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Anticapitalistes
  
dijous 26 de març de 2015 | Manuel
Podemos: su populismo progresista

Luke Stobart / Fernando Rosso y Juan Dal Maso

Aquí reproducimos la traducción de la segunda parte de la investigación sobre Podemos por Luke Stobart @caminocielos, publicada por primera vez en el blog de Left Flank (Australia)i. En la primera parte se intentó una explicación política del inédito grado de auto-actividad desde la ciudadanía que tuvo Podemos y sus círculos con raíces en las movilizaciones del movimiento 15M. En este segundo capítulo el autor examina otro componente cultural clave en su crecimiento meteórico: el contradictorio populismo radical basado (de forma creativa) en los escritos de los politólogos Chantal Mouffe y Ernesto Laclau y ya ensayado a mayor o menor grado en países como Bolivia, Ecuador, Venezuela y Argentina.

El “secreto” de Podemos según Pablo Iglesias:

Tengo la derrota tatuada en mi ADN. A mi tío abuelo le fusilaron. A mi abuelo le condenaron a muerte y estuvo 5 años en la cárcel. Mi padre estuvo en la cárcel. Mis abuelas conocieron la humillación de los derrotados en una Guerra Civil. Mi madre militó en la clandestinidad, y… pues bueno. Mi primera experiencia de socialización política siendo un crío era en las manifestaciones de la OTAN, la última vez que la Izquierda en este país pensó que podía ganar. Y a mí me molesta enormemente perder. […] Y llevo muchos años, con algunos compañeros, que estamos dedicando básicamente toda nuestra actividad política a pensar cómo podemos ganar […] Mi presencia en los medios de masas, las cosas que digo, cómo las digo, son muchísimas horas de trabajo pensadas con compañeros sobre cómo nos movernos a través de un terreno absolutamente hostil. […] Estuvimos en América Latina y mirábamos, mirábamos cómo hicieron allí para ganar. Y aquí está el secreto. […] La primera cuestión es no tener miedo […] [Segundo] sé que todos los militantes de izquierda quieren la unidad de la izquierda. […] Si todas las organizaciones políticas de la izquierda están unidas, entonces podemos ganar a estos sinvergüenzas que están mandando. Están encantados Rubalcaba y Rajoy de que pensemos así, porque saben perfectamente que el límite de eso es un 15, un 20 por ciento de los votos. […] No quiero ser el 20 por ciento, no quiero ser el 15 por ciento. No quiero que mi máxima aspiración política sea arrancarle tres consejerías al maldito Partido Socialista. No quiero ser una “bisagra”. Quiero ganar. Y en un contexto de derrota ideológica total, en el que nos han insultado, en el que nos han criminalizado, en el que controlan todos los medios de comunicación, para ganar, la Izquierda tiene que dejar de ser una religión y convertirse en un instrumento en manos de la gente. Tiene que convertirse en pueblo […] Y yo sé que a la gente de Izquierdas nos jode. Nos gustan nuestros símbolos, nos gustan nuestros himnos. Nos gusta verrnos todos juntos. Estamos convencidos que juntando cuatro siglas en un cartel eso supone que vamos a ganar. ¡Y qué va! [… Ganar] tiene que ver con la rabia y la ilusión de la gente. Tiene que ver con llegar a gente que de otra forma nos vería como marcianos porque nos han derrotado. […] ¿Qué es lo que tendríamos que hacer los demócratas? La democracia es quitar el poder a quien lo acapara y repartirlo entre todo el mundo, y esto lo puede entender cualquiera. […] El 15-M mandó un maldito mensaje en primer lugar a la izquierda, y hubo gente de izquierdas que se lo tomó mal. Yo recuerdo a dirigentes de izquierda diciendo “Yo llevo ‘indignado’ durante 30 años. ¿Van a venir estos niños a contarme a mí lo que es la indignación?” Ya, pero es que tú no juntaste a cientos de miles de personas en la Puerta del Sol. […] ¿Por qué no intentamos entender que la mayor movilización que se ha producido en este país precisamente desde el referéndum de la OTAN no ha tenido que ver con una decisión política de las organizaciones de izquierda, y que eso ha servido para cambiar la agenda política de este país para poner la reivindicación de la democracia en primer lugar? ¿Eso revela nuestra fuerza [de la izquierda]? No, revela nuestra maldita debilidad. […] Si estuvieran organizados los sindicatos y organizaciones sociales, no harían falta cosas como [Podemos …]. El problema es que en los momentos de derrota, para que no te derroten otra vez, a veces hay que mirar y decir “podemos ser la mayoría”.

— Iglesias, hablando en Febrero durante un debate con Alberto Garzón de Izquierda Unida /iii

Aunque Izquierda Anticapitalista jugó un papel significativo en la conformación de Podemos desde sus inicios — por ejemplo, mientras Miguel Urbán coordinaba los “círculos”como bases locales para activar el “poder popular” /iv—, el liderazgo de Podemos ha estado cada vez más hegemonizado por Claro que Podemos (CqP), el colectivo en torno a Pablo Iglesias y sus colaboradores en La Tuerka (en especial, Íñigo Errejón y a Juan Carlos Monedero). El cambio empezó cuando echaron a varios miembros de IA que trabajaban para Podemos antes de las europeas, y los partidarios de La Tuerka empezaron a controlar el comité organizador de la Asamblea Ciudadana de Podemos, introduciendo la votación de lista on-line que ha asegurado victorias para CqP en casi todas las votaciones internas hasta la fecha.

