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Anticapitalistes
  
dilluns 16 de març de 2015 | Manuel
Silvio Frondizi ante la condición humana

Sylvia Ruiz Moreno

Durante los primeros años del siglo XX, el litoral argentino albergó a la numerosa familia que fundaron los inmigrantes italianos Isabel Ercoli y Julio Frondizi. De sus 14 hijos, los tres más jóvenes serían destacadas figuras del ambiente académico y político de su patria. Arturo accedería a la Presidencia de la Nación entre 1958 y 1962. En ese mismo período, Risieri, prestigioso profesor de filosofía, ocuparía el cargo de rector de la Universidad de Buenos Aires. Silvio Frondizi, a cuya vida y obra nos referiremos en las páginas siguientes, se convertiría en el politólogo militante de la izquierda revolucionaria de las décadas del ‘60 y ‘70, entregando su vida por ello.

Biografía

Silvio Frondizi nació en Paso de los Libres (Corrientes) el 19 de enero de 1907. A los 14 años se trasladó a Buenos Aires junto con su hermano Arturo para completar su bachillerato en el Colegio Nacional Mariano Moreno e ingresar en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Paralelamente a su carrera de abogado, Silvio estudia historia en el Instituto Nacional de Profesorado.

Con sus dos títulos a cuestas, desarrolla la primera fase de su actividad docente durante las décadas del ‘30 y ‘40 en la Universidad de Tucumán, mientras profundiza sus conocimientos de teoría política con la lectura de los clásicos del contractualismo. A partir de ese trabajo de sistematización, publica en 1943 una Introducción al pensamiento de John Locke. Dos años más tarde concluirá la redacción de su principal obra de este período: El estado Moderno.

Pronto los avatares de la política argentina rozarían por primera vez su actividad profesional. Como consecuencia del golpe militar de 1943 se ordena la intervención de las universidades y —utilizando las palabras de Horacio Tarcus— “una verdadera legión de fascistas avanza sobre Tucumán” (Tarcus, 1996: 78). Silvio Frondizi renuncia al consejo académico de la universidad y se pronuncia contra la intervención. No era la primera vez que se enfrentaba a una dictadura: en 1931 fue encarcelado por manifestar contra el gobierno de facto del General. Uriburu.

Luego de las elecciones que llevaron por primera vez a la presidencia a Juan Domingo Perón, Frondizi fue separado de todos sus cargos en la universidad. Por esta razón, viaja a Buenos Aires para trabajar en el estudio jurídico de su hermano Arturo; aunque ya desde 1944 dictaba clases de Derecho Político en el Colegio Libre de Estudios Superiores, cargo que conserva hasta 1947. Desde entonces, y hasta 1958, queda excluido de la actividad docente y aprovecha esos años para dedicarse al estudio de la teoría marxista. En esta segunda fase de su carrera se operará su definitiva transformación de intelectual liberal crítico a cuadro marxista rebelde trazando su propio camino de acceso al materialismo histórico.

En 1949 se casó con Pura Sánchez Campos; al poco tiempo, nacieron sus hijos Isabel Silvina y Julio Horacio. En aquellos años también fue forjando su grupo de estudios y militancia, como producto del interés de algunos de sus alumnos que en 1945 querían continuar su formación junto al maestro. De allí surge el movimiento Acción Democrática Independiente (ADI) y, años más tarde, el grupo PRAXIS. (Frondizi, 1959: 29-30). De allí florecerá medio centenar de cuadros políticos que nutrirán la izquierda de las décadas sucesivas o se insertarán en la comunidad académica (Tarcus, 1996: 373). Desde ADI y PRAXIS es posible para Frondizi, sus colaboradores y discípulos, editar sus propias publicaciones —en forma de libros, folletos y periódicos— que les permitirán extender la difusión de sus ideas. En ese contexto, redacta su obra más importante, La realidad política argentina, en dos tomos que aparecerán entre 1955 y 1956. El grupo PRAXIS dio lugar a un peculiar movimiento político de influencia trotskista, pero que buscaba diferenciarse de los partidos tradicionales: el Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR-PRAXIS.

A partir de 1958, Silvio Frondizi regresa a la universidad como profesor titular de Derecho Político en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). En 1962 dicta cátedra de Instituciones del Derecho Público en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en 1963 será convocado por el Centro de Estudiantes para dictar la cátedra paralela de Sociología Argentina Contemporánea en la carrera de Sociología, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

El golpe militar de 1966 lo despojará nuevamente de sus cargos. Para entonces, las tensiones del MIR-PRAXIS y el impacto de la Revolución Cubana, conducirán a la disolución del movimiento. Sin embargo, lo que terminó por fracturar al movimiento fue la prohibición impuesta por el gobierno de su hermano Arturo, en 1960, como parte del Plan de Conmoción Interna del Estado (Conintes) y la ley de represión contra el “terrorismo”.

