contacte: anticapitalistes@anticapitalistes.net

 



 

Anticapitalistes
  
divendres 30 de gener de 2015 | Manuel
Charlie-Hebdo: ¿Y ahora? Los hechos, su alcance y los retos

François Sabado y Pierre Rousset / Michael Lowy / Silvio Schachter

¿Ya no queréis saber nada de las clases ni de sus luchas? Tendréis entonces la plebe y las multitudes anómicas. ¿Ya no queréis saber nada de los pueblos? Tendréis bandas y tribus. ¿Ya no queréis saber nada de los partidos? Tendréis el despotismo de la opinión”.

(Daniel Bensaïd, Elogio de la política profana. Península, Barcelona, 2009, p. 348).

Es demasiado pronto para extraer todas las consecuencias de los acontecimientos de estos últimos días, pero es necesario tomar conciencia de lo que ha pasado. Hemos asistido a un momento histórico. Sobre todo, por la fuerza y la masividad de las manifestaciones del sábado 10 y el domingo 11 de enero: en todo el país se han movilizado casi cinco millones de personas. Algo jamás visto.

Por encima de todas las confusiones, estas manifestaciones han constituido un gran momento de fraternidad humana, como lo ha puesto manifiesto la reacción y el comportamiento de la gente: hablando entre ella y ayudándose mutuamente para poder avanzar en medio de la presión que ejercía la multitud concentrada. Algunas imágenes de las tardes del sábado y el domingo, que no duraron mucho, nos recordaban los momentos vividos en las manifestaciones de 1995 o 1968, en las que por encima de todo estaba la solidaridad.

La composición de las manifestaciones, que agruparon a cerca de 5 millones de personas, era fundamentalmente de gente asalariada y, también, de jóvenes. Tanto en las ciudades como en la mayoría de los suburbios se trataba de manifestaciones populares. Aún cuando no hayan sido “socio-sindicales” o “de lucha social”, estas manifestaciones muestran que la sociedad se moviliza. Se puede discutir sobre esto, pero las movilizaciones han congregado, sobre todo, al “pueblo de izquierdas”. Confraternizando contra la barbarie del terror y a favor de las libertades democráticas y de la libertad de expresión, hemos denotado la presencia de pancartas o carteles contra todos los racismos (antisemita o antimusulmán). Al mismo tiempo, tampoco tiene mucho sentido darle vueltas al “Todos somos Charlie” repetido hasta el infinito. Los millones de personas que han hecho suyo ese eslogan no expresaban su apoyo a la línea editorial de la revista, del mismo modo que la gran mayoría de quienes decían “todos no somos Charlie” conocían más o menos la revista, pero no la leían.

Todos somos Charlie” es un grito de solidaridad humana que estalló contra los asesinatos. Se podía haber manifestado de diferentes maneras. Se hizo referencia a la idea de un “Charlie obrero”; es decir, vincular la solidaridad con los periodistas asesinados a la necesidad de una movilización por los derechos sociales. Una idea discutible pero que en el fondo expresa un planteamiento justo: el de dar un contenido democrático y social a la movilización y a la emoción.

Ese fue el sentido del movimiento profundo de la sociedad que se expresó desde el 7 de enero y los anticapitalistas tenían que formar parte de él, dialogar con esos millones de ciudadanos y ciudadanas que forman parte del mismo. No se trataba de manifestaciones reaccionarias. Y, sobre todo, no estaban hegemonizadas por la “Unión Nacional”, por las políticas securitarias o antisociales anunciadas por el gobierno. La sociedad se movilizó espontáneamente, con una gran confusión pero en un sentido progresista. Este es el punto de partida de nuestra reflexión y el marco en el que es necesario examinar los problemas que nos plantea.