El colectivo de La Tuerka tiene varias influencias ideológicas. Iglesias y Errejón —el joven y hábil estratega de Podemos— tuvieron un papel destacado en movimientos sociales (como Juventud Sin Futuro, uno de los grupos que promovieron las protestas del 15-M). Al mismo tiempo, Monedero e Iglesias han sido miembros de organizaciones comunistas y han asesorado a Izquierda Unida. Los tres han trabajado como asesores políticos de los gobiernos de la llamada nueva izquierda latinoamericana como Venezuela y Bolivia. Errejón hizo su tesis doctoral sobre el partido MAS de Bolivia /v y es admirador del vicepresidente “neo-Gramsciano” García Linera. Monedero ha tenido relaciones con el chavismo, pero fue criticado por Chávez por organizar conferencias de intelectuales que analizaban las deficiencias de la revolución Bolivariana /vi. Es conocido por su tesis de que el fallo de la democracia en el Estado Español surge de la predominancia en el proceso de la “Transición” de secciones del aparato Franquista — una idea usada para justificar la centralidad estratégica dada por gran parte de las/los integrantes de Podemos (incluso los más radicales) a celebrar una Asamblea Constituyente. (Esta revisión histórica ha sido criticada por Xavier Domènech como demasiado instrumental y “vertical”, y minimizadora de las contradicciones estructurales comunes a todos los capitalismos liberales /vii.

Este trasfondo proporciona pistas sobre cuáles son las políticas que orientan Podemos. También es posible que el liderazgo de Podemos haya aprendido lecciones de la experiencia del italiano Movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo –pese a diferencias esenciales entre los dos proyectos. Errejón ha rechazado justamente las comparaciones simplistas entre este movimiento y Podemos indicando que Grillo sólo se opone a la casta política mientras que Podemos también apunta a la “minoría económicamente privilegiada” que hay tras ella /viii. A diferencia de Podemos, el liderazgo de Cinco Estrellas quiere mayores controles sobre la inmigración y abandonar el Euroix, y en Bruselas, se ha unido al mismo grupo parlamentario que el partido populista xenófobo “Partido de la Independencia del Reino Unido”. Podemos, por el contrario, está en la Izquierda Unida Europea. El movimiento de Grillo tiene una estructura organizativa vertical y altamente centralizada. No es de extrañar que la gente lo haya descrito como fundamentalmente “de derechas”, pese a que muchos partidarios lo vean de otra manera.

Pese a todo, hay algunas similitudes entre los conceptos y métodos de los dos “movimientos ciudadanos”, que —aunque accidentales— son útiles señalar. El movimiento de Grillo ha disfrutado de un rápido crecimiento electoral, se centra en el famoso blog del conocido comediante (intervención mediática usando canales alternativos), rechaza la relevancia de “Izquierda y Derecha”, etc. Utilizó el término de “la casta” antes que Podemos. Su autoritarismo, que ha llevado a expulsiones de disidentes y producido serias divisiones internas, ha sido una importante característica de la experiencia italiana. Iglesias ha sido más democrático, aunque su petición a los que criticaban su modelo de partido de “echarse a un lado” de la dirección (apoyado por su propuesta —aceptada— de prohibir a organizaciones políticas estar en puestos orgánicos), y su controvertida lista completa de líderes (la cual llevó a la alternativa lista Sumando Podemos a retirarse de las elecciones) ha sido vista como autoritaria, y parte de la “vieja política”. Del mismo modo, las similitudes entre los dos movimientos deben ser fuertemente matizadas por la constatación de la dinámica libertaria existente dentro de Podemosx, lo cual supone que muchísima gente dentro de los círculos se distancian de la estrategia organizativa de La Tuerka.