De su viaje a Cuba y sus entrevistas con el Che Guevara, surgió la idea de llevar la estructura organizativa y programática que él había diseñado en el MIR hacia otros países del continente. Fue así como Silvio Frondizi adquirió por aquellos años proyección continental como el fundador de primer MIR latinoamericano, y su obra trascendió las fronteras, como lo atestigua Michael Löwy —respecto de su impacto en la izquierda brasileña—, en el prólogo al libro de Horacio Tarcus (Tarcus, 1996: 12).

Los últimos escritos de Silvio Frondizi evidencian una marcada influencia de los Quaderni de la Carcere de Antonio Gramsci, que había leído en los años 50 (Tarcus, 1996: 368). Su actividad militante más destacada, en los avatares de la política de entonces, fue la defensa de presos políticos, tarea que desempeñó hasta sus últimos días. Cumpliendo esa función se vinculó al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) fundado por Mario Roberto Santucho, una escisión del trotskismo que había adoptado la táctica de la lucha armada a través del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). (Sobre la historia del PRT véase Seoane, 1991).

El 27 de septiembre de 1974 un comando de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) irrumpió en su casa para secuestrarlo, asesinando a su yerno, que intentó defenderlo. Horas más tarde apareció un comunicado de la Triple A adjudicándose el atentado e informando sobre la ubicación del cadáver de Silvio, brutalmente golpeado y acribillado por la espalda.

Tres años más tarde el gobierno militar ordenó el secuestro de su archivo y biblioteca. Después, el silencio envolvió el recuerdo y la obra de Silvio Frondizi. Sus obras no volvieron a ser publicadas. Solo el historiador Horacio Tarcus tomó la decisión de rescatarlo del olvido, como a otros marxistas díscolos, cuyo aporte a la historia del pensamiento político argentino todavía espera ser debidamente valorado.

Su obra

Decimos que la obra de Silvio Frondizi, plasmada en su escritura y su vida pública como político, abogado y profesor, puede ser definida como la de un politólogo militante, porque fue un apasionado cultor de la política y puso toda su capacidad y formación profesional al servicio de un proyecto colectivo, la construcción del socialismo.

Precisamente, la preocupación por comprender y asumir su misión como intelectual revolucionario es la nota dominante de su trayectoria como ensayista político. Si bien distinguimos tres grandes momentos de su obra —los años 30 y 40, influidos por la lectura de los clásicos de la teoría política; los 50, de sistematización de la teoría marxista; y los 60 hasta su muerte, de municipalismo y radicalización política— interpretamos esos cambios en el marco de una serie de preocupaciones constantes en una búsqueda vital cuya respuesta sería reformulada y perfeccionada en cada etapa.

Naturaleza humana y democratización de la cultura

Como intelectual, Silvio Frondizi aspiraba a contribuir a la emancipación del género humano. Ya en sus primeros escritos decide abrirse camino desde su posición de “profesor de teoría política general”, para “asomarse hacia la realidad en que vive” (Frondizi, 1946: 5). La lectura de la realidad le sugiere una interpretación de aquello que está obstaculizando la ruta hacia la emancipación, que va a representar en términos idealistas como “la concepción burguesa liberal”. Esta cosmovisión, que desde la Revolución Francesa y durante el siglo XIX había desplegado sus posibilidades “alcanzando un portentoso desarrollo, tanto en lo económico como en lo político y espiritual” (Frondizi, 1946: 35), se encuentra en la actualidad que vive y analiza Frondizi en plena crisis:

La causa fundamental de dicha crisis radica en la imposibilidad, que presenta la concepción burguesa-liberal, para universalizar los beneficios de la economía y a través de ésta de la cultura.[...]

Tal es el estado actual del problema político, que determina el sentido de la lucha entablada en todos los países. Pero como la economía hace posible la vida de cultura, la lucha económica adquiere categoría ideológica y a través de ésta, ética. Porque se está con o contra la posibilidad de la universalización de la cultura. (Frondizi, 1946: 35-36)

De esta manera, queda definida la esencia del hombre por su lucha para conquistar la universalización de la cultura, y la función de los intelectuales en esa epopeya resulta estratégica:

Cuando el intelectual entiende que la crisis actual no es un fenómeno cósmico, sino algo lógico y humano dentro del desarrollo de los tiempos modernos [...] entonces será que tiene una noble misión que cumplir, ya sea desde los puestos directivos políticos o intelectuales, o desde los más modestos, pero no menos eficientes, de educador de las masas, tarea realmente noble, porque tiende a elevarlas a la vida de la cultura. (Frondizi, 1954: 17)