Primer problema, la Unión nacional. Estuvimos en lo cierto al denunciar la operación de “Unión nacional” tanto con Sarkozy como en relación a las maniobras de Marie Le Pen. Tuvimos más razón aún al denunciar a los “sátrapas internacionales” que acompañaron a Hollande en su operación para dar pábulo al imperialismo francés y a las diversas coaliciones imperialistas. ¡Qué escándalo que los Netanyahu, Bongo, Orban y otros asesinos de las libertades fueran invitados a este desfile!. ¡No había que firmar ninguna declaración conjunta ni con Hollande, ni con el PS o la UMP, ni acudir a la cabeza de la manifestación u organizar conjuntamente la cita “presidencial”! Desde este punto de vista hay que remarcar que si bien en un primer momento Jean-Luc Mélenchon y el Front de Gauche tomaron parte en la operación, el sábado a la tarde ya se desvincularon de la misma. ¡Era tan escandalosa! Nosotros, por nuestra parte, teníamos que haber expresado esas críticas pero hubiéramos tenido que subrayar mucho más la prioridad de la solidaridad con las y los millones de manifestantes. Porque la gente no se chupa el dedo: la gente no fue a las manifestaciones para apoyar las maniobras políticas que se estaban urdiendo. De estas manifestaciones, lo que va a quedar en la memoria de la gente, son los millones de participantes y no el coro de los “señores” del planeta.

Segundo problema: la presencia en la movilización de la juventud arabo-musulmana. Fueron decenas de miles de personas franco-argelinas, marroquís o tunecinas las que estuvieron en las calles con cantidad de banderas de los países del Magreb. Pero la mayoría de la juventud arabo-musulmana no estuvo presente. La “línea” editorial de Charlie-Hebo ha ejercido un contrapeso en ello; de la misma forma que ha actuado el sentimiento de “dos pesos, dos medidas” que opera en la represión (Dieudonné condenado, Zemmour no) /1. La débil movilización en Marsella es un indicativo de esta desigualdad en la movilización. El riesgo de ruptura es real. Es necesario -y constituye una de nuestras tareas prioritarias- hacer frente a este riesgo de fractura. De entrada, luchando contra las políticas de austeridad y sus consecuencias para la gente más pobre y más desfavorecida que vive en los suburbios. Luchando a favor de la igualdad de derechos y, en concreto, a favor del derecho a voto para los extranjeros. Los revolucionarios debemos estar al frente en la lucha contra la islamofobia, tenemos que denunciar todos los actos racistas. Tenemos que defender el derecho de los musulmanes a practicar su religión y las mezquitas cuando son atacadas. Es necesario que el movimiento obrero y democrático se sitúe de su lado. Eso empieza con expresiones tangibles de solidaridad como la ayuda a los más jóvenes en las escuelas. La población árabe-musulmán tiene que ser defendida contra toda agresión cuando es atacada por ser árabe o musulmana.

Este antirracismo, también lo hacemos extensible al antisemitismo. Ahora mismo, es necesario diferenciar más que nunca -y sabemos que es difícil- entre la política sionista del Estado de Israel y la población judía, a la que tenemos que defender, también, contra todas las agresiones cuando es atacada por ser judía.

Tercer problema: la voluntad del gobierno es utilizar estos acontecimientos para incrementar el arsenal jurídico de la “Ley Antiterrorista” a golpe de leyes liberticidas, como la Patriot Act impuesta por Washington tras el 11 de septiembre. Se trata de un problema fundamental: no se puede combatir el terrorismo atentando contra los derechos y libertades fundamentales. Las organizaciones obreras y democráticas deben enfrentarse a cualquier medida gubernamental que vaya en ese sentido. Por lo tanto, deben negarse a participar, de cerca o de lejos, en las reuniones que van a comenzar en torno al “Pacto de Seguridad” propuesto por el PS.

Cuarto problema: ¿Cómo evitar el choque de barbaries: la barbarie imperialista y la de organizaciones como el Estado islámico (Daesh) y Al-Qaeda? Es en la tierra abonada de la barbarie imperialista y del apoyo a dictaduras que oprimen día a día a millones de seres humanos en el planeta, donde prosperan las organizaciones fundamentalistas y terroristas. Se alimentan de las intervenciones imperialistas occidentales como las desarrolladas por Estados Unidos y otras potencias occidentales en Afganistán, Medio Oriente y en Iraq, o de la de países regionales como Qatar, Arabia Saudí, Turquía… A menudo, estas organizaciones fundamentalistas ha estado inicialmente apoyadas por Washington o Estados como Pakistán. Pero ahora, estas organizaciones desarrollan su propia política y su propia estrategia de confrontación.

