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dimarts 29 d’abril de 2014 | Manuel
Hace 40 años: el ascenso y los límites de la revolución portuguesa

Ugo Palheta

El 25 de abril Portugal celebró el cuadragésimo aniversario de la “Revolución de los claveles”. Último ejemplo de un levantamiento popular y radical en el mundo occidental, derrumbó la dictadura más antigua de Europa y profundizó hasta amenazar el poder de la burguesía. Cuando la ofensiva capitalista se acelera en toda Europa, sobre todo en los países del sur de Europa, se trata de un espectro bastante engorroso para la clase dominante de Portugal y la troika (Comisión Europea, BCE y FMI), que lo que más temen es un estallido de las clases populares en la escena política y social.

De abril 1974 a noviembre 1975, la clase obrera portuguesa tratará de romper el aparato estatal heredado del régimen de Salazar e inventar la vía hacia un socialismo democrático en condiciones de atraso económico y represión política heredadas por una dictadura que se mantuvo durante cuarenta años.

Surgida en parte de las contradicciones específicas del colonialismo portugués, la revolución comienza el 25 de abril de 1974 con la rebelión de los capitanes organizados en el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), antes de radicalizarse a pasos agigantados – mediante el desarrollo de la auto-organización en las empresas y en los barrios, entre los soldados y los campesinos – en respuesta a los sucesivos intentos de la clase dominante para frenar su curso.

Será necesaria toda la determinación de la burguesía contra-revolucionaria, apoyándose en las facciones conservadoras del poder militar e ideológico de la Iglesia, para hacer retroceder la militancia popular y el surgimiento de una conciencia anticapitalista amplia. La responsabilidad también recae en los dos principales partidos de la izquierda portuguesa, de diferente manera: el Partido Socialista (PSP) asume plenamente la tarea de gestionar lealmente los intereses de la burguesía y mantener las estructuras del Estado capitalista, mientras el Partido Comunista (PCP) dedica gran parte de su energía a desviar al proletariado de toda acción política autónoma y limitar los objetivos de lucha, tratando de socavar la creciente audiencia de los grupos de extrema izquierda (maoístas y trotskistas).

Una revolución desde lejos

Una revolución no es un rayo en cielo sereno; se anuncia a través de múltiples señales de advertencia que a menudo solo son legibles después de los hechos, una vez que comienza el levantamiento popular.

Esta dificultad para interpretar los cambios silenciosos del equilibrio de fuerzas y las convulsiones de la ira popular explica por qué las organizaciones genuinamente revolucionarias rara vez tienen la iniciativa en las primeras etapas de la revolución y pueden tener mayor dificultad a la hora de aumentar su influencia en los movimientos de masas, sobre todo cuando se enfrentan a partidos más estructurados que cuentan con recursos financieros superiores, el acceso regular a los medios de comunicación y una vieja audiencia.

La revolución portuguesa nace de la crisis del régimen de Salazar. Una dictadura fascista basada en una ideología reaccionaria que se inspirará en el régimen de Vichy, pero el Estado Novo presenta elementos originales en relación a los fascismos de Mussolini y Hitler, que ayudan a explicar tanto la longevidad y su debilidad cuando entra en crisis en la década de 1970.

Si el régimen fundado en 1933 por Salazar [ 1 ] se mantiene tanto tiempo es por que ha conseguido unir las distintas facciones de la clase dominante portuguesa en torno a un proyecto político basado en la represión de los sindicatos y la oposición política [ 2 ], lo que garantiza la explotación del proletariado y la defensa de la propiedad de la tierra, así como el mantenimiento de un régimen colonial particularmente brutal.

Sin embargo, a diferencia de las dictaduras de Mussolini y Hitler, la llegada y la instalación de esta dictadura no es el producto de una radicalización política de la pequeña burguesía o de una fracción de la burguesía, que se expresa en partidos fascistas de masas que combaten contra las organizaciones de la clase obrera.