Aún no había podido acceder a los manuscritos de Antonio Gramsci, que conocería años más tarde, sin embargo, la confluencia con su pensamiento ya resulta evidente. En la madurez de su obra va a reformular esta idea en términos de la posibilidad de realización personal:

El dilema actual, anticipándonos a lo que diremos más adelante, consiste en saber si se está o no con la universalización de la libertad. (Frondizi, 1965: 14-15)

En el contexto de crisis del capitalismo que Frondizi plantea, esa apuesta por la libertad supone la superación de los lastres que la sociedad alienada le impone a cada individuo:

Todo en esta época es frustración y, por lo tanto, desviación. Aquí reside el punto nodal de la solución contemporánea: dar a cada uno la posibilidad de realizarse. (Frondizi, 1965: 15)

Teoría de la praxis o el conocimiento como totalidad

El camino hacia la realización personal no es de ninguna manera, para Silvio Frondizi, una búsqueda aislada, sino más bien una lucha colectiva derivada de la postura gnoseológica del autor. El historicismo como vía de exploración de las raíces profundas de la realidad internacional y local estuvo presente desde las primeras inquietudes de Frondizi como profesor de historia y teoría política; será luego de profundizar la lectura de los textos marxistas clásicos y recientes, cuando identificará su método de investigación con el “materialismo dialéctico” o “praxis histórica”.

Una pequeña pero sustantiva obra dedica Frondizi al análisis de las características, posibilidades y limitaciones que, a su juicio, reúne este universo ideológico antagónico a la cultura liberal burguesa. Allí, el conocimiento es definido como la “síntesis de la correlación objeto-sujeto” (Frondizi, 1959: 10), es decir, como actividad humana sensible, no puramente intelectual, sino como “actividad práctico-crítica”. Por lo tanto, conocer la realidad, desde esta perspectiva, implica transformarla, y no se trata de una práctica individual, sino inexorablemente social.

La categoría definitoria en la gnoseología marxista es para Frondizi la de la totalidad, que se expresa en la praxis. Siguiendo la lectura de los Manuscritos económico-filosóficos de Marx, recupera la noción de hombre total, como sujeto y objeto del devenir, dueño de sí mismo como individuo, como ser social y como parte de la humanidad.

Como intelectual formado en el marxismo de manera “autodidacta”, al margen de los partidos políticos tradicionales de izquierda, Silvio Frondizi se atrevió a formular una crítica al materialismo dialéctico señalando los límites con los que se ha topado la teoría hasta el momento, hecho que le valió más de una polémica, en particular con la dirigencia del partido comunista (Tarcus, 1997: 82).

El materialismo dialéctico, lamentablemente, se ha ido transformando en buena parte en un economicismo, rechazando ciegamente todo aporte sobre el estudio de la naturaleza del hombre, y lo ha hecho en forma arbitraria y estúpida. El resultado ha sido que el marxismo se ha quedado atrás, en este aspecto, de la propia intelectualidad burguesa. (Frondizi, 1959: 19)

La crítica al marxismo de su época no es para Frondizi sino la otra cara del problema que había iniciado su indagación politológica en los años ‘40: la crisis de la burguesía liberal:

Extraigamos una conclusión a todo lo dicho; es relativamente sencillo hacerlo. Cualquier fuerza social que quiera reemplazar a la burguesía en la conducción del mundo debe desarrollar una concepción general del universo y de la vida. (Frondizi, 1959: 23)

El materialismo dialéctico así entendido va a recorrer cada arista de la obra de Silvio Frondizi, a través del análisis histórico de los acontecimientos, de su concepción totalizante de la realidad que lo lleva a transitar el recorrido que va del orden mundial a las experiencias locales, y de los problemas económicos a la crisis de los partidos políticos. También estará presente en la creencia inclaudicable en la emancipación humana que, si en última instancia está determinada por el devenir histórico, su realización depende de la organización de las fuerzas sociales para lograr su liberación.

Las dimensiones de la emancipación humana

Encontramos tres formulaciones, distintas pero con un núcleo común, de la contradicción fundamental que debe ser superada: la primera fórmula ya ha sido esquematizada en estas páginas y surge de la contraposición entre “burguesía liberal” y “democracia”, donde la burguesía liberal es portadora de la decadencia luego de su pasado esplendor y la democracia es disociada de aquélla, evitando el tradicional sintagma marxista “democracia burguesa”, para dotarla de su significación más generosa:

... terminada la guerra mundial, han quedado nuevamente frente a frente las fuerzas antagónicas que representan a dos formas de cultura, a dos concepciones del mundo, las que pueden resumirse en dos expresiones: burguesía y democracia.

