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Anticapitalistes
  
dissabte 11 d’octubre de 2014 | Manuel
Desmontar a la extrema derecha

David Karvala

Tras las elecciones europeas del pasado mayo hubo acuerdo en una cosa: que la extrema derecha crece. En casi todo lo demás hay grandes discrepancias de análisis y aún más respecto a la respuesta. David Karvala @davidkarvala, miembro de la Red Unitaria Contra el Fascismo y el Racismo y militante de En lluita / En lucha, desgrana las diferentes corrientes que constituyen la extrema derecha, diferenciando al nazismo sin complejos (como Amanecer Dorado en Grecia), el nazismo disfrazado con corbatas (como Plataforma per Catalunya) y la extrema derecha populista (como Vox). A partir de su caracterización y de inspiradores ejemplos de distintos países, plantea las estrategias que pueden ser más adecuadas y exitosas para combatir su auge y aislarles socialmente.

Hay mucha confusión —en los medios, el mundo académico, la izquierda…— a la hora de definir a los partidos ultra. A menudo se hace referencia al “euroescepticismo”, pero meter en el mismo saco a la extrema derecha xenófoba y la izquierda radical internacionalista no contribuye a un análisis serio.

También se suele etiquetar a todos los grupos ultra de “populismo xenófobo”, “nacional populismo”, etc. El problema es que la extrema derecha incluye corrientes distintas, con objetivos muy diferentes. Si queremos combatirlos, debemos encontrar las estrategias correctas para cada caso, lo que nos obliga a analizar qué representa cada grupo.

Consideremos primero el fascismo. Bajo Mussolini y Hitler, el fascismo acabó totalmente con la democracia burguesa (ya por entonces muy precaria) y eliminó físicamente a todo el movimiento obrero, desde la izquierda radical hasta los sindicatos más moderados y pactistas. El racismo —entonces dirigido principalmente contra la gente judía— fue un medio, no el fin, del fascismo en este proceso.

Hoy en día, algunos grupos reproducen ese modelo casi exactamente: por ejemplo Jobbik en Hungría o Amanecer Dorado en Grecia. Mientras tanto, partidos como el Front National francés, Vlaams Belang en Flandes, los Demócratas Suecos… huyen de la etiqueta fascista. Prefieren presentarse con traje y corbata y su principal ámbito de actuación son las elecciones, no la lucha en la calle. En efecto, son partidos fascistas que copian algunas estrategias de los populistas, lo que les ha permitido escapar del gueto en el que los nazis declarados suelen quedar atrapados… pero no dejan de ser fascistas.

No hay que exagerar las diferencias entre el Front National (FN), con su nueva imagen cultivada por Marine Le Pen, y los nazis de Amanecer Dorado. Cuando les conviene, los dirigentes nazis griegos también se ponen trajes y niegan ser nazis. Por otro lado, el partido fascista disfrazado Plataforma per Catalunya (PxC) tiene relaciones directas con Amanecer Dorado. Y partidos como el FN y PxC también tienen seguidores nazis que llevan a cabo agresiones en la calle. Tanto el fascismo con botas como el fascismo con corbata utilizan estrategias aplicadas antes por los nazis alemanes —las elecciones y la calle— y sus diferencias no son fundamentales. En ambos casos buscan construir un movimiento capaz de eliminar totalmente la democracia burguesa. Por eso ambos intentan reclutar seguidores y establecer núcleos en los barrios y ciudades.

Otro sector de la extrema derecha sí puede calificarse de populista. El PVV de Geert Wilders en Países Bajos, UKIP en Gran Bretaña o Vox en el Estado español no buscan romper con el sistema actual sino hacerlo girar hacia la derecha; normalmente mediante la xenofobia, especialmente la islamofobia, pero en el caso de Vox a través del españolismo. No intentan construir movimientos en la calle; su estrategia es casi exclusivamente electoral. Por ejemplo, lejos de intentar ampliar la militancia, ¡Wilders es el único afiliado de su partido!

Populismo es también un término muy discutido. Una de las (muchas) definiciones dice que es “una ideología que considera la sociedad como separada en último término en dos grupos homogéneos y antagónicos: ‘el pueblo puro’ versus ‘la élite corrupta’, y que argumenta que la política debe ser una expresión de la voluntad general de las personas”. Es evidente que esta definición se aplica a formaciones tanto de izquierdas como de derechas. De hecho, en ambos lados se oyen declaraciones como “no somos de izquierdas ni de derechas” y denuncias de “la casta política”. Tristemente, la confusión no existe sólo con las palabras; el movimiento populista Cinco Estrellas de Beppe Grillo en Italia, que en sus inicios cautivó a alguna gente de izquierdas, decidió —mediante un referéndum online— pactar en el Parlamento europeo con el populista y xenófobo UKIP.