Sólo cuando el aparato del Estado, creado por Salazar se consolida, este considerará pertinente desarrollar un partido único- la Unión Nacional, que más tarde se convirtió en Acción Nacional Popular, pero que nunca tuvo la fuerza y la autonomía del partido nazi (NSDAP) en Alemania.

El sistema en realidad no logra desarrollar un apoyo masivo para sus políticas, y la burguesía sigue siendo incapaz de organizarse de manera independiente en el campo político. Esto explica en parte el estupor de esta última en el período después del 25 de abril de 1974, incapaz de encontrar una solución capitalista a la crisis política provocada por la rebelión de los capitanes.

Pero son sobre todo las guerras coloniales iniciadas en 1961, lo que hará saltar los equilibrios internos del Estado Novo, ampliando la crisis del régimen abierta por la candidatura para las elecciones presidenciales del general Humberto Delgado en 1958. Este logra unificar a la oposición antifascista reestructurada y revitalizada tras la Segunda Guerra Mundial, pero los resultados de las elecciones suponen un masivo fraude electoral y el asesinato en 1965 de Delgado.

El régimen enseña su verdadero rostro: una dictadura violenta, que reprime mediante el asesinato, el encarcelamiento o el exilio cualquier atisbo de oposición o autonomía. En relación al tamaño del país, las guerras en Angola, Mozambique y Guinea-Bissau tendrán un coste en vidas y en dinero dos veces lo que representa la guerra de Vietnam para los Estados Unidos [3], lo que refleja la violencia sin precedentes de un régimen que se aferra a sus posesiones coloniales.

La dictadura y sus contradicciones

No sólo el ejército portugués comenzó a sufrir derrotas ante los movimientos de liberación nacional, obligando al Estado novo aumentar significativamente su gasto militar (y limitando de facto la inversión del gobierno en la metrópoli). Pero estas guerras finalmente agotan al ejército, sobre todo a los soldados y oficiales que componen la jerarquía intermedia, pero también a la población. Junto a la miseria y la represión, la negativa a luchar para defender las colonias causará un gran movimiento emigrativo en la década de 1970, casi un cuarto de los portugueses salen al extranjero.

Desde septiembre de 1973, los capitanes se organizan para defender reivindicaciones estrictamente profesional y corporativistas, pero que se ampliaran rápidamente a la cuestión del mantenimiento de la dictadura fascista. El MFA nace del fracaso de la guerra colonial y la frustración social de los “mandos medios” del ejército, pero también de la presión que comienzan a ejercer las luchas obreras, campesinas y estudiantiles en Portugal.

Dirigido por Marcelo Caetano [ 4 ], el sistema se caracteriza a principios de 1970 por un alto nivel de desequilibrios económicos y tensiones sociales. Se vuelve dependiente de los capitales extranjeros debido a las guerras coloniales y su integración en 1960 de la AELC [ 5 ] (que precede a un acuerdo de libre comercio con la CEE firmado en 1973), Portugal ocupa una posición subordinada en la división internacional trabajo, y solo puede exhibir como “ventaja comparativa” a los capitales imperialistas una represión violenta de la clase obrera para bajar artificialmente los salarios.

Se desarrolla una industria de exportación, que coexiste con el mantenimiento de una agricultura en gran medida arcaica, que se basa – especialmente en el Alentejo – en enormes haciendas propiedad de terratenientes que mantienen la ley y el orden en el campo. Portugal tiene un verdadero desarrollo industrial: el sector secundario, en 1969, ocupa al 35,5% de la población activa, frente al 26,5% en 1950. Del mismo modo, los asalariados – incluyendo a los trabajadores manuales, técnicos, etc. – pasan del 53,6% a 74,7% de la población activa, alcanzando el 82,3% y el 86,5% en Oporto y Lisboa.