Para la una, la vida del hombre es aparente libertad en todos los órdenes de la actividad, pero en realidad lo es sólo desde el punto de vista económico. Entiende la vida como lucha económica —el hombre es el lobo del hombre— y por lo tanto con una casta de vencedores y un rebaño de vencidos. (Frondizi, 1945: 128)

Históricamente planteada la situación, tiene un aspecto genérico y universal dado por la definición rousseauniana de democracia (Rousseau, 1985a: 163), reformulada por Frondizi como la “universalización de los beneficios de la cultura moderna”:

Con este postulado fundamental, la democracia no niega la libertad, sino que, por el contrario, hace posible la libertad política y espiritual de todos. Y no debe olvidarse que el grado de eticidad de un factor social se mide por el grado de universalidad que el mismo alcanza. (Frondizi, 1945: 129)

La lucha contra la concepción burguesa y por la universalización de los bienes que deben pertenecer a la sociedad, se traduce para nuestro politólogo en la necesidad de promover una gran coalición de “fuerzas progresistas que deben unirse en un potente haz ideológico y realizar la tercera y definitiva revolución” (Frondizi, 1946: 49).

Años más tarde, Frondizi identificaría esta noción de democracia con el marxismo, dando lugar a la segunda fórmula, expresada en términos ideológicos como “concepción burguesa” contra “concepción marxista” (también “materialista” o “praxística”). La superación de esta contradicción, como hemos visto, se alcanza a partir de la resolución de las debilidades conceptuales de la teoría marxista y por esclarecimiento de las masas que viven confundidas por la visión “economicista” que los partidos de izquierda suelen difundir:

El hombre es la fuerza productiva fundamental y el motor de toda actividad social. Si conseguimos llevar al ánimo de las masas populares la conciencia de que se trabaja para su liberación integral la crisis argentina estará superada. Pero esa conciencia no será alcanzada sin un plan integral;... (Frondizi, 1959: 23)

Es el momento en que, mientras es excluido de las aulas por los regímenes políticos de los años ‘40 y ‘50, funda su grupo de elaboración intelectual PRAXIS y su derivación, el movimiento político MIR.

La tercera fórmula propone un binomio ligeramente distinto de los anteriores: “centralismo burocrático” contra “autodeterminación de los pueblos”. Esta instancia madura de su pensamiento marca el momento de mayor cercanía de Silvio Frondizi respecto del ideal latinoamericanista, coincidente con el acontecimiento de la revolución cubana.

Una lectura de la historia nacional —y continental— lo conduce a desarrollar el eje del centralismo, que identifica con la concentración del capital y el autoritarismo político y militar, en contraposición al eje de la autonomía, que parte de una interpretación de la Constitución y la historia institucional del país, entendida como la eterna lucha por el autogobierno:

Es decir que la soberanía total estuvo originariamente y debe volver a estar en manos del pueblo de la república que la ejerce a través de sus propias instituciones básicas, por ejemplo las de carácter comunal. Para el mejor ejercicio de su autoridad, los pueblos han delegado determinadas funciones a organizaciones políticas superiores, tales como las provincias. Pero esta delegación ha sido taxativa, es decir, determinada. (Frondizi, 1961a: 11)

En esta fase Frondizi recupera a Rousseau y la tradición de la democracia directa como modelo de “democracia auténtica” (Rousseau, 1985b), que deriva en un examen minucioso de los derechos y garantías consagrados en la Carta Magna. En particular, concentrará sus esfuerzos en señalar la contradicción entre el principio de la soberanía popular y el artículo 22, que declara “el pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes...” que, bajo esta perspectiva, debería ser el primero en reformarse ya que “tiene como única finalidad el escamoteo de la voluntad popular realizado por la representación burguesa” (Frondizi, 1958: 113). De manera complementaria, el autogobierno supone valorizar las formas de organización local, como las municipalidades y las sociedades de fomento, ámbitos a los que Silvio Frondizi se acercará para participar y construir relaciones políticas.

Nuestro pensador, en cada época de su vida, intentó acompañar su propuesta teórica con la correspondiente acción militante, en un ejercicio de praxis política. Así, en la primera fase, la antinomia burguesía-democracia se completaba con la educación cívica que él mismo ejercía desde la universidad y la escuela; la segunda fase centraba la transformación política en la construcción de una teoría política marxista capaz de opacar a la teoría política burguesa, que fue su esfuerzo a través de los movimientos ADI y Praxis, y en la última fase, Frondizi expresó su lucha por el autogobierno interviniendo en diversos asuntos barriales y en la militancia revolucionaria. Todo ello nos conduce al problema del sujeto en la obra de Frondizi, que es el del lugar del sujeto en la teoría de la praxis.