La ‘democracia radical’ de Laclau y Mouffe

Mucho del enfoque estratégico de La Tuerka y Podemos es expuesto por Errejón en un fascinante artículo para Le Monde Diplomatique. Tras el enfoque subyace principalmente la influencia teórica de la “democracia radical” “posmarxista” de Chantal Mouffe y Ernesto Laclau — a los que Errejón cita regularmente. Estos intelectuales de “la escuela de Essex” argumentaban en los 80 que el proyecto transformador socialista tradicional basado en la centralidad de clase no explicaba las lógicas separadas que conformaban las diferentes injusticias y, por tanto, no podían unir a los “nuevos movimientos sociales” en un desafío común contra las élites. Usaban las ideas de Gramsci sobre la lucha por el socialismo en las democracias parlamentarias (“occidente”), en particular el modo en que el poder de clase no era logrado y mantenido principalmente a través de la coacción sino sobretodo por la “hegemonía” (liderazgo) en las democracias parlamentarias (o, dicho de otra forma, por la construcción de legitimidad política a través de la propagación de las ideas dominantes, los consensos democráticos, etc.). En consecuencia la estrategia de respuesta correspondiente debería ser por tanto una “guerra de posición” —el crecimiento gradual de influencia de las izquierdas en la sociedad— en oposición al combate social (una “guerra de maniobra”). Mouffe y Laclau contraponían por tanto a la revolución una “democracia radical” centrada en la arena parlamentaria. Su visión representaba de hecho unaruptura con Gramsci, que siempre entendió que el liderazgo de la burguesía dependía también del último recurso de la coacción judicial/policial/militar en todas las sociedades capitalistas, o sea que la hegemonía y la coacción no eran procesos separados, ni que existía jerarquía entre los dos procesos. En consecuencia, a diferencia de muchas y muchos ‘gramscianos’ (incluyendo a los eurocomunistas del Partido Comunista Español y Laclau mismo), Gramsci nunca subordinó “la guerra de maniobra” (la acción directa y revolucionaria) a la de “posición” e insistía en que las y los revolucionarios se deberían organizar en proyectos hegemónicos más amplios, sí, pero también manteniendo sus propias organizaciones a fin de guiar a amplias capas de la clase trabajadora más allá de las limitaciones de las organizaciones (reformistas) de masa /xi. En cambio, para la Escuela de Essex la estrategia principal se basaba en conseguir la hegemonía alternativa por medio de forjar “una voluntad colectiva” y “movilizar la dimensión afectiva” (o “pasiónal”). El mecanismo para realizar esto es, en primer lugar, defender la aplicación de “las ideas y valores que estaban ya presentes, aunque insatisfechos, en el capitalismo liberal”, como la “libertad e igualdad para todos”. Adicionalmente, “para que una hegemonía tenga un foco radical necesita establecer un enemigo”. /xii

Este acercamiento es bastante fácilmente reconocible para los que estamos implicados en Podemos. Los discursos de Errejón e Iglesias a menudo incluyen ideas como poner “pasión” en la política, la “casta” como el enemigo identificado, llamadas a la aplicación de ideas liberal-burguesas (por ejemplo, la “soberanía nacional”, contra las imposiciones de la Troika, el “patriotismo progresivo” de Iglesias defiende el cumplimiento de la ley por los ricos para que paguen sus correspondientes impuestos, etc.). Errejón compara Podemos con un “populismo de izquierdas” emergente que “busca crear [una] dicotomía articulada en una nueva voluntad política con una vocación de mayorías”. Esto se realiza principalmente a través de intervenciones en los medios, tanto en los shows alternativos de La Tuerka y Fort Apache como en los medios de comunicación masivos como La Sexta (que ha ganado éxito comercial incluyendo a Iglesias en sus programas). Errejón teoriza las intervenciones de Iglesias y su equipo como “práctica teórico-comunicativa” para “traducir análisis y diagnósticos complejos en narrativas discursivas e historias directas”. Crucial para su “estilo discursivo” es el uso de emociones, símbolos y un léxico “para dar ‘nuevo sentido’ a los principales indicadores del momento, y llevar la lucha a un terreno favorable, y no donde nuestros oponentes o la inercia ideológica nos conducirían”. (Mouffe y Laclau pudieran sentirse halagados, pues La Tuerka ha implementado este acercamiento con bastantes éxitos).

Hay diferencias entre el enfoque de Podemos y el de Laclau y Mouffe (por ejemplo la última autora defendía a los partidos tradicionales frente a las críticas del 15M y Occupy /xiii). La particular influencia de la izquierda sudamericana en La Tuerka puede ser identificada en los enfoques de Podemos como la defensa de una “Unión del Mediterráneo” contra la “colonización” por Alemania. Esta idea parece tomada del discurso del gobierno venezolano de reducir la dominación imperial (EEUU) en América Latina creando bloques y alianzas regionales “antiimperialistas” (por ejemplo, Unasur). De hecho, Errejón describía como un tercer “pilar” en Podemos “un estudio prolongado y un aprendizaje sobre el terreno de los procesos latinoamericanos recientes de ruptura popular (y constituyente)” /xiv. Estos procesos, decía, suponían una “guerra de posiciones dentro del Estado”, de nuevo conceptualizando de acuerdo a la malinterpretación de Laclau y Mouffe de las ideas de Gramsci.

Pascual Serrano proporcionó una interesante y empática descripción del éxito inicial de Podemos que identifica el impacto práctico del chavismo venezolano en el nuevo proyecto:

Los líderes de Podemos […] Saben que, como en Caracas, miles, millones de personas no se creen el sistema, no se movilizan, pero están en condiciones de levantarse si ven una esperanza. Por eso Pablo Iglesias no mostró signos de triunfo con cinco eurodiputados y un millón de votos. Su discurso, a diferencia del de la izquierda tradicional, es maximalista […]. Como Chávez, Podemos habla de ganar, de arrasar, derrocar al sistema. […] De la misma manera, la ambigüedad del discurso de Podemos, tan efectista para unos como irritante para otros, también es una lección aprendida del proceso bolivariano. Chávez llegó a la presidencia de Venezuela esgrimiendo como propuesta electoral una “tercera vía”, algo que nadie sabía lo que era. Solo varios años después se atrevió a hablar de socialismo, socialismo del siglo XXI, que tampoco nadie sabía lo que era. /xv