Es necesario recordar sin cansancio una evidencia: la violencia terrorista de estos movimientos se dirige, sobre todo, contra las poblaciones de los países musulmanes. Atacan todas las libertades y los derechos fundamentales, y ejercen un papel contra-revolucionario muy grande, por ejemplo, contra las aspiraciones progresistas de las “primaveras árabes". Imponen un grado de terror que nos recuerda a los movimientos fascistas de los años 1930. Son enemigas del género humano. Nuestros camaradas de Pakistán caracterizan algunas de estas organizaciones fundamentalistas (lo que puede generar debate) como fascismos religiosos. En cualquier caso hay que combatirlas mientras sigan con sus actos bárbaros, sea en Paria o en el norte de Nigeria. Combatirlas en nuestro propio país pero, también, impulsando la solidaridad a nivel internacional: luchando contra las guerras imperialistas, prestando ayuda a los movimientos progresistas que resisten frente al asalto fundamentalista en Kobané, Alep o en Pakistan y defendiendo en todas partes a las víctimas de su intolerancia.

Quinto problema: nuestra debilidad y la debilidad en general del movimiento obrero en sus bastiones históricos; sobre todo en Europa. La globalización capitalistas está hundiendo nuestras sociedades en una espiral de crisis sociales sin fin. La precarización se extiende y adquiere una dimensión dramática. Ni la “izquierda de la izquierda”, ni los sindicatos son capaces de ofrecer una respuesta radical a estos ataques drásticos del capital globalizado. En estas condiciones, los fundamentalismos (de todas las religiones) y las nuevas extremas derechas (xenófobas y racistas) intentan ocupar el terreno ideológico de la radicalidad. Necesitamos un amplio frente internacional de resistencia antifascista, antifundamentalista; pero también una izquierda militante capaz de ofrecer una alternativa radical al capitalismo. Para lograrlo, esta izquierda debe arraigarse en los sectores de la población golpeadas por la precariedad, lo que actualmente no es el caso. Ahí tenemos un verdadero talón de Aquiles.

En fin, otras dimensiones que debemos tomar en cuenta en relación a la situación política francesa. ¿Llogrará François Hollande utilizar esta crisis para alzarse, más o menos, como el Bonaparte por encima de los partidos para asegurar su candidatura en 2017? ¿Podrá, tirando del hilo de esta operación de Unión nacional, continuar con su política de austeridad y agravar la situación social de millones de trabajadores y trabajadoras? ¿Llegará a poner freno a la extrema derecha que, durante estos últimos días, ha estado marginalizada?

La dinámica de la movilización de la sociedad durante estos últimos días abre también otra posibilidad: la indignación y la aspiración democrática pueden adquirir un contenido social a través de luchas y movilizaciones a favor de los derechos, por la dignidad, contra la injusticia social, contra todas las opresiones, a favor de la igualdad de derechos. Es necesario impulsar juntos esas luchas comunes para superar nuestras divisiones de las que los poderes dominantes extraen su fuerza.

Los anticapitalistas deben hacer todo lo posible para que este impulso democrático siga adelante.

15/01/2015

Traducción: VIENTO SUR

Notas

1/ Dieudonné, humorista que profesa su anti-semitismo abiertamente; Zemmour, periodista político, que profesa abiertamente su racismo, xenofobia e islamofobia (ndt)


Charlie Hebdo: la infamia

Michael Lowy

Infamia. Es la única palabra que puede resumir lo que sentimos ante el asesinato de los compañeros de Charlie Hebdo. Un crimen tanto más odioso, cuanto que estos camaradas artistas eran gentes de izquierda, antirracistas, antifascistas, anticolonialistas, simpatizantes del comunismo o del anarquismo. Hace poco, habían participado en un álbum de homenaje a la memoria de los centenares de argelinos asesinados por la policía francesa en París el 17 de octubre de 1961. Su única arma era la pluma, el humor, la irreverencia, la insolencia. También contra las religiones, según la inveterada tradición anticlerical de la izquierda francesa. Pero en el último número de la revista, la portada ofrecía una caricatura contra la islamofobia de Houllebeck, y dentro, una página de caricaturas contra la religión… católica. Vale la pena recordar que Chab, el redactor jefe, era un dibujante de sensibilidad revolucionaria que llegó a ilustrar el libro de Daniel Bensaïd Marx, mode d’emploi. Y que estaba presente en el acto de homenaje a Bensaïd, en donde esbozó unos dibujos tiernos e irónicos que se iban proyectando en pantalla.