Realidad y compromiso axiológico

Durante los años ’40, Silvio Frondizi aún se tomaba el trabajo de aclarar que escribía “con objetividad y con independencia absoluta de criterio” (Frondizi, 1946: 5), y puede decirse que, más allá del expreso marco teórico y compromiso ideológico desde donde desarrolla su obra, esta siempre fue la pauta de su trabajo. Porque nunca escribió para satisfacer los requisitos de una comunidad académica, como lo explica refiriendo a un par de incidentes con una revista mexicana y con la UNESCO, que rechazaron sendos artículos que le habían solicitado, por su contenido político. Decía ante esas circunstancias:

En nuestro tiempo, un hombre libre que aspira a trabajar por el esclarecimiento y progreso de la cuestión social no hallará fácil su tarea. Contra el éxito de la misma conspirarán, entre otras cosas, el dominio ejercido por el capitalismo sobre los grandes órganos de investigación y de publicidad y el servilismo de numerosos intelectuales frente a los privilegios e intereses del sistema social vigente. (Frondizi, 1953: 3)

Tampoco dedicó sus escritos a responder a las necesidades de formación de cuadros de algún partido de izquierda tradicional. Cuando formó su propio partido, intentó poner en práctica sus ideas sobre la participación política para que el MIR-Praxis se convirtiera en el órgano de difusión y acción de aquéllas ideas. No hubo fuerza, ni censura, ni persecución política, ni exclusión del claustro, que le impidiera desarrollar su libre pensamiento sobre la teoría marxista.

Por otra parte, la teoría de la praxis establece una peculiar relación entre sujeto y objeto. En primera instancia, rechaza un relativismo axiológico strictu sensu, porque parte del conocimiento de la realidad material, que es una entidad objetiva y tangible (tanto como pueden serlo las relaciones entre el trabajador y el empresario, la producción de mercancías y el dinero). En segundo lugar, la realidad no es inmutable, porque al conocerla, podemos transformarla, y porque inexorablemente la historia irá cambiando sus características (como se ven modificadas a través del tiempo las relaciones sociales de producción). En síntesis:

Hemos dicho y lo repetimos hasta el cansancio, que la concepción materialista dialéctica interpreta la realidad en un sentido profundo, dinámico. Parte de la base de que no hay variedades absolutas, sino relativas, o si se quiere, con un aparente juego de palabras, verdades absolutas en sentido relativo. Invirtiendo la proposición, diríamos, verdades relativas con carácter absoluto, pero parcial en el tiempo. (Frondizi, 1959: 9)

Un programa para la autodeterminación

Teórico del materialismo, pero teórico político al fin, Silvio Frondizi dedicó la mayor parte de sus escritos a reflexionar sobre la realidad política y sus posibilidades de transformación. Es en sus últimos trabajos donde expone de manera explícita una propuesta de aplicación, en medio de la convulsionada política argentina, de la teoría de la democracia rousseauniana que siempre había sostenido.

El punto de partida es el diagnóstico de crisis generalizada del capitalismo y la burguesía liberal que, como hemos visto, había centrado las percepciones de Frondizi en la década del ‘40, cuando se estaba gestando el orden mundial de la guerra fría. De ahí en más, el politólogo revolucionario comienza a indagar las posibilidades de una revolución socialista en la Argentina:

El problema consiste entonces en determinar cómo un país dependiente, en nuestro caso semicolonial, puede en la fase actual del mundo no sólo realizar su revolución democrático-burguesa, sino sobre todo continuar su marcha ascendente e incorporarse al desarrollo general con todas sus consecuencias. (Frondizi, 1973: 14)

Según su diagnóstico, la incapacidad de los partidos políticos nacionales (UCR y peronismo) para consolidar una revolución burguesa, ha llevado a nuestro país a una crisis terminal en la que sólo caben dos posibilidades: “socialismo revolucionario o dictadura falangista” (Frondizi, 1958: 96). El segundo término ya se había manifestado, a juicio del autor, ante la confluencia de fuerzas reaccionarias del “sector conservador semi-liberal” y la “tendencia nacionalista católica” en la llamada “revolución libertadora” de 1955 (Frondizi, 1958: 98). Pero el advenimiento del socialismo no será posible mediante la adopción acrítica de modelos desarrollados en otros países. Es cierto que al término de la segunda guerra mundial la Unión Soviética aparecía para este ensayista, con sus reparos, como una referencia alternativa al capitalismo:

... si bien no sabemos exactamente hasta dónde Rusia actúa como fuerza ideológica y hasta dónde como potencia nacional, la verdad es que en estos momentos representa una magnífica fuerza progresista. No debemos olvidar que el comunismo es la primera y más profunda tentativa para superar la crisis del Estado burgués-liberal. (Frondizi, 1946: 37)

Años más tarde se irá distanciando de la perspectiva soviética y fijará su atención en otras formas de organización socialista: la experiencia del “socialismo autogestionario” yugoslavo, que conoció en su viaje a Europa a comienzos de 1959 (Tarcus, 1996: 346), la organización de las comunas del pueblo chinas y, sobre todo, la organización de los comités populares en Cuba, que valoraba como el aspecto más importante de la revolución de 1959 (Frondizi, 1961b: 157).