Una aportación original

Además de estas influencias, a La Tuerka (y a otros miembros destacados de Podemos) les debe ser reconocida la aportación de su propia y original contribución política. Junto con una parte significativa de la izquierda radical (incluyendo a Observatorio Metropolitano de Madrid, IA y a los activistas catalanes que formaron el “Procès Constituent” para introducir reformas institucionales sociales en el proceso soberanista) el equipo de Iglesias desarrolló un análisis popular de la coyuntura post-15M en la que la crisis de régimen abrió “una ventana de oportunidad” para los radicales. Esta crisis (que otro destacado intelectual de Podemos trató de “orgánica” /xvi) es interpretada por Errejón como “pospolítica”, en donde, durante la crisis económica, el Estado ha acabado dominado por “una pequeña oligarquía” que llevó a lo que se reconoce cada vez más como una “crisis estructural” para el PSOE y, consecuentemente, para todo el régimen “democrático”. El 15M es visto como “un suceso histórico que reconfigura todo el sistema político español”. Tanto La Tuerka (como el Observatorio Metropolitano) analizaron la crisis como “eminentemente política” (aunque Emmanuel Rodríguez de OM ha añadido que está conformada en último término por la “financiarización” de la economía y la política).

Estas visiones contrastan con muchos escritos radicales sobre la crisis (incluyendo algunos marxistas) que explican de manera mecánica y simplística la turbulencia política en relación con las contradicciones económicas y fallan en reconocer (o recordar) que la alienación popular con la política oficial ha estado creciendo años antes de la crisis (como ilustra el aumento progresivo de la abstención electoral y el éxito electoral de diversos nuevos partidos de izquierda antineoliberal durante la primera década del milenio en Alemania, Portugal, Gran Bretaña y otros países). Al mismo tiempo, los análisis mencionados están limitados al situar la raíz de la crisis político-institucional en las deficiencias del acuerdo post-franquista. Estos déficits, que incluyen la ilegalización del derecho de autodeterminación para Euskadi y Catalunya, son reales. Sin embargo, considero que la crisis es más sistémica y universal, y surge fundamentalmente del colapso de la ilusión parlamentaria de postguerra bajo el neoliberalismo y la austeridad. La crisis de la política es sentida en la mayor parte de Europa, incluidas las democracias que fueron creadas contra regímenes autoritarios; incluida Francia, la cuna del Republicanismo, donde la fascista Marine Le Pen podría ganar la primera ronda de las próximas elecciones presidenciales; la República de Irlanda, donde el nacionalismo de izquierdas de Sinn Fein encabeza las últimas encuestas; y en la Portugal posrevolucionaria. Señalando experiencias en Australia, Elizabeth Humphrys y Tad Tietze han explicado que incluso allí donde la economía no ha sufrido una crisis seria, puede haber agitación política debido al vaciado de la “política” /xvii.

Esto se debe a que la política (parlamentaria) juega un papel para la burguesía de una aparente unión “democrática” entre el estado y la sociedad civil (la parte no-estatal de la sociedad), o juntar a una población fundamentalmente dividida entre clases (y capitales) en competición constante dentro de la comunidad imaginada de la “nación”. Cuando la gente ve a través de esta apariencia e identifica que la “política” sólo representa los intereses de la élite en vez de representar los intereses de la mayoría, la crisis para el sistema de partidos está servida. Italia ha sufrido dos importantes crisis políticas en las décadas recientes: primero, en respuesta al descubrimiento de que los líderes de los principales partidos del periodo de post-guerra estaban a sueldo de la mafia (una particular élite económica); y segundo, cuando Berlusconi, que — debido a su fortuna mediática — era supuestamente capaz de elevarse sobre la odiada “política”, demostró gobernar únicamente para sus intereses (de élite). En ambos casos, el mito de la representación popular colapsó creando mucha inestabilidad.

Volviendo al Estado español, antes del lanzamiento de Podemos, Iglesias insistió que la ventana de oportunidad creada por la crisis era gigante, una visión que se ha demostrado muy correcta, pero que podría cerrarse pronto debido a la posibilidad de un proyecto conducido por élites políticas e institucionales para reformar (o “regenerar”) el régimen del 78, posición menos sólida pues no se ha visto mucho talante regeneracionista por parte de los partidos de la casta y por el gran rechazo popular hacia su proyecto neoliberal. A raíz de este análisis de coyuntura, Iglesias argumentó agresivamente a favor un nuevo proyecto audaz y no auto-referencial, un discurso que, cuando lo escuché en Barcelona en 2012, claramente inspiró a la mayoría de la gran audiencia presente, incluido a servidor.