La acción de estos fanáticos e intolerantes jihadistas es un crimen contra la libertad de prensa, contra la libertad de pensamiento, contra la libertad artística. Pero es también un crimen contra el Islam, y contra los musulmanes de Francia, que ahora corren el riesgo de pagar la factura de una infamia de la que no son en absoluto responsables.

La ola de islamofobia que ha venido creciendo en la Francia de estos últimos años con el apoyo de periodistas racistas como Eric Zemour o de escritores “consagrados” como Houellebeck, confunde musulmanes con integristas e integristas con jihadistas, en una amalgama tan pérfida como manipuladora. Ese clima deletéreo favorece a las corrientes racistas, “identitarias” y fascistas, sobre todo a la empresa de la familia Le Pen, que ha hecho del racismo y de la islamofobia su fondo de comercio. Huelga decir que procurarán servirse del crimen de los jihadistas para esparcir su veneno.

Unos y otros buscan instaurar un clima de “guerra de civilizaciones”, según la siniestra fórmula acuñada por Samuel Huntington (uno de los arquitectos de la Guerra del Vietnam). Urge recordar que el verdadero conflicto de nuestro tiempo no se da entre “el Islam” y “Occidente”, sino entre explotadores y explotados, entre opresores y oprimidos. Y a fin de cuentas, entre los intereses del capitalismo y los de la Humanidad.


La masacre en Charlie Hebdo, la izquierda y la lógica del enemigo principal

Silvio Schachter

Leo con preocupación, que la retórica de izquierda vuelve a repetir en su discurso, viejos argumentos simplistas para pensar lo ocurre en el mundo. Una mirada plana, donde reina la dualidad de causas y efectos.

La lógica por la cual los enemigos de mi enemigo son mis amigos, es propia del maniqueísmo del poder y le ha costado a la izquierda no pocos fallidos nefastos. Las atrocidades de la CIA, no se equilibran con decapitaciones.

Siempre el imperio y sus gobiernos buscan sacar partido de cualquier acto propio o ajeno. No es nuevo y seguirá siendo así, es parte de su naturaleza. Obviamente el análisis no puede eludir la necesaria reflexión sobre el origen del odio y la desesperación de quienes son permanente hostilizados, perseguidos, invadidos y asesinados, utilizando la condición racial o religiosa de quienes son victimizados, para emprender la cruzada civilizatoria de occidente, modelo civilizador que esconde su voracidad para arrebatar territorios y recursos naturales. El clima creado aumenta la probabilidad de que estemos ante una nueva etapa de la escalada bélica contra el mundo arabe, con sus tremendas consecuencias y debe figurar sin duda como hipótesis para el análisis de los acontecimientos por venir.

Pero este cuadro no puede ser utilizado como atenuante para caracterizar la masacre en la redacción de la revista Charlie Hebdo como un aberrante acto criminal, que no admite otra actitud que la condena mas decidida sin vacilaciones o medias tintas . Porque al racismo y la xenofobia no se las combate con fascismo fundamentalista, de cualquier signo que fuere.

La izquierda deber tener una ética política, muchas veces vulnerada por supuestos objetivos estratégicos o especulaciones teleológicas, una actitud de principios que no reniega de la violencia como recurso para resistir la violencia sistémica, pero si rechaza el crimen, defiende la vida que el capital desprecia. Estos actos de barbarie son la expresión de la decadencia de una sociedad que no ofrece otra perspectiva que la violencia y la degradación del planeta.

Ante el temor justificado que esto pueda abrir una nueva ola de islamofobia, la pregunta deberá ser: si con esta masacre se crean mejores condiciones para enfrentarla? Por el contrario la conmoción por las muertes será nuevamente la excusa para mas legislación purificadora y represión al diferente, ahora con la acquiescencia de una población aturdida.

Leo que se sostiene, insolitamente, que la revista Charlie Hebdo ya no es progresista, que se ensaña con los musulmanes, que con sus sátiras ayuda a la persecución de los fieles al Islam. Charlie Hebdo te puede gustar o no, importa poco si ahora es menos progresista o mas unilateral, aunque seria interesante saber quien tiene el progresometro y que mide. Porque no se trata de defender la libertad de prensa en abstracto como la predican los monopolios mediaticos, ya sean estos opositores u oficialistas. El disentir, el pensar distinto y además expresarlo con humor, no es un incordio, es una necesidad. De métodos que censuran o fuerzan por el terror a la autocensura, conocemos bastante no solo en Europa. Cuantas películas, teatros, libros, recitales o revistas fueron interdictas en nuestras tierras por los censores de turno, porque ofendían a la religión, la moral y las buenas costumbres. Resulta ridículo pensar que un magazine hebdomadario francés pueda afectar la fe y las convicciones mas férreas de millones, simplemente con una caricatura. Los mesiánicos ofendidos deberán guardar armas y amenazas y practicar sus creencias en paz.