La participación popular, para encauzar la transformación social, es la base de la construcción de una vía propia al socialismo, genuinamente elaborada a partir de las necesidades y aspiraciones de la población local. En ese sentido, tampoco la propuesta trotskista, con la que se identificaba, escapa a su crítica:

En cuanto al trotskismo, ha llegado a tener muchas de las limitaciones del partido comunista (sectarismo, burocratismo, pequeñez) y ha estado divorciado de los grandes movimientos de masas. (Frondizi, 1961a: 22)

En consecuencia, la solución argentina debía buscarse en la “autodeterminación de los pueblos”, “el respeto a las instituciones fundamentales originarias” (municipios y provincias) y en la instrumentación de formas de “democracia directa” (Frondizi, 1961a: 23). Concretamente:

... promover nuevos órganos, comités o concejos, (sic) de contenido netamente popular, con funciones de acción y de poder. Los mismos deben estimular la participación activa, el reagrupamiento y el esclarecimiento de las bases obreras y populares, su intervención directa en la vida social y política, y su preparación para el ejercicio de gobierno. (Frondizi, 1961a: 24)

De esta manera, Silvio Frondizi daba los primeros pasos teóricos para el gran desafío de las izquierdas ante las transiciones institucionales que se construirían a la vuelta de las dictaduras militares: la democracia participativa. Para alcanzar esta verdadera democratización del régimen político, la primera medida debía ser la reforma constitucional, que habilitaría —como señalábamos en párrafos anteriores— la participación directa del pueblo en las cuestiones públicas. Además, dicha reforma debía contemplar las bases de la reorganización económica nacional:

Debe establecerse en la nueva Constitución el carácter estrictamente social de la propiedad, haciendo constar el carácter nacional y colectivo de las grandes fuentes de energía, materias primas y producción. Debe reconocerse la propiedad individual y familiar de los bienes de uso. (Frondizi, 1958: 115)

Resulta curiosa la propuesta de regeneración institucional que subyace a la obra de Silvio Frondizi. La originalidad de este pensamiento dentro del corpus programático del marxismo reside en la centralidad de la problematización de las instituciones políticas que deben transitar el camino de la democracia burguesa al socialismo. Esta perspectiva, por otra parte, implica que la refundación de las instituciones no debe ser disociada de los otros aspectos de la actividad humana. La transformación debe ser integral, para ser verdadera:

No basta la lucha por la liberación económica y política. Debemos estimular o crear condiciones que permitan al hombre integrarse socialmente, realizar su personalidad plena, desarrollar su capacidad creadora, liberarse de las trabas (psíquicas, familiares, sexuales, etc.) que lo oprimen. (Frondizi, 1961a: 28)

La tercera fase del capitalismo

Otro de los aspectos originales del pensamiento de Silvio Frondizi, que le valió una polémica con otros intelectuales de izquierda, es el esquema de la evolución del capitalismo, en tres fases. La primera, estudiada por Marx, del capitalismo competitivo que caracterizó la mayor parte del siglo XIX, transcurre en el marco de la formación de las naciones. La segunda, teorizada por Lenin, es la del capital monopólico que da lugar a la división del mundo en áreas de influencia. La tercera fase —el aporte original de Frondizi para comprender su época, es decir, la segunda mitad del siglo XX—, es la de la “integración mundial capitalista”, caracterizada por “el enorme desarrollo de las fuerzas productivas mundiales y la consiguiente interdependencia económica”, junto con la franca ruptura del equilibrio entre las principales potencias capitalistas y la hegemonía de los Estados Unidos (Frondizi, 1973: 23).

El desarrollo de las relaciones económicas y de la técnica bajo el capitalismo es percibido por Frondizi desde una perspectiva crítica, catastrofista, a pesar de ser un convencido del progreso de la civilización a través del conocimiento y la ciencia, siempre y cuando esto signifique una evolución espiritual de la condición humana. Son las contradicciones del capitalismo las que obstaculizan esa marcha progresiva. El mismo modo de producción que favorece la expansión de las fuerzas productivas, limita esa acción al combinar la “producción social” con la “apropiación individual” (Frondizi, 1956: 6).