En ‘Podemos: su alma “antipolítica”’ describí las muchas características de Podemos que representan una continuidad con el 15-M. La Tuerka enlaza claramente su estrategia para Podemos con la experiencia del 15-M. Por ejemplo, Errejón identifica como mayor logro del 15-M el socavar la actual ortodoxia política. Para él, y para Iglesias, el movimiento supuso la concienciación de la gente de que sus problemas sociales no existían por culpa propia y que requerían una solución colectiva. Sin embargo, Errejón insistió también que esos desplazamientos no conducirían automáticamente a ninguna expresión política progresista (y podrían terminar en apatía o en voto reaccionario como en otras partes de Europa). El punto crucial, añadió, fue que “las plazas” habían creado “simbólicamente” “la existencia de un pueblo no representado por las castas políticas dominantes” (o en otras palabras habían creado el “sentido común” creciente que hacía posible el proyecto populista progresista.

El 15-M sería importante no por crear un movimiento social como sujeto en sí mismo (o por alentar la creación de nuevos sujetos sociales) sino por haber creado el objeto de un nuevo proyecto. El nuevo proyecto sería de una naturaleza muy diferente, centrado en ganar hegemonía en la sociedad mediante el debate mediático y la movilización electoral. Errejón se hizo eco de la filosofía laclauniana tras este enfoque al declarar, “en política, no hay ‘espacio’ [político], sino sensibilidades que emergen y se enfrentan unas con otras”. En otras palabras, la lucha política trata de la propagación de ideas alternativas en la sociedad y no el combate entre fuerzas sociales-materiales en la calle.

Este enfoque subyace en el documento político “Claro que Podemos” adoptado en la Asamblea de noviembre de 2014. Trata a las movilizaciones sociales de los últimos años como transformadoras del contexto político, pero también como parte de una fase ya superada del proceso emancipatorio, ahora sustituida por una fase principalmente institucional. (El documento alternativo en la Asamblea, ‘Construyendo Pueblo’, adoptó un enfoque bien diferente, insistiendo en la agitación local en los círculos tanto antes como después de la llegada al poder /xix). Según la visión aprobada por la Asamblea, la fase de movilización en la calle fue derrotada por el “bloqueo institucional” de la casta.

Hay grandes problemas con esta perspectiva estratégica y con los argumentos usados para sustentarla. Estos no tienen que ver con el combate en el espacio electoral por sí mismo, como el célebre crítico libertario Carlos Taibo ha intentado argumentar con poco éxito. En Cataluña, las y los miembros parlamentarios de la CUP han mostrado en varias ocasiones que al verse a sí mismos como “caballos de Troya” en el parlamento pueden actuar como altavoces para amplificar la voz de los y las trabajadoras (y otros colectivos populares) en lucha sin subordinarse al teatro de la “política”/xx. Hasta han llevado la desobediencia al parlamento, por ejemplo cuando el diputat David Fernández agitó su zapato en señal de desprecio frente a Rodrigo Rato, expresidente de Bankia, en una comisión parlamentaria /xxi.

La debilidad de la visión de Errejón reside en, primer lugar, que el 15M no solo forjó un objeto político sino que animó una buena cantidad de actividades “horizontales” extraparlamentarias a gran escala, desde la PAH a las huelgas asamblearias de profesores /xxii. Es verdad que las y los activistas mostraban una creciente decepción cuando Podemos fue lanzado en Enero, pues incluso movimientos tan potentes como la PAH se veían frustrados por un orden político insensible a sus reivindicaciones. Aun así, la frustración llevaba a más militancia y protestas de la clase trabajadora (como los disturbios de Gamonal y Can Vies, huelgas indefinidas sectoriales y la masiva Marcha por la Dignidad que juntó a 1,5 millones de personas en Madrid en marzo del año pasado /xxiii). Tales hechos —aunque desiguales y limitados— podrían haber alimentado una lucha aun más amplia de naturaleza más imponente (incluyendo los centros de trabajo donde la lucha puede sabotear más fácilmente la economía), y lograr romper con el impasse. La cuestión ahora es si el auge de Podemos podría está contribuyendo a desalentar esto inadvertidamente (tal y como ha señalado Diego Cañamero del SAT) al invertirse las esperanzas en un cambio de gobierno y hacer pensar que las manifestaciones son ahora menos importantes para conseguir un cambio social.

Segundo, tampoco era inevitable que sin Podemos hubiera habido un giro electoral a la derecha, al menos a corto plazo. En un contexto de resistencia colectiva y de comprensión de la naturaleza sistémica de los problemas sociales, se debilitaba la división entre personas “nacionales” y extranjeras, etc. Los intentos de fomentar la división por parte de los medios de comunicación y los políticos de derechas han tenido una acogida limitada. Así, aunque las actitudes anti-inmigración son aún extendidas en la sociedad, de acuerdo con las encuestas de opinión no han avanzado bajo la crisis y la austeridad, como sí lo han hecho en otros países europeos (y como ocurrió en el Estado español en la década previa). Similarmente, parece que el escenario tampoco ha sido tan favorable para el crecimiento de la (aún débil) ultraderecha /xxiv.