Siento indignación y perplejidad, ante quienes encabezaron notas muy difundidas con la frase «Yo no soy Charlie». No se trata del conocido soliloquio de Hamlet, Ser o no Ser. Hablamos de otro dilema, "Soy Charlie», no significa estar de acuerdo con el contenido de la revista, ni mucho menos con los oportunistas jefes de gobierno y políticos que tratan de sacar ventaja de una tragedia que de un modo u otro promovieron. Es una afirmación ética de resistencia a lo irracional, al crimen, al homicidio, a la barbarie, es la defensa de la palabra, del libre pensar.

Yo no soy Charlie” como titular, por el contrario es tomar distancia, es poner en primer lugar la diferencia irrelevante por encima del repudio a la barbarie y la muerte. Esta definición jerarquizada como titular es una negación reaccionaria. Expresa la actitud de quienes detrás de un anti-europeismo ramplón y pueril esconden la incapacidad de comprometerse, porque hoy es políticamente más correcto la contextualización, que tomar partido, es el síndrome del relativismo posmoderno. Esos intelectuales deben saber que el vesánico Estado francés no es igual que los franceses, que sus gobernantes no representan al conjunto del pueblo, porque la representación burguesa es un fraude y la comunidad imaginaria del Estado-Nación es solo un espejo falso para negar los verdaderos conflictos de intereses. Si bien muchos son xenófobos y racistas, con una tendencia creciente preocupante, millones no lo son, como todos no fueron ni son colonialistas, ni cómplices de los crímenes en Indochina, Argelia o en las aventuras bélicas de Mali o Medio Oriente. Aunque lo omitan deliberadamente, en la raíz del sojuzgamiento y la marginación de las minorías, de la inmigración perseguida, de los jóvenes desocupados, esta una Europa divida en clases, por tanto existen contradicciones y entre ellas las de dominadores y dominados. Quienes la hegemonizan siempre buscan imponer su cultura, sus privilegios y el status-quo sobre los mas debiles.

Es fantasioso pensar que en estos lares no hay xenofobia y racismo. Cuando los vecinos propietarios repudian a los villeros y favelados, cuando piden represión y los tratan como delincuentes por ser negros, bolivianos o paraguayos, cuando se persigue a los pueblos originarios, se les quitan sus tierras y les niegan sus derechos, estamos ante las mismas ideas aunque hablen otro idioma.

Si de maniqueísmo mediático hablamos, nada debería sorprendernos, en el arte de manipular, editorializar o silenciar, la metodología no sabe de fronteras. El argumento contextualizador no puede ser: para la prensa europea vale más un humorista francés que decenas de niños paquistaníes, o cuantos palestinos tienen que morir por cada israelí. Ciertamente, esa taxonomía periodística, que oscurece o ilumina los acontecimientos tendenciosamente es una infamia, pero así actúa la prensa monopólica, la izquierda no tiene que aceptar ese sayo cuando expresa sus ideas.

Es erróneo pensar que estamos ante un debate sobre diversidad cultural o religiosa, Al-qaeda, ISIS, los talibanes o Boko Haram son organizaciones político-militares que usan la religión como ideología. No se equivocan quienes ven las manos de la CIA y las agencias de inteligencia europeas en la actividad y desarrollo de estas organizaciones ni quienes critican a los políticos que se aprovechan del impacto emocional que produjo la masacre. El ejercito israelí no es una organización del culto judío, es una maquina bélica de ocupación y sometimiento que se autolegítima en el mito de la tierra prometida. La guerra del golfo fue sostenida por el fundamentalismo cristiano, que apoyo sin reparos a la familia Bush y sus secuaces en su santa cruzada petrolera contra Hussein, con el resultado de 600.000 iraquíes muertos.

