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Anticapitalistes
  
dissabte 5 d’abril de 2014 | Manuel
Partidos, militantes y ciudadanos: Problemas estratégicos complejos, soluciones en pañales

Manuel Garí

El documento “ponencia” tiene varias virtudes. Utiliza el método socrático de diálogo que nos exige reflexionar antes de polemizar, lo que dificulta el bloqueo del debate por campos de afinidad. “Coloca” las principales cuestiones -si bien no agotan todas las vertientes del problema que aborda- con una apertura que posibilita la existencia de diversas respuestas, lo que permite aplicar un criterio de evaluación de las mismas basado en su razonabilidad -tal como proponía Hans Gadamer- y nos vacuna del dogmatismo discursivo. Es ambicioso en sus objetivos teóricos y políticos, preñados de la voluntad de rendir utilidad a la acción política emancipadora, lo que nos aleja de la endogamia academicista.

Algunas cosas que faltan o fallan, agenda para seguir debatiendo

Antes concluir sobre la existencia y fortaleza de un nuevo ciclo de mayor implicación política de la ciudadanía es bueno hacerse otras preguntas. ¿Cuál es el rasgo fundamental de la situación socio-política post 15M? ¿Cuáles son las causas, discursos, prácticas, limitaciones y potencialidades de la secuencia 15M, PAH, mareas, huelgas obreras que rompen la “paz”, “Gamonales”, Marchas por la Dignidad 22M? ¿El movimiento social percibe sus limitaciones y se plantea la necesidad de la acción político-electoral? ¿Aparecieron nuevos sujetos y actores políticos de entidad? ¿Pueden recuperar confianza electoral los partidos institucionales si continúa el vacio de alternativas? ¿Qué tipo y grado de crisis de legitimidad / credibilidad tienen las instituciones políticas fruto de los pactos de la Transición? Finalmente ¿Existe -y qué forma adopta- un proceso destituyente / constituyente subterráneo que aparece y desaparece de forma guadiánica en los debates?

Antes de concluir sobre los partidos existentes hay que preguntarse si la indignación se cuestiona el “modelo partido”, el juego bipolar de los grandes o hace una enmienda a la totalidad de los partidos del arco institucional. Y aún más: hay que responder a esa cuestión en los diferentes mapas políticos de una realidad plurinacional. Por tanto hay que responder en el ámbito estatal – ¡ojo! no con la imagen de la realidad “nacional” que tienen los políticos y periódicos en Madrid a causa de la endémica miopía mesetaria-, pero también en la cartografía de las nacionalidades, bien diferente entre sí y a la estatal. ¿Existen iguales ventanas de oportunidad para nuevas expresiones políticas en todas las latitudes? ¿Son las mismas?

Y un paso más, dada la compleja estructuración social y política de la sociedad “española” que no es la de un pueblo “desorganizado” desde el punto de vista asociativo, sindical e incluso político como desde el tópico se plantea ¿es posible obviar las diferencias existentes de intereses y referentes en las distintas clases, capas y cohortes? Depende de lo que se responda a lo anterior y también de si se identifican causas y reivindicaciones concretas confluyentes sin banalidades, hablar de transversalidad, pueblo o ciudadanía puede significar todo o nada. Depende.

También es bueno preguntarse en qué nos parecemos y en qué nos diferenciamos del resto de pueblos de la Europa mediterránea e incluso si hay tantas diferencias con los movimientos de fondo de reorganización política existentes en el resto de la UE, de los que me temo en nuestro país poco o nada se sabe y a veces, por ignorancia, se desprecian. Al menos tenemos dos cosas en común: la derecha existe y tiene identidad, conciencia de pertenencia y descaro, y por otro la izquierda institucional perdió sus señas, su reloj y su “tom tom”. Y tenemos una diferencia: la situación de la izquierda política rupturista con la Troika, ya que la distancia entre unos y otros vecinos es enorme, baste analizar los ejemplos de Syriza y el Bloco. Pero hay un factor esperanzador en el que apoyarnos -al menos en Grecia, Portugal, Francia y el Estado español- existe un difuso sentimiento muy extendido en las clases subalternas de formar parte del pueblo de izquierdas. Este es un dato esencial tanto para construir nuevas alternativas electorales de representación como para impulsar los procesos de empoderamiento popular mediante la lucha a favor –y si se consiguen hacer uso- de mecanismos de participación directa decisorios y vinculantes.

La cuestión central: no hay atajos

De alguna forma sobrevuela en el texto una pregunta que, no en vano, se basa en experiencias de países latinoamericanos, tan próximos a nosotros y sin embargo tan diferentes: ¿el proceso de empoderamiento del pueblo en la actual sociedad debe generarse en torno a una figura carismática que lo lidera, representa y “fascina” de manera personificada y jerarquizada? Es una idea que en este complejo país de países no funcionaría y además retrasaría el avance de la conciencia y el empoderamiento popular. Máxime cuando más abajo el texto tanto pondera los capitales mediáticos, absolutamente necesarios pero no suficientes pues de existir deben ponerse al servicio de agrupamientos colectivos igualitarios dónde confluyan experiencias y habilidades, capaces de multiplicar el número de personas que dan voz, impulsan y multiplican procesos de autorganización de los sectores dispuestos.

