pues al ser un monopolio en manos de los propietarios pueden exigir renta a otras personas para trabajar en ella.

Hemos visto como todo ingreso determinado en dinero puede ser capitalizado, es decir, considerado como el interés de un capital imaginario. Por ejemplo, si el tipo medio de interés es del 5%, también puede considerarse a una renta anual de £ 200 como interés de un capital de £ 4.000. Es la renta capitalizada de este modo la que forma el precio de compra o valor del suelo, una categoría que, prima facie, y exactamente al igual que el precio del trabajo, es irracional, ya que la tierra no es el producto del trabajo, y en consecuencia tampoco posee valor alguno”. (Volumen III de El Capital)

Poseer títulos del gobierno es una forma de prestar dinero. En ambos casos el “valor” del título de propiedad se determina por los ingresos que conllevará, en vez de la tasa de beneficio calculada sobre el capital invertido. Todo parece patas arriba.

Piketty también menciona una empresa más beneficiosa en las novelas que analiza, pero una que tiene más problemas e inconveniencias. En “Mansfield Park” Sir Thomas tiene intereses en una plantación caribeña, a la que tiene que asistir de vez en cuando. La plantación produce algo, seguramente azúcar. Es lo más cerca que estamos de tropezar con el hecho de que las rentas de los ricos se derivan del excedente extraído de los explotados en la producción. Probablemente los esclavos también sufrían ciertas inconveniencias haciendo la fortuna de Sir Thomas, pero esto a Jane Austen no parece preocuparle mucho.

Aunque la información de la literatura de aquellos días resulta interesante, y muestra como había cantidad de acaudalados parásitos en el Reino Unido e Inglaterra en esos días, poca atención se presta por los autores citados a la revolución industrial, que iba a iniciar un proceso que transformaría el mundo.

Para Piketty, “todas las formas de riqueza se evalúan en términos de precios de mercado en un punto dado en el tiempo” (p. 149). Entonces, como ahora, gran parte de la titularidad del capital consiste en tener pedazos de papel, activos financieros más que reales. Como se sabe bien el precio de las acciones y otros títulos de propiedad fluctúa salvajemente. Y como el concepto de capital ficticio sugiere, no hay base objetiva para esa valoración. El precio de estos activos financieros es fantasmagórico y sujeto de un delirio especulativo (Para saber más, ver el Volumen III de El Capital, Capítulo 25, Crédito y Capital ficticio)

Esto debería constituir un enorme obstáculo a la tentativa de Piketty de averiguar la ratio capital/renta.

Aunque menciona el problema en diversos momentos, lo pasa por alto cuando calcula los beneficios en relación con la riqueza en el muy largo plazo, la escala temporal que le interesa en su obra. También se encoje de hombros en el problema de la inflación en su análisis. Lo mismo pasa con las burbujas de los activos, como la burbuja inmobiliaria española, o de los precios de las acciones en Japón a los que se refiere brevemente en la página 193. Esto ciertamente tendría un impacto poderoso en los valores nominales de la riqueza, que denomina capital.

Desigualdad de ingresos.

Después de analizar la desigualdad en la propiedad de riqueza, acomete la de los ingresos. Para él la explosión de los salarios de los directivos a partir de los 80 es un rompecabezas que hay que explicar.

Así que aplica el concepto neoclásico de la productividad marginal del trabajo a las tendencias salariales, especialmente a la explosión de los salarios de los ejecutivos. Ve esto como un fenómeno específicamente anglosajón, y encuentra que el concepto de “productividad marginal no encaja

“El principal problema… es simplemente que no puede explicar la diversidad de distribución salarial que observamos en diferentes países y en diferentes épocas (página 308)

Piketty concluye que. “Los altos directivos generalmente tienen el poder de fijar su propia remuneración, en algunos casos sin límites y en algunos casos sin ninguna relación evidente con su productividad individua"l (página 24) Estos super-salarios son muy frecuentemente solo “retribuciones por medios que no tienen que ver con su rendimiento”. (página 335)

¡La productividad marginal no tiene nada que ver con ello! ¡En efecto está de acuerdo con Marx de que sus elevadísimos salarios de “superintendentes del trabajo” son una porción oculta de la plusvalía!

