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diumenge 9 de febrer de 2014 | Víctor
Podem

Podemos y Debemos

Por Adrián D. Herreros de Perinat, Licenciado en Historia por la Universidad de Valencia

Estos días asisto atónito y maravillado a la enorme cascada de opiniones que ha generado la candidatura de Podemos, capitaneada por el conocido politólogo Pablo Iglesias. Hay opiniones para todos los gustos, a favor y en contra. De entre las segundas, no faltan quienes acusan Iglesias y compañía de dividir y atomizar el voto de la izquierda.

La unidad de la izquierda no puede lograrse desde arriba, con nombramientos en los despachos. Para conseguir la unidad de la izquierda es necesario potenciar la democracia abierta y participativa desde abajo, desde las bases y los movimientos sociales y ciudadanos. En estos tiempos de anquilosamiento de la izquierda política española, parece necesario generar movimientos de confluencia para construir alianzas. Y eso es Podemos: una llamada a la confluencia, a la unidad, pero desde el respeto a la diferencia y sin la pretensión de imponer criterios a nadie. Por eso esta iniciativa tiene un programa abierto, de esta forma todo aquel que lo desee, todo aquel que considere que tiene algo que aportar, puede contribuir a mejorarlo. E incluso presentarse, ya que las listas son abiertas.

También están quienes acusan a Podemos de ser una iniciativa personalista. Esto, dada la notoriedad que ha alcanzado últimamente su principal impulsor, podría ser cierto. Pero examinemos un poco más a fondo la situación: Personalmente, no tengo ninguna duda de la honradez de Cayo Lara. coordinador general de Izquierda Unida. Estoy seguro de que es un tipo decente. Pero a cualquier dirigente de izquierdas la honradez se le supone, igual que a los soldados el valor. Sin embargo, no parece que Lara sea capaz de articular a su alrededor, o alrededor de Izquierda Unida, a una mayoría social visiblemente descontenta. Por la razón que sea, no parece conectar con la gente. Y eso mismo le pasa a su partido, quizá la connivencia de IU con las políticas del PSOE llevadas a cabo en Andalucía y su implicación en el escándalo de los ERE sean unas de las claves de este desgaste.

Es necesario volver a ilusionar a esa mayoría desencantada, y es evidente que IU no es capaz de hacerlo. Sin embargo, Pablo Iglesias sí es capaz. Su discurso conecta por igual con el sentir y las preocupaciones del dueño de un quiosco que de un catedrático de Universidad, sus palabras calan de la misma en una veinteañera estudiante de Periodismo en Valencia o Barcelona que en una jubilada madrileña.

Y si eso sirve para volver a movilizar a la gente, si con eso conseguimos atajar un abstencionismo electoral que se prevé altísimo, entonces bienvenido sea.

Es evidente que la cosa no ha de quedarse ahí. Esto ha de ir mucho más allá de un proceso electoral, que, al fin y al cabo, sólo es un obstáculo más que superar en el camino hacia un empoderamiento popular. Por eso creo que no sólo Podemos sino Debemos. Debemos darnos cuenta de que esto es cosa nuestra, de que sólo nosotros podemos cambiar las cosas, de que la política no es algo que se haga solamente en los parlamentos o en las instituciones de gobierno. ¡La política la hacemos todos! Todos hacemos política cada vez que salimos a la calle a luchar contra la privatización de la Sanidad, contra los recortes en la educación pública. Hacemos política cuando vamos a intentar parar un deshaucio, cuando construimos redes de ayuda mutua para ayudar al vecino o al amigo que lo está pasando mal. Hicieron política los trabajadores de la recogida de basura en Madrid cuando vieron mermados sus derechos. ¡Y ganaron! Ganaron ellos como ganaron los vecinos del barrio burgalés del Gamonal al decir basta a la corrupción urbanística promovida por el alcalde de su ciudad. Y también acaban de ganar los integrantes de la Marea blanca, pues la Justicia acaba de decretar la paralización de la privatización de la Sanidad madrileña. Todo eso son victorias y es política.

Ahora se trata de llevar eso al Parlamento Europeo, y eso es lo que pretende hacer esta candidatura.