Para el autor “no es la conciencia de los hombres la que determina la realidad, por el contrario, la realidad social es la que determina su conciencia” (Frondizi, 1956: 5). Por lo tanto, de aquélla contradicción entre producción y apropiación, que llegaría a límites extremos en la tercera fase del capitalismo enunciada por el autor, emerge la crisis social debida al empobrecimiento generalizado de las masas, la crisis política que se deriva de la represión y supresión de los derechos políticos, y más importante aún, la crisis espiritual que se manifiesta en la pérdida de seguridad acerca de los valores sociales:

Perdida la fe en un sistema social sin que lo reemplace otro, la personalidad se desintegra, produciendo todas las deformaciones y la descomposición que padecemos en la época actual. El problema gira alrededor de la de la pérdida de seguridad; de aquí que el hombre contemporáneo se lance desesperadamente detrás de lo que afirme en alguna forma dicha seguridad perdida. La mayor parte de las clases elevadas y media corren en pos de la conquista de materiales. Típico a este respecto, es el hombre americano, paradigma del capitalista contemporáneo. (Frondizi, 1956: 12)

En estos términos Frondizi se aproxima a las reflexiones sobre “americanismo y fordismo” desarrolladas por Antonio Gramsci (Gramsci, 1999, t. 2: 201), aplicándolas a la definición de un orden internacional que, al menos hasta ahora, no ha dado lugar a su profecía de transición al socialismo, pero sí puede muy bien explicar los fenómenos que hoy confluyen en el concepto de “globalización”.

El intelectual y la transformación de la sociedad

Hemos visto que si las condiciones sociales determinan la conciencia, la transformación de esas condiciones depende de la capacidad de emancipación de las masas. La libertad económica para Frondizi era un medio para acceder a la libertad política y espiritual, entonces, la cuestión es cómo contribuir a esa liberación.

De ahí deriva la responsabilidad fundamental que Silvio Frondizi atribuía a los intelectuales en la transformación de la sociedad, como vectores de la democratización de la cultura. Hay un hilo conductor entre la difusión de la educación cívica para el establecimiento de una verdadera democracia a través de la función del intelectual como “educador de las masas, tarea realmente noble, porque tiende a elevarlas a la vida de la cultura” (Frondizi, 1954: 17) y la propuesta del acceso de los obreros a la universidad, para que la realidad social llegue a la enseñanza superior y para alcanzar la verdadera democratización de la cultura (Frondizi, 1958: 82).

Esto último no debía significar de ninguna manera la banalización del conocimiento, sino la realización de un esfuerzo mayor —mediante cursos niveladores preuniversitarios— para que los obreros pudieran acceder a la mejor educación, al mismo nivel que la burguesía (Frondizi: 1958: 77). Encontramos una reflexión similar en la obra de Gramsci, referida en este caso a la participación de las masas en la escuela media, que debían esforzarse para acceder al mismo nivel de formación de la burguesía y “resistir la tendencia de hacer fácil lo que no puede serlo sin resultar desnaturalizado” para crear un nuevo cuerpo de intelectuales (Gramsci, 1999, t. 2: 215).

Pero si debe cumplir una función clave como educadores para la democracia, fundada en la participación activa de las masas, la savia que nutre al intelectual revolucionario no puede provenir de la lectura dogmática de ciertos textos, sino del ejercicio de la praxis: el análisis crítico de la realidad contemporánea, con una perspectiva histórica e integral. Por eso, a partir del 1º de enero de 1959, la estela cubana fue una revelación para Silvio Frondizi. La muestra de que se puede superar “el estúpido determinismo, casi fatalismo geopolítico” (Frondizi, 1961b: 167).

La movilización social latinoamericana de los años ‘50 y ‘60 es la experiencia que el politólogo revolucionario va a conocer y a la que se va a comprometer activamente. La senda trazada por la revolución cubana debía marcar el inicio de la emancipación continental, y así lo manifestó en sus entrevistas con su compatriota el “Che” Guevara, durante su paso por La Habana:

Por eso consideramos que la revolución implica el comienzo de la derrota del imperialismo en Latinoamérica, y por lo tanto el derrumbe final del capitalismo, y la instauración del socialismo, pero el socialismo como manifestación suprema de la libertad de los pueblos, el pasaje del capitalismo al socialismo implica el pasaje del reino de la necesidad al reino de la libertad. (Frondizi, 1961b: 167)

Politólogo y militante. Socialista revolucionario. Defensor de los derechos políticos y humanos. Aunque la historia del pensamiento político argentino apenas lo recuerda, donde haya un hombre o una mujer bregando por la construcción de una democracia verdaderamente participativa, contribuyendo a la universalización de la cultura, allí asomará la huella de su legado.

Bibliografía citada

Frondizi, Silvio. “La crisis política argentina. Ensayo de interpretación ideológica”. Buenos Aires: ADI, 1946.