Disiento con quienes ante la decepción por el fracaso de proyectos socialistas y en su naufragio político e ideológico, piensan que en el Islam esta la opción al capitalismo Desconocen la historia y el presente, en los países árabes con regímenes islámicos o no, también reina el capital y en su mayoría tienen buenos vínculos con las potencias de occidente y oriente y sus corporaciones, al igual que ellos se apropian de la plusvalía producida por los trabajadores, en algunos casos de manera feroz, como Kuwait, Emiratos Árabes o Arabia Saudita donde los operarios inmigrantes que levantan ciudades de cristal en el desierto viven en condiciones humillantes. Mucha de la frustración de la primavera árabe, que tuvo a la mujer como excepcional protagonista, se debió a la reacción de partidos de base religiosa como el caso de los hermanos musulmanes en Egipto.

La revolución de los ayatollah que termino con Mohammad Reza Shah Pahlavi, tuvo un alto sentiminiento antinorteamericano por el apoyo que EEUU presto al monarca, pero también persiguió al Tudeh, el principal partido marxista del mundo árabe, muchos de cuyos militantes estuvieron en la primera línea de lucha contra el Sha y luego sufrieron cárcel y tormento de los guardianes de la revolución. El excelente film Persepolis basado en un premiado comic de Marjane Satrapi, nacida en Irán, quien debió soportar censura y discriminación en su país, da cuenta de esta historia, un relato no-ficción basado en su propia experiencia.

«Si alguien dice una mala palabra en contra de mi mamá, puede esperarse un puñetazo". "La libertad de expresión no da derecho a insultar la fe de los demás", fueron algunas frases del papa Francisco que básicamente culpó a los dibujantes de Charlie Hebdo, sugiriendo que eran provocadores, por lo cual deberían haber esperado una violenta reacción.

En diciembre de 2004, en el marco de la inauguración de la muestra en el Centro Cultural Recoleta del artista León Ferrari, premiado con el León de Oro en la Bienal de Venecia y retrospectivas de su obra en el Moma y en los museos de arte moderno en San Pablo y Paris entre otros, el entonces cardenal Jorge Bergoglio escribió una “carta pastoral” que, entre otras cosas, decía: “Hoy me dirijo a ustedes muy dolido por la blasfemia que es perpetrada en el CCR con motivo de una exposición plástica. También me apena que este evento sea realizado en un Centro Cultural que se sostiene con el dinero que el pueblo cristiano y personas de buena voluntad aportan con sus impuestos”. Y agregaba: “frente a esta blasfemia que avergüenza a nuestra ciudad, todos unidos hagamos un acto de reparación y petición de perdón el próximo 7 de diciembre”.

Fue la señal para que se desplegara todo un accionar de la militancia católico contra el artista –que estuvo exiliado en Brasil entre 1976 y 1991, y que tiene un hijo desaparecido–: diversas personas ingresaron a la muestra, al grito de “¡Viva Cristo rey, carajo!", y rompieron varias obras; tiraron bombas de olor e incluso hicieron presentaciones judiciales. La jueza, mandó a colocar fajas de clausura y cerró la muestra. La solidaridad de artistas y personalidades de la cultura permitió que se reabriera diez días después.

En esa ocasión el cardenal Jorge Bergoglio recibió una carta del Centro Islámico de la República Argentina. La comunidad musulmana expresó allí su "profundo malestar por el contenido" de la muestra de Ferrari. ... es sumamente agraviante que Jesus y Maria sean objeto de burlas y detracciones, que lejos de ser un hecho artístico constituyen una ofensa a la sensibilidad de los creyentes". Quienes llaman a la violencia contra los artistas o creadores de caricaturas confirman que el arte no es un pasatiempo formal o inocuo. En todo caso, con sus bárbaros ataques, demuestran porque le temen.

Blasfemos, herejes son calificativos que han recibido quienes hacían Charlie Hebdo, no los agravian. Soy hereje en el sentido literal del término, porque cuestiono el carácter inmutable de las creencias, no a los creyentes. Me pregunto, como José Saramago, cual Dios es verdadero, el vengativo y sanguinario?

Si yo critico a las iglesias como monarquías feudales responsables de millones de muertos en sus guerras santas, inquisiciones o aventuras coloniales. Si me niego a aceptar el sometimiento de la mujer, el culto a la ignorancia y el rechazo al saber, deberé ser considerado una víctima potencial porque alimento la islamofobia, el antisemitismo o la herejía?.