La modernización capitalista de la economía portuguesa promueve el surgimiento de una clase obrera urbana y, en el curso de sus luchas, toma conciencia de su fuerza y se organiza (en 1970 la Intersindical agrupa a dos millones de trabajadores). Los años 1968-1969 son el escenario de los movimientos de protesta a gran escala en las principales concentraciones de trabajo: transporte urbano, TAP (líneas aéreas) Lisnave (astilleros), metalurgia, automoción, conservas, etc. También estallan luchas de jóvenes y entre los campesinos de la región del Alentejo, que en 1962 habían logrado ganar la jornada de 8 horas gracias a la movilización de 300 mil trabajadores agrícolas.

El 25 de abril de 1974: la acción militar y irrupción popular

En este contexto se crea el MFA ilegalmente en marzo de 1974, en relativa independencia con respecto a los altos mandos militares. Compuesto principalmente por oficiales subalternos y con presencia de todas las corriente de la oposición antifascista (desde demócratas liberales a la extrema izquierda, pasando por la socialdemocracia o el PCP): es la organización prepara y ejecuta la iniciativa militar que triunfa el 25 de abril.

A las doce y veinticinco minutos, la famosa canción “Grândola, Vila Morena” – prohibida por el régimen – se emite en “Radio Renacimiento” anunciando el comienzo de la operación. Alrededor de las 3 de la mañana, los locales de las principales estaciones de radio están ocupadas, lo que permitirá emitir una serie de comunicados en las próximas horas, así como los aeropuertos de Lisboa y Oporto. La sede de las regiones militares de las dos ciudades, pero también los ministerios, las oficinas de la Policía (PSP) y el Banco de Portugal, son sitiados por las tropas lideradas por el MFA.

Se emite un ultimátum dirigido Caetano, refugió en el cuartel del Carmo, en el centro de Lisboa, exigiendo que dimita a las 16:30, transfiriendo el liderazgo del país a un oficial superior, que no era parte del MFA, para que el poder “no caiga en la calle”, el general Antonio de Spinola, destituido hace dos meses debido a su oposición (muy medida) a la política del régimen en las colonias.

Sin embargo, no se puede reducir el 25 de abril a un golpe simple, en el que algunos vieron la mano de la CIA o del grupo Bilderberg, o incluso a una serie de operaciones militares llevadas a cabo con éxito. La población portuguesa se tira de forma espontánea a las calles en la madrugada para apoyar la operación del MFA (ofreciendo claveles a los militares), celebrar el fin de la dictadura y para asegurarse de que esta victoria no le es robada, lo que contradice las consignas del MFA, que lo invitó a “mantener la calma y volver a casa.”

Un capitán del MFA, Maia Santarem, también ha dicho después: “Llegamos a la conclusión de que había que hacer algo, porque si no lo hacíamos, sería la gente la que lo haría. Sentíamos que estábamos caminando hacia un abismo y que ese abismo llevaría a una guerra civil en la que el pueblo tomaría las armas”. Incluso si no refleja probablemente toda la amplia gama de puntos de vista dentro del MFA, parece claro que este no había previsto la magnitud de las protestas callejeras ni deseaba una irrupción del pueblo.

Los militares insurgentes no podían prescindir de los portugueses, que inmediatamente mostraron gran iniciativa para reducir el aparato represivo del régimen, tan odiado como imponente [ 6 ]. De este modo ha surgido un “25 de abril de abajo” [ 7 ]: los manifestantes en Lisboa se reúnen frente a los cuarteles de la GNR (Guardia Nacional Republicana), donde se habían refugiado Caetano, sitiando la sede de la PIDE (que dispararon contra la multitud) y los locales del partido único, invadieron y saquearon el edificio de la censura, rodean la prisión de Caxias hasta obtener la liberación de todos los presos políticos (incluidos los que Spinola quería mantener encarcelados por haber cometido atentados terroristas).

En todas partes en el país se asiste a las mismas escenas de júbilo, lo que refleja la euforia ante la caída de la dictadura, pero también la vigilancia popular en contra de una transición que sólo cambio una administración por otra, manteniendo intactos los instrumentos de represión y la censura. Los habitantes de Lisboa sin embargo, no logran evitar que Caetano huya tranquilamente, escoltado por el MFA, y deja el poder al general Spínola.