. “La crisis de la democracia”. Buenos Aires: Praxis, 1953.


. El estado moderno. Ensayo de crítica constructiva, [1944] Segunda edición. Buenos Aires: Depalma, 1954.


. “Fundamento, crisis y porvenir de la democracia”. Buenos Aires: Praxis, 1956.


. Doce años de política argentina. Buenos Aires: Praxis, 1958.


. “Interpretación materialista dialéctica de nuestra época”. Buenos Aires: s/ed, 1959.


. “Bases y punto de partida para una solución popular”. Buenos Aires: editorial Ciencias Políticas, colección Combate nº 1, 1961 (a).


. La Revolución Cubana. Su significación histórica. (Segunda edición), Montevideo: Editorial Ciencias Políticas, 1961 (b).


. Teorías políticas contemporáneas. Buenos Aires: Macchi, 1965.


. La realidad argentina. Ensayo de interpretación sociológica [1954]. Buenos Aires: editorial ciencias políticas, 1973.


. “La juventud universitaria frente al problema político” [1945]. En: Ciria, Alberto y Sanguinetti, Horacio. Los reformistas. Buenos Aires: J. Álvarez, 1968, p.p. 127-129.

Gramsci, Antonio. Cuadernos de la cárcel. México: biblioteca Era, 1999.

Rousseau, Jean-Jacques. Discurso sobre el origen y fundamentos de la desigualdad entre los hombres. [1755] Madrid: Alambra, 1985 (a).


. El contrato social [1762]. Madrid: Sarpe, 1985 (b).

Tarcus, Horacio. El marxismo olvidado en la Argentina: Silvio Frondizi y Milcíades Peña. Buenos Aires: El cielo por asalto, 1996.

Obras de Silvio Frondizi

Libros

Introducción al pensamiento político de John Locke. Tucumán: Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras, 1943.

El Estado Moderno. Ensayo de crítica constructiva. Buenos Aires: Losada, 1945. (Segunda edición corregida: Buenos Aires: Depalma, 1954; tercera edición: Buenos Aires: Depalma, 1960)

La realidad argentina. Ensayo de interpretación sociológica. Vol. I: El sistema capitalista; Vol. II: La revolución socialista. Buenos Aires: Praxis, 1955 y 1956 (segunda edición: 1960; tercera edición del vol. I: Buenos Aires: Ciencias Políticas, 1973).

Doce años de política argentina. Buenos Aires: Praxis, 1958.

La revolución cubana. Su significación histórica. Montevideo: Ciencias Políticas, 1960. (Segunda edición: 1961)

Teorías políticas contemporáneas. Buenos Aires: Macchi, 1965.

Argentina. La autodeterminación de su pueblo. Buenos Aires: Ciencias Políticas, 1973.

Folletos

“El feudalismo. Ensayo de interpretación histórica”. Tucumán: Violetto, 1940.

“La crisis política argentina. Ensayo de interpretación ideológica”. Buenos Aires: ADI, 1946.

“La evolución capitalista y el principio de soberanía”. Buenos Aires: Centro de Estudios Políticos, 1946.

“La integración mundial, última etapa del capitalismo (respuesta a una crítica). Buenos Aires: ADI, 1947.

“La crisis de la democracia”. Buenos Aires: Praxis, 1953.

“Fundamento, crisis y porvenir de la democracia”. Buenos Aires: Praxis, 1956.

“Interpretación materialista dialéctica de nuestra época”. Buenos Aires: 1959, s/e (segunda edición: Liberación, 1960.)

“Bases y puntos de partida para una solución popular”. Buenos Aires: Ciencias Políticas, 1961.

“El pensamiento político de J. J. Rousseau”. Buenos Aires: Centro de Estudiantes de Ciencias Económicas, 1963.

“Manifiesto de la reconstrucción nacional”. Buenos Aires: s/e, 1964.

“Nicholo Macciavelli”. La Plata: Edición del Centro de Estudiantes de Derecho, 1966.

“El pensamiento político de Dante Alighieri”. La Plata: Centro de Estudiantes de Derecho, 1966.

Publicaciones sobre el autor

Juárez, Francisco, “Silvio Frondizi: Los muertos que no murieron”, en: El Periodista nº 2, septiembre de 1984.

Tarcus, Horacio, El marxismo olvidado en la Argentina: Silvio Frondizi y Milcíades Peña. Buenos Aires: El cielo por asalto, 1996.

Viñas, David, “Un intelectual de izquierdas”, en: El Periodista nº 2, septiembre de 1984.

Octubre de 2004

http://www.ensayistas.org/critica/generales/C-H/argentina/silvio.htm

+ Info:

Archivo Silvio Frondizi

Tesis de la izquierda revolucionaria en Argentina


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