Como tantas veces se ha dicho, en la historia española no han faltado líderes carismáticos en la derecha y en la izquierda. Y al contrario han faltado agrupamientos sólidos autosuficientes con un buen número de portavoces públicos articulados con el colectivo, controlados por el mismo, iguales entre iguales y prudentes administradores de su micro poder. De no controlarlos corremos el todavía muy lejano riesgo de la aparición de nuevos casos de autonomización del personaje respecto a su compañía, como en diversas experiencias de la izquierda española o en soluciones populistas europeas hemos conocido. Y una pregunta más al hilo de ello ¿alguien que conozca los comportamientos políticos de nuestro pueblo de izquierdas puede pensar que se pueden establecer los imprescindibles puentes entre culturas y corrientes, incluidas las bases electorales socialistas a golpe de un nuevo liderazgo carismático mediático?

La “autoridad individual” debe ayudar al relato colectivo, en caso contrario poco se avanzará en la emancipación. Construir un nuevo referente en torno a una figura carismática alejaría a quienes lo intentaran de la energía social de la nueva experiencia post 15M que ha impregnado a la juventud, incluso a sus sectores menos politizados, tal como viene repitiendo Miguel Urbán, porque una de las aportaciones fundamentales del movimiento fue la concepción igualitaria y universal de hacer política, frente a las formas jerárquicas convencionales de la política profesional.

La tarea es compleja y no hay ni atajos ni brújula. Vivimos momentos de profunda renovación de la práctica política y social, por ejemplo las mareas han puesto en cuestión el modus operandi de las organizaciones sindicales y ello lo han protagonizado también los propios afiliados a esas mismas organizaciones desbordadas, tal como vienen señalando activistas de esas mismas mareas como Teresa Rodríguez, Cecilia Salazar, Javier Cordón y Jesús Jaén. El momento presente está presidido por una nueva experiencia y protagonismo político del movimiento social. No lo olvidemos, sin ello no hay oportunidades para la política alternativa.

Claves para el presente futuro. Hipótesis a verificar

La posible crisis crepuscular del régimen de la transición probablemente abre huecos para nuevos sujetos políticos siempre y cuando las fuerzas interesadas en ello tenga en cuenta seis cuestiones en la constitución de la nueva iniciativa política que deberá:

1) Levantar emociones pero sobre todo disponer de una nueva gramática política, con modos participativos y lenguaje vivo.

2) Atreverse a formular propuestas y alternativas capaces de generar un amplio agrupamiento de los sectores más conscientes del pueblo de izquierdas.

3) Partir de las necesidades sociales, de la experiencia y del nivel de conciencia popular para trazar un camino estratégico diferente a los experimentados por la izquierda institucional y por los grupúsculos propagandísticos ajenos al movimiento social.

4) Impulsar un nuevo bloque político y social antagonista para hacer frente a las políticas de austeridad de la Troika, a partir de los propios movimientos sociales con los que tiene que establecer una nueva alianza basada en el respeto, colaboración y autonomía recíprocos. Por ejemplo, hoy la cuestión de la deuda se ha convertido en la cuestión democrática central y en uno de los pilares de esa alianza.

5) Tener como objetivo político central la creación de una una nueva hegemonía en el seno de las clases populares, arrebatar a la socialdemocracia y sus variantes el rol hegemónico que impide avanzar políticas hoy resistentes, mañanas victoriosas frente al neoliberalismo.

6) Reescribir para y con el pueblo de izquierdas un nuevo relato frente al dominante, un nuevo argumentario de la dignidad, un discurso propio no subalterno para transformar la realidad mediante acción social y política de masas, la acción de amplias mayorías.

Para abordar tan gigantesca tarea, necesitamos de todo tipo de brazos, cabezas y experiencias. Hablamos de un universo plural de gentes con diversidad de ideas e ideologías. Será necesario desactivar las minas del sectarismo. Será necesario aprender el lenguaje de la lealtad y la aritmética de la generosidad. Lo importante es que toda esa gente dispuesta a empujar la iniciativa se ponga de acuerdo en el plan político, o sea en la estrategia y hoja de ruta a seguir: en las tareas. Lo importante es que esa nueva oleada de ciudadanía activista pueda pensar diferente y actuar conjuntamente para crear de forma cooperativa y leal, con niveles de implicación muy diversos pero con los mismos derechos, un movimiento antagonista de envergadura.
Necesitamos un nuevo instrumento político que debe tener dos pies. Por un lado debe ser, en expresión muy apreciada de José Errejón, la “comunidad de los que luchan”, ese ámbito en el que se puedan reconocer todas las subjetividades que han emergido en los últimos tres años en las luchas sociales y ciudadanas, lo que excluye el catón de las grandes verdades apriorísticas. Por otro debe tener una dimensión electoral pues construir una nueva mayoría política requiere de referentes parlamentarios y municipales. La nueva iniciativa de la ruptura democrática debe hacer de cada elección un acto constituyente del pueblo.

4/4/2014

http://www.espacio-publico.com/partidos-militantes-y-ciudadanos-en-la-crisis-de-representacion#comment-999

+ Info:

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¿Podemos convertir la indignación en cambio? Nacho Álvarez

I com podrem? Miquel Garcia

Para continuar con el debate sobre los partidos amplios. Laurent Carasso

Lenin: ¡Saltos! ¡Saltos! ¡Saltos!. Daniel Bensaid

Izquierda social e izquierda política + El arte de edificar fuerzas antisistémicas. Raúl Zibechi

El contexto internacional de las indignaciones mundiales. Eric Toussaint


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