Las luchas de clases en la revolución portuguesa

Spinola se convierte en el líder de la burguesía portuguesa, cuya trayectoria personal tranquiliza a todos aquellos que solo aspiran a maquillar el régimen y una mejor integración de el capital portugués en el mercado mundial, en fin, una revolución sin revolución. Voluntario junto a Franco durante la Guerra Civil española (1936-1939) y luego con las tropas nazis en el frente oriental durante la batalla de Stalingrado, leal servidor del Estado Novo en sus guerras coloniales (lo que garantiza el apoyo de la jerarquía militar), cercano a los medios financieros portugueses por haber frecuentado los salones de los ricos capitalistas de la familia Champalimaud, Spinola es ante la clase dominante la única solución para mantener la calma en el país.

Y es en realidad a limitar la lucha popular a lo que se dedica el “general del monóculo” en los díasposteriores al 25 de abril (en especial ante el 1 de mayo que reúne entre 300.000 y 500.000 personas). Spínola va a fracasar, pero sus intentos de aumentar su poder para impedir la descolonización y reprimir las huelgas se multiplican los meses de mayo-junio de 1974, y dará lugar a movimientos de masas de magnitud creciente. El 16 de mayo de 1974, el 28 de septiembre del mismo año y el 11 de marzo de 1975 las clases dominantes sufren derrotas contundentes que finalmente obligan a Spinola a huir a España, donde fundó una organización derechista con el objetivo de imponer un régimen autoritario.

El 11 de marzo, el intento de golpe de Estado fue rechazado por la población, que forma piquetes delante de los cuarteles de los soldados y el ala izquierda del MFA se organiza para repeler los ataques de los golpistas; los trabajadores van a la huelga en todo el país convocados por la Intersindical (que también organiza manifestaciones nocturnas muy concurridas). Esta victoria popular fue un punto de inflexión en la revolución, no sólo por el fracaso de Spinola que deja a la burguesía sin solución política o perspectiva estratégica (al menos temporalmente), sino porque los trabajadores portugueses ganan confianza y se politizan.

De abril de 1974 a noviembre de 1975, los trabajadores portugueses renuevan las tradiciones combativas de un movimiento obrero que, bajo la Primera República (1910-1926), había organizado no menos de 158 huelgas generales (unas 10 por año), antes de ser reprimido brutalmente después del golpe militar de 1926. Aunque el surgimiento de una conciencia anti-capitalista sigue siendo muy desigual de un sector a otro y de una región a otra, la autoorganización avanza innegablemente.

En el mes de mayo de 1974 se organizan ocupaciones de viviendas vacías o apartamentos por familias pobres, antes que se desarrollen en las ciudades comisiones de vecinos (moradores). En el campo, especialmente en la región del Alentejo, los campesinos se organizan para imponer una verdadera reforma agraria. En los lugares de trabajo, las huelgas y ocupaciones van acompañadas de la formación de comités de trabajadores. Por último, vemos emerger en agosto de 1975 los comités SUV (“Soldados unidos vencerán”), que busca promover la auto-organización y la politización de los soldados.

Estas iniciativas siguen siendo minoritarías y no están estructuradas a nivel nacional, por lo que no podemos hablar de una situación de “doble poder” sin confundir realidad e ilusión. ¿Podrían haber sido un embrión de poder popular? Probablemente, sobre todo si no se hubieran debilitado por el sectarismo de algunos movimientos maoístas, y la hostilidad de las organizaciones reformistas, especialmente del PCP, con la presencia más fuerte en el mundo del trabajo y en los sindicatos, que acepta participar en los comités de trabajadores por temor a perder terreno ante la extrema izquierda, cuya audiencia estaba creciendo.

Falta aún que las comisiones de trabajadores, vecinos y soldados reflejan la radicalización de los movimientos de masas en respuesta a los impulsos revolucionarios en contra de las clases dominantes, pero recuerdan que el enfrentamiento con la burguesía y su Estado no puede ser favorable a menos que la clase de los explotados y oprimidos sea capaz de desarrollar durante la crisis revolucionaria los instrumentos de control democrático se puedan transformarse en órganos de un poder alternativo al Estado capitalista, desde lo local a lo nacional.