Otra debilidad importante en la estrategia de liderazgo de Podemos es tratar la lucha social y política en términos de “etapas”. Por mucho que suene radical y moderna tiene grandes paralelismos con el reformismo tradicional. Esto se debe a que la actividad propia y autogestionada del movimiento queda sustituida por la actividad de los actores políticos, y una vez más las clases populares acaban representadas en vez de representarse a sí mismas. Por supuesto, Podemos intenta también, con un éxito considerable, implicar a un gran número de gente en su movimiento, y tiene otras diferencias positivas con la socialdemocracia, tal y como examiné en la primera parte de la trilogía. Pero la iniciativa política está siendo dominada cada vez más por las y los intelectuales de la Complutense, e —igual que con la izquierda gubernamental latinoamericana— la necesidad de movilización popular se enmarca principalmente en términos de apoyo a las acciones parlamentarias y gubernamentales de la dirección política: movilizar el voto, actuar para defender al gobierno electo de izquierdas frente al contraataque de la derecha, etc. Aun cuando el punto de partida era la oposición a las élites, la dirección inevitable es hacia un nuevo elitismo, particularmente cuando el concepto de lucha hegemónica que defiende CqP se basa en la proyección ganada a través de los medios de masas y las instituciones. Por las razones analizadas en otro artículo de La Hiedra, no es una estrategia que pueda ganar reformas duraderas, mucho menos una transformación radical de la sociedad.

Diferentes estrategias, diferentes modelos organizativos

Resumiendo mucho de lo elaborado hasta aquí, Brais Fernández ha descrito la clave del dilema en Podemos: cómo estar entre una organización que “reconociendo el potencial ‘politizador’ de la vía electoral y la importancia de conquistar espacios en las instituciones, apuesta por la construcción de un proyecto arraigado en la vida cotidiana de la mayoría social trabajadora, asentado en las luchas [...], fundamentada en la auto-organización comunitaria desde abajo”, y “otra, que considera que esa construcción no debe hacerse necesariamente en paralelo, sino que debe subordinarse a una victoria electoral inmediata en las elecciones generales [...] y que esa reconstrucción de las relaciones sociales en un orden posneoliberal [...] debe iniciarse una vez se conquisten los aparatos del Estado y a partir de estos.”

Para el activista de Podemos, esta diferencia de perspectiva es la razón principal de los bandos enfrentados durante la Asamblea Sí Se Puede sobre cuestiones organizativas y “éticas”. Tales asuntos incluían la frecuencia de la Asamblea Ciudadana (que de forma preocupante tomará lugar sólo una vez cada tres años) y sobre tener un secretariado estatal colectivo o un poderoso secretario nacional que pueda elegir a su propio ejecutivo (la posición que acabó ganando). Pese al hecho de que la propuesta más democrática —presentada por las y los eurodiputados Teresa Rodríguez y Pablo Echenique— recibió alguno de los mayores aplausos en la Asamblea, tan sólo recibió unos 14.000 votos on-line (comparado con los 90.000 para el equipo CqP). El resultado ha llevado comprensiblemente a la frustración de algunos activistas (tal y como ha ocurrido también con votaciones posteriores para los consejos y los secretarios generales autonómicos donde el sentimiento en los círculos no se ha expresado adecuadamente en los votos finales on-line).

También de manera decepcionante, al aprobar el documento “ético” de CqP, se excluyó de la dirección a miembros de “organizaciones políticas” (una política claramente enfocada en marginar a IA y presentar las diferencias estratégicas como fruto de “manipulaciones partidistas”), jugando a favor de ello con el sentimiento “anti-político” existente ya analizado en otro artículo.

Fernández tiene razón al señalar que tras estos argumentos “técnicos” (o sobre “personas dirigentes”) subyacen estrategias diferentes entre el populismo y la radicalidad tipo 15M. Aquellos y aquellas que enfatizan la obtención del poder institucional (y ven la movilización como algo secundario) y que por tanto priorizan el control meticuloso del discurso para agitar el “sentido común” que hace posible las mayorías electorales han presionado lógicamente por un modelo organizativo cada vez más vertical, articulado en torno a la interacción entre el carismático Iglesias y “el pueblo”. El victorioso modelo CqP puede estar haciendo a Podemos una opción electoral más viable a corto plazo, pero sin duda debilita la red de círculos que han dado a Podemos su dinamismo y su carácter positivo como “movimiento ciudadano”. Esto sólo puede debilitar la habilidad para crear un movimiento “contra-político” que pueda intervenir en la lucha desde abajo para avanzar hacia un nuevo paradigma institucional también surgido desde abajo. Es importante por tanto que los y las activistas hagan un especial esfuerzo para seguir orientando su esfuerzos hacia la lucha social (y no solo hacer “construcción política”). El modelo de CqP es también capaz de debilitar el soporte público hacia Podemos, aunque esto sería un proceso a más largo plazo debido a la existencia de un profundo malestar hacia la “casta”.

Seguir fortaleciendo la lucha social en el periodo actual y venidero es más fácil decirlo que hacerlo en las ilusionantes circunstancias actuales, pero será la clave para que podamos ganar la lucha contra los recortes y la corrupción.

Notas:

Traducción realizada por Pablo Martínez. Corrección de Franco Casanga.

Un tercer capítulo final que será publicado en breve evaluará críticamente la estrategia económica propuesta para Podemos por los economistas Navarro y Torres López, y el método de movilizar éstos y otros “sentidos comunes” en la sociedad como una estrategia política general. Terminará uniendo los diferentes análisis en esta serie y ofreciendo algunas sugerencias constructivas para las y los activistas.