Soy hereje porque defiendo el derecho a abortar, la decisión de disponer libremente sobre mi cuerpo, porque no acepto como dogma libros escritos hace siglos, cuando se creía que la tierra era un plato, que tenia 6.000 años de antigüedad y se imaginaron que las especies animales fueron salvadas en el arca de Noé.

No es cultural, que todavía a las niñas de 12 años las casen por la fuerza con hombres que podrían ser sus abuelos. No es natural y no lo aceptan resignadas, es falso, se suicidan por eso, como tampoco es cultural que les prohíban trabajar, estudiar, enamorarse libremente o que caminar solas y sin un hombre por la calle, las exponga al escarnio.

Cuestionar esta realidad no significa ser islamofóbico porque son musulmanas quienes la sufren y la resisten.

Soy hereje porque pienso que la pedofília no es un accidente o una disfunción, es la consecuencia de una institución feudal llamada iglesia cristiana, retrograda y misógina. Gracias a su predicamento en Inglaterra casi 50.000 homosexuales fueron presos, solo en el siglo XX, Oscar Wilde entre ellos y miles de mujeres pobres siguen muriendo en abortos ilegales. Soy hereje porque no me entusiasma ningún Papa, pues puede haber reyes mejores o peores, pero todas las monarquías laicas o teocráticas son repudiables y deben terminar.

En cuanto a las caricaturas, imprescindibles y oxigenadoras, quienes piden tolerancia y respeto deben aprender a aceptarlas, sean políticos de derecha o izquierda, oficialistas u opositores, empresarios y personajes del espectáculo, los homo y los hetero, los curas y los rabinos, religiosos y ateos, algo habrán o habremos hecho, que merezca su ironía. Creo en el humor, la irreverencia, en la sátira como liberación y critica a lo instituido y digo que estoy contra los censores de la risa.

Simpatizo con Charlie Hebdo, no solo porque algunas de sus caricaturas me parecen geniales, sino porque resistieron a las amenazas, porque es bueno reírse de todo, pero ellos además se rieron de las corporaciones que tiene el poder de hacer mucho daño y defendieron su derecho a Ser sin tutelajes. "Tenemos muchos nuevos amigos: el Papa, la reina Isabel II, Putin,... Tengo que reírme. Marine Le Pen seguro que estaba encantada cuando supo que había islamistas disparando en la redacción”, afirmo Willem Holtrop, caricaturista de Charlie Hebdo, en una entrevista con el periódico holandés Volkskrant y agrego "Vomitamos sobre toda esta gente que ahora dice que son nuestros amigos".

Sin duda el tema es complejo y tiene un entramado tejido formado por una sinergia de fenómenos múltiples, que no admite lecturas simples, pero lo complejo no puede ser excusa para justificar lo injustificable.

Me duelen sus muertos, Cabu y Wolinski y los otros miembros de la redacción, como me duele Michael Brown, el joven negro asesinado en Ferguson, como los miles de palestinos victimizados por el ejercito sionista, como la niña nigeriana de 10 años a quien le estallaron los explosivos que llevaba en su cuerpo, como los niños de una escuela paquistaní victimas de los drones yanquis y me duele inmensamente la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa en el narco estado de México. Mi dolor no se mide por el centimil de la prensa. Todas son victimas del capitalismo salvaje, el único que existe.

Schachter, Silvio. Arquitecto, periodista, ensayista, investigador de temáticas urbanas. Miembro del consejo de redacción de Herramienta.


A la mateixa secció:


Cuba de 1959 a 1999 desde una perspectiva histórica. Fernando Martínez Heredia entrevistado.


Breve historia de la revolución rusa


Optimisme banal, una ideologia al servei del capitalisme


La participación del trabajo en la renta nacional


El activismo político de las trabajadoras rusas en 1917: ¿a que tipo de patriarcado se enfrentaban las mujeres?


Elecciones en el Reino Unido: el capital británico en dificultades


Elecciones francesas, algunas reflexiones


Venezuela: Deuda externa y liberación nacional siglo XXI


Exceso de crédito, capital rentista y crisis


“Distribución de la riqueza” y el socialismo vulgar

Creative Commons License Esta obra est� bajo una licencia de Creative Commons by: miquel garcia -- esranxer@gmail.com