Las clases dominantes recuperan el control

La hipoteca Spinola desaparece con la victoria del 11 de marzo, es en gran parte al interior del MFA – cuyo prestigio tras el 25 de abril sigue siendo enorme en 1975 – donde reaparecen las contradicciones sociales y políticas del proceso revolucionario, y donde se plantea la cuestión del poder. De hecho, el MFA pretende liderar el proceso institucional en marzo a través de la creación del Consejo de la Revolución, y dar un giro a la izquierda.

Bajo la presión de los trabajadores, el Consejo de Ministros decide la reforma agraria (que sigue siendo muy incompleta, pero estará acompañado por un aumento de la ocupación de tierras) y decreta, de marzo a agosto, una serie de nacionalizaciones en áreas clave de la economía portuguesa (banca, seguros, electricidad, transporte, acero, empresas petroleras, tabaco, cemento, etc.), sin que se planteen las cuestiones decisivas, desde el punto de vista revolucionario, de la indemnización de los antiguos propietarios y el control obrero de las empresas nacionalizadas.

Sería demasiado largo analizar aquí los meses entre este giro a la izquierda en la revolución y el golpe de Estado del 25 y 26 de noviembre de 1975, dirigido por las fracciones de derecha y la extrema derecha de la jerarquía militar y el MFA, en asociación con el PSP, los partidos burgueses y el presidente Costa Gomes. La decisión se produce después de una aceleración de las luchas obreras, que comienzan a escapar al control de los aparatos reformistas.

En particular, el 12 de noviembre, una manifestación de trabajadores de la construcción rodea la Asamblea Nacional, secuestran a los diputados durante 36 horas hasta que acceden a sus demandas. El 16 de noviembre, una manifestación convocada por las Comisiones y apoyada por el FUR (Frente de Unidad Revolucionaria) y el PCP, reúne a 100.000 personas en Lisboa. La burguesía comprende que sólo un golpe de Estado podría permitir que cambie la correlación de fuerzas a su favor, evitando preventivamente una posible insurrección popular.

Si el ala izquierda del MFA, que disfruta de una gran superioridad militar, se hubiera opuesto y el PCP no se hubiera negado a poner en marcha una contraofensiva obrera, el golpe probablemente no hubiera triunfado o hubiera dado lugar a una situación de confrontación militar y política. Desde el 25 de noviembre, se decreta el estado de sitio y se prohíbe la publicación de la prensa; los golpistas ocupan algunos puntos estratégicos, pero no toman el cuartel de la policía militar (dominada por la izquierda). En lugar de aceptar la pelea y lanzar sus fuerzas a la acción, los líderes del ala izquierda del MFA van al palacio presidencial para negociar su propia rendición. La revolución portuguesa no se recuperará: la burguesía recupera la confianza en sus propias fuerzas, confiando en el PSP para garantizar la normalización y por fin a los embriones de poder popular que han surgido en los meses precedentes.

“Cortar los claveles” [ 8 ]

En última instancia, es, probablemente en los avances y las limitaciones de las formas de auto-organización donde debe buscarse las razones del éxito de la toma del poder por las clases dominantes. Las comisiones base (y los partidos de extrema izquierda) eran demasiado débiles para hacer lo que el PCP no quería: resistir una ofensiva destinada a restablecer la plena autoridad del Estado. Para no asustar a la burguesía, los partidos de la izquierda reformista (PSP y PPC) y la izquierda del MFA, permanece bajo la jerarquía militar y frontalmente opuestos a la organización del movimiento de soldados.