Conclusiones.

La sección final del libro es la más frágil. Piketty se nos presenta como un socialdemócrata moderado, que se preocupa de la desigualdad creciente pero que no pone en cuestión el sistema capitalista. Propone un modesto impuesto global sobre el capital, que etiqueta rápidamente de “idea utópica. Es difícil imaginar que las naciones del mundo se pongan de acuerdo en algo semejante a corto plazo”. (Página 515)

Describe en detalle el modo en que los intereses de los capitalistas sabotearían ese plan. Mientras que sigan mandando cree que el mundo continuará como predice. Piketty no contempla ningún poder con capacidad de oposición, como la clase trabajadora mundial, que pueda enfrentarse a los intereses dominantes.

¿Por qué debería la desigualdad crecer sin descanso? Piketty ve la “contradicción central del capitalismo” en el un crecimiento desacelerado que hace que el ahorro sea superior al crecimiento (s/g aumenta en su ecuación) Automáticamente esto conducirá a que el capital se embolse más y más de la renta nacional.

En realidad esto solo será el caso si la tasa de retorno del capital permanece inalterada. ¿Realmente no hay límite a tanta codicia y avidez? ¿No resistirán los trabajadores que el capital amenace con absorber toda la renta nacional y les deje con casi nada?

Capitalismo y Crisis.

En tanto el capital se acumula, ¿no caerá la tasa de ganancia de cada unidad inevitablemente? Esa es la fundación de la Ley de la Tendencia al Descenso de la Tasa de Ganancia de Marx.

Como hemos visto Piketty define equivocadamente la propiedad inmobiliaria como capital. Se sigue que su tasa de retorno sobre el capital no se corresponde con el concepto marxista. ¿Qué sucede si utilizamos la categoría marxista correcta para analizar los movimientos en la tasa de ganancia a largo plazo sin tomar en consideración los activos financieros y la propiedad inmobiliaria? Esto ya se ha hecho. Aunque la tasa de ganancia sube y baja en el curso del ciclo económico, también muestra una prolongada tendencia a declinar en el curso del desarrollo capitalista.

http://thenextrecession.files.wordpress.com/2014/04/maito-esteban-the-historical-transience-of-capital-the-downward-tren-in-the-rate-of-profit-since-xix-century.pdf

Este estudio confirma la corrección esencial del análisis de Marx. Es de notar, que los hallazgos de Maito se hallan en un artículo académico sobre “La impermanencia histórica del capital”. Roberts hace alusión a ellos a la luz del debate sobre el libro de Piketty:

http://thenextrecession.wordpress.com/2014/04/23/a-world-rate-of-profit-revisited-with-maito-and-piketty/

Piketty, por otro lado, asume que el capitalismo continuará para siempre, por muy sombrías que sean las perspectivas de futuro. Puede parecer injusto criticar a Piketty por aspectos del capitalismo que no se ha propuesto analizar en su libro, pero el cuadro que pinta de un largo plazo en apariencia inexorable no se percata de la naturaleza caótica y llena de crisis del sistema. Casi no hace alusión a las crisis en las 685 apretadas páginas de su obra.

Las crisis recurrentes inevitablemente removerán las conciencias de la clase obrera y las fustigarán a la revuelta. El marxismo aporta un marco mucho más sólido para entender el funcionamiento del capitalismo que Piketty.

http://www.socialistproject.org/debate/review-thomas-piketty-capital-in-the-twenty-first-century/

1 de julio de 2014.

+ Info:

¿Cómo podemos utilizar lo que aprendemos del libro de Thomas Piketty sobre el capitalismo del siglo XXI? Eric Toussaint, 16 de febrero de 2014

“El debate Piketty sobre El capital en el Siglo XXI"

Thomas Piketty y la deuda pública. Eric Toussaint


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