Gracias a Tad Tietze, Guillem Boix y Jonas Liston por sus útiles comentarios sobre un borrador inicial.

iii https://www.youtube.com/watch?v=JNITo0Un0FM
iv Todo el poder a los Círculos. Miguel Urban
v La lucha por la hegemonía durante el primer gobierno del MAS en Bolivia (2006-2009): un análisis discursivo
vi Para una visión sobre las ideas de Monedero ver aquí
vii Xavier Domènech: “Cal anar del populisme al frontpopulisme”
viii https://www.youtube.com/watch?v=g034q7q6suM
ix Esta política tiene sentido económico para Italia y España, pero parece conducida aquí, al menos en parte, por una agenda nacionalista.
x http://lahiedra.info/podemos-su-alma-antipolitica/
xi Ver para una buena explicación de la visión revolucionaria de Gramsci aquí (en inglés):
xii ¿Qué es ’Podemos’? Iñigo Errejón, Julio 2014
xiii Chantal Mouffe y el populismo necesario
xiv ¿Qué es ’Podemos’? Iñigo Errejón, Julio 2014
xv http://links.org.au/node/3931
xvi Foro Viento Sur "Ante la crisis de régimen, ¿”regeneración” o ruptura democrática?"
xvii Humphrys, Elizabeth, and Tad Tietze, 2013, “Anti-Politics: Elephant in the Room

xix Construyendo pueblo. Documento político para la Asamblea Ciudadana. “Sí se puede”. Manuel Garí...
xx Strikes, independence and indignados
xxi https://www.youtube.com/watch?v=wbXBCxTZBO8
xxii Whatever happened to the Indignados? 1: Radical struggle. Luke Stobart. March 17, 2014
xxiii Whatever happened to the Indignados? 2: Regime crisis. Luke Stobart. March 24, 2014
xxiv La única excepción muy importante ha sido Plataforma x Catalunya

11 Enero 2015

http://lahiedra.info/podemos-su-populismo-progresista/

+ Info:

Podemos y la revolución. Luke Stobart

La izquierda ante el estado y su democracia. Luke Stobart

Tras las elecciones de diputados al parlamento europeo. La izquierda y Podemos ante el estado y su democracia. Luke Stobart


PODEMOS, Gramsci y el populismo

Fernando Rosso y Juan Dal Maso

El debate sobre el “populismo” realizado en Fort Apache (conducido por el eurodiputado Pablo Iglesias) es muy interesante para comprender el rescate “posmarxista togliattiano” con el que los voceros de PODEMOS intentan sostener una línea de continuidad entre Antonio Gramsci y Ernesto Laclau. Y así autoinvestirse como fenómeno emergente de una “situación populista” y por lo tanto como un movimiento político de carácter “populista”. Cabe aclarar que como ya se dijo infinidad de veces, “uso” de Gramsci, no necesariamente es “abuso”, pero veremos que lamentablemente este no es el caso.

Un comienzo que es toda una confesión de parte: en un gesto muy poco “populista” y bastante “liberal”, la referencia planteada por Iglesias y luego bendecida por Errejón es la política del PC italiano después de la Segunda Guerra Mundial. Para los referentes de PODEMOS, que consideran superada la lucha de clases del marxismo clásico, la historia “ético-política” se independiza del momento de la coerción, la fuerza y el enfrentamiento directo entre las clases (o entre el pueblo y las castas reaccionarias) e incurren en el mismo error que criticaba Gramsci a Benedetto Croce por iniciar su Historia de Europa en el siglo XIX después de la revolución y las guerras napoleónicas.

Este “error” es por otra parte muy funcional al conjunto de la argumentación. Ya que hablar del rol del PCI en la salida de la Segunda Guerra Mundial y de su política para sostener a como dé lugar la instauración de una democracia burguesa (bien retratada en la película Novecento), sería trazar un poco favorable paralelismo para el propio proceso de PODEMOS.

En segundo lugar, irse a reivindicar el “eurocomunismo” en Italia, permite no tener que hacerlo con el “eurocomunismo” español, que presentó su apoyo a los Pactos de la Moncloa como un equivalente del “compromiso histórico” llevado adelante por el PC italiano. Por eso el periodista Enric Juliana, el denominado por Iglesias como “gramsciano de derecha”, nombra la soga en la casa del ahorcado y les propone reivindicar la transición y especialmente el rol del PCE que luego de la “Matanza de Atocha” tenía la posibilidad de “incendiar las calles de Madrid y sin embargo no lo hizo”, a cambio de obtener al poco tiempo su legalidad e incorporarse al régimen.

Por último, circunscribirse a los inicios de la política “hegemónica” a la Togliatti, pero no a su desarrollo posterior, permite hacerse los distraídos sobre el ascenso obrero y popular que en Italia va del ’68 al ’79 (el más largo de Europa en esos años), en el que el PC jugó un rol ultraconservador y opuesto a los propios obreros cuya centralidad había dejado de lado en las décadas anteriores. La crisis del movimiento obrero y la izquierda italiana hoy debería llevar a reflexionar sobre qué relación tiene la situación actual con toda la experiencia previa del PC de Italia.