Nadie lo explica mejor que Mario Soares, dirigente del PSP, a quién merece la pena citar en extenso para medir el miedo, el desprecio y la hostilidad violenta mostrada por los dirigentes reformistas contra los trabajadores cuando estos intentan organizarse sin contar con los de profesionales de la política:

En la ciudad, [...] dejamos de producir para un sí o un no, una reunión, una discusión o una manifestación’’… En el campo – en el Alentejo sobre todo – se confundía la reforma agraria y la anarquía, se ocupaban tierras que no debían serlo [...]. Había llegado el momento de restablecer el orden antes de que otros se encargasen, bajo la guía de un ángel Pinochet. [...] ¿A quién beneficiaba este lío monstruo, esta indisciplina, esta subversión generalizada? ¿Qué hacían en Portugal en 1975 los soviets de soldados y marineros que parecían sacados de las guarniciones de Petrogrado y Kronstadt [...]? ¿A dónde nos llevaba esta anarquía? ¿Cómo no ver, no entender la rabia de la mayoría de los oficiales antes los soldados desaliñados que saludaban con el puño?" [Mario Soares, Portugal: quelle révolution ? Entretiens avec Dominique Pouchin, Paris, Calmann-Lévy, 1976, páginas 183-185].

La regresión los días decisivos de noviembre de 1975 será rápida y profunda. No sólo los logros de la revolución serán cuestionados, sino que la derecha volvió al poder en 1979 en la persona de Sa Carneiro, que se había distinguido antes de la revolución por su pertenencia al partido único, lo que le llevó a ser elegido diputado bajo Caetano.

Peor aún, el general Spinola fue rehabilitado en 1978, elevado al título de mariscal y nombrado presidente de la comisión encargada de organizar la conmemoración oficial del 10º aniversario de una revolución popular que nunca quiso. Por el contrario, el hombre que había dirigido la acción militar del 25 de abril de 1974 y que era entonces la gran figura de la izquierda del MFA, Otelo de Carvalho, fue condenado en 1987 a 15 años de prisión por su presunta participación en una organización clandestina (Fuerzas Populares de 25 de abril).

Los destinos cruzados de estas dos figuras importantes de la Revolución portuguesa son suficientes para ilustrar la reacción termidoriana que sigue el golpe de Estado de 26 de noviembre de 1975, una reacción cuya magnitud es una medida de una revolución que alarmó a la clase dominante portuguesa y sacudió Europa durante un año y medio.

Notas

[ 1 ] Primer Ministro de Hacienda en 1929, tras el golpe militar de 1926, Salazar se convirtió en presidente en 1932, cargo que ocupó hasta 1968.

[ 2 ] Mientras la CGT encabezada-dirigida por los anarquistas – decía tener 120.000 miembros a comienzos del siglo XX, solo, tenía 15.000 miembros en 1940 En el ámbito político, el PSP -. creado 1875 – se hizo añicos, el PPC, que contaba sólo 29 miembros en 1929, según Alvaro Cunhal secretario general de 1961 a1992.

[ 3 ] Francisco Louça: «  Il y a dix ans, le 25 avril 1974, la chute de la dictature  », Inprecor, abril de 1984, N º 172, página 17.

[ 4 ] Que había sucedido en 1968 a Salazar, gravemente enfermo, como Primer Ministro.

[ 5 ] Zona de Libre Comercio integrada por Gran Bretaña, Suecia, Noruega, Dinamarca, Austria y Suiza.

[ 6 ] La policía política (PIDE) se componía de 22.000 oficiales y 200.000 informantes, lo que representaba alrededor de un portugués de cada cuarenta.

[ 7 ] Sobre este punto, véase el libro muy rico – pero cuya orientación política es cuestionable – de Gerard Filoche (entonces activista LCR), Printemps portugais, París, Acteon, 1984.

[ 8 ] Se toma el título de la bella obra de Charles Reeve (cuyo verdadero nombre es Jorge Valadas), activista libertario portugués: Los Claveles se cortan. Crónicas portugueses, París, Ediciones de París-Mediterráneo, 1999.

Ugo Palheta es profesor de ciencias de la educación de la Universidad Lille 3.

Traducción para www.sinpermiso.info: Enrique García

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article31664

http://www.democraciasocialista.org/?p=2999


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