Finalmente, si bien el populismo xenófobo no es fascismo, sí contribuye a su crecimiento. A menudo auténticos fascistas se encuentran cómodos dentro de estos partidos. Asimismo las declaraciones xenófobas de los dirigentes populistas abonan el terreno a los partidos fascistas (como también lo hacen los discursos racistas de los partidos institucionales).

¿Cómo podemos pararlos?

Hechas estas distinciones, ¿cómo combatir a los diferentes tipos de extrema derecha? Aquí sólo caben algunos breves apuntes.

A los nazis descarados, dado que actúan principalmente en la calle, hay que hacerles frente ahí. Pero esto no implica volver a las tácticas antifascistas clásicas del enfrentamiento físico por parte de una minoría radical. La lucha contra el fascismo en la calle sigue siendo una lucha política; es necesario construir un movimiento amplio y popular, un “frente único”. Implica convencer a fuerzas progresistas muy diversas, tanto mediante debate como a través de experiencias concretas de colaboración, de la necesidad de parar a los nuevos nazis antes de que sea tarde. Implica unir —en esta lucha específica, sin olvidar nuestras diferencias en otros temas— a la izquierda radical, diferentes movimientos sociales, los partidos de la izquierda institucional, el conjunto de los sindicatos… Así, los nazis quedan expuestos como la pequeña minoría que son.

Donde se ha conseguido, los resultados son impresionantes. En Dresden —y después en otras ciudades alemanas— se han organizado bloqueos ciudadanos para literalmente cortar el paso a las manifestaciones nazis que antes desfilaban impunemente. Unite Against Fascism (UAF) ha hecho lo mismo contra English Defence League, provocando, tras varios duros años de trabajo, el efectivo colapso de este movimiento hooligan fascista. El movimiento unitario griego, KEERFA, utiliza tácticas parecidas contra Amanecer Dorado. Un elemento clave de estas acciones es que abarcan a gente de todo el espectro progresista, incluyendo a la izquierda institucional y los sindicatos mayoritarios.

Frente a los fascistas con corbata, el primer paso imprescindible es identificarlos como tales y no dejarse engañar por su disfraz. Cuando se reconoce que no son sólo un partido más, sino una amenaza para la democracia, incluso para nuestra supervivencia, es lógico hacer lo posible para pararlos. Esto significa organizar campañas directas para evitar que entren en las instituciones, movilizarse para que no puedan celebrar actos impunemente… Así UAF ha derrotado al partido fascista trajeado británico, BNP. Con la extrema derecha populista, la lucha es más complicada. Estos partidos no son fascistas: no los dirigen nazis disfrazados; no tienen grupos de matones que van cazando por la calle; no se proponen acabar del todo con la democracia actual. En consecuencia, las tácticas que son justificables y efectivas contra Amanecer Dorado o el BNP no sirven en este caso.

Por otro lado, tampoco son partidos “normales”. Recurren, incluso más que otros, a mentiras y rumores para ganar votos. Un ejemplo de cómo combatirlos lo encontramos en “Stand up to UKIP”, o “Hacer frente a UKIP”. Esta plataforma produce materiales masivamente para contrarrestar los argumentos de este partido xenófobo. También organiza concentraciones ante sus actos; no con el objetivo de impedirlos, sino como una protesta antirracista. Sus activistas también entran en mítines de UKIP para denunciar a los ponentes.

Un ejemplo más modesto es el material producido por la Red Unitaria Contra el Fascismo y el Racismo para las elecciones europeas: “¿Qué es Vox?”.

Antifascismo y anticapitalismo

Es cierto que la extrema derecha es un producto del capitalismo. Por tanto, en última instancia, para eliminarla, hará falta acabar con el capitalismo.

Pero esta verdad abstracta puede llevar a errores en lo concreto. Alguna gente argumenta que para frenar a la extrema derecha basta con movimientos sociales y una izquierda radical fuertes. Así, en el caso del Estado español se sugiere que movimientos como la PAH y nuevas formaciones como Podemos bloquean a los ultras. Tendrán su efecto, pero se ha demostrado que así no se resuelve el problema. Francia ha tenido movimientos sociales impresionantes y una izquierda política fuerte durante las últimas décadas, pero no han frenado al FN. Grecia ha vivido decenas de huelgas generales en los últimosaños y Syriza es ahora la primera fuerza política, pero Amanecer Dorado tiene en torno al 10% de apoyo. Lo que sí frenó a los nazis griegos fue la ola de movilizaciones —con el movimiento unitario antifascista KEERFA en su centro— tras el asesinato de Pavlos Fyssas. Los nazis han vuelto a subir, en parte porque sectores importantes de la izquierda —la dirección de Syriza incluida— han vuelto a la idea de que la solución a la extrema derecha es… que la gente les vote a ellos.

Sí, tenemos que luchar contra el capitalismo y crear alternativas. Pero mientras exista la amenaza fascista, también hará falta una lucha específica y unitaria en su contra.

Font: http://lahiedra.info/desmontar-a-la-extrema-derecha/


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