Este es un país con una democracia no solamente joven, sino también pobre y maltrecha. Desde el siglo XIX nos hemos acostumbrado a que unas veces caciques y otras militares nos digan lo que tenemos que hacer, cómo tenemos que pensar y a quién debemos obedecer.

Pues bien, eso debe acabarse. Debemos tomar las riendas de la situación porque si los ciudadanos no hacemos política corremos el riesgo de otros la hagan por nosotros.

Y todo eso va mucho más allá de los personalismos. Quienes se hayan interesado suficientemente por Podemos y hayan leído Mover ficha, su manifiesto fundacional, sabrán que esta es una candidatura que promueve la organización horizontal con una rotatividad continua de los cargos electos con unos ingresos para los mismos equivalentes al salario medio. Porque la política no puede ser una profesión sino, y esta vez de verdad, un servicio público.

Y con respecto al tan comentado derecho de autodeterminación... Me llama poderosamente la atención oír a Rajoy decir que no permitirá que la soberanía de los españoles se vea en entredicho ante una posible independencia de Cataluña. Me reiría sino fuese por la tristeza y la necedad intelectual que encierran esas palabras. La soberanía de los españoles la pone el propio Rajoy en entredicho absolutamente todos los días cuando se la vende, cachito a cachito, al Fondo Monetario Internacional, a Merkel y a la Unión Europea. La soberanía de los españoles la pusieron en entredicho el PP y el PSOE cuando decidieron reformar la Constitución (esa cuya integridad tanto se precia Rajoy de defender) sin contar con la opinión del pueblo.

Desde luego, ante este panorama no me extraña que haya quienes se quieran independizar. Personalmente, la independencia es un sentimiento que no comparto, por razones puramente sentimentales e históricas. Pero lo entiendo, por eso entiendo y apoyo el derecho a decidir, igual que lo hace Podemos. Soy de quienes piensan que el sentimiento independentista que comparten tantos vascos, catalanes y de otras tierras se deben más al rechazo frontal a un Estado y unas élites políticas corruptas y encantadas de serlo. Creo que no hay mayor fábrica de independentismo que la sede del PP en Génova y las portadas de La Razón.

No obstante, por supuesto, respeto el sentimiento de quien de verdad desee la independencia y abogue por el derecho a decidir. Pero el derecho a decidir debe ir mucho más allá del derecho que tiene un territorio a votar si quiere seguir formando parte o no de un Estado. El derecho a decidir de los ciudadanos debe abarcar todos los aspectos de la vida pública. Así, los ciudadanos y ciudadanas debemos poder decidir en qué queremos que las élites políticas inviertan nuestros impuestos (ya que los pagamos nosotros), debemos poder decidir qué hacemos con nuestro ejército (si queremos o no que combata en guerras que favorezcan los intereses de las potencias imperialistas), debemos poder decidir si queremos una sanidad y una educación universales, públicas y gratuitas; las mujeres deben, por supuesto, poder decidir qué hacer con su propio cuerpo y si desean o no ser madres y en qué condiciones desean hacerlo. Es muy curioso que hayan quienes se empeñen en defender los derechos de los nonatos mientras se dedican a destruir los derechos de quienes ya estamos aquí. De igual modo que las ciudadanas y los ciudadanos tenemos derecho a exigir una banca pública que garantice que el crédito pueda llegar a la gente y que ponga coto a los inmorales desmanes de las élites financieras.

Todo eso es Podemos. Y todo lo que ha de venir después (la instauración de una república que reconozca nuestra realidad plurinacional, la ruptura paulatina con las formas de opresión capitalistas, etc.) es algo que debe ir llegando e incorporándose poco a poco. Primero ganemos la guerra, después haremos la revolución. Y esto no es la guerra, es sólo una batalla. Y debemos ganarla. ¡Podemos y debemos ganarla!

P.D.: Este es un texto escrito desde la urgencia y de cabeza, así que ruego me disculpéis las faltas, si las hubiere, o todo aquello que podáis echar en falta. Aclaro que estas palabras representan única y exclusivamente mi opinión. No hablo en nombre de Podemos sino de mí mismo.


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