Algo más, si bien se dice que en el Estado español la recepción de las obras de Antonio Gramsci fue tardía e influida por la operación ideológica que llevara adelante Togliatti, lo cierto es que desde 1975 existe la edición de los Cuadernos de la Cárcel de Valentino Gerratana y una profusión terrible de estudios gramscianos (muchos de los cuales están en español) que han mostrado cada vez más como el proyecto teórico de los Cuadernos no es asimilable ni a la “vía italiana al socialismo” ni al “eurocomunismo” (lo cual permite por ejemplo trabajar sobre las convergencias y divergencias entre Trotsky y Gramsci) por lo que volver a unir Gramsci con Togliatti, aunque sea para llegar al más “de moda” Laclau, no deja de ser bastante retrógrado, desde el punto de vista del marxismo, pero también desde el de cualquier investigador interesado mínimamente en la obra de Gramsci.

Sobre la relación de Gramsci con Laclau, cualquier tentativa en tal sentido debería partir de reconocer que la “hegemonía” laclausiana pega un salto al vacío respecto de cualquier “populismo” que pudiera haber en Gramsci.

En efecto, si bien Gramsci sostenía en líneas generales la hegemonía proletaria y la centralidad de la clase obrera como sujeto, su posicionamiento en el debate al interior de la URSS en 1926 contiene un cierto desplazamiento de la centralidad obrera a un bloque popular dirigido por el partido “con el punto de vista” de la clase obrera. Sobre esto nos hemos referido acá. Su posición sobre este tema en los Cuadernos es un poco ambivalente, en tanto sostiene que la hegemonía no puede ser solamente ético política sino también económica (C13 §18), con lo cual de alguna manera estaría matizando su posicionamiento anterior, no obstante mantener un tensión entre peso social y hegemonía política. En resumen, si bien es cierto que en Gramsci existe este desplazamiento, todo lo demás corre por cuenta de los que posteriormente quisieron ubicarlo como un teórico de la “hegemonía sin determinación de clase” como hicieran con distintas herramientas pero con un sentido similar José María Aricó y Ernesto Laclau.

En cuanto al uso de las herramientas teóricas de Laclau para analizar el “momento populista” que PODEMOS expresaría políticamente, resulta evidente que como al tándem de la Tuerka le está yendo muy bien, los muchachos están un poco subidos al caballo y esto genera una sobrevaloración de los efectos que generan los discursos políticos en la realidad y sus relaciones de fuerzas.

Además de lo señalado por el diputado de IU de que los “chavs” no están incorporándose a la “ciudadanía” por la vía de PODEMOS, con lo cual podríamos decir también que es un “populismo débil” o más bien un “populismo ciudadano”, la exageración de la potencia creativa del discurso político pierde de vista el elemento central de todo “populismo”: la creación (o utilización) de relaciones de fuerzas sociales como fundamento de la relación de fuerzas políticas.

Tomemos el caso de un “populismo” que conocemos bastante: el peronismo. Nadie dudaría de que Perón cambió para todo un largo ciclo el discurso político argentino, creo significantes “flotantes” o como se prefiera llamarlos, empezando por el propio peronismo, que es todo y es nada. Pero también creó una relación entre el Estado y los sindicatos, que persiste hasta el día de hoy, incluso cuando el peronismo viene inclinándose hacia los votantes de clase media y la administración de la pobreza, en detrimento de los sindicatos, desde la salida de la dictadura. Perón, además tenía de su lado a los militares, por lo menos hasta el ’55. Y la reactivación económica argentina fue producto de la sustitución de importaciones durante la Segunda Guerra.

En resumen, no tenía solamente el “discurso performativo” (“El sujeto es segundo con respecto al discurso”, dice Alemán en la mesa) sino fuerzas sociales y materiales en las que apoyarse. Y si había un “vacío” relativo era en el marco internacional del ya no más del imperialismo inglés y el todavía no del imperialismo norteamericano. En este contexto, la teorización de Laclau, ex integrante de la “izquierda nacional” argentina, no deja de tener un poco de “picardía peronista”: canta loas al giro lingüístico para hacer el peronismo más digerible para los europeos, pero sabe que la única verdad (o por lo menos una parte muy importante de ella) es la realidad de los aparatos y las fuerzas materiales.

En síntesis, los rescates históricos y teóricos de PODEMOS empiezan a mostrar con qué piensan pagar la “hipoteca” (en los términos planteados por el referente de IU) que les otorgó su emergencia política. El modelo de los partidos comunistas socialdemocratizados o los populismos latinoamericanos, con los que pretenden compartir todos los defectos, sin poseer ninguna de sus “virtudes”: el anclaje social para sus maniobras. Ese es el “vacío” del significante Podemos y lo que lo puede convertir en un fenómeno episódico y acelerar su institucionalización hacia la que su dirección avanza con gusto.

No por nada en una de sus últimas intervenciones públicas, Iglesias reivindica al nuevo líder de una de las castas más eternas y retrógradas de la historia humana, pese a que hoy pase un “momento populista”: Jorge Mario Bergoglio, más conocido en el mundo como